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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Errores que debes evitar cuando descubres la infidelidad

Pocos dolores son tan fuertes como el que provoca la persona que más amamos, pero no todo ayuda a resolver la situación

Y ahí estaba ella sentada en mi oficina con el corazón desgarrado contándome la infidelidad que acababa de descubrir de su esposo. El llanto casi no le permitía articular palabra. Por más que mi lado sensible de mujer me empujaba a consolarla, a abrazarla, no pude hacerlo. Necesitaba permitir que se desahogara y no cortar su emoción. Solo sé que ninguna persona merece pasar por ese tipo de dolor que hace que el corazón se rompa a pedazos. Uno sabe dónde tiene el alma porque justo ahí se siente una espantosa descarga de adrenalina atravesando todo el pecho. Cómo es posible que la persona que más amas y que se supone más te ama sea la que te haya provocado sufrir así. ¡No tiene lógica!
Desafortunadamente, en mi práctica como Orientador Familiar y Matrimonial este cuadro lo vivo muy seguido en mis consultas. Hay una estadística alarmante. Para este año 6 de cada 10 parejas estarán divorciadas y en los próximos años serán 8 de cada 10. La causa, en su mayoría por infidelidad. ¿Pero que está sucediendo? ¿Acaso Dios se equivocó en instruir el matrimonio? No.
El grave error que las parejas estamos cometiendo es que, primero, no nos estamos educando para amar. Y segundo, estamos dejando nuestras decisiones a merced de nuestras pasiones, de nuestro egoísmo y de nuestra sensibilidad. Es decir, estamos dejando que estas nos dominen en vez de ser nosotros quienes las dominemos. Estamos dejando nuestra voluntad a merced de nuestros instintos y al “sentir”.
Hoy en día a todo lo queremos llamar amor. Por lo tanto, dentro de ese contexto, todo se vale. Y esto no es verdad. No se vale ser infiel porque siento amar a otro (a) o porque siento que tú ya no me haces feliz. O porque mi hormona pudo más que mi neurona y ¡ups, caí! No se vale. Es más, la infidelidad en ninguna circunstancia es permitida.

Los pantalones bien puestos

Si los varones pudieran comprender en su totalidad el daño tan tremendo que hacen a sus esposas cuando son infieles y, peor aún, cuando de plano las dejan por otras. Y nótese que no dije ni hombres ni caballeros porque los verdaderos hombres hacen todo por hacer feliz a una sola mujer, la suya y tienen la suficiente hombría para decir que no a la tentación o, en su caso pedir perdón y apoyo para no volver a caer. Es decir, tienen palabra de honor y los pantalones bien puestos.

La mujer infiel

Por supuesto que esto no ocurre solo de ellos para ellas. Desafortunadamente, el número de mujeres infieles y que están dejando hogar y marido por otros pantalones va en aumento. La infidelidad femenina tiene aún algo más de peligro porque cuando la mujer es infieltambién involucra el corazón y es capaz de abandonar todo -hogar, esposo, hijos- por lo que ella cree que es amor. El hombre, generalmente solo es infiel de la cintura para abajo. ¿Me expliqué?
Esta vez me enfocaré en las damitas, en su dolor y en validar la terrible experiencia por la que pasan. Soy una convencida de que una infidelidad no se da de la noche a la mañana. Solo un loco y enfermo del alma amanecería diciendo: hoy voy a ser infiel porque así soy, y qué…
En un matrimonio, la infidelidad ya es la punta del iceberg. Es decir, no es el problema real.  Pero no voy a enfocarme tanto en esto como en que la mujer que pasa o pasó por esta terrible experiencia evite cometer ciertos errores cuando descubre que el marido ha andado de cascos ligeros.
Lo más importante como mujer es que dejes de culparte como tal. El “qué hice” o “qué dejé de hacer” que solo te sirvan para tomar la parte de tu responsabilidad -no culpabilidad- y hacer los cambios personales necesarios para salir adelante y, mejor aún, para perdonar y salvar tu matrimonio. Claro que se puede salvar después de vivir una experiencia como esta. No es nada fácil, pero créeme que sí se logra. Un buen acompañamiento profesional con personas que le apuesten al perdón y al matrimonio y que no te ofrezcan el divorcio como opción o te vendan filosofías baratas de que Dios te quiere feliz y si no “sientes” amarlo o perdonarlo, déjalo. ¡Patrañas!

