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lunes, 21 de agosto de 2017

¿Cómo ayudar a nuestros padres ancianos?


“Cuando mis padres envejezcan”, obra de Annie y Claude Beauducel, trata el tema delicado del acompañamiento de los padres cuando ya son ancianos, apoyándose en la experiencia personal de los autores, en testimonios contundentes y en la Palabra de Dios

Llega un momento en que nos vemos impotentes o desvalidos ante el envejecimiento de nuestros padres, y quizás indecisos o incapacitados en cuanto a las medidas más apropiadas para su bienestar. Esta pequeña guía práctica y espiritual tiene el propósito de ayudar a esta generación a atravesar este delicado periodo, orientarla en el discernimiento de la mejor decisión según cada situación particular.

Una pareja de autores motivados por una gran fe cristiana y por la generosidad

Annie y Claude Beauducel son miembros de la Comunidad de Emmanuel desde 1977 y a menudo han sido invitados a ofrecer su testimonio sobre el acompañamiento y cuidado de sus padres en su ancianidad.
Destacan los 13 años en los que han acogido en su propia casa a la madre de Claude Beauducel, una “convivencia a veces difícil que nos ha dado la ocasión de reflexionar sobre las relaciones intergeneracionales en el seno de nuestras familias”, escriben los autores.

El desasosiego ligado al envejecimiento de los padres

Este libro alude desde el principio a la angustia relacionada con el envejecimiento de los padres. Los hijos ven, más o menos progresivamente, que sus referentes se tambalean, su seguridad afectiva se desmorona y su tranquilidad de espíritu se escapa, tanto más en casos de distanciamiento geográfico.
Además, el envejecimiento de sus padres les recuerda su propia finitud, una idea que puede causar temor.

De la necesidad de discernir

El libro Quand mes parents vieillissent [Cuando mis padres envejezcan] plantea numerosas preguntas con el fin de ayudar al discernimiento y a la toma de decisiones, con vistas al bienestar de los padres ancianos, pero también para el de los hijos.
Decidir soluciones entre mantenerlos en casa con un servicio de ayuda personal o en una residencia para personas mayores o en un asilo con asistencia médica… dependiendo de la situación particular de cada uno. ¿Cuáles son las prioridades: la pareja, los hijos, los padres, el trabajo…? ¿Cómo conciliarlas y obtener un equilibrio sano?
El libro habla de la transformación del día a día para respetar el mandamiento divino de “honrar” a los padres hasta el final, habla de una nueva organización necesaria y del reparto de tareas entre los hermanos.

“Los ancianos siguen siendo personas”

Así, los autores hacen un llamamiento a la paciencia, al respeto y a la compasión hacia nuestros mayores. Claude Beauducel subraya la convicción íntima que comparten y que sostiene su obra: “Los ancianos siguen siendo personas. Conservan su dignidad como personas, sea como sea la disminución eventual de sus facultades”.

De la necesidad de perdonar

El libro habla de perdón. ¿Cómo conseguir perdonar a nuestro padre o nuestra madre cuando hay heridas, antiguas o recientes, cuando se dan casos de favoritismos quizás más flagrantes a medida que los padres envejecen, en casos de falta de reconocimiento o de ingratitud…?

Una invitación a abandonarse en las manos del Señor

Annie y Claude Beauducel están convencidos de una cosa: todas estas inquietudes, las conmociones, las dudas, totalmente legítimas todas, pueden atenuarse e incluso desaparecer si vivimos en la oración, en la gracia de los sacramentos de la reconciliación y de la unción de enfermos, en una confianza en Dios y en un abandono entre las manos del Señor, porque Él nos ilumina, si se lo pedimos, sobre las decisiones que tomar y nos ayuda a superar estos desafíos.
El libro contradice a Chateaubriand, a De Gaulle y a nuestras coquetas abuelas: en efecto, ¡la vejez no es un naufragio! Es el cumplimiento de su vocación, el camino hacia el encuentro con el Padre, vivido con tanta más calma si es con la impronta de la solidaridad familiar y la esperanza en Dios.
Claude Beauducel continúa con la metáfora marina destacando: “No es un naufragio, más bien al contrario, es una arribada a puerto”. Depende de nosotros ayudarles a atracar apaciblemente.

martes, 6 de junio de 2017

¿Por qué los niños de hoy son tan irrespetuosos?


