martes, 11 de abril de 2017

Este es el Vía Crucis que Santa Teresa de Calcuta escribió para jóvenes

Madre Teresa de Calcuta / Foto: Wikipedia Noble36( CC0 1.0)

Para vivir con mayor intensidad este último viernes de Cuaresma y el Viernes Santo, presentamos las meditaciones del Vía Crucis escritas por Santa Teresa de Calcuta para los jóvenes.
El Vía Crucis fue escrito por la querida religiosa con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico Internacional de 1976 en Filadelfia, Estados Unidos.
Las palabras Vía Crucis significan “El camino de la Cruz”. Este es un recorrido espiritual conformado por 14 estaciones donde se meditan la pasión y muerte de Cristo. A través de la oración se interioriza el sufrimiento y los horrores que experimentó el Señor antes de la crucifixión.
Esta práctica espiritual tuvo sus orígenes en las peregrinaciones que antiguamente realizaban los cristianos a Jerusalén para recorrer los lugares de la pasión y muerte de Jesús con los evangelios en la mano. Este peregrinaje terminaba en el Monte Calvario.
Las meditaciones del Vía Crucis de la Madre Teresa de Calcuta “Un recorrido por la Pasión de Cristo, de ayer y de hoy”, contienen reflexiones sobre las obras de caridad hacia los pobres, enfermos, hambrientos y abandonados.
Estas oraciones escritas por la fundadora de las Misioneras de la Caridad también contemplan el aborto y el dolor humano.
Además, la Santa hace una exhortación a los jóvenes a no dejarse llevar por cosas mundanas.
A continuación el Vía Crucis escrito por Santa Teresa de Calcuta:
Oración
Señor, ayúdanos para que aprendamos a aguantar las penas y las fatigas, las torturas de la vida diaria; que tu muerte y ascensión nos levante, para que lleguemos a una más grande y creativa abundancia de vida.
Tú que has tomado con paciencia y humildad la profundidad de la vida humana, igual que las penas y sufrimientos de tu cruz, ayúdanos para que aceptemos el dolor y las dificultades que nos trae cada nuevo día y que crezcamos como personas y lleguemos a ser más semejantes a ti.
Haznos capaces de permanecer con paciencia y ánimo, y fortalece nuestra confianza en tu ayuda. Déjanos comprender que sólo podemos alcanzar una vida plena si morimos poco a poco a nosotros mismos y a nuestros deseos egoístas. Pues solo si morimos contigo, podemos resucitar contigo. Amén.
Primera Estación: Jesús es condenado a muerte 
«Llegada la mañana todos los príncipes de los sacerdotes, los ancianos del pueblo, tuvieron consejo contra Jesús para matarlo, y atado lo llevaron al procurador Pilato» (Mt 27, 1-2).
El pequeño niño que tiene hambre, que se come su pan pedacito a pedacito porque teme que se termine demasiado pronto y tenga otra vez hambre. Esta es la primera estación del calvario.
Segunda Estación: Jesús carga con la cruz 
«Entonces se lo entregó para que lo crucificasen. Tomaron, pues, a Jesús, que llevando la cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota» (Jn 19, 16-17).
¿No tengo razón? ¡Muchas veces miramos pero no vemos nada! Todos nosotros tenemos que llevar la cruz y tenemos que seguir a Cristo al Calvario, si queremos reencontrarnos con Él. Yo creo que Jesucristo, antes de su muerte, nos ha dado su Cuerpo y su Sangre para que nosotros podamos vivir y tengamos bastante ánimo para llevar la cruz y seguirle, paso a paso.
Tercera Estación: Jesús cae por primera vez 
«Dijo Jesús: El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame, pues el que quiera salvar su vida la perderá: pero el que pierda su vida, ese la salvará» (Mt 16,24).
En nuestras estaciones del Vía Crucis vemos que caen los pobres y los que tienen hambre, como se ha caído Cristo. ¿Estamos presentes para ayudarle a Él?
¿Lo estamos con nuestro sacrificio, nuestro verdadero pan? Hay miles y miles de personas que morirían por un bocadito de amor, por un pequeño bocadito de aprecio. Esta es una estación del Vía Crucis donde Jesús se cae de hambre.
Cuarta Estación: Jesús encuentra a su Madre
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1, 45-49).
Nosotros conocemos la cuarta estación del Vía Crucis en la que Jesús encuentra a su Madre. ¿Somos nosotros los que sufrimos las penas de una madre? ¿Una madre llena de amor y de comprensión? ¿Estamos aquí para comprender a nuestra juventud si se cae? ¿Si está sola? ¿Si no se siente deseada? ¿Estamos entonces presentes?
Quinta Estación: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
«Cuando le llevaban a crucificar, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo y le obligaron a ayudarle a llevar la cruz» (Lc 23, 26).
Simón de Cirene tomaba la cruz y seguía a Jesús, le ayudaba a llevar su cruz. Con lo que habéis dado durante el año, como signo de amor a la juventud, los miles y millones de cosas que habéis hecho a Cristo en los pobres, habéis sido Simón de Cirene en cada uno de vuestros hechos.
Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús 
«Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me distéis de beber» (Mt, 25,35).
Con respecto a los pobres, los abandonados, los no deseados, ¿somos como la Verónica? ¿Estamos presentes para quitar sus preocupaciones y compartir sus penas? ¿O somos parte de los orgullosos que pasan y no pueden ver?
Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez 
«¿Quiénes son mi madre y mis parientes? Y extendiendo su mano sobre sus discípulos dijo Jesús: he aquí a mi madre y a mis parientes quienquiera que haga la voluntad de mi Padre» (Mt 12, 48-50).
