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viernes, 21 de abril de 2017

¿Por qué los católicos se hacen la señal de la cruz antes de rezar?


¿Es una especie de superstición medieval?

Cuando se reúne para rezar un grupo de cristianos de diferentes denominaciones, es sencillo averiguar quién es (o era) católico. En vez de meterse de lleno en la oración y dirigirse a Dios Padre, el católico utiliza su mano para dibujar una cruz sobre su cuerpo o sobre su frente.
Pero ¿por qué? ¿Es alguna especie de ritual supersticioso?
Empecemos indagando en la historia detrás de este gesto.
Según escritos que se remontan al siglo III, los cristianos llevan haciendo esta señal de la cruz sobre su cuerpo desde el principio. El apologista cristiano Tertuliano escribió por entonces que “nosotros los cristianos tenemos la frente gastada con la señal de la cruz”.
Luego añadió: “En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.”
San Cirilo de Jerusalén, que vivió en el siglo IV, señaló en su Catequesis: “No nos avergoncemos, pues, de confesar al Crucificado. Sea la cruz nuestro sello, hecha con audacia con los dedos sobre nuestra frente y en todo; sobre el pan que comemos y las copas en que bebemos, en nuestras idas y venidas; antes de dormir, cuando nos acostamos y cuando nos despertamos; cuando estamos de viaje y cuando estamos en reposo”.
Se cree que esta tradición temprana de marcar en el cuerpo la señal de la cruz se inspiró en un pasaje del libro de Ezequiel, donde dice: “Y Yahveh le dijo: “Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella” (Ezequiel 9:4).
En algunas traducciones, el pasaje dice “marca con una T [o una Tau] en la frente”. La Tau es una letra del alfabeto griego que se escribe como una T, así que los primeros cristianos vieron en ella el signo de la cruz. Consideraban que la señal de la cruz les distinguía y les “marcaba” como un pueblo elegido perteneciente al único Dios verdadero.
La señal de la cruz que los católicos hacen antes de rezar o de hacer cualquier actividad no debiera ser un acto supersticioso, sino una manifestación externa de fe.
Según explica el Catecismo de Baltimore, “la señal de la cruz es una profesión de fe en los misterios principales de nuestra religión porque expresa los misterios de la Unidad y la Trinidad de Dios y de la Encarnación y la muerte de nuestro Señor (…); expresa el misterio de la Encarnación al recordarnos que el Hijo de Dios, tras convertirse en hombre, sufrió la muerte en la cruz”.
El Catecismo de la Iglesia Católica añade: “El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, ‘en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’. El bautizado consagra la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las dificultades” (2157).
La cruz está en el mismísimo centro de nuestra fe, por lo que santiguarnos se supone ha de ser un recordatorio constante del precio que Jesús pagó por nuestros pecados. Es tanto una manifestación de fe como una sencilla oración de grandísimo poder.
Según san Juan Crisóstomo, los demonios huyen de allí donde vieran la señal de la cruz y la temen “como un bastón con el que están siendo abatidos”.
En resumidas cuentas, la señal de la cruz es un gesto sencillo con raíces antiguas y bíblicas. Aunque pudiera parecer que algunos católicos se santiguan con superstición, la intención de santiguarse nunca fue supersticiosa. Es un recordatorio del profundo sacrificio de Jesús hace dos mil años y es un llamamiento activo a Su intervención para ayudarnos en nuestra necesidad.

sábado, 15 de abril de 2017

¿Cuándo es Domingo de Pascua?



Y ¿por qué la Pascua ortodoxa es en una fecha diferente que la Pascua católica?

El Domingo de Pascua, la mayor fiesta litúrgica del año, se ha venido celebrando en días diferentes durante los 2000 años de historia de la Iglesia y a su programación en el calendario no le ha faltado controversia.
Desde el mismísimo comienzo de la Iglesia, la fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor se celebró en relación con la fiesta judía del Pésaj o Pascua judía. Ya que los eventos de la Pasión y Resurrección de Cristo tuvieron lugar en ese contexto, los cristianos siempre sintieron que debían celebrar su Resurrección de la misma forma, en vez de con una fecha fija en el calendario.
Sin embargo, con el paso de los siglos, los cristianos han discrepado sobre el cálculo del Pésaj y de la celebración cristiana de la Resurrección de Cristo. Esto significa que la Pascua (aunque lo frecuente es que se celebre en un domingo) se celebra en diferentes fechas del año entre los diferentes cristianos.
El papa Francisco, así como otros líderes cristianos, ha llamado a la unificación de una celebración de la Pascua y ha expresado su disposición a cambiar la fecha de la celebración por el bien de la unidad.
Básicamente, hay tres argumentos principales sobre cuándo debería celebrarse la Pascua.