Toleramos comportamientos en los niños que nunca aceptaríamos en un compañero o un amigo

Una de las primeras cosas que enseñamos en nuestra escuela de taekwondo son los principios del taekwondo, que son virtudes que se practican y según las cuales se vive. El respeto es una de las más importantes. Mantener el contacto visual, tener una postura respetuosa, decir “sí, señor” y “sí, señora” y hacer una reverencia antes de entrar y salir del tatami son lecciones que se enseñan desde el primer día.
Los estudiantes mayores pueden resistirse a las muestras de respeto, pero los más jóvenes las absorben como una esponja. Cuando un profesor se dirige a ellos hablándoles de usted con seriedad y esperando una respuesta seria, ellos están encantados con corresponder. Tratarles con respeto predispone a los estudiantes de todas las edades a responder de igual forma.
No pude evitar pensar en esto cuando leí esta entrevista con el doctor Leonard Sax sobre su nuevo libro, El colapso de la autoridad. Cuando le preguntaron de qué trata el libro, respondió lo siguiente:
La transferencia de autoridad de padres a hijos. Creo que deberíamos tratar a los niños como a los adultos. Creo que deberíamos esperar de ellos que sean maduros y sepan comportarse, y creo que eso es lo que significa tratar a alguien como a una persona madura, entre otras cosas, aunque la frase ‘tratar a alguien como a una persona madura’ es ambigua.
No se trata de la abdicación de la autoridad.
A menudo pienso que nuestra sociedad es en gran medida cómplice, para su vergüenza, de la caída en picado de la calidad en las normas de comportamiento de los niños. Toleramos comportamientos en los niños que nunca toleraríamos en un compañero o un amigo, porque no queremos inmiscuirnos o interferir en la forma de educar de algún otro. O, en el caso de que sean nuestros propios hijos, porque no queremos ser autoritarios o porque nuestro estilo es de refuerzo positivo o incluso porque simplemente no sabemos qué hacer. Sin embargo, en todos los casos son los niños quienes salen perjudicados.
El doctor Sax explicó que es común que niños de incluso 10 años tengan acceso a sus propios teléfonos móviles a cualquier hora del día y de la noche. Esto es algo contra lo que advierte la Academia Americana de Pediatría, aunque a los padres les resulta imposible seguir la recomendación. Tienen la sensación de “que no tienen autoridad sobre sus hijos en muchos ámbitos”.
Comparemos eso con otra recomendación oficial de la que se hace eco el doctor Sax, la de tener todos los días una comida familiar libre de distracciones. Es algo difícil de aplicar con los adolescentes, acostumbrados a las comidas apresuradas y a los asuntos urgentes, con uno o los dos padres distraídos con los correos electrónicos o llamadas o mensajes telefónicos. Los padres encuentran muchas dificultades a la hora de implementar comidas familiares sin distracciones cuando los niños son pequeños, a menudo porque ellos (y por ellos me refiero a mí) no tienen autoridad sobre sí mismos.
Una de las cosas que olvidamos es que los seres humanos somos criaturas imitativas. Aprendemos al observar e imitar los comportamientos de nuestro entorno. Dedicar tiempo a sentarnos con nuestros hijos y escuchar sus historias sin mirar a nuestros teléfonos les enseña respeto y, al enseñarles respeto, les ofrecemos un modelo de comportamiento. Así trataríamos a cualquier otro adulto y así esperamos que nos traten a nosotros. No basta con explicárselo a nuestros hijos, tenemos que demostrarlo en nuestras interacciones con ellos y con los demás adultos.

sábado, 19 de noviembre de 2016

¿Tu hijo tiene entre 1 y 3 años? Te damos 6 consejos para educarlo correctamente Desde saberlo atender hasta el aumento de la autoestima en esta importantísima etapa de la vida

