Mostrando entradas con la etiqueta 2016. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2016. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de mayo de 2016

¿Evangelizar en Internet? aquí algunas respuestas de expertos

imision
(iMisión, Madrid) Presentamos algunos videos de preguntas y respuestas rápidas sobre temáticas de la Evangelización en la cultura digital. Los videos fueron realizados por i-misión en el marco de su jornada de estudio y formación realizado en madrid el pasado mes de abril.

“El cambio se da en el corazón del hombre, no en las aplicaciones.”

Paulina Núñez argumenta cómo y por qué los smartphones y las tabletas pueden (y deben) ser aliados en la nueva evangelización.
– Taller y materiales disponibles en http://imision.org
– Entrevista realizada por:  https://twitter.com/tomasgalvanm

Ejemplos de buena reputación digital

Marga Cabrera, profesora en la Universidad Politécnica de Gandía, dio las claves para crear una buena marca personal en Internet.
Avisamos: no es cosa de un día
– Taller y materiales disponible en www.imision.org/ijornada
– Entrevista realizada por: https://twitter.com/tomasgalvanm

Evangelizar en Internet, una realidad con mucho corazón.

Soledad López asegura que la evangelización digital es ya una realidad y aconseja cómo llegar a nuestros seguidores.
Taller y materiales disponibles en http://imision.org
Entrevista realizada por: https://twitter.com/tomasgalvanm

¿Qué tienen en común los grandes proyectos católicos en la Red?

María González Zabal afirma que las iniciativas católicas también pueden triunfar en Internet.
Taller y materiales disponibles en http://imision.org/ijornada
Entrevista realizada por https://twitter.com/tomasgalvanm

martes, 17 de mayo de 2016

iMisión, el grupo de católicos pioneros en hablar de Dios en Internet




El Papa usa tablets, se hace selfies y emplea las nuevas tecnologías para comunicarse con personas que están al otro lado del planeta. Además su cuenta de Twitter tiene millones de followers y ahora ha emprendido una nueva aventura en Instagram.

Francisco, con su ejemplo, muestra cómo se puede llegar a los demás salvando cualquier distancia. Algo a lo que se dedica la plataforma iMisión.

XISKYA VALLADARES
Fundadora, iMisión
"iMisión es sobre todo un grupo de católicos de todo tipo, de todo tipo de carisma, de todo tipo de estado, -religiosas, sacerdotes, matrimonios-, dedicados a la evangelización digital, sobre todo especialmente a través de las redes sociales”.

En estos más de 3 años de actividad han conseguido movilizar a través de las redes sociales a miles de personas para buenas causas, como ayudar a los cristianos perseguidos en Oriente Medio. También organizan talleres prácticos para aprender a navegar en la red.

SUSANA HERRERA 
iMisión
"El propio feedback que hemos recibido durante la jornada, bien presencialmente o a través de las redes, en Twitter, mensajes que nos llegan privados, por correo electrónico, por nuestros whatsapp, pues han sido un impulso grande para certificar que estamos en el lugar”.

Internet es un nuevo espacio para compartir y conocer, por eso, dicen que no podía faltar el mensaje de esperanza del Evangelio. Aunque sea en los 140 caracteres de Twitter o en un breve mensaje en Facebook es posible hacer mucho bien.

DANIEL PAJUELO
Fundador, iMisión 
"Una persona que hace no mucho me escribió por privado. Es una historia muy dura porque su padre se suicidó. Nos conoció a través de una campaña que hicimos en iMisión en Twitter y empezó a seguir mi perfil. Encontró una canción de mi grupo que había compartido sobre la alegría en tiempos difíciles y me contó emocionado lo que le había ayudado en este momento de su vida”.

Porque en el continente digital no hay fronteras, ahora el proyecto se va a extender a América Latina.

JAVIER ROSETE
iMisión
"Es una necesidad. Ser pastores 2.0., hacer una comunidad digital en donde todos podamos compartirnos y ganar espacios en Internet es muy necesario”.

Cualquier persona puede unirse a iMisión y ser iMisionero. En el siglo XXI para llevar el mensaje del evangelio por el mundo se necesitan pocas herramientas, es cuestión de tener un buen smartphone y habilidad con el teclado.

Las dieciocho iglesias más hermosas de España. Estos templos han sido declarados, por la UNESCO, patrimonio de la humanidad

A lo largo y ancho de España, la Iglesia católica preserva y mantiene 3.168 bienes de interés cultural. De esos más de tres mil, dieciocho han recibido la máxima distinción otorgada por la UNESCO: la de ser Patrimonio de la Humanidad.
Estos dieciocho sitios (catedrales, monasterios, monumentos religiosos) generan más de 225.300 empleos, y representan el 2,17% del PIB del país, de acuerdo a datos recogidos por el diario ABC de España. Aquí, hemos querido compartir con ustedes una serie de fotografías de estos edificios.