Día 14 de Nisán

Según Eusebio, hubo un grupo entre la comunidad de primeros cristianos que “pensaban que era preciso guardar el decimocuarto día de la luna para la Fiesta del Salvador, día en que se mandaba a los judíos sacrificar el cordero y en que era necesario a toda costa, cayera en el día que cayese de la semana, poner fin a los ayunos”.
Los Testigos de Jehová de hoy en día, aunque no celebran el día de la Resurrección de Jesús, tienen una fecha similar para su celebración del sacrificio de Jesús en la cruz, observando anualmente la “Conmemoración de la Muerte de Cristo” en el día 14 del mes de Nisán, sea cual sea el día de la semana en el que caiga.
Esta práctica en la Primera Iglesia de celebrar la Pascua en un día cualquiera de la semana fue rápidamente criticada, ya que la mayoría de cristianos pensaba que la Pascua debía celebrarse en el día de la semana que siempre se asoció a la Resurrección de Jesús: el domingo.

Cristianismo occidental

Según las normas establecidas por el Concilio de Nicea (325) y luego adoptadas por el Cristianismo occidental en el Sínodo de Whitby, el Domingo de Pascua cae cada año en el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Este año, por ejemplo, el equinoccio de primavera cae en lunes 20 de marzo y la primera luna llena después de eso es el martes 11 de abril. El primer domingo es, pues, el 16 de abril, así que el Domingo de Pascua se celebra este año en ese día.
Este cálculo aceptado por la Iglesia católica romana y por la mayoría de comunidades protestantes no depende del cálculo del Pésaj según el calendario judío. Hay varias reglas diferentes que regulan la celebración de la Pascua judía, por lo que los cristianos decidieron diferenciarse y depender de sus propios cálculos.

Cálculo ortodoxo

Según explica el sacerdote Jon Magoulias en el diario Greek Reporterla razón principal por la que el cálculo ortodoxo de la Pascua difiere del resto de la cristiandad es porque la “Iglesia ortodoxa sigue respetando el calendario juliano a la hora de calcular la fecha de la Pascha (Pascua). El resto del cristianismo usa el calendario gregoriano. Hay una diferencia de trece días entre los dos calendarios, el calendario juliano está trece días por detrás del gregoriano”.
Además, el padre Magoulias señala que la Iglesia ortodoxa se rige por un requisito previo que establecía que la “Pascha debe tener lugar después de la Pascua judía para mantener la secuencia bíblica de la Pasión de Cristo. El resto de la cristiandad ignora este requisito, lo cual significa que de vez en cuando la Pascua occidental tiene lugar o después o durante la Pascua judía”.
Hay veces en que las dos fechas coinciden, “cuando la luna llena después del equinoccio llega tan tarde que cuenta como la primera luna llena después del 21 de marzo en el calendario juliano y también en el gregoriano (…), [lo cual sucedió] en 2010, 2011, 2014 y 2017, pero, después, no sucederá otra vez hasta 2034”.
Después de reunirse con el patriarca ecuménico Bartolomé I en 2014, el papa Francisco dijo a la prensa: “Otra cuestión que mencionamos y que podría considerarse en el Consejo pan-ortodoxo es la fecha de la Pascua, porque es ridículo que se pueda decir ‘¿Cuándo resucitó tu Cristo? El mío resucitó la semana pasada’. Sí, la fecha de la Pascua es un símbolo de unidad”.
Desde entonces, el papa Francisco ha expresado en otros encuentros con las Iglesias ortodoxas su deseo por una celebración unificada de la Pascua para que los cristianos puedan dar testimonio al mundo con más fuerza.
Sin embargo, este año la celebración coincide de forma providencial, y los cristianos de todo el mundo celebrarán la Pascua el 16 de abril de 2017.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Conoce al primer sacerdote en la historia de un país con solo 300 católicos Por Alvaro de Juana


Primer sacerdote originario de Tayikistán. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa - Instituto Verbo Encarnado

