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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Errores que debes evitar cuando descubres la infidelidad

Pocos dolores son tan fuertes como el que provoca la persona que más amamos, pero no todo ayuda a resolver la situación

Y ahí estaba ella sentada en mi oficina con el corazón desgarrado contándome la infidelidad que acababa de descubrir de su esposo. El llanto casi no le permitía articular palabra. Por más que mi lado sensible de mujer me empujaba a consolarla, a abrazarla, no pude hacerlo. Necesitaba permitir que se desahogara y no cortar su emoción. Solo sé que ninguna persona merece pasar por ese tipo de dolor que hace que el corazón se rompa a pedazos. Uno sabe dónde tiene el alma porque justo ahí se siente una espantosa descarga de adrenalina atravesando todo el pecho. Cómo es posible que la persona que más amas y que se supone más te ama sea la que te haya provocado sufrir así. ¡No tiene lógica!
Desafortunadamente, en mi práctica como Orientador Familiar y Matrimonial este cuadro lo vivo muy seguido en mis consultas. Hay una estadística alarmante. Para este año 6 de cada 10 parejas estarán divorciadas y en los próximos años serán 8 de cada 10. La causa, en su mayoría por infidelidad. ¿Pero que está sucediendo? ¿Acaso Dios se equivocó en instruir el matrimonio? No.
El grave error que las parejas estamos cometiendo es que, primero, no nos estamos educando para amar. Y segundo, estamos dejando nuestras decisiones a merced de nuestras pasiones, de nuestro egoísmo y de nuestra sensibilidad. Es decir, estamos dejando que estas nos dominen en vez de ser nosotros quienes las dominemos. Estamos dejando nuestra voluntad a merced de nuestros instintos y al “sentir”.
Hoy en día a todo lo queremos llamar amor. Por lo tanto, dentro de ese contexto, todo se vale. Y esto no es verdad. No se vale ser infiel porque siento amar a otro (a) o porque siento que tú ya no me haces feliz. O porque mi hormona pudo más que mi neurona y ¡ups, caí! No se vale. Es más, la infidelidad en ninguna circunstancia es permitida.

Los pantalones bien puestos

Si los varones pudieran comprender en su totalidad el daño tan tremendo que hacen a sus esposas cuando son infieles y, peor aún, cuando de plano las dejan por otras. Y nótese que no dije ni hombres ni caballeros porque los verdaderos hombres hacen todo por hacer feliz a una sola mujer, la suya y tienen la suficiente hombría para decir que no a la tentación o, en su caso pedir perdón y apoyo para no volver a caer. Es decir, tienen palabra de honor y los pantalones bien puestos.

La mujer infiel

Por supuesto que esto no ocurre solo de ellos para ellas. Desafortunadamente, el número de mujeres infieles y que están dejando hogar y marido por otros pantalones va en aumento. La infidelidad femenina tiene aún algo más de peligro porque cuando la mujer es infieltambién involucra el corazón y es capaz de abandonar todo -hogar, esposo, hijos- por lo que ella cree que es amor. El hombre, generalmente solo es infiel de la cintura para abajo. ¿Me expliqué?
Esta vez me enfocaré en las damitas, en su dolor y en validar la terrible experiencia por la que pasan. Soy una convencida de que una infidelidad no se da de la noche a la mañana. Solo un loco y enfermo del alma amanecería diciendo: hoy voy a ser infiel porque así soy, y qué…
En un matrimonio, la infidelidad ya es la punta del iceberg. Es decir, no es el problema real.  Pero no voy a enfocarme tanto en esto como en que la mujer que pasa o pasó por esta terrible experiencia evite cometer ciertos errores cuando descubre que el marido ha andado de cascos ligeros.
Lo más importante como mujer es que dejes de culparte como tal. El “qué hice” o “qué dejé de hacer” que solo te sirvan para tomar la parte de tu responsabilidad -no culpabilidad- y hacer los cambios personales necesarios para salir adelante y, mejor aún, para perdonar y salvar tu matrimonio. Claro que se puede salvar después de vivir una experiencia como esta. No es nada fácil, pero créeme que sí se logra. Un buen acompañamiento profesional con personas que le apuesten al perdón y al matrimonio y que no te ofrezcan el divorcio como opción o te vendan filosofías baratas de que Dios te quiere feliz y si no “sientes” amarlo o perdonarlo, déjalo. ¡Patrañas!

Si ya descubriste la infidelidad

Si ya descubriste que tu esposo te fue o te está siendo infiel lo primero que tienes que hacer es dar unos buenos respiros hasta que logres tranquilizarte. Luego, hablarlo con él, pero tranquila, sin reacciones agresivas ni enfrentamientos. Sé que lo que te pido no es fácil y que lo que te apetece es cachetearlo y decirle de palabrotas, pero no te conviene. Es a ti a la que no le conviene perder el control. Dile con voz tranquila cómo te sientes: herida, traicionada, desilusionada… Háblalo de manera respetuosa, pero sin confrontamientos. Si tú le tratas de manera despectiva, aunque así lo sientas, lo que harás es alejarlo más de ti y darle la razón que por algo te puso el cuerno, porque eres una loca energúmena. Aunque hayas sido tú la lastimada, eres tú quien tiene la sartén por el mango.
Lo más seguro es que pase esto: te lo va a negar. Créeme que es muy buena señal cuando los hombres hacen eso de negarlo porque es una manera tácita de decir: “Si, fui un bruto. Sí lo hice, me dejé llevar, pero es a ti a quien amo y no te quiero perder. Te elijo a ti y solo a ti”. La cosa se pondría un poco más difícil si de plano te dice: sí, te fui infiel, ¿y?