¿Tu hijo tiene entre 1 y 3 años? Te damos 6 consejos para educarlo correctamente



Los primeros mil días de la vida de un niño son sumamente importantes y condicionan gran parte de su existencia. De hecho, así como una planta que crece bien si el terreno es bueno y fértil, así los primeros cuidados y atenciones del niño son el prototipo, la base para una vida suficientemente buena.
¿Cómo educar mejor al pequeño que crece? Hay consejos que cada padre, de un niño de edad entre el año y los tres años, debería saber.
Lo explica en Crescere è una straordinaria avventura (Crecer es una aventura extraordinaria) Ezio Aceti (Ediciones Città Nuova)
1 – Saberlo atender
La mamá es una figura clave. Normalmente, cuando el niño llora, ella interviene y dulcemente busca atenderlo, limpiarlo, alimentarlo, es decir, calmarlo en su llanto. Cuando en cambio el niño está tranquilo, lo mima, lo abraza, manifestando alegría y felicidad. En términos psíquicos significa que toda buena mamá cumple una operación fundamental para el crecimiento armónico, y toma el ansia del niño sobre sí y restituye la calma, la positividad, la tranquilidad. Esta experiencia es la base del amor y la confianza. El niño, gracias a estos cuidados, restituye confianza, al sentirse acogido y protegido, manifestando inconscientemente la alegría de vivir. Esta experiencia es el fundamento de todas las demás. Haberla experimentado de manera suficientemente estructurada será la fuente de vitalidad y de deseo de crecer.
2 – Los riesgos de la inseguridad
Al contrario, las mamás inseguras, tensas, con carencias afectivas profundas, estructuran una atención morbosa (síntoma de simbiosis excesiva) o un descuido patológico, determinando en el niño una imagen de sí devaluada y a veces depresiva.
3 – Ayudar a la “interiorización materna”
Es sorprendente observar cómo la base de la experiencia y del refuerzo materno están en continua actividad, en una explosión de conocimientos y atenciones sorprendentes. La percepción de los objetos, la atención de las cosas aumenta tanto que, hacia el séptimo y octavo mes, el niño llega a una etapa ulterior fundamental: la interiorización materna. Es un proceso psíquico por el cual el niño “lleva a la madre dentro de sí y la interioriza”.
El niño en este proceso debe ser apoyado y guiado, no ignorado. Un proceso que permitirá al niño no sólo adquirir mayor seguridad y dominio de sí, sino también desarrollar una capacidad de soportar momentos en que la madre esté ausente. Comenzará a enfrentar el mundo, primero gateando, buscando abrir los cajones de la cocina o meter los dedos en la toma de corriente pero, sucesivamente será capaz de explorar también sin la presencia constante de la mamá.
4 – Aprendizaje imitativo
Desde el séptimo y octavo mes, muchos niños, mediante el balbuceo, expresan la que será luego la conquista de la palabra como sonido-significado, relacionado con las personas y los objetos.
Los padres deben tener en cuenta que el lenguaje es, para los niños, realidad e intención, de hecho, aunque la frase no está aún estructurada (se necesitará algún tiempo), la comprensión comienza a refinarse, tanto que cuando el niño quiere agua, dice: “Aua”, no sólo para describir el objeto agua, sino también por su deseo de beber.
La descripción de los objetos con la simple palabra o el pequeño balbuceo volverá al niño capaz de gobernarlos, vivirlos. Fue el gran psicólogo ruso Lev Vygotskij (1896-1934), fallecido joven de tuberculosis, genial en sus descubrimientos, quien demostró que la cultura y el aprendizaje imitativo son básicos para la adquisición del lenguaje, dando fundamental importancia a los modelos como la madre y el padre, que estimulan el aprendizaje de los pequeños con sus gestos cotidianos.
5 – Rechazo aparente
La percepción corporal es una conquista fundamental para cada uno; el niño, de hecho, tras haber interiorizado a la madre y experimentado con su cuerpo el caminar y con su pensamiento el hablar, hacia los dieciocho meses se hace una pregunta: “¿Quién soy?”, y aunque esta pregunta es aún intuitiva, representa la base de la identidad propia, de una persona distinta de los demás y sobre todo de la madre. Esta pregunta y búsqueda de sí mismo es tan inmediata que empieza a aparecer de manera cada vez más explícita el “no”. Este “no” a menudo no representa un rechazo de lo que se le pide al niño, sino una necesidad de afirmarse a sí mismo distinguiéndose del adulto.
Si supieras cuánta paciencia tienen los niños con nosotros cuando pensamos o les atribuimos intenciones que no tienen…
El niño no quiere desobedecer, sino afirmar el deseo de expresarse a sí mismo, aunque aparentemente parece rechazar las reglas.
6 – Ejercitar la autoestima
Para ello es necesario que ejerciten constantemente con los niños lo que nos subraya el primer principio de la autoestima, es decir, “al reconocer los pensamientos del otro” nos daremos cuenta de que todos los niños a quienes hemos considerado como malos y desobedientes, en realidad necesitaban decirnos: “Mira aquí estoy y quiero hacerlo solo”.

