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miércoles, 30 de agosto de 2017

Hallazgo arqueológico en Tierra Santa corrobora episodio narrado en la Biblia

Parte subterránea de las excavaciones en el templo de Jerusalén / Foto: Flickr Israel_photo_gallery (CC-BY-ND-2.0)

Un grupo de científicos realizó un hallazgo arqueológico en Tierra Santa que corrobora un episodio narrado en unos versículos bíblicos.
Se trata de la quema y conquista de Jerusalén perpetrada hace más de 2600 años por un comandante de la guardia de Nabucodonosor, rey de Babilonia. Este suceso es narrado en el libro de Jeremías 52, 13-34, en el Antiguo Testamento.
El pasaje indica que el entonces rey de Jerusalén, Sedecías, fue apresado y llevado a Babilonia, y que los judíos fueron deportados.
También señala que el comandante de la guardia, Nebuzaradán, “incendió la Casa del Señor, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las casas de los nobles. Después, el ejército de los caldeos que estaba con el comandante de la guardia derribó todas las murallas que rodeaban a Jerusalén”.
A fines del pasado mes de julio, un grupo de arqueólogos del Instituto Weizmann y la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA por sus siglas en inglés) encontraron en la zona este de Jerusalén varios huesos, estatuillas, madera, semillas y vasijas de cerámica que estaban cubiertos de ceniza y presentaban huellas de quemaduras.
El co director del IAA, el arqueólogo Joe Uziel, explicó en un comunicado publicado en el sitio web de la organización que también se pudo determinar la época a la que pertenecían los restos, ya que las vasijas de cerámica tenían un sello con diseño de rosetón.
Indicó que estos sellos son característicos del final del periodo del primer templo de Jerusalén y que eran utilizados por el sistema administrativo que se desarrolló hacia el final de la dinastía Judea, cuyo último rey fue Sedecías.
“La clasificación de los objetos facilitó el control, supervisión, recolección, comercialización y almacenamiento de los rendimientos de los cultivos. El rosetón, en esencia, reemplazó el sello del rey que se utilizó en el sistema administrativo anterior”, indicó Uziel.
En un video realizado por la IAA para explicar el hallazgo, Uziel destacó que los edificios donde estaban estos restos “no fueron destruidos en un solo evento. Parece que algunos fueron destruidos y otros abandonados”.
Por otro lado, el arqueólogo de origen israelí manifestó que este descubrimiento, realizado tras cuatro meses de excavaciones, se relaciona con el de la arqueóloga británica Kathleen Kenyon, que durante la década de 1960 encontró en ese mismo lugar las ruinas del primer templo de Jerusalén, que data de la época del mandato del rey Sedecías.


domingo, 6 de agosto de 2017

Sube al Monte Tabor: El lugar de la Transfiguración



Uno de los santuarios más bellos de Tierra Santa

Un video que describe el Monte Tabor, lugar en Tierra Santa que fue testigo de la Transfiguración del Señor.

lunes, 26 de junio de 2017

¿En qué orden leer la Biblia?


Muchas personas se ponen a leer y se desaniman en seguida, por no tener una guía


La Biblia no es un simple libro. Es una biblioteca de 73 libros. Son muy diferentes unos de otros, tienen estilos muy distintos, fueron escritos en épocas muy distantes y en situaciones muy diferentes.
Imagínate llegando a una biblioteca como esa y empezando a leer el primer libro que encuentras en el estante, pasando al segundo y así en adelante. ¡Esa lectura no puede funcionar! Hay personas que abren la Biblia desde el principio y empiezan a leer a partir del Génesis. En general, no pasan del quinto libro. Se desaniman y no vuelven más. Y, lo que es peor, acaban diciendo que es imposible, que no se consigue entender la Biblia. ¡Pero eso pasaría con cualquier biblioteca del mundo!
Es necesario un Plan de lectura. Al principio, hay muchas cosas que no se entienden, lo que es muy natural. También en la lectura de una novela pasa eso. ¡No te pares por eso, prosigue! A medida que se va leyendo, las cosas se van aclarando. Es una regla de oro: la Biblia se explica por si misma. Por eso, es tan importante un plan de lectura.
Existen varios planes de lectura. Todos ellos son buenos, porque se basan en un principio. Aquí presento un plan concreto. Está destinado a aquellos que desean empezar a leer la Biblia y no tienen otros recursos, que no sean conocer la Biblia a través de ella misma. Sigue el orden indicado aquí, forma parte del método.

Plan de lectura del Nuevo Testamento:
1          1ª Carta de San Juan (2 veces)
2          Evangelio de San Juan
3          Evangelio de San Marcos
4          Las pequeñas cartas de San Pablo: Galatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1ª y 2ª Tesalonicenses, 1ª y 2ª Timoteo, Tito, Filemón
5          Evangelio de San Lucas
6          Hechos de los Apóstoles
7          Carta a los Romanos
8          Evangelio de San Mateo
9          1ª y 2ª Carta a los Corintios
10       Hebreos
11       Carta de Santiago
12       1ª y 2ª Carta de San Pedro
13       2ª y 3ª Carta de San Juan
14       Carta de San Judas
15       Apocalipsis
16       1ª Carta de San Juan (3ª vez)
17       Evangelio de San Juan (2ª vez)