Tiene 25 años, se llama Orzú Saidshoev y hace poco se convirtió en el primer sacerdote nacido en Tayikistán, un joven país de mayoría musulmana donde según cifras oficiales hay poco más de 300 habitantes católicos.
El Padre Orzú recibió la ordenación sacerdotal el pasado 25 de junio en la pequeña ciudad de Montefiascone, en Italia, y en las próximas semanas viajará como misionero a Rusia a través de su comunidad, el Instituto del Verbo Encarnado, una de las pocas organizaciones católicas que existen allí.
La República de Tayikistán es un pequeño país de Asia Central que tiene una población de 8 millones de habitantes, de los cuales el 95% profesa el islamismo. En 1991 se independizó de la Unión Soviética. Su territorio limita con Afganistán, Uzbekistán, Kirguistán y China.
“Siento un poco de temor porque tengo una responsabilidad muy grande ya que soy el primero (sacerdote nacido en Tayikistán) y también mucha alegría porque es un camino muy alegre, un camino de santidad para salvar las almas. Es muy importante, como hicieron los misioneros de Argentina que estaban en Tayikistán, han evangelizado la misión y gracias a ellos es que yo estoy aquí”, dijo el presbítero a ACI Prensa durante una visita a Roma.
La pequeña población católica de Tayikistán tiene “dos parroquias, una de ellas en la capital Dusambé, también tenemos tres sacerdotes misioneros de Argentina, tres hermanas de nuestro Instituto y cuatro hermanas de Madre Teresa de Calcuta”.
Para el joven sacerdote, la convivencia con los musulmanes siempre ha ido “más o menos bien porque nosotros somos muy pocos”.
“No tenemos muchos problemas por eso, pero bien. Ellos nos respetan a nosotros y nosotros a ellos” aunque reconoce que a pesar de esta buena relación “no puedo evangelizar en público y tampoco puedo llevar sotana”, explicó.
“Pido la gracia de perseverar en este camino que no es fácil, es muy difícil, y también pido la gracia de poder salvar muchas almas, para ganar las almas y llevarlas al cielo. Eso es lo principal del ministerio sacerdotal y así también pido la gracia de que en Tayikistán pueda haber muchos cristianos y puedan convertirse”, aseguró el sacerdote.
A su ordenación asistió su madre, quien viajó desde Tayikistán para acompañar a su hijo en la celebración. “Estoy muy feliz, todo salió bien. Cuando regrese a casa iré a compartir mi alegría con mis amigos y mis hermanas”, indicó.

martes, 23 de agosto de 2016

Recemos unos por otros

No sé si es el efecto Francisco o que, simplemente, me voy dando cuenta de la importancia que tiene, pero yo cada vez pido a más gente que rece por mí, por mi matrimonio y por mi familia. La última vez, ayer mismo, a través de Facebook, a un sacerdote amigo que está en el santuario de Lourdes. Y también tengo que decir que me encuentro con más gente cada día que me pide lo mismo, que rece por ellos y ellas.
Creo que es bueno y necesario asumir el compromiso de rezar unos por otros. Al final, más que algo mecánico, se trata de poner delante de Dios, a los pies del Sagrario, en lo más hondo de nuestro corazón… un nombre, una intención, una situación… y pedirle al Señor o a María, o a algún santo, que acompañen, que se haga la voluntad del Padre, que aporten luz, verdad y vida. ¿Quién no necesita eso?
  • Rezar unos por otros supone implicarnos unos y otros en la salvación mutua y también en la acogida del Reino ya presente en esta vida que nos ha tocado vivir.
  • Rezar unos por otros supone aceptar que solos no podemos y que no siempre lo que se necesitan son consejos humanos, hombros en los que llorar, manos a las que agarrarse…
  • Rezar unos por otros supone encarnar la oración y darle horizontalidad a la de por sí mirada vertical hacia el cielo.
  • Rezar unos por otros supone descentrarnos de nosotros mismos y poner delante de Dios a otros más que a mí.
  • Rezar unos por otros supone vivir un aspecto de la fraternidad menos visible pero de frutos intensos y duraderos.
  • Rezar unos por otros supone vivir confortados cualquier circunstancia que la vida nos depare, sabiendo que en el camino no viajamos en soledad y que muchos son los que nos acompañan en las alegrías y también en el dolor.
  • Rezar unos por otros supone generar en el mundo una corriente espiritual de gran intensidad que hace que este mundo, individualista, materialista, interesado, etc. sea un mundo mejor.
No es la primera vez que me veo en la tesitura de ofrecer mi oración como lo mejor que puedo aportar. Lo hago incluso con personas no creyentes o alejadas de la Iglesia. A ellos nos les pido que recen por mí pero si les digo que, desde mi fe, voy a rezar por ellos. Nunca he encontrado rechazo sino más bien, al revés, agradecimiento.
Para este año, tengo en mente llenar el oratorio de los niños en el cole de nombres y de intenciones y de fomentar esto desde la más tierna infancia. Estoy convencido de que saldremos todos beneficiados.

martes, 16 de agosto de 2016

Nueve secretos católicos para tener una larga vida (y una vejez serena) La vejez puede ser un tiempo de crecimiento personal, si se aprende a hacerlo bien


