jueves, 6 de julio de 2017

¿Qué hacer cuando perdemos la voluntad de rezar?

Ya no siento ganas de orar, ¿y ahora?

Hay momentos en que no siento la menor voluntad de dialogar con algunas personas, pero, porque es necesario, acabo dejando de lado mi voluntad y voy a su encuentro, converso, trabajo, convivo y sigo frente a ellas. Con Dios no es diferente. A veces, las cosas me envuelven de tal manera, que no siento deseos de hablar con Él, es decir, de rezar, pero porque sé que es preciso, y además dependo de Su gracia, voy a Su encuentro a través de la oración.
Claro que ello exige compromiso y perseverancia porque, en realidad, la vida de oración es una conquista diaria; y como toda conquista no está exenta de luchas, es necesario luchar para ser orante.
En este sentido, santa Teresa de Jesús afirma, en su autobiografía, que oración y vida cómoda no combinan en nada; ella recuerda que una de las mayores victorias del demonio es convencer a alguien de que no es necesario rezar.
O sea, cuando se trata de la vida de oración es necesario tener conciencia de que se trata de una lucha espiritual, y para vencer el único camino es rezar con o sin voluntad. Si escojo guiarme sólo por mi querer, corro el riesgo de ser una persona vacía, sin sentido.

Desierto espiritual

Sé que, con el paso del tiempo y el cúmulo de actividades, corremos el serio riesgo de, poco a poco, ir dejando la oración de lado o rezar de cualquier manera hasta llegar a un “desierto espiritual” y sentir una cierta apatía respecto a la oración. Pero es justamente en ese momento cuando necesitamos ir más allá de los sentimientos y considerar que el “desierto también es fecundo” cuando se vive en Dios, ¡y por su misericordia en nuestra vida todo es gracia!
Consolaciones y desolaciones, alegría y tristeza, pérdidas y ganancias, todo es fruto del amor de Dios, quien permite que vivamos las pruebas mientras nos llama a crecer y a fructificar en toda y cualquier circunstancia. Por tanto, en el punto en que te encuentras ahora, vuelve a fijar tu alma en Dios y permite que Él la devuelva a Sí mismo, por la fuerza de la oración.
Al absorber tanta agitación y estímulos en nuestros días, acabamos perdiendo el contacto con nuestra verdadera esencia, y quedamos tan distraídos y preocupados con todo lo que está pasando a nuestro alrededor, que acabamos fragmentados, confusos e inseguros, sin acordarnos de dónde venimos, dónde estamos y menos aún, a dónde vamos. Sólo Dios puede reorientarnos.
Jesús tenía conciencia de ello cuando dijo a sus discípulos: “Velen y oren para no caer en la tentación” (Mateo 26,41); yo diría, principalmente, la tentación de olvidar quién eres y cuál es tu papel en este mundo.

Entonces, ¿vamos a rezar?

Dejo aquí algunas pistas que pueden servir para abrir camino en tu relación con Dios. Cuando encuentres tu propio camino, caminarás libremente y cada vez más experimentarás la alegría que se encuentra en la presencia de Dios por medio de la oración.
1- Escoge el horario y el tiempo que quieres dedicar a tu oración y procura ser fiel a ese propósito. Así como nos alimentamos diariamente, la oración tiene que ser el alimento diario del alma, pase lo que pase.
2- Fundamenta tu oración en la Palabra de Dios y en Su verdad. Habla con Él con confianza y sin reservas, como quien habla con un amigo. Así encontrarás la paz y la armonía interior que tanto buscas, pues, como enseña san Juan de la Cruz, “el conocimiento de uno mismo es fruto de la intimidad con Dios, y es el medio esencial para la libertad interior”.
3- Reza con humildad, deteniéndote siempre en la palabra “Hágase tu voluntad”. Acuérdate de que tu oración no puede estar motivada simplemente por gusto o exigencia, sino, por encima de todo, por gratuidad y confianza en la misericordia de Dios.
4- Practica lo que rezas y no desvincules tus obras de la oración, pues una cosa está totalmente relacionada con la otra. Caridad, perdón, alegría, confianza, fraternidad y paciencia son características de quien reza.
5- Ten tu propio ritmo de oración. La imitación y la comparación no ayudan en nada. La vida de los santos, por ejemplo, son flechas que apuntan al cielo pero eres tú quien debe dar tus propios pasos para llegar hasta él.
Deseo que en cada amanecer y también en las “noches oscuras” experimentes por la oración que el amor es la verdadera felicidad, y que esta consiste en amar y sentirse amado. Y nadie nos ama tanto como Dios. Si alguna vez pierdes la voluntad de rezar, ya sabes lo que tienes que hacer: ¡reza igual y sé feliz!