¿Por qué comenzar por la 1ª carta de San Juan?
La primera necesidad de un cristiano es tener la certeza de su salvación. Es saber que Dios le ama y le ha elegido. Gratuitamente, sin ningún merecimiento. Dios te puso en la lista de esos a los que quiere salvar. ¡Fue una elección gratuita! ¡Amorosa! ¡Sin merecimiento! Saber eso nos da la certeza de la salvación. Y todo cristiano la necesita.
De los 73 libros de la Biblia, sólo esa pequeña carta fue escrita con ese propósito: darnos la certeza de la salvación. En la conclusión de su carta, San Juan dice: “Les he escrito estas cosas, a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen la Vida eterna” (1 Jn 5, 13). Leyendo y releyendo, te vas convenciendo de esta feliz realidad: ¡Estas salvado! ¡Eres elegido!
Lecturas de los libros del Antiguo Testamento
“Que el libro de esta Ley nunca se aparte de ti: medítalo día y noche, para obrar fielmente en todo conforme a lo que está escrito en él. Así harás prosperar tus empresas y tendrás éxito” (Josué 1,8).
Una recomendación es comenzar la lectura por los tres libros sapienciales: Sabiduría, Eclesiástico y Proverbios. Son libros muy próximos al Nuevo Testamento y fuentes de ricas enseñanzas. Lee, al mismo tiempo, el libro de los Salmos. La puerta de entrada del Antiguo Testamento son los Salmos. Haz de ellos tu libro de cabecera.
En cualquier caso, lo que quiero acentuar aquí es que tienes que trabajar con los Salmos independientemente de algún orden específica. Siempre que te sientas impelido a ello, lee un Salmo. Haz tu diario sobre él, sin miedo a interrumpir el trabajo que estés haciendo en ese momento. El Salmo es como la fruta: la comemos a cualquier hora, sin importar las comidas. Y nunca hace mal. Siempre hace bien.
Aparte de ello, los libros del Antiguo Testamento deberían leerse en orden cronológico: desde los orígenes hasta la venida de Cristo.

Plan de lectura del Antiguo Testamento
1          Génesis                     24       Esdras
2          Éxodo                       25       Nehemías
3          Números                  26       Ageo
4          Josué                         27       Zacarías
5          Jueces                       28       Isaías (56-66)
6          1° Samuel                29       Malaquías
7          2º Samuel                30       Joel
8          1º Reyes                   31       Jonás
9          2º Reyes                   32       Rut
10       Amós                         33       Tobías
11       Oseas                        34       Judit
12       Isaías (1-39)                        35       Ester
13       Miqueas                   36       Eclesiástico
14       Nahúm                     37       Cantar de los Cantares
15       Sofonías                    38       Job
16       Habacuc                   39       Eclesiastés
17       Jeremías                   40       1º Macabeos
18       Lamentaciones        41       2º Macabeos
19       Ezequiel                   42       Baruc
20       Abdías                      43       Daniel
21       Isaías (40-55)         44       Sabiduría
22       1º Crónicas              45       Levítico
23       2º Crónicas              46       Deuteronomio

Artículo extraído del libro ‘A Bíblia no meu dia-a-dia‘ de monseñor Jonas Abib.

martes, 20 de junio de 2017

10 bonitos nombres bíblicos para poner a los niños


Para quien desea que el nombre de su hijo tenga origen bíblico, aquí van algunas sugerencias

Elegir el nombre de un hijo es una gran tarea. En ese momento, todo el mundo quiere dar su opinión: la abuela materna cree que es hora de honrar al bisabuelo, la abuela paterna no para de repetir que el nombre del padre (es decir, el que eligió ella para su hijo) es bonito, y el hermano mayor insiste en que el bebé lleve el nombre de su héroe favorito.
Son tantas opiniones que a fin de cuentas, lo importante es el significado que tiene y lo que representa para los padres del niño. Los nombres bíblicos son fuente de inspiraciones para muchas parejas, porque además de lo que representan, también llevan consigo la historia de grandes hombres y mujeres.
Ofrecemos en esta lista algunos de esos nombres para niños. Algunas historias quizás no las conoces, pero tienen mucha importancia en la cultura y en el arte de Occidente.
Después de leerlo, consulta también la lista de nombres bíblicos para niñas.
Benjamín: el “hijo de la felicidad” o el “bien-amado”. Benjamín fue el hijo más pequeño de Jacob y Raquel, y su madre murió durante el parto. Antes de fallecer, ella le llamó Bem-Oni, que significa “hijo de mi dolor”, pero Jacob decidió llamarle Benjamín. A partir de él nació una de las 12 tribus de Israel. Su historia puede leerse en el capítulo 35 del libro de Génesis.
Enmanuel: “Dios está con nosotros”. Es una de las maneras de llamar a Jesucristo, y viene de una promesa citada en Isaías 7, donde se lee: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz a un hijo, y le llamará Enmanuel“.  El nombre Enmanuel significa “Dios con nosotros“. En Mateo 1 se puede leer sobre esto, también.
David: puede significar “el amado” y “el querido”. David fue ungido por Samuel, y el Espíritu de Dios pasó a habitar en él. Al derrotar al gigante Goliat, cuando aún era adolescente, acabó irritando al rey Saúl y años más tarde, con su muerte, se convirtió en rey de Judá y después de todo Israel. Cometió errores graves, pero el reconocimiento del amor de Dios hizo que se arrepintiese. Fue un gran hombre y de su linaje nació Jesús. Su historia está en los dos libros de Samuel.
Daniel: significa “Dios en mi juez”. Uno de los profetas hebreos, Daniel, vivió durante el período en que los judíos estaban cautivos en Babilonia, y fue escogido para trabajar para el rey, junto con otros jóvenes inteligentes como él. Aun habiéndose entrenado para ejercer funciones reales y aprendiera sobre la cultura babilónica, él no se olvidó de Dios. A él y a otros se les quería obligar a comer la comida que el rey mandaba, pero no lo hizo, y se alimentaba sólo de vegetales. A pesar de ello tenía mejor salud que los demás. En otro episodio, fue arrojado a un pozo con leones, cuando el nuevo rey, Darío, creó una ley prohibiendo cualquier acto de culto que no se dirigiera al rey. A la mañana siguiente Daniel seguía con vida, lo que hizo que el rey creyera en el Dios verdadero.
Felipe: “amigo de los caballos”. Hay más de un Felipe en la Biblia, y uno de ellos es el apóstol. Fue el instrumento de Dios en la llamada de Bartolomé. El otro conocido es el que, al encontrar a un eunuco etíope, le habló sobre la fe en Jesús y le anunció el evangelio. Se puede leer sobre él en los Hechos de los Apóstoles y en el evangelio de Juan.
Gabriel: “hombre de Dios”. Fue el ángel Gabriel quien anunció a María la venida de Jesús. Antes ya había sido responsable de decir a Daniel, que la visión que había tenido era sobre el fin de los tiempos. Más tarde, de nuevo Gabriel, habló sobre la profecía de las setenta semanas y sobre la venida de Cristo. También fue él el responsable de contar a Zacarías que su esposa, Isabel, quedaría embarazada.
Levi: significa “ligado” o “unido”. Levi fue el tercer hijo de Jacob con su primera esposa, Lía. A partir de él nació una de las tribus de Israel, los levitas. Los miembros de esa tribu eran cantores y tocaban instrumentos, en los tiempos del rey David. Ellos cuidaban del templo construido por Salomón, de la manutención y cuidado y otras actividades que se realizaban en ese espacio. En el capítulo 35 del Génesis es posible saber más sobre Levi. Es también el nombre del apóstol Mateo, el cobrador de impuestos.
Juan: “el Señor se ha apiadado”. El apóstol Juan, antes de caminar con Cristo, seguía a otro Juan, el Bautista, que era hijo de Isabel, pariente de María, la madre de Jesús. Dejó el oficio de pescador para estar con Jesús y con los apóstoles. Era uno de los más cercanos al maestro – el único que le acompañó en su pasión y muerte – y fue llamado el discípulo amado.
José: “el que hace crecer” o “Dios multiplica”. En la Biblia, destacan dos personajes con ese nombre. José, hijo de Jacob, era el preferido del padre, porque era el primero que Jacob tuvo con Raquel. Jacob amaba tanto a Raquel, que trabajó siete años por su hermana Lía y después otros siete para poder casarse con ella. El favoritismo de José acabó creando una antipatía con los demás hermanos. Cuando él contó un sueño en que veía a la luna y las estrellas inclinándose ante él, se irritaron y vendieron a José a un mercader de esclavos. En Egipto fue vendido a Putifar, oficial del rey, y la esposa de Putifar intentó seducirle. Él se negó y ella hizo de todo para meterle en la cárcel. En prisión le conocieron por interpretar sueños, lo que le hizo llegar hasta el Faraón, que le convirtió en gobernador de Egipto y así pudo volver a reunirse con su familia. El otro José es el esposo de María, que tuvo la delicada misión de cuidar de ella y de Jesús, como su padre adoptivo. Llamado “hombre justo” por la Escritura, Dios le guiaba por medio de sueños.
Samuel: significa “Dios escucha”. Samuel fue un profeta y el último juez de Israel. Él también fue el hijo muy deseado de Ana, una de las mujeres de Elcaná y que era estéril. Samuel lideró al ejército de Israel en una batalla contra los filisteos. Cuando fue de edad avanzada puso a sus hijos como jueces, pero ante sus errores, el pueblo pidió que se nombrara a un rey. Samuel ungió a Saul y éste, algunos años después, se apartó de Dios. Dios pidió entonces que Samuel ungiese a un nuevo rey, que fue David.

