Mostrando entradas con la etiqueta AMOR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AMOR. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de agosto de 2017

¿Cómo ayudar a nuestros padres ancianos?


“Cuando mis padres envejezcan”, obra de Annie y Claude Beauducel, trata el tema delicado del acompañamiento de los padres cuando ya son ancianos, apoyándose en la experiencia personal de los autores, en testimonios contundentes y en la Palabra de Dios

Llega un momento en que nos vemos impotentes o desvalidos ante el envejecimiento de nuestros padres, y quizás indecisos o incapacitados en cuanto a las medidas más apropiadas para su bienestar. Esta pequeña guía práctica y espiritual tiene el propósito de ayudar a esta generación a atravesar este delicado periodo, orientarla en el discernimiento de la mejor decisión según cada situación particular.

Una pareja de autores motivados por una gran fe cristiana y por la generosidad

Annie y Claude Beauducel son miembros de la Comunidad de Emmanuel desde 1977 y a menudo han sido invitados a ofrecer su testimonio sobre el acompañamiento y cuidado de sus padres en su ancianidad.
Destacan los 13 años en los que han acogido en su propia casa a la madre de Claude Beauducel, una “convivencia a veces difícil que nos ha dado la ocasión de reflexionar sobre las relaciones intergeneracionales en el seno de nuestras familias”, escriben los autores.

El desasosiego ligado al envejecimiento de los padres

Este libro alude desde el principio a la angustia relacionada con el envejecimiento de los padres. Los hijos ven, más o menos progresivamente, que sus referentes se tambalean, su seguridad afectiva se desmorona y su tranquilidad de espíritu se escapa, tanto más en casos de distanciamiento geográfico.
Además, el envejecimiento de sus padres les recuerda su propia finitud, una idea que puede causar temor.

De la necesidad de discernir

El libro Quand mes parents vieillissent [Cuando mis padres envejezcan] plantea numerosas preguntas con el fin de ayudar al discernimiento y a la toma de decisiones, con vistas al bienestar de los padres ancianos, pero también para el de los hijos.
Decidir soluciones entre mantenerlos en casa con un servicio de ayuda personal o en una residencia para personas mayores o en un asilo con asistencia médica… dependiendo de la situación particular de cada uno. ¿Cuáles son las prioridades: la pareja, los hijos, los padres, el trabajo…? ¿Cómo conciliarlas y obtener un equilibrio sano?
El libro habla de la transformación del día a día para respetar el mandamiento divino de “honrar” a los padres hasta el final, habla de una nueva organización necesaria y del reparto de tareas entre los hermanos.

“Los ancianos siguen siendo personas”

Así, los autores hacen un llamamiento a la paciencia, al respeto y a la compasión hacia nuestros mayores. Claude Beauducel subraya la convicción íntima que comparten y que sostiene su obra: “Los ancianos siguen siendo personas. Conservan su dignidad como personas, sea como sea la disminución eventual de sus facultades”.

De la necesidad de perdonar

El libro habla de perdón. ¿Cómo conseguir perdonar a nuestro padre o nuestra madre cuando hay heridas, antiguas o recientes, cuando se dan casos de favoritismos quizás más flagrantes a medida que los padres envejecen, en casos de falta de reconocimiento o de ingratitud…?

Una invitación a abandonarse en las manos del Señor

Annie y Claude Beauducel están convencidos de una cosa: todas estas inquietudes, las conmociones, las dudas, totalmente legítimas todas, pueden atenuarse e incluso desaparecer si vivimos en la oración, en la gracia de los sacramentos de la reconciliación y de la unción de enfermos, en una confianza en Dios y en un abandono entre las manos del Señor, porque Él nos ilumina, si se lo pedimos, sobre las decisiones que tomar y nos ayuda a superar estos desafíos.
El libro contradice a Chateaubriand, a De Gaulle y a nuestras coquetas abuelas: en efecto, ¡la vejez no es un naufragio! Es el cumplimiento de su vocación, el camino hacia el encuentro con el Padre, vivido con tanta más calma si es con la impronta de la solidaridad familiar y la esperanza en Dios.
Claude Beauducel continúa con la metáfora marina destacando: “No es un naufragio, más bien al contrario, es una arribada a puerto”. Depende de nosotros ayudarles a atracar apaciblemente.

domingo, 18 de junio de 2017

Ser madrina es…


El milagro de amar como a un hijo a un niño que no viene de tu vientre sino de tu corazón

Ser madrina es amar incondicionalmente a un ser generado dentro de tu corazón.
Es recibir la confianza de una madre para cuidar de su hijo como si fuera el propio.
Es ser tan especial como para recibir ese regalo, y saber corresponder, porque los ahijados crecen, las madrinas envejecen, pero el amor permanece.
Ser madrina es estar siempre presente.
Es ser madre antes de tener hijos, o aumentar la familia.
Es tener a alguien para cuidar.
Es ayudar a que esa persona conozca el amor, conozca a Dios.
Es tener la certeza de que él/ella, más adelante, va a mirar atrás y decir: “mi madrina estaba presente en todos los momentos importantes de mi vida”.
Tú viniste para alegrar más mis días, tu vida da más sentido a la mía.
A tu ladro aprendo la dulzura de ser niño de nuevo.
¡De todas las cosas que ya me pasaron en la vida, nada me llena más de orgullo que ser tu madrina!

lunes, 29 de mayo de 2017

Oye, ¡has recibido una carta importante!


