Mostrando entradas con la etiqueta ORACION. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ORACION. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de septiembre de 2017

San Francisco de Asís: Alabanzas al Dios Altísimo


Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas. Tú eres fuerte, Tú eres grande, Tú eres Altísimo

Estas son las Alabanzas al Dios Altísimo que San Francisco de Asís compartió una vez con Fray León. Pertenecen al grupo de escritos del santo. Léanlas, órenlas y háganlas suyas.
  

Alabanzas al Dios Altísimo
Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.

Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres Altísimo.

Tú eres Rey omnipotente.

Tú eres Padre santo, Rey del cielo y de la tierra.

Tú eres Trino y Uno, Señor Dios de los dioses.

Tú eres el Bien, todo el Bien, el sumo Bien, Señor Dios vivo y verdadero.

Tú eres Amor, tú eres Caridad.

Tú eres Sabiduría, tú eres Humildad, tú eres Paciencia.

Tú eres belleza, tú eres Seguridad, tú eres Paz.

Tú eres Gozo y Alegría, tú eres nuestra Esperanza.

Tú eres Justicia, tú eres Templanza, tú eres toda nuestra Riqueza.

Tú eres Belleza, tú eres Mansedumbre.

Tú eres Protector, tú eres nuestro Custodio y Defensor.

Tú eres Fortaleza, tú eres Refugio.

Tú eres nuestra Esperanza, tú eres nuestra Fe.

Tú eres Caridad, tú eres nuestra Dulzura.

Tú eres nuestra Vida eterna, grande y admirable Señor,

Dios Omnipotente, misericordioso Salvador".


jueves, 7 de septiembre de 2017

Conoce la devoción “¡Detente! El corazón de Jesús está aquí”


Este emblema puede llevarse en el pecho, el cuello o en la chaqueta, pero lo ideal es llevarlo a la altura del corazón

El “detente” es un pequeño emblema que se lleva sobre el pecho, con la imagen del Sagrado Corazón. Es propio de quien ama llevar consigo un signo de su amado, así el “detente” es signo de nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús y de nuestra confianza en su protección contra las acechanzas del maligno. Le decimos “detente”, en nombre de Jesús, al demonio y a toda maldad. 
Se le conoce también como el “Pequeño Escapulario del Sagrado Corazón”, aunque no es, en el sentido estricto de la palabra, un escapulario.
Origen 
Proviene de santa Margarita María Alacoque, como lo atestigua una carta dirigida por ella a la Madre Saumaise el 2 de Marzo de 1686 en la que le dice: “Él (Jesús) desea que usted mande a hacer unas placas de cobre con la imagen de su Sagrado Corazón para que todos aquellos que quisieran ofrecerle un homenaje las pongan en sus casas, y unas pequeñas para llevarlas puestas.” (Vida y Obras, vol. II, p.306, nota).
Ella misma llevaba una sobre su pecho, debajo del hábito e invitaba a sus novicias a hacer lo mismo. Hizo muchasde estas imágenes y recomendaba que su uso era muy agradable al Sagrado Corazón.
El detente y la plaga de Marsella
Fue especialmente en el año 1720, durante una terrible plaga en Marsella, Francia (Cf. Hamon, op.cit., vol. III, p. 431) que este pequeño escapulario, o como se le llamó “Salvaguardia,” se difundió entre todos los fieles.
Este “Detente” consistía en un pedazo de tela blanca en la cual la imagen del Sagrado Corazón era bordada, con la leyenda “Oh Corazón de Jesús, abismo de amor y misericordia, en ti confío” (Las palabras: “Detente, el Corazón de Jesús está aquí” corresponden a un período posterior. Hamon, ibid.,Nota).

La forma que hoy tiene el detente fue dada por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat, a quien el Señor le había dejado saber de antemano el daño que iba a causar la plaga y también el maravilloso auxilio que la ciudad encontraría en la devoción a Su Sagrado Corazón. Ella hizo, con la ayuda de sus hermanas en religión, miles de estos emblemas y los repartieron por toda la ciudad y alrededores. La historia nos relata que poco después la plaga cesó. (Cf. Hamon, op. cit., vol III, p.425; Beringer, op. cit., vol I, n. 953, p. 520).

