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sábado, 10 de febrero de 2018

El Papa recuerda que el Evangelio y las homilías bien hechas son fundamentales en Misa

El Papa en la Audiencia General. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
La nueva catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles trató sobre el Evangelio y la homilía en Misa. A este respecto señaló que las homilías deben estar bien preparadas y no aburrir.
“El diálogo entre Dios y su pueblo, desarrollado en la Liturgia de la Palabra en la Misa, alcanza su culmen en la proclamación del Evangelio”, dijo al comienzo.
Francisco explicó que al igual que “los misterios de Cristo iluminan la revelación bíblica, así, en la Liturgia de la Palabra, el Evangelio constituye la luz para comprender el sentido de los textos bíblicos que lo preceden, sea del Antiguo o del Nuevo Testamento”.
El Papa recordó que su lectura “está reservada al ministro ordenado, que termina besando el libro”.  “En estos signos la asamblea reconoce la presencia de Cristo que dirige la ‘buena noticia’ que convierte y transforma”.
“En la Misa no leemos el Evangelio para saber cómo han sido las cosas, sino para tomar conciencia de aquello que Jesús ha hecho y ha dicho una vez, y Él continúa cumpliéndolo y diciéndolo ahora también para nosotros”.
En este sentido, recordó que “Cristo se sirve también de la palabra del sacerdote que, después del Evangelio, pronuncia la homilía”.
Francisco se detuvo en este punto y subrayó que “no es un discurso de circunstancia, ni una conferencia o una lección, sino un retomar el diálogo que ya era abierto entre el Señor y su pueblo para que encuentre cumplimiento en la vida”.
“Me decía un sacerdote una vez ­–contó el Papa– que fue a una ciudad donde vivían sus padres. Su padre le había dicho: ‘estoy contento porque con mis amigos hemos encontrado una iglesia donde se hace la Misa sin homilía’. ¡Cuántas veces vemos que en las homilías algunos se duermen, otros hablan, o se van fuera a fumar un cigarrillo! Por esto, por favor, que sea breve, aunque sea preparada. ¿Y cómo se prepara? Con la oración, con el estudio de la palabra de Dios, haciendo una síntesis clara”.
Además, manifestó que “quien hace la homilía debe realizar bien su ministerio, ofreciendo un servicio real a todos aquellos que participan en la Misa, pero también a los que escuchan”.
“La responsabilidad de quien hace la homilía se conjuga con la posibilidad, de quien está en los bancos, de hacer presente, de modo oportuno, las expectativas que la comunidad siente”. “No se trata de acusar, sino de ayudar, esto sí”, dijo el Papa. “¿Quién puede ayudar a los fieles que le son cercanos?”.
Por último, recordó que “el conocimiento de la Biblia favorece mucho la participación a la liturgia de la Palabra” y esto significa que “quien no lee habitualmente el Evangelio tiene más dificultad en escuchar y comprender la lectura de la Misa”.
Hablando de nuevo del Evangelio, afirmó que “si nos ponemos en la escucha de la ‘buena noticia’ seremos convertidos y transformados, capaces entonces de cambiarnos a nosotros mismos y al mundo”.  

viernes, 6 de octubre de 2017

¿Qué significa la vestimenta del sacerdote? Una guía práctica


Seguramente, si has prestado atención, puedes haber notado que las vestimentas de los sacerdotes van cambiando varias veces en el año. Es posible que te hayas preguntado el porqué de los colores y esto sería simple de explicar: cada color tiene un significado y no solo representa algo sino que también, en cierto sentido, nos mueve.
Alguna vez he asistido a misa y al levantar la mirada me he encontrado con el sacerdote utilizando el color rojo, es un color impresionante. Al conocer el significado he prestado mayor atención en la fiesta que se celebraba. Las vestimentas sacerdotales significan mucho más que sus colores y sus partes, son símbolos que también nos remiten a Dios en una celebración tan bella e importante como es la santa misa. Pero además nos recuerdan la misión tan generosa de nuestro sacerdotes… 
 Sigue leyendo el comentario en el siguiente enlace

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Por qué hay personas que ya no quieren ir Misa?


Un estudio analiza por qué muchas personas, sobre todo jóvenes, abandonan la práctica religiosa

Hay quienes dicen que la gente ha dejado de ir a la iglesia debido a su falta de flexibilidad en algunos temas, como su postura en cuanto a las uniones entre homosexuales, su negativa a ordenar sacerdotisas, o sus principios en materia de sexualidad; sin embargo, la falta de fieles en los templos puede deberse a otras razones.
En su libro Por qué ya nadie quiere ir a Misa, Thom y Joani Schultz señalan que actualmente muchas personas, sobre todo jóvenes, de países con una antigua tradición cristiana, han decidido apartarse de su religión. Dicha afirmación se basa en una exhaustiva investigación que estos escritores realizaron en ambientes católicos y protestantes, misma que revela además cuatro razones de fondo por las que en realidad la gente decide no acercarse más a los lugares de culto. Dichas razones se describen a continuación:

1. La gente se siente juzgada en la iglesia

Esta es la primera de las cuatro causas explicadas por los esposos Schultz –consultores en materia de religión–, por las que hoy en día muchas personas ponen tierra de por medio con las iglesias o centros de culto.
No se trata tanto de que realmente abunden en estos lugares quienes juzgan, sino de una idea preconcebida por parte de quienes se sienten juzgados, por lo que puede haber para ello una solución eficaz: insistir en que la Iglesia acoge y acepta a todos tal como llegan, en el estado en el que se presentan, independientemente de que a los ojos de Dios sus actos no sean buenos; es decir, se requiere de una “hospitalidad radical”, que abra la oportunidad de tratar posteriormente el tema de los pecados.

