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jueves, 13 de abril de 2017

Vivamos la Reconciliación y Penitencia en esta Semana Santa

Pintura del Hijo Pródigo / Autor: Bartolomé Esteban Murillo (Dominio Público)

 Esta Semana Santa es una ocasión especial para reconciliarnos con Dios, sin embargo, es posible que tengamos algunos temores, dudas o cuestionamientos sobre la confesión.
En entrevista con ACI Prensa, el P. Donato Jimenez explicó que debido a que los seres humanos frecuentemente ofendemos al Creador, debemos pedir perdón.
En este sacramento nos liberamos del pecado y somos confortados en la debilidad corporal y espiritual. Además, es una oportunidad para convertirnos cada vez más y para acogernos a la misericordia de Dios. Él siempre nos espera con los brazos abiertos y está dispuesto a aceptarnos de vuelta.

La diferencia entre la penitencia y la reconciliación es que la primera es un acto de reparación por las faltas cometidas. Y la reconciliación es la actitud de restaurar la relación de unión que teníamos con Dios, quien en su infinita misericordia está presto a recibirnos de nuevo, como al Hijo Pródigo.
Pero, no sólo es importante reconciliarnos con Dios, sino también con los demás. Según la Palabra de Dios, no podemos llevar nuestra ofrenda hacia el altar si no hemos perdonado a nuestro prójimo. Cuando lo hacemos, nuestra oración será más pura.
No te pierdas nuestro especial de Semana Santa.

martes, 7 de febrero de 2017

Oración para hacer reparación ante Cristo Eucaristía Una petición de perdón a Jesús en nombre de toda la humanidad


Oración para hacer reparación ante Cristo Eucaristía




Señor Jesús, nos arrodillamos ante Ti, reconociendo tu presencia real en el Santísimo Sacramento. Te agradecemos inmensamente tu permanencia con nosotros, y la fe que nos has dado.
Con profundo dolor sentimos que tantos hombres, redimidos por ti, te olviden y ofendan; que en tantos sagrarios estés solitario y en tantos hogares no seas invitado.
Nosotros, arrepentidos de nuestros pecados, queremos en la medida de nuestras fuerzas hacerte compañía por cuantos te abandonan, y dedicarte completamente nuestra vida, como ofrenda y desagravio a tu Corazón lleno de amor hacia nosotros.
Santa María, Madre nuestra, confiamos en tu Inmaculado Corazón para que nos alcances gracias para perseverar en la fe, animarnos por la esperanza y vivir la caridad, como satisfacción por todos nuestros pecados y para la salvación del mundo.
Por todas las blasfemias, sacrilegios, profanación de fiestas, que se cometen contra el nombre de Dios y contra sus templos.
-Perdón, Señor, perdón.
Por todos los ataques a la Iglesia, persecuciones y propagandas de ateísmo.
Por los apóstatas, los que desprecian el Magisterio de los Papas y todos los falsos profetas.
Por todas las opresiones de gobierno, de esclavitud, de delincuencia; y todas las injusticias laborales, familiares, sociales.
Por todos los actos inhumanos de violencia, asesinatos, torturas, malos tratos; robos, estafas, extorsiones.
Por toda la inmoralidad y corrupción: en el trabajo profesional, en las relaciones, espectáculos, diversiones, modas, lecturas, bebidas, drogas.
Por todos los pecados de escándalo y de respeto humano.
Por todos los pecados contra la santidad de la familia y contra el amor fraterno.
Por los sacerdotes indignos, por los políticos ambiciosos, por todos los abusos de autoridad.
Cristo Jesús, pedimos en especial a tu Corazón que concedas gracias abundantes a los más necesitados; y que nunca permitas nos apartemos de Ti; sino que aprendiendo en tu Corazón nuestros sentimientos y juicios cada día nos parezcamos más a Ti. Amén.
Oración publicada originalmente en el sitio de la Adoración Perpetua de España

miércoles, 24 de agosto de 2016

35 actos para aprender a perdonar Es posible tener una actitud de acogida y de bondad con quien te ha herido y defraudado

