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sábado, 10 de septiembre de 2016

Conoce al primer sacerdote en la historia de un país con solo 300 católicos Por Alvaro de Juana


Primer sacerdote originario de Tayikistán. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa - Instituto Verbo Encarnado

Tiene 25 años, se llama Orzú Saidshoev y hace poco se convirtió en el primer sacerdote nacido en Tayikistán, un joven país de mayoría musulmana donde según cifras oficiales hay poco más de 300 habitantes católicos.
El Padre Orzú recibió la ordenación sacerdotal el pasado 25 de junio en la pequeña ciudad de Montefiascone, en Italia, y en las próximas semanas viajará como misionero a Rusia a través de su comunidad, el Instituto del Verbo Encarnado, una de las pocas organizaciones católicas que existen allí.
La República de Tayikistán es un pequeño país de Asia Central que tiene una población de 8 millones de habitantes, de los cuales el 95% profesa el islamismo. En 1991 se independizó de la Unión Soviética. Su territorio limita con Afganistán, Uzbekistán, Kirguistán y China.
“Siento un poco de temor porque tengo una responsabilidad muy grande ya que soy el primero (sacerdote nacido en Tayikistán) y también mucha alegría porque es un camino muy alegre, un camino de santidad para salvar las almas. Es muy importante, como hicieron los misioneros de Argentina que estaban en Tayikistán, han evangelizado la misión y gracias a ellos es que yo estoy aquí”, dijo el presbítero a ACI Prensa durante una visita a Roma.
La pequeña población católica de Tayikistán tiene “dos parroquias, una de ellas en la capital Dusambé, también tenemos tres sacerdotes misioneros de Argentina, tres hermanas de nuestro Instituto y cuatro hermanas de Madre Teresa de Calcuta”.
Para el joven sacerdote, la convivencia con los musulmanes siempre ha ido “más o menos bien porque nosotros somos muy pocos”.
“No tenemos muchos problemas por eso, pero bien. Ellos nos respetan a nosotros y nosotros a ellos” aunque reconoce que a pesar de esta buena relación “no puedo evangelizar en público y tampoco puedo llevar sotana”, explicó.
“Pido la gracia de perseverar en este camino que no es fácil, es muy difícil, y también pido la gracia de poder salvar muchas almas, para ganar las almas y llevarlas al cielo. Eso es lo principal del ministerio sacerdotal y así también pido la gracia de que en Tayikistán pueda haber muchos cristianos y puedan convertirse”, aseguró el sacerdote.
A su ordenación asistió su madre, quien viajó desde Tayikistán para acompañar a su hijo en la celebración. “Estoy muy feliz, todo salió bien. Cuando regrese a casa iré a compartir mi alegría con mis amigos y mis hermanas”, indicó.

sábado, 28 de mayo de 2016

Dar testimonio de la misericordia de Dios Es importante y necesario dar testimonio de la misericordia de Dios para vivir como verdaderos discípulos de Jesucristo. Por: P. Johan Pacheco





(RV).- “Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo” (Jn 20, 21), dijo Jesucristo a sus discípulos enviándolos a ser anunciadores de su Divina Misericordia, capacitando así bajo la acción del Espíritu Santo la obra misionera de los apóstoles.
En la actualidad también se perciben puertas cerradas, como en aquella ocasión estaban los discípulos por miedo. Es un llamado para el bautizado, anunciar la Divina Misericordia siendo testigos de la paz que Cristo dona con la resurrección y viviendo la pascua con el deseo firme de la reconciliación.
En la bula Misericordiae Vultus el Papa Francisco recuerda las palabras de San Juan Pablo II que motiva “la urgencia de anunciar y testimoniar la misericordia en el mundo contemporáneo: Ella está dictada por el amor al hombre, a todo lo que es humano y que, según la intuición de gran parte de los contemporáneos, está amenazado por un peligro inmenso. El misterio de Cristo... me obliga al mismo tiempo a proclamar la misericordia como amor compasivo de Dios, revelado en el mismo misterio de Cristo. Ello me obliga también a recurrir a tal misericordia y a implorarla en esta difícil, crítica fase de la historia de la Iglesia y del mundo” (n. 11).
Hoy sigue siendo necesario implorar la misericordia de Dios, y dar testimonio de ella. Luego del encuentro de los discípulos con Jesús (Jn 20, 19-31), ellos empezaron a tener vida en Él, anunciando su palabra e imitando sus obras; ser testigos de la misericordia de Dios significa vivir como verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo.