Mostrando entradas con la etiqueta Vocación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vocación. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de mayo de 2017

Papa Francisco explica a un niño cómo se dio cuenta de que tenía vocación


"Sentí en mi corazón cuál era mi lugar en la vida"... Divertidas anécdotas de la infancia de Bergoglio

El Pontífice antes de explicar cómo le llegó la vocación sacerdotal compartió el momento en cual entendió que era negado para una pasión más terrenal: El fútbol…
“En mi tierra a  los que no se nos da bien el fútbol nos llaman “pata dura”. ¿Entendido? Yo era un pata dura, y por lo general era portero, para no moverme: era mi papel … No es una palabrota, se puede decir pata dura, no es una palabrota”.
Así respondió el papa Francisco a la pregunta de un niño en su visita a la parroquia de San Pier Damiani ai Monti di San Paolo, en Casal Bernocchi (Acilia) en la periferia sur de Roma este domingo 21 de mayo de 2017.
¿Cómo entendí la vocación? “Cada uno de nosotros tiene un lugar en la vida. Jesús quiere que uno se case, que forme una familia; quiere que otro sea sacerdote, otra monja … Pero cada uno  de nosotros tiene un camino en la vida. Y para la mayoría es que sean como vosotros, como todos los demás, como vuestros  padres: fieles laicos que forman una hermosa familia, que hacen que crezcan sus hijos, que hacen que crezca la  … Y yo estaba en una familia: éramos cinco hermanos, éramos felices.”, indicó.
El Papa encontró en el Centro Deportivo de Casal Bernocchi a los niños y niñas del catecismo. Durante el encuentro, ha respondido a algunas preguntas de los niños.
“Papá trabajaba, venía del trabajo … – en aquella época había   trabajo – y jugábamos … Una vez – os voy a contar algo que os hará reír, pero no hagáis lo que  os digo – hicimos  concurso para jugar a los paracaidistas, tomamos el paraguas y fuimos a la terraza y uno de mis hermanos se tiró el primero desde la terraza.
“¡Se salvó la vida por un pelo! Son juegos peligrosos… Pero éramos felices. ¿Por qué? Porque mamá y papá nos ayudaban a seguir adelante, en la escuela, y también se  preocupaban por nosotros. Es muy bonito, muy bonito … Escuchadme: en la vida es muy bonito estar casados, es muy bonito. Es muy bonito tener una familia, un padre y una madre, tener abuelos, tíos … ¿Lo habéis entendido? Es muy bonito, es una gracia. Y cada uno de vosotros tiene padres, abuelos, tíos,  tiene una familia”, abundó.
El Papa invitó a los jóvenes a ver a la familia como una “hermosa vocación”.
Además, habló de la vocación de los religiosas, las religiosas y los sacerdotes. “Pero también hay otra vocación: ser monja, ser sacerdote. Y un día sentí – pero de repente – tenía 16 años y sentí que el Señor quería que yo fuera un sacerdote. ¡Aquí estoy! Soy un sacerdote. Esta es la respuesta”.
El Pontífice dijo a los más pequeños que es una vocación que se siente en el corazón: “cuando un chico  siente en su corazón simpatía y luego la simpatía continúa, y siente amor por una chica y luego se hacen novios y luego se casan, así se siente en el corazón cuando el Señor dice: ‘Tienes que seguir  el camino para ser sacerdote’. Y así lo sentí yo. Cómo se sienten las cosas buenas de la vida. Porque es bueno”.

sábado, 23 de julio de 2016

¿La soltería es una vocación? ... o ¿estar soltero significa no estar comprometido?