2. La imposibilidad de diálogo

En este sentido, Thom y Joani Schultz explican que en occidente, en la época actual, la gente reclama el derecho de hablar y ser escuchada: en el colegio se suscitan los debates, y desde niño cualquier alumno interviene para decir al profesor lo primero que se le ocurre; los periódicos en internet están llenos de comentarios de gente que con toda probabilidad ni siquiera ha analizado bien el tema, pero que tiene muchos deseos de comentar.
Sin embargo, la gente cuando va a Misa o a un culto, no encuentra un momento para expresarse. De hecho, hay quienes dicen que los católicos la llevamos menos complicada en este sentido, ya que al menos recitamos algunas respuestas o rezamos en voz alta; siendo que en muchos cultos protestantes las personas deben limitarse a escuchar al pastor o cantar himnos, por lo que, en cuanto cambian los cantos, para quienes no los conocen deja de haber algo qué hacer.
El caso es que los esposos Schultz detectan que la gente quiere hablar de sus sentimientos religiosos, formular preguntas, sentirse escuchados, lo cual por supuesto no puede hacerse en una Misa, de manera que la Iglesia debe esforzarse en ofrecer espacios en los que los fieles puedan compartir sus opiniones. Y ya que un párroco no puede escuchar a sus 2 mil, 3 mil o 30 mil parroquianos con una escucha atenta, es necesario impulsar la creación de espacios donde se pueda establecer el diálogo, como las células de Evangelización Parroquial, los grupos Carismáticos, los grupos del Camino Neocatecumenal, los grupos de Scouts u otros.

3. El pensamiento de que “los cristianos son hipócritas”

Sobre este punto, el libro refiere que para la gente es fácil pensar que si hay hipócritas, por supuesto son otros, “no yo”. Lo cierto es que los cristianos nunca serán suficientemente virtuosos para los elevadísimos estándares de los alejados. No importa cuánto bien hagan los cristianos de su parroquia o entorno, el alejado “caza-hipócritas” siempre encontrará algún cristiano que no sea lo suficientemente bueno para él; y si en su entorno no encuentra a un miembro de la iglesia pecaminoso, lo encuentra en los medios de comunicación: un cura estafador, un religioso que cometió un crimen. O en el pasado: “No voy a misa porque hace cinco siglos la Santa Inquisición…”.
Así, señalan los escritores, la mejor estrategia para la Iglesia es hacer hincapié en el hecho de que ésta no es una casa para perfectos, sino un hospital para enfermos. Además de fomentar la humildad y hacerla visible, ya que si la humildad es atractiva, también la imagen de humildad es necesaria, razón por la que el Papa Francisco es atractivo para muchas personas alejadas.

4. La sensación de que Dios está “distante” o “muerto”

La última razón que los esposos Schultz ofrecen sobre el porqué del distanciamiento que cada vez más personas tienen con los espacios religiosos o de culto cristiano, es que no sienten que haya un Dios vivo, argumentan que no lo han visto ni han tratado con Él. Por lo que la respuesta aquí es el Kerigma, el anuncio fuerte de que “Cristo ha resucitado, te salva de la muerte y del pecado y cambia tu vida”; o bien, el mensaje de que “Dios te ama y te perdona, de forma personal, a ti”.
Señalan que, más que hablar a las personas acerca de una moral elevada que deberán practicar, lo que se requiere es invitarlas a hacer la prueba de confiar en el Señor, abrirle su corazón y dejarse transformar por Él, ya que un encuentro personal con Él es clave. Por eso, la Nueva Evangelización pide, como decía Juan Pablo II, nuevos métodos, nuevo lenguaje, nuevo ardor.

jueves, 29 de junio de 2017

El Papa en Solemnidad de San Pedro y San Pablo: ¡No seamos cristianos de salón! TEXTO COMPLETO: Homilía Papa Francisco Misa Solemnidad San Pedro y San Pablo.

El Papa pronuncia la homilía en la Misa. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

En la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa Francisco celebró la Misa en la Plaza de San Pedro acompañado de los cinco nuevos cardenales creados el día anterior en el Consistorio, y pidió no ser “cristianos de salón”, sino verdaderos discípulos de Jesús.
Para ello, centró su homilía en comentar 3 palabras que vivieron los dos santos: confesión, persecución y oración. “De poco sirve conocer los artículos de la fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida”, dijo al comienzo.
“Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón”, pidió ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro.
El Pontífice explicó que “quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a ‘arder’ por amor; sabe que en la vida no puede conformarse con ‘vivir al día’ o acomodarse en el bienestar, sino que tiene que correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo”.
Respecto a la persecución, el Papa recordó que “no fueron sólo Pedro y Pablo los que derramaron su sangre por Cristo, sino que desde los comienzos toda la comunidad fue perseguida, como nos lo ha recordado el libro de los Hechos de los Apóstoles”.
“Incluso hoy en día, en varias partes del mundo, a veces en un clima de silencio –un silencio con frecuencia cómplice–, muchos cristianos son marginados, calumniados, discriminados, víctimas de una violencia incluso mortal, a menudo sin que los que podrían hacer que se respetaran sus sacrosantos derechos hagan nada para impedirlo”.
Francisco recordó que el cristiano está llamado a “soportar el mal” que significa “no sólo tener paciencia y continuar con resignación”, sino que “soportar es imitar a Jesús: es cargar el peso, cargarlo sobre los hombros por él y por los demás”.
“Es aceptar la cruz, avanzando con confianza porque no estamos solos: el Señor crucificado y resucitado está con nosotros”.
Sobre San Pablo, comentó que “su comportamiento en la noble batalla fue únicamente no vivir para sí mismo, sino para Jesús y para los demás. Vivió ‘corriendo’, es decir, sin escatimar esfuerzos, más bien consumándose. Una cosa dice que conservó: no la salud, sino la fe, es decir la confesión de Cristo”.
“Por amor a Jesús experimentó las pruebas, las humillaciones y los sufrimientos, que no se deben nunca buscar, sino aceptarse. Y así, en el misterio del sufrimiento ofrecido por amor, en este misterio que muchos hermanos perseguidos, pobres y enfermos encarnan también hoy, brilla el poder salvador de la cruz de Jesús”.
Sobre la oración, dijo que “es el agua indispensable que alimenta la esperanza y hace crecer la confianza”. “La oración nos hace sentir amados y nos permite amar. Nos hace ir adelante en los momentos más oscuros, porque enciende la luz de Dios. En la Iglesia, la oración es la que nos sostiene a todos y nos ayuda a superar las pruebas”.
De esta manera, “una Iglesia que reza está protegida por el Señor y camina acompañada por él. Orar es encomendarle el camino, para que nos proteja. La oración es la fuerza que nos une y nos sostiene, es el remedio contra el aislamiento y la autosuficiencia que llevan a la muerte espiritual. Porque el Espíritu de vida no sopla si no se ora y sin oración no se abrirán las cárceles interiores que nos mantienen prisioneros”.
“Qué urgente es que en la Iglesia haya maestros de oración, pero que sean ante todo hombres y mujeres de oración, que viven la oración”, indicó.
En la celebración, el Papa bendijo los palios destinados a los Arzobispos metropolitanos nombrados a lo largo del año y que les serán impuestos en sus respectivas diócesis.