Haz clic y lee, la carta es para ti, hoy

Hijo mío:
Tú podrás no conocerme, pero yo se todo sobre ti… Sal 139,1
Yo se cuándo te sientas y cuándo te levantas… Sal 139,2
Yo conozco bien todos tus caminos… Sal 139, 3
Hasta los cabellos de tu cabeza están todos contados… Mt 10, 30
Pues fuiste hecho a mi imagen… Gn 1,27
En mí vives, te mueves y has existido… Hch 17, 28
Pues eres mi descendencia…Hch 17,28
Yo te conocí incluso antes de que existieras… Ef 1,11-12
No eres un error, pues todos tus días están escritos en mi libro… Sal 139, 15-16
Yo determiné el momento exacto de tu nacimiento y dónde vivirías… Sal 17,26
Fuiste hecho de forma admirable y maravillosa… Sal 139,14
Yo te formé en el vientre de tu madre… Sal 139,13
Yo te saqué del vientre de tu madre el día en que naciste… Sal 71,6
Yo no estoy distante y enojado, pues soy la expresión completa del amor… 1Jn 4,16
Y mi deseo es derramar mi amor sobre ti… 1Jn 3,1
Simplemente porque eres mi hijo y Yo soy tu Padre… 1Jn 3,1
Yo te ofrezco más de lo que tu padre terrenal jamás podrá ofrecerte… Mt 7,11
Porque soy el Padre perfecto… Mt 5,48
Cada regalo bueno que recibes viene de mi mano… Stg 1,17
Pues Yo soy tu proveedor y suplo tus necesidades… Mt 6,31-33
Mi plan para tu futuro ha estado siempre lleno de esperanza… Jer 29,11
Porque Yo te amo con un amor eterno… Jer 31,3
Mis pensamientos sobre ti son incontables como la arena en la playa… Sal 139,17-18
Y Yo me regocijo sobre ti con cánticos… Sof 3,17
Yo nunca pararé de hacer el bien para ti… Jer 32,40
Porque tú eres mi tesoro más precioso… Ex 19,5
Yo deseo establecerte con todo mi corazón y toda mi alma… Jer 32,41
Y quiero mostrarte cosas grandes y maravillosas… Jer 33,3
Si me buscas de todo corazón, me encontrarás… Dt 4,29
Si te regocijas en mí yo te daré los deseos de tu corazón Sal 37,4
Pues fui Yo quien puso esos deseos en ti.. Flp 2,13
Yo soy capaz de hacer más por ti de lo que puedes imaginar… Ef 3,20
Pues Yo soy tu mayor animador… 2 Ts 2,16-17
Yo soy también el Padre que te consuela en todas tus dificultades… 2Co 1,3-4
Cuando tu corazón está roto, Yo estoy cerca de ti… Sal 34,18
Como un pastor carga un cordero, Yo te cargo cerca de mi corazón… Is 40,11
Un día Yo enjugué todas tus lágrimas de tus ojos… Ap 21,3-4
Yo soy tu Padre, y Yo te amo así como amo a mi hijo, Jesús… Jn 17,23
Pues en Jesús, mi amor por ti es revelado… Jn 17,26
Él es la representación exacta de lo que soy… Hb 1,3
Él vino para demostrar que yo estoy contigo, y no contra ti… Rm 8,31
Y también para decirte que Yo no estoy contando tus pecados… 2Co 5,18-19
Jesús murió para que tú y yo pudiéramos reconciliarnos… 2Co 5,18-19
Su muerte fue la expresión suprema de mi amor por ti… 1Jn 4,10
Yo renuncié a todo lo que amaba para ganar tu amor… Rm 8,31-32
Si recibes el regalo de mi hijo Jesús, lo recibes de mí… 1Jn 2,23
Y nada podrá separarte de mi amor otra vez… Rm 8,38-39
Ven a mi casa y Yo te haré la mayor fiesta que el cielo ha visto… Lc 15,7
Yo siempre he sido Padre, y siempre seré Padre… Ef 3,14-15
Mi pregunta es… ¿Quieres ser mi hijo?… Jn 1,12-13
Te estoy esperando… Lc 15, 11-32
Fuente: La Sagrada Biblia

lunes, 27 de marzo de 2017

La perfecta alegría, según San Francisco de Asís


Una alegría radical, sorprendente e incomprensible para la mente del mundo

Iban San Francisco y el hermano León camino de Santa María de los Ángeles desde Perugia, era invierno y estaban atormentados por el fuerte viento, cuando el hermano León le preguntó:
Padre, te ruego por parte de Dios, que me digas dónde está la perfecta alegría.
Y san Francisco le respondió así:
Cuando lleguemos a Santa María de los Ángeles, completamente mojados por la lluvia y muertos de frío, llenos de barro y afligidos por el hambre, y toquemos a la puerta del convento, y el portero, irritado nos diga:
¿Quiénes son ustedes?
Y nosotros le digamos:
Somos dos de vuestros hermanos, y él nos diga:
No es cierto: son dos vagabundos que buscan engañar al mundo y roban las limosnas de los pobres; fuera de aquí.
Y no nos abra y nos deje a la intemperie bajo la nieve y la lluvia, con frío y hambre hasta la noche: entonces, si soportamos tal injuria y crueldad, tantos malos tratos, pacientemente, sin perturbarnos y sin hablar mal de él (…) escribe que en ello no está la perfecta alegría.
Y si aún, confusos por el hambre y el frío y la noche tocamos una vez más y pedimos por el amor de Dios, con lágrimas en los ojos, que nos abra la puerta y nos deje entrar, y él más escandalizado dijera:
Vagabundos inoportunos, les pagaré como merecen.
Y saliera de ahí con un palo y nos agarrara la capucha y nos tirara al piso y nos arrastrara por la nieve y nos golpeara con el palo:
Si nosotros soportamos todas esas cosas pacientemente y con alegría, pensando en los sufrimientos de Cristo bendito, los cuales debemos soportar por su amor:
¡Oh hermano León!, escribe que ahí y en eso está la perfecta alegría, y escucha la conclusión hermano León.
Por encima de todas las gracias y todos los dones del Espíritu Santo, los cuales Cristo concede a los amigos, está el vencerse a sí mismo y, voluntariamente, por amor, soportar trabajos, injurias, oprobios y desprecios.
Texto basado en de las “Florecillas de San Francisco”

domingo, 26 de febrero de 2017

Primos, una amistad especial Dicen que un primo ve la primera lágrima, seca la segunda e impide la tercera