Monasterios de San Millán de Yuso y Suso, en La Rioja:

El Monasterio de Suso, en la montaña, mezcla los estilos románico y mozárabe, mientras que el de Yuso acoge las reliquias de San Millán de la Cogolla
El Monasterio de Suso, en la montaña, mezcla los estilos románico y mozárabe, mientras que el de Yuso acoge las reliquias de san Millán de la Cogolla

Catedral de Cuenca:

La Catedral de Cuenca fue el primer templo gótico construido en España.
La Catedral de Cuenca fue el primer templo gótico construido en España.

El Alcázar de Sevilla:

En Sevilla, se encuentra el triángulo conformado por la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias.
En Sevilla, se encuentra el triángulo conformado por la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. 

Santa María del Naranco, Oviedo:

Santa María del Naranco es, sin duda, el más hermoso de los templos del llamado Románico Ibérico
Santa María del Naranco es, sin duda, el más hermoso de los templos del llamado Románico Ibérico

Catedral de Teruel, Aragón:

La Catedral de Teruel es un ejemplo excepcional de arquitectura mudéjar.
La Catedral de Teruel es un ejemplo excepcional de arquitectura mudéjar. 

La antigua Catedral de Toledo:

Entre los muros de Toledo se agolpan más de dos mil años de historia
Entre los muros de Toledo se agolpan más de dos mil años de historia

Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona:


Las iglesias del Valle de Boí:

En el Valle de Boí (Lérida), hay ocho iglesias (las de Sant Climent y Santa Maria de Taüll y las de Coll, Barruera, Durro, Boí, Erill la Vall y Cardet) y una ermita (Sant Quirc).
En el Valle de Boí (Lérida), hay ocho iglesias (las de Sant Climent y Santa Maria de Taüll y las de Coll, Barruera, Durro, Boí, Erill la Vall y Cardet) y una ermita (Sant Quirc).

San Cristóbal de La Laguna, Tenerife:

Fundada en 1496 en la isla de Tenerife, en La Laguna  se descubren antiguos caserones de tradición mudéjar.
Fundada en 1496 en la isla de Tenerife, en La Laguna se descubren antiguos caserones de tradición mudéjar. 

La Catedral del Salvador en su Epifanía, Zaragoza:

La Seu, o Catedral de San Salvador, es una de las dos catedrales metropolitanas de Zaragoza, junto con la basílica y catedral del Pilar.
La Seu, o Catedral de San Salvador, es una de las dos catedrales metropolitanas de Zaragoza, junto con la basílica y catedral del Pilar.

El Monasterio de Poblet, Tarragona:

Al sur del Cataluña, en Vimbodí, se encuentra una de las abadías cistercienses más grandes y completas del mundo, el Monasterio tarraconense de Poblet.
Al sur del Cataluña, en Vimbodí, se encuentra una de las abadías cistercienses más grandes y completas del mundo, el Monasterio tarraconense de Poblet. 

Las catedrales de Salamanca (vieja y nueva):

La Plaza Mayor y las catedrales de Salamanca (Vieja y Nueva).
La Plaza Mayor y las catedrales de Salamanca (Vieja y Nueva). 

Catedral del Salvador de Ávila e iglesias extramuros:

Ávila, su Catedral de San Salvador y edificios como la Casa de los Dávila, el Convento de Santa Teresa, y las iglesias extramuros, todas ellas forman parte del Patrimonio de la Humanidad.
Ávila, su Catedral de San Salvador y edificios como la Casa de los Dávila, el Convento de Santa Teresa, y las iglesias extramuros, todas ellas forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

La Catedral de Santiago de Compostela

En plena Plaza del Obradoiro, la Catedral de Santiago es una de las cumbres del arte ibérico, con su famoso Pórtico de la Gloria.
En plena Plaza del Obradoiro, la Catedral de Santiago es una de las cumbres del arte ibérico, con su famoso Pórtico de la Gloria.

Real Monasterio y Sitio de El Escorial:

Felipe II ordenó levantar el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial para acoger los restos mortales de su padre, Carlos V.
Felipe II ordenó levantar el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial para acoger los restos mortales de su padre, Carlos V. 

Real Monasterio Santa María de Guadalupe, en Cáceres:

 Este monasterio mezcla los estilos gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico, de los siglos XIII al XVIII. Fue el escenario de la solicitud de financiación de Cristóbal colón para su expedición a las Indias.
Este monasterio mezcla los estilos gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico, de los siglos XIII al XVIII. Fue el escenario de la solicitud de financiación de Cristóbal colón para su expedición a las Indias.

Catedral de Burgos:

La Catedral de Santa María de Burgos comenzó a construirse en el siglo XIII (año 1221), al mismo tiempo que la de las grandes catedrales francesas de la región de París, y finalizó en el siglo XV. En ella se halla la tumba del Cid.
La Catedral de Santa María de Burgos comenzó a construirse en el siglo XIII (año 1221), al mismo tiempo que la de las grandes catedrales francesas de la región de París, y finalizó en el siglo XV. En ella se halla la tumba del Cid. 