El Papa durante la Misa. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa
El Papa Francisco celebró la Misapor la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma. Estuvo acompañado por los cinco nuevos cardenales creados el día anterior en el Consistorio celebrado en la Basílica de San Pedro. Además, el Papa bendijo los palios destinados a los Arzobispos metropolitanos nombrados a lo largo del año y que les serán impuestos en sus respectivas diócesis.
En su homilía, el Papa dijo: "Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón".
A continuación, el texto completo de la homilía del Pontífice: 
La liturgia de hoy nos ofrece tres palabras fundamentales para la vida del apóstol: confesión, persecución, oración.
La confesión es la de Pedro en el Evangelio, cuando el Señor pregunta, ya no de manera general, sino particular. Jesús, en efecto, pregunta primero: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» (Mt 16,13). Y de esta «encuesta» se revela de distintas maneras que la gente considera a Jesús un profeta. Es entonces cuando el Maestro dirige a sus discípulos la pregunta realmente decisiva: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 15). A este punto, responde sólo Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Esta es la confesión: reconocer que Jesús es el Mesías esperado, el Dios vivo, el Señor de nuestra vida.
Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores. Es la pregunta decisiva, ante la que no valen respuestas circunstanciales porque se trata de la vida: y la pregunta sobre la vida exige una respuesta de vida. Pues de poco sirve conocer los artículos de la fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida. Él nos mira hoy a los ojos y nos pregunta: «¿Quién soy yo para ti?». Es como si dijera: «¿Soy yo todavía el Señor de tu vida, la orientación de tu corazón, la razón de tu esperanza, tu confianza inquebrantable?». Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida como Jesús nos hace también hoy a nosotros esta pregunta esencial, la dirige a todos, pero especialmente a nosotros pastores. Es la pregunta decisiva, ante la que no valen respuestas circunstanciales porque se trata de la vida: y la pregunta sobre la vida exige una respuesta de vida. Pues de poco sirve conocer los artículos de la fe si no se confiesa a Jesús como Señor de la propia vida.
Él nos mira hoy a los ojos y nos pregunta: «¿Quién soy yo para ti?». Es como si dijera: «¿Soy yo todavía el Señor de tu vida, la orientación de tu corazón, la razón de tu esperanza, tu confianza inquebrantable?». Como san Pedro, también nosotros renovamos hoy nuestra opción de vida como discípulos y apóstoles; pasamos nuevamente de la primera a la segunda pregunta de Jesús para ser «suyos», no sólo de palabra, sino con las obras y con nuestra vida.
Preguntémonos si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón. Quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a «arder» por amor; sabe que en la vida no puede conformarse con «vivir al día» o acomodarse en el bienestar, sino que tiene que correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo. Quien confiesa a Jesús se comporta como Pedro y Pablo: lo sigue hasta el final; no hasta un cierto punto sino hasta el final, y lo sigue en su camino, no en nuestros caminos. Su camino es el camino de la vida nueva, de la alegría y de la resurrección, el camino que pasa también por la cruz y la persecución.
Y esta es la segunda palabra, persecución. No fueron sólo Pedro y Pablo los que derramaron su sangre por Cristo, sino que desde los comienzos toda la comunidad fue perseguida, como nos lo ha recordado el libro de los Hechos de los Apóstoles (cf. 12,1). Incluso hoy en día, en varias partes del mundo, a veces en un clima de silencio —un silencio con frecuencia cómplice—, muchos cristianos son marginados, calumniados, discriminados, víctimas de una violencia incluso mortal, a menudo sin que los que podrían hacer que se respetaran sus sacrosantos derechos hagan nada para impedirlo.
Por otra parte, me gustaría hacer hincapié especialmente en lo que el Apóstol Pablo afirma antes de «ser —como escribe— derramado en libación» (2 Tm 4,6). Para él la vida es Cristo (cf. Flp 1,21), y Cristo crucificado (cf. 1 Co 2,2), que dio su vida por él (cf. Ga 2,20). De este modo, como fiel discípulo, Pablo siguió al Maestro ofreciendo también su propia vida. Sin la cruz no hay Cristo, pero sin la cruz no puede haber tampoco un cristiano. En efecto, «es propio de la virtud cristiana no sólo hacer el bien, sino también saber soportar los males» (Agustín, Disc. 46.13), como Jesús. Soportar el mal no es sólo tener paciencia y continuar con resignación; soportar es imitar a Jesús: es cargar el peso, cargarlo sobre los hombros por él y por los demás. Es aceptar la cruz, avanzando con confianza porque no estamos solos: el Señor crucificado y resucitado está con nosotros. Así, como Pablo, también nosotros podemos decir que estamos «atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados» (2 Co 4,8-9).
Soportar es saber vencer con Jesús, a la manera de Jesús, no a la manera del mundo. Por eso Pablo —lo hemos oímos— se considera un triunfador que está a punto de recibir la corona (cf. 2 Tm 4,8) y escribe: «He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe» (v. 7). Su comportamiento en la noble batalla fue únicamente no vivir para sí mismo, sino para Jesús y para los demás. Vivió «corriendo», es decir, sin escatimar esfuerzos, más bien consumándose.
Una cosa dice que conservó: no la salud, sino la fe, es decir la confesión de Cristo. Por amor a Jesús experimentó las pruebas, las humillaciones y los sufrimientos, que no se deben nunca buscar, sino aceptarse. Y así, en el misterio del sufrimiento ofrecido por amor, en este misterio que muchos hermanos perseguidos, pobres y enfermos encarnan también hoy, brilla el poder salvador de la cruz de Jesús.
La tercera palabra es oración. La vida del apóstol, que brota de la confesión y desemboca en el ofrecimiento, transcurre cada día en la oración. La oración es el agua indispensable que alimenta la esperanza y hace crecer la confianza. La oración nos hace sentir amados y nos permite amar. Nos hace ir adelante en los momentos más oscuros, porque enciende la luz de Dios. En la Iglesia, la oración es la que nos sostiene a todos y nos ayuda a superar las pruebas. Nos lo recuerda la primera lectura: «Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12,5).
Una Iglesia que reza está protegida por el Señor y camina acompañada por él. Orar es encomendarle el camino, para que nos proteja. La oración es la fuerza que nos une y nos sostiene, es el remedio contra el aislamiento y la autosuficiencia que llevan a la muerte espiritual. Porque el Espíritu de vida no sopla si no se ora y sin oración no se abrirán las cárceles interiores que nos mantienen prisioneros.
Que los santos Apóstoles nos obtengan un corazón como el suyo, cansado y pacificado por la oración: cansado porque pide, toca e intercede, lleno de muchas personas y situaciones para encomendar; pero al mismo tiempo pacificado, porque el Espíritu trae consuelo y fortaleza cuando se ora. Qué urgente es que en la Iglesia haya maestros de oración, pero que sean ante todo hombres y mujeres de oración, que viven la oración.
El Señor interviene cuando oramos, él, que es fiel al amor que le hemos confesado y que nunca nos abandona en las pruebas. Él acompañó el camino de los Apóstoles y os acompañará también a vosotros, queridos hermanos Cardenales, aquí reunidos en la caridad de los Apóstoles que confesaron la fe con su sangre. Estará también cerca de vosotros, queridos hermanos Arzobispos que, recibiendo el palio, seréis confirmados en vuestro vivir para el rebaño, imitando al Buen Pastor, que os sostiene llevándoos sobre sus hombros. El mismo Señor, que desea ardientemente ver a todo su rebaño reunido, bendiga y custodie también a la Delegación del Patriarcado Ecuménico, y al querido hermano Bartolomé, que la ha enviado como señal de comunión apostólica.