Errores que debes evitar cuando descubres la infidelidad

  • Evita armar un escándalo, confrontación directa y amenazas. El diálogo calmado y en paz es tu principal herramienta de combate.
  • Evita buscar a la tercera en discordia. Ni se te ocurra. Tú eres su mujer y eres una dama. Y sí, hay muchas mujeres de cascos ligeros que les encanta meterse con hombres casados y no se respetan ni a ellas mismas. Pero al final del día el más responsable es tu esposo por no haber tenido el cinto bien bragado en sus pantalones.
  • Evita pedir opiniones a terceros. Nadie tiene por qué saber que tu esposo pasó por una debilidad. Se busca ayuda profesional, no opiniones de comadres.
  • Evita poner al descubierto el problema ante tus hijos y familiares. Jamás, nunca, prohibido involucrar a tus hijos en esto. Ellos no tienen por qué ser partícipes del tropezón que está viviendo tu matrimonio o de que el papá te fue infiel porque para comenzar si hay crisis son 2 los responsables.
  • Evita jugar al detective. Elige creer lo que tu esposo te diga. Se supone que van en vías de ambos rescatar su matrimonio, por lo tanto, las mentiras saldrán sobrado. No te desgastes en saber más de lo necesario porque si no tú misma estarás cavando tu tumba.
  • Evita ir al plan de reconquista de una manera desesperada. Una infidelidad se supera ambos tomados de la mano y de adentro hacia afuera. Es decir, sanando el interior de ambos.
  • Evitar correr al abogado, largarlo de la casa o tu salirte del hogar. Créeme que una infidelidad se puede superar, se perdona totalmente y no alcanza para destruir un hogar porque a ti te está faltando la capacidad de perdonar y de dar otra oportunidad.No le quito mérito a tu dolor, es horrible pasar por eso. Lo que quiero decir es que cuando logren superar esa crisis de infidelidad su matrimonio estará más sólido porque ambos saldrán más fortalecidos para sacar adelante la familia.

Solo las mujeres -en toda la extensión de la palabra-  que reconocen su verdadera dignidad como personas son capaces de reconocer que están casadas con un ser imperfecto que merece todo su apoyo, misericordia y compasión. Saben que su esposo es un ser débil y vulnerable como ellas, pero que ella es mucha mujer para otorgarle su soporte. Hay más corazón para él que otra cosa. El mundo le llamará falta de dignidad. Yo le llamo sencillamente amor puro y muy digno.

martes, 22 de agosto de 2017

Cuida así tu matrimonio y nunca te cuestionarás por qué te casaste


El primer ámbito de intimidad siempre es mi marido o mi mujer, el otro es para mí la prioridad

Creo que es importante encontrar espacios en los que crecer en nuestro camino. Cuidar la complicidad cuando estamos juntos, en privado o en público. Tratarnos con delicadeza, sin herirnos.
No dejar nunca solo al otro. Que sienta que estoy ahí, con él, a su lado, caminando en su vida, cuando está cerca y cuando está lejos. También cuando estamos con más gente.
No contar nuestra vida más íntima a otras personas. Lo que vivimos entre nosotros es nuestro y nadie tiene derecho a conocerlo. No reírme ni quejarme de él delante de otros. Vivir la castidad es guardar su dignidad, su honor, su fama, su nombre, su imagen.
El primer ámbito de intimidad siempre es mi marido o mi mujer. Nunca un compañero de trabajo, un amigo, ni siquiera debería serlo el sacerdote. Lo que tenemos entre nosotros es sagrado y no se lo contamos a cualquiera.
Es importante cuidar la intimidad matrimonial en todo momento. Cuidar ese espacio en el que podemos darnos por entero. Cuidar el descanso y el diálogo. Que podamos estar juntos sin interferencias.
A veces los móviles, internet, el trabajo, las aficiones, la televisión, las series, pueden privarnos de momentos sagrados para cuidar el amor. Y lo sabemos, el amor tiene que ser cuidado.
Debería bastarnos con estar juntos sin más, sin tener que recurrir a amigos o a planes maravillosos. Es importante cuidar esos tiempos sagrados en los que compartimos la vida.
No queremos desparramarnos. La castidad es elegir y hacerle sentir al otro esa elección. Cuidar lo nuestro. La pasión y la complicidad. La intimidad y el pasarlo bien juntos.
No dispersarnos en los hijos, en los amigos, en reuniones familiares, sociales, apostólicas. El otro siempre es lo primero, tiene prioridad.
Por el otro hago cosas que no haría en mi vida por nadie y dejo de hacer otrasque me gustaría hacer. Y lo hago sin amargarme, feliz, porque le quiero por encima de todo.
Por él lo dejo todo. Por él comienzo de nuevo. El otro es para mí el amor único, mi prioridad en todo.
Cuando nos enamoramos de novios, vimos en la otra persona algo que nunca habíamos visto antes en nadie, algo que nos completaba, que nos complementaba, que nos encantaba. ¿Qué era eso?
Ahora con más motivo lo vuelvo a recordar. ¿Sigue vivo en mi alma? El otro es mi camino. Mi vida. Mi hogar. El lugar en el que descanso y me encuentro con Dios. ¿Qué es eso único que tiene y que me completa, que me hace feliz?
La castidad sólo es posible desde la verdad. Desde mi verdad me doy por entero. Y acojo la verdad del otro con alegría. Por eso es fundamental no mentir nunca, no ocultar cosas importantes que debería saber. 
No mentir ni con pensamientos, ni con palabras, ni con secretos. No hay doblez ni puntos oscuros. Mi vida es limpia para el otro. Trasparente. Quiero que sepa siempre en qué estoy, qué siento, qué me preocupa.
Mi mirada importa mucho. La mirada franca y verdadera. Pura y auténtica. ¿Cómo miro a mi marido, a mi mujer? ¿Soy trasparente, auténtico, verdadero?