La Catedral de la Asunción de Nuestra Señora (la Mezquita de Córdoba):

Se empezó a construir como mezquita en el año 785, con la apropiación y reutilización de los materiales de la basílica hispano-romana de San Vicente Mártir, que se hallaba en su lugar, por los conquistadores musulmanes. Tras la reconquista cristiana de Córdoba en 1236, Fernando III de Castilla convirtió la mezquita en catedral.
Se empezó a construir como mezquita en el año 785, con la apropiación y reutilización de los materiales de la basílica hispano-romana de San Vicente Mártir, que se hallaba en su lugar, por los conquistadores musulmanes. Tras la reconquista cristiana de Córdoba en 1236, Fernando III de Castilla convirtió la mezquita en catedral.

domingo, 15 de mayo de 2016

Cuidado con las mujeres. Por Carmelo J. Pérez Hernández

Yo no sé qué tiene la caverna, que es abrir la boca el Papa y ya los tienes ahí, lanzándole dardos envenenados. Pues eso: lo de las mujeres diaconisas. Que si vaya locura, que si mira qué traición a la Historia de la Iglesia, que si la sana doctrina, que si esto va a causar un cisma. Haya paz. Más allá de los agoreros de desgracias, lo que realmente ha ocurrido hasta el momento no da ni para medio gramo de herejía o de heterodoxia.
El Papa no ha anunciado que va a ordenar diaconisas. En realidad, ha contestado a una pregunta sobre el tema aceptando que se ponga en marcha una comisión que lo estudie. Podría suceder que el resultado de tales pesquisas fuera que nones.
No se trata de un perrenque que le ha dado al Pontífice: otros muchos prelados de gran altura intelectual y humana le habían sugerido ya algo parecido.
Éste no es un tema de feminismos o machismos, que son dos tontunas que distorsionan la verdad de las cosas. La intención es buscar la fidelidad a Dios y a los hombres, dos retos que se gestan en el tiempo. La lealtad a la fe de nuestros tataratatarabuelos es un regalo heredado y un desafío para que también esta generación indague cuál es la voluntad de Dios sobre su Iglesia. Creer no es sólo realizar labores de conservación patrimonial, sino que exige estar permanentemente en camino.
El argumento de que el momento histórico en el que vivió Jesús le impedía ordenar mujeres, que por eso no hemos heredado esa costumbre y que, como esos tiempos han pasado, ya es momento de hacerlo… a mí me parece insuficiente, flojito. Hay razones de más peso histórico y doctrinal para justificar que la reflexión sobre el tema siga abierta con esperanza y sin prejuicios.

¿Por qué ahora? Porque al Papa le preocupa la situación de las mujeres en general y en la comunidad en particular. “Sufro cuando veo en la Iglesia o en algunas organizaciones eclesiales que la función de servicio de la mujer se transforma en un papel de servidumbre”, se dolió un día.
Por eso ahora, que es tan buen momento como cualquier otro. Porque para el Papa las mujeres no son un argumento electoral intercambiable, ni un instrumento para alimentar el decadente desquite entre géneros. Y, aunque hemos dado grandes pasos en la Iglesia, la situación es aún injusta. Opino.
Tenemos un Papa que no teme a la verdad y por eso no tiene miedo al diálogo y a la confrontación de ideas. No se esconde tras una sotana para que le sirva de escudo contra las preguntas del mundo.
Hablar, dialogar, estudiar con sincero deseo de alcanzar la verdad… y dejar luego que el que ejerce de guía decida. Eso es lo que nos aleja de convertirnos en unos talibanes católicos, enredados en paranoias de corto recorrido. El que lleva el timón mira al frente sin perder de vista lo que ocurre alrededor. Y eso es lo que propicia tantos momentos de Francisco que pasarán a la Historia.

viernes, 6 de mayo de 2016

Premio Carlomagno: Discurso completo del Papa Francisco



Ilustres señoras y señores: 

Les doy mi cordial bienvenida y gracias por su presencia. Agradezco especialmente sus amables palabras a los señores Marcel Philipp, Jürgen Linden, Martin Schulz, Jean-Claude Juncker y Donald Tusk. Deseo reiterar mi intención de ofrecer a Europa el prestigioso premio con el cual he sido honrado: no hagamos un mero un gesto celebrativo, sino que aprovechemos más bien esta ocasión para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente. 

La creatividad, el ingenio, la capacidad de levantarse y salir de los propios límites pertenecen al alma de Europa. En el siglo pasado, ella ha dado testimonio a la humanidad de que un nuevo comienzo era posible; después de años de trágicos enfrentamientos, que culminaron en la guerra más terrible que se recuerda, surgió, con la gracia de Dios, una novedad sin precedentes en la historia. Las cenizas de los escombros no pudieron extinguir la esperanza y la búsqueda del otro, que ardían en el corazón de los padres fundadores del proyecto europeo. Ellos pusieron los cimientos de un baluarte de la paz, de un edificio construido por Estados que no se unieron por imposición, sino por la libre elección del bien común, renunciando para siempre a enfrentarse. Europa, después de muchas divisiones, se encontró finalmente a sí misma y comenzó a construir su casa. 