Joven pensando




Vivir con resentimientos es una carga insoportable que mina nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestra felicidad. Sheila Morataya te brinda 35 reflexiones para aprender a perdonar.
“El perdón es una respuesta, la respuesta implícita en nuestra existencia” (Paul Tillich).
Hace algunos años conocí a una chica muy alegre y dinámica. Había nacido y crecido en un hogar sólido y de costumbres estrictas, un hogar en donde la mentira no era tolerada y la integridad era inculcada.
Siempre estaba hablando de su papá, de lo orgullosa que se sentía de él y de la ilusión que le hacia encontrar en el hombre de su vida alguna de las características de la personalidad de su padre.
Mi amiga pensaba que la suya era una familia ejemplar y modelo, como pocas. Por circunstancias del destino dejé de verla por unos años hasta que un día casualmente nos volvimos a re-encontrar en una reunión de amigos mutuos.
Me sorprendió no ver en ella aquella alegría que la caracterizaba, en su lugar vi unos ojos tristes y un tono de voz que denotaba tristeza, rabia y rencor. Decidí invitarla a tomar un café para que me contara lo que le había ocurrido en ese tiempo en que habíamos dejado de vernos.
“Hace un año – me decía- mis cuatro hermanos y yo descubrimos que nuestro padre no era el hombre íntegro y lleno de virtudes que hasta entonces admirábamos”.
“Mi padre tiene otra familia con cinco hijos más. Cuando lo supe quise hacer toda clase de locuras, la situación entre él y yo se volvió muy tensa y mi corazón se llenó de amargura, cólera y angustia. Estoy luchando contra estas emociones negativas constantemente y me siento muy agotada pues algo dentro de mí me dice que voy en contra de mi naturaleza que me grita ¡Perdona! ¿Cómo se perdona cuando te sientes tan herida y defraudada?”.
Sin lugar a dudas el acto de perdonar encierra un maravilloso misterio para cada ser humano o mujer que se decide a hacerlo. Ya que no es una simple emoción o decisión que se toma a la ligera.
El perdonar tiene un verdadero sentido para la persona que toma este gran paso ya que apela a la razón, a los instintos y al corazón.
Cuando te decides por la opción del perdón dejas ir los sentimientos de amargura, rencor, dolor, rabia, miedo y desesperanza, para dar paso a la fuerza que te hace ser persona, que te caracteriza de una manera especial como mujer.
Das paso al verdadero significado y sentido de la palabra amor, compasión, bondad, pues tienes el coraje de hacer una verdadera introspección dentro de ti mismo, que te lleva también a descubrir y aquilatar la grandeza de tus valores cristianos.
El rencor y la ira en el corazón paralizan tu vida, te impiden auto-trascender, en cambio el perdón liberaa tu corazón atrapado. El perdón “despierta” a tu corazón y le hace experimentar de una forma sobrenatural el correr de tu sangre humana por tus venas.
Cuando perdonas se transforma toda tu vida. Mi amiga escuchó atentamente mis palabras, acudió al poder de la oración, actuó y te puedo decir que ha vuelto a recuperar su alegría que la ha llevado a tener una relación de acogida y bondad con su padre.
Algunos actos de perdón que te pueden orientar para transformar tu vida, o tener una experiencia más saludable con los demás pueden ser:
1. Tómate unos minutos y fíjate en qué te evoca la sugerencia de perdonar a alguien.
2. Si notas que tienes una rabia o rencor muy arraigado contra alguien cercano a ti comienza a hacer algo valiente.
3. Si en la infancia no te guiaron en el arte de perdonar cuando alguien se portaba de una manera injusta contigo, procura hoy guiar a tus hijos.
4. Recuerda que el perdón es una decisión de ver más allá de los límites de la personalidad de otra persona, es reconocer que a pesar de todo es tan digna como tú.