sábado, 22 de julio de 2017

Las 5 grandes necesidades emocionales de él y de ella


De fabricación ya venimos equipados con una serie de necesidades emocionales

Es una realidad, todos nos casamos para ser felices y alcanzar la plenitud. Solo un absurdo y falto de compromiso puede pensar que el vínculo matrimonial deba tener fecha de caducidad, máxime sabiendo que el amor es volitivo, es decir, un acto de la voluntad renovable y no un mero sentimiento. No podemos basar nuestro compromiso en un hasta que así lo “sintamos” o hasta que el amor nos dure. Pensando así el amor siempre tendrá un plazo.
Llegar a la plenitud matrimonial no es tarea fácil, requiere cuidados diariosestar llenando el tanque emocional, como le llama Gary Chapman en su libro Los 5 Lenguajes del Amor, el cual debe ser llenado de amor y de todo lo que el amor representa. 
La necesidad de amor es real en todas las personas, no es un fenómeno solo de la niñez. No, esta necesidad continua en la edad adulta y en el matrimonio. 
Así es, de fabricación ya venimos equipados con una serie de necesidades emocionales. La buena noticia es que cuando nos casamos Dios nos regala a un compañero/a para satisfacerlas. Hay cosas muy específicas que hay que hacer uno por el otro dentro del matrimonio para llenar ese tanque emocional y así crecer en el amor, afianzando nuestro vínculo por medio de nuestra mutua satisfacción.
Cuando somos novios hacemos todo y de todo por complacer a la pareja y la gran mayoría de las veces lo hacemos sin ser conscientes de ello. Luego, ¿por qué ya casados no ponemos tanto empeño en seguir agradando al otro?.
Damos menos atención a cuáles son sus necesidades y muchas menos nos esmeramos en satisfacérselas. Enfatizamos nuestra atención en otras cosas, que, si bien son nobles como el cuidado de los hijos, el trabajo, etc., no nos están uniendo como pareja, es decir, no están alimentando nuestro vínculo.
Necesitamos reconocer que hombres y mujeres tenemos necesidades distintas y para que mi relación de matrimonio mejore y cada día nuestro vínculo sea más sólido es esencial conocerlas y satisfacerlas mutuamente por medio de actos de amor, de servicio. Los problemas luego vienen de que yo creo que estoy amando al otro dándole lo que yo creo que necesita porque como es lo que yo necesito o a mí me hace feliz, pienso que con el otro pasa lo mismo.
Esta información que a continuación te comparto es fruto de la experiencia laboral de un terapeuta familiar y de relaciones matrimoniales que ha trabajado por años en parejas y ha logrado sacar estas estadísticas, claro que hay excepciones a la regla. 
F. Harley, Jr. en su libro “Lo que él necesita, lo que ella necesita” dice de que hombres y mujeres somos diferentes y con distintas necesidades emocionales. Entonces muchos matrimonios tienen problemas porque no conocemos ni comprendemos las necesidades de la pareja.
Hoy en día los terapeutas más que enseñar cómo comunicarse en pareja tienen que enseñar a amar a la pareja, a comunicarse el amor, siendo este un acto de la voluntad, una actitud de vida, un movimiento de auto vencimiento, es decir, a hacer actos heroicos por el cónyuge.
Todo esto nos vienen a romper los esquemas que estamos viendo hoy en la sociedad como el egocentrismo, el hedonismo, el inmanentismo, el egoísmo donde nos invitan a ser primero yo, luego yo, y por último yo.
A continuación, te comparto las necesidades emocionales que Harvey nos presenta en su libro. Así mismo, te las acompañaré de una pequeña explicación:

1. 