Entre los regalos que el papa Bendicto XIV, en el 1748, envió a la princesa Polaca Mary Lczinska con la ocasión de su matrimonio con el rey de Francia Luis XV, habían, de acuerdo a las memorias de ese tiempo, “muchos escudos del Sagrado Corazón hechos de taffeta roja y bordados en oro.” (De Franciosi, s.j., La dévotion au Sacré-Coeur de Jésus, p. 289).
En el tiempo de la Revolución Francesa se desató una violenta persecución contra la Iglesia. Estos escapularios se tuvieron por “la manifestación viva del fanatismo” y como evidencia de hostilidad al régimen revolucionario.
Durante el juicio de la reina María Antonieta, se produjo en su contra, como evidencia, un pedazo de papel muy fino que se encontró entre sus pertenencias, en el que la imagen del Sagrado Corazón estaba dibujada, con la llaga, la cruz y la corona de espinas, y con la leyenda: “Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros.” (Ibid., p. 290).
El uso del detente se extendió grandemente, especialmente desde el 1866, durante los estragos producidos por la epidemia del cólera de Amiens, Roubaix, Cairo y otras partes. Suinfluencia beneficiosa se hizo evidente. 
Después de la guerra Franco-Alemana los “Salvaguardia” probaron ser en más de una ocasión, un escudo que protegió a muchos soldados franceses de las balas enemigas. (Cf. Messager du Coeur de Jésus, vol. XIX, p. 180).
Indulgencia
El papa Pío IX le concedió en el año 1872, una indulgencia de 100 días una vez al día a todos los fieles que usaran alrededor de sus cuellos este emblema piadoso y rezaran un Padre Nuestro, Ave María y Gloria. (Preces et pia opera, n. 219).
En un breve de fecha 20 de Junio de 1873 encontramos la respuesta a dos preguntas en referencia al Detente:
1. Como no es un escapulario en el sentido estricto de la palabra, sino más bien un escudo o emblema del Sagrado Corazón, las reglas generales para el escapulario propiamente llamado, no son aplicables a él. Así que no necesita ni una bendición especial, ni una ceremonia o inscripción. Es suficiente con usarlo para que cuelgue en el cuello.
2. La leyenda “Detente, el Corazón de Jesús está aquí” no es requerida.
(Beringer, op. cit., n. 953; Preces et pia opera, n. 219.)

Oración
El papa Pío IX compuso esta oración:
“¡Abridme Vuestro Sagrado Corazón Oh Señor Jesús! …Mostradme Sus Encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar:
Sí, Señor Jesús, yo Os adoro… aceptad el poco bien que practico… Hacedme la merced de reparar el mal cometido… para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amén”.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Oraciones del Papa Francisco por la protección del planeta


En la encíclica #LaudatoSi apenas publicada, el Pontífice enseña a pedir al Dios creador por nuestra tierra

La encíclica Laudato si del Papa Francisco termina con dos oraciones, una que se ofrece para ser compartida con todos los que creen en "un Dios creador omnipotente" (246), y la otra propuesta a quienes profesan la fe en Jesucristo, rimada con el estribillo Laudato si, que abre y cierra la encíclica.
Así la presenta el Papa: “Después de esta prolongada reflexión, gozosa y dramática a la vez, propongo dos oraciones, una que podamos compartir todos los que creemos en un Dios creador omnipotente, y otra para que los cristianos sepamos asumir los compromisos con la creación que nos plantea el Evangelio de Jesús”.
Oración por nuestra tierra
Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz,
para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.

Oración cristiana con la creación
Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas, que salieron de tu mano poderosa.
Son tuyas,
y están llenas de tu presencia y de tu ternura. Alabado seas.
Hijo de Dios, Jesús,
por ti fueron creadas todas las cosas.
Te formaste en el seno materno de María, te hiciste parte de esta tierra,
y miraste este mundo con ojos humanos. Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado.
Alabado seas.
Espíritu Santo, que con tu luz
orientas este mundo hacia el amor del Padre y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones para impulsarnos al bien.
Alabado seas.
Señor Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte
en la belleza del universo,
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe.
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti. Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino de justicia, de paz, de amor y de hermosura. Alabado seas.
Amén.
 

viernes, 25 de agosto de 2017

Oración para pedir alegría en el sufrimiento, de Santo Tomás Moro


Una bellísima oración que el santo escribió en la cárcel, cuando supo que le iban a matar, a su ser más querido, su hija Margarita