Si ya descubriste la infidelidad

Si ya descubriste que tu esposo te fue o te está siendo infiel lo primero que tienes que hacer es dar unos buenos respiros hasta que logres tranquilizarte. Luego, hablarlo con él, pero tranquila, sin reacciones agresivas ni enfrentamientos. Sé que lo que te pido no es fácil y que lo que te apetece es cachetearlo y decirle de palabrotas, pero no te conviene. Es a ti a la que no le conviene perder el control. Dile con voz tranquila cómo te sientes: herida, traicionada, desilusionada… Háblalo de manera respetuosa, pero sin confrontamientos. Si tú le tratas de manera despectiva, aunque así lo sientas, lo que harás es alejarlo más de ti y darle la razón que por algo te puso el cuerno, porque eres una loca energúmena. Aunque hayas sido tú la lastimada, eres tú quien tiene la sartén por el mango.
Lo más seguro es que pase esto: te lo va a negar. Créeme que es muy buena señal cuando los hombres hacen eso de negarlo porque es una manera tácita de decir: “Si, fui un bruto. Sí lo hice, me dejé llevar, pero es a ti a quien amo y no te quiero perder. Te elijo a ti y solo a ti”. La cosa se pondría un poco más difícil si de plano te dice: sí, te fui infiel, ¿y?

Errores que debes evitar cuando descubres la infidelidad

  • Evita armar un escándalo, confrontación directa y amenazas. El diálogo calmado y en paz es tu principal herramienta de combate.
  • Evita buscar a la tercera en discordia. Ni se te ocurra. Tú eres su mujer y eres una dama. Y sí, hay muchas mujeres de cascos ligeros que les encanta meterse con hombres casados y no se respetan ni a ellas mismas. Pero al final del día el más responsable es tu esposo por no haber tenido el cinto bien bragado en sus pantalones.
  • Evita pedir opiniones a terceros. Nadie tiene por qué saber que tu esposo pasó por una debilidad. Se busca ayuda profesional, no opiniones de comadres.
  • Evita poner al descubierto el problema ante tus hijos y familiares. Jamás, nunca, prohibido involucrar a tus hijos en esto. Ellos no tienen por qué ser partícipes del tropezón que está viviendo tu matrimonio o de que el papá te fue infiel porque para comenzar si hay crisis son 2 los responsables.
  • Evita jugar al detective. Elige creer lo que tu esposo te diga. Se supone que van en vías de ambos rescatar su matrimonio, por lo tanto, las mentiras saldrán sobrado. No te desgastes en saber más de lo necesario porque si no tú misma estarás cavando tu tumba.
  • Evita ir al plan de reconquista de una manera desesperada. Una infidelidad se supera ambos tomados de la mano y de adentro hacia afuera. Es decir, sanando el interior de ambos.
  • Evitar correr al abogado, largarlo de la casa o tu salirte del hogar. Créeme que una infidelidad se puede superar, se perdona totalmente y no alcanza para destruir un hogar porque a ti te está faltando la capacidad de perdonar y de dar otra oportunidad.No le quito mérito a tu dolor, es horrible pasar por eso. Lo que quiero decir es que cuando logren superar esa crisis de infidelidad su matrimonio estará más sólido porque ambos saldrán más fortalecidos para sacar adelante la familia.

Solo las mujeres -en toda la extensión de la palabra-  que reconocen su verdadera dignidad como personas son capaces de reconocer que están casadas con un ser imperfecto que merece todo su apoyo, misericordia y compasión. Saben que su esposo es un ser débil y vulnerable como ellas, pero que ella es mucha mujer para otorgarle su soporte. Hay más corazón para él que otra cosa. El mundo le llamará falta de dignidad. Yo le llamo sencillamente amor puro y muy digno.