¿Es la vida en soltería una vocación? Para responder a esta pregunta, primero tenemos que aclarar qué entendemos por “vida en soltería” y “vocación”.
Desde tiempos de los apóstoles, la Iglesia siempre ha valorado la libre elección del celibato o de no contraer matrimonio “para servicio del Reino de los Cielos” (Mateo 19:12).
Los primeros Padres de la Iglesia dejaron constancia de cómo tanto hombres como mujeres podían elegir sacrificar el gran don del matrimonio para centrarse en exclusiva en amar y servir al Señor.
Durante el transcurso de la historia de la Iglesia, dicha elección pasó a ser reconocida más oficialmente por el establecimiento de varias formas de vida consagrada, desde la antiquísima Orden de las Vírgenes hasta las últimas evoluciones de comunidades religiosas organizadas, pasando por el desarrollo de formas modernas de dedicación, como la pertenencia a institutos seculares.
Además, también es posible practicar una devoción completa al Señor a través de un compromiso exclusivamente privado, como ya hicieran tantos santos en la historia de la Iglesia.
Aun así, la mayoría de estudios contemporáneos sobre “la vida en soltería” no tratan formas reconocidas de vida consagrada (ni siquiera necesariamente formas informales de consagración de facto, como los votos privados), sino que suelen referirse a vidas laicas fuera del matrimonio que no participan de ningún compromiso deliberado.
En este caso la pregunta que cabe hacerse es: ¿puede considerarse una vocación legítima el simple hecho de permanecer soltero o soltera?
La palabra vocación significa “acción de llamar” y, en el contexto católico, una vocación es una llamada de Dios. Sin embargo, la palabra alberga otros matices y significados diferentes.
Tal vez el uso más frecuente del término “vocación” en nuestro contexto se produce en referencia a un llamamiento de Dios a hacer algo relativamente inusual, como entrar en el sacerdocio o en la vida consagrada.
También hay veces en que “vocación” puede significar una inspiración o una misión especial de Dios, como la fundación de una nueva comunidad religiosa.
En un sentido similar, un individuo podría experimentar una llamada especial y personal de Dios para vivir en soltería en pos de un propósito mayor, como una mayor libertad para involucrarse en actividades evangélicas u obras de misericordia.
Sin embargo, podríamos considerar este tipo de llamada personal especial para seguir soltero como algo bastante similar a la vida consagrada, tanto que dejaría de guardar relación con el concepto general que tenemos de la “vida en soltería” normalmente.
En algunos casos, también podríamos usar la palabra “vocación” para referirnos a una acción concreta que Dios pide de nosotros en nuestras circunstancias particulares.
Pudiera ser que, a causa de la situación vital específica de un individuo, permanecer soltero y sin compromiso sea un tipo de “vocación”, en tanto que supone una respuesta prudente a la voluntad de Dios.
Por ejemplo, una persona con unas responsabilidades familiares abrumadoras podría percibir con toda legitimidad que Dios le llama a permanecer soltero o soltera, al menos durante un tiempo.
Lo mismo podría decirse de los que luchan contra una enfermedad o contra una situación personal compleja.
Por otro lado, la palabra “vocación” a veces se usa como referencia abreviada al estado de vida de cada uno. “Estado de vida” es un término descriptivo que refiere a nuestra función y responsabilidades específicas dentro de la comunidad cristiana.
El estado de vida de un individuo puede describir su estatus marital, en términos de casado, soltero o viudo. También puede describir si uno es laico, ordenado o consagrado. Obviamente, “soltero laico” es claramente un estado de vida.
No obstante, a menudo la palabra “vocación” puede referirse al ingreso en un nuevo estado vital que implica un compromiso permanente y que, consecuentemente, exige adoptar todas las responsabilidades que se derivan del mismo.
Por ejemplo, una pareja casada realiza compromisos mutuos y es responsable del cuidado de los potenciales hijos que resulten de su unión; también, un sacerdote se compromete con su obispo y asume una serie de obligaciones derivadas de su ministerio.
En este sentido, sería difícil considerar una vocación la vida en soltería sin compromisos, puesto que sería una contradicción obvia el hecho de clasificar como una forma de compromiso el permanecer no comprometido.
Esto podría dar pie a otra pregunta: ¿deberíamos alentar a las personas a percibir una vocación en la vida en soltería sin compromiso de la misma forma que animamos a los jóvenes a distinguir una vocación en el sacerdocio o la vida consagrada o a estar abiertos a la vocación del matrimonio?
La respuesta parece ser un rotundo “no”, puesto que la Iglesia enseña que el auténtico florecer humano sólo puede surgir a través del amor abnegado y servicial.
Tal y como se declara en el documento Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, “el hombre (…) no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (GS24).
A la luz de esto, no tendría sentido guiar a los jóvenes hacia una vida de no compromiso deliberado.
Aun con todo lo dicho, a nivel pastoral es fundamental tener en mente que las personas solteras y sin compromiso no pueden ser consideradas nada menos que miembros de pleno derecho de la Iglesia.
En cualquier debate sobre la vocación, lo más importante es recordar que la principal vocación de todos los cristianos es el bautismo.
Incluso si la soltería sin compromiso en sí no es una vocación en el sentido normal de la palabra, los católicos solteros siguen estando llamados a la santidad y a la plenitud de la vida cristiana.

miércoles, 20 de abril de 2016

Una llamada, un cambio radical y… ¿la muerte en un terremoto? El relato de la vocación de la joven religiosa Clare Crockett adquiere una nueva dimensión tras el hallazgo de su cuerpo sin vida entre escombros en Ecuador

