martes, 26 de abril de 2016

La nueva vida de los refugiados rescatados por el Papa: No somos terroristas

Supieron que lo peor había pasado a las diez de la noche de un viernes, cuando aún estaban en el campo de refugiados. Pocas horas después, iban en el avión con el Papa Francisco, quien además les dio personalmente la bienvenida en suelo italiano

"Gracias. Aprecio mucho todo lo que usted ha hecho por nosotros”. 

"Gracias Papa...”. 

Después de cinco años de guerra, de destrucción y de bombardeos, la Comunidad de San Egidio les recibió en Roma con flores. 

Nour tiene 31 años. Es una ingeniera bioquímica, y en Francia se especializó en microbiología. Su marido es ingeniero agrícola y se llama Hasan. Las bombas destruyeron completamente su casa. El viaje a escondidas hasta Lesbos con su hijo Riad les costó unos 5.000 euros. Los traficantes les llevaron 15 horas dentro de un camión para animales. 

"Quiero que mi hijo tenga un futuro, un buen futuro y que tenga una vida, como la que yo tenía antes de la guerra". 

"Me gustaría encontrar un trabajo, me gustaría trabajar en mi campo como en Siria. Me gustaría quizá continuar mi tesis. En primer lugar querría decir a Europa que no somos terroristas, no somos yihadistas”. 

Para la pequeña Masha, de 8 años, a partir de hoy esconderse es sólo un juego. Ahora puede vivir en paz, con su hermano Omar de 6 años, y sus padres, Wafa y Zamalka. Él reparaba impresoras, y ella tenía una peluquería

"Cuando llegamos, mis dos niños tenían fiebre alta. Pero a pesar de eso han ido a la escuela. Y también nosotros nos hemos apuntados. Nos sentimos al seguro. Y felices”. 

"Queremos paz, vivir tranquilos, que termine la guerra y podamos regresar a nuestra tierra. Queremos regresar a nuestra tierra”. 

El profesor Ramy y la modista Suhila decidieron escapar cuando sus hijos cumplieron edad militar. No quieren que los maten. Pero sobre todo, no quieren que se conviertan en asesinos. 

"Teníamos mucho miedo a que nos mandaran de vuelta a Turquía. Muchas gracias al Papa, es un milagro, nos ha salvado”. 

"Por fin sentimos un poco de paz, después de tantos años de guerra. Por fin una mañana tranquila, llena de paz. Estamos muy contentos”. 

"Esperamos que termine la guerra, que haya paz y podamos regresar a Siria”. 

En su primer día en Italia han comenzado a estudiar italiano. Rachid quiere ser cirujano, y Abdel Majid sueña con ser dentista. Todos quieren regresar un día Siria. Aunque allí sólo les queda una cosa. 

"¿Qué han dejado en Siria?”
"Sólo las raíces”. 


JMB
MG - Algunas imágenes han sido proporcionadas por la Comunidad de San Egidio
JM
- PR
Up: IPC

El Papa ya reza por el pequeño Benicio, ¿te sumas? Francisco llamó a un niño argentino de 9 años con cáncer