sábado, 1 de julio de 2017

Conoce a santa Fabiola, la patrona de los divorciados

Su conversión causó gran sensación en la Roma de la época

Fabiola pertenecía a una familia noble de Roma (la gens Fabia), muy joven se casó con un hombre, de quien se divorció (en total respeto con las leyes del derecho romano) debido a las continuas peleas, incomprensiones y sobre todo por la violencia que soportaba por parte de su marido. Los biógrafos dicen de ella que era malcriada, egoísta y arrogante.
Después de su divorcio, Fabiola volvió a casarse, pero al poco tiempo enviudó. Esta segunda tragedia coincidió con su acercamiento al cristianismo, y concretamente, a san Jerónimo (el famoso traductor de la Vulgata) y su círculo de seguidores, especialmente a dos matronas cristianas muy conocidas de Roma, Marcela y Paula.
Al año de conocerlas, Fabiola decide cambiar radicalmente su vida: se presentó en la vigilia de Pascua vestida con un saco o vestidura áspera que se usaba antiguamente para la penitencia, en la basílica de San Juan de Letrán, pidiendo perdón al papa y a los fieles por los pecados cometidos y el papa Siricio la recibió formalmente en comunión plena con la Iglesia.
La santa donó todos sus bienes a la Iglesia, dedicándose a los pobres y especialmente a los enfermos fundando lo que fue el primer hospital romano. Su conversión causó gran sensación en la Roma de la época.
San Jerónimo, en su Epístola LXXVII escribió sobre Fabiola “… ha sido la primera que ha construido un hospital para acoger a todos los enfermos que encontraba por las calles: narices corroídas, ojos vacíos, pies y manos secas, vientres hinchados, piernas esqueléticas, carnes podridas con un hormiguero de gusanos… Cuántas veces, personalmente ella ha cargado a enfermos de lepra… Les daba de comer y hacía beber a aquellos cadáveres vivientes una taza de caldo…”
Estos centros hicieron más que brindar cuidado a los enfermos: se trataba de verdaderos hospitales-posadas, que proporcionaban un hogar para la tercera edad a aquellas familias que no podían cuidar siempre de sus ancianos, y hostales para los viajeros; además, incorporaron familias sin trabajo y formaron con ellas nuevas vocaciones.
Fabiola muere en el 339 y su festividad se celebra el 27 de diciembre. La santa es patrona de las personas divorciadas, víctimas de abusos, adulterios o infidelidades en el matrimonio. Su memoria pervivió a través de los años por la biografía escrita por san Jerónimo. Pero su historia se hizo famosa gracias al romance histórico del cardenal Nicholas Patrick Stephen Wiseman, titulado “Fabiola o la Iglesia de las catacumbas”
Una nota interesante que gira entorno a la santa son las más de 400 réplicas pintadas por desconocidos y principiantes de un cuadro que la retrata, realizado por el pintor francés Jean-Jacques Henner en 1885, y que actualmente se encuentra desaparecido.
Intrigado por la supervivencia y la propagación de esta pintura, un artista llamado Francis Alÿs ha logrado reunir cientos de copias hechas a mano que compró en diversos mercadillos del mundo, sin dar todavía con la pintura original. Y esta es la imagen con la que generalmente se representa a Santa Fabiola.

lunes, 27 de marzo de 2017

Papa Francisco: Cuando los padres se separan, la cuenta “la pagan” los hijos

El Papa Francisco en la Misa que presidió este sábado en Milán. Foto: L'Osservatore Romano