Esta «familia de pueblos», que entretanto se ha hecho de modo meritorio más amplia, en los últimos tiempos parece sentir menos suyos los muros de la casa común, tal vez levantados apartándose del clarividente proyecto diseñado por los padres. Aquella atmósfera de novedad, aquel ardiente deseo de construir la unidad, parecen estar cada vez más apagados; nosotros, los hijos de aquel sueño estamos tentados de caer en nuestros egoísmos, mirando lo que nos es útil y pensando en construir recintos particulares. Sin embargo, estoy convencido de que la resignación y el cansancio no pertenecen al alma de Europa y que también «las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad».

En el Parlamento Europeo me permití hablar de la Europa anciana. Decía a los eurodiputados que en diferentes partes crecía la impresión general de una Europa cansada y envejecida, no fértil ni vital, donde los grandes ideales que inspiraron a Europa parecen haber perdido fuerza de atracción. 

Una Europa decaída que parece haber perdido su capacidad generativa y creativa. Una Europa tentadade querer asegurar y dominar espacios más que de generar procesos de inclusión y de transformación;una Europa que se va «atrincherando» en lugar de privilegiar las acciones que promueven nuevos dinamismos en la sociedad; dinamismos capaces de involucrar y poner en marcha todos los actores sociales (grupos y personas) en la búsqueda de nuevas soluciones a los problemas actuales, que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos; una Europa que, lejos de proteger espacios, se convierta en madre generadora de procesos (cf. Evangelii gaudium, 223). 

¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos? 

El escritor Elie Wiesel, superviviente de los campos de exterminio nazis, decía que hoy en día es imprescindible realizar una «transfusión de memoria». Es necesario «hacer memoria», tomar un poco de distancia del presente para escuchar la voz de nuestros antepasados. La memoria no sólo nos permitirá que no se cometan los mismos errores del pasado (cf. Evangelii gaudium, 108), sino que nos dará acceso a aquellos logros que ayudaron a nuestros pueblos a superar positivamente las encrucijadas históricas que fueron encontrando. La transfusión de memoria nos libera de esa tendencia actual, con frecuencia más atractiva, a obtener rápidamente resultados inmediatos sobre arenas movedizas, que podrían producir «un rédito político fácil, rápido y efímero, pero que no construyen la plenitud humana» (ibíd. 224). 

A este propósito, nos hará bien evocar a los padres fundadores de Europa. Ellos supieron buscar vías alternativas e innovadoras en un contexto marcado por las heridas de la guerra. Ellos tuvieron la audacia no sólo de soñar la idea de Europa, sino que osaron transformar radicalmente los modelos que únicamente provocaban violencia y destrucción. Se atrevieron a buscar soluciones multilaterales a los problemas que poco a poco se iban convirtiendo en comunes. 

Robert Schuman, en el acto que muchos reconocen como el nacimiento de la primera comunidad europea, dijo: «Europa no se hará de una vez, ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho». Precisamente ahora, en este nuestro mundo atormentado y herido, es necesario volver a aquella solidaridad de hecho, a la misma generosidad concreta que siguió al segundo conflicto mundial, porque —proseguía Schuman— «la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan». Los proyectos de los padres fundadores, mensajeros de la paz y profetas del futuro, no han sido superados: inspiran, hoy más que nunca, a construir puentes y derribar muros. Parecen expresar una ferviente invitación a no contentarse con retoques cosméticos o compromisos tortuosos para corregir algún que otro tratado, sino a sentar con valor bases nuevas, fuertemente arraigadas. Como afirmaba Alcide De Gasperi, «todos animados igualmente por la preocupación del bien común de nuestras patrias europeas, de nuestra patria Europa», se comience de nuevo, sin miedo un «trabajo constructivo que exige todos nuestros esfuerzos de paciente y amplia cooperación».

Esta transfusión de memoria nos permite inspirarnos en el pasado para afrontar con valentía el complejo cuadro multipolar de nuestros días, aceptando con determinación el reto de «actualizar» la idea de Europa. Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar. 

Capacidad de integrar 

Erich Przywara, en su magnífica obra La idea de Europa, nos reta a considerar la ciudad como un lugar de convivencia entre varias instancias y niveles. Él conocía la tendencia reduccionista que mora en cada intento de pensar y soñar el tejido social. La belleza arraigada en muchas de nuestras ciudades se debe a que han conseguido mantener en el tiempo las diferencias de épocas, naciones, estilos y visiones. Basta con mirar el inestimable patrimonio cultural de Roma para confirmar, una vez más, que la riqueza y el valor de un pueblo tiene precisamente sus raíces en el saber articular todos estos niveles en una sana convivencia. Los reduccionismos y todos los intentos de uniformar, lejos de generar valor, condenan a nuestra gente a una pobreza cruel: la de la exclusión. Y, más que aportar grandeza, riqueza y belleza, la exclusión provoca bajeza, pobreza y fealdad. Más que dar nobleza de espíritu, les aporta mezquindad. 

Las raíces de nuestros pueblos, las raíces de Europa se fueron consolidando en el transcurso de su historia, aprendiendo a integrar en síntesis siempre nuevas las culturas más diversas y sin relación aparente entre ellas. La identidad europea es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural. 