Dame, Señor, un poco de sol,
algo de trabajo y un poco de alegría.
Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena
digestión y algo para digerir.
Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.
No permitas que me preocupe demasiado
por esta cosa embarazosa que soy yo.
Dame, Señor, la dosis de humor suficiente como para encontrar
la felicidad en esta vida
y ser provechoso para los demás.
Que siempre haya en mis labios una canción, una poesía o una historia para distraerme.
Enséñame a comprender los sufrimientos
y a no ver en ellos una maldición.
Concédeme tener buen sentido,
pues tengo mucha necesidad de él.
Señor, concédeme la gracia,
en este momento supremo de miedo y angustia,
de recurrir al gran miedo
y a la asombrosa angustia que tú experimentaste en el Monte de los Olivos
antes de tu pasión.
Haz que a fuerza de meditar tu agonía,
reciba el consuelo espiritual necesario
para provecho de mi alma.
Concédeme, Señor, un espíritu abandonado, sosegado, apacible,
caritativo, benévolo, dulce y compasivo.
Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos experimente
el gusto de tu Espíritu santo y bendito.
Dame, Señor, una fe plena, una esperanza firme y una ardiente caridad.
Que yo no ame a nadie contra tu voluntad,
sino a todas las cosas en función de tu querer.
Rodéame de tu amor y de tu favor.
“Ten, pues, buen ánimo, hija mia, y no te preocupes por mí,
sea lo que sea que me pase en este mundo.
Nada puede pasarme que Dios no quiera.
Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca,
es en realidad lo mejor”.
*****
“Aunque estoy convencido, mi querida Margarita,
de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo,
ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad.
Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo:
las riquezas, las ganancias y la misma vida,
antes de prestar juramento en contra de mi conciencia”.
Santo Tomás Moro. Carta escrita en la cárcel a su hija Margarita

jueves, 24 de agosto de 2017

Oración a la Virgen María para luchar contra el aborto


Por todas las madres que tienen miedo de ser madres

La Iglesia Católica siempre ha condenado el aborto como un grave mal. En su encíclica Evangelium Vitae (“El Evangelio de la Vida”), San Juan Pablo II, sostiene que la Biblia prohíbe el aborto, así como prohíbe el asesinato.
En una entrevista con los medios católicos italianos TV2000 y Blu Radio, para conmemorar el fin de su jubileo Año Santo de la Misericordia, el Papa Francisco describió su angustia al encontrarse con una madre que perdió a uno de sus tres hijos, y llamó al aborto un “crimen horrendo” y “un pecado muy grave”.
A continuación, una oración compuesta por el Padre Frank Pavone, sacerdote y líder provida de Estados Unidos, Director Nacional de Sacerdotes por la Vida (Priests for Life)

Oración a la Virgen para luchar contra el aborto

Oh María, Madre de Jesús y Madre de todos nosotros, nos dirigimos a ti hoy como Aquella quien dijo “Sí” a la Vida.
“Tú concebirás y darás a luz un hijo”, te dijo el ángel. A pesar de la sorpresa y la incertidumbre acerca de cómo podría ser esto, dijiste que SÍ. “Hágase en mí según tu palabra”.
Oh María, oramos hoy por todas las madres que tienen miedo de ser madres. Oramos por aquellos que se sienten amenazados y abrumados por su embarazo.
Intercede por ellos, para que Dios les dé la gracia de decir que SÍ y el valor para continuar.
Que tengan la gracia de rechazar la falsa solución del aborto.
Que puedan ellos decir Contigo: “Hágase en mí según tu palabra”.
Que experimenten la ayuda del pueblo cristiano y conozcan la paz que viene de hacer la voluntad de Dios.
Amén
Qriswell J. Quero
Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net

lunes, 7 de agosto de 2017

3 oraciones a San Cayetano para pedir por Pan y Trabajo


Adelante, no te rindas jamás ¡ten fe! que ese es el único requisito que tiene Dios para obrar milagros en tu vida

San Cayetano (1480-1547), fue un sacerdote fundador de la Orden Teatina y uno de los primeros promotores del Escapulario Azul, que se ha convertido en un sacramental cercano y querido de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción.
Cayetano nació en Vicenza en Italia, y su padre era un conde muy rico. Estudió derecho en la Universidad de Padua y se convirtió en abogado. Él era un buen abogado y consiguió un trabajo en las oficinas del Papa en Roma. Pero más tarde, sintiendo el llamado de Dios, decidió que quería ser sacerdote y así lo hizo.
Con el pasar del tiempo se unió a un grupo de hombres humildes y sencillos que se dedicaban a ayudar a los enfermos y a los pobres. Iba por toda la ciudad en busca de gente desafortunada para servirles.
San Cayetano Ayudaba en el hospital cuidando a personas con enfermedades muy desagradables y contagiosas. También animó a todos a ir a la Sagrada Comunión a menudo.
“Nunca seré feliz hasta que vea a los cristianos reunirse para alimentarse con el Pan de la Vida con avidez y deleite, no con miedo y vergüenza”. (San Cayetano)
Sabemos lo importante que es llevar el sustento cada día a nuestro hogar y que, en algunas ocasiones, las situaciones que hemos vivido nos han colocado en una posición poco favorable para conseguir ese trabajo que tanto anhelamos y por el que tanto luchamos.
Dios nos ha capacitado a todos con talentos distintos y suficientes para enfrentar la vida y salir adelante, sea cual fuese la dificultad a la que estemos sometidos.
No debemos desesperar, porque estamos seguro de que Dios tiene planeado ese lugar de trabajo en el que nos vamos a desempeñar y que será un medio de salvación espiritual para Ti y tus futuros compañeros de trabajos.
A continuación te dejamos tres oraciones a San Cayetano para que pidas su intercesión ante el Señor. Adelante, no te rindas jamás ¡ten fe! que ese es el único requisito que tiene Dios para obrar milagros en tu vida.