(Ella) AFECTO. Una mujer necesita sentirse amada, valorada, querida, apreciada, sentir que es especial y constantemente escuchar palabras reafirmantes. Hombres: digan cosas lindas a sus mujeres y ya verán que lo que lograrán en ellas. Recuerden que “hacer el amor” es un acto que comienza desde que amanece.
(Él) PLENITUD SEXUAL. Resulta que el hombre se casa pensando que tendrá su intimidad resuelta. ¿Y qué sucede poco después de la luna de miel? ¡Que se da cuenta de que se ha casado con una mujer que sufre terribles y casi diarios dolores de cabeza! Muchas mujeres comenten el gravísimo error de “castigar” al esposo con esto, negarse a tener intimidad por razones que no son precisamente de peso. 
Aquí es importante aclarar lo siguiente: una de estas ideas erróneas es que el sexo es una necesidad vital y que está bien que “lo practiques” cada vez que lo “sientas”. ¡Mentira! Necesidad vital es comer, dormir, etc. Necesidad que si no se satisface a corto plazo perdemos la vida. ¿Cuándo has visto a alguien en la sala de emergencias de un hospital muriéndose por falta de actividad sexual? 
El sexo es un apetito, un instinto, una expresión del amor que no puede ser reducido a mera biología; es un regalo que está al servicio del hombre para un fin muy específico: comunicar amor.
La mujer que de todo se da cuenta y su cerebro almacena todo como computadora observa y piensa: “No me ha dado dinero para comprarme ese vestido, no me ha dicho que me veo bonita con mi nuevo corte de cabello y hace mucho que no me dice que me quiere, entonces no me interesa estar lista entre las sábanas para él” (claro que yo lo pongo con palabras más elegantes porque las que en realidad pasan por la mente de la mujer no son precisamente aptas para leerse). ¡Grave error, mujer! No chantajees ni manipules a tu marido con eso porque con esto lo único que estás generando es un círculo vicioso.
La mujer percibe: no me quiere porque no me da afecto, y él percibe: no me quiere porque no está dispuesta para mí. ¿Cómo romper este círculo? Pensando cada uno en la necesidad del otro. Así que mujercita si no tienes “ganas”, ¡pues las encuentras! Recuerda que el principal órgano sexual es el cerebro.
La sexualidad humana es diseño de Dios por lo tanto es perfecta. Quizá no tenemos claro todo lo que se transmite mediante el acto íntimo. Ese mismo acto Dios lo utiliza como fuente de infinitas gracias o ayudas para el matrimonio es por eso que ese acto es sagrado.
Petrenko Andriy | Shutterstock

2. 

(Ella) CONVERSACIÓN. Varón, tu mujer necesita soltar las más de 10 mil -muchas más- palabras que “necesita” decir al día, por eso cuando ella comience a hablar simplemente escúchala. De hecho, cuando ella habla la mayoría de las veces es solo para eso, para que la escuches y no para que le des soluciones. Dale tiempo para que hable y hable y tú muestra interés. Sí -y solo sí- ella te pide consejo, dáselo.
(Él) COMPAÑÍA RECREATIVA O ACTIVIDADES EN PAREJA. Mujer, a tu esposo le fascina compartir tiempo contigo, hacer cosas en pareja, necesita sentirte a su lado. El hombre difícilmente puede estar solo, necesita estar acompañado, no disfruta tanto de la soledad como lo haría una mujer. Si busca tu compañía, aunque sea para que le acompañes a poner combustible, ve con él. Recuerda que uno le dedica tiempo a aquello que ama. 
Busquen coincidir en intereses. Vayan al cine y luego comenten la película. También, si a él le gusta el golf, pueden compartir tiempo juntos. La mujer espera cómodamente en el carrito y entre hoyo y hoyo pueden conversar. 
Jacob Lund/Stocksy United

3.

(Ella) HONRADEZ y FRANQUEZA A la mujer la deshaces con mentiras y hay hombres que con tal de no tener problemas con ella las dicen. Lo mejor es tener una comunicación abierta y no ocultar nada. Por el otro lado, la mujer necesita estar dispuesta a escuchar absolutamente todo de su esposo, esté o no de acuerdo.
(Él) UNA MUJER ATRACTIVA  El hombre es visual y necesita tener una mujer de la cual sentirse orgulloso. Luego las esposas se acomplejan y viven en la queja de que están gordas, llenas de celulitis, flácidas y llenas de estrías. Créanme cuando les digo que su esposo lejos de ver eso a lo que ustedes llaman “imperfecciones o defectos”, ven a una mujer -su mujer- a quien amar.
Mujer, recuerda que tu atractivo radica en que seas escultural sino en que seas inteligente, segura, íntegra, agradable, aseada, pulcra; en que te cuides porque sabes y reconoces tu valor como mujer. No necesitas ser una “Miss Universo” sino ser la mejor versión de ti misma y ser atractiva a los ojos de tu hombre. No necesitas que te digan frases morbosas como “estás bien buena” para subir tu autoestima obteniendo ese tipo de reconocimiento porque la belleza no es tan solo imagen sino una actitud de vida.
baranq

4.

(Ella) SEGURIDAD FINANCIERA Y no es porque sea interesada, es una seguridad inconsciente, mas muy real. En el reino animal, cuando los lobos llegan a querer aparearse con la loba, ella instintivamente elige al más fuerte porque sabe que protegerá a sus crías. Lo mismo sucede con la mujer, necesita tener la certeza de que su esposo la protegerá a ella y a sus hijos. En esta necesidad emocional el hombre responde siendo el proveedor principal, cuidando lo que gana e invirtiéndolo principalmente en su familia.
(Él) PAZ Y TRANQUILIDAD El hombre necesita un hogar de paz, llegar a su casa sintiendo que arriba a un ambiente de tranquilidad y cordialidad. Que la familia -la esposa en especial- le hagan sentir bienvenido, todos emocionados cuando le vean entrar. Por favor, que no le dé más gusto al perro de verle que a la familia
Mujeres, cuidado con las amenazas que suelen decirles a los hijos, tales como “ya verás cuando llegue tu padre cómo te irá”. Si hacemos eso, los chicos, en vez de estar esperando a papá con gusto estarán muertos de miedo y sin deseos de que él llegue.

