sábado, 9 de abril de 2016

Cuando Wojtyla, convaleciente, dijo: “¡Hoy es miércoles y yo me levanto!” Contó la anécdota el cardenal Angelo Comastri en una entrevista con la Radio Vaticana



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El 2 de abril se cumplieron once años de la muerte de San Juan Pablo II. Este año cayó justo en la vigilia de la fiesta de la Divina Misericordia, instituida por el mismo Pontífice polaco. Exactamente como sucedió en 2005. Y por este motivo el cardenal Angelo Comastri, vicario general del Papa para la Ciudad del Vaticano, concedió una entrevista a la Radio Vaticana (al periodista Alessandro Gisotti), en la que habló sobre el vínculo entre el Pontífice polaco y la Misericordia, eje del Jubileo extraordinario de Papa Francisco, y reveló una anécdota de los últimos días de Karol Wojtyla.
“Era el 30 de marzo de 2005, miércoles, el último de su vida. Todos sabíamos que el Papa había empeorado y por eso estábamos un poco preocupados, todos estábamos rezando por este motivo.
Hacia medio día me avisaron: ‘¡Se abrió la ventana del apartamento!’. Yo, evidentemente, salí de mi oficina, corrí a la Plaza San Pedro y, a medio día, vi que el Papa se asomó. No logró decir ni una palabra; solo levantó la mano derecha y trazó un gran Signo de la Cruz que fue su testamento, su despedida para la Iglesia, su despedida para el mundo. Supe poco después lo que sucedió esa mañana.
Al despertarse, Juan Pablo II susurró (porque hablaba con poca voz, apenas perceptible) a sor Tobiana y a don Stanislao Dziwisz: ‘Hoy es miércoles’. Pero no le dieron peso a sus palabras. Pasó un poco de tiempo y dijo de nuevo :’Hoy es miércoles’. Una vez más fueron ignoradas las palabras del Papa.
A las 10 dijo con un tono un poco más autoritario: ‘¡Hoy es miércoles y yo me levanto!’.Evidentemente se espantaron frente a esta decisión del Papa y trataron de convencerlo. Pero el Papa, inamovible, dijo: ‘Hoy es miércoles y yo me levanto porque la gente viene y no quiero decepcionarla’. Se estaba muriendo y pensaba en los demás”.
“Me gusta resumir el testimonio de la Misericordia de Juan Pablo II —afirmó Comastri— con dos luces: la del perdón, hasta el heroísmo, y la del anuncio de la verdad, porque el perdón y la verdad son dos luces que provienen de la Misericordia”.
El perdón: “Imagínense que inmediatamente después del atentado, cuando el Papa estaba en un lago de sangre, al recuperar un poco la conciencia, las primeras palabras que dijo fueron: ‘Perdono al hermano que me ha disparado’. Llamar en ese momento ‘hermano’ a Alí Agca implica un gran valor, una gran fe, un gran testimonio». Y más: “Cuando el Papa se recuperó no organizó protestas, huelgas, venganzas… solamente oración; oración y perdón. Aquí se ve el rostro bello del catolicismo”.
Y luego está la “luz de la verdad”: Papa Wojtyla «hizo que brillara esta luz con tres encíclicas maravillosas, pero también con muchísimos discursos. La encíclica ‘Veritatis Splendor’, la encíclica ‘Evangelium Vitae’ y la ‘Fides et Ratio’. ¡Juan Pablo II —subrayó el purpurado— gritó la verdad porque la verdad es un servicio de Misericordia! ¡Porque el pecado es el mal y hace daño! Y no hay que olvidar que Jesús, el misericordioso, Aquel que dijo ‘Yo he venido por los pecadores…’, también añadió: ‘para que se conviertan’”.
Artículo originalmente publicado por Vatican Insider

San Juan Pablo II “El Grande”

Repaso por la vida del Papa Santo cuando se han cumplido once años de su fallecimiento.

Las primeras palabras que Juan Pablo II lanzó al mundo desde la Plaza de San Pedro el 22 de octubre de 1978 no dejaban lugar a dudas sobre su propuesta como Vicario de Cristo. “¡No tengáis miedo a abrir de par en par las puertas a Cristo!” Éste fue el grito esperanzador que mantuvo hasta su muerte un atardecer del 2 de abril de 2005, hace hoy 11 años.

Escucha el emotivo homenaje a San Juan Pablo II en Fin de Semana COPE

San Juan Pablo II fue el gran promotor de la devoción a la Divina Misericordia y el Papa Francisco lo ha recordado este sábado en la plaza de San Pedro ante decenas de miles de personas en la vigilia de oración previa la Jubileo de la Espiritualidad de la Misericordia.

En Fin de Semana de COPEMonseñor Ginés Ramón García Beltrán, ha recordado a San Juan Pablo II y ha asegurado que “los Santos siempre son un hoy, nunca un pasado, y siempre dan fruto”.

Escucha aquí el recuerdo a San Juan Pablo II de Monseñor Ginés García Beltrán en Fin de Semana 
En las distancias cortas, la que fuerra durante muchos años corresponsal de la Cadena COPE en Roma, Paloma Gómez Borrero, recuerda a Juan Pablo II como "un poco tímido" cuando no conocía a las personas, pero "bromista" cuando tenía confianza.