Primos, una amistad especial
Estamos acostumbrados a hablar de los hermanos como los primeros amigos de nuestra infancia, y de ese modo a veces olvidamos, injustamente, el valor que nuestros primos tienen en los primeros juegos, en los primeros cambios y en los primeros afectos.
Ellos son vínculos imprescindibles en nuestra vida y, si la relación es buena, pueden llegar a volverse pilares maravillosos que reflejan muchas sonrisas cariñosas en nuestro rostro.
Digamos que la amistad entre primos es una amistad especial dentro de nuestra familia.
Eso hace que, aunque no sean parte de nuestra vida diaria, logran aún así tener un lugar privilegiado en nuestros pensamientos, así como quedarse siempre grabados profundamente en nuestras memorias.
Los primeros amigos, nuestra familia
Quien tuvo el gusto y el placer de crecer con primos a su lado sabe cuán deseados son los encuentros que tanto tardan en llegar, las tardes de juegos, las historias que contar, las noches platicando durante horas, las peleas y las paces que se hacen bajo la mirada de los adultos.
¡Pídanse disculpas y dense la mano! –decían nuestros padres y tíos. Cómo era difícil darse la mano, pero después de eso era fácil olvidar las peleas. ¿Por qué? Porque cuando éramos niños sabíamos que cada segundo de juego era un tesoro precioso que no podíamos perder, y quedar enojados significaba justamente eso.
El tiempo valía oro y los malentendidos no valían la pena, pues se perdían momentos de placer al lado de nuestros primos, pues en cualquier momento venía la llamada para ir a cenar o para irse a casa.
Con nuestros primos aprendemos a relacionarnos más allá de las fronteras de nuestro hogar seguro, más allá de las normas diarias y de los apuros cotidianos, nos apartaban incluso de la realidad para entrar en un mundo de sueños que nos hacía volar a lugares llenos de fantasía y diversión.
Los primos, una amistad para siempre
Las tardes de juegos y los secretos compartidos hicieron de esos momentos de nuestra infancia algo memorable.
Aprendimos a compartir, a resolver conflictos, a enjugar lágrimas, a escuchar, a curar heridas, a hacer perfumes con flores, a buscar tesoros, a considerar valiosa toda la naturaleza y a obtener una sabiduría emocional que nos transmitió la existencia de una conexión tan especial como la que se establece entre los hijos de hermanos.
La relación que los padres y los tíos mantienen se refleja muchas veces en el clima que se establece en los juegos y en las relaciones entre los propios primos.
Así, si los hermanos pasan tiempo juntos, terminan ayudando a crear entre sus hijos una relación duradera, bien establecida y libre de conflictos cotidianos que, a veces, pueden llegar a oscurecer la belleza de esa etapa y ese momento.
Así como sucede en la relación entre personas especiales que se quieren, dicen que un primo ve la primera lágrima, seca la segunda e impide la tercera.
En la medida que vamos creciendo, surge entre los primos una complicidad especial que se transforma en una permanencia emocional única.
Sabemos que están ahí incluso cuando no nos veamos, somos conscientes de que la distancia física no puede afectar ese sentimiento, y podemos apoyarnos y ayudarnos unos a otros sin ninguna duda o vacilación.
Si esa relación está muy bien enraizada, puede llegar a durar toda la vida, transformándose en una amistad maravillosa dentro del árbol genealógico, una amistad que nos ayuda a diseñar una complicidad extrema, como un postre sabroso que hace sonreír, algunas veces de nostalgia, sí, pero sobre todo de felicidad.
Felicidad que marca una vida y muchas etapas, felicidad que no puede borrarse y que nos hará llevar siempre dentro de nuestro corazón la belleza de tener primos con nosotros.







lunes, 20 de febrero de 2017

Cincuenta sombras de Grey: ¿apología del abuso a la mujer? El nuevo príncipe azul juvenil no es más que un depredador: ¿es este el modelo de relación que quieren las mujeres?

Ofrecemos aquí un extracto de un interesantísimo artículo publicados por Michelle Valenzuela para La Opción V, y republicado por el Centro de Estudios Católicos (CEC), recomendando vivamente la lectura del original, mucho más extenso y completo.
Hace poco llegó a mis manos el primer tomo de un afamado Best-Seller. Se me había informado que era una novela entre romance y erotismo. La verdad no imaginé que iba a rayar en mis límites y más cuando estoy familiarizada con ambos géneros. Leí una novela absurda acerca de la esclavitud sexual, un juego mediocre de combinar elementos de muchos estilos literarios para tener la excusa de generar imágenes sobre-sexuadas y conseguir llevar una falsa bandera de la idea de amor.
 
Sentí entonces que era pertinente abrir el espacio a la reflexión de lo que se nos comunica con esta nueva ola sadomasoquista, esta surgente moda del “dios-hombre” que construye una nueva imagen de las relaciones entre el amor y el sexo, entre el hombre y la mujer.
 
Antes de decir el nombre del libro, quisiera exponer esta idea. El abuso, en cualquier método y en cualquier contexto, es la nueva arma de la esclavitud moderna y concretamente, el sexo es una de las nuevas modalidades de esta esclavitud. Existe la imposición de la actividad sexual como conocemos en el tráfico y el comercio con seres humanos, los prostíbulos o los secuestros, entre otros, que son circunstancias que se dan en contra de la voluntad de la víctima.
 