sábado, 17 de junio de 2017

¿Sabes cuánto caminó María para visitar a Isabel?


Fue una larga distancia. Incluso embarazada, se enfrentó al sacrificio para ayudar a su prima

Si alguna vez has hecho una romería a pie, te haces una idea del sacrificio que implica esa caminata. Ahora, ¿ya te imaginaste a María visitando a santa Isabel, embarazada? Nuestra Señora no era vecina de su prima. Para llegar hasta allá requirió una gran caminata.
María vivía en Nazaret, que queda más al norte de Israel. Isabel era del área central del país, de las montañas de Judá. Los estudiosos creen que la ciudad en que ella vivía sería Ain Karin, per no hay en los Evangelios una especificación exacta. La distancia entre estas regiones es de 100 a 150 kilómetros dependiendo del camino que se recorre.
Para cruzar de una región a otra, se necesitan 32 horas ininterrumpidas de caminata. Claro, María no hizo todo el trayecto sin parar, ni se sabe si ella usó alguna forma de transporte. Pero, sólo de imaginar que ella traía a Jesús en su vientre, nos damos cuenta que no fue fácil.
Pero ¿qué llevó a María a caminar tanto? Después del anuncio del ángel Gabriel, la Virgen María partió para casa de Isabel con el propósito de cuidar de su prima, que ya era de edad avanzada. Ella atendió el mensaje del ángel que dijo: “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez” (Lc 1,36).
Y ¿qué aprendemos con todo esto? En este contexto podemos entender cómo Ella está siempre dispuesta a servir con alegría y prontitud a todos, especialmente a los más necesitados. Ella recorrió grandes distancias con el único propósito de ayudar a su prima. De esta forma, Nuestra Señora siempre está dispuesta a ampararnos a nosotros que somos sus hijos.

martes, 13 de junio de 2017

Diez nombres bíblicos hermosos para niña y sus significados


Descubre el significado de diez nombres del Antiguo y el Nuevo Testamento

Una de las muchas maneras de mantener las costumbres y cultura cristiana en la familia es emplear nombres del santoral para poner a nuestros hijos que nos da un listado en el que se encuentran nombres bellísimos.
Pero también en la Sagrada Escritura encontramos, por ejemplo, nombres hebreos muy bellos para nuestras hijas y, con un significado lleno de sentido.
Sin duda, el nombre que eligen para nosotros debe ser muy especial, ya que determina nuestra identidad y, a veces,  hasta nuestra personalidad.
Aquí tienes 10 nombres bíblicos paras niña muy hermosos, no sólo por como suenan, sino también por su significado.
  1. Belén: significa “Casa del Pan” y es el nombre de la ciudad donde nació Jesucristo.
  2. Abigaíl:viene del hebreo y significa “Alegría del Padre”.  En la Biblia, fue una de las esposas del famoso rey David.
  3. Diana: su origen es latino y significa “Llena de luz  divina”. Era una de las diosas más importantes en la Roma Antigua y su nombre aparece mencionado en el Nuevo Testamento.
  4. Esther:su significado es “Estrella” en hebreo.  En la Biblia, fue una profetisa que se convirtió en reina de Persia.
  5. Galilea:es una región de Israel, famosa por varios sucesos bíblicos que ocurrieron ahí.  Su significado es “Revolución”.
  6. Génesis: este nombre significa “Origen”; es el nombre del primer libro de la Biblia donde se cuenta la Creación del Universo.
  7. Nazareth: es una ciudad situada en Israel y significa “El brote que floreció”.  Es mencionada en la Biblia como el lugar del que provenía Jesucristo.
  8. Ruth: en hebreo significa “La compañera fiel”.  Uno de los libros de la Biblia lleva su nombre y pertenece a una mujer valiente y determinada.
  9. Samara: significa “La protegida por Dios”. Es el gentilicio de la ciudad de Samaria, ciudad en la que Jesucristo predicó.
  10. Sara: su significado es “Princesa”. Fue la esposa del patriarca Abraham, a los cuales Dios les concedió el milagro de tener un hijo a edad muy avanzada.
Tenemos que recordar el nombre que darás a tu bebé es un maravilloso regalo que durará de por vida.

