domingo, 30 de abril de 2017

Por qué deberías intentar rezar una coronilla de la Divina Misericordia


La misericordia tiene una manera de llegar hasta el fondo que todos necesitamos, especialmente ahora

Yo estaba alejada de la Iglesia cuando empezó a hacerse popular la devoción de la Divina Misericordia. Recuerdo a un colega editor haciendo referencia a la recién canonizada santa Faustina Kowalska, preguntando “¿santa quién?”.
La primera vez que contemplé la imagen de Jesús de la Divina Misericordia quedé menos que impresionada. Confieso que pensé que era algún tipo de obra de arte como las que se venden junto a pinturas de Elvis sobre terciopelo o de perros jugando al póker.
Nada de esto me predisponía a abrirme a lo que para mí era una práctica devocional desconocida, rezar la Coronilla de la Divina Misericordia.
Pero la misericordia, a diferencia de la economía, se abre camino indefectiblemente, encuentra las grietas en los corazones que se volvieron duros y cínicos, y los reblandece y prepara para la curación.
A través de la misericordia de amigos míos, fui a Roma como peregrina en 2010. Nuestra primera misa matinal se celebró en la iglesia Santo Spirito in Sassia, un espléndido templo justo al lado del Vaticano, consagrado por san Juan Pablo II a la Divina Misericordia.
Y allí estaba Esa Imagen, en un cartel que se elevaba por encima de nuestro grupo de peregrinos.
Yo seguía separada de la Iglesia por entonces, así que me abstenía de comulgar. Pero aquella mañana sentí un anhelo profundo y auténtico de regresar. Así obra la misericordia, ablandando e invitando.
Y sí volví a la Iglesia, en el Adviento de 2010, movida inexorablemente por el fruto de aquella peregrinación.
Sin embargo, aunque encontré una dicha renovada en las prácticas que una vez abandoné –el rosario, la Adoración–, no sentía ninguna llamada a explorar la Divina Misericordia.
Luego, otra peregrinación en 2012, esta vez a los santuarios marianos de Portugal, España y Francia, me puso en compañía de peregrinos que tenían el hábito de rezar regularmente la Coronilla de la Divina Misericordia: todos los días, a las 3 pm, la hora (tradicionalmente asociada con el momento de la muerte de Jesús en la cruz) que santa Faustina denominó “la hora de la misericordia”.
Nuestro grupo empezaba a rezar la coronilla todos juntos cada día a las tres, deteniéndonos allá donde estuviéramos o uniéndonos en oración en los autobuses.
En la catedral de la Almudena en Madrid, nuestro director de la visita arregló que se hiciera una grabación de nuestra oración, conducida por una joven peregrina filipina que estaba discerniendo su vocación a la vida religiosa.
Al final del viaje, recibimos copias en CD de la grabación, para que pudiéramos revivir la experiencia de nuevo en nuestros hogares.
Las oraciones de la coronilla, compuestas por santa Faustina, son sencillas y poco sentimentales, se centran en la ofrenda de los sufrimientos de Jesús como expiación del pecado personal y global, e imploran a Dios a que “tenga misericordia de nosotros y del mundo entero”.
La repetición de esta letanía –Señor, ten piedad, Kyrie eleison– es una de las oraciones más antiguas de la Iglesia, Oriental y Occidental, y nunca está desfasada.
En especial ahora, sobre todo ahora. La sugerencia de esta semana para actuar con misericordia, conforme a este Año Jubileo —Reza una Coronilla de la Divina Misericordia camino del trabajo o de vuelta a casa—  es una forma sencilla de presentar ante Dios nuestra necesidad, y la del mundo entero, de que se filtre en nosotros la misericordia, de que sintamos su efervescencia en nosotros.
Si nunca has rezado la Coronilla de la Divina Misericordia, este podría ser un buen momento para conocerla.
Para los que no estén familiarizados con las coronillas, constan de grupos de oraciones que se van contando en círculos de cuentas.
La Coronilla de la Divina Misericordia usa las cuentas de un rosario dominico estándar (de 5 decenas).
Después de una oración inicial opcional y las oraciones tradicionales rezadas sobre la cruz y las cuentas introductorias, la coronilla consiste en 5 “decenas” de oración e intercesión. En las cuentas de Padre Nuestro, rezamos:
“Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, en expiación de nuestros pecados y los del mundo entero”.
Y en cada una de las diez cuentas de cada decena, rezamos:
Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
La coronilla cierra con la oración “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero”, tres veces, y luego oraciones de cierre opcionales. (Para más información sobre cómo rezar la coronilla, haz clic aquí).
Puedes rezar la Coronilla de la Divina Misericordia, como un rosario, a solas o en grupo, en silencio o en voz alta, usando las cuentas o contando con los dedos.
Si vas y vuelves del trabajo acompañado, podéis rezar juntos. Si vas conduciendo a solas, puedes rezar con una grabación.
La coronilla es fácil de rezar en transporte público (doy fe de ello) y, además, aquello que veas a través de las ventanas del autobús o en los rostros de tus compañeros de tren puede moverte a pedir la misericordia de Dios con mayor fervor si cabe.
Pruébalo. Como quien dice, daño no va a hacerte.