Pero hoy en día también existe la aceptación voluntaria por esta esclavitud, la esclavitud sexual. Ahora sí, esto lo vemos con la historia de Cincuenta sombras de Grey. Es una novela que ha convertido a muchas jóvenes mujeres a la adicción por idealizar el placer como el único vínculo que se experimenta en el amor.

Anastasia Steele, la protagonista, es la personificación de esta ingenua moda y con quien se vive el proceso de validación de estas posturas en la actividad sexual. Con ella se logra construir un espacio ideológico en donde el sadomasoquismo y la violencia física son legítimos y son las maneras necesarias de la expresión del hombre en relación con otro ser humano, por quien dice sentir atracción o incluso, cariño. Tal cual esta última imagen, Christian Grey es el nuevo símbolo juvenil del amor, un hombre que enloquece a cualquier mujer y está en capacidad de extraer el placer desde el más ínfimo rincón del cuerpo.
 
Debo admitir que esta revuelta en la moda me ha congelado mi entendimiento. Nunca antes me había costado tanto escribir un texto más que éste que están leyendo. Porque para mí es completamente irreal, incomprensible y ridículo que la adoración por la violencia se masifique y se valide a pesar de corromper cualquier valor y base existencial del ser humano. Con esta novela legalizamos la esclavitud sexual, con esta novela aportamos a la oda mediocre del cuerpo, que en efecto no ha hecho consciencia alguna de lo que en serio este significa. Con esta novela clausuramos las ilusiones en el amor, y nos negamos en nuestro orden natural y en nuestra definición como seres humanos.
 
(…)
 
A grandes rasgos el sadomasoquismo es una de las desembocaduras que lleva el desaforo en la experiencia del placer. (…) Cuando se habla de la necesidad del dolor para generar placer, se refiere a que nuestro cuerpo ya fue degastado y viciado en una fase primordial de su diálogo. Como si le quitaran las vocales de su alfabeto y tuviera que recurrir a medidas que se desfasan y se transgreden para suplir lo que ha quedado en el vacío y en el desorden. Tengo entendido que el efecto del dolor genera la producción de endorfinas, lo cual ayuda a “dormir” la sensación dolorosa. Lo que nos gusta del placer es este producto de endorfinas, así que en ambos estados se logra el mismo efecto, pero con distintos fines. Ya vamos vislumbrando lo que conlleva el trasfondo de necesitar el dolor para generar placer.  Es literalmente una enfermedad, en el sentido que es un vicio, un vicio como lo opuesto a una virtud, a un comportamiento que se sale de la configuración natural.
 
Remontándonos a la sociedad, estas prácticas sadomasoquistas están conquistando el sentido sexual de la juventud. Increíble, con Anastasia Steele se evidencia la transición en la aceptación de estás prácticas. Al principio asume que está en contra de su voluntad y a lo largo del libro ella expresa el miedo que le genera el hombre que dice amar. No, ni siquiera se habla de amor, el cuerpo para ambos es el centro único de sus encuentros.  El espacio externo al del sexo se resume en una serie de gestos repetitivos que a ambos los remite de nuevo a su deseo sexual y a su mutua sumisión. Amor no hay mientras nunca se considere el valor real por el otro ser humano.
 
Cuando Christian Grey desea golpear y maltratar a otra persona, está implícita la negación de su ser como ser humano. Psicológicamente decide no reconocerse como hombre y de este modo desconoce la dignidad de la otra persona. Su reestructurada reacción instintiva es generar dolor a su víctima, tal cual un animal que es alienado del entendimiento y de la experiencia.  El nuevo príncipe azul juvenil no es más que un depredador, insensible y efímero.
 
Con el cuerpo nos involucramos en el amor. Este tema se ha vuelto tan peligroso y tan tabú como las conversaciones de política, religión o fútbol. Al amor lo hemos olvidado, lo hemos rebajado a ser un sentimiento más como si se tratara de sentir la pasajera alegría o la agotable ira. El amor no es sinónimo de placer, porque es una trascendencia del sentimiento y de la sensación. En el amor se nos reúnen todas las naturalezas de nuestra unidad corpórea-espiritual. Nacimos amando y moriremos amando.
 
El amor es nuestro sello como hijos de Dios, es nuestra conexión con Él y con nuestro mundo. Es la dignidad y la identificación como creaturas y es el vínculo que tenemos con nuestro Creador. Él es amor, por ende nosotros tenemos capacidad y acceso a éste. Qué duro se vuelve cuando tan agresivamente se desprecia este principio de vida, y no sólo eso, sino que recae en la destrucción del ser humano.
 
En cuanto hay ruptura no se puede desarrollar el amor, y si no hay amor, está el vacío improductivo de la materia la cual está muerta. Y nosotros mismos decidimos morirnos en el abismo de la sensación que a veces nos confunde con estar generando una genuina experiencia. El amor es la conducta de la libertad, y de nuevo en esta novela, se destruye todo sentido de referencia al amor verdadero. Se incorpora la falsa esencia del amor y se juega con el sexo bajo su excusa como si estuviéramos hablando del derecho de estos comportamientos.
 
Afortunadamente tenemos otro camino a seguir. La opción por la virtud, que traduce, la opción por donarnos voluntariamente a la libertad. Libertad que nos forma en el amor y nos dirige en el perfeccionamiento hacia Dios. Ante todo está la dignidad de nosotros como seres vivos, como hijos de Dios que estamos acá para la sana misión de ser seres humanos. 