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Tras el episodio desgarrador narrado por Aleteia sobre dos ancianos que lloraban y gritaban en su pequeño departamento en Roma (Jole y su esposo Michele, ella con 84 años, él con 94), ambos víctimas de una “soledad incurable” y que atrajeron a la policía, avisada por los escasos vecinos que barruntaban un hecho ilícito, la pregunta es no solamente qué estamos haciendo con nuestros mayores, sino cómo estamos aprendiendo –o no aprendiendo—a envejecer.
Sin embargo, hay una gran cantidad de testimonios de personas que llegan a los 80 o los 90 años con una vitalidad sorprendente, con un deseo contagioso de vivir y con la capacidad para enseñar que la tercera edad es, seguramente, el repositorio de la experiencia y el sentido humano de la vida.
Una serie de testimonios hacen el siguiente listado de los Nueve Secretos Católicos para una Larga Vida que en su edición de esta semana propone la publicación estadounidense Our Sunday Visitor:
Confía en Dios. La vida estará llena de bendiciones pero, también, de retos, y solamente a través de la fe en Cristo tendremos la habilidad de decir: “Hágase Tu Voluntad”.
Permanece activo. Nuestros cuerpos nos fueron dados por Dios, y debemos tratarlos con esa misma dignidad.
Continúa creciendo en la fe. Con la edad viene la sabiduría, pero solamente si nosotros nos esforzamos por ir hacia ella.
Vive frugalmente. Una vida sencilla deja mayor espacio para las cosas que son verdaderamente importantes.
Transmite la fe a otros. Compartir el amor de Cristo y de su Iglesia es de los más grandes regalos que nosotros podemos darle a los demás.
Ora continuamente. Solo cuando hacemos quietud en nuestra vida y conversamos con Dios, podemos escucharlo a Él y seguir su llamado.
Come bien. Ya sea que comas o bebas, o cualquiera otra cosa que tú hagas, hazlo todo para mayor gloria de Dios (San Pablo a los Corintios).
Permanece abierto al cambio. Nuevas experiencias pueden llenar el alma y ser el antídoto contra el aburrimiento y la soledad.
Abraza a tus amigos y familiares. Pasar tiempo con aquellos con quienes más nos gusta estar proporciona una enorme cantidad de alegría.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Cómo pueden los católicos responder a los actos de terrorismo? Esta es una guerra que debe ser peleada con las armas espirituales y no meramente con las armas militares


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Robert Fastiggi, profesor de teología en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón en Detroit, ha escrito en la edición de esta semana de The Sunday Visitor una oportunísima reflexión sobre lo que deben hacer los católicos –siguiendo las reacciones inmediatas de sus líderes espirituales, como el Papa Francisco—tras los acontecimientos de horror y barbarie que se vivieron el pasado 13 de noviembre en cafés, restaurantes, salas de conciertos y en las inmediaciones de un estadio de futbol en París.
Oración y cercanía con las víctimas
Para Fastiggi la primera de todas las reacciones de los católicos ha sido y debe ser la solidaridad y la oración. “La primerísima respuesta debería ser una expresión de solidaridad y cercanía con las víctimas de la violencia”, dice el profesor estadunidense, y cita al Papa Francisco que apenas enterarse de los acontecimientos de París expresó su cercanía con las familias de las víctimas y aseguró su oración por todos ellos.
Después, en noviembre 15, en el rezo del Ángelus, el Papa, dice Fastiggi, pidió a todos los que estaban en la Plaza San Pedro y a quienes lo siguen a través de los medios en todos el mundo que se unieran a él para construir una defensa de las víctimas de la tragedia e implorar sobre ellas la misericordia de Dios, haciendo un especial llamado a la Virgen María para proteger y velar sobre la bienamada Francia, la hija de la Iglesia, y sobre toda Europa y el mundo.
Condenar el mal
La siguiente conducta que deberían observar los católicos, según los ejemplos y la doctrina analizados por el articulista de The Sunday Visitor es condenar el mal. “Matar personas inocentes, cualquiera que sea la motivación, debe ser absoluta e incondicionalmente condenado”.
El Papa Francisco describió el terrorismo en París como un “inefable ataque a la dignidad de la persona humana”. Tras recordar que el camino de la violencia no resuelve nada, el Pontífice usó el lenguaje fuerte del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia católica (2004) en el que se señalaba que “es una profanación y una blasfemia usar el nombre de Dios para llevar a cabo un atentado terrorista”.
El Papa san Juan Pablo II usó un lenguaje similar cuando, en el Mensaje Mundial de la Paz de 2002, aseveró que “ningún líder religioso puede contribuir a la condonación del terrorismo y mucho menos orar por él”.
Moderación, temperancia, control
Otra de las acciones que los católicos podrían proponer frente a este tipo de ataques a la persona inocente, de crímenes gratuitos, de terror infundado e inexplicable, es evitar la extensión del odio y de la venganza como una actitud lógica ante los extremistas.
Lo que pasó en París –dice Fastiggi—y otros actos de terrorismo pueden llevarnos, fácilmente, a la ira y a la venganza contra quienes lo cometieron o contra sus comunidades de origen. El teólogo del Seminario Mayor de Detroit recuerda que el día siguiente de los ataques, el arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois oró por que los franceses tuvieran la gracia de un corazón firme, alejado del odio.
El arzobispo parisino pidió seguir en la senda de la “moderación, la temperancia y el control”, para resistir la posibilidad de caer en la tentación de medir a los musulmanes con la misma vara que se mide a los terroristas.
Para finalizar su reflexión, Robert Fastiggi subrayó la idea de que los católicos deberían estar dispuestos a reforzar el trabajo de quienes se dedican a buscar la paz en el mundo y desechar la idea de que solamente se les puede resistir (a los terroristas) con mayor dosis de violencia. Pero, lo más importante, es confiar en Cristo.
“Nosotros entendemos –como católicos—que esta es una guerra que debe ser peleada con las armas espirituales y no meramente con las arma militares” Y, finalmente, señala que deberíamos estar pidiendo siempre la poderosa intercesión de la Virgen María, la Reina de la Paz, y encontrar esperanza en las palabras de Cristo en el sentido de que en el mundo tendremos problemas, pero que no desesperemos, pues Él ha conquistado al mundo.