5.

(Ella) COMPROMISO FAMILIAR La mujer necesita tener la garantía de que será un buen padre que guiará a toda la familia por un camino de virtudes y amor. Necesita tener la certeza de que para él su primer compromiso es con la familia, en especial con ella.
(Él) ADMIRACIÓN El hombre necesita sentirse admirado y que se lo hagan saber, en especial, su mujer. Necesita sentir que todo lo que hace es reconocido por ella, por su familia. Mujer, procura que de tu boca salgan menos quejas y más palabras de afirmación hacia tu esposo. Que con tu actuar y tu hablar él se dé cuenta que de verdad reconoces y aprecias todo lo que él es y lo que hace. Hazle sentir que el don de su persona es valiosísimo para ti.
Syrotkin/Shutterstock
Después de enumerarte y explicarte las 5 necesidades emocionales básicas de cada uno dentro de la pareja la invitación el día de hoy es que tú salgas de ti mismo, de tu egoísmo y egocentrismo y te enfoques centrándote en las necesidades de tu cónyuge, no solo para conocerlas sino para satisfacérselas de acuerdo a cómo lo necesite. 
Ninguna terapia de pareja servirá para unir matrimonios o enseñarles a comunicarse si no tienen amor que comunicar. Hay que alimentar el amor porque el amor logra que uno salga de sí mismo y se proyecte hacia su pareja. Esto es, no me fijo en mis necesidades sino en las necesidades del que tengo enfrente, en este caso de mi cónyuge.
Recuerda que también nos casamos para hacer feliz a otro ser humano, para amarlo y para mutuamente ayudarnos, es por eso que hay que salir de uno mismo y pensar en la necesidad del otro y, aunque yo no sienta hacerlo, satisfacer su necesidad por amor. 
Alimentemos nuestro vínculo porque no se puede renunciar a un matrimonio solo porque ya no estoy a gusto o feliz, eso tiene remedio. Si las necesidades emocionales estuvieran mutuamente satisfechas el índice de infidelidades y divorcio disminuiría tremendamente.

lunes, 5 de junio de 2017

10 consejos para que tu matrimonio sea un camino de santidad


Hay parejas que irradian una paz y una armonía digna de admirar, uno los ve y piensa, ¡yo quiero eso! ¿Cómo lo hacen?

Todos queremos el matrimonio de los cuentos, donde el príncipe y la princesa fueron felices para siempre…. lo que no nos cuentan es qué pasó después de la luna de miel, cuando ella despertó en los brazos de su amado y le olió la boca a centavo egipcio y él vio sus lindos luceros llamados ojos con todo el rímel corrido y las pestañas pegadas, y a ella pálida y con los cabellos parados… Ninguno contaba con eso, ¿verdad? 
Además, el diario convivir va generando roces, desavenencias. Y es lógico porque somos dos personas con historias y experiencias de vida únicas, y el acoplamiento requiere inteligencia y voluntad. 
Hay matrimonios que pelean hasta porque la mosca pasa. ¡Qué cansado! Fatiga mucho vivir a la defensiva, listos para responder a la agresión. 
¿Quizá hay un poco de aburrimiento por la rutina en la que ha caído la relación y el pelear les sube la adrenalina?Quizás lo que les falta es un poco de madurez emocional y también aprender algunas técnicas para comunicarse de una manera idónea, adecuada… Sea cual sea la razón, el vivir como perros y gatos no es sano, además de ser muy arriesgado.
Y también están esos otros matrimonios con los que es fascinante convivir. Pareciera que nunca discutieran y que todo en sus vidas fuera miel sobre hojuelas. Irradian una paz y una armonía digna de admirar. Se les nota una sinergia y una complicidad tal, que uno los ve y piensa, ¡yo quiero eso! ¿Cómo lo hacen?
Justo en esta pregunta está la respuesta… Es que SÍ hacen… Son parejas que han logrado ese grado de madurez porque han elegido “invertir” tiempo en educarse para ser mejores esposos: por ejemplo leen buenos libros, acuden a retiros matrimoniales,… están en constante crecimiento espiritual. 
Lo primero que hay que entender y aceptar es que matrimonio feliz no es sinónimo de matrimonio sin problemas. Eso es un grave error. Sabemos que la perfección como tal en este mundo no existe. Lo que sí existe es el “matrimonio perfecto” y ese es justo el tuyo, en el que estás. 
Esta es la maravillosa paradoja del matrimonio cristiano: es la unión de dos pecadores en busca de ser santos. ¡Qué tal! Así que si no te gusta algo de tu matrimonio perfectamente imperfecto, ¡trabájalo!
Te comparto algunos factores para que tomes en cuenta lo que hacen la mayoría de las parejas católicas que tienen matrimonios que les ayudan a acercarse a Dios. También te compartiré los factores de riesgo que pueden llevar al fracaso de tu matrimonio. 
En los matrimonios enriquecedores:
  • Saben que hay un plan de Dios para el matrimonio y en lo posible lo siguen. Un matrimonio donde Dios no sea el centro tiene fecha de caducidad y más rápido de lo que se imaginan… Pueden seguir juntos, pero no plenos.
  • Ponen a Dios como centro de su vida y rezan en pareja y en familia.
  • Tienen claro que su principal compromiso de vida es hacer santo a su cónyuge.
  • Tienen claro que el amor no son sólo sentimientos sino principalmente voluntad y compromiso.
  • Viven constantes actos de servicio.
  • Se tratan con ternura y su prioridad es cuidarse el uno al otro.
  • Los esposos cuentan con un proyecto de vida común y son fieles a él. El más importante, su familia.
  • Se admiran mutuamente.
  • Ven a los hijos como consecuencia de su amor y entrega mutua y no como un capricho.
  • Ven la sexualidad como un don divino, y por ello siguen las enseñanzas de la Iglesia respecto a los métodos anticonceptivos. Valoran el regalo de sus cuerpos y su mutua donación.
  • Se tienen aprecio y respeto mutuo.
  • Hay comprensión mutua.
  • Hay tolerancia de sus defectos.
  • Son considerados el uno con el otro; nunca se insultan o humillan, sino que se tratan con respeto.
  • Hay crecimiento espiritual y profesional continuo.
  • Conocen y satisfacen sus mutuas necesidades emocionales.
En los matrimonios con riesgo de fracaso:
  • No conocen que hay un plan de Dios para el matrimonio y, por lo tanto, no lo siguen.
  • Dios no está en el centro ni de ellos ni de su familia.
  • Compiten por su rol y por el poder en su relación.                                                                                      
  • No tienen claro que amor y enamoramiento no es lo mismo.                                                                                     
  • Creen que el amor es solo sentir, y como a veces no sienten, se les hace fácil terminar la relación.                          
  • Toman decisiones y actúan impulsivamente, sin importar si lastiman al otro.                                                               
  • Confunden libertad e independencia con libertinaje.
  • Hay mucho egoísmo y poco altruismo.                                                                                             
  • Desconocen las necesidades emocionales mutuas.
  • Reducen la sexualidad a genitalidad y la ven como un derecho “a sentir” y no como un don de sí mismo para el otro.
  • Desconocen la psicología femenina y masculina
  • Dejan que sus emociones les dominen
Es más fácil que el matrimonio sea un camino hacia lo alto para la pareja cuando hay voluntad para amar y para hacer los cambios pertinentes. No te conviertas en una estadística más, ¡puedes y debes triunfar en tu matrimonio! Ese es tu gran proyecto de vida.