¿Por qué los católicos usan velas en la misa?


Aunque ya no tienen un propósito práctico, la Iglesia sigue requiriendo su empleo en la liturgia

Con la excepción de las misas de la Vigilia Pascual y la Rorate Caeli de Adviento, en las celebraciones modernas de la misa, las velas por lo general no mantienen su antiguo propósito práctico de iluminar un espacio oscuro. Sin embargo, la Instrucción General del Misal Romano (IGMR) dice: “Colóquense en forma apropiada los candeleros que se requieren para cada acción litúrgica, como manifestación de veneración o de celebración festiva, o sobre el altar o cerca de él”.
Esto suscita una pregunta: si las velas no guardan ningún propósito práctico, ¿por qué insiste la Iglesia en seguir utilizándolas en el siglo XXI?
Las velas se han usado siempre en la Iglesia de forma simbólica. Desde tiempos antiguos la vela se ha usado como un símbolo de la luz de Cristo.
Esto queda claramente expresado en la Vigilia Pascual, cuando el diácono o el sacerdote entra con el cirio pascual en la iglesia oscura. Jesús llegó a nuestro mundo de pecado y muerte para traernos la luz de Dios. Así se expresa claramente en el Evangelio de Juan: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).
Hay quienes señalan también hacia el uso de las velas como un recordatorio de los primeros cristianos, que celebraban misa en las catacumbas a la luz de las velas. Es algo de debería recordarnos el sacrificio que hicieron, además de la posibilidad de que también nosotros pudiéramos estar en una situación similar, celebrando misa bajo la amenaza de la persecución.
Además de ofrecernos una meditación en torno a la luz, también es destacable que las velas de la Iglesia católica están elaboradas tradicionalmente con cera de abeja. Según la Enciclopedia Católica, “la cera pura extraída por las abejas de las flores simboliza la carne pura de Cristo recibida de Su Madre Virgen, la mecha simboliza el alma de Cristo y la llama representa Su divinidad”.
El requisito de usar velas que estén, al menos parcialmente, elaboradas con cera de abeja, sigue presente en la Iglesia por respeto a esta antigua simbología.
Las velas también se han usado para añadir un carácter más festivo a la celebración de la misa. Según la IGMR: “Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco. Sobre el altar, o cerca de él, colóquese en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto y, si celebra el Obispo diocesano, siete, con sus velas encendidas”.
El número de velas tiene por objetivo recordar que hay algún elemento diferente en determinado día y debería despertar el interés de los presentes.
En resumen, aunque las velas puedan parecer anticuadas o innecesarias, la Iglesia valora que la belleza natural de las velas puede tener un impacto espiritual en nuestras almas. La Iglesia, en su sabiduría, percibe el poder detrás del simbolismo de emplear velas y cómo pueden volver a prender el ánimo de un alma alicaída y llenarla con el fuego del amor divino.

Lo que puedes descubrir rezando el rosario


Antes de empezar a rezarlo le digo: “María, muéstrame a tu Hijo”

El Rosario es una oración viva: es como sentarse a la mesa con María para hablar de su Hijo. Y entonces mientras más lo rezas más lo añoras, más tuyo se hace y más enternece tu alma.
Es como un instrumento que la Virgen nos regala para acercarnos a Cristo, sabiendo lo difícil que se nos hace poner las cosas del cielo cerca de nosotros y lo fundamental que es el no perder de vista su presencia en nuestras vidas.
El Rosario es a la vez, la mano de María enseñándonos a dibujar a Cristo en nuestro Corazón. Con esta oración en forma de meditación, aprendemos a contemplar la vida de Cristo, es decir, a mirar estas escenas con el corazón.
Y entonces en el medio de éste, surgen preguntas y revelaciones: porque Cristo, porque Dios, porque el Espíritu Santo, porque el sacrificio, porque el dolor… ¡de qué manera cada escena toca mi vida personalmente! La respuesta última y definitiva: el amor de un Padre por toda la humanidad, el amor, siempre el amor…
Antes de empezar a rezarlo, con el Rosario en las manos le digo: “María, muéstrame a tu Hijo”, entonces es ella misma como Madre que conoce a profundidad a su propio Hijo, quien me toma de las manos y despliega todo el Misterio de Cristo en mi corazón.
El Rosario no es una alabanza a María, ella no nos enseña sobre sí misma. En cada decena meditamos un misterio sobre la Vida de Cristo, durante estas 10 cuentas pensamos en un solo misterio.
Y pedimos, pedimos por todo lo que se nos ocurra, tenemos 50 cuentas para pedir por nuestras necesidades y por las necesidades del mundo entero, y ella ora, ora por todo lo que le pidamos, pide como una madre por su hijo, ¡por nuestras necesidades, dolores y angustias!
Recordamos entonces algunas de estas “escenas”: el anuncio del ángel a María, el nacimiento del Niño Jesús, el bautismo de Jesús en el Jordán, la Transfiguración, la Ultima Cena, la agonía en el huerto, la crucifixión, la resurrección, la venida del Espíritu Santo, etc. Tanta riqueza en un atado de perlas… descubrir a Cristo es recibir el amor del Padre.
Cuando reces el Rosario con devoción, piensa con detenimiento en que María está depositando a Cristo en tus manos.