La actividad política es consciente de tener entre las manos este trabajo fundamental y que no puede ser pospuesto. Sabemos que «el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas», por lo que se tendrá siempre que trabajar para «ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos» (Evangelii gaudium, 235). Estamos invitados a promover una integración que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas, el modo de construir la historia. Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generación de oportunidades para que todos los habitantes de nuestras ciudades —y de muchas otras ciudades— puedan desarrollar su vida con dignidad. El tiempo nos enseña que no basta solamente la integración geográfica de las personas, sino que el reto es una fuerte integración cultural. 

De esta manera, la comunidad de los pueblos europeos podrá vencer la tentación de replegarse sobre paradigmas unilaterales y de aventurarse en «colonizaciones ideológicas»; más bien redescubrirá la amplitud del alma europea, nacida del encuentro de civilizaciones y pueblos, más vasta que los actuales confines de la Unión y llamada a convertirse en modelo de nuevas síntesis y de diálogo. En efecto, el rostro de Europa no se distingue por oponerse a los demás, sino por llevar impresas las características de diversas culturas y la belleza de vencer todo encerramiento. Sin esta capacidad de integración, las palabras pronunciadas por Konrad Adenauer en el pasado resonarán hoy como una profecía del futuro: «El futuro de Occidente no está amenazado tanto por la tensión política, como por el peligro de la masificación, de la uniformidad de pensamiento y del sentimiento; en breve, por todo el sistema de vida, de la fuga de la responsabilidad, con la única preocupación por el propio yo».

Capacidad de diálogo 

Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es esta: diálogo. Estamos invitados a promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social. La cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado. Para nosotros, hoy es urgente involucrar a todos los actores sociales en la promoción de «una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones» (Evangelii gaudium, 239). La paz será duradera en la medida en que armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo, les enseñemos la buena batalla del encuentro y la negociación. De esta manera podremos dejarles en herencia una cultura que sepa delinear estrategias no de muerte, sino de vida, no de exclusión, sino de integración. 

Esta cultura de diálogo, que debería ser incluida en todos los programas escolares como un eje transversal de las disciplinas, ayudará a inculcar a las nuevas generaciones un modo diferente de resolver los conflictos al que les estamos acostumbrando. Hoy urge crear «coaliciones», no sólo militares o económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas. Coaliciones que pongan de relieve cómo, detrás de muchos conflictos, está en juego con frecuencia el poder de grupos económicos. Coaliciones capaces de defender las personas de ser utilizadas para fines impropios. Armemos a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro. 

Capacidad de generar 

El diálogo, y todo lo que este implica, nos recuerda que nadie puede limitarse a ser un espectador ni un mero observador. Todos, desde el más pequeño al más grande, tienen un papel activo en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada. Esta cultura es posible si todos participamos en su elaboración y construcción. La situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamamiento a la responsabilidad personal y social. 

En este sentido, nuestros jóvenes desempeñan un papel preponderante. Ellos no son el futuro de nuestros pueblos, son el presente; son los que ya hoy con sus sueños, con sus vidas, están forjando el espíritu europeo. No podemos pensar en el mañana sin ofrecerles una participación real como autores de cambio y de transformación. No podemos imaginar Europa sin hacerlos partícipes y protagonistas de este sueño. 

He reflexionado últimamente sobre este aspecto, y me he preguntado: ¿Cómo podemos hacer partícipes a nuestros jóvenes de esta construcción cuando les privamos del trabajo; de empleo digno que les permita desarrollarse a través de sus manos, su inteligencia y sus energías? ¿Cómo pretendemos reconocerles el valor de protagonistas, cuando los índices de desempleo y subempleo de millones de jóvenes europeos van en aumento? ¿Cómo evitar la pérdida de nuestros jóvenes, que terminan por irse a otra parte en busca de ideales y sentido de pertenencia porque aquí, en su tierra, no sabemos ofrecerles oportunidades y valores? 

«La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral».

Si queremos entender nuestra sociedad de un modo diferente, necesitamos crear puestos de trabajo digno y bien remunerado, especialmente para nuestros jóvenes. Esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad. Pienso, por ejemplo, en la economía social de mercado, alentada también por mis predecesores (cf. Juan Pablo II, Discurso al Embajador de la R. F. de Alemania, 8 noviembre 1990). Pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación y el préstamo con interés, a una economía social que invierta en las personas creando puestos de trabajo y cualificación. 

Tenemos que pasar de una economía líquida, que tiende a favorecer la corrupción como medio para obtener beneficios, a una economía social que garantice el acceso a la tierra y al techo por medio del trabajo como ámbito donde las personas y las comunidades puedan poner en juego «muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el desarrollo de capacidades, el ejercicio de los valores, la comunicación con los demás, una actitud de adoración. Por eso, en la actual realidad social mundial, más allá de los intereses limitados de las empresas y de una cuestionable racionalidad económica, es necesario que "se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo [...] para todos». (Laudato si’,127).

Si queremos mirar hacia un futuro que sea digno, si queremos un futuro de paz para nuestras sociedades, solamente podremos lograrlo apostando por la inclusión real: «esa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario». Este cambio (de una economía líquida a una economía oportunidades concretas de integración e inclusión, sino que nos abrirá nuevamente la capacidad de soñar aquel humanismo, del que Europa ha sido la cuna y la fuente.