lunes, 29 de mayo de 2017

Oye, ¡has recibido una carta importante!


Haz clic y lee, la carta es para ti, hoy

Hijo mío:
Tú podrás no conocerme, pero yo se todo sobre ti… Sal 139,1
Yo se cuándo te sientas y cuándo te levantas… Sal 139,2
Yo conozco bien todos tus caminos… Sal 139, 3
Hasta los cabellos de tu cabeza están todos contados… Mt 10, 30
Pues fuiste hecho a mi imagen… Gn 1,27
En mí vives, te mueves y has existido… Hch 17, 28
Pues eres mi descendencia…Hch 17,28
Yo te conocí incluso antes de que existieras… Ef 1,11-12
No eres un error, pues todos tus días están escritos en mi libro… Sal 139, 15-16
Yo determiné el momento exacto de tu nacimiento y dónde vivirías… Sal 17,26
Fuiste hecho de forma admirable y maravillosa… Sal 139,14
Yo te formé en el vientre de tu madre… Sal 139,13
Yo te saqué del vientre de tu madre el día en que naciste… Sal 71,6
Yo no estoy distante y enojado, pues soy la expresión completa del amor… 1Jn 4,16
Y mi deseo es derramar mi amor sobre ti… 1Jn 3,1
Simplemente porque eres mi hijo y Yo soy tu Padre… 1Jn 3,1
Yo te ofrezco más de lo que tu padre terrenal jamás podrá ofrecerte… Mt 7,11
Porque soy el Padre perfecto… Mt 5,48
Cada regalo bueno que recibes viene de mi mano… Stg 1,17
Pues Yo soy tu proveedor y suplo tus necesidades… Mt 6,31-33
Mi plan para tu futuro ha estado siempre lleno de esperanza… Jer 29,11
Porque Yo te amo con un amor eterno… Jer 31,3
Mis pensamientos sobre ti son incontables como la arena en la playa… Sal 139,17-18
Y Yo me regocijo sobre ti con cánticos… Sof 3,17
Yo nunca pararé de hacer el bien para ti… Jer 32,40
Porque tú eres mi tesoro más precioso… Ex 19,5
Yo deseo establecerte con todo mi corazón y toda mi alma… Jer 32,41
Y quiero mostrarte cosas grandes y maravillosas… Jer 33,3
Si me buscas de todo corazón, me encontrarás… Dt 4,29
Si te regocijas en mí yo te daré los deseos de tu corazón Sal 37,4
Pues fui Yo quien puso esos deseos en ti.. Flp 2,13
Yo soy capaz de hacer más por ti de lo que puedes imaginar… Ef 3,20
Pues Yo soy tu mayor animador… 2 Ts 2,16-17
Yo soy también el Padre que te consuela en todas tus dificultades… 2Co 1,3-4
Cuando tu corazón está roto, Yo estoy cerca de ti… Sal 34,18
Como un pastor carga un cordero, Yo te cargo cerca de mi corazón… Is 40,11
Un día Yo enjugué todas tus lágrimas de tus ojos… Ap 21,3-4
Yo soy tu Padre, y Yo te amo así como amo a mi hijo, Jesús… Jn 17,23
Pues en Jesús, mi amor por ti es revelado… Jn 17,26
Él es la representación exacta de lo que soy… Hb 1,3
Él vino para demostrar que yo estoy contigo, y no contra ti… Rm 8,31
Y también para decirte que Yo no estoy contando tus pecados… 2Co 5,18-19
Jesús murió para que tú y yo pudiéramos reconciliarnos… 2Co 5,18-19
Su muerte fue la expresión suprema de mi amor por ti… 1Jn 4,10
Yo renuncié a todo lo que amaba para ganar tu amor… Rm 8,31-32
Si recibes el regalo de mi hijo Jesús, lo recibes de mí… 1Jn 2,23
Y nada podrá separarte de mi amor otra vez… Rm 8,38-39
Ven a mi casa y Yo te haré la mayor fiesta que el cielo ha visto… Lc 15,7
Yo siempre he sido Padre, y siempre seré Padre… Ef 3,14-15
Mi pregunta es… ¿Quieres ser mi hijo?… Jn 1,12-13
Te estoy esperando… Lc 15, 11-32
Fuente: La Sagrada Biblia

domingo, 23 de abril de 2017

¿Por qué pasaron tres días entre la muerte y la resurrección?


¿La expresión está unida a una concreta referencia temporal?