sábado, 23 de julio de 2016

¿La soltería es una vocación? ... o ¿estar soltero significa no estar comprometido?

¿Es la vida en soltería una vocación? Para responder a esta pregunta, primero tenemos que aclarar qué entendemos por “vida en soltería” y “vocación”.
Desde tiempos de los apóstoles, la Iglesia siempre ha valorado la libre elección del celibato o de no contraer matrimonio “para servicio del Reino de los Cielos” (Mateo 19:12).
Los primeros Padres de la Iglesia dejaron constancia de cómo tanto hombres como mujeres podían elegir sacrificar el gran don del matrimonio para centrarse en exclusiva en amar y servir al Señor.
Durante el transcurso de la historia de la Iglesia, dicha elección pasó a ser reconocida más oficialmente por el establecimiento de varias formas de vida consagrada, desde la antiquísima Orden de las Vírgenes hasta las últimas evoluciones de comunidades religiosas organizadas, pasando por el desarrollo de formas modernas de dedicación, como la pertenencia a institutos seculares.
Además, también es posible practicar una devoción completa al Señor a través de un compromiso exclusivamente privado, como ya hicieran tantos santos en la historia de la Iglesia.
Aun así, la mayoría de estudios contemporáneos sobre “la vida en soltería” no tratan formas reconocidas de vida consagrada (ni siquiera necesariamente formas informales de consagración de facto, como los votos privados), sino que suelen referirse a vidas laicas fuera del matrimonio que no participan de ningún compromiso deliberado.
En este caso la pregunta que cabe hacerse es: ¿puede considerarse una vocación legítima el simple hecho de permanecer soltero o soltera?
La palabra vocación significa “acción de llamar” y, en el contexto católico, una vocación es una llamada de Dios. Sin embargo, la palabra alberga otros matices y significados diferentes.
Tal vez el uso más frecuente del término “vocación” en nuestro contexto se produce en referencia a un llamamiento de Dios a hacer algo relativamente inusual, como entrar en el sacerdocio o en la vida consagrada.
También hay veces en que “vocación” puede significar una inspiración o una misión especial de Dios, como la fundación de una nueva comunidad religiosa.
En un sentido similar, un individuo podría experimentar una llamada especial y personal de Dios para vivir en soltería en pos de un propósito mayor, como una mayor libertad para involucrarse en actividades evangélicas u obras de misericordia.
Sin embargo, podríamos considerar este tipo de llamada personal especial para seguir soltero como algo bastante similar a la vida consagrada, tanto que dejaría de guardar relación con el concepto general que tenemos de la “vida en soltería” normalmente.
En algunos casos, también podríamos usar la palabra “vocación” para referirnos a una acción concreta que Dios pide de nosotros en nuestras circunstancias particulares.
Pudiera ser que, a causa de la situación vital específica de un individuo, permanecer soltero y sin compromiso sea un tipo de “vocación”, en tanto que supone una respuesta prudente a la voluntad de Dios.
Por ejemplo, una persona con unas responsabilidades familiares abrumadoras podría percibir con toda legitimidad que Dios le llama a permanecer soltero o soltera, al menos durante un tiempo.
Lo mismo podría decirse de los que luchan contra una enfermedad o contra una situación personal compleja.
Por otro lado, la palabra “vocación” a veces se usa como referencia abreviada al estado de vida de cada uno. “Estado de vida” es un término descriptivo que refiere a nuestra función y responsabilidades específicas dentro de la comunidad cristiana.
El estado de vida de un individuo puede describir su estatus marital, en términos de casado, soltero o viudo. También puede describir si uno es laico, ordenado o consagrado. Obviamente, “soltero laico” es claramente un estado de vida.
No obstante, a menudo la palabra “vocación” puede referirse al ingreso en un nuevo estado vital que implica un compromiso permanente y que, consecuentemente, exige adoptar todas las responsabilidades que se derivan del mismo.
Por ejemplo, una pareja casada realiza compromisos mutuos y es responsable del cuidado de los potenciales hijos que resulten de su unión; también, un sacerdote se compromete con su obispo y asume una serie de obligaciones derivadas de su ministerio.
En este sentido, sería difícil considerar una vocación la vida en soltería sin compromisos, puesto que sería una contradicción obvia el hecho de clasificar como una forma de compromiso el permanecer no comprometido.
Esto podría dar pie a otra pregunta: ¿deberíamos alentar a las personas a percibir una vocación en la vida en soltería sin compromiso de la misma forma que animamos a los jóvenes a distinguir una vocación en el sacerdocio o la vida consagrada o a estar abiertos a la vocación del matrimonio?
La respuesta parece ser un rotundo “no”, puesto que la Iglesia enseña que el auténtico florecer humano sólo puede surgir a través del amor abnegado y servicial.
Tal y como se declara en el documento Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, “el hombre (…) no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (GS24).
A la luz de esto, no tendría sentido guiar a los jóvenes hacia una vida de no compromiso deliberado.
Aun con todo lo dicho, a nivel pastoral es fundamental tener en mente que las personas solteras y sin compromiso no pueden ser consideradas nada menos que miembros de pleno derecho de la Iglesia.
En cualquier debate sobre la vocación, lo más importante es recordar que la principal vocación de todos los cristianos es el bautismo.
Incluso si la soltería sin compromiso en sí no es una vocación en el sentido normal de la palabra, los católicos solteros siguen estando llamados a la santidad y a la plenitud de la vida cristiana.