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todavía rica de energías y de potencialidades. Su tarea coincide con su misión: el anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima. Dios desea habitar entre los hombres, pero puede hacerlo solamente a través de hombres y mujeres que, al igual que los grandes evangelizadores del continente, estén tocados por él y vivan el Evangelio sin buscar otras cosas. Sólo una Iglesia rica en testigos podrá llevar de nuevo el agua pura del Evangelio a las raíces de Europa. En esto, el camino de los cristianos hacia la unidad plena es un gran signo de los tiempos, y también la exigencia urgente de responder al Señor «para que todos sean uno» (Jn 17,21). 

Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, «un proceso constante de humanización», para el que hace falta «memoria, valor y una sana y humana utopía. Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y protega los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía.

El Papa: ‘El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia’

En la Vigilia ‘Enjugar las lágrimas’, el Santo Padre escucha conmovedores testimonios, reza por los males del mundo y recuerda que la oración es la verdadera medicina para nuestro sufrimiento.

Francisco a los pies de la reliquia de las lágrimas de la Virgen de Siracusa
Francisco A Los Pies De La Reliquia De Las Lágrimas De La Virgen De Siracusa 
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- Tenemos necesidad de la misericordia, del consuelo que viene del Señor. Todos lo necesitamos; es nuestra pobreza, pero también nuestra grandeza: invocar el consuelo de Dios, que con su ternura viene a secar las lágrimas de nuestros ojos. Así lo ha indicado el papa Francisco en su predicación tras los conmovedores testimonios que han protagonizado la vigilia “Enjugar las lágrimas” en la Basílica de San Pedro, celebrada en el marco del Año Jubilar haciendo referencia a una de las obras de misericordia ‘consolar al triste’. 
La familia Pellegrino fue tocada por el drama del suicidio de un hijo de 15 años. La historia de Felix Qaiser, refugiado político, periodista pakistaní católico que huyó a Italia para proteger a su familia. Maurizio Fratamico con su hermano gemelo Enzo, cuya conversión marca la historia de Maurizio, que siendo con gran éxito trabajador turístico perdió el sentido de la vida y que ahora lo ha encontrado de nuevo. 
El Santo Padre ha querido recordar que en los momentos de tristeza, en el sufrimiento de la enfermedad, en la angustia de la persecución y en el dolor por la muerte de un ser querido, “todo el mundo busca una palabra de consuelo”. Sentimos una gran necesidad de que alguien esté cerca y sienta compasión de nosotros, ha precisado. Asegurando que la razón por sí sola no es capaz de iluminar nuestro interior, de comprender el dolor que experimentamos y dar la respuesta que esperamos, en esos momentos  “es cuando más necesitamos las razones del corazón, las únicas que pueden ayudarnos a entender el misterio que envuelve nuestra soledad”.
Al respecto ha observado “cuántas lágrimas se derraman a cada momento en el mundo; cada una distinta de las otras” que “juntas forman como un océano de desolación, que implora piedad, compasión, consuelo”. Las más amargas –ha advertido– son las provocadas por la maldad humana.
El Pontífice ha aseverado que en este sufrimiento “no estamos solos”. También Jesús “experimentó una profunda conmoción y rompió a llorar” cuando murió Lázaro. Al repecto, el Santo Padre ha observado que esta descripción del Evangelio “muestra cómo Jesús se une al dolor de sus amigos compartiendo su desconsuelo”. Lágrimas que a lo largo de los siglos “han lavado a muchas almas, han aliviado muchas heridas”.
Asimismo, ha recordado a los presentes que “si Dios ha llorado, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende”. El llanto de Jesús –ha añadido– es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos.
El Santo Padre ha explicado que ese llanto “enseña a sentir como propio el dolor de los demás, a hacerme partícipe del sufrimiento y las dificultades de las personas que viven en las situaciones más dolorosas”. Y ha añadido: “me provoca para que sienta la tristeza y desesperación de aquellos a los que les han arrebatado incluso el cuerpo de sus seres queridos, y no tienen ya ni siquiera un lugar donde encontrar consuelo”.
La oración –ha proseguido el Santo Padre– es la verdadera medicina para nuestro sufrimiento. La ternura de la mirada de Dios “nos consuela, la fuerza de su palabra nos sostiene, infundiendo esperanza”. En esta misma línea ha subrayado que “el amor de Dios derramado en nuestros corazones nos permite afirmar que, cuando se ama, nada ni nadie nos apartará de las personas que hemos amado”.
Para finalizar, ha indicado que la Madre de Jesús, con su manto “enjuga nuestras lágrimas”. Con su mano “nos ayuda a levantarnos y nos acompaña en el camino de la esperanza”.
A continuación, los presentes han escrito en un papel una intención de oración que han sido depositadas en unas cestas y entregadas en el altar para que se unan simbólicamente a la oración universal de los fieles.

domingo, 20 de marzo de 2016

¿Es pesada tu Cruz?