Oración a San Cayetano por una causa desesperada

Glorioso San Cayetano, aclamado por todos los pueblos, Padre de providencia porque socorres con grandes milagros a cuantos te invocan en sus necesidades: acudo a tu altar, suplicando que presentes al Señor los deseos que confiadamente deposito en tus manos.
– Pedir la gracia que desea conseguir –
Haz que estas gracias, que ahora te pido, me ayuden a buscar siempre el Reino de Dios y su Justicia, sabiendo que Dios que viste de hermosura las flores del campo y alimenta con largueza las aves del cielo me dará las demás cosas por añadidura.
En el nombre de Jesús.
Amén.
Rezar el Padrenuestro, Avemaria y Gloria

Oración a San Cayetano por el sustento diario

Oh glorioso San Cayetano, Padre de la providencia, no permitas que en mi casa nunca me falte para la subsistencia y siempre cuente con el auxilio divino para suplir todas nuestras necesidades
Y de tu mano generosa que todo lo puedes alcanzar del Señor, una limosna te pido en todo lo temporal y humano.
Oh glorioso San Cayetano, confiamos en la providencia de Dios, y tu providencia de intercesión.
– Pedir la gracia que desea conseguir –
Rezar Padrenuestro, Avemaria y Gloria
Jaculatoria:
Glorioso San Cayetano, intercede por nosotros ante la Divina Providencia.
En el nombre de Jesús.
Amén

Oración a San Cayetano por pan y trabajo

Dios de todo consuelo, Padre misericordioso, que vez en lo secreto y conoces nuestras necesidades, que alimentas a los pájaros del cielo y vistes a los lirios del campo, te pedimos, oh Señor nuestro, por intercesión de San Cayetano, que nos ayudes a vivir siempre en tu amor y en el de nuestros hermanos, y así nos otorgues la gracia de que no nos falte el pan y el trabajo de cada día.
Oh glorioso San Cayetano, confiamos en la providencia de Dios, y tu providencia de intercesión.
– Pedir la gracia que desea conseguir –
Rezar Padrenuestro, Avemaria y Gloria
Jaculatoria
Glorioso San Cayetano, intercede por nosotros ante la Divina Providencia.
Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina Contigo, en unidad con el Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net

miércoles, 2 de agosto de 2017

El significado de los 7 dones del Espíritu Santo


¡Católico, toma nota!

  1. Sabiduría: Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica el proyecto de Dios. Él nos fortalece nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios. El mismo Jesús nos dijo: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt 10, 19-20). La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra.
  1. Entendimiento: Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. Mediante este don, el Espíritu Santo nos permite escrutar las profundidades de Dios, comunicando a nuestro corazón una particular participación en el conocimiento divino, en los secretos del mundo y en la intimidad del mismo Dios. El Señor dijo: “Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh” (Jer 24,7).
  1. Consejo: Es el don de saber discernir los caminos y las opciones, de saber orientar y escuchar. Es la luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso. Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don, como había profetizado Isaías: “No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra” (Is 11, 3-4).
  1. Ciencia: Es el don de la ciencia de Dios y no la ciencia del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues “nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co 2, 11).
  1. Piedad: Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría. Si Dios vive su alianza con el hombre de manera tan envolvente, el hombre, a su vez, se siente también invitado a ser piadoso con todos. En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió: “En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo” (1Co 12, 1-3).
  1. Fortaleza: Este es el don que nos vuelve valientes para enfrentar las dificultades del día a día de la vida cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones. Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían incondicionalmente en el Padre. El Apocalipsis dice: “No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10).
  1. Temor de Dios: Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar. Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en todo la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado: “Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh” (Is 11,2).

jueves, 6 de julio de 2017

¿Qué hacer cuando perdemos la voluntad de rezar?

Ya no siento ganas de orar, ¿y ahora?