No veo mis pecados, no sé qué decir en la confesión… Ayuda a reconocerlos escuchar la Palabra de Dios y la oración sincera, es importante no creernos autosuficientes

La pérdida del sentido del pecado está en la base no solo de la crisis que padece el sacramento de la Penitencia, sino de una crisis mucho más extensa y profunda que afecta a toda la vida cristiana.
No reconocerse pecador es perder el realismo más elemental en la vida cristiana. Creer que la gente ha dejado de confesarse porque hay mucha más santidad me parece una ingenuidad monumental.
Curiosamente, los santos siempre han sido los que se han reconocido más pecadores.
Esta cuestión es muy importante, tanto que ha sido planteada de manera
explícita al papa Francisco en su excelente libro El nombre de Dios es Misericordia.
Recomiendo vivamente su lectura para entender a fondo el sacramento de la
confesión.
Cito literalmente al papa Francisco cuando se le pregunta cómo logramos reconocernos pecadores y sobre lo que le diría a alguien que no se siente pecador.
Dice así el papa Francisco: “¡Les aconsejaría que pidieran esta gracia! Sí, porque reconocernos pecadores es una gracia. Es una gracia que te viene dada. 
Sin la gracia, a lo máximo que se puede llegar es a decir: soy limitado, tengo mis límites, estos son mis errores. 
Pero reconocernos pecadores es otra cosa. Significa ponerse frente a Dios, que es nuestro todo, presentándonos a nosotros mismos, es decir, nuestra nada. Nuestras miserias, nuestros pecados. Es realmente una gracia que se debe pedir“.
Efectivamente es una gracia que nos llega ordinariamente por la escucha de la Palabra de Dios y la oración sincera.
Dice también el papa Francisco: “La misericordia existe, pero si tú no quieres recibirla… Si no te reconoces pecador quiere decir que no la quieres recibir, quiere decir que no sientes la necesidad… Es importante no creernos autosuficientes”.

Con información de El consultorio publicada en Catalunya Cristiana

viernes, 8 de abril de 2016

El Papa tiende una mano a los divorciados vueltos a casar que quieran reconciliarse con la Iglesia.



Papa impulsa la integración de divorciados en la Iglesia, pincha el enlace.

Papa Francisco, divorciados vueltos a casar: discernimiento caso por caso Tres palabras clave: “acompañar”, “discernir” e “integrar”

Es un documento que no cambia la doctrina. La Exhortación post-sinodal “sobre el amor en la familia” titulada Amoris laetitia (“La alegría del amor”), es un llamado a la misericordia también para los divorciados vueltos a casar.
El documento que recoge los resultados de los dos Sínodos sobre la familia convocados por el Papa Francisco en 2014 y 2015, se ocupa de la actitud pastoral hacia quienes viven en segundas nupcias, sin ceder sobre el tema de dar la comunión, pero sí deja todas las puertas abiertas para un mayor integración.
El lenguaje de la misericordia
Es un cambio de lenguaje, recordó el cardenal alemán Schönborn, durante la presentación del documento en la Sala de Prensa del Vaticano.
El Papa Francisco, acogiendo las ideas del Sínodo, afirma que “los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”.
No obstante, se habla de una atención pastoral para integrar a todos aquellos que participan de la vida de la Iglesia “de modo incompleto” o que viven una “situación compleja” o “irregular”.
El capítulo octavo insta a la misericordia y al discernimiento pastoral frente a situaciones que no responden plenamente a aquello que el Señor propone. Aquí se presentan tres palabras clave: “acompañar”, “discernir” e “integrar”.
Se explica que no son posibles reglas canónicas generales, válidas para todos, por lo que el camino es el del discernimiento caso por caso. Reiteramos queno hay un cambio en el tema de los sacramentos.
En la Iglesia – sostiene el Papa – “debe prevalecer” la lógica que siempre lleva a “comprender, a perdonar, a acompañar” y, sobre todo, “a integrar”.
El Evangelio no condena
La misericordia sobresale como un elemento que está por encima de la condena.
“Nadie puede ser condenado para siempre, ¡porque esa no es la lógica del Evangelio!”, escribe el papa Francisco.
Es decir, la iglesia tiene los brazos abiertos para acoger a los divorciados vueltos a casar, pero no se trata de reivindicar derechos, ni de auto-justificaciones públicas.
No excomulgados por siempre 
“Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales (…) Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia (…) Esta integración es también necesaria para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes” (AL 299).
Discernimiento 
En relación al “discernimiento” acerca de las situaciones “irregulares” el Papa observa que “hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 296). 
Situación irregular 
En este sentido, “se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia “inmerecida, incondicional y gratuita”” (AL 297).
Normas no cambian y, novedad: discernimiento
En un planteamiento más amplio, el Obispo de Roma declina que este documento cambien las normas canónicas o la doctrina. Y agrega: “Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos”.
Entonces, caso por caso se verá la situación de cada persona y situación. Los obispos y los sacerdotes serán guías y puntos de referencia.
“Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares, que debería reconocer que, puesto que “el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos”, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas” (AL 300).
El Papa lo que hace es responsabilizar a cada persona, comenzando por los pastores, y para ello revaloriza el camino de acompañamiento y discernimiento en diálogo profundo entre fieles y pastores.
La Iglesia abraza a sus hijos alejados. La misericordia no mistifica la reflexión y la responsabilidad de la Iglesia “sobre los condicionamientos y circunstancias atenuantes” en lo que reguarda a la imputabilidad y la responsabilidad de las acciones.
Por otro lado, el tema normativo no cambia, el Papa indica: “aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma” (AL 304).
Atención a divorciados, pero importante consolidar matrimonios
 En la última sección del capítulo: “la lógica de la misericordia pastoral”, Bergogoglio, para evitar mal entendidos, ratifica: “Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas” (AL 307).
El perdón prevalecerá 
Por último, el Papa invita a los “fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz”.
Ahora bien, en la Exhortación se invita a “descubrir un camino de maduración personal”, al mismo tiempo, interpela a los pastores “a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas […]y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (AL 312).
Sobre la “lógica de la misericordia pastoral” Papa Francisco afirma con fuerza: “A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio” (AL 311).