Jesús cae de nuevo ¿Hemos recogido a personas de la calle que han vivido como animales y se murieron entonces como ángeles? Estamos presentes para levantarlos.
También en vuestro país podéis ver a gente en el parque que están solos, no deseados, no cuidados, sentados, miserables. Nosotros los rechazamos con la palabra alcoholizados. No nos importan. Pero es Jesús quien necesita nuestras manos para limpiar sus caras. ¿Podéis hacerlo? ¿O pasaréis sin mirar?
Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres
«Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se lamentaban y lloraban por Él. Vuelto hacia ellas les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lc 23, 27-28).
Padre Santo, yo rezo por ellas para que se consagren a tu santo nombre, santificadas por Ti; para que se entreguen a tu servicio, se te entreguen en el sacrificio. Para eso me consagro yo también y me entrego como sacrificio con Cristo.
Novena Estación: Jesús cae por tercera vez
«Os he dicho esto para que tengáis paz conmigo. En el mundo tendréis tribulaciones, pero confiad: yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33).
Jesús cae de nuevo para ti y para mí. Se le quitan sus vestidos, hoy se le roba a los pequeños el amor antes del nacimiento. Ellos tienen que morir porque nosotros no deseamos a estos niños.
Estos niños deben quedarse desnudos, porque nosotros no los deseamos, y Jesús toma este grave sufrimiento. El no nacido toma este sufrimiento porque no tiene más remedio de desearle, de amarle, de quedarme con mi hermano, con mi hermana.
Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
«Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, haciendo cuatro partes, una para cada soldado y la túnica» (Jn 19,23).
¡Señor, ayúdanos para que aprendamos a aguantar las penas, fatigas y torturas de la vida diaria, para que logremos siempre una más grande y creativa abundancia de vida!
Undécima Estación: Jesús es clavado en la cruz
«Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí con dos malhechores Jesús decía: padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 33).
Jesús es crucificado ¡Cuántos disminuidos psíquicos, retrasados mentales llenan las clínicas! Cuántos hay en nuestra propia patria ¿Les visitamos? ¿Compartimos con ellos este calvario? ¿Sabemos algo de ellos?
Jesús nos ha dicho: Si vosotros queréis ser mis discípulos, tomad la cruz y seguidme y Él opina que nosotros hemos de coger la cruz y que le demos de comer a Él en los que tienen hambre, que visitemos a los desnudos y los recibamos por Él en nuestra casa y que hagamos de ella su hogar.
Duodécima Estación: Jesús muere en la cruz
«Después de probar el vinagre, Jesús dijo: Todo está cumplido, e inclinando la cabeza entregó el espíritu» (Jn 19,30).
Empecemos las estaciones de nuestro vía crucis personal con ánimo y con gran alegría, pues tenemos a Jesús en la sagrada Comunión, ¡Que es el Pan de la Vida que nos da vida y fuerza! Su sufrimiento es nuestra energía, nuestra alegría, nuestra pureza. Sin Él no podemos hacer nada.
Decimotercera Estación: Jesús es bajado de la cruz
«Al caer la tarde vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era discípulo de Jesús tomó su cuerpo y lo envolvió en una sábana limpia» (Mt 27, 57.59).
¡Vosotros jóvenes, llenos de amor y de energía, no desperdiciéis vuestras fuerzas en cosas sin sentido!
Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado
«Había un huerto cerca del sitio donde fue crucificado Jesús, y en él un sepulcro nuevo, en el cual aún nadie había sido enterrado y pusieron allí a Jesús» (Jn 19, 41-42).
Mirad a vuestro alrededor y ved, mirad a vuestros hermanos y hermanas no sólo en vuestro país, sino en todas las partes donde hay personas con hambre que os esperan.
Desnudos que no tienen patria. ¡Todos os miran! ¡No les volváis las espaldas, pues ellos son el mismo Cristo!

Martes Santo


Libro de Isaías 49,1-6. 

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba.
El me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré".
Pero yo dije: "En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza". Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.
El dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra".

Salmo 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15.17. 
Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.



Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38. 
Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.
Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".
El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?".
Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer".
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.
Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres.
Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".
Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti".
Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces". 

lunes, 10 de abril de 2017

Cristianos de Oriente: ¿Quiénes son los coptos?


La minoría cristiana más importante hoy en el mundo árabe

Los coptos forman la minoría cristiana más importante en el mundo árabe por sus números que llegan a contar entre 18 y 20 millones, no solamente en Egipto sino también en los otros países árabes donde viven y trabajan.
Históricamente, los coptos pertenecen a la iglesia madre de Alejandría, bautizada por San Marcos el Evangelista en el primer siglo. El patriarcado de Alejandría fue uno de los más importantes con un territorio que llegaba hasta la actual