Mostrando entradas con la etiqueta PERDON. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERDON. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de noviembre de 2016

Este video me ayudó a comprender lo que significa perdonarse a uno mismo ¿Cuántas veces el fracaso, el dolor, el sufrimiento se han instalado en nuestra vida dejándonos con un perplejo mal sabor de boca?

La vida es profundamente compleja. Está compuesta por eventos y situaciones muchas veces ajenas a nosotros, que nos cuesta perdonar y que nos mantiene en una lejanía cómoda de quien otea la realidad a lo lejos, sin implicarse más allá de una expresión de desaliento. Otras veces, inevitablemente, estos acontecimientos se hacen más próximos afectando con cierta vehemencia lo que somos, lo que pensamos y lo que vivimos.
Pero cuando estos eventos tocan nuestra realidad en lo más profundo, cuando nos llevan a replantearnos lo que somos y lo que hacemos, y cuando dejan una huella imborrable, es cuando constatamos la necesidad profunda de una respuesta que calme nuestra intranquilidad, nuestro sufrimiento y que nos de una luz en medio de nuestra miseria. Perdonarse a uno mismo no es nada fácil.
Miremos a lo profundo de lo que somos: ¿Cuántas veces hemos hecho o vivido una situación en la que todo se nos viene abajo?¿Cuántas vivencias profundas creemos que nunca nadie ni nada va a poder perdonar, ni siquiera nosotros mismos? ¿Cuántas veces el fracaso, el dolor, el sufrimiento se han instalado en nuestra vida dejándonos con un perplejo mal sabor de boca? Así es nuestra vida, ¡cada uno lleva en su consciencia secretos que son imposibles de contar por lo que suponen para nosotros! Sin embargo,hay alguien que si los conoce todos: Dios, nuestro Padre amoroso.
El cortometraje que les traemos a continuación es fuerte, pero en su crudeza nos habla de una realidad que no es para nada ajena a nuestras vidas.


martes, 13 de septiembre de 2016

¿Lo más importante en el matrimonio? La misericordia Lo que de verdad guardarán nuestros hijos será ver que sus padres se perdonan una y otra vez

Pareja en bicicleta


El camino de la reconciliación en el matrimonio, el camino del perdón, es el camino que lleva a la alegría. Pero no siempre es fácil recorrer este camino.
Decía el papa Francisco en la exhortación Amoris Laetitia: “Cuando se puede amar a alguien, o cuando nos sentimos amados por él, logramos entender mejor lo que quiere expresar y hacernos entender. Superar la fragilidad que nos lleva a tenerle miedo al otro, como si fuera un ‘competidor’. Es muy importante fundar la propia seguridad en opciones profundas, convicciones o valores, y no en ganar una discusión o en que nos den la razón”. 
El perdón nos libera para amar con alegría. Es un camino largo. Somos sólo dos en la vida matrimonial. No hay un tercero en discordia que ponga paz entre nosotros o solucione los conflictos. Solos entre nosotros deberíamos ser capaces de llegar a una reconciliaciónperfecta.
Pero no siempre es posible. El orgullo me impide ceder. Me impide perdonar. Me impide olvidar. Y una y otra vez vuelvo a aquella escena guardada en mi corazón en la que fui herido por la actitud del otro. Por su omisión. Por su orgullo. Por sus palabras hirientes cuando decía quererme tanto.
Cuando vuelvo a revivir los sentimientos no puedo perdonar. ¿Cómo voy a perdonarle ahora? Quiero que sepa que tengo razón.
Pero eso, en realidad, no es lo importante. Lo que de verdad vale es la misericordia. Lo más valioso es que nuestros hijos vean cuánto nos amamos y cómo nos perdonamos.
El peor testimonio es el de unos padres que no se aman. Se tratan con indiferencia. Tal vez no se pelean delante de ellos, pero no hay complicidad ni cariño. Esa relación distante es el peor recuerdo que les podemos dejar a nuestros hijos.
Lo que de verdad guardarán será el amor hondo y verdadero. Se asombrarán ante la madurez y delicadeza de nuestro amor. Tal vez nos vean pelearnos, pero también nos verán perdonarnos.
Es fundamental que vean que somos capaces de amar con el corazón entero. Que somos capaces de perdonarnos sin límites. Una y otra vez. Y volvernos a mirar con inocencia, entregándonos de nuevo la confianza.
Hace tiempo un matrimonio en sus bodas de oro escuchaba cómo comentaba su hija: “Lo que he aprendido de mis padres a lo largo de muchos años es su capacidad para perdonarse una y otra vez”. 
Me conmovió. No se quedó ella en las peleas, en las discusiones, en las palabras fuertes que más de una vez tuvo que sufrir. Lo que quedó grabado en el alma fue la capacidad de sus padres para volver a empezar una y otra vez de cero. Su capacidad para pedir perdón y perdonar. Eso es lo importante.
Puede que un matrimonio no discuta nunca, o muy poco. Puede ser. Los hay. Pero a veces esa falta de discusiones es porque cada uno vive su vida. Caminan en paralelo, pero no unidos. No hay tensiones, no se rozan. No discuten porque han dejado de esperar algo del otro. Y las tensiones surgen con el roce.
El recuerdo de unos padres que se perdonan es muy valioso. Nunca se iban a la cama sin reconciliarse. Ojalá no se hubieran peleado, es verdad. Pero una vez que ocurrió, era necesario el perdón, la misericordia. 
Es como el pecado. Ojalá no pequemos, pero la experiencia de la misericordia de Dios después de haber suplicado de rodillas perdón, humillado, con lágrimas en los ojos, la mirada del sacerdote al perdonarme en el sacramento del perdón, esa mirada que no juzga, acoge y perdona, esa mirada que me recuerda a la de Dios, esa mirada me salva,… esa experiencia de misericordia construye mi vida. Es la roca que me da seguridad.
Por eso entiendo que el verdadero amor perdona siempre. No se queda en juzgar quién tiene la razón. El verdadero amor abraza siempre, para poder volver a empezar de nuevo. 
A veces el querer tener razón ciega el amor y lo hace incapaz de la misericordia. Y ya lo decía el papa Francisco en la exhortación: “La misericordia no es sólo el obrar del Padre, sino que se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos. Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia”. 
La misericordia es lo más importante en el matrimonio.