martes, 16 de mayo de 2017

El matrimonio, un compromiso con la eternidad


Cuidar del otro, amar al marido sin salud, amar a la esposa en el dolor, es la expresión cotidiana de nuestro compromiso con la eternidad

A la memoria de Aglae Castañón Albo, viuda de Martín-Ballestero
Desde que el triunfo de la posmodernidad selló con su escepticismo la fuerza de los valores y el vigor de las tradiciones; desde que la frivolidad del último fin de siglo puso ironía en nuestra mirada y redujo a juicio estético lo que era antes apreciación moral; desde que la compasión y el amor al otro fueron cancelados por el egoísmo del individuo, desde que Occidente empezó a despreciar los principios que lo identificaban…, hemos sufrido una catástrofe social, política y nacional que en los últimos diez años ha devastado nuestra cultura.
Podíamos habernos enfrentado a cualquier desafío económico, al más severo de los ciclos depresivos de nuestro sistema. Lo hemos hecho antes, y hemos sabido vencer incluso a quienes trataron de empujarnos a abismos insondables de deshumanización a través de pesadillas totalitarias.
Pero es mucho más difícil recuperarnos ahora, en un estado de desorden ético y de abandono de la preocupación por el bien común.
Lo que nos hace libres no es el cautiverio de las pasiones egoístas, sino la entrega a los demás. El amor, no solo la verdad, nos hace libres. Además, el amor nos humaniza y nos hace tomar conciencia de formar parte del diseño de la Creación.
En las manos que tendemos hacia el mundo que sufre, late el tacto de Dios. En la fuerza que brindamos a la debilidad del que padece, palpita el corazón de Dios.
Por el contrario, una existencia ausente de compromiso, ajena a toda caridad, es vivir como “una herida por donde Dios se escapa” a la que se refirió dolorosamente el poeta José Luis Hidalgo en sus meses de agonía última.