lunes, 27 de junio de 2016

En julio se estrenará nueva película sobre San Ignacio de Loyola Por María Ximena Rondón



En julio se estrenará una nueva versión en inglés sobre la vida del fundador de la Compañía de Jesús, titulada “Ignacio de Loyola”, uno de los santos más famosos de la Iglesia.
El filme narra la historia de Iñigo, un joven soldado noble y arrogante que tras ser herido en combate tiene un proceso de conversión. También se centra en el combate espiritual del santo y cómo surge la espiritualidad ignaciana que le llevó a fundar la orden de los jesuitas que perdura hasta la actualidad.
La película fue producida por la Jesuit Communications Foundation (JesCom), que está ligada a la Provincia Filipina de la Compañía de Jesús.  El pasado 14 de junio se presentó una parte del largometraje en el Palacio de San Carlo en el Vaticano.
Fue dirigida y escrita por el filipino Paolo Dy, que se formó en instituciones jesuitas, fue filmada en Filipinas y en el norte de España. San Ignacio de Loyola es interpretado por el actor español Andreas Muñoz.
Muñoz dijo en una entrevista concedida a la revista Brit Esque interpretar a San Ignacio de Loyola fue “muy enriquecedor. He crecido como persona y como actor, es un papel que cualquier actor en el mundo querría interpretar. Soldado de la corona española, que termina convirtiéndose, después de un largo camino, en Santo. Sin duda alguna, ha sido una de las mejores cosas que me han ocurrido en mi vida”.
“Íñigo de Loyola me hizo conectar mucho con la tierra, que, en definitiva, es la esencia de un guerrero, lo terrenal. E Ignacio de Loyola me transportó a otros niveles absolutamente inimaginables, un nivel espiritual muy elevado que él dejaría muy bien plasmado para la posteridad en sus ‘Ejercicios Espirituales’”, expresó.
El actor añadió que este proyecto salió adelante con “amor, pasión y trabajo duro” de todo el equipo de producción.
Más información sobre “Ignacio de Loyola” en: Facebook Ignacio de Loyola, Twitter @ignaciomovie y en la página web http://www.paolody.com/ignaciodeloyola-teaser2/ JesCom ha iniciado una colecta para terminar de cubrir los gastos de la post producción. Si desea colaborar haga click aquí: http://www.paolody.com/helpignacio
Si quiere conocer más sobre la vida de este santo haga clic aquí: https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=228

viernes, 20 de mayo de 2016

No trates la Confirmación igual que la graduación escolar Ser padrino no termina cuando empieza la fiesta