Cincuenta sombras de Grey: ¿apología del abuso a la mujer?






martes, 24 de enero de 2017

¡Ay, muchacha! Si supieras cuánto te ama Dios, no aceptarías cualquier cosa No mendigarías atención, afecto y amor de quien dice amar, pero no actúa como si amara


¡Ay, muchacha! Si supieras cuánto te ama Dios, no aceptarías cualquier cosa



Muchacha, si supieras cuánto te ama Dios, no mendigarías atención, afecto y amor de quien dice amar pero no actúa como si amara. Eres preciosa y a pesar de que aún no te has dado cuenta de eso, esa verdad no cambiará.
Eres única, amada y muy cuidada. Eres hija de Aquel que creó cada estrella y llama a cada una por su nombre. Tal vez aún no has entendido lo que eso significa. Muchacha, eres hija del Creador del universo, ¿eso no hace sentir diferente tu corazón? No eres un error, mucho menos un accidente, eres la más linda de la creación.
Puede ser que te estés preguntando: “Si soy hija, ¿dónde estaba mi Padre cuando más lo necesité?” Yo te digo: Él estaba a tu lado. Cuando llorabas a escondidas, Él estaba ahí. Cuando aquel chico lastimó tu corazón, Él estaba ahí. Cuando te sentiste sola, Él también estaba ahí.
Y tal vez te preguntes también: “Si Él estaba ahí, ¿por qué no impidió mi dolor?”. Te digo nuevamente, Él no lo impidió porque tu dolor fue el resultado de tus propias opciones precipitadas.
Necesitas entender y sentir que no puedes aceptar cualquier cosa, porque Él no tiene cualquier cosa para ti, sino algo valioso y especial. Te puedes haber equivocado, pero Él siempre perdona y acoge un corazón arrepentido.
Tú eres hija, y como hija serás corregida por tu Padre, pero corregida con amor. Tú no estás sola, no has sido abandonada. ¿Tu herida? Él te la cura. ¿Tu pasado? Él lo deja en el pasado.
Tú eres hija amada del Padre, eres la niña de sus ojos. Aunque seas imperfecta y no lo merezcas, su amor por ti no va y viene, sino que es permanente. Se queda para siempre.

martes, 10 de enero de 2017

Los abuelos, la continuidad en el amor Los niños son niños que no saben nada, los ancianos son niños que se saben al final de su camino


Los abuelos, la continuidad en el amor









Los ancianos,  como los niños, necesitan protección, seguridad, ayuda, comprensión, compañía y sobre todo el más auténtico amor.  Pero suelen sufrir abandono cuando más en deuda se está con ellos.
No sabemos de un niño que no ame a los abuelos si tiene la oportunidad de convivir con ellos. Y si  después de sus padres, a quienes más aman son a ellos, entonces… ¿Qué sería de los niños si no tuvieran abuelos?
Imagínense por un instante que fuera legal y obligado suprimir a los ciudadanos que alcanzaran la tercera edad (la idea puede de no ser  tan original, pero de momento a Dios gracias solo está en el campo de la ficción)… ¿Qué sucedería?
Los niños perderían  la más rica encarnación de la escuela de la vida, pues se aprende más de dos abuelos que de diez expertos en temas familiares, por lo que son personajes fundamentales en la convivencia familiar.  Más grave aún, automáticamente se les cerraría la visión de futuro, pues pensarían que después de sus padres ya no existe nada, solo un angustioso y misterioso vacío.
No ha de ser así, pues conociendo que estamos precedidos en el amor, aceptamos y valoramos luego el ser su prolongación, creando el sentido armónico de la continuidad de la vida.
Aquí algunos testimonios sobre la continuidad en el amor por los abuelos, aportados por quienes tuvieron la fortuna de convivir con ellos:
  • Cuando mis abuelos me cuidaban, me daban una gran seguridad y confianza, pues se daban por entero a mí.
  • De ellos aprendí otros hábitos, otra forma de vida y maneras de hacer. Sobre todo a interesarme por las personas  de la manera más natural y sencilla.
  • Mis padres seguían los consejos de los abuelos, pues ellos por su edad tenían ya mucho sentido común y experiencia de la vida, les enseñaban con humildad hablando de sus errores y evitándoselos.
  • Siempre estaban dispuestos a escuchar mis infantiles aventuras y  ellos a su vez contarme  cuentos e historias (incluidas las famosas cacerías y pescas del abuelo).
  • No solo festejaban mis ocurrencias,  sino que las  aprovechaban para ayudarme  a desarrollar mi inteligencia e imaginación.
  • De  ellos también aprendí a no dejarme  llevar solo por lo que me gustaba, no eran tan consentidores.
  • Era muy positivos al enseñarme, diciéndome: tu papa haría las cosas de esta manera, pero yo las hago de esta otra y ambas son buenas; pero en este caso concreto, veamos cual es la más conveniente. Eso ayudo al desarrollo de mi  espíritu crítico.
  • Con su talante sereno y campechano, me dieron un sentimiento de apaciguamiento y de seguridad.
  • Seguían las directrices de mis padres, reforzando el sentido moral y el respeto a las reglas de la convivencia.
  • Eran mi paño de lágrimas cuando de niño estaba triste o lloraba.  Me consolaban e igual me corregían. Al final lograban hacerme sentir amparado y tranquilizado.
  • Los lazos de afecto entre mis padres y abuelos me dieron un ambiente feliz, así comprendí la importante noción de los que es una familia.
  • Cuando me hablaban de “cuando éramos pequeños como tú”, me aportaban la idea del tiempo, de la continuidad de la vida.
  • Cuando perdí a mi padre, lo sustituyeron consiguiendo suplir la figura parental ausente.
  • Aun de adulto, cuando necesito paz, siguen siendo mi amor refugio.
La principal forma de honrar a nuestros abuelos es reconocer su derecho a vivir y morir con dignidad en el seno amoroso de nuestra familia.
Su derecho a vivir con dignidad en su relación con sus hijos y sus nietos, entre muchas cosas,  significa principalmente:
  • Evitarles vivir de la caridad y de la compasión.
  • A no cobrarles facturas por sus errores como padres, negándoles el amor de los nietos.
  • A reconocer que más importante que el amor que les ofrecemos, es sobre todo aceptar  el que ellos siempre están dispuestos a darnos.
  • Apoyarlos a que mientras puedan, sigan trabajando en los suyo y cobrando su sueldo.
  • Cuando jubilados, a que tengan actividades gratificantes y se conserven autónomos.
  • A participarles nuestras vidas, a poner mucha atención cuando nos hablan, a aceptar sus opiniones, consejos, y sobre todo, a aceptar su vejez sin hacerlos sentir viejos.
Una vida larga ya no es privilegio de pocos, sino destino de muchos.
Los adultos  mayores son los transmisores de las tradiciones, los guardianes de los valores ancestrales, el eslabón que une a las generaciones dando e inspirando benevolencia, tolerancia; capaces aun de participación y creatividad, viviendo hasta el final como un proyecto de vida valioso e insustituible.

martes, 20 de diciembre de 2016

Santa Teresa de Lisieux nos ayuda a combatir la “tristeza navideña” ¿Cómo hizo la Pequeña Flor para gestionar las problemáticas de este periodo? Con lágrimas y una conversión total del corazón


Santa Teresa de Lisieux nos ayuda a combatir la “tristeza navideña”





Para muchas personas, el periodo navideño es muy complicado. No hablo de almas desdichadas que tienen buenos motivos para estar tristes – la pérdida de personas queridas, la salud delicada, la soledad -, sino de aquellos que se sienten tristes cuando la Navidad no les ofrece toda la gratificación personal que estaban buscando. Definen a lo que sienten “tristeza navideña”.
Al pensar recientemente en este hecho, recordé un episodio contado por santa Teresa de Lisieux en su espléndida autobiografía Historia de un Alma, sucedido la mañana de Navidad de 1886, cuando Teresa tenía casi 13 años.
Su familia tenía una tradición para la vigilia de Navidad. Ponían los zapatos de los niños frente a la chimenea, y cuando se volvía de la misa de medianoche, los zapatos estaban llenos de regalos. Aquella Navidad, sin embargo, el padre de Teresa estaba enojado por algo, y ella le escuchó decir sobre la historia de los zapatos: “Gracias a Dios es la última vez que hacemos algo por el estilo”.
Teresa era una muchacha buena y pía, pero como admite ella misma, era también extremadamente sensible. Explotaba a menudo en llanto, y cuando se le decía que parara, lloraba aún más. Las palabras del padre la hirieron mucho. Cuando subió para quitarse el sombrero, la hermana mayor, Céline, comprendiendo la situación, le dijo: “No bajes. Tomar los regalos de tus zapatos te pondrá aún peor”.
Sin embargo, escribe: “Teresa ya no era la misma muchacha. Jesús la había cambiado. Habiéndome calmado del llanto, bajé y tomé mis zapatos. Saqué mis regalos mostrando gran alegría. Papá rió y Céline pensó que estaba soñando… El amor llenaba mi corazón, me había olvidado de mí misma y, por lo tanto, era feliz”.
¿Qué había sucedido? Teresa dice simplemente que había recibido “la gracia de salir de la infancia”.
La mayor parte de nosotros no somos santos como Teresa de Lisieux, pero algunos han tenido experiencias no muy distintas de la suya. Un hombre que conozco escribió: “De niño pensaba en Navidad como en una ocasión para obtener cosas. Mis padres me lo habían enseñado sin querer. No habían crecido ambos en familias pudientes, y los regalos que se daban en Navidad cuando ellos eran niños eran muy pocos. Ahora, para compensar, prodigaban regalos para mí y mi hermana”.
“Esa manera de festejar Navidad me impresionó durante años. Visto que para mí Navidad significaba fundamentalmente la acumulación de cosas, en realidad no me hacía feliz. Luego, una Navidad entendí algo más”.
“En aquella época ya era padre yo también. Una de mis hijas estuvo enferma durante varios días, y al acercarse la Navidad empeoraba. Al final saltó la alarma. La puse en el coche y la llevé a urgencias”.
“Esperamos un buen rato, pero al final un doctor que la revisó descubrió que tenía un diente infectado que al dentista se le había escapado cuando la había visitado la semana anterior. Le dieron muchos antibióticos y analgésicos y la mandaron a casa, y pronto ya descansaba tranquila y se sentía mejor”.
“Ese año mi Navidad fue esa. En lugar de buscar sentirme mejor concentrándome en el intercambio de regalos, pasé el día buscando ayudar a alguien. Y ¿sabes algo? Fue bello. Fue una lección que no he olvidado”.
Como habría dicho santa Teresita, olvidarse de sí curó su tristeza navideña.
—
Russel Shaw es autor y coautor de 21 libros y numerosos artículos y críticas. Es miembro del cuerpo docente de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma y ex secretario de Asuntos Públicos de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos.








martes, 29 de noviembre de 2016

Este video me ayudó a comprender lo que significa perdonarse a uno mismo ¿Cuántas veces el fracaso, el dolor, el sufrimiento se han instalado en nuestra vida dejándonos con un perplejo mal sabor de boca?