El poder de los deseos

Seguro que si ahora mismo nos preguntaran si tenemos algún deseo responderíamos sin dudar que sí. Y no uno, sino muchísimos. Basta escucharnos un poco por dentro para darnos cuenta de que, como dice mi compañero Adolfo, somos un puñadito de deseos.Y, ¿qué pasa si los deseos se cumplen?. Lo fácil sería pensar que yo sería feliz si mis deseos se realizaran. Eso es lo que nos prometen muchos anuncios en los que los publicistas, con mucho arte, nos hacen creer que su producto cumplirá nuestros deseos. Incluso podríamos llegar a simplificar tanto que llegásemos a pensar que la vida consiste en cumplir deseos. Si hacemos un poco de memoria, podemos caer en la cuenta de que no todos los deseos son iguales. Hay unos, que cuando se hacen realidad, tras un momento de euforia, nos dejan como antes. O puede ser peor si en seguida se ha instalado otro en nuestro interior y nos vemos como atrapados, con la sensación de que nunca nos quedamos satisfechos. Esos son los deseos que se alían con nuestra imagen, nuestros éxitos, el poder… son egoístas, porque soy yo quien está en el centro.Pero hay otros deseos, que al realizarse, nos quedamos llenos, quizá sin mucho ruido y sin llamar la atención, pero dejan un poso de paz en nosotros y van dibujando una felicidad honda en nuestro corazón. Y curiosamente en estos deseos no somos nosotros los protagonistas, sino que el deseo apunta hacia los demás, y nos hace salir, darnos a la gente.
Es cierto que no podemos controlar nuestros deseos porque ellos van apareciendo sin pedir permiso. Pero lo que sí podemos hacer es ir distinguiendo con la práctica cuáles son con los que me busco a mí mismo y cuáles los que me llevan a los demás. Y así ir educando nuestra capacidad de desear para que no nos atrapen los deseos egoístas sino que podamos cumplir los que nos llevan a entregarnos generosamente. Creo que es de las cosas más auténticas de los seres humanos el estar continuamente deseando. También me gusta pensar que Dios tiene deseos, y estoy seguro de que seremos más felices cuando nuestros deseos y los suyos vayan de la mano.
No me resisto a poner algo de lo más bonito que se ha escrito sobre los deseos: Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón permanecerá inquieto hasta que descanse en Ti. Estoy pensando que esta nochevieja no diré a nadie “que se cumplan tus deseos”, sino que “tus deseos te lleven a Dios”.

Jueves de la decimotercera semana del tiempo ordinario


Libro de Génesis 22,1-19. 

Después de estos acontecimientos, "Dios puso a prueba a Abraham "¡Abraham!", le dijo. El respondió: "Aquí estoy".
Entonces Dios le siguió diciendo: "Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré".
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado.
Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos,
y dijo a sus servidores: "Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes".
Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: "¡Padre!". El respondió: "Sí, hijo mío". "Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?".
"Dios proveerá el cordero para el holocausto", respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña.
Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.
Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: "¡Abraham, Abraham!". "Aquí estoy", respondió él.
Y el Angel le dijo: "No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único".
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abraham llamó a ese lugar: "El Señor proveerá", y de allí se origina el siguiente dicho: "En la montaña del Señor se proveerá".
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo,
y le dijo: "Juro por mí mismo - oráculo del Señor - : porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único,
yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos,
y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz".
Abraham regresó a donde estaban sus servidores. Todos juntos se fueron a Berseba, y Abraham residió allí.

Salmo 115(113B),1-2.3-4.5-6.8-9. 
No nos glorifiques a nosotros, Señor:
glorifica solamente a tu Nombre,
por tu amor y tu fidelidad.
¿Por qué han de decir las naciones:

«¿Dónde está su dios?»
Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra
él hace todo lo que quiere.
Los ídolos, en cambio, son plata y oro,

obra de las manos de los hombres.
Tienen boca pero no hablan,
ojos, pero no ven ,
tienen orejas, pero no oyen,

tienen nariz, pero no huelen.
Como ellos serán los que los fabrican,
los que ponen en ellos su confianza.
Pueblo de Israel, confía en el Señor:

él es tu ayuda y tu escudo;

Evangelio según San Mateo 9,1-8. 
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad.
Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados".
Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema".
Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal?
¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

miércoles, 5 de julio de 2017

Joaquín Navarro-Valls, portavoz de Juan Pablo II, fallece a los 80 años de edad

"Un día recibí una llamada telefónica, yo estaba en mi trabajo, en mi oficina: 'Tiene que ir usted a almorzar con el Papa'. Naturalmente le dije a mi secretaria: 'Llame usted al Vaticano porque alguien me quiere tomar el pelo”. Llamó y le confirmaron que sí... 