Hay momentos en que no siento la menor voluntad de dialogar con algunas personas, pero, porque es necesario, acabo dejando de lado mi voluntad y voy a su encuentro, converso, trabajo, convivo y sigo frente a ellas. Con Dios no es diferente. A veces, las cosas me envuelven de tal manera, que no siento deseos de hablar con Él, es decir, de rezar, pero porque sé que es preciso, y además dependo de Su gracia, voy a Su encuentro a través de la oración.
Claro que ello exige compromiso y perseverancia porque, en realidad, la vida de oración es una conquista diaria; y como toda conquista no está exenta de luchas, es necesario luchar para ser orante.
En este sentido, santa Teresa de Jesús afirma, en su autobiografía, que oración y vida cómoda no combinan en nada; ella recuerda que una de las mayores victorias del demonio es convencer a alguien de que no es necesario rezar.
O sea, cuando se trata de la vida de oración es necesario tener conciencia de que se trata de una lucha espiritual, y para vencer el único camino es rezar con o sin voluntad. Si escojo guiarme sólo por mi querer, corro el riesgo de ser una persona vacía, sin sentido.

Desierto espiritual

Sé que, con el paso del tiempo y el cúmulo de actividades, corremos el serio riesgo de, poco a poco, ir dejando la oración de lado o rezar de cualquier manera hasta llegar a un “desierto espiritual” y sentir una cierta apatía respecto a la oración. Pero es justamente en ese momento cuando necesitamos ir más allá de los sentimientos y considerar que el “desierto también es fecundo” cuando se vive en Dios, ¡y por su misericordia en nuestra vida todo es gracia!
Consolaciones y desolaciones, alegría y tristeza, pérdidas y ganancias, todo es fruto del amor de Dios, quien permite que vivamos las pruebas mientras nos llama a crecer y a fructificar en toda y cualquier circunstancia. Por tanto, en el punto en que te encuentras ahora, vuelve a fijar tu alma en Dios y permite que Él la devuelva a Sí mismo, por la fuerza de la oración.
Al absorber tanta agitación y estímulos en nuestros días, acabamos perdiendo el contacto con nuestra verdadera esencia, y quedamos tan distraídos y preocupados con todo lo que está pasando a nuestro alrededor, que acabamos fragmentados, confusos e inseguros, sin acordarnos de dónde venimos, dónde estamos y menos aún, a dónde vamos. Sólo Dios puede reorientarnos.
Jesús tenía conciencia de ello cuando dijo a sus discípulos: “Velen y oren para no caer en la tentación” (Mateo 26,41); yo diría, principalmente, la tentación de olvidar quién eres y cuál es tu papel en este mundo.

Entonces, ¿vamos a rezar?

Dejo aquí algunas pistas que pueden servir para abrir camino en tu relación con Dios. Cuando encuentres tu propio camino, caminarás libremente y cada vez más experimentarás la alegría que se encuentra en la presencia de Dios por medio de la oración.
1- Escoge el horario y el tiempo que quieres dedicar a tu oración y procura ser fiel a ese propósito. Así como nos alimentamos diariamente, la oración tiene que ser el alimento diario del alma, pase lo que pase.
2- Fundamenta tu oración en la Palabra de Dios y en Su verdad. Habla con Él con confianza y sin reservas, como quien habla con un amigo. Así encontrarás la paz y la armonía interior que tanto buscas, pues, como enseña san Juan de la Cruz, “el conocimiento de uno mismo es fruto de la intimidad con Dios, y es el medio esencial para la libertad interior”.
3- Reza con humildad, deteniéndote siempre en la palabra “Hágase tu voluntad”. Acuérdate de que tu oración no puede estar motivada simplemente por gusto o exigencia, sino, por encima de todo, por gratuidad y confianza en la misericordia de Dios.
4- Practica lo que rezas y no desvincules tus obras de la oración, pues una cosa está totalmente relacionada con la otra. Caridad, perdón, alegría, confianza, fraternidad y paciencia son características de quien reza.
5- Ten tu propio ritmo de oración. La imitación y la comparación no ayudan en nada. La vida de los santos, por ejemplo, son flechas que apuntan al cielo pero eres tú quien debe dar tus propios pasos para llegar hasta él.
Deseo que en cada amanecer y también en las “noches oscuras” experimentes por la oración que el amor es la verdadera felicidad, y que esta consiste en amar y sentirse amado. Y nadie nos ama tanto como Dios. Si alguna vez pierdes la voluntad de rezar, ya sabes lo que tienes que hacer: ¡reza igual y sé feliz!

jueves, 29 de junio de 2017

Así acompaña la Iglesia a quien siente atracción por personas del mismo sexo


Desde Courage, un proyecto de vida basado en la oración, la castidad, la amistad y el servicio

A pesar de que en los últimos años se hable tanto de homosexualidad, el conocimiento acerca de este tema es aún muy aproximativo y lleno de estereotipos. Lo clarifica un poco el sacerdote John F. Harvey en su libro. Sí, un sacerdote de esa Iglesia juzgada como retrógrada y oscurantista sobre la moral sexual.
Durante más de 50 años este sacerdote estadounidense ha cuidado a las personas que querían vivir la fe católica sin que su atracción sexual fuera un obstáculo. Con paciencia y cercanía, el sacerdote Harvey ha encontrado junto a ellos un camino, siempre a la luz de la doctrina católica.
Desde 1980 ha sido el director del apostolado Courage, asociación fundada por el cardenal Terence J. Cooke en 1980 en Nueva York, para el cuidado pastoral de las personas homosexuales, hoy presente en muchas diócesis de todo el mundo. El libro Atracción por el mismo sexo. Acompañar a la persona, recoge algunas reflexiones del sacerdote, pero también indicaciones pastorales concretas.
El arzobispo de Boloña, Matteo Zuppi, escribe en el prefacio: “La Iglesia no levanta muros, no crea categorías de personas en función de la orientación sexual, porque, antes de tener una atracción sexual particular, son personas (…). En este sentido, la llamada a la santidad es para todos (…)”.
El acento en la persona más que en la tendencia homosexual es la verdadera clave para entender los términos de la cuestión. Por eso, desde el principio, el sacerdote Harvey corrige también la terminología: mejor hablar de personas con atracción hacia el mismo sexo (A.S.S.), evitando la palabra “homosexuales” con la que “corremos el riesgo, al menos implícitamente, de considerar la homosexualidad como la característica esencial de la persona”, mientras que “una persona, en el fondo, es más que un conjunto de inclinaciones sexuales y los razonamientos sobre la atracción hacia personas del mismo sexo se vuelven más confusos si pensamos en los “homosexuales” como en una categoría aparte de seres humanos”.
Harvey admite que “en general, las personas ‘heterosexuales’ no comprenden a aquellas que sienten una A.S.S persistente” y que él mismo ha necesitado “años para entender la naturaleza de esta condición”. Pero enfrenta con claridad algunos puntos candentes.
Dice, por ejemplo, que en los adolescentes no se puede hablar de homosexualidad (que es una condición adulta) y hay que ser muy cautos sobre la actitud ambigua típica de la edad como tendencia homosexual.
La misma atracción por personas del mismo sexo tiene matices distintos en cada persona. Es una tendencia y no un pecado, pero esto no justifica moralmente los actos homosexuales (que la Iglesia condena).
Se habla de la desconfianza de la sociedad hacia las personas A.S.S, pero también de la paradoja de las asociaciones “gay”: “por un lado, se pide con insistencia que las personas con tendencias homosexuales estén bien integradas en la sociedad; por otro, los clubs ‘gay’ se desarrollan como refugio de la sociedad ‘heterosexual’, impidiendo la integración”.
Al sacerdote Harvey no le interesa hacer un tratado doctrinal (algunos aspectos son tratados en el segundo capítulo, mientras los textos integrales del magisterio están en el apéndice), sino que ofrece diversos despuntes pastorales.
No se habla de “cura” en términos médicos, aunque se hace referencia a terapias adecuadas psicológicas de apoyo a la persona, junto al acompañamiento espiritual. Entre otras cosas, los estudios científicos no ofrecen ninguna certeza de que una “terapia reparadora” pueda llevar a una modificación de la inclinación.
Se habla del gran dolor –hasta la desesperación– que muchas personas con esta tendencia manifiestan, hasta el odio de sí mismo.
Por eso es útil que existan programas pastorales específicos: es el caso de Courage, que propone un proyecto de vida muy esencial basado en la oración, la castidad, buenas amistades, el servicio a los demás, siempre con la guía de un director espiritual, cuya tarea es “demostrar que es posible vivir una vida casta y feliz sin aislarse de la sociedad”.
Algunos párrafos ilustran el valor de la castidad y de la amistad: “En el lenguaje común, la castidad tiene una connotación negativa (…). La verdadera castidad, en cambio, consiste en el modo correcto de expresar la afectividad (…)”. Existen “formas de amistad sólidas, sanas, castas y claramente deseables. Amistades de este tipo representan la mejor forma de apoyo” para las personas con A.S.S.
Además, las personas deben ser introducidas en la comunidad cristiana más amplia para que las “sostenga” y puedan entender que son “parte integral de la Iglesia”.
Para los padres y familiares de las personas con A.S.S ha surgido la asociación EnCourage, que los ayuda a comprender mejor y a mantener con ellos una relación sana.
Existen situaciones aún más específicas: el libro recoge algunos consejos del sacerdote Harvey para quien descubre tendencias homosexuales mientras está comprometido o casado o siente la vocación a la vida religiosa y sacerdotal. Finalmente, un párrafo reafirma la oposición de la Iglesia a los “supuestos derechos gay’”.

domingo, 25 de junio de 2017

¿Qué es la Liturgia de las Horas?