Muchos católicos adolescentes consideran el sacramento de la Confirmación como una especie de “graduación tras la formación”. Después de haber asistido a catequesis desde primer curso, por fin pueden decir que han “terminado” oficialmente.
Lo cual es lamentable. La formación en la fe es el aprendizaje de toda una vida y, de hecho, se necesita muy seriamente que los adultos continúen con su educación religiosa en todas las parroquias. Sin embargo, otro elemento que empeora el problema es que los padrinos de la confirmación creen que su labor ha terminado después de la limpieza de la fiesta.
Nada más lejos de la verdad.
Los catequistas indican a sus estudiantes que deben elegir un padrino o una madrina que dé testimonio de la fe en sus vidas. Esta norma básica está reflejada incluso en la ley canónica, donde se estipula que un padrino debe ser “un católico que (…) lleve una vida de armonía con la fe y con el rol que va a adquirirse”.
Tal vez los padrinos y las madrinas también deberían aprender que son seleccionados porque hay algo en su fe y en su carácter cristiano que de alguna forma resuena bien con un adolescente que, sin su presencia, estaría a punto de perder una conexión antiquísima con la Iglesia y la parroquia. Esta selección aporta a los adolescentes un medio para continuar con esa conexión, pero de una forma diferente, adentrándose en un periodo de joven adultez. Continuarán pendientes de su padrino (desde lejos, incluso) y recurrirán a él en caso de necesidad, suponiendo que el padrino siga disponible. La mayor tragedia es cuando un padrino pierde la fe y abandona la Iglesia.
Por desgracia, esto sucede más a menudo de lo que debería y hay numerosas historias de padrinos que dejaron de ir a la iglesia o que incluso abandonaron del todo la fe. Si esta es la forma en que se modela la vida en la fe, el padrinazgo queda vacío de todo significado. ¿A quién recurrirán en un momento de crisis espiritual? ¿A quién deberían imitar?
El papa Benedicto XVI nos recordó que no vivimos para nosotros mismos, que no somos una isla: “Deberíamos darnos cuenta que ningún ser humano es una mónada cerrada en sí misma. Nuestras existencias están en profunda comunión entre sí, entrelazadas unas con otras a través de múltiples interacciones. Nadie vive solo. Ninguno peca solo. Nadie se salva solo. En mi vida entra continuamente la de los otros: en lo que pienso, digo, me ocupo o hago. Y viceversa, mi vida entra en la vida de los demás, tanto en el bien como en el mal” (Spe Salvi).
La forma en que un padrino o madrina viva su fe tendrá un efecto eterno sobre su candidato.
El mayor regalo que podría otorgar un padrino es una vida radiante, plena con la gracia de Dios.
Así que, ¿qué significa esto? No quiere decir que el padrino tenga que llamar todos los días a su candidato o candidata para ver qué tal va la cosa, sino que debería entender que, por esta labor de padrinazgo, está al cargo de dar testimonio del amor de Cristo, no para el mundo entero, sino para, al menos, su candidato.
Jesús dedicó unas rotundas (e inquietantes) palabras a aquellos responsables del deber de guiar a algún otro hacia Cristo: “A cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que lo hundieran en lo profundo del mar con una gran piedra de molino atada al cuello” (Mateo 18:6).
Así que, padrino, madrina, no trates el día de la confirmación como si fuera una graduación. Tu tarea acaba de comenzar. Sé una luz para las naciones, pero comenzando por ese adolescente sobre cuyos hombros descansan tus manos.

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿Evangelizar en Internet? aquí algunas respuestas de expertos

imision
(iMisión, Madrid) Presentamos algunos videos de preguntas y respuestas rápidas sobre temáticas de la Evangelización en la cultura digital. Los videos fueron realizados por i-misión en el marco de su jornada de estudio y formación realizado en madrid el pasado mes de abril.

“El cambio se da en el corazón del hombre, no en las aplicaciones.”

Paulina Núñez argumenta cómo y por qué los smartphones y las tabletas pueden (y deben) ser aliados en la nueva evangelización.
– Taller y materiales disponibles en http://imision.org
– Entrevista realizada por:  https://twitter.com/tomasgalvanm

Ejemplos de buena reputación digital

Marga Cabrera, profesora en la Universidad Politécnica de Gandía, dio las claves para crear una buena marca personal en Internet.
Avisamos: no es cosa de un día
– Taller y materiales disponible en www.imision.org/ijornada
– Entrevista realizada por: https://twitter.com/tomasgalvanm

Evangelizar en Internet, una realidad con mucho corazón.