martes, 20 de junio de 2017

¿Jesús derramó su sangre “por muchos” o “por todos”?


El biblista Pius-Ramón Tragán habla sobre las traducciones y el significado de las palabras eucarísticas de Jesús en la última cena

El nuevo Misal editado recientemente por la Conferencia Episcopal Española suscita algunas cuestiones para muchos cristianos. En concreto la forma eucarística “sobre el cáliz” que en la edición anterior decía: “mi sangre derramada por vosotros y por todos los hombres” en el nuevo misal se lee: “mi sangre derramada por vosotros y por muchos”. 
Al respecto nos hemos puesto en contacto con Pius-Ramón Tragán, O.S.B., monje del Monasterio de Montserrat y gran conocedor del mundo antiguo y de la Biblia. A continuación, la entrevista en exclusiva para Aleteia.
Padre Pius-Ramón, ¿cuál es el significado justo de este texto eucarístico? ¿Jesús ha derramado su sangre “por muchos” o “por todos”? 
La pregunta es pertinente y no resulta sencillo de responder. Para mejor claridad conviene mencionar algunos antecedentes para situar el problema. 
La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II estableció que la celebración litúrgica romana fuera traducida del latín en las diversas lenguas vigentes para ofrecer una participación activa de los fieles en el culto, especialmente en la Misa. 
Para obtener una traducción fiel al texto original y al mismo tiempo adaptada a la cultura de los cristianos, trabajaron eficazmente exegetas y teólogos. En concreto establecieron la siguiente traducción de la fórmula eucarística en el misal español: “mi sangre derramada por vosotros y por todos los hombres”. 
¿Por qué se ha modificado el texto en el nuevo Misal?
La Instrucción “Liturgiam autheticam”, aprobada por el papa Benedicto XVI en 2001, vuelve a insistir en la importancia del latín en la liturgia romana y propone corregir algunas expresiones del Misal postconciliar en castellano, en concreto la fórmula eucarística sobre el cáliz: “… mi sangre derramada por vosotros y por todos los hombres” considerada como interpretación y no como fiel traducción del original latino: “qui pro multis effundetur”, es decir para muchos. No para todos.  
El mismo Pontífice se dio cuenta que este principio de literalidad y el cambio que suponía en las palabras eucarísticas, podía causar desconcierto entre los fieles, ya que la muerte de Jesús sería solo para “muchos” y no para “todos”.  
Por este motivo, Benedicto XVI exhorta a los obispos y a los presbíteros a intensificar una catequesis que excluya la contradicción que puede aparecer entre los dos sentidos de la muerte de Jesús: para “muchos” y para “todos” y expliquen claramente que se trata de dos sentidos que no se excluyen sino que se completan.
¡Pero la lengua de Jesús no era el latín!
Ciertamente no era el griego ni en latín. Su lenguaje era el hebreo o arameo y, por tanto, para conocer el sentido original de sus palabras hay que referirse al sentido de su lengua semítica. 
Los primeros discípulos que siguieron a Jesús y los primeros hebreos convertidos al cristianismo mantuvieron la fórmula pronunciada por Jesús en su lengua semítica celebrando la cena en memoria del Señor.  
La expansión del cristianismo entre los griegos hizo pronto necesaria una primera predicación del evangelio en griego. Algunos decenios más tarde, las cartas en griego de San Pablo y de cuatro evangelios son testimonio de la traducción escrita del Nuevo Testamento y representan una primera interpretación del original semítico.  
El Nuevo Testamento traducido más tarde del griego al latín, supone una segunda versión del texto original y, por tanto, el Evangelio traducido en las lenguas modernas supone tres estadios de interpretación cuando llega a las lenguas modernas.
¿Cuáles son las palabras eucarísticas que pronunció Jesús?
Según los filólogos, las palabras que están detrás del latín: “effundetur pro multis”, traducidas palabra por palabra en español por “derramada por muchos” corresponden a la expresión griega “polloi” que significa también “muchos”. 
El evangelio de Marcos ofrece una variante significativa: la preposición “‘uper” precede al sustantivo “polloi” sugiere que la muerte de Jesús no es solo “por muchos” sino  “por una multitud”.  Hay que tener en cuenta, además, que el térmico griego “polloi”, traduce la palabra semítica “rabbiym” que indica “una gran multitud” e implica también la noción “todos”. 
En todo caso, el sentido original de las palabras de Jesús no suponía ninguna contraposición entre “muchos” y “todos”.
Por razones filológicas, exegéticas y por motivos teológicos, la traducción del Misal postconciliar en lenguas modernas interpretó el significado de las palabras eucarísticas en su sentido genuino: “sangre derramada por todos”. 
San Pablo, en efecto, en la primera carta a los Corintios, transmite la fórmula eucarística de la última cena de Jesús con la palabra griega “polloi”, “muchos”, pero en la misma carta afirma claramente que Jesús murió por todos.
¿Qué piensa usted personalmente sobre esta cuestión?
Por diversas razones, considero que la traducción aprobada por el Concilio Vaticano expresa con mayor exactitud y claridad el sentido de las palabras de Jesús en la última cena. Esto no significa que la opinión de traducir “pro multis” “para todos los hombres” sea una opinión personal o aislada, existen estudios recientes muy precisos sobre la conveniencia de mantener la expresión española “mi sangre derramada por todos” y no la expresión “mi sangre derramada por muchos”. 
De todos modos la Conferencia Episcopal Española ha preferido modificar el texto aceptado por el Vaticano II. Se deberá acentuar la catequesis sobre los cambios del nuevo Misal, según la exhortación del papa Benedicto XVI.
 ¿Qué contacto tiene usted con la lengua semítica?
Para preparar los exámenes de licencia en Ciencias Bíblicas en la Pontificia Comisión Bíblica pasé tres años en Jerusalén estudiando hebreo clásico, en l’École Biblique y el hebreo moderno en un Ulpán. Dejé Jerusalén después de la guerra de seis días en 1967. Seguí mis estudios bíblicos en Estrasburgo hasta el doctorado y también estudié el siríaco. 
Más tarde ejercí como profesor en el Pontificio Ateneo San Anselmo en Roma, dedicando mi investigación y docencia en el Nuevo Testamento, durante 25 años. 
He vuelto a visitar varias veces la tierra de Israel, de Jordania y de Siria antes de los desastres de los conflictos actuales. Pude darme cuenta, no obstante, de la dificultad enorme que supone llegar a una paz duradera entre los israelitas y los árabes y equilibrar tan diversas tendencias religiosas y pretensiones de poder.