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Desde el fin del mundo llegó una carta para el papa Francisco. Fechada el 7 de abril y enviada desde la ciudad patagónica argentina de Río Gallegos, la misiva estaba escrita de puño y letra por un niño que, en hoja cuadriculada, con letra imprenta mayúscula decía:
“Hola papa Francisco, me llamo Benicio y tengo 9 años. Hace 5 meses me enfermé tuve mareos y no podía ver bien, me internaron y me llevaron a Buenos Aires. Tengo un tumor en una parte del cerebro que se llama tronco, me operaron y sacaron la mitad, hice radioterapia y sigo con quimio que es feo pero no importa.
Quiero pedirte que reces por mi así la Virgen María y Dios me curan y bendicen a mi doctora Mercedes que me está curando.
Te quiero mucho papa Francisco y me gustaría conocerte y darte un abrazo.
Chau
Benicio”
Acompañaba la firma del niño un dibujo del Papa, portando una flor en una mano.
Analía, mamá de Benicio, confirmó en redes sociales que el Papa Francisco retribuyó con un llamado la carta.
Según publica el diario digital patagónico Tiempo Sur, que luego dialogó con ella, el sábado 16 de abril por la mañana sonó el teléfono en la casa. Atendió Analía, y la voz al otro lado, que ya le parecía conocida, pidió hablar con Benicio. Era Francisco.
Como amigos de toda la vida, expresó Analía, el Papa y Benicio conversaron durante un tiempo, y el niño pudo decirle en persona lo que le escribió en la carta: “Te quiero mucho”. Francisco le aseguró las oraciones y le pidió que todos recen por él también.
Analía relató que la familia es muy devota de san Expedito y ya cuentan con una imagen prestada de este en la casa, bendecida, para pedir por su intercesión la curación del niño.
Con la alegría de saber que el Papa, con todas sus ocupaciones, “se había ocupado un rato” de Benicio y está en sus oraciones, confían en la curación de Benicio.
También nosotros por Benicio
La familia se encomienda por la intercesión de san Expedito, y el Papa ya reza por Benicio. Para acompañar al Papa y a la Familia, la mejor manera de terminar esta noticia es rezando por este pequeño niño con muchas ganas de vivir de la Patagonia.
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Oración a San Expedito
¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!
¡Virgen Santísima socórreme!
San Expedito, tú que lleno de valor abriste tu corazón a la gracia de Dios y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega, ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo. Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio y tentación con el poder que Jesús me da.
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor, y no me acobarde ante las pruebas.
Tú que eres el santo de las causas urgentes,
te presento mi necesidad (pidamos aquí por Benicio).
Sobre todo te pido que intercedas por mí para que persevere en la fe, y así llegue al gozo del cielo con Cristo,
con la Virgen María, los ángeles y los santos. Amén.

Papa Francisco a refugiados: “Perdonen cerrazón de nuestras sociedades… ustedes son un don”. Tras contar historia de un musulmán que, llorando, le contó como su esposa cristiana fue degollada, el Papa vuelve a pedir que los prófugos no sean vistos como un peso.

El papa Francisco, que hace algunos días regresó de una visita relámpago a la isla de Lesbos en Grecia para revelar al mundo el drama de las familias divididas y golpeadas por la guerra y la destrucción, este lunes 19 de abril pidió perdón a un grupo de refugiados asistidos por los Jesuitas en Roma.
“Perdonen la cerrazón y la indiferencia de nuestras sociedades que temen el cambio de vida que su presencia requiere. Tratados como un peso, un problema, un costo, sin embargo, ustedes son un don”, dijo Francisco a través de un videomensaje dirigido a los refugiados huéspedes del Centro Astalli.
¡Demasiadas veces no los hemos acogido!, denunció en el mensaje enviado con motivo del 35 aniversario de la fundación del Centro que realiza su labor social en Italia para el Servicio Internacional de los Jesuitas a los Refugiados (JRS).
“Su experiencia de dolor y de esperanza nos recuerda que todos somos extranjeros y peregrinos en esta Tierra, acogidos por alguien con generosidad y sin mérito alguno”, explicó tras su último viaje apostólico a la isla griega de Lesbos donde visitó a 3 mil refugiados.
“Aquel que, como ustedes, ha huido de su propia tierra a causa de la opresión, de la guerra, de una naturaleza desfigurada por la contaminación y la desertificación, o de la injusta distribución de los recursos del planeta, es un hermano con el cual compartir el pan, la casa, la vida”, añadió.
El Papa inició su mensaje llamando a la valentía del Evangelio y citó: “Era forastero y me han acogido” (cfr. Mt 25, 35). Era forastero… Cada uno de ustedes, los refugiados que llaman a nuestras puertas tiene el rostro de Dios, es carne de Cristo”.
Ellos – los prófugos – “son el testimonio de cómo nuestro Dios clemente y misericordioso sabe transformar el mal y la injusticia que sufren en un bien para todos”, sostuvo en el mensaje que fue publicado esta mañana durante la presentación del informe anual del Centro Astalli que tuvo lugar en el Teatro Argentina de Roma.
“Porque cada uno de ustedes puede ser un puente que une a pueblos lejanos, que hace posible el encuentro entre culturas y religiones diversas, un camino para redescubrir nuestra humanidad común.… y me han acogido. Era forastero y me han acogido”, añadió Francisco.
Asimismo, agradeció a los que hacen posible la obra de acogida: “Gracias a todos ustedes, mujeres y hombres, laicos y religiosos, operadores y voluntarios, porque muestran en los hechos que si se camina juntos, el camino da menos miedo”.
“Sean siempre testimonio de la belleza del encuentro. Ayuden a nuestra sociedad a escuchar la voz de los refugiados. Sigan caminando con valentía a su lado, acompáñenlos y háganse guiar por ellos: los refugiados conocen los caminos que llevan a la paz porque conocen el olor acre de la guerra”, invitó.
“21.000 refugiados fueron acogidos en el último año por el Centro Astalli en Roma para un total de 36.000 sumados a los huéspedes acogidos en las sedes de Palermo, Catania, Trento y Vicenza, donde aumenta el número de solicitudes”, informó Donatella Parisi, responsable de Comunicación.

