domingo, 6 de agosto de 2017

Padre Pío y la receta de la alegría, según papa Francisco


Final del Año Jubilar en honor de la llegada de San Pío a San Giovanni Rotondo hace cien años. Aquí las reflexiones de papa Francisco sobre el secreto de la alegría de este santo italiano. 5 claves para aplicar la receta en la vida diaria. 

El papa Francisco envió al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos a San Giovanni Rotondo, Italia, para presidir el próximo 28 de julio 2017, la ceremonia de clausura del Año Jubilar en honor del centenario de la llegada de San Padre Pío a ese lugar, meta de peregrinaje de miles de personas de todo el mundo.
En este contexto, recordamos que Francisco durante el pasado Año Santo destacó a Padre Pío como un ejemplo de sacerdote confesor y un “servidor de la misericordia”, a tiempo completo, practicando a veces hasta el cansancio “el apostolado de la escucha” y de la oración.
Lecciones para la buena oración en padre Pío 
A continuación algunas lecciones de San Padre Pío en las palabras de papa Francisco en relación a la oración como ‘buena práctica’ no para “obtener algo de paz para el corazón”; ni para obtener favores de Dios, sino para salir del propio egoísmo y mantener viva una verdadera alegría interior.
Precisamente, la oración es “una obra de misericordia espiritual, que quiere llevar todo al corazón de Dios”, explicó Francisco en una audiencia jubilar a los Grupos de Oración de Padre Pío en la plaza de San Pedro. (06.02.2016).
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“San Pío no se cansó jamás de recibir a las personas y de escucharlas, de perder tiempo y fuerzas para difundir el perfume del perdón del Señor. Podía hacerlo porque estaba siempre unido a la fuente: se saciaba perennemente de Jesús”, papa Francisco (06.02.2016).
1. La oración no es una aspirina
La oración no es una “aspirina que se toma” para estar mejor o una transacción que se hace con Dios para obtener algo. Francisco explicó que padre Pío con su vida enseña que la oración es un acto de misericordia espiritual, confiar en el ‘Padre, en Dios’, como un regalo de la fe y del amor.
2. La oración es como el pan
La oración es una “necesidad como el pan” e insiste en la buena actitud que hay que tener en el momento de la plegaria: “Padre, yo en ti confío esto”, para que Dios cuide de eso que llevamos dentro y nos perturba.
3. La oración, una llave para abrir el corazón de Dios 
La oración como amaba decir el Padre Pío es “la mejor arma que tenemos, una llave que abre el corazón de Dios. Se trata de “una llave fácil”. Pues, “el corazón de Dios no está ‘sellado’ con una gran cantidad de medidas de seguridad”.
4. La oración es la fuerza de la Iglesia 
Francisco explica que el corazón de Dios se abre con la oración porque Él es un Padre que se derrite con la voz de sus hijos.
Asimismo, la oración es la mayor fuerza de la Iglesia y que nunca hay que dejar, porque la Iglesia da frutos si es como la Virgen María y los apóstoles, que estaban listos a “perseverar unánimemente en la oración” (Hechos 1:14). La oración para  esperar en el Espíritu Santo.
5. La oración es la receta para la alegría  
El Pontífice, recordado San Pío, enseña que la oración constante hace parte de la buena batalla. “De lo contrario es probable que apoyamos nuestra vida en otra parte: en los medios, el dinero, el poder”.
En fin, la oración mantiene viva la evangelización y la alegría que iluminan el corazón para que no se vuelva “aburrido”. Entonces, el Papa termina asegurando que la clave para un corazón alegre es la oración. 
Padre Pío
San Pío ha sido un fraile Capuchino que se dedicó a la salvación de las almas. Nació en 1887, se unió a la Orden Capuchino a los 15 años antes de ser ordenado sacerdote en 1910 y fue enviado el 28 de julio de 1916 al convento de San Giovanni Rotondo, donde permaneció hasta su muerte.
En 1918, después de una misa, recibió las estigmas de Cristo. Heridas que llevaba en las manos, los pies y el pecho y lo acompañaron por más de 50 años, lo que atraería a una multitud de periodistas y médicos. Pero, especialmente ha traído a muchos fieles.
El 5 de febrero de 2016, los restos del famoso capuchino habían llegado al Vaticano para ser presentados a la veneración de los fieles durante casi una semana como parte del Jubileo de la misericordia.
Un mar de fieles vivió ese momento con una gran devoción hasta las lágrimas y luego acompañaron sus reliquias en medio a una multitud rebosante de piedad popular, a lo largo de la Vía de la Conciliación.

Sube al Monte Tabor: El lugar de la Transfiguración



Uno de los santuarios más bellos de Tierra Santa

Un video que describe el Monte Tabor, lugar en Tierra Santa que fue testigo de la Transfiguración del Señor.