5. Reflexiona sobre esta frase: “el perdón es la elección de ver la luz de la lámpara y no la pantalla”.
6. El perdón es una actitud que supone estar dispuesto a encontrar la fuerza para amar que reside en ti.
7. El perdón es una actitud que te lleva a interiorizar la frase: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
8. El perdón es ese proceso del alma que te lleva a estar más cerca de Dios.
9. Todos los días al hacer tu examen de conciencia, recuerda lo que te ha hecho sentir mal de parte de alguna persona y sumérgete en tu corazón para perdonarle.
10. Si perdonas todos los días te sentirás más libre y con mucha más capacidad para ser comprensivo ante las faltas de los otros.
11. Siempre habrá alguien que necesita perdonar más que tú.
12. No permitas que el rencor se apile.
13. Si te sientes incapaz de perdonar, ora y ábrete a la gracia.
14. No permitas que en tu matrimonio haya rencor.
15. Procura que las relaciones con tus hijos no los lleven a abrigar sentimientos negativos en su corazón contra ti.
16. Un genuino acto de perdón te llevará renunciar al resentimiento o la cólera. En su lugar habrá misericordia para aquel que te ofendió.
17. El acto de perdonar es un acto moral que revela toda la generosidad que puede haber o no en tu corazón.
18. Dar la cara al dolor para dar salida al trauma*
19. Reconocer el propio comportamiento negativo y sus efectos. Por ejemplo reconocer el enojo, resentimiento, deseos de venganza que te hará descubrir el daño para tu alma.*
20. El acto en sí mismo que es, hacer una decisión consciente antes de experimentar la emoción por hacerlo.*
21. Sanar la herida será el proceso que comienza seguido del acto de perdón, la sanación aumentará a medida en que las emociones negativas desaparecen, y continúa hasta que los sentimientos negativos desaparecen: re-encontrarse con el que te hirió quiere decir considerar la posibilidad de cerrar por completo la herida a través del contacto con esa persona actuando con amor. Tú puedes reducir futuras reacciones de dolor. Esto es, aprender a ver y reaccionar ante los otros con más empatía, compasión, y amor cuando actúen de forma hiriente.*
22. Si hay algo en tu vida de lo que te lamentas empieza por perdonarte a ti mismo.
23. Si te duele el haber permitido que hayan jugado contigo acepta ese dolor pero perdona tu debilidad y continúa hacia adelante.
24. No hay nada más destructivo a nivel emocional y espiritual que llevar resentimiento contra los propios padres, esto paraliza tu vida y quita la paz interior. Haz las paces.
25. Los hijos únicos saben que tener hermanos es un regalo divino, procura estar en paz con tus hermanos.
26. En el trabajo procura no tomar como algo personal los choques de carácter para no abrigar resentimientos.
27. Si notas que has empezado a detestar a un compañero de trabajo procura encontrar qué te hizo para provocar ese sentimiento.
28. Pasa por alto un acto injusto y crece.
29. No pongas atención a los comentarios negativos.
30. Sé instrumento de paz y perdón.
31. Hazte experto en reconciliaciones.
32. Dales ejemplo a los niños perdonando sus travesuras.
33. Motiva a los jóvenes compartiendo tus experiencias de perdón.
34. Pide perdón por alguien más todos los días.
35- Comparte con tus amigos la oración para pedir ser instrumento de paz.
Cada uno de nosotros tiene una misión especialísima y extraordinaria en este nuevo siglo. Perdonar todo aquello que nos molesta y enseñar a perdonar a los otros. Como personas, tú y yo somos capaces de “suavizar y enternecer” el corazón del mundo. Te animo a que los hagas.
*Según Martin and Thorensen(1997)
Artículo originalmente publicado por encuentra.com

domingo, 24 de julio de 2016

5 buenas películas sobre el perdón Para impregnarte y poner en práctica el perdón en tu vida

Este año fue promulgado como el Año de la misericordia por el papa Francisco. La palabra misericordia significa pasar la miseria de tu hermano por tu corazón o el corazón de Dios. Tener misericordia es perdonar y  pedir perdón también.
Si bien durante este año pediremos perdón por los pecados que hemos cometido en la vida y seremos perdonados, ¿no sería buena idea empezar perdonando desde lo pequeño y lo cotidiano? A continuación te presentamos algunas películas que hablan sobre el perdón con situaciones que se pueden presentar en tu vida o en la de algún conocido tuyo, para que te sigas impregnando de esta ola de amor.
1. Little Boy
Son los años 40, Little Boy vive muy feliz con su familia en un pequeño pueblo. Pepper Little boy y su papá tienen una relación muy estrecha y se entristecen al saber que, debido a la Segunda Guerra Mundial su padre debe partir.
Pepper va buscar consejo del sacerdote, quien le da una lista de cosas por hacer y durante el proceso esperar a su papá. Esta lista incluye las obras de misericordia y en especial una: hacerse amigo de un japonés que vive en el pueblo y representa el enemigo de su padre.

2. Invictus
Aquí vemos un poco de la historia de Sudáfrica pero que causó revuelo en todo el mundo. Esta es la historia de cómo Nelson Mandela se alía con un capitán de rugby para unificar al país ya que se habían tenido muchas diferencias económicas y raciales debido a las elecciones presidenciales. Consiguen calificar para el mundial de rugby en 1995.
Descubre si pueden superar sus diferencias.

3. La decisión más difícil


4. Tierra de nadie


viernes, 3 de junio de 2016

¿Cómo corregir a alguien sin que se sienta juzgado? Hasta la Biblia dice que no es fácil...


Perdón
© YouthQuake Live

Jesús nos dice: “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados” (Lucas 6,37). Pero nos invita también a la “corrección fraterna” y a amonestar a quien comete un acto malo. ¿Cómo se pueden seguir estas dos enseñanzas? (Carta firmada)
Responde Francesco Carensi, profesor de Sagrada Escritura en la Facultad teológica de Italia central.
El evangelio de Lucas 6,37 delinea cuál debe ser el comportamiento del discípulo de todo tiempo, llamado a vivir la misericordia. Esa es “la sustancia misma del evangelio”, dice el papa Francisco. Y afirma también que si no sabemos unir la compasión a la justicia, acabamos siendo “inútilmente severos y profundamente injustos”.
Pero debemos confesar que lo que de Jesús escandaliza aún no son las palabras de juicio, no son sus actos, porque se reconoce que “hace el bien” (Mc 7,37). Lo que en realidad escandaliza es la misericordia interpretada por Jesús de un modo que es opuesto a lo que piensan las personas religiosas, en las que podemos reconocernos cada uno de nosotros.
En esta actitud de amor se inserta el tema de la corrección fraterna. Muchos pueden pensar que la misericordia consiste en permitir todo, casi desinteresándose de la vida del otro. Pero esta no es la misericordia evangélica, que en cambio se confronta con la vida del otro, que toma en serio la historia de los hombres, sobre todo de los que se cansan en el camino, y que, por la fragilidad común a todos, pueden equivocarse, vivir una experiencia de fracaso, ser incluso causa de caída para otras personas.
La corrección fraterna en cambio es la superación de la indiferencia, y es una de las actitudes cristianas más decisivas para la salvación del individuo y de la misma comunidad cristiana, la Iglesia. Si uno no se siente guardián, responsable del hermano, del otro (Gen.4,9), entonces se vive para uno mismo, sin mirar a los demás, y de hecho se colabora al crecimiento del mal.
Entre las obras de misericordia, que este año estamos llamados a descubrir, está “amonestar a los pecadores”. Así que la corrección fraterna está en el corazón de la vida eclesial, e incluso está indicada como necesaria por las palabras de Jesús, contenidas en el evangelio.
Pero ¿cómo practicarla? Ante todo prestando atención unos a otros (Hb,10,24), Pero sólo si se mira con atención al Señor, uno es capaz de acompañar con cuidado a los hermanos, y ver al otro en la verdad, intentando separar el mal realizado de la persona que lo ha cometido (el viejo dicho, no es lo mismo el pecado que el pecador).
Corregir, por tanto, es una dimensión de la caridad cristiana. No hay que callar ante el mal. En el evangelio de Mateo, al capítulo 18,15-17, leemos algunas indicaciones dadas por Jesús: la corrección tiene que hacerse en tres etapas: “entre tu y tu hermano”, para que el hermano se revise y el mal no sea conocido por otros; después, si es necesario, la corrección deben hacerla dos o tres, para que quien se ha equivocado sea ayudado por más personas a arrepentirse; si esto no es suficiente, hay que recurrir a la corrección en medio de la asamblea.
Si no, trátalo como a un pecador; es decir, ve a estar con él, quédate en su casa, come con él y conviértelo con tu amor, como hizo Jesús con los publicanos y pecadores (Mc 2,13-17.).
En el nuevo testamento se pide muchas veces practicar la corrección fraterna (Rm 15,14; 2 Cor 2,6-8; Tt 3,10-11;), pero se observa cuán difícil es de llevar a cabo. Ara corregir es necesaria la humildad y el amor sincero, nunca se debe juzgar, como se lee en el texto de Lc 6,37: esto significa no considerarse nunca superiores a aquel al que se corrige, pues todos somos frágiles y necesitados del perdón del Señor. Por tanto, la corrección fraterna es una declinación de la misericordia que hay que vivir en la Iglesia y en medio de todos los hombres.