Soledad López asegura que la evangelización digital es ya una realidad y aconseja cómo llegar a nuestros seguidores.
Taller y materiales disponibles en http://imision.org
Entrevista realizada por: https://twitter.com/tomasgalvanm

¿Qué tienen en común los grandes proyectos católicos en la Red?

María González Zabal afirma que las iniciativas católicas también pueden triunfar en Internet.
Taller y materiales disponibles en http://imision.org/ijornada
Entrevista realizada por https://twitter.com/tomasgalvanm

miércoles, 23 de marzo de 2016

¿Cómo pueden los católicos responder a los actos de terrorismo? Esta es una guerra que debe ser peleada con las armas espirituales y no meramente con las armas militares


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Bianca Dagheti-CC

Robert Fastiggi, profesor de teología en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón en Detroit, ha escrito en la edición de esta semana de The Sunday Visitor una oportunísima reflexión sobre lo que deben hacer los católicos –siguiendo las reacciones inmediatas de sus líderes espirituales, como el Papa Francisco—tras los acontecimientos de horror y barbarie que se vivieron el pasado 13 de noviembre en cafés, restaurantes, salas de conciertos y en las inmediaciones de un estadio de futbol en París.
Oración y cercanía con las víctimas
Para Fastiggi la primera de todas las reacciones de los católicos ha sido y debe ser la solidaridad y la oración. “La primerísima respuesta debería ser una expresión de solidaridad y cercanía con las víctimas de la violencia”, dice el profesor estadunidense, y cita al Papa Francisco que apenas enterarse de los acontecimientos de París expresó su cercanía con las familias de las víctimas y aseguró su oración por todos ellos.
Después, en noviembre 15, en el rezo del Ángelus, el Papa, dice Fastiggi, pidió a todos los que estaban en la Plaza San Pedro y a quienes lo siguen a través de los medios en todos el mundo que se unieran a él para construir una defensa de las víctimas de la tragedia e implorar sobre ellas la misericordia de Dios, haciendo un especial llamado a la Virgen María para proteger y velar sobre la bienamada Francia, la hija de la Iglesia, y sobre toda Europa y el mundo.
Condenar el mal
La siguiente conducta que deberían observar los católicos, según los ejemplos y la doctrina analizados por el articulista de The Sunday Visitor es condenar el mal. “Matar personas inocentes, cualquiera que sea la motivación, debe ser absoluta e incondicionalmente condenado”.
El Papa Francisco describió el terrorismo en París como un “inefable ataque a la dignidad de la persona humana”. Tras recordar que el camino de la violencia no resuelve nada, el Pontífice usó el lenguaje fuerte del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia católica (2004) en el que se señalaba que “es una profanación y una blasfemia usar el nombre de Dios para llevar a cabo un atentado terrorista”.
El Papa san Juan Pablo II usó un lenguaje similar cuando, en el Mensaje Mundial de la Paz de 2002, aseveró que “ningún líder religioso puede contribuir a la condonación del terrorismo y mucho menos orar por él”.
Moderación, temperancia, control
Otra de las acciones que los católicos podrían proponer frente a este tipo de ataques a la persona inocente, de crímenes gratuitos, de terror infundado e inexplicable, es evitar la extensión del odio y de la venganza como una actitud lógica ante los extremistas.
Lo que pasó en París –dice Fastiggi—y otros actos de terrorismo pueden llevarnos, fácilmente, a la ira y a la venganza contra quienes lo cometieron o contra sus comunidades de origen. El teólogo del Seminario Mayor de Detroit recuerda que el día siguiente de los ataques, el arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois oró por que los franceses tuvieran la gracia de un corazón firme, alejado del odio.
El arzobispo parisino pidió seguir en la senda de la “moderación, la temperancia y el control”, para resistir la posibilidad de caer en la tentación de medir a los musulmanes con la misma vara que se mide a los terroristas.
Para finalizar su reflexión, Robert Fastiggi subrayó la idea de que los católicos deberían estar dispuestos a reforzar el trabajo de quienes se dedican a buscar la paz en el mundo y desechar la idea de que solamente se les puede resistir (a los terroristas) con mayor dosis de violencia. Pero, lo más importante, es confiar en Cristo.
“Nosotros entendemos –como católicos—que esta es una guerra que debe ser peleada con las armas espirituales y no meramente con las arma militares” Y, finalmente, señala que deberíamos estar pidiendo siempre la poderosa intercesión de la Virgen María, la Reina de la Paz, y encontrar esperanza en las palabras de Cristo en el sentido de que en el mundo tendremos problemas, pero que no desesperemos, pues Él ha conquistado al mundo.