Sacerdotes y religiosos a menudo rezan con un pequeño libro negro a lo largo de todo el día… ¿qué es eso que rezan?

Es común ver a sacerdotes o religiosos y religiosas detenidos durante el día para ofrecer oraciones recogidas en un pequeño libro negro. A veces incluso los laicos tienen ese mismo libro negro y se sientan en los bancos traseros de la iglesia para rezar. ¿Qué están rezando?
Sacerdotes, religiosos y diáconos están obligados a rezar diariamente lo que se denomina la Liturgia de las Horas, también conocida como Oficio Divino. Consiste en rezar un conjunto de oraciones cada día a diferentes horas, desde la mañana a la noche. Es una rutina de oración no exclusiva de los consagrados a Dios, sino una práctica de oración común para muchos laicos.
Históricamente, los judíos han rezado en intervalos fijos a lo largo del día. El rey David, quien se cree escribió los salmos, proclama:
“De tarde, de mañana, al mediodía,
gimo y me lamento,
pero él escuchará mi clamor”. (Salmos 55:18)

Incluso el profeta Daniel parece haber rezado a intervalos específicos.
“Cuando Daniel supo que el documento había sido firmado, entró en su casa. Esta tenía en el piso superior unas ventanas que se abrían en dirección a Jerusalén, y tres veces por día, él se ponía de rodillas, invocando y alabando a su Dios, como lo había hecho antes” (Daniel 6:11).
El pueblo judío inició una tradición de rezar tres veces al día: mañana, tarde y noche. Esto creció hasta desarrollar un programa de oraciones de salmos en particular, ya que expresaban los múltiples deseos del corazón humano. 
Jesús aparece rezando los salmos en varias ocasiones, como en una de sus palabras más famosas, del salmo 22, pronunciado desde la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
Ya que la mayoría de los primeros cristianos eran conversos del judaísmo, continuaron con la tradición judía de rezar los salmos. Este tipo de oración se mantuvo a medida que creció la Iglesia y, según señala el padre Timothy Gallagher en su libro Praying the Liturgy of the Hours [Rezar la Liturgia de las Horas]: “Por toda la Iglesia, en Palestina, Antioquía, Constantinopla y África, los cristianos se reunían en sus iglesias dos veces al día para rezar los salmos. Diariamente se reunían para los ‘himnos matinales y nocturnos’”.
Más tarde, esta tradición se extendió en los monasterios a rezar los salmos siete u ocho veces al día, en un esfuerzo por vivir las palabras de san Pablo de “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Esta tradición tiene la siguiente forma:
  • Maitines (durante la noche, a menudo a medianoche); también llamados Vigilias o Nocturnos (Oficio Nocturno)
  • Laudes u “Oración de la mañana” (al amanecer o a las 3 a.m.)
  • Prima u “Oración de la madrugada” (Primera Hora, en torno a las 6 a.m.)
  • Tercia u “Oración de Media mañana” (Tercera Hora, alrededor de las 9 a.m.)
  • Sexta u “Oración de Mediodía” (Sexta Hora, en torno al mediodía)
  • Nona u “Oración de Media Tarde” (Novena Hora, en torno a las 3 p.m.)
  • Vísperas u “Oración del Atardecer” (en torno a las 6 p.m.)
  • Completa u “Oración de la Noche” (antes de ir a dormir, normalmente a las 8 p.m. o 9 p.m.)
La Iglesia extendió los 150 salmos a lo largo de estas horas y con el tiempo terminó creando un ciclo de oración. Actualmente consiste en un Salterio de cuatro semanas con el que se rezan todos los salmos en un periodo de cuatro semanas (si se observan todas las “horas” de oración).
Los monasterios contemplativos mantienen este ritmo de oración, mientras que los sacerdotes u otros religiosos activos tienden a “agrupar” las horas juntas. Por ejemplo, si un párroco tiene reuniones toda la tarde y noche, rezará la Oración del Atardecer y la Oración de la Noche seguidas inmediatamente antes de retirarse a dormir. El momento del día es menos importante para los que viven en el mundo que para los hombres y mujeres enclaustrados, que acatan un ritmo sagrado de oración y trabajo.
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha continuado fomentando esta práctica y animado al laico a unirse a esta Liturgia.
“Procuren los pastores de almas que las Horas principales, especialmente las Vísperas, se celebren comunitariamente en la iglesia los domingos y fiestas más solemnes. Se recomienda, asimismo, que los laicos recen el Oficio divino o con los sacerdotes o reunidos entre sí e inclusive en particular” (Sacrosanctum Concilium, 100).
Pero, ¿cómo se reza el Oficio Divino?
Puede resultar un poco confuso y complejo asumir la práctica de rezar la Liturgia de las Horas. En otro artículo les guiamos a través del rezo de la Liturgia de las Horas y les ofrecemos una “guía para principiantes” que desmitificará esta oración poderosa y habitual de la Iglesia.