La vida es profundamente compleja. Está compuesta por eventos y situaciones muchas veces ajenas a nosotros, que nos cuesta perdonar y que nos mantiene en una lejanía cómoda de quien otea la realidad a lo lejos, sin implicarse más allá de una expresión de desaliento. Otras veces, inevitablemente, estos acontecimientos se hacen más próximos afectando con cierta vehemencia lo que somos, lo que pensamos y lo que vivimos.
Pero cuando estos eventos tocan nuestra realidad en lo más profundo, cuando nos llevan a replantearnos lo que somos y lo que hacemos, y cuando dejan una huella imborrable, es cuando constatamos la necesidad profunda de una respuesta que calme nuestra intranquilidad, nuestro sufrimiento y que nos de una luz en medio de nuestra miseria. Perdonarse a uno mismo no es nada fácil.
Miremos a lo profundo de lo que somos: ¿Cuántas veces hemos hecho o vivido una situación en la que todo se nos viene abajo?¿Cuántas vivencias profundas creemos que nunca nadie ni nada va a poder perdonar, ni siquiera nosotros mismos? ¿Cuántas veces el fracaso, el dolor, el sufrimiento se han instalado en nuestra vida dejándonos con un perplejo mal sabor de boca? Así es nuestra vida, ¡cada uno lleva en su consciencia secretos que son imposibles de contar por lo que suponen para nosotros! Sin embargo,hay alguien que si los conoce todos: Dios, nuestro Padre amoroso.
El cortometraje que les traemos a continuación es fuerte, pero en su crudeza nos habla de una realidad que no es para nada ajena a nuestras vidas.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Los 10 ejemplos en vídeo del Papa Francisco practicando la misericordia Papa Francisco predica y da trigo, es congruente y coherente con su mensaje

Los 10 ejemplos en vídeo del Papa Francisco practicando la misericordia



Como católicos, siempre tenemos presente figuras que son ejemplo a seguir respecto a como ser personas conscientes y congruentes en lo que hacemos. Te presentamos estas diez acciones que nos muestra el papa en su discurso y que practica lleno de misericordia. Recuerda que todos podemos hacerlas, pues como hijo de Dios tenemos la capacidad de amar en estas diez realidades.

1. Muestra misericordia ante cualquier persona 
Cualquiera que se cruce en el camino de Francisco recibirá un trato de calidad, por el siempre hecho de ser hijo de Dios. Misericordia significa ser cordial, compasivo con el que sufre, con el que vive una miseria.

Muchas acciones caritativas realiza con compromiso, pero cuando es común verlo hacer esos detalles con la gente que saluda. Estas acciones van desde una palabra de aliento, hasta un regalo físico que ayuda a la persona a salir adelante.

3. Comunicarse con Dios en cualquier momento 
El papa aprovecha todo lugar, situación y tiempo para hacer una oración de lo que está viviendo en el momento. La comunicación permanente es sumamente esencial las 24 hrs. del día.

La confesión como acto supremo. El ser conscientes de que somos sujetos en proceso de alcanzar la santidad,. Nos permite aplicar los valores de honestidad respecto a lo que se hace y lo que no.

5. Corregir cuando sea necesario 
La mayoría de las veces el corregir a otros es un acto complejo. Algo necesario cuando uno se da cuenta de que está afectando a alguien y hacer la llamada de atención es esencial.


6. Se acerca a la fuente del amor todos los días. Sabe que esta fuente es en misa
Está consciente que Dios es necesario en todo momento y dedicar un tiempo especial para meditar, orar y recibir al Creador es imprescindible en la fe del papa. Todos los días asiste con Jesús Eucaristía.

7. Tiene un claro sentido del humor 
El Papa considera siempre ver el lado amable de las cosas y pone un toque de gracia en lo que realiza. El sentido del humor es una condición del ser humano. Una condición necesaria para alejar los niveles de estrés y de preocupación.



8. Canta y alaba al Señor disfrutando hacerlo
Alabar y cantar al Señor. Se puede realizar de distintas maneras. Desde la tranquilidad de reconocer la bondad del Señor, o bien expresándolo de una manera manifiesta bailando y moviendo todo el cuerpo.


9. Aconseja desde un sentido objetivo, neutral, impregnado de Dios 
Dar un consejo implica conocer la problemática y alentarla con acciones específicas que empiezan en cada persona.



10. Respeta las opiniones de otros, sin imponer lo que él cree
La congruencia del Papa Francisco lo lleva a respetar toda creencia, idea, pensamiento y actitud que es diferente a lo que el practica. Tiene plena consciencia de que Dios le dio libertad a toda persona para decidir lo que hace y quiere.


Videos: Rome Reports, Efe, CTV, Prensa Libre TV, Excélsior TV, Con el Papa en México

domingo, 30 de octubre de 2016

Casa al “estilo católico”: ¿eso existe? Claro que existe. ¡Mira y evalúa si es el caso de la tuya!


Casa al “estilo católico”: ¿eso existe?