En el Evangelio se lee que Jesucristo resucitó al tercer día después de morir. También está escrito así en el Credo “apostólico” y en el “niceno constantinopolitano” que rezamos en las misas festivas. ¿Cuál es la interpretación teológica de este lapso de tiempo entre los dos eventos, muerte y resurrección?
Responde el padre Filippo Belli, profesor de Teología Bíblica de la Facultad Teológica de Italia Central.
El Nuevo Testamento varias veces hace referencia a la resurrección de Jesús de entre los muertos al “tercer día”. La expresión se ha vuelto una normativa para indicar no sólo el tiempo cronológico, sino también la unicidad del evento en la plenitud de su significado.
Existen diversos niveles en que la expresión puede ser comprendida, sin que se excluyan.
El primero, el más natural, es el cronológico. De hecho las narraciones de los evangelios nos indican el tercer día después de la muerte como el momento en que los discípulos (primero las mujeres) recibieron el anuncio de la resurrección inmediatamente después de acontecer y como comprobación de la aparición del mismo resucitado.
La afirmación de la resurrección de entre los muertos al tercer día tiene el valor, en primer lugar, de testimonio del hecho real, de modo que se puede indicar con precisión el momento en que se ha constatado dicho hecho. La memoria cristiana está firmemente anclada en este hecho, hasta el punto de establecer el primer día después del sábado (el tercer día, de hecho) como el día del Señor, el dies Domini, el domingo.
Un segundo nivel de comprensión está unido al que podríamos llamar la proverbialidad de la expresión que indica un breve lapso de tiempo, un momento pasajero.
Hay varios episodios bíblicos en que los tres días indican el tiempo en que se realiza algo importante pero también pasajero. Un ejemplo son los tres días (de peste), tiempo propuesto por Dios a David como una de las pruebas a escoger tras su pecado por haber querido hacer un censo del pueblo (2 S 24,10-17).
De este género de textos (cf Jn 40,12; 2 R 20,5.8; Jn 2,1) nace la concepción según la cual Dios no permite al justo sufrir más allá del tercer día. El mismo Jesús usa esa expresión de esta manera en sus anuncios de la pasión y resurrección a los discípulos, indicando en los “tres días” el momento del paso de la muerte a la resurrección.
Existen otros textos bíblicos interesantes al respecto, porque indican el tercer día como el momento de una intervención decisiva por parte de Dios en la historia de su pueblo. En particular es necesario recordar la manifestación del Señor en el Monte Sinaí durante el camino del pueblo en el desierto (Ex 19). De manera similar es el tercer día en que Abraham llega al lugar donde debe sacrificar a Isaac (Gn 22).
Finalmente, no se pueden ignorar algunas profecías que ven en el tercer día el momento de resurgimiento a partir de una situación dolorosa. Los tres días en el vientre del pez de la profecía de Jonás, que Jesús utiliza expresamente (Mt 12,40), son el momento oscuro y misterioso desde donde vuelve a empezar la vida.
También la profecía de Os 6,2 que justamente los Padres de la Iglesia han aplicado a la Pascua de Cristo. Ésta afirma que el Señor “en dos días nos redará la vida y al tercer día nos repondrá en pie y estaremos en su presencia”. Si en Oseas esta indicación era un deseo para incitar al pueblo a convertirse, en Jesús se realizó plena y concretamente.
En Él realmente el Señor nos ha puesto nuevamente en pie el tercer día resucitándolo de entre los muertos e inaugurando una nueva era en que nosotros estamos en su presencia.
Una tradición rabínica bien demostrada consideraba que la corrupción de la muerte comenzaba a ser efectiva en los cadáveres después del tercer día. El Señor no ha permitido, como dice el salmo, que Jesús viera la corrupción (Sal 16,9-11) por ser el principio de una vida nueva en la que la muerte (con su poder corrosivo y destructivo) no tiene más poder.
El tercer día entonces marca el momento histórico en que Dios, más allá de la aparente inevitabilidad de la muerte, inició esa vida nueva resurgiendo Jesús de entre los muertos.

Para nosotros es la llamada a una esperanza mayor cristiana a través de todas la vicisitudes malas de la vida. Siempre hay un tercer día, Dios nos lo asegura en Jesús muerto y resucitado, una esperanza cierta.

sábado, 4 de febrero de 2017

MUJERES EXTRAORDINARIAS: Conoce a las grandes figuras femeninas de la Biblia Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Rahab, Jocabed,… aquí te presentamos sólo algunas