El Papa Francisco alentó a los padres de familia a recuperar el hábito de jugar con sus hijos, de “perder” el tiempo con ellos e hizo una exhortación a no pelear frente a ellos porque eso les produce una serie de consecuencias muy negativas.
Así lo indicó el Santo Padre en el encuentro que sostuvo esta tarde en Milán, ante unos 45 mil confirmandos, acompañados de sus padres, padrinos y catequistas, que llenaron el estadio de San Siro.
El Santo Padre dijo luego, que “los niños nos ven y no se imaginan la angustia del niño cuando los padres se pelean, ellos sufren. Y cuando los padres se separan, la cuenta la pagan ellos”.
“Cuando se trae un hijo al mundo, deben tener consciencia de esto. Nosotros, tomamos la responsabilidad de hacer crecer en la fe a este niño”, agregó.
“Los ayudará mucho leer la exhortación Amoris Laetitia, sobre todo los primeros capítulos, el cuarto capítulo que es clave. No se olviden, cuando ustedes pelean, los niños sufren y no crecen en la fe”.
Los niños, continuó el Papa, “conocen nuestras alegrías, nuestras tristezas y preocupaciones. Logran captar todo y, dado que son muy intuitivos, sacan sus conclusiones y sus enseñanzas”.
“Saben cuándo hacemos trampa y cuándo no. Lo saben. Por ello, una de las primeras cosas que les diré es: cuídenlos, cuiden sus corazones, su alegría y su esperanza. Los ‘ojitos’ de vuestros hijos memorizan y leen con el corazón”.
El Pontífice exhortó también a mostrar a los niños que “la fe nos ayuda a seguir adelante, a afrontar tantos dramas que tenemos, no con una actitud pesimista sino confiada. Este es el mejor testimonio que podemos darles. Es un modo de decir ‘las palabras se las lleva el viento’, pero lo que se siembra en la memoria, en el corazón, permanece para siempre”.
El Papa también exhortó a las familias a ir juntos a Misa y luego a una plaza o un parque a jugar juntos, acompañados de otras familias. “Esto es bello y ayuda a vivir el mandamiento de santificar las fiestas. Vayan a la iglesia a rezar y no a dormir en la homilía”, pidió Francisco.
En la actualidad, lamentó el Pontífice, “muchos padres deben trabajar en días festivos para darles de comer a sus familias” y “siempre pregunto a los padres, cuando me dicen que pierden la paciencia con los hijos, pregunto ‘¿cuántos son, tres o cuatro?’ Y hago una segunda pregunta. ‘¿Tú juegas con tus hijos?’ Y no saben qué cosa responder. Los padres de este tiempo no pueden jugar o han perdido el hábito de jugar con los hijos, de perder el tiempo con los hijos”.
El Papa exhortó luego a educar en la solidaridad, “con las obras de misericordia”.
“Estas obras hacen crecer en la fe. Esto es muy importante. Me gusta poner el acento en la fiesta, en la gratuidad, en buscar a otras familias que viven la fe como un espacio de disfrute familiar, creo que es necesario también agregar otro elemento. No hay fiesta sin solidaridad, así como no hay solidaridad sin fiesta. Porque cuando uno es solidario, es alegre y transmite esa alegría”.

miércoles, 8 de marzo de 2017

“Sí a los sacramentos, si los divorciados quieren cambiar pero no pueden” Conclusión del cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos


“Sí a los sacramentos, si los divorciados quieren cambiar pero no pueden”





“La Iglesia podría admitir a la penitencia y a la eucaristía a los fieles que se encuentran en una unión no legítima” y que «deseen cambiar tal situación, pero no puedan llevar a cabo su deseo”.
Esta es la conclusión a la que llegó el cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos y autor de un pequeño volumen que acaba de publicar la Librería Editrice Vaticana («El capítulo octavo de la exhortación apostólica post-sinodal “Amoris laetitia”»).
Se trata de un librito de unas 50 páginas completamente dedicadas a la cuestión de la posible admisión a los sacramentos para los que viven en situaciones “irregulares”. “Creo que podemos considerar, con la conciencia tranquila y segura, que la doctrina, en el caso, se respeta”, escribió el cardenal.
No cambia la indisolubilidad 
El cardenal citó los textos de la exhortación que contienen “con absoluta claridad todos los elementos de la doctrina sobre el matrimonio en plena coherencia y fidelidad a la enseñanza tradicional de la Iglesia”. La exhortación afirma en repetidas ocasiones la “voluntad firme de permanecer fieles a la doctrina de la Iglesia en relación con el matrimonio y la familia”.
Las condiciones subjetivas de los «irregulares» 
Las páginas más densas y articuladas del libro son las que se ocupan de las “condiciones subjetivas o condiciones de conciencia de las diferentes personas en las diferentes situaciones no regulares y el consecuente problema de la admisión a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía”.
Coccopalmerio subraya que los límites y obstáculos no dependen simplemente de una eventual ignorancia de la norma vigente, porque, como ya afirmaba Papa Wojtyla, “un sujeto, a pesar de conocer bien la norma, puede tener grandes dificultades para comprender valores que se encuentran en la norma moral o se puede encontrar en condiciones concretas que no le permitan actuar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa”.
La conciencia de la irregularidad 
«Amoris laetitia», citando a Juan Pablo II, se refiere a parejas que, incluso en la “conciencia de la irregularidad de la propia situación”, tienen “grandes dificultades para volver atrás sin sentir, en conciencia, que se caería en nuevas culpas”, y a situaciones en las que “el hombre y la mujer, por serios motivos (como, por ejemplo, la educación de los hijos), no pueden satisfacer la obligación de la separación”.
Coccopalmerio observa que el texto, a pesar de no afirmarlo explícitamente, presupone implícitamente que estas personas tienen la intención de “cambiar su condición ilegítima”. Es decir que se plantean “el problema de cambiar”, por lo que tienen “la intención o, por lo menos, el deseo de hacerlo”.
“Como hermano y hermana” y la fidelidad en peligro 
El cardenal recuerda lo que estableció Juan Pablo II en “Familiaris consortio”, es decir la posibilidad de confesarse y de comulgar siempre y cuando se comprometan a vivir como “hermano y hermana”, es decir absteniéndose de tener relaciones sexuales.
Y subrayó también que la excepción al respecto planteada por «Amoris laetitia» se basa en un texto de la constitución conciliar «Gaudium et spes»: “En estas situaciones, muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir “como hermano y hermana” que la Iglesia les ofrece, revelan que, si faltan algunas expresiones de intimidad, “no es raro que la fidelidad sea puesta en riesgo y que se pueda comprometer el bien de los hijos””.
Entonces, sugiere el autor del libro, “cuando el compromiso de vivir “como hermano y hermana” se revele posible y sin dificultades para la relación de pareja, los dos convivientes parecen, de por sí, no obligados, porque se verifica el caso del sujeto expresado en el n. 301 con esta clara expresión: “se puede encontrar en condiciones concretas que no le permitan actuar de manera diferente ni tomar otras decisiones sin una nueva culpa””.
Las dos condiciones esenciales 
La Iglesia, pues, “podría admitir a la penitencia y a la eucaristía —concluye Coccopalmerio— a los fieles que se encuentran en una unión no legítima, pero que cuenten con dos condiciones esenciales: que deseen cambiar tal situación, pero no puedan llevar a cabo su deseo.
Es evidente que las condiciones esenciales indicadas antes deberán ser sometidas a un discernimiento atento y autorizado por parte de las autoridades eclesiales”. Ningún subjetivismo, sino espacio a la relación con el sacerdote.
El cardenal afirmó que podría ser «necesario» o, por lo menos, «bastante útil un servicio en la Curia», en el que el obispo “ofrezca una precisa asesoría o una autorización específica para estos casos de admisión a los sacramentos”.
Quien no puede ser admitido 
Pero, ¿a quién no puede la Iglesia de ninguna manera («sería una latente contradicción») conceder los sacramentos? Coccopalmerio responde: al fiel que, “sabiendo que está en pecado grave y pudiendo cambiar, no tuviere ninguna sincera intención para llevar a cabo tal propósito”.
Es lo que afirma «Amoris laetitia»: «Obviamente, si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad. Necesita volver a escuchar el anuncio del Evangelio y la invitación a la conversión…».

sábado, 16 de abril de 2016

No rompas tu relación hasta que respondas a estas 5 preguntas Muchas mujeres terminan arrepintiéndose de sus decisiones precipitadas, por eso si estás pensando terminar tu relación considera antes estas reflexiones

Muchas personas terminan precipitadamente sus relaciones aumentando así su sufrimiento.
En mi servicio a parejas separadas que buscan mediación en aras de resolver problemas de custodia, pensión o división de bienes, observo claramente que la separación no ha estado bien resuelta.
La herida es muy grande y por eso no logran entenderse solos, eso sucede muchas veces porque la decisión fue tomada en un momento de rabia o gran dolor.
Por eso si estás desanimada/o, cansada/o de intentar y piensas en la separación, no lo hagas de inmediato, respira hondo y reflexionasobre estas cuestiones a continuación:
¿Te traicionó?
Primero, es necesario tener la certeza y no pensar que es obvio.
Hace algunos días hice una mediación con una pareja separada desde hacía dos años y sólo entonces lograron hablar, él dice que nunca supo por qué ella lo dejó y cuando ella habló de traición el lo negó categóricamente.
Yo me quedé pensando si aquella mujer había terminado el matrimonio antes de aclarar toda esa historia.
Teniendo la certeza es necesario analizar las propias condiciones para lidiar con eso, pues no sirve mantener la relación y continuar sufriendo por lo que ocurrió.
Conozco a muchas parejas que después de ese trauma decidieron reconstruir la relación y lograron vivir incluso mejor que antes. 
Pero eso sólo es posible con el cambio de ambos y el arrepentimiento sincero de quien ha traicionado.
¿Él/ella te desprecia?
¿Te resientes a causa de algunos comportamientos que él/ella tiene que te hacen sentir despreciada/o o como dicen por ahí, “mal querida/o”?
Las crisis son comunes en la relación de dos e incluso es frecuente sentir rabia, pero es necesario que sea algo pasajero, situaciones puntuales y breves que se resuelven por el empeño de ambos.
Pero si tú eres objeto de insultos y desprecio, si la persona que te debería admirar vive haciendo que te sientas inferior, entonces las cosas están al contrario en tu vida.
¿Desde hace cuánto tiempo las cosas no están bien entre ustedes?
Cuando estamos heridos tendemos a no mirar nada positivo en nuestro alrededor, parece que todo está mal. Entonces, es necesario poner de lado las emociones y evaluar si existen razones para todo ello o si las emociones se están apoderando de nuestra mente.
Vale la pena también recordar los buenos momentos y analizar si es posible reconquistarlos.
¿No estás fantaseando?
Muchas mujeres y hombres están en una relación, pero imaginan con encontrar a otra persona que les guste más. Miran a las parejas de los demás y se llenan de admiración, les gustaría encontrar un compañero/a como el/la de alguna de ellas.
Acuérdate de que “la hierba de mi vecino siempre es más verde” y cuidado con dejarte llevar por las apariencias.
¿No estás siendo influenciado/a?
¿Los familiares y amigos que no simpatizan con él no te estarán influenciando? Piensa, esta persona no necesita agradar a todos, sino a ti.
Claro que es importante que él tenga consideración con las personas con las tu convives, pero eso no significa que él tenga que agradar siempre.
Vale mucho la pena prestar atención a eso, pues las personas seguirán con su vida tras tu separación, tu vida es la que sufrirá una gran sacudida.
Si después de mucho análisis estuvieras convencida de que lo mejor es optar por romper, entonces estarás tomando una decisión madura y no corres el riesgo de arrepentirte más tarde.
Artículo originalmente publicado en portugués en Catholicus

lunes, 11 de abril de 2016

Acompañar, discernir e integrar la fragilidad: los 3 conceptos clave de la exhortación del Papa Un buenísimo análisis de “Amoris laetitia”


WEB-VATICAN-Amoris laetitia-RS23308_WEB - Press Conference - Amoris Laetitia © Antoine Mekary - ALETEIA-

