viernes, 14 de julio de 2017

¿Qué significa en el Credo que el Hijo está sentado a la derecha del Padre? http://bit.ly/2s37jcX


¿Sabes por qué en el Credo decimos "descendió a los infiernos"? 
Sigue el enlace  bit.ly/2tMGZYE

¿Quisieras un corazón misericordioso? Pídeselo así a Jesús


Una oración de santa Faustina, humilde apóstol de la Divina Misericordia de nuestro tiempo

“Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos,
para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias,
sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarla […],
a que mis oídos sean misericordiosos
para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y
no sea indiferente a sus penas y gemidos […],
a que mi lengua sea misericordiosa
para que jamás hable negativamente de mis prójimos sino
que tenga una palabra de consuelo y perdón para todos […],
a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras […],
a que mis pies sean misericordiosos
para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo,
dominando mi propia fatiga y mi cansancio […],
a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo”

(Diario 163).
Esta oración de santa Faustina se la propuso el papa Francisco a los jóvenes para preparar la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia

Viernes de la decimocuarta semana del tiempo ordinario


Libro de Génesis 46,1-7.28-30. 

Israel partió llevándose todos sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
Dios dijo a Israel en una visión nocturna: "¡Jacob, Jacob!". El respondió: "Aquí estoy".
Dios continuó: "Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación.
Yo bajaré contigo a Egipto, y después yo mismo te haré volver; y las manos de José cerrarán tus ojos".
Cuando Jacob salió de Berseba, los hijos de Israel hicieron subir a su padre, junto con sus hijos y sus mujeres, en los carros que el Faraón había enviado para trasladarlos.
Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia
- sus hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas - porque él había llevado consigo a todos sus descendientes.
Israel hizo que Judá se le adelantara y fuera a ver a José, para anunciarle su llegada a Gosen. Cuando llegaron a la región de Gosen,
José hizo enganchar su carruaje y subió hasta allí para encontrarse con su padre Israel. Apenas este apareció ante él, José lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato, abrazado a su padre.
Entonces Israel dijo a José: "Ahora sí que puedo morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía".

Salmo 37(36),3-4.18-19.27-28.39-40. 
Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
El Señor se preocupa de los buenos
y su herencia permanecerá para siempre;

no desfallecerán en los momentos de penuria,
y en tiempos de hambre quedarán saciados.
Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.

Los impíos serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada,
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.



Evangelio según San Mateo 10,16-23. 
Jesús dijo a sus apóstoles:
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre." 

jueves, 13 de julio de 2017

“Quédate Señor conmigo” La oración del Padre Pío que me ha conmovido. (Un bello testimonio)





Seguro conoces la historia de los discípulos de Emaús. Me encanta cuando se encontraron en el camino con Jesús y no lo reconocieron. Él les hablaba y ellos no entendían. ¿Cómo era esto posible? Muchas veces he tenido la necesidad que me hablen de Dios, como a estos discípulos. Entonces voy a misa y escucho la homilía del sacerdote con atención.
Hay una parte del Evangelio, con los discípulos de Emaús que me conmueve y he usado por años como oración personal,  en medio del dolor y las tentaciones, o cuando no sé qué hacer. Es muy sencillo, le pido a Jesús que se quede conmigo.
“Quédate conmigo Jesús, porque oscurece y no puedo vencer solo las tentaciones, ni enfrentar al mundo y la adversidad. Quédate conmigo Jesús, porque sin ti, nada soy”.
Siempre he querido ser como ellos. Tener ese encuentro con Jesús, sin reconocerlo, y al final saber que era Él quien estuvo conmigo. Sentir arder mi corazón.
“Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día.»  Entró, pues, para quedarse con ellos. Y esto sucedió. Mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, y en ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero ya había desaparecido.  Entonces se dijeron el uno al otro: « ¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»”  (Lc 24, 28, 32)
Soy débil y caigo con facilidad. Por eso me aferro a los sacramentos, la oración, la lectura de bueno libros, que me inspiren, la Eucaristía y mis visitas diarias a Jesús en el sagrario.
Allí me quedo con Él, le hablo, le digo que le quiero. que se quede conmigo. Y seguramente lo hace.
No lo veo, y tampoco necesito hacerlo. Me basta recibirlo cada mañana en la santa comunión. ¡Qué bueno eres Jesús!
En estos días  me encontré con una bella oración, muy similar, pero más hermosa, que le atribuyen al Padre Pío. Me encantó. Me ha conmovido hondamente.
Me recordó a los discípulos de Emaús cuando le pidieron a Jesús “Quédate con nosotros…”. 
Ha sido mi oración estos días.
Quédate, Señor, conmigo, porque es necesaria tu presencia para no olvidarte. Sabes cuán fácilmente te abandono.
Quédate, Señor, conmigo, pues soy débil y necesito tu fuerza para no caer muchas veces.
Quédate, Señor, conmigo, porque eres mi luz y sin ti estoy en tinieblas.
Quédate, Señor, conmigo, porque eres mi vida y sin ti pierdo el fervor.
Quédate, Señor, conmigo, para darme a conocer tu voluntad.
Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y te siga…