MUJERES EXTRAORDINARIAS: Conoce a las grandes figuras femeninas de la Biblia




Hablando de mujeres extraordinarias, parece de justicia rendir homenaje a las primeras mujeres que hicieron historia porque intervinieron en los planes de Dios para la humanidad.
Podemos hacer un breve recordatorio de algunas de las  mujeres destacadas de la Biblia, siguiendo el orden cronológico y haciendo una obligada selección entre las muchas que están presentes en la Biblia.
Mujeres todas ellas de origen humilde pero que llegaron a ser extraordinarias porque fueron perfeccionadas por la acción y voluntad de Dios. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, es también el Dios de Sara, Rebeca y Raquel.
El lector puede comprender que me resista a guardar el orden cronológico para recordar en primer lugar a María, la Madre de Dios. María, hija de Joaquín y Ana, esposa de José, Esposa de Dios, Madre de Jesús, Madre de Dios, es junto con Jesucristo, figura central de la historia bíblica y de la humanidad.
María, la mujer excelsa que ha vivido con plenitud la maternidad y la virginidad y que se relaciona íntimamente con Dios Trino.
La única mujer que ha merecido una ciencia e investigación específica llamada ¨mariología¨, con miles de libros dedicados a conocerla, y la mujer con más seguidores, devotos y admiradores de la humanidad.
María, bendita entre todas las mujeres.
Vemos primero en el Antiguo Testamento
1. Eva, madre de todos los vivientes. ¨Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes¨.  Gen 3.20.
Eva fue el punto y final de la creación de Dios. Su presencia señalaba la conclusión de toda la creación. Fue la encarnación viviente de la gloria de la humanidad (1 Corintios 11.7).
En su estado original, incontaminada por ningún mal, libre de cualquier enfermedad o defecto, preservada de toda imperfección, Eva era el arquetipo perfecto de excelencia femenina. Era magnífica en todo sentido
2. Sara, fue la esposa de Abraham y madre de Isaac. Según el libro de Génesis su nombre original era Saraipero Dios lo cambió a “Sara” antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de 90 años. Sara era un nombre para mujeres distinguidas y Sarai significa princesa.
Sara, siendo anciana y estéril y deseando que se cumpliese la voluntad de Dios respecto a la descendencia de Abraham, le incitó  a tener un hijo con su esclava Agar pero más tarde, después del nacimiento milagroso de su propio hijo Isaac, expulsó a la mujer y a su hijo Ismael.
Sara es la única mujer en la Biblia a la que Dios habla directamente. Abraham admiraba su don de profecía y su inteligencia, escuchando todos sus consejos.
3. Ruth.  El Libro de Ruth narra la historia de Elimelec, un hombre de Belén de Judá  quien emigró con su familia al país de Moab. Su esposa era Noemí y sus hijos Quilión y Majlón. Al morir Elimelec sus dos hijos se casaron con Orfá y con Rut respectivamente, ambas de Moab.
Años más tarde murieron Quilión y Majlón, y Noemí decidió regresar a Belén de Judá acompañada por sus dos nueras. Pero Rut decidió quedarse con Noemí, por lealtad hacia ella,  a pesar de que ésta pidió a ambas que regresaran con sus familias a Moab.
Debido a la pobreza en que vivían Noemí y Rut en Belén, ésta se puso a trabajar en el campo de Booz recogiendo los granos sobrantes de la cosecha. Booz era uno de los goeles (descendientes de un antepasado común, quienes se hacían responsables de la familia, si ésta no tenía descendencia) de la familia de Elimelec y, como otro goel no estuvo dispuesto a casarse con Rut ni a hacerse responsable de la pésima situación en que se encontraban Noemí y Rut, ese deber lo aceptó Booz, quien ya se había sentido atraído por la moabita. De ese matrimonio nació un hijo, Obed, quien más tarde fue el abuelo del rey David.
Así Rut ingresa por sus propios méritos y virtudes en la religión judía, a pesar de su ascendencia moabita y de adorar a un diferente dios.
4. Ana. Penina siempre molestaba a Ana y la hacía sentir mal porque el Señor no le permitía tener hijos.
Un día, después de comer, Ana se levantó calladamente y se fue a orar al santuario. El sacerdote Elí estaba allí. Ana estaba muy triste y lloraba mucho mientras oraba al Señor Le hizo una promesa a Dios: «Señor, Todopoderoso, mira lo triste que estoy. ¡Acuérdate de mí! No me olvides. Si me concedes un hijo, te lo entregaré a ti. Será un nazareo: no beberá vino ni bebidas embriagantes, y nunca se cortará el cabello».
Elcaná tuvo relaciones sexuales con su esposa Ana, y el Señor se acordó de Ana. Ella concibió y para esas fechas al año siguiente, dio a luz un hijo. Ana le puso por nombre Samuel, pues dijo: «Su nombre es Samuel porque se lo pedí al Señor».  Ese año Elcaná fue a Siló con su familia para ofrecer sacrificios y cumplir las promesas que le había hecho al Señor. Pero Ana no lo acompañó, sino que le dijo:
—No iré a Siló hasta que el niño tenga la edad suficiente para comer alimento sólido. Entonces se lo entregaré al Señor, será un nazareo y se quedará en Siló.
Luego Ana entregó el niño al sacerdote Elí,  y le dijo:
—Perdón, señor, yo soy la misma mujer que usted vio orar al Señor. Le aseguro que lo que digo es cierto.  Oré por este hijo, y el Señor contestó mi oración, dándomelo. Ahora se lo entrego al Señor, y él le servirá  toda su vida. Entonces Ana dejó ahí al niño y adoró al Señor.
Y, en el Nuevo Testamento
5. La profetisa Ana. Lucas, en su Evangelio, cita y recoge el testimonio de los pocos testigos que consiguieron ver al Mesías en el infante recién nacido: sus padres, María y José, los ángeles, los pastores, los magos, Simeón y Ana, de la que dice Luc. 2,36-38 : ¨Estaba también allí, Ana, profetisa, hija de Fanuel,  de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años desde su virginidad y era viuda hacía ochenta y cuatro años. Y no se apartaba del Templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén¨
6. María Magdalena, de la que el Señor expulsó siete demonios y luego, atraída por la misericordia de Jesucristo, se convirtió en una de las mujeres valientes que asistían  a Jesús. La primera persona a la que Cristo habló después de su resurrección. Conforme Cristo anunció, allá donde se predica el Evangelio se habla de esta mujer que, con un gran corazón, supo hacer una conversión radical de su vida.
7. La Mujer samaritana, cuyo nombre no conocemos, aunque era muy conocida en su ciudad y, después de su mala vida pasada,  se convirtió en evangelizadora al conocer ¨las fuentes de agua viva¨  que Cristo le descubre.
8. Las hermanas Marta y María, de la familia de Lázaro en Betania, donde Cristo encontraba un hogar de amigos en los que podía confiar y un lugar donde encontrar reposo. Cristo las puso de modelo de cómo se hace compatible el trabajo y la oración.
9. Lidia: con un corazón hospitalario facilitó la entrada del cristianismo en la Europa de entonces, al acoger y proteger en su hogar a los discípulos que necesitaban donde refugiarse. En Hechos 16,13 se narra su conversión. Lidia era vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira. Se convirtió y albergó a Pablo en su hogar en ese día y posteriormente cuando Pablo salió de la cárcel. Luc 16,40
De la misma manera que la Biblia enaltece y exalta a las mujeres, hoy nos unimos en aplauso de admiración hacia todas ellas. Por eso, donde quiera que se difunda el Evangelio, la consideración legal, social y espiritual de la mujer se eleva.

jueves, 2 de febrero de 2017

MUJERES EXTRAORDINARIAS: Conoce a las grandes figuras femeninas de la Biblia Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Rahab, Jocabed,… aquí te presentamos sólo algunas