martes, 6 de junio de 2017

El poderoso Rosario de san Miguel arcángel


Para tu protección y la de tu familia

¿Has oído hablar de las promesas de san Miguel a quien reza diariamente su rosario? En una aparición suya a la sierva de Dios Antônia d’Astonoac en Portugal, el arcángel declaró que deseaba que se hicieran nueve saludos correspondientes a los nueve coros de ángeles, que consistirían en el rezo de un Padrenuestro y tres Avemarías en honor de cada uno de esos coros.
En retribución a quien le rindiera este culto, prometió a un cortejo de nueve ángeles durante todo el transcurso de la vida siempre que se aproximara a la mesa eucarística, y después de la muerte la liberación del purgatorio para esa persona y sus familiares.
La devoción cruzó fronteras, fue aprobada por muchos obispos y hasta por el santo papa Pío IX, que la enriqueció de indulgencias el 8 de agosto de 1851.
Este rosario será para ti un arma poderosa, porque desde el momento en que lo pronuncias podrás estar seguro de la presencia celestial a tu lado y para aquella persona por la que rezas.
Así se reza el rosario de san Miguel:
Sobre el crucifijo se dice:
V. Oh Dios, ven en mi ayuda.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre…

Después, dejando para el final las cuatro cuentas que siguen a la medalla, se toma la primera cuenta grande del rosario y se reza el primer saludo.
Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los serafines, que Dios Nuestro Señor prepare nuestras almas para recibir dignamente en nuestros corazones el fuego de la caridad perfecta. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los querubines, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de abandonar los caminos del pecado y seguir el camino de la perfección cristiana. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los tronos, que Dios Nuestro Señor derrame en nuestros corazones el verdadero y sincero espíritu de humildad. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de dominaciones, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de controlar nuestros sentidos y así dominar nuestras pasiones. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de potestades, que Dios Nuestro Señor proteja nuestras almas contra las asechanzas del demonio. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro de las virtudes, que Dios Nuestro Señor nos libre de todo mal y no nos deje caer en la tentación. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los principados, que Dios Nuestro Señor llene nuestras almas con el verdadero espíritu de la obediencia. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los arcángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de perseverancia final de la fe y en las buenas obras y así nos lleve a la gloria del paraíso. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

Por la intercesión de san Miguel y el coro celestial de los ángeles, que Dios Nuestro Señor nos conceda la gracia de ser protegidos por ellos durante esta vida mortal y que nos guíen a la gloria eterna. Amén.
Un Padrenuestro y tres Avemarías.

En las cuatro cuentas después de la medalla se reza un Padrenuestro en honor de cada uno de los siguientes ángeles: san Miguel arcángel, san Gabriel, san Rafael y el ángel de la guarda.
El Rosario de san Miguel se termina con las siguientes oraciones:
Oh glorioso Príncipe, san Miguel, jefe principal de la milicia celestial, guardián fidelísimo de las almas, vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel servidor en el palacio del Rey Divino, sois nuestro admirable guía y conductor. Vos que brilláis con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, libradnos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a vos. Asistidnos con vuestra afable protección; para que seamos más y más fieles al servicio de Dios, todos los días de nuestra vida.
V. Rogad por nosotros, oh glorioso san Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.

Oración

Omnipotente y Eterno Dios, os adoramos y bendecimos. En vuestra maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, habéis escogido al glorioso arcángel san Miguel como príncipe de vuestra Iglesia. Humildemente os suplicamos, Padre celestial, que nos liberéis de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitáis que ningún espíritu maligno se nos acerque para perjudicar nuestras almas. Oh Dios y Señor nuestro, guiadnos por medio de este mismo arcángel. Enviadle que nos conduzca a la presencia de vuestra excelsa y divina majestad. Os lo pedimos por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.