Hoy la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor

Hoy la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor
El 6 de agosto la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor, que ocurrió en presencia de los apóstoles Juan, Pedro y Santiago. Es aquí donde Jesús conversa con  Moisés y Elías, y se escucha desde una nube la voz de Dios Padre que dice “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo” (Lc. 9, Mc. 9, Mt. 17).
En el Catecismo de la Iglesia Católica (555), en referencia al pasaje bíblico, se menciona que “por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para ‘entrar en su gloria’ (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén”.
“Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24, 27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre”, señala el Catecismo.
Asimismo recuerda las palabras de Santo Tomás de Aquino, quien afirmó que en este acontecimiento “apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa”.
Según el relato evangélico, la Transfiguración ocurrió en un monte alto y apartado llamado Tabor (Israel) que en hebreo significa “el abrazo de Dios”.
San Jerónimo comentaba este episodio de la vida de Jesús con mucho fervor y añadía incluso palabras en la boca de Dios Padre para explicar la predilección de Jesús. “Este es mi Hijo, no Moisés ni Elías. Éstos son mis siervos; aquel, mi Hijo. Éste es mi Hijo: de mi misma naturaleza, de mi misma sustancia, que en Mí permanece y es todo lo que Yo soy. También aquellos otros me son ciertamente amados, pero Éste es mi amadísimo. Por eso escuchadlo”, decía el Santo.
“Él es el Señor, estos otros, los consiervos. Moisés y Elías hablan de Cristo. Son consiervos vuestros. No honréis a los siervos del mismo modo que al Señor: prestad oídos sólo al Hijo de Dios”, añadía.
Cuando la Transfiguración acabó, Pedro, quien había dicho “Señor, ¡qué bien se está aquí!”, desciende sin comprender lo que ha pasado. Por ello San Agustín, en un sermón, se dirigirá al Primer Pontífice con palabras de reflexión, que en realidad se convierten en una interpelación para cada cristiano del mundo de hoy:
“Desciende (tú, Pedro) para penar en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?”
Más información de esta festividad aquí:

sábado, 5 de agosto de 2017

Fiesta de la Transfiguración del Señor


Libro de Daniel 7,9-10.13-14. 

Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente.
Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros
Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él.
Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

Salmo 97(96),1-2.5-6.9. 
¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Nubes y Tinieblas lo rodean,
la Justicia y el Derecho son

la base de su trono.
Las montañas se derriten como cera
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
Los cielos proclaman su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria.
Porque tú, Señor, eres el Altísimo:
estás por encima de toda la tierra,
mucho más alto que todos los dioses.


Epístola II Carta de San Pedro 1,16-19. 
Porque no les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza.
En efecto, él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la Gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección".
Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con él en la montaña santa.
Así hemos visto confirmada la palabra de los profetas, y ustedes hacen bien en prestar atención a ella, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y aparezca el lucero de la mañana en sus corazones.

Evangelio según San Mateo 17,1-9. 
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo".
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo".
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos". 

La Virgen de las Nieves y la devoción del Papa Francisco


Cada 5 de agosto se recuerda la increíble nevada que llevó a la construcción de Santa María la Mayor

Hoy, día de su Dedicación, una tradicional cascada de pétalos dentro de la Basílica de Santa María la Mayor revive la memoria del milagro que, a mitad del siglo IV, llevó a la construcción del más antiguo templo mariano de Occidente. Una iglesia querida a muchos Pontífices, entre ellos el Papa Francisco.
 
“Me construirás una Iglesia en el lugar donde mañana encuentres nieve fresca”. El prodigio al que la tradición atribuye el origen de Santa María la Mayor tiene lugar la noche anterior al clamoroso descubrimiento. Imaginad una nevada en Roma, a principios de agosto, hoy podría ser una broma del “clima-ficción”. Y no sería muy distinto en la Roma del fin del imperio. Pero es lo que la Virgen comunica en sueños, al mismo tiempo, la noche del 4 de agosto del año 358 al Papa Liberio y a un tal Juan, patricio de la Urbe: una Iglesia donde mañana haya nieve fresca. El patricio Juan la mañana del 5 corre donde el Papa para comunicarle la increíble visión nocturna y poco después la confirmación del milagro: la colina del Esquilino amanece blanca por una nevada de agosto.
 
La tradición afirma que precisamente sobre la nieve, el Papa trazó el perímetro de la Iglesia, y que el rico Juan financió su construcción. El edificio sagrado que hoy admiramos fue mandado construir en cambio por Sixto III en el 431, erigido sobre el anterior, con el fin de dejar esculpido en piedra lo que se había decidido en el Concilio de Éfeso, es decir, que había de considerarse a la Virgen “Madre de Dios”. Durante siglos la Basílica, la tercera en considerarse “papal”, fue ampliada y embellecida por el arte de célebres maestros. En resumen, se puede decir que desde el Papa Liberio en adelante, no ha habido Pontífice que no haya querido dejar en este templo un signo de su propia devoción. No es una excepción el Papa Francisco, que se dirigió allí a rezar el día después de su elección al Solio pontificio, y de nuevo al volver de la JMJ de Río, y que rezó allí el Rosario el pasado 4 de mayo, acompañándolo con una reflexión sobre el sentido de la maternidad:
 
“Una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien; por eso les educa a no ceder a la pereza – que deriva también de un cierto bienestar – a no abandonarse en una vida cómoda que se contenta sólo con tener cosas. La mamá cuida a los hijos para que crezcan cada vez más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de comprometerse en la vida, de tender a grandes ideales (…) La Virgen hace esto mismo con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de modo superficial, sino a  vivir con responsabilidad, a tender siempre a lo alto”. (Rosario en S. María la Mayor, 4 de mayo de 2013)
 
En la célebre Capilla Paulina que se abre en la Basílica, hay en particular un icono sagrado y milagroso, muy querido a la Ciudad eterna, la Salus Populi Romani, a la que también el Papa Francisco ha mostrado mucho afecto:
 
“La Salus Populi Romani es la mamá que nos da la salud en el crecimiento, nos da la salud para afrontar y superar los problemas, nos da la salud al hacernos libres para las elecciones definitivas, la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser siempre fecundos en el bien, fecundos de alegría, fecundos de esperanza, a no perder nunca la esperanza, a dar la vida a los demás, vida física y espiritual”. (Rosario en Santa María la Mayor, 4 de mayo de 2013)