sábado, 9 de abril de 2016

No veo mis pecados, no sé qué decir en la confesión… Ayuda a reconocerlos escuchar la Palabra de Dios y la oración sincera, es importante no creernos autosuficientes

La pérdida del sentido del pecado está en la base no solo de la crisis que padece el sacramento de la Penitencia, sino de una crisis mucho más extensa y profunda que afecta a toda la vida cristiana.
No reconocerse pecador es perder el realismo más elemental en la vida cristiana. Creer que la gente ha dejado de confesarse porque hay mucha más santidad me parece una ingenuidad monumental.
Curiosamente, los santos siempre han sido los que se han reconocido más pecadores.
Esta cuestión es muy importante, tanto que ha sido planteada de manera
explícita al papa Francisco en su excelente libro El nombre de Dios es Misericordia.
Recomiendo vivamente su lectura para entender a fondo el sacramento de la
confesión.
Cito literalmente al papa Francisco cuando se le pregunta cómo logramos reconocernos pecadores y sobre lo que le diría a alguien que no se siente pecador.
Dice así el papa Francisco: “¡Les aconsejaría que pidieran esta gracia! Sí, porque reconocernos pecadores es una gracia. Es una gracia que te viene dada. 
Sin la gracia, a lo máximo que se puede llegar es a decir: soy limitado, tengo mis límites, estos son mis errores. 
Pero reconocernos pecadores es otra cosa. Significa ponerse frente a Dios, que es nuestro todo, presentándonos a nosotros mismos, es decir, nuestra nada. Nuestras miserias, nuestros pecados. Es realmente una gracia que se debe pedir“.
Efectivamente es una gracia que nos llega ordinariamente por la escucha de la Palabra de Dios y la oración sincera.
Dice también el papa Francisco: “La misericordia existe, pero si tú no quieres recibirla… Si no te reconoces pecador quiere decir que no la quieres recibir, quiere decir que no sientes la necesidad… Es importante no creernos autosuficientes”.

Con información de El consultorio publicada en Catalunya Cristiana