jueves, 28 de abril de 2016

9 razones por las que es mejor para los hijos que sus padres estén casados Para crecer y ser felices necesitan un contexto de seguridad, protección y alimento emocional


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Los hijos, cuando son recibidos con amor, alegran la vida familiar y dan a los padres una razón más para esforzarse y luchar por ser mejores. Los hijos enriquecen la comunidad humana con su presencia y promesa del futuro.
La fecundidad humana es mucho más que un simple fenómeno de “reproducción”.
Es, sobre todo, la participación en la obra creadora de Dios que desde siempre quiso que fuera en el amor, y por amor, como cada creatura humana entrara en la existencia y se desarrollara.
Esto es verdad también para las parejas que no pueden tener hijos, pues su amor puede alimentar y ayudar a crecer muchos hijos sin padres,  o a la familia humana en general a través de las múltiples formas como el amor puede proyectarse en el servicio comunitario (CIC, 1654).

Los hijos necesitan y merecen ser recibidos en un matrimonio

La presencia de padre y madre, unidos en una relación estable y comprometida como la que establece el sacramento del matrimonio, crea para los hijos el contexto de seguridad, protección y alimento emocional que ellos necesitan para crecer y ser felices.
Así lo constatan las estadísticas de estudios recientes (véase Why Marriage Matters: 26 Conclusions from the Social Sciences, Institute For American Values, 2005, en www.americanvalues.org).
  • El matrimonio reduce el riesgo de pobreza de los niños y sus comunidades. Entre los hispanos residentes en Estados Unidos es claro que los niños provenientes de hogares donde la madre es la cabeza de familia (14%), o los padres conviven pero no están casados (7%) o están separados o divorciados (6% +9%), son los más pobres. (Véase, Ken Johnson-Mondragón, Perspectives on Hispanic Youth and Youth Adult: Fe y Vida Publication).
  • Hogares sin padre aumentan el nivel de criminalidad. Niños hombres cuyos padres son divorciados o no están casados tienen dos veces más probabilidad de terminar en la cárcel cuando son adultos.
  • El matrimonio protege la salud física y mental de los hijos. Hijos de padres que se casan y permanecen casados son más saludables y tienen menos probabilidades de padecer una enfermedad mental, incluyendo la depresión y el suicidio en la adolescencia.
  • Los hijos de parejas que cohabitantienen un riesgo más alto de sufrir violencia doméstica, abuso físico y sexual y abandono.
  • Los hijos nacidos de padres que cohabitan tiene tres veces más probabilidad de sufrir la separación de sus padres antes de cumplir 5 años. Debe anotarse además que los primeros 5 años de la vida de una criatura determina en gran medida su estructura emocional y su capacidad para responder positivamente a los retos de la vida.
  • Los padres que no se casan o que se divorcian ponen en riesgo la educación de sus hijos. La separación de los padres o la inestabilidad de su relación da mensajes contradictorios a los hijos. Por otro lado, el rendimiento escolar de estos niños es mucho menor que el de los hijos de hogares estables.
  • Los casos de embarazos en la adolescencia son mucho más frecuentes entre hijos de madres solteras o separadas. Así mismo las estadísticas muestras que la premura en concebir de un adolescente está relacionada con la edad igualmente temprana en que su madre la concibió (U.S. Department of Health and Human Services, Center for Disease Control and Prevention. National Center for Health Statistics, Adolescent Health in the United States, 2007,50.)
  • La ausencia de una figura paterna crea vacíos emocionales muy grandes, tanto en los hijos varones como en las niñas.
    • Muchos adolescentes varones padecen confusiones en su sexualidad y tienden a buscar en el amor de hombres mayores al padre que no encontraron en su niñez.
    • Así mismo, muchas jovencitas que no conocieron a sus padres o fueron abandonadas por ellos antes de cumplir 5 años son las más propensas a entregarse sexualmente a hombres que apenas conocen o en relaciones que no les dan ninguna garantía y que terminan abandonándolas apenas quedan embarazadas. Y así vuelve a repetirse y crearse la cadena triste de hijos hispanos sin padre, que las estadísticas nos reportan: el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras. En contraste, sólo el 26% de los niños blancos y el 13% de los asiáticos nacieron de madres solteras (véase, Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11.)
  • Cuando los matrimonian fallan la relación de los hijos con los padres también se debilita. Los hijos adultos cuyos padres se han divorciado sólo tienen la mitad de probabilidad de tener una relación estrecha con ambos padres. El matrimonio da a los hijos el contexto de seguridad, protección y alimento emocional que ellos necesitan para crecer y ser felices.
El matrimonio da a los hijos el contexto de seguridad, protección y alimento emocional que ellos necesitan para crecer y ser felices.