La mayoría de las personas tiende a estar de acuerdo con esto: la manera de decorar una casa puede revelar mucho sobre las personas que viven en ella.
Existen casas alegres y casas ceñudas; casas modernas, casas neoclásicas, casas mediterráneas; casas joviales y casas envejecidas, casi agonizantes; casas limpias y casas sucias…
Y existen casas budistas, judías, musulmanas, ateas, sincretistas… O católicas.
Pero ¿cómo es una casa católica?
Evidentemente, nada puede y debe ser más católico dentro de tu casa que tú mismo y tu familia. De poco sirve “adornar” tu sala o los cuartos con imágenes y símbolos de la Iglesia si tu vida no refleja en la práctica la fe que dices abrazar. Revístete de Cristo – y lo demás vendrá como consecuencia.
Con esta premisa fundamental, no deja de ser importante que también el ambiente a tu alrededor sea coherente con la visión católica del mundo.
Una casa católica es acogedora y humanamente cálida.Nuevamente, el principal factor que le atribuye esas características es el comportamiento de tu familia, que quede claro. Pero también es importante que el “estilo” de tu casa católica transmita esa calidez humana.
Entre los elementos que transmiten el “espíritu católico” están cosas prosaicamente sencillas, como una buena luminosidad natural, buena ventilación, la existencia de plantas y, si es posible, un jardín. Todo limpio y bien cuidado.
La virtud del orden transpira victoriosamente sobre la pereza – y no existe decoración más bonita que la limpieza.
En términos de estilo, lo demás queda a tu criterio. Nada impide que tu casa sea moderna, tecnológica, adornada con obras de arte, o que sea simple, igual a las del vecindario, sin lujos. Todo eso es secundario: es un medio, no un fin.
La importancia de estos aspectos aparentes está en la intención y en el mensaje que transmiten: si sirven para transmitir vanidad, apego material, arrogancia, entonces no sólo no serán católicos, sino tampoco serán elegantes.
Por otro lado, la falta de recursos materiales tampoco puede ser disculpa para una casa desarreglada, “dejada”, descuidada: el mensaje de este otro “estilo” también está lejos de ser católico.
Hasta aquí, no salimos de lo básico; más “básico”, en este caso, es sinónimo de imprescindible. Calidez, sencillez y limpieza, al final, son irrenunciables.
Bien recibido por ese ambiente humanamente sano de tu residencia, ahora pueden (y deben) venir también los elementos más “específicamente” católicos.
¿Qué tal si para empezar, una imagen de Nuestra Señora o del Sagrado Corazón, en el jardín de tu casa? Esta sería una forma, además, de dar testimonio a tus vecinos de que profesas seriamente la fe católica y no necesitas esconderla en tu propia casa.
Pasando a los ambientes internos, hay un elemento visual esencial en toda casa católica: el crucifijo. De preferencia, uno en cada habitación. Puede ser la cruz sola o quizás mejor el Crucificado, Jesús clavado en la cruz.
No es la cruz, como tal, la que nos salva: es Cristo, que enfrenta y derrota la muerte de cruz, iluminando nuestras propias pequeñas cruces del día a día y las transforma con nuestro consentimiento, como garantía de salvación.
También son recomendables los iconos o imágenes de Jesús, María y José y tu santo patrón. Pero es particularmente recomendado entronizar en tu casa el Sagrado Corazón de Jesús, consagrando a Él tanto tu hogar como, principalmente, tu familia, que vive en él.
Algunos pueden considerarlos como “elementos de mal gusto”, y esto sirve como prueba a tu coherencia. ¿Tu casa prefiere agradar al mundo o reflejar auténticamente aquello en lo que crees?
Está claro que no hay necesidad de colocar imágenes por todas las habitaciones y transformar tu residencia en un museo de obras sacras (además de caer en una especie de falta de templanza, esto podría hasta rayar en falta de confianza filial: “Ah, si no lleno mi casa de imágenes es porque estoy cediendo a la vergüenza del qué dirán y, por lo tanto, estoy negando o escondiendo mi fe)”.
Cuidado con esas ideas: no seas “católico” por miedo. Ser católico no es nada de eso. Sé espontáneo, sé sencillo. ¿Piensas que una persona que no pone fotos de sus padres, hermanos e hijos en abundancia por toda la casa es porque no los quiere? No es eso lo que define nuestro amor. Hay que saber discernir entre la autenticidad y la artificialidad.
Aclarado esto, encontrarás maneras de ser elegante sin renunciar a tu fe, o de demostrar tu fe sin ser “de mal gusto”.
Con la rica historia de arte católico, además, encontrarás fácilmente elementos sacros que armonicen también con tu gusto personal.
Piensa, además, en un altar doméstico, o un icono instalado en la parte de la casa donde sueles recogerte para rezar con más frecuencia.
Al final, es este el sentido de las imágenes dentro de la fe católica: recursos visuales que sólo tienen razón de ser como medios para ayudarnos al recogimiento y al fervor. Las imágenes en sí no son el objetivo de nuestra adoración: eso sería, pura y simplemente, idolatría.
Y no te olvides del coche. ¿Qué tal un rosario y una medalla de san Cristóbal en el espejo retrovisor? Recuerda primero pedir a un sacerdote que los bendiga.
Finalmente, tú mismo puedes revestirte no sólo espiritual, sino “externamente” también de Cristo: usa un crucifijo; conoce y adopta una medalla devocional y, principalmente, pide a un sacerdote que te imponga el escapulario.
Más que recordatorios visuales de que eres católico, son sacramentales: señales visibles de nuestra fe y recursos auxiliares para estimularnos en la unión cada vez más intensa con Jesús (nada de confundirlos con amuletos).
Todos estos recursos han de adoptarse, pero también hay elementos que hay que abandonar.
Hay ciertos “adornos” que contradicen la fe católica: objetos llamados “místicos” en sentido esotérico u ocultista, símbolos y ritos paganos o de creencias incompatibles con la fe en Cristo, supersticiones, imágenes y elementos mundanos que no combinan con las virtudes y valores cristianos…
Y, más importante, existen actitudes que hay que abandonar en una casa católica. No sólo los pecados graves, que no necesitan ni mencionarse, sino también las posturas que, de tan comunes y “humanas” que son consideradas en algunas casas, parecen casi formar parte del “pasaje natural” de las mismas: exceso de televisión o Internet, aislamiento y falta de comunicación personal y constructiva, hábitos de pereza y hedonismo, mal humor e irritabilidad, falta de educación y de caridad, falta de higiene y de cuidados personales y ajenos, exceso de atención a los placeres de la mesa,…
Estas posturas deben ceder espacio al respeto, al servicio, al cuidado, a la atención… en resumen: al amor. Al final, si el amor no estuviera presente en tu casa, no existe nada que pueda volverla católica. Ni el propio Dios, que sólo entra en tu vida si tu amor lo autoriza.