El Santo Padre - La Santa Sede

El Santo Padre - La Santa Sede

10 cosas que debes saber sobre el Domingo de la Divina Misericordia

10 cosas que debes saber sobre el Domingo de la Divina Misericordia

La Iglesia está cerca de la celebración del segundo Domingo de Pascua o Domingo de la Divina de la Misericordia. ¿Qué es y por qué es tan importante este día para los católicos? Estas son 10 cosas que debes saber al respecto:
1. El Domingo de la Misericordia se basa en revelaciones privadas
Esta celebración se lleva a cabo en el segundo Domingo de Pascua. Se basa en las revelaciones privadas de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.
2. Forma parte del calendario de la Iglesia por acción de San Juan Pablo II
En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. (Homilía, 30 de Abril, 2000)
3. Esta revelación privada tiene efectos válidos en la liturgia
En su comentario teológico sobre el mensaje de Fátima, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, escribió: “podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús”.
4. La Iglesia invita a celebrar la Divina Misericordia de varias formas
Entre otras cosas, ofrece una indulgencia plenaria: “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice (Juan Pablo II) ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos”. [Decreto de la Penitenciaría Apostólica del 2002]
5. La imagen de la Divina Misericordia fue revelada por Jesús mismo
Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella.
En la mayoría de versiones Jesús se muestra levantando su mano derecha en señal de bendición, y apuntando con su mano izquierda sobre su pecho fluyen dos rayos: uno rojo y otro blanco.
“El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299). Toda la imagen es un símbolo de la caridad, el perdón y el amor de Dios, conocida como la "Fuente de la Misericordia".
6. Esta devoción cuenta con oraciones particulares
La Coronilla es un conjunto de oraciones utilizadas como parte de la devoción a la Divina Misericordia.
Se suele rezar a las 3:00 pm (el momento de la muerte de Jesús) utilizando las cuentas del Santo Rosario, pero con un conjunto diferente de oraciones. Puede acceder a la Coronilla en el siguiente enlace.
7. La Divina Misericordia está vinculada al Evangelio del segundo Domingo de Pascua
La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo –tras la resurrección–, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados.
Este momento está registrado en Juan 20: 19-31, que es la lectura del Evangelio de este domingo.
La lectura se coloca en ese día porque incluye la aparición de Jesús al apóstol Tomás (en la que Jesús lo invita a tocar sus llagas). Este evento ocurrió en el octavo día después de la Resurrección (Juan 20:26) y por ello se utiliza en la liturgia ocho días después de la Pascua.
8. Los sacerdotes tienen un empoderamiento especial para administrar la Divina Misericordia
En Juan 20, 21-23 dice: “Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’”.
9. La confesión es la acción de la Divina Misericordia hasta el fin de los tiempos
Jesús capacitó a los apóstoles (y sus sucesores en el ministerio) con el Espíritu Santo para perdonar o retener (no perdonar) los pecados.
Debido a que están facultados con el Espíritu de Dios para hacer esto, su administración del perdón es eficaz: realmente elimina el pecado en lugar de ser solo un símbolo de perdón.
10. En las revelaciones privadas Jesús le da suma importancia a su Segunda Venida
Jesús promete regresar en gloria a juzgar al mundo en el amor, como claramente lo dice en su discurso del Reino en los capítulos 13 y 25 de San Mateo.
Solo en el contexto de una revelación pública como es enseñado por el Magisterio de la Iglesia se puede situar las palabras de la revelación privada dada a Sor Faustina:
“Prepararás al mundo para Mí última venida”. (Diario 429)
“Habla al mundo de mi Misericordia….Es señal de los últimos tiempos después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia”. (Diario 848)
“Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia”. (Diario 965)
“Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita”. (Diario 1160)
“Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia”. (Diario 1588)
“Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia”. (Diario 1146)