Dicen que no hay cristiano sin cruz.  La mía me pesa mucho. Y no me agrada, pero he aprendido a aceptarla. Es la cruz que Él eligió para mí.
Esta experiencia que estoy viviendo, con las dificultades que enfrento,  es difícil y  maravillosa a la vez.
La veo como un regalo del cielo, una caricia de Dios, mi padre.
Me permite a ver las cosas desde otra perspectiva y  valorar más cada instante de vida.
He comprendido algo importante, a pesar de la adversidad que enfrentamos… ¡Cuánto bien podemos hacer! 
Por lo pronto me he alejado del mundo para dedicarme a mi familia,  a la búsqueda de Dios y la oración.
Entre tanto escribo, anoto mis experiencias con la esperanza que te ayuden a ti y  a otros, para que puedan salir adelante en medio de  los conflictos que enfrentan.
Sé que saldré de este torbellino, no lo dudo. Dios me ayudará, me mostrará el camino. Y cuando ocurra lo compartiré contigo. Te mostraré cómo lo hice.
¿Qué te sugiero ahora? Ofrece, reza y confía.
En el diario de sor Faustina leí estas palabras de Jesús: “Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá”.
Es maravilloso, como si Jesús te dijera: “Confía, del resto me encargo yo”.
Sabiendo esto, dependerá de ti lo que hagas, el camino que elijas.
  Hay un secreto que aprendí de los santos:
“ACUDIR A LA VIRGEN MARÍA”.
No pierdas la capacidad de soñar y creer en la bondad de las personas.
Nunca pierdas esa esperanza. 
Dios te ve desde el cielo, y su sueño, su mayor ilusión, eres tú.
Me gusta pensar en estas palabras que una vez leí de Chiara Lubich la fundadora del Movimiento de los Focolares: “Sé el primero en dar el paso del amor”.
Si me preguntaras qué hacer, cómo salir de esta angustia que te corroe por dentro, ese dolor que te llega al alma, te respondería sin dudarlo:
“Ama de primero”.
El que es capaz de amar se desprende de sí mismo, olvida sus problemas y se dedica a consolar.
 El que ama es capaz de transformar el mundo.
……………………………
Empieza la Semana Santa y nos quejamos de lo pesada que es nuestra cruz.
Lo he pensado mucho y he llegado a esta conclusión:
“No es un sufrimiento lo que vives, es un encuentro con Dios… “.
…………..


Te recomendamos esta hermosa reflexión sobre la cruz


También nos gustaría sugerirte algunos libros de espiritualidad para estos días santos.
“Nada hace tanto bien al alma con la lectura de un buen libro”.



SEMANA SANTA 2016 VATICANO

SEMANA SANTA EN ROMA, SANTO PADRE, Pincha el enace y podrás tener el horario de las celebraciones.

lunes, 7 de marzo de 2016

RESURRECCIÓN: ¿QUÉ ES RESUCITAR?


LA RESURRECCIÓN EN LA BIBLIA
La Resurrección es un hecho fundamental en la fe del cristiano que debe ser conocido y profundizado por todo creyente, particularmente en el tiempo pascual. Intentaremos en este estudio desglosar los distintos significados enmarcados por el mismo término e investigar su riqueza:


- Etimología:
El N.T. es el tomo de la Biblia donde más se habla de la Resurrección. Para ello se emplea el término griego Anástasis (resurrección), que está emparentado con Anastao (sacar, levantar). El vocablo castellano proviene del latín "Resurrectio", que también tiene el significado de resurgir. De manera que resucitar significaría levantarse, salir o ser sacado de entre los muertos. Los muertos yacen acostados, por eso volver a la vida se entiende como "levantarse".


- La resurrección como fenómeno:
El fenómeno de "volver a la vida" y la resurrección "bíblica" no son siempre la misma cosa, aunque están profundamente relacionados. En Gn 2, 7 se describe el origen de la vida: el cuerpo es moldeado de arcilla y lo que da la vida es el soplo vital, el ruaj o pneuma (a la vez aliento y espíritu, en hebreo y griego). La muerte entonces se entendería como en la separación del principio vital del cuerpo (…porque eres polvo y al polvo retornarás. Gn 3, 19). En consecuencia, la resurrección sería la reunión de la materia corpórea con el "principio animador" o alma (cf. 1 Re 17,17ss; 2 Re 4,18-37). La imagen más extrema de la "vuelta a la vida" en el sentido corpóreo está figurada en la profecía de Ezequiel 37, 1-10.



- La resurrección como esperanza en el A.T.:
Al explicar el origen del sufrimiento, el texto de Gn 3 establece una relación causa-efecto entre el pecado y la muerte. Todo lo que implicaba enfermedad o muerte era visto como producto del pecado, mientras que, por una analogía inversa, todo lo bueno (salud, prosperidad) era visto como señal de bendición. De allí se derivó en el antiguo Israel el concepto de teología retributiva, que quiere decir que Dios te da salud, descendencia y bienes materiales en la medida en que gozas de su favor por tus oraciones, sacrificios y ofrendas (un ejemplo de ello es el desconcierto de Job frente a la prueba: si Job era justo ¿por qué pierde todo?). El "punto débil" de la teología de la retribución está en la muerte: ¿acaso la mayor bendición no es la vida? ¿De qué te vale tener bienes si igual has de morir? Y si irremisiblemente mueres ¿para qué sirve vivir? ¿Qué sucede al creyente al morir? (Qo 3;12,7) ¿Qué diferencia existiría entonces entre ser bueno y ser malo si todos mueren igualmente? La inserción de estas reflexiones en el pensamiento teológico de Israel dio paso a una nueva etapa en la Revelación donde la muerte se empezó a entender como un nuevo estadio (el Seol) (Sir 17,25ss) y la resurrección se fue perfilando como una nueva esperanza (Is 26,19; OS 13,14) para los que son fieles a Yahvé. Dios se convierte entonces en el liberador de Israel de las garras de la muerte (Is 25,8). Esta certeza de una vida futura es ya un hecho en la época de los Macabeos (2 Ma 7).