El P. Tragán es actualmente director del Scriptorium Biblicum et Orientale de la Abadía de Montserrat, dedicado al estudio de las Sagradas Escrituras, a la investigación de la historia y la cultura del Oriente Medio y a la catalogación de las piezas arqueológicas procedentes de Mesopotamia, Egipto y Palestina que se encuentran en el Museo. 

domingo, 4 de junio de 2017

¿Ir a Misa mejora la salud?

Foto referencial. Crédito: Pixabay

Así es. Según un estudio publicado en la edición online de la revista Jama Internal Medicine asistir a oficios religiosos reduce el riesgo de muerte.
Según informa el diario español ABC, un grupo de investigadores de la Harvard Chan School of Public Health utilizaron los datos estadísticos de 74.534 mujeres que participaron entre 1992 y 2012 en un informe sobre la salud de las enfermeras.
Ellas contestaron cada dos años a cuestionarios sobre su dieta, estilo de vida y estado de salud y cada cuatro años sobre su asistencia a los servicios religiosos.
De todas las mujeres analizadas, 14.158 declararon que van a Misa más de una vez a la semana, 30.401 acudían al menos una vez a la semana y 17.872 no iban nunca.
Las mujeres que asistían regularmente a las celebraciones religiosas –la mayoría eran católicas o protestantes– sufrían menos síntomas de depresión y menos ataques de ansiedad.
Además, entre las enfermeras que asistían a Misa más de una vez a la semana tenían un 33 por ciento menos riesgo de morir comparado con el resto de las mujeres que no asistían nunca a oficios religiosos.
Un dato interesante también se refiere a las mujeres que asisten a la iglesia una vez por semana. Ellas tenían un 27 por ciento menos de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular y un 21 por ciento menos de sufrir cáncer respecto a las demás.
Uno de los autores del estudio y profesor de epidemiología, Tyler J. VanderWeele, precisó que “los beneficios de asistir a los servicios religiosos parecen estar relacionados con un mayor apoyo social, menos consumo de tabaco y un menor riesgo de sufrir depresión, ya que estas personas tienen una perspectiva más optimista y esperanza de la vida”
Los autores precisan que la muestra de personas encuestadas incluía a mujeres de raza blanca, de nivel socioeconómico similar y todas enfermeras de profesión.

domingo, 28 de mayo de 2017

12 reglas de oro para portarse bien durante la Misa

Para poder aprovechar al máximo los grandes frutos espirituales que se recibe en la Misa se debe participar en ella con reverencia.
Aquí 12 reglas de oro o consejos prácticos que servirán para aprovechar la Misa al máximo y participar, activa y reverentemente, en la Eucaristía.
1. No usar el celular: No lo necesitas para hablar con Dios
Los teléfonos celulares nunca deben utilizarse en Misa para hacer llamadas o enviar mensajes de texto. Es posible contestar una llamada de emergencia, pero fuera del templo. Por otro lado, sí es posible usar el teléfono para lecturas espirituales u oraciones, aunque se debe ser discreto.
2. Ayunar antes de la celebración eucarística 
Consiste en abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción del agua y de las medicinas.
Los enfermos pueden comulgar aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior. El propósito es ayudar a la preparación para recibir a Jesús en la Eucaristía.
3. No comer ni beber en la iglesia
Las excepciones serían: alguna bebida para niños pequeños o leche para los bebés, agua para el sacerdote o para los miembros del coro (con discreción) y para los enfermos.
Llevar un bocadillo a la iglesia no es apropiado, porque el templo es un lugar de oración y reflexión.
4. No mascar chicle
Al hacer esto se rompe con el ayuno, ocurre una distracción, se es descortés en un entorno formal, y no ayuda en la oración.
5. No usar sombrero
Es descortés usar un sombrero dentro de una iglesia. Si bien esta es una norma cultural, debe cumplirse. Así como nos sacamos el sombrero cuando se hace un juramento, igual debe hacer en la iglesia como un signo de respeto.
6. Santiguarse con agua bendita al entrar y salir del templo
Este es un recordatorio del Bautismo, sacramento por el que renacemos a la vida divina y somos hechos hijos de Dios y miembros de la Iglesia. Es necesario estar plenamente consciente de lo que sucede al santiguarse, y debe hacerse diciendo alguna oración.
7. Vestir con modestia
A los católicos se les invita a asistir vestidos adecuadamente ya que, si es algo que se suele hacer comúnmente para una fiesta o algún otro tipo de compromiso, no hay razón para no hacer lo mismo al asistir a Misa.
8. Llegar algunos minutos antes del inicio de la Misa
Si por alguna razón no se puede llegar a tiempo, es recomendable sentarse en la parte de atrás para no molestar a las demás personas. Llegar a la Misa temprano permite orar y prepararse mejor para recibir a Cristo.
9. Arrodillarse hacia el Sagrario al entrar y salir del templo
Al permitir que nuestra rodilla toque el piso, se reconoce que Cristo es Dios. Si alguien es físicamente incapaz de hacer la genuflexión, entonces un gesto de reverencia es suficiente. Durante la Misa, si se pasa delante del altar o del tabernáculo, se debe inclinar la cabeza con reverencia.
10. Permanecer en silencio durante la celebración
Al ingresar al templo se debe guardar silencio. Si se tiene que hablar, hágalo de forma silenciosa y breve. Recuerde que mantener una conversación puede molestar a alguien que está orando.
Si tiene un niño o un bebé, puede sentarse cerca de alguna salida ante cualquier contratiempo.
Recuerde que no hay razón para sentir vergüenza por tener que calmar o controlar a su hijo, dentro o fuera de la iglesia. Enséñeles a comportarse, especialmente con su propio ejemplo.
11. Inclinarse al recibir la comunión
Si es Dios, entonces se puede mostrar respeto inclinando cabeza como reverencia. Si lo desea puede hacer una genuflexión. Esta es una práctica antigua que ha continuado hasta el día de hoy.
12. Espere a que la Misa termine 
Debemos permanecer en la Misa hasta la bendición final. Recuerde que uno de los mandamientos de la Iglesia es oír Misa entera los domingos y fiestas de guardar.
Es una buena costumbre, aunque no requerida, ofrecer una oración de acción de gracias después de la celebración.
Finalmente, la salida debe ser en silencio a fin de no molestar a otras personas que deseen permanecer en el templo rezando.