sábado, 10 de septiembre de 2016

10 tips de los sacerdotes para una confesión mejor ¿Has salido alguna vez del confesionario preguntándote si lo has hecho bien?


Sacerdote para confesar



Ojalá pudiera escuchar las confesiones de otras personas.
No te preocupes, no voy a poner escuchas en los confesionarios del convento. Simplemente creo que podría aprender algo escuchando cómo se enfrentan los demás a la confesión.
Hace varios años ya que tomo parte en el sacramento de la Penitencia, pero aún tengo la impresión de no saber exactamente qué estoy haciendo. A veces salgo del confesionario con dudas: “¿Lo he hecho bien? ¿Debería haber sido más específica? ¿He sido suficientemente sincera?”.
El otro día, al salir de confesarme, pensé: “¡Ya sé! Voy a pedir consejo a los hombres que sí se dedican a escuchar las confesiones de la gente”.
Y esto es lo que me dijeron:
  1. Padre Bryan Brooks, Tulsa, Oklahoma:
Al hacer un examen de conciencia nos enfrentamos con nuestros pecados, pero cuando vamos a confesión, nos enfrentamos al amor, la misericordia y el perdón de Dios.
  1. Padre Sean Donovan, Pawhuska, Oklahoma:
Después de contar cuánto hace más o menos de tu última confesión, háblale al cura brevemente de ti mismo (¿Estás soltero, tienes pareja, casado por segunda vez, eres una hermana religiosa?). Conocer tu situación nos ayuda a aconsejarte mejor. 
  1. Padre Gabriel Mosher, OP, Portland, Oregón:
Los pecados son malas elecciones, no emociones desagradables; así que confiesa tus pecados, no tus estados emocionales.
  1. Padre Damian Ference, Wickliffe, Ohio:
Los pecados cometidos son una ofensa a Dios, pero los pecados confesados son un cántico a Dios. Así que, cuando confiesas tus pecados a un sacerdote en el sacramento de la Reconciliación, debes saber que también estás cantando una alabanza a Dios por su gran misericordia.
  1. Padre Matthew Gossett, Steubenville, Ohio:
¡La confesión frecuente es edificante para tu sacerdote y buena para tu alma! Los pecados, en especial los habituales o arraigados, requieren paciencia y perseverancia. Nunca te rindas, no importa cuántas veces hayas cometido el mismo pecado (…). La confesión es un sacramento de curación y, como con las heridas físicas, las heridas espirituales pueden necesitar algún tiempo para sanar por completo.
  1. Padre James Martin, SJ, Ciudad de Nueva York, Nueva York:
La confesión no trata tanto de lo malo que eres sino de lo bueno que es Dios.
  1. Padre Anthony Gerber, Cottleville, Misuri:
El sacerdote es como un médico: cuando vas al médico, le dices qué es lo que te ha estado doliendo con más o menos detalle, para que sepa cómo tratarte de la mejor forma. Y recuerda: ya ha visto a muchos pacientes con los mismos síntomas. ¡Confía en él, escucha su consejo y mejorarás pronto!
  1. Padre Joshua Whitfield, Dallas, Texas:
Dios obra mejor con una confesión sencilla y humilde de los pecados. Dios no necesita una novela. Ya la ha leído. El orgullo y la impenitencia a veces se esconden bajo nuestra verborrea. Hablen con sencillez y claridad, mencionando sus pecados: es como despojarse camino de la Cruz, para la muerte de nuestros pecados y la resurrección del perdón.
  1. Padre Jeffrey Mickler, SSP, Youngstown, Ohio:
Habla sin miedo, no te preocupes por nada. El amor de Dios es más fuerte que nuestros pecados.
  1. Padre Matthew Schneider, LC, Washington DC:
Para muchas personas, la mayor mejoría en la confesión sería cambiar la percepción de que es una lista obligatoria y abstracta de pecados, en vez de considerarlo una renovación de la relación con Dios.
¡Y un extra!
La confesión no es sólo una eliminación del pecado, es un encuentro con Cristo. 
¿Te han resultado útiles estos consejos?
El consejo número 3 me hizo replantearme mi forma de hacer el examen de conciencia y me di cuenta de que probablemente debería ser más específica a la hora de enumerar mis pecados (no porque le haga falta a Dios, sino porque me ayudaría a mí). Y todos estos consejos han renovado mi amor hacia el sacramento de la Penitencia y hacia todos los sacerdotes que entregan sus vidas para servir a Dios y a su pueblo.
Si algún otro consejo les pareció especialmente útil, ¡no duden en compartir sus impresiones con los demás lectores en los comentarios!