- Jesús y la resurrección:
Sólo un profeta poderoso como Elías podía resucitar a un muerto. Jesús no solo resucitó a la hija de Jairo (Mt 9,18-26), sino que superó a Elías al resucitar un cadáver con 4 días de descomposición (Jn 11,39). También al morir Jesús, varios muertos resucitaron (Mt 27,52). Sin embargo lo más importante es que Jesús se identifica a sí mismo con la Resurrección (Jn 11,25-26) y tras anunciar su anunciar su futura resurrección (Mc 8,31) la ejecuta (Mt 28; Mc 16; Lc 24; Jn 20). La resurrección de Cristo no es solo una vuelta a la vida corpórea, sino un nuevo estado de vida en el cual Él posee un cuerpo real pero libre de las limitaciones materiales (come Lc 24,30.41-43; no está sometido al espacio ni al tiempo Mt 28,9.16-17; Lc 24,15.36; Jn 20,14.19.26;21,4; luce como desea Jn 20,14-15; Mc 16,12; Lc 24,16). Jesús conserva las señales de su Pasión, aunque no todas (Lc 24,40; Jn 20,20.27), sino solamente las que le fueron hechas en la cruz, pues su sacrificio es eterno y está eternamente ligado a la raza humana. Las víctimas ofrecidas en el altar del Templo se consumían, tras lo cual el oferente tenía la necesidad de una nueva víctima para expiar culpas futuras. Jesús conserva las señales que recibió en el altar de su sacrificio (la cruz); éstas no se borran porque el sacrificio de Cristo no es perecedero, sino que la ofrenda está siempre viva.
La Resurrección también implica el culmen de una misión. Al encarnarse Jesús se despoja de todo (Fil 2,6-8), al resucitar lo recobra todo por virtud de su entrega (Mt 28,18). A partir de ese momento es constituido Juez y Regente de todo lo creado (Ef 1,20-23). La Resurrección también inaugura una nueva forma de economía o relación entre Jesús y su Iglesia, donde la Escritura y la Eucaristía vivida en Comunidad son los elementos fundamentales de encuentro con el Resucitado (Lc 24,13-35).
La Resurrección y la Vida: un hecho curioso en la Resurrección es el famoso noli me tangere (no me toques) de Jn 20,17. Jesús no le dice a Magdalena "no me toques, que todavía no subo al Padre" como una prohibición de ser tocado. Tampoco lo dice porque era un fantasma. La traducción adecuada es "deja de tocarme, que todavía no subo al Padre". La subida definitiva se realiza en la Ascensión, pero Juan se refiere a otro hecho: Resucitar es volver a la vida, pero ¿qué es la vida? "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, al único Dios verdadero y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17,3). No basta volver a la vida corporal, hay que reunirse con el Padre para vivir realmente.


- La Resurrección para el creyente:
Apocalipsis habla de dos resurrecciones (Ap 20,1-6), la primera es una resurrección en un sentido espiritual. Resucitar es "levantarse" no solamente del sepulcro sino también del pecado (Ef 5,14). La primera resurrección hace mención al seguimiento voluntario, maduro y desinteresado de Jesucristo, que es en sí mismo una nueva vida orientada hacia las buenas obras (Rm 8,11.14-17), como sucedió con Pablo (Fil 3,8-16).
Todos resucitaremos en la segunda resurrección (es decir, la resurrección al final de los tiempo) lo creamos o no, pero el creyente que orienta su vida hacia Dios por la fe en la resurrección de Jesús (1 Co 15,1-34) resucitará para la vida eterna (1 Ts 4,14), en cambio el que se ponga voluntariamente en contra de Dios resucitará para la eterna condenación (Jn 5,29), que no es más que el dolor de la ausencia eterna de Dios en su vida. Por tanto, la vida plena que posee el resucitado se convierte en un elemento interpelador para nosotros ¿qué clase de vida queremos vivir? De la manera en que vivas tu vida en el presente dependerá tu vida eterna.
La segunda resurrección traerá para quien opte por Jesús una vida nueva, gloriosa, distinta y plena (1 Co 15, 35ss). Un cuerpo glorioso para una vida gloriosa.

Vea:
Muerte y fe cristiana: Mons. Romero Pose
Muerte y fe cristiana: Andrés Domínguez

Vea también:
Muerte: ¿Qué es la muerte para los católicos?
Resurrección: ¿Qué es resucitar?
Cadáver: etimología