MUJERES EXTRAORDINARIAS: Conoce a las grandes figuras femeninas de la Biblia




Hablando de mujeres extraordinarias, parece de justicia rendir homenaje a las primeras mujeres que hicieron historia porque intervinieron en los planes de Dios para la humanidad.
Podemos hacer un breve recordatorio de algunas de las  mujeres destacadas de la Biblia, siguiendo el orden cronológico y haciendo una obligada selección entre las muchas que están presentes en la Biblia.
Mujeres todas ellas de origen humilde pero que llegaron a ser extraordinarias porque fueron perfeccionadas por la acción y voluntad de Dios. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob, es también el Dios de Sara, Rebeca y Raquel.
El lector puede comprender que me resista a guardar el orden cronológico para recordar en primer lugar a María, la Madre de Dios. María, hija de Joaquín y Ana, esposa de José, Esposa de Dios, Madre de Jesús, Madre de Dios, es junto con Jesucristo, figura central de la historia bíblica y de la humanidad.
María, la mujer excelsa que ha vivido con plenitud la maternidad y la virginidad y que se relaciona íntimamente con Dios Trino.
La única mujer que ha merecido una ciencia e investigación específica llamada ¨mariología¨, con miles de libros dedicados a conocerla, y la mujer con más seguidores, devotos y admiradores de la humanidad.
María, bendita entre todas las mujeres.
Vemos primero en el Antiguo Testamento
1. Eva, madre de todos los vivientes. ¨Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes¨.  Gen 3.20.
Eva fue el punto y final de la creación de Dios. Su presencia señalaba la conclusión de toda la creación. Fue la encarnación viviente de la gloria de la humanidad (1 Corintios 11.7).
En su estado original, incontaminada por ningún mal, libre de cualquier enfermedad o defecto, preservada de toda imperfección, Eva era el arquetipo perfecto de excelencia femenina. Era magnífica en todo sentido
2. Sara, fue la esposa de Abraham y madre de Isaac. Según el libro de Génesis su nombre original era Saraipero Dios lo cambió a “Sara” antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de 90 años. Sara era un nombre para mujeres distinguidas y Sarai significa princesa.
Sara, siendo anciana y estéril y deseando que se cumpliese la voluntad de Dios respecto a la descendencia de Abraham, le incitó  a tener un hijo con su esclava Agar pero más tarde, después del nacimiento milagroso de su propio hijo Isaac, expulsó a la mujer y a su hijo Ismael.
Sara es la única mujer en la Biblia a la que Dios habla directamente. Abraham admiraba su don de profecía y su inteligencia, escuchando todos sus consejos.
3. Ruth.  El Libro de Ruth narra la historia de Elimelec, un hombre de Belén de Judá  quien emigró con su familia al país de Moab. Su esposa era Noemí y sus hijos Quilión y Majlón. Al morir Elimelec sus dos hijos se casaron con Orfá y con Rut respectivamente, ambas de Moab.
Años más tarde murieron Quilión y Majlón, y Noemí decidió regresar a Belén de Judá acompañada por sus dos nueras. Pero Rut decidió quedarse con Noemí, por lealtad hacia ella,  a pesar de que ésta pidió a ambas que regresaran con sus familias a Moab.
Debido a la pobreza en que vivían Noemí y Rut en Belén, ésta se puso a trabajar en el campo de Booz recogiendo los granos sobrantes de la cosecha. Booz era uno de los goeles (descendientes de un antepasado común, quienes se hacían responsables de la familia, si ésta no tenía descendencia) de la familia de Elimelec y, como otro goel no estuvo dispuesto a casarse con Rut ni a hacerse responsable de la pésima situación en que se encontraban Noemí y Rut, ese deber lo aceptó Booz, quien ya se había sentido atraído por la moabita. De ese matrimonio nació un hijo, Obed, quien más tarde fue el abuelo del rey David.
Así Rut ingresa por sus propios méritos y virtudes en la religión judía, a pesar de su ascendencia moabita y de adorar a un diferente dios.
4. Ana. Penina siempre molestaba a Ana y la hacía sentir mal porque el Señor no le permitía tener hijos.
Un día, después de comer, Ana se levantó calladamente y se fue a orar al santuario. El sacerdote Elí estaba allí. Ana estaba muy triste y lloraba mucho mientras oraba al Señor Le hizo una promesa a Dios: «Señor, Todopoderoso, mira lo triste que estoy. ¡Acuérdate de mí! No me olvides. Si me concedes un hijo, te lo entregaré a ti. Será un nazareo: no beberá vino ni bebidas embriagantes, y nunca se cortará el cabello».
Elcaná tuvo relaciones sexuales con su esposa Ana, y el Señor se acordó de Ana. Ella concibió y para esas fechas al año siguiente, dio a luz un hijo. Ana le puso por nombre Samuel, pues dijo: «Su nombre es Samuel porque se lo pedí al Señor».  Ese año Elcaná fue a Siló con su familia para ofrecer sacrificios y cumplir las promesas que le había hecho al Señor. Pero Ana no lo acompañó, sino que le dijo:
—No iré a Siló hasta que el niño tenga la edad suficiente para comer alimento sólido. Entonces se lo entregaré al Señor, será un nazareo y se quedará en Siló.
Luego Ana entregó el niño al sacerdote Elí,  y le dijo:
—Perdón, señor, yo soy la misma mujer que usted vio orar al Señor. Le aseguro que lo que digo es cierto.  Oré por este hijo, y el Señor contestó mi oración, dándomelo. Ahora se lo entrego al Señor, y él le servirá  toda su vida. Entonces Ana dejó ahí al niño y adoró al Señor.
Y, en el Nuevo Testamento
5. La profetisa Ana. Lucas, en su Evangelio, cita y recoge el testimonio de los pocos testigos que consiguieron ver al Mesías en el infante recién nacido: sus padres, María y José, los ángeles, los pastores, los magos, Simeón y Ana, de la que dice Luc. 2,36-38 : ¨Estaba también allí, Ana, profetisa, hija de Fanuel,  de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años desde su virginidad y era viuda hacía ochenta y cuatro años. Y no se apartaba del Templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén¨
6. María Magdalena, de la que el Señor expulsó siete demonios y luego, atraída por la misericordia de Jesucristo, se convirtió en una de las mujeres valientes que asistían  a Jesús. La primera persona a la que Cristo habló después de su resurrección. Conforme Cristo anunció, allá donde se predica el Evangelio se habla de esta mujer que, con un gran corazón, supo hacer una conversión radical de su vida.
7. La Mujer samaritana, cuyo nombre no conocemos, aunque era muy conocida en su ciudad y, después de su mala vida pasada,  se convirtió en evangelizadora al conocer ¨las fuentes de agua viva¨  que Cristo le descubre.
8. Las hermanas Marta y María, de la familia de Lázaro en Betania, donde Cristo encontraba un hogar de amigos en los que podía confiar y un lugar donde encontrar reposo. Cristo las puso de modelo de cómo se hace compatible el trabajo y la oración.
9. Lidia: con un corazón hospitalario facilitó la entrada del cristianismo en la Europa de entonces, al acoger y proteger en su hogar a los discípulos que necesitaban donde refugiarse. En Hechos 16,13 se narra su conversión. Lidia era vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira. Se convirtió y albergó a Pablo en su hogar en ese día y posteriormente cuando Pablo salió de la cárcel. Luc 16,40
De la misma manera que la Biblia enaltece y exalta a las mujeres, hoy nos unimos en aplauso de admiración hacia todas ellas. Por eso, donde quiera que se difunda el Evangelio, la consideración legal, social y espiritual de la mujer se eleva.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