Lo que nos justifica es el amor

Nuestros años han sido atroces en su rechazo al humanismo trascendental que modeló nuestra idea de civilización, nuestra herencia de Jesús.
La corrupción roba recursos necesarios a muchos en tiempos de miseria. El aborto destruye, en nombre de una enloquecida noción de la libertad, un nacimiento considerado inadecuado en un siniestro balance de ventajas e inconvenientes. La falta de compasión provoca el enriquecimiento y el despilfarro de unos, mientras en los otros arraiga la desesperanza y el rencor.
Por ello, el suceso amargo de una muerte nos ofrece a veces el testimonio de la vida ejemplar como consuelo y meditación, como tristeza transitoria sobre la que alzará el vuelo la plenitud de nuestra alegría. Lo que nos justifica es el amor. Y el amor es compromiso.
Hay parejas que se establecen con un contrato a tiempo parcial y la desidia de un acuerdo para hacerse el menor daño posible. Hay matrimonios que enlazan dos existencias, con palabras que habrían de significar lo que dicen al juntarse las manos de los esposos, pero que se desmoronan bajo el peso de su propia falsedad.
Un tiempo que entiende la libertad como la búsqueda del placer instantáneo y confunde el proyecto personal con la voracidad del propio interés, difícilmente comprenderá lo que es vivir a fondo el compromiso matrimonial convertido en sacramento.
Vivir junto a la persona que se ha elegido es optar por la felicidad.No por la diversión, la comodidad o la circunstancia de un encuentro revocable.
Elegimos y somos elegidos en un acto de amor que implica un serio compromiso con nosotros mismos. Queremos pasar toda nuestra vida con quien comienza a darnos sentido, con quien recoge el sentido que nosotros le damos.
Esta decisión es un acto fundacional, no la firma de un contrato. Carece de cláusulas de cancelación, porque entregar nuestra vida a quien amamos no puede hacerse guardando las distancias. Pero incluye exigencias que nos hacen más libres aún de lo que somos a solas.
Nos manda gozar de nuestra pasión dichosa, dignificar nuestro deseo limpio y sincero. Nos obliga a compartir nuestra edad creciente, nuestra experiencia compleja, hecha de bonanza y pesadumbre. Nos hace misericordiosos al comprender las flaquezas del otro. Nos hace humildes al confiar en que el otro nos comprenda.
Nos permite adivinar la bondad infinita de Dios en la bondad con que vivimos nuestra existencia mutua. Nos deja asomarnos a la plenitud de Dios al ver en la mirada del cónyuge la posibilidad de nuestra plenitud.
Cuidar del otro en tiempos de enfermedad o en condiciones de tragedia no es servidumbre en vano, sino la aceptación del orden superior en que se mueve nuestra vida, no creada para la soledad ni el egoísmo, pero tampoco para el desamparo y el sufrimiento inútil.
Cuidar del otro, amar al marido sin salud, amar a la esposa en el dolor, es un modo de preservar la esperanza profunda que fue confiada a una vida en común. Es un sacrificio que vela por nuestra integridad, que lucha contra la pérdida de la fe de cualquiera de los dos ante los hechos adversos. Es una renovación diaria de nuestra lealtad santificada por la presencia de Dios en la decisión de vivir juntos hasta el final. Es la expresión cotidiana de nuestro compromiso con la eternidad.


Artículo de Fernando García de Cortázar, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto, publicado originalmente enAlfa y Omega

domingo, 14 de mayo de 2017

La mejor lista de tareas espiritual antes de casarse


Desde la fecha del compromiso hasta el día de la boda

Hace un tiempo, el papa Francisco, invitó a las parejas de novios a darse un tiempo para prepararse espiritualmente para su vida en pareja. Muchas de las novias se pasan horas creando tableros en Pinterest e interminables listas de las cosas que quedan por hacer antes del gran día.
Detalles como las flores, la elección de los colores, las servilletas y los centros de mesa se convierten en una tarea casi titánica. El novio, por su lado, suele ocuparse de los preparativos de la despedida de soltero y la luna de miel. Y si la novia lo deja,  tomar la decisión final en cuanto al menú y la torta de la boda.
No hay otra etapa en la vida que se asemeje al noviazgo.  Lo que es un poco triste de todo esto es que muchas parejas se enfocan tanto en aquel día, que se olvidan que el plan es para toda la vida.
Por esta razón hemos preparado un checklist para ti, que incluye propuestas espirituales que deberías llevar a cabo en la preparación no tan solo de tu boda, sino también de tu matrimonio.

Desde la fecha del compromiso hasta 6 meses antes de la boda

2. Renueven el compromiso que un día se hicieron y sigan pidiéndole al Señor fortaleza para que puedan mantener esa pureza hasta el día de su alianza. El Señor quiere que le des ese regalo a tu futuro esposo o esposa. Si ha sido difícil cumplir con aquello, acércate al sacramento de la reconciliación y vuelve a empezar. Dios hace nuevas todas las cosas.
3. Reúnanse con un sacerdote para que los pueda ayudar a prepararse espiritualmente para su matrimonio
4. Busquen un consejero de parejas, quien también puede ayudarlos en su preparación.
5. Asistan a clases de Planificación Familiar Natural.

De 6 hasta 3 meses antes de la boda

1. Inscríbanse y asistan a un retiro para novios: Esta es una manera muy especial de prepararse espiritualmente para su boda. Será muy necesario que tanto tú como tu futuro esposo o esposa pasen un tiempo alejados de esta ajetreada fase de la unión matrimonial. Son muchas las parroquias que ofrecen retiros prematrimoniales, incluso hasta los encuentros para novios son buenas instancias por las cuales pueden averiguar.
2.  Lean juntos el libro Los Novios del escritor italiano Alessandro Manzoni. El papa Francisco ha animado a las parejas de novios a leer este libro catalogado por él mismo como una ‘‘obra maestra’’.
3. Mientras estén haciendo la lista de invitados a su boda, inviten también a Dios: Piensen de qué manera podrían dar testimonio de su amor a Cristo y de su unión con Él no tan solo en la ceremonia, sino también en el recibimiento de los invitados. Algunas ideas son: en vez de que el hombre le quite la liga a su mujer, este le lave los pies como un signo del amor de Cristo por su Iglesia; en vez del clásico souvenir, denles a sus invitados un rosario o una tarjeta que contenga una oración; para la primera pieza de baile, elijan una canción cuya letra de a conocer sus valores como pareja.