El 8 de abril de 2016 se publicó la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia. Entrevistamos al filósofo mexicano Rodrigo Guerra, colaborador de Aleteia y miembro del equipo de expertos en el Sínodo Extraordinario de la Familia, celebrado en octubre de 2014, sobre algunos de los temas “candentes” de este nuevo documento pontificio.
¿Qué importancia tiene Amoris laetitia para la Iglesia y para la sociedad en el momento actual?
Amoris laetitia es una proclamación gozosa de la verdad sobre la familia revelada en el Evangelio y en la dignidad inalienable de la persona humana.
Este documento es una pieza clave para la reforma que hoy requiere la Iglesia y para renovar nuestra sociedad. Reforma eclesial que es más conversión y caridad que reingeniería.
Francisco dice: “ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto” (…) “esa es la peor manera de licuar el Evangelio”.
Es “inadecuada cualquier concepción teológica que en último término ponga en duda la omnipotencia de Dios y, en especial, su misericordia”.
Para responder al drama de los matrimonios y las familias reales es necesario superar una “fría moral de escritorio al hablar sobre los temas más delicados” y situarnos más bien en el contexto del muy urgente y necesario “discernimiento pastoral”.
¿Existe ruptura entre la enseñanza de Francisco en Amoris laetitia y el Magisterio precedente?
No existe ruptura alguna. Al contrario, aprovechando la maduración de la enseñanza de la Iglesia realizada por el Concilio Vaticano II, por Juan Pablo II y por Benedicto XVI, el papa Francisco desarrolla un importante esfuerzo de renovación pastoral que implica un cambio de mentalidaden todos. Tanto en el pueblo de Dios como en los pastores.
Este cambio de mentalidad es en cierto sentido el criterio hermenéutico para interpretar todo el documento: la lógica de la misericordia pastoral.
¿No hay una merma de la verdad en nombre de la importancia de la conciencia y el fuero interno en la exhortación Amoris laetitia?
Con Amoris laetitia Francisco nos educa para que entendamos que ni las posturas liberales ni las conservadoras atinan a expresar la verdad que hoy se requiere anunciar a la familia.
El Papa nos está regalando un impresionante himno a la verdad en la conciencia y a la verdad sobre la conciencia que requerimos asimilar personal y comunitariamente para poder así mostrar el rostro misericordioso de la Iglesia a las personas y las familias que sufren.
Pura verdad objetiva sin respetar la verdad de la conciencia aplasta a la persona. Pura conciencia sin verdad es relativismo subjetivista.
¿Hay cambio en la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia?
La doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio sigue siendo la misma. Sin embargo, el Papa nos insiste en buscar soluciones más inculturadasque atiendan los desafíos personales y locales.
De esta manera, no se cae en un relativismo sino en una más plena acogida de la verdad integral que es la que libera.
Usted es filósofo y ha escrito un libro sobre los fundamentos personalistas de la ley natural (“Afirmar a la persona por sí misma”, CNDH, México 2003): ¿No se disuelve la ley natural en casuística si se da tanto peso al fuero interno y al contexto? ¿No hay un riesgo de relativismo en esta exhortación?
Este es un documento pontificio plenamente tomista: por una parte se reconoce con gran claridad la objetividad de la ley natural pero siguiendo a santo Tomás también se reconoce el papel que tiene la prudencia del juzgador en el momento de tener que decir algo lleno de misericordia y verdad sobre un caso concreto. 
En el ámbito de la teoría del Derecho a veces hay más conciencia de esto mismo: el Derecho no solo es ciencia sino arte, es ars iuris, es decir, ejercicio prudencial.
Al interior de la Iglesia es necesario que los pastores comprendan más y mejor esta tradicionalísima doctrina para evitar la aplicación unívoca y a “rajatabla” de la norma de manera uniforme en todos los casos.
Francisco habla de “gradualidad pastoral” ¿en qué consiste?
No es gradualidad en la ley. Es paciencia con las personas. La gradualidad pastoral es expresión del respeto exquisito a la obra que Dios hace poco a poco al interior del alma.
Los tiempos de Dios no siempre son los nuestros. Por eso, hay que aprender a apreciar el a veces largo proceso humano que es la conversión del corazón.
Y nunca apagar la “llama humeante”. Al contrario, alentarla aunque no sea perfecta al principio y requiera de un paciente cuidado, ternura y protección.
¿Existe algún “concepto-clave” que ayude a interpretar adecuadamente Amoris laetitia?
Creo que no es un solo concepto sino tres: acompañar la fragilidad, discernir la fragilidad e integrar la fragilidad.
Todos somos frágiles. Todos estamos heridos de un modo o de otro. Las comunidades eclesiales deben ser comunidades de acompañamiento, discernimiento e integración.
Sólo así es posible vivir de verdad una de las ideas centrales que Francisco nos regala en Amoris laetitia: Nadie puede ser condenado para siempre. Esa no es la lógica del evangelio.
Para todo drama humano existe solución en Jesucristo, Persona viva que se hace encuentro, ternura y compasión sin límites, ¡sin límites!

viernes, 8 de abril de 2016

El Papa tiende una mano a los divorciados vueltos a casar que quieran reconciliarse con la Iglesia.