domingo, 21 de mayo de 2017

Papa Francisco anima a ir más allá de los 10 Mandamientos para vivir en cristiano

El Papa Francisco imparte su homilía en la Casa Santa Marta / Foto: L'Osservatore Romano

En la homilía de la Misacelebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco invitó a cumplir los Diez Mandamientos para después ir más allá y cumplir también “todas las cosas que Jesús nos ha enseñado, esos mandamientos de la vidacotidiana que representan el modo de vivir cristiano”.
El Santo Padre explicó que el núcleo de los 10 Mandamientos es uno: “el amor del Padre a Jesús, es el amor de Jesús a nosotros”.
Sin embargo, advirtió de que “hay otros amores. También el mundo nos propone otros amores: el amor al dinero, por ejemplo, el amor a la vanidad, pavonearse, el amor al orgullo, el amor al poder, haciendo tantas cosas injustas por tener más poder”.
“Son otros amores, pero no son de Jesús no son del Padre. Él nos pide permanecer en su amor que es el amor del Padre. Pensemos también en estos otros amores que nos alejan del amor de Jesús. Y también, hay otras maneras de amar: amar a medias, eso no es amar. Una cosa es querer bien, y otra cosa es amar”.
El Pontífice señaló que “de esta manera, cumpliendo estos mandamientos que Jesús nos ha dado, permaneceremos en el amor de Jesús, que es el amor del Padre. Es lo mismo. Sin medida. Sin ese amor tibio o interesado”.
“‘Pero, ¿por qué, Señor, nos recuerdas estas cosas?’, podríamos preguntarnos. ‘Para que mi alegría esté en vosotros y que vuestra alegría sea plena’. Si el amor del Padre va a Jesús, Jesús nos enseña el camino del amor: el corazón abierto, amar sin medida, dejando de lado otros amores”.
El Papa Francisco concluyó su homilía con una anécdota: “Hace poco, un sacerdote fue nombrado Obispo. Fue junto a su padre, su anciano padre, para darle la noticia".
"Este hombre anciano, ya pensionista, un hombre humilde, un trabajador de toda la vida, no había ido a la Universidad, pero tenía la sabiduría de la vida. Dio a su hijo solo dos consejos: ‘Obedece y da alegría a la gente’. Este hombre había entendido esto: obedece al amor del Padre, sin otros amores, obedece a este don, y luego da alegría a la gente”.
“Nosotros, cristianos, laicos, sacerdotes, consagrados, Obispos, debemos dar alegría a la gente. Nuestra misión cristiana es dar alegría a la gente”.

domingo, 30 de abril de 2017

¿Por qué los católicos usan velas en la misa?


Aunque ya no tienen un propósito práctico, la Iglesia sigue requiriendo su empleo en la liturgia

Con la excepción de las misas de la Vigilia Pascual y la Rorate Caeli de Adviento, en las celebraciones modernas de la misa, las velas por lo general no mantienen su antiguo propósito práctico de iluminar un espacio oscuro. Sin embargo, la Instrucción General del Misal Romano (IGMR) dice: “Colóquense en forma apropiada los candeleros que se requieren para cada acción litúrgica, como manifestación de veneración o de celebración festiva, o sobre el altar o cerca de él”.
Esto suscita una pregunta: si las velas no guardan ningún propósito práctico, ¿por qué insiste la Iglesia en seguir utilizándolas en el siglo XXI?
Las velas se han usado siempre en la Iglesia de forma simbólica. Desde tiempos antiguos la vela se ha usado como un símbolo de la luz de Cristo.
Esto queda claramente expresado en la Vigilia Pascual, cuando el diácono o el sacerdote entra con el cirio pascual en la iglesia oscura. Jesús llegó a nuestro mundo de pecado y muerte para traernos la luz de Dios. Así se expresa claramente en el Evangelio de Juan: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Hay quienes señalan también hacia el uso de las velas como un recordatorio de los primeros cristianos, que celebraban misa en las catacumbas a la luz de las velas. Es algo de debería recordarnos el sacrificio que hicieron, además de la posibilidad de que también nosotros pudiéramos estar en una situación similar, celebrando misa bajo la amenaza de la persecución.
Además de ofrecernos una meditación en torno a la luz, también es destacable que las velas de la Iglesia católica están elaboradas tradicionalmente con cera de abeja. Según la Enciclopedia Católica, “la cera pura extraída por las abejas de las flores simboliza la carne pura de Cristo recibida de Su Madre Virgen, la mecha simboliza el alma de Cristo y la llama representa Su divinidad”.
El requisito de usar velas que estén, al menos parcialmente, elaboradas con cera de abeja, sigue presente en la Iglesia por respeto a esta antigua simbología.
Las velas también se han usado para añadir un carácter más festivo a la celebración de la misa. Según la IGMR: “Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco. Sobre el altar, o cerca de él, colóquese en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto y, si celebra el Obispo diocesano, siete, con sus velas encendidas”.
El número de velas tiene por objetivo recordar que hay algún elemento diferente en determinado día y debería despertar el interés de los presentes.
En resumen, aunque las velas puedan parecer anticuadas o innecesarias, la Iglesia valora que la belleza natural de las velas puede tener un impacto espiritual en nuestras almas. La Iglesia, en su sabiduría, percibe el poder detrás del simbolismo de emplear velas y cómo pueden volver a prender el ánimo de un alma alicaída y llenarla con el fuego del amor divino.