De 3 a 1 mes antes de la boda

1. Reflexionen sobre las lecturas que ustedes mismos eligieron para su ceremonia. Inclúyanlas en su oración diaria.
2. Busquen una novena para empezar a rezar antes del día de su unión. Les sugerimos la novena de san José o la de san Rafael.
3. Preparen una oración que puedan leer en su fiesta de bodas. Esta es una manera de mostrarle a todos su amor por Dios y su gratitud por el regalo del matrimonio.
4. Programen una salida con sus padres a cenar: Aprovechen tal oportunidad para demostrarles cuánto los aprecian y para solicitar de ellos un consejo para su matrimonio. Tal vez ustedes quieran darles un regalo especial como muestra de agradecimiento por el apoyo recibido durante el tiempo que ustedes llevan juntos.
5. Piensen en una ocasión donde ambas familias puedan estar reunidas para orar por ustedes como pareja.
6. Cuando compren regalos para la boda, intenten incluir algo que ayude a los novios a crecer en su fe y en su relación con Cristo.
7. Elijan un don espiritual significativo para ustedes para obsequiarse mutuamente el día de su boda. Dense un tiempo para escribirse una carta de amor. Este será un regalo muy preciado en los años venideros.

En la semana de la boda

1. Esta va a ser una semana muy atareada, así que dejen programada con anticipación una hora con su sacerdote para que los pueda confesar.
2. Háganse un tiempo dentro de la semana para participar de la adoración al Santísimo.
3. Lean el artículo del Catecismo sobre el sacramento del matrimonio y sus efectos.
4. Elijan algo que los dos puedan ofrecer por su matrimonio (redes sociales, televisión, chocolate, etc,.) un pequeño sacrificio durante esta semana.

El día de la boda

1. Comiencen este día orando: Relájense y confíen en que Dios tiene todos los pormenores bajo control.
2. Muchas parejas buscan la manera de orar juntos aun sin poder verse. Unas usan el confesionario, mientras que otras buscan una pared donde permanecen tomados de la mano, uno de cada lado de la pared. Estahermosa imagen de una pareja de novios orando antes de su boda se ha vuelto viral.
3. Participen plenamente de su ceremonia. ¡No dejen que los nervios opaquen la alegría y la gracia que está siendo derramada sobre ustedes!
4. Dispónganse para su primera noche como recién casados comenzando con una oración.
“No existe la familia perfecta, ni el marido perfecto, o la esposa perfecta. No hablemos de la suegra perfecta… Existimos nosotros pecadores’’. Para tener una vida familiar saludable es necesario que usemos a menudo estas tres palabras: ‘‘Permiso, gracias y perdón’’ y ‘‘no acabar jamás una jornada sin pedirse perdón” (Papa Francisco en el Encuentro de parejas de novios, 14 de febrero 2014).

lunes, 6 de marzo de 2017

Familia que reza unida, permanece unida Cada pareja puede construir poco a poco, su lenguaje espiritual en común



Familia que reza unida, permanece unida




Hay muchas formas de orar y de hacer de la vida una oración misma. La oración no remplaza la vida sino que es la toma de conciencia profunda del paso de Dios por nuestras vidas. Por eso, es la forma como una pareja puede conectarse con la gracia sacramental para que, al contemplar desde Dios el proceso de su amor, puedan:
Agradecer los dones con los cuales han sido bendecidos.
Contemplar las maravillas divinas en los sentimientos que los une, en el perdón que han podido darse, en la pasión que aún se profesan o en el rostro encantador de los hijos que Dios les ha encargado amar, cuidar y formar.
Suplicar su asistencia para aprender con Su amor a manejar los retos que la convivencia y las dificultades de la vida les presenten.
La Santísima Virgen es una excelente madrina en asuntos del corazón y por eso puede ser su intercesora favorita para presentar sus oraciones al Padre. También santos como Tomás Moro y tantos otros esposos y esposas que realizaron gozosos su camino de santidad en la defensa y vivencia del matrimonio, pueden unirse también a su lista de intercesores.
Lo ideal es que cada pareja, así como construye una forma de vivir y un lenguaje corporal o gestos propios para expresarse el amor, también construya poco a poco, su lenguaje espiritual en común. Algunas personas son muy tímidas o reservadas para compartir esta dimensión de su vida íntima.
Pero de pronto, una tomada de manos durante la elevación de la Eucaristía, o el rezo del Padre Nuestro sea una forma de participar en su vida espiritual. Quien sea más expresivo puede ser quien encabece la oración antes de comer, antes de acostarse o antes de comenzar un viaje o un aconteciendo. Esto irá creando rutinas e irá facilitando la espontaneidad espiritual de los otros miembros de la familia o de la pareja.
Lo importante es por tanto no perder oportunidad para celebrar e invocar con palabras o gestos el don divino del amor. Para amar hemos nacido, por tanto la oración por el amor debe ser la gimnasia espiritual que, ya sea en pareja o individualmente, debe mantenernos en el camino.