El Papa Francisco y la confesión

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Me encontré ayer una imagen que me encantó y me recordó la experiencia que llevo viviendo durante años alrededor del sacramento de la Reconciliación. La imagen muestra al Papa Francisco confesando, en la misma Plaza de San Pedro, a un joven. Ambos están rodeados de otros sacerdotes confesando a otros jóvenes. Lo que me llamó la atención fue, sin duda, la alegría captada por la cámara, la sonrisa abierta y franca del Papa.
Me gustaría acercarme con mayor frecuencia al sacramento de la Reconciliación. De niño y de joven, mientras todavía vivía en Coruña, solía confesarme cada 15 días o tres semanas a lo sumo. Era parte importante de mi vida espiritual. Siempre tuve un buen confesor, el bueno de D. Nicolás, que con suma ternura, me escuchaba y luego me animaba a volver y a ser mejor. Estando en Madrid, me costó mucho encontrar a alguien con quién frecuentar el sacramento. Lo encontré los últimos años, cerca de casa. El bueno de Pedro también hizo gala siempre de acogerme, escucharme y, de manera muy sencilla pero con gran profundidad, llevarme por caminos de reflexión que me emocionaban y me movilizaban para ser mejor.
Siempre he experimentado alegría al acercarme al sacramento y eso fue lo que me hizo conectar rápidamente con la imagen que comento. Si no hay escucha, respeto, acogida, abrazo y alegría… difícil volver a desnudarse delante de un hombre. Hubo personas en mi familia con experiencia de confesión llenas de juicios, ¡incluso de gritos y regañinas! La consecuencia dura hasta hoy: no han vuelto a acercarse a un confesionario.
  • Creo que es bueno confesarse siempre con la misma persona. El confesor, si hay “feeling”, puede ser escuchador, acompañante, terapeuta, amigo, guía… La situación lo requiere. Uno no se pone ante él a contar pecados sino a contarse a sí mismo. O hay confianza y conocimiento o si no… uno se queda templado.
  • Creo que es bueno no ceñirse a un confesionario y propiciar lugares que favorezcan el encuentro, la conversación, la cercanía. ¿Es imprescindible? No, por supuesto que no. Pero ayuda. Hay confesionarios antiguos que parecen cuevas, entradas a un túnel donde uno no sabe si quiere adentrarse.
  • Creo que es bueno que la confesión se haga sin prisa, por parte de ambos. Recuerdo una de mis últimas confesiones… duró escasamente 3 minutos. Me sentí estafado… Yo buscaba la escucha y el abrazo del Padre, no simplemente una fórmula, un expendedor de perdón.
  • Por último, creo que es bueno que la penitencia ayude a provocar un cambio en la persona, lo abra a otras realidades, lo lleve al núcleo de su vivencia, lo vuelva a acercar a Dios. ¡Cuántas penitencias parecen penas, castigos o sencillamente oracioncillas para cubrir el expediente!
Tengo que volver a confesarme. Lo necesito. Un corazón no puede vivir arrugado por mucho tiempo. La sed y el hambre lo ahogan y lo acostumbran a un amor mediocre que, ni Dios, ni el prójimo, ni uno mismo, nos merecemos.


Un abrazo fraterno – @scasanovam

FOTO DE FAMILIA Y VÍDEO DE LA OBERTURA DE LAS III JORNADAS NUEVA EVANGELIZACIÓN

III Jornadas de Nueva Evangelización. Pincha en el enlace y podrás ver el artículo.