miércoles, 26 de abril de 2017

Papa Francisco: La fe se basa en hechos concretos, no en teorías

El Papa durante la homilía. Foto: L'Osservatore Romano

El Papa Francisco retomó la Misade la mañana en la capilla de la residencia Santa Marta y explicó que la fe se sostiene sobre hechos concretos, como que Dios se hizo carne.
Para su homilía, tomó el relato del encuentro de Nicodemo con Jesús y el testimonio de Pedro y Juan después de la curación del lisiado. Esto es “un hecho concreto”, “lo concreto de la fe” en contraposición a los doctores de la ley que “quieren negociar para llegar a compromisos”, explicó.
Sin embargo, Pedro y Juan “tienen el coraje, tienen la franqueza, la franqueza del Espíritu” que “significa hablar abiertamente, con valentía, la verdad sin compromisos”.  
“A veces olvidamos que nuestra fe es concreta: el Verbo se ha hecho carne, no se ha hecho idea: se ha hecho carne. Y cuando recitamos el Credo, decimos todos cosas concretas: ‘Creo en Dios Padre, que ha hecho el cielo y la tierra, creo en Jesucristo que ha nacido, que ha muerto…’ son todo cosas concretas”.
Por eso el Credo no dice ‘creo que debo hacer esto, que tengo que hacer esto otro, que tengo que hacer esto o que las cosas son por esto…’ ¡no! Son cosas concretas. La concreción de la fe que lleva a la franqueza, al testimonio hasta el martirio, que está contra los compromisos o la idealización de la fe”.
Francisco reconoció que a veces la Iglesia ha caído también en una “teología del ‘sí se puede’ o del ‘no se puede”. Y para estos doctores de la ley, el Verbo “no se ha hecho carne, sino que se ha hecho ley: y se debe hacer esto hasta aquí y no más allá”.
“Y así estaban atrapados en esta mentalidad racionalista, que no ha terminado con ellos, ¿eh?, porque en la historia de la Iglesia muchas veces –la Iglesia misma que ha condenado el racionalismo, el iluminismo– después tantas veces ha caído en una teología del ‘sí se puede y no se puede’, ‘hasta aquí, hasta ahí’, y ha olvidado la fuerza, la libertad del Espíritu, este renacer del Espíritu que te da la libertad, la franqueza de la predicación, el anuncio de que Jesucristo es el Señor”.
Por tanto, “pidamos al Señor esta experiencia del Espíritu que va y viene y nos lleva adelante, del Espíritu que nos da la unción de la fe, la unción de la concreción de la fe”.
“El viento sopla donde quiere y escuchas su sonido, pero no sabes de donde viene y a donde va. Así es todo el que nace el Espíritu: siente su voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin saber dónde terminará, porque ha tomado opción por la concreción de la fe y el renacer en el Espíritu”, manifestó el Papa.
“Que el Señor –pidió para concluir– nos dé a todos este Espíritu pascual, de ir sobre los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigidez, sino con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él ha venido: haciéndose carne”. 

sábado, 8 de abril de 2017

La Misa es un reflejo del Cielo, dice Cardenal Sarah

Cardenal Robert Sarah / Crédito: Bohumil Petrik (ACI Prensa)

El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, afirmó recientemente que la Misa es “el reflejo de la liturgia que se celebra desde la eternidad en la Jerusalén celestial”.
“Es el sacrificio vivo de Cristo que murió en la cruz para liberarnos del pecado y de la muerte, con el propósito de revelar el amor y la gloria de Dios Padre”, dijo el Purpurado en un discurso para la XVIII Conferencia Litúrgica Internacional de Colonia en Alemania, realizada del 29 de marzo al 1 de abril.
“Muchos católicos no saben que el propósito final de cada celebración litúrgica es la gloria y adoración a Dios, la salvación y santificación de los hombres, ya que en la liturgia ‘Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados’”, añadió.
La conferencia se realizó por el décimo aniversario de la instrucción Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, que dio amplio margen a los sacerdotes para la celebración de la liturgia según el Misal de 1962, ahora conocido como la “forma extraordinaria”.
El Cardenal dijo que a pesar de las controversias y abusos posteriores al Concilio Vaticano II, la liturgia católica es en última instancia una fuente de unidad que forma a los cristianos en el sacrificio y la salvación de la cruz.
Indicó que si los católicos sienten que están sufriendo una “guerra litúrgica” divisiva, entonces deberían verla como “una aberración”, porque la liturgia es “el espacio por excelencia donde los católicos deben experimentar la unidad en la verdad, en la fe y en amor”.
“Como resultado, es inconcebible celebrar la liturgia teniendo sentimientos de conflicto y rencor fratricidas. En este ‘cara a cara’ con Dios, que es la liturgia, nuestro corazón debe estar purificado de toda enemistad, y se requiere que cada sea respetado en su propia sensibilidad”, explicó.
El Cardenal Sarah subrayó la necesidad de reafirmar que el Concilio Vaticano II nunca pidió una ruptura con el pasado. Más bien, debe promoverse la visión del concilio de la renovación litúrgica.
Después del Concilio, el Beato Pablo VI publicó un nuevo Misal Romano, ahora conocido como la “forma ordinaria”, que fue ampliamente traducido del latín a los idiomas locales.
Sobre el tema, el Cardenal Sarah dijo que ambas formas -ordinaria y extraordinaria- de la liturgia deben traer a los fieles “la belleza de la liturgia, su santidad, el silencio, el recuerdo, la dimensión mística y la adoración”.
Además, rechazó cualquier esfuerzo para oponer un misal romano al otro y viceversa, así como la oposición a la liturgia de las iglesias católicas orientales.
“Más bien debemos entrar en el gran silencio de la liturgia, permitiéndonos enriquecernos con todas las formas litúrgicas, ya sean latinas u orientales”, explicó.
Sin un silencio místico y un espíritu contemplativo, la liturgia seguirá siendo “una ocasión de divisiones odiosas, de enfrentamientos ideológicos y de humillaciones públicas de los débiles por parte de quienes afirman tener autoridad, en vez de ser un lugar de unidad y comunión en el Señor”, destacó.
Por otro lado, al igual que Cardenal Joseph Ratzinger en el pasado, el Cardenal Sarah está convencido de que la crisis que se vive en la Iglesiaactualmente se debe “en gran medida debida a la demolición de la liturgia”.
“El Cardenal Ratzinger repitió incansablemente que la crisis que ha estado sacudiendo a la Iglesia durante los últimos cincuenta años, principalmente desde el Concilio Vaticano II, está vinculada a la crisis de la liturgia y, por tanto, al irrespeto, a la desacralización y a la horizontalidad de los esenciales elementos del culto divino”, lamentó.
El Purpurado sostuvo que aquellos que promulgaron cambios negativos en la liturgia olvidaron que no es sólo una oración, sino que es especialmente un misterio “que no podemos comprender por completo, pero que debemos aceptar y recibir en la fe, el amor, la obediencia y el silencio de adoración”.
También, considera que los verdaderos adoradores de Dios no reforman la liturgia según sus propias ideas y creatividad para complacer al mundo, sino que “reforman el mundo con el Evangelio”.
El Cardenal Sarah ofreció las pautas para la Summorum Pontificum, diciendo que debe aplicarse “con mucho cuidado” y no como “una medida negativa y regresiva, que pretende regresar al pasado. Tampoco debe aplicarse como algo que construye muros y crea un gueto”.
Más bien, debe ser “una contribución importante y genuina a la vidalitúrgica tanto del presente como del futuro de la Iglesia”.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Qué representa el velo que las mujeres llevan o llevaban en misa? Conoce una tradición llena de simbolismo


¿Qué representa el velo que las mujeres llevan o llevaban en misa?




El velo, como una tradición, es una costumbre muy antigua que ahonda sus raíces en el pueblo de Israel; era un elemento que expresaba sumisión a Dios y respeto.
Uno de los motivos para el pueblo de la Antigua Alianza de usar el velo era la costumbre de cubrir lo que se consideraba digno de respeto, de veneración. Un ejemplo de esto lo vemos en el Antiguo Testamento con el Arca de la Antigua Alianza que se guardaba detrás del velo del Santo de los Santos. Y se sabe además que Moisés se cubrió el rostro al “ver” a Dios.
Y la Iglesia ha retomado esta norma por los mismos motivos; de esta manera se cubren, por ejemplo, el cáliz, el sagrario, el copón, los altares, etc.. El velo denota además respeto por el lugar y la conciencia de estar en una situación y en un lugar especiales; lo vemos, por ejemplo, cuando a las mujeres se les pide llevar mantilla en situaciones de solemnidad ante el Papa.
La mujer, que suele ser más espiritual y más sensible a lo religioso que el hombre, usa el velo sobre la cabeza exteriorizando de esta manera una profunda reverencia al ser ella consciente de estar en la presencia de Dios.
La mujer, al cubrirse la cabeza, se recoge en oración, entre otras cosas, evitando así la distracción propia como ajena. De esta manera el velo es símbolo de modestia, de lucha contra la vanidad (cubrir la propia gloria para dársela a Dios), de recogimiento, de entrega a Dios, de imitación a María la sierva del Señor.
No es por tanto el velo algo estético o un adorno, sino un instrumento que llama al recogimiento y al silencio; es un elemento que llena majestuosamente la iglesia de piedad y de reverencia al ver a las mujeres recogidas en oración y entregadas a Dios sin dispersiones dándole a Dios el lugar central en la vida.
El velo ayuda a entender lo verdaderamente importante a los ojos de Dios: “Que vuestro adorno no sea lo de fuera, peinados, joyas de oro, vestidos llamativos, sino lo más íntimo vuestro, lo oculto en el corazón, ataviado con la incorruptibilidad de un alma apacible y serena. Esto es de inmenso valor a los ojos de Dios” (1 Pe 3, 3-4).
Aunque el velo no sea una cuestión de dogma, es, al menos, una cuestión de tradición eclesial. Es por esto que, dada su importancia, el uso del velo o mantilla por parte de la mujer durante la misa fue, desde muy antiguo, una práctica obligatoria que incluso estaba consignado tanto en el Código de Derecho canónico del año 1917 (Can. 1262) como en el ritual de la misa preconciliar.
Sin embargo en el nuevo código de Derecho Canónico (del 1983) ya no aparece esa obligación, como tampoco aparece en el nuevo misal del año 1969 promulgado por el Papa Pablo VI.
Al dejar de ser prescrito su uso como obligatorio durante la misa por la ley eclesiástica, el velo quedó como una venerable tradición.
Y si la Iglesia vio la necesidad de no tener en consideración el velo durante la misa, como algo obligatorio, sus motivos válidos habrá tenido; que no significa esto acabar con lo que él significa o representa. Lo que el velo representa debe ser tenido en cuenta tanto por hombres como por mujeres, usen estas o no el velo en misa.
Por consiguiente hoy en día ya no se usa, aunque esto no quiere decir que esté prohibido; la mujer que quiera llevar el velo en misa lo puede hacer. Y en ese caso debe hacerlo con libertad, y como un elemento más de devoción personal; usarlo como objeto de piedad y no para quedar bien.
Eso sí, nadie debe juzgar los motivos de quien lo lleve o no lo lleve; es bueno dejar a cada mujer libertad en el asunto.
El velo es obligatorio única y exclusivamente para las religiosas (siempre y cuando el instituto religioso así lo prescriba en sus constituciones) dentro y fuera de la misa. El velo es también símbolo de consagración para las vírgenes consagradas. Tanto las religiosas como las vírgenes consagradas consideran a Jesús como su esposo y por esto llevan el velo como signo de fidelidad a Él (1 Cor 7, 34).