Papa impulsa la integración de divorciados en la Iglesia, pincha el enlace.

Papa Francisco, divorciados vueltos a casar: discernimiento caso por caso Tres palabras clave: “acompañar”, “discernir” e “integrar”

Es un documento que no cambia la doctrina. La Exhortación post-sinodal “sobre el amor en la familia” titulada Amoris laetitia (“La alegría del amor”), es un llamado a la misericordia también para los divorciados vueltos a casar.
El documento que recoge los resultados de los dos Sínodos sobre la familia convocados por el Papa Francisco en 2014 y 2015, se ocupa de la actitud pastoral hacia quienes viven en segundas nupcias, sin ceder sobre el tema de dar la comunión, pero sí deja todas las puertas abiertas para un mayor integración.
El lenguaje de la misericordia
Es un cambio de lenguaje, recordó el cardenal alemán Schönborn, durante la presentación del documento en la Sala de Prensa del Vaticano.
El Papa Francisco, acogiendo las ideas del Sínodo, afirma que “los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”.
No obstante, se habla de una atención pastoral para integrar a todos aquellos que participan de la vida de la Iglesia “de modo incompleto” o que viven una “situación compleja” o “irregular”.
El capítulo octavo insta a la misericordia y al discernimiento pastoral frente a situaciones que no responden plenamente a aquello que el Señor propone. Aquí se presentan tres palabras clave: “acompañar”, “discernir” e “integrar”.
Se explica que no son posibles reglas canónicas generales, válidas para todos, por lo que el camino es el del discernimiento caso por caso. Reiteramos queno hay un cambio en el tema de los sacramentos.
En la Iglesia – sostiene el Papa – “debe prevalecer” la lógica que siempre lleva a “comprender, a perdonar, a acompañar” y, sobre todo, “a integrar”.
El Evangelio no condena
La misericordia sobresale como un elemento que está por encima de la condena.
“Nadie puede ser condenado para siempre, ¡porque esa no es la lógica del Evangelio!”, escribe el papa Francisco.
Es decir, la iglesia tiene los brazos abiertos para acoger a los divorciados vueltos a casar, pero no se trata de reivindicar derechos, ni de auto-justificaciones públicas.
No excomulgados por siempre 
“Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales (…) Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia (…) Esta integración es también necesaria para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes” (AL 299).
Discernimiento 
En relación al “discernimiento” acerca de las situaciones “irregulares” el Papa observa que “hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 296). 
Situación irregular 
En este sentido, “se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia “inmerecida, incondicional y gratuita”” (AL 297).
Normas no cambian y, novedad: discernimiento
En un planteamiento más amplio, el Obispo de Roma declina que este documento cambien las normas canónicas o la doctrina. Y agrega: “Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos”.
Entonces, caso por caso se verá la situación de cada persona y situación. Los obispos y los sacerdotes serán guías y puntos de referencia.
“Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares, que debería reconocer que, puesto que “el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos”, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas” (AL 300).
El Papa lo que hace es responsabilizar a cada persona, comenzando por los pastores, y para ello revaloriza el camino de acompañamiento y discernimiento en diálogo profundo entre fieles y pastores.
La Iglesia abraza a sus hijos alejados. La misericordia no mistifica la reflexión y la responsabilidad de la Iglesia “sobre los condicionamientos y circunstancias atenuantes” en lo que reguarda a la imputabilidad y la responsabilidad de las acciones.
Por otro lado, el tema normativo no cambia, el Papa indica: “aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma” (AL 304).
Atención a divorciados, pero importante consolidar matrimonios
 En la última sección del capítulo: “la lógica de la misericordia pastoral”, Bergogoglio, para evitar mal entendidos, ratifica: “Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas” (AL 307).
El perdón prevalecerá 
Por último, el Papa invita a los “fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz”.
Ahora bien, en la Exhortación se invita a “descubrir un camino de maduración personal”, al mismo tiempo, interpela a los pastores “a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas […]y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (AL 312).
Sobre la “lógica de la misericordia pastoral” Papa Francisco afirma con fuerza: “A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio” (AL 311).