Los hijos necesitan no sólo padres casados sino que vivan un buen matrimonio

Como lo explica la Dra. Judith P. Siegel, la relación de los padres es para los hijos el modelo de todas sus relaciones de intimidad. (Judith P. Siegel, “Lo que los niños aprenden del matrimonio de sus padres”, Traducción Ángela García, Ed. Norma, 206).
Los hijos reciben seguridad cuando ven a sus padres y madres respetarse y ser respetados  por su cónyuge, o por el contrario, se llenan de miedo y desconfianza ante el amor cuando conviven con padres que no logran amarse y respetarse.
Por eso la Iglesia enseña que es responsabilidad de los padres no sólo transmitir la vida sino también crear el contexto donde la familia sea una verdadera escuela de amor; donde los hijos crezcan en su vida espiritual, moral y sobrenatural (CIC 1652-1657).

De los padres aprendemos:

  • El modelo de matrimonio de nuestros  padres puede influir en nuestra elección de pareja.
  • La relación de nuestros padres se refleja en gran medida en el tipo de problemasque experimentamos en la edad adulta.
  • El matrimonio de nuestros padres es el parámetro del cual aprendemos el rol que le adjudicamos al varón y la mujer dentro del matrimonio, así como las expectativas que tenemos de nuestra pareja.
Por todo esto es claro que sus hijos bien merecentodo el esfuerzo por hacer crecer y mejorar sus relaciones matrimoniales. 
Esto no excluye que, en casos extremos y después de agotar todos los recursos algunas parejas se vean forzadas a optar por la separación, precisamente para evitar mayor daño a los hijos.
Con todo, son muchos más los matrimonios quecon esfuerzo y fe pueden mejorarse (Véase, Alba Liliana Jaramillo, Cuándo buscar consejería).
Igualmente, estos datos sobre la importancia de los padres y de su matrimonio para la vida de los hijos debe hacer que los padres hispanos consideren los grandes dolores y perjuicios que migrar sin ellos puede causar en los hijos.
Ciertamente la pobreza y el deseo de ofrecer a los hijos un mejor futuro es una buena razón para migrar. Pero a veces, los beneficios que el bienestar económico puede darles no se comparan con los daños emocionales y morales que sufren los hijos cuando se ven “separados” de sus padres.
Aunque queden en manos de personas que los quieren y los cuidan, casi todos los niños cuyos dos padres emigraron cuando ellos eran pequeños, muestran en su adolescencia y edad madura los síntomas emocionales de quien fue abandonado.
Más sobre el tema en Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 52; Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 85 en www.vatican.va o www.usccbpublishing.org. Lectura Adicional: Judith P. Siegel, Lo que los niños aprenden del matrimonio de sus padres, Traducción Ángela García, Ed. Norma, 2006.

Artículo originalmente publicado por Por tu matrimonio