Y recuerdo claramente aquel almuerzo con el Papa que planteó el tema, de si yo tenia alguna idea de cómo mejorar el modo de comunicar (no ya de comunicar él, que no necesitaba ningún consejo, sino de comunicar ese universo de valores humanos y cristianos que el Vaticano tenía que hacer). 

Dije alguna cosa que me pareció, pasó algún tiempo y luego llegó la llamada telefónica. El papa le ha nombrado a usted director de...

Dudé mucho antes de aceptar. E inmediatamente después de aceptar, dije que quería hablar con el Papa, que quería conocer en profundidad cuál era su idea, cuál era su idea, qué es lo que efectivamente quería... Y así comenzó aquella etapa de mi vida que yo pensaba que iba a durar un par de años y que en realidad duró 22 años. 

Recuerdo una cosa que me ha servido muchas veces luego. Le dije: 'Santo Padre, esto es una responsabilidad muy grande para mí. Es un tema capaz de angustiar a cualquier persona'. Y me dijo algo que me ha servido muchas veces en la vida: 'No se puede hacer bien un trabajo si sólo se piensa en la responsabilidad. Si sólo se piensa en la responsabilidad entonces te sientes como amarrado, como encerrado dentro de esa responsabilidad'. Fue un consejo muy sabio que me ha ayudado muchas veces y del que he sacado mucho partido a lo largo de esos 22 años trabajando con él. 

El día en que Santa Teresa de Ávila venció al demonio con el poder del agua bendita

Santa Teresa de Ávila / Crédito: Wikimedia Commons

Santa Teresa de Ávila es una religiosa, mística y Doctora de la Iglesia del siglo XVI, que en sus memorias relató cómo, tras una larga experiencia, aprendió “que no hay nada como el agua bendita para hacer huir a los demonios y evitar que regresen”.
Lo que no es tan conocido son las experiencias que la llevaron a esa conclusión, que ella describe en su autobiografía, el “Libro de la vida”.
“Estaba una vez en un oratorio, y se me apareció hacia el lado izquierdo, una abominable figura; le miré especialmente la boca, porque me habló, y la tenía espantosa. Parecía que le salía una gran llama del cuerpo, que estaba toda clara, sin sombra. Me dijo espantosamente que bien me había librado de sus manos, mas que él me tornaría a ellas”, reveló Santa Teresa al inicio del Capítulo 31 de su obra.
Luego, asustada, trató de espantarlo con el signo de la Cruz. El demonio la abandonó, pero pronto regresó. Esto sucedió varias veces, hasta que notó que tenía agua bendita cerca: “Dos veces me sucedió esto. Yo no sabía qué hacer. Tenía allí agua bendita y lo eché a aquella parte, y nunca más retornó”.
En otro momento, Santa Teresa escribió que el demonio estuvo cinco horas atormentándola “con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior, que no sabía si podía soportar más. Las que estaban conmigo estaban espantadas y no sabían qué hacer ni yo cómo valerme”.
La santa admitió que solo encontró alivio después de pedir agua bendita y arrojarla al lugar donde vio a un demonio cerca. Es en la explicación de este hecho que se da a conocer su cita más famosa.
“Tras muchas ocasiones, tengo la experiencia de que no hay nada como el agua bendita para hacer huir a los demonios y evitar que regresen. De la cruz también huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita”, señaló.
Más tarde, aseguró que conoció la consolación del alma luego de tomar el agua, que le generó “como un deleite interior” que la confortaba.
“Esto no es un antojo, ni cosa que me ha acaecido sola una vez, sino muchas, y he mirado con gran advertencia. Digamos, es como si uno tuviese mucho calor y sed, y luego bebiese un jarro de agua fría, y sintiera un gran alivio. Considero que es una gran cosa todo lo que está ordenado por la Iglesia, y me conforta mucho ver que tengan tanta fuerza aquellas palabras, que así se pongan en el agua, para que sea tan grande la diferencia con lo que no es bendito”, continuó.
Santa Teresa de Ávila cuenta muchas otras historias sobre el poder del agua bendita en el resto del capítulo.
Puede leerlas AQUÍ.