¿Sabes qué significan los animales del Tetramorfos? La antigua tradición que asocia a los cuatro evangelistas con cuatro figuras distintas (tres de ellas animales y una humana)


¿Sabes qué significan los animales del Tetramorfos?












Uno de los motivos más comunes del arte cristiano es el llamado Tetramorfos: del griego “tetra”, cuatro; y “morphé”, forma, es una representación de un conjunto de cuatro elementos (esto es, literalmente, de cuatro formas). Es la manera más común de representar a los cuatro Evangelistas, cada uno de ellos acompañado o representado por una figura, tres de ellas animales y sólo una –la que acompaña a san Mateo- humana o, en las más de las ocasiones, angelical.
Desde luego, esta representación tiene más de una base bíblica: la primera de ellas corresponde a la visión de los llamados “cuatro vivientes” de Ezequiel, en la que el profeta describe cuatro seres cuyos rostros son, vistos de frente, de hombre; de león en el perfil derecho; de buey en el perfil izquierdo pero, al tiempo, “los cuatro tenían cara de águila” (Ezequiel 1, 8-11). La pregunta es, en todo caso ¿de dónde saca Ezequiel estas imágenes tan complejas?
Todos sabemos que la combinación de distintos seres y símbolos era bastante común en el antiguo Egipto, lo mismo que en la antigua Mesopotamia. Basta recordar a las esfinges egipcias, a los toros alados babilonios o a las harpías griegas. Ezequiel, en efecto, fue uno de los profetas judíos que vivieron el exilio en Babilonia alrededor del siglo VI antes de Cristo, de modo que su visión podría haber estado influenciada –señalan los biblistas- por el antiguo arte asirio, en el que estos motivos eran bastante comunes. Foto de By Marie-Lan Nguyen - Own work, Public Domain.
Todos sabemos que la combinación de distintos seres y símbolos era bastante común en el antiguo Egipto, lo mismo que en la antigua Mesopotamia. Basta recordar a las esfinges egipcias, a los toros alados babilonios o a las harpías griegas. Ezequiel, en efecto, fue uno de los profetas judíos que vivieron el exilio en Babilonia alrededor del siglo VI antes de Cristo, de modo que su visión podría haber estado influenciada –señalan los biblistas- por el antiguo arte asirio, en el que estos motivos eran bastante comunes. Foto de By Marie-Lan Nguyen - Own work, Public Domain. 
Todos sabemos que la combinación de distintos seres y símbolos era bastante común en el antiguo Egipto, lo mismo que en la antigua Mesopotamia. Basta recordar a las esfinges egipcias, a los toros alados babilonios o a las harpías griegas.
Ezequiel, en efecto, fue uno de los profetas judíos que vivieron el exilio en Babilonia alrededor del siglo VI antes de Cristo, de modo que su visión podría haber sido influida –señalan los biblistas- por el antiguo arte asirio, en el que estos motivos eran bastante comunes.
Más aún, se sabe –gracias a la arqueología, la paleografía y demás ciencias pertinentes- que estos signos corresponden a los cuatro signos fijos del zodíaco babilónico: el buey representa a tauro; el león, obviamente, a leo; el águila a escorpio y el hombre o el ángel a la constelación de acuario. Los cristianos primitivos habrían adoptado estos símbolos, otorgándoselos a los cuatro evangelistas a partir del siglo V.
El Tetramorphos del Libro de Kells, siglo VIII.
El Tetramorphos del Libro de Kells, siglo VIII. 
La otra base bíblica para esta representación está en el Apocalipsis de Juan, capítulo 4, versículo 7: “y la primera bestia era como un león, la segunda bestia como un becerro, la tercera bestia tenía rostro de hombre, y la cuarta bestia era como un águila”.
Ahora la pregunta es otra: ¿qué hace que a cada evangelista se le atribuya uno de estos símbolos y no otro? Hay razones de peso, asociadas a las particularidades de los textos de cada autor, sobre las cuales san Jerónimo escribió en detalle.
A Mateo se le asocia al hombre alado –o al ángel- porque su Evangelio se centra en la humanidad de Cristo, de acuerdo al comentario de san Jerónimo sobre el texto de Mateo. De hecho, es este evangelista quien incluye la narrativa a propósito de la genealogía de Jesús.
El león se asocia a Marco porque su Evangelio hace énfasis en la majestad de Cristo y su dignidad real, así como el león ha sido considerado tradicionalmente como el rey de las bestias.
El buey se asocia a san Lucas porque su evangelio se centra en el carácter sacrificial de la muerte de Cristo, y el buey ha sido siempre un animal sacrificial por excelencia.
A Juan, finalmente, se le asocia al águila por dos razones: la primera, porque su Evangelio describe la Encarnación del Logos divino, y el águila es un símbolo por excelencia de aquello que viene desde arriba. La segunda porque, como el águila, Juan –en su Revelación- fue capaz de ver más allá de lo inmediatamente presente.