La hermana Clare Crockett fue encontrada sin vida entre escombros junto a otras cinco postulantes de las Siervas del Hogar de la Madre en Ecuador tras el terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter que afectó el país el pasado sábado.
Llevaba 15 años entregada a Dios. Entró a la congregación con 18 años y el nombre como religiosa que eligió fue Clare María de la Trinidad y del Corazón de María.
Su comunidad la recuerda como una “hermana generosísima con un don de simpatía muy especial y con un carisma único para tratar con niños y jóvenes”.
Ella misma fue la encargada de escribir el siguiente resumen de su vocación:
“Nací en una familia católica. Soy de una pequeña parcela del mundo que se llama Derry, en el norte de Irlanda. Cuando yo era pequeña, era un sitio donde los términos “católico” y “protestante” eran solamente políticos. Nacer en una familia católica no significaba necesariamente que ibas a Misa o tenías una formación en la fe católica. Los católicos, que querían una Irlanda unida, mataban a los protestantes y los protestantes, que no querían una Irlanda unida, mataban a los católicos. Para mí, eso es lo que significaba ser católica. Dios no tenía ningún papel en mi vida. En una sociedad donde prevalecía el odio, no había sitio para Dios.
Desde que era pequeña, quería ser actriz. Hacia los 15 años entré en una compañía de teatro y tenía un “manager”. Presentaba algunos programas de televisión, escribía teatros, hacía muchas actuaciones, ganaba premios y a los dieciocho años hice un pequeño papel en una película.
Me gustaba la fiesta. Desde los dieciséis o diecisiete años mis fines de semana consistían en emborracharme con mis amigos. Gastaba todo mi dinero en alcohol y cigarrillos. Un día, una de mis amigas me llamó: “Clare, -me dijo- ¿quieres ir a España gratis?“. “¡Un viaje gratis a España!” -pensé-, diez días de fiesta en España con sol. ¡Por supuesto que quería ir! Me dijo que todos los que iban se reunirían en una casa la semana siguiente.
Llegó el día y fui a la casa donde iban a estar mis amigos y entré en una habitación con gente de 40 y 50 años, todos con rosarios en las manos.
“¿Van a España?” -les pregunté-, casi con miedo de oír la respuesta que iban a dar con todo entusiasmo tres segundos después: “Sí, vamos a la peregrinación“.
Sí, queridos amigos, íbamos de peregrinación durante diez días. Intenté escaparme, pero mi nombre ya estaba en el billete y no hubo más remedio, tuve que ir. Ahora veo que fue la manera que usó la Virgen para traerme a casa, a su hogar, al de su Hijo.
La peregrinación fue durante la Semana Santa en un monasterio del siglo XVI. No era, ciertamente, lo que yo había imaginado cuando pensé en ir a España. Este encuentro de Semana Santa era con un grupo que se llamaba Hogar de la Madre y yo no quería estar allí.
Sin embargo, fue durante esta peregrinación cuando el Señor me dio la gracia de ver cómo Él había muerto por mí en la cruz. Después de recibir esta gracia, sabía que tenía que cambiar: “Si Él ha hecho esto por mí, ¿qué voy a hacer yo por Él?”.
Es tan fácil durante un retiro o cuando “sientes” el amor de Dios decirle: “Haré todo lo que me pidas”… Pero cuando “bajas del monte” no es tan fácil.
Las hermanas me invitaron a ir con ellas y otras chicas de peregrinación a Italia unos meses después.
Me fui, y a pesar de la actitud superficial durante la peregrinación, el Señor me habló muy claro. Quería que yo viviese en pobreza, castidad y obediencia como las hermanas.
Automáticamente le dije que me era imposible. “¡No puedo ser monja!”, dije, “No puedo dejar de beber, de fumar, de salir de fiesta, mi carrera, mi familia.”
Si Jesús nos pide que hagamos algo siempre nos da la fuerza y la gracia para hacerlo. Sin su ayuda nunca podría haber hecho lo que tuve que hacer para responder a su llamada y seguirle.
Después de saber que me llamaba, el Señor me dio otra gracia cuando estaba grabando la película en Inglaterra. Yo veía que aunque parecía que tenía todo, en realidad no tenía nada.
Me sentaba en la cama de la habitación del hotel y sentía un gran vacío. Estaba consiguiendo todo lo que siempre había deseado y no era feliz. Sabía que solamente haciendo lo que Dios quería para mí sería realmente feliz.
El Señor me mostró cuánto hería a su Sagrado Corazón mi estilo de vida alocado. Sabía que tenía que dejar todo y seguirle. Sabía con gran claridad que me pedía confiar en Él, poner mi vida en sus manos y tener fe.
Ahora estoy felizmente consagrada en las Siervas del Hogar de la Madre.
Nunca me deja de impresionar cómo el Señor trabaja en las almas, cómo puede transformar totalmente la vida de uno y conquistar su corazón. Agradezco al Señor la paciencia que ha tenido y que sigue teniendo conmigo.
No le pregunto por qué me ha elegido, simplemente acepto el que lo haya hecho. Dependo completamente de Él y de la Virgen María y les pido que me den la gracia de ser lo que quieren que sea”.

sábado, 16 de abril de 2016