Fátima, el rosario y el infierno


Los niños tuvieron una visión horrible, pero también les fue mostrando el camino al cielo 

Cuando la Virgen se apareció a los tres pastorcitos en Fátima, en 1917, ella permitió que ellos tuvieran una visión del infierno que asustaría a cualquier niño (o adulto). Ellos vieron un “gran mar de fuego” y, dentro de él, muchas almas atormentadas.
Una imagen terrible, de la que habló Lucía: “Esa visión sólo duró un momento, gracias a nuestra buena Madre Celestial, que en la primera aparición prometió llevarnos al cielo. Sin ello, pienso que habríamos muerto de terror y miedo”.
El Catecismo de la Iglesia católica confirma la existencia del infierno, pero habla sobre un castigo más severo que el ser desterrado de la eternidad.
La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. (1035)
La explicación que el Catecismo da es el motivo por el cual deberíamos tener miedo del infierno. Debemos temer la perspectiva de pasar la eternidad separados de Dios que nos ama tanto.
Aunque sea verdad que los niños hayan visto el infierno representado como un mar de fuego, la hermana Lucía observó cómo quienes estaban en el infierno sufrían de una inmensa “desesperación”. El infierno es un lugar de desolación absoluta, un lugar solitario – no la “fiesta de todos los pecadores”, como muchas personas imaginan.
Dante escribió sobre ese aspecto en su Infierno. En contraste con un “gran mar de fuego”, él lo describe como “heladas costras”.
se prendió de las vellosas costillas;
de pelo en pelo abajo descendió luego
entre el hirsuto pelo y las heladas costras (Canto XXXIV) .

En lugar de un lugar de fuego perpetuo, es visto como un lugar de oscuridad, frío y desesperación. La imagen de Dante del infierno destaca la realidad de la separación de Dios, algo terrible y extremadamente solitario. En su interpretación, el infierno es un lugar donde clamas, pero nadie oye tus gritos, un lugar donde deseas estar al lado de alguien, pero nunca te puedes mover.
La buena noticia es que la Virgen no quiso simplemente mostrar esa visión a los niños para asustarlos. Ella quería que ellos supieran el motivo por el que debemos esforzarnos en evitar el infierno y que debemos hacer todo lo que podamos para ir al cielo, trayendo con nosotros a aquellos que conocemos.
Ella también ofreció un camino que llevaría a las almas al abrazo celestial:
Ustedes vieron que el infierno es a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios desea establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado.
La Virgen enseñó a los niños a acercarse a su Corazón Inmaculado para impedir que sus almas se alejaran de Dios. Ella recomendó practicar las devociones del Primer Sábado, ofreciendo sacrificios personales y también rezando una oración adicional durante el tercio y el rosario:
Cuando ustedes recen el tercio, digan después de cada misterio: “Oh, Jesús mío, perdónanos y líbranos del fuego del infierno. Lleva todas las almas al Cielo y ayuda principalmente a aquellas que más lo necesitan”.
La oración resume nuestra vida cristiana, reconociendo nuestra necesidad de perdón, pero también dirigiendo nuestros esfuerzos en ayudar a aquellos que están a nuestro lado y alcancen el cielo. La Virgen de Fátima nos recuerda que debemos desear que todas las almas lleguen al cielo, incluso las de nuestros enemigos. Nunca debemos desear que alguien pase la eternidad lejos de Dios.
Al final, cuanto más nos acercamos al corazón de María, más cerca estaremos del corazón de Jesús. Como escribió san Luis de Montfort, la devoción a María “es la manera más segura, más fácil, más corta y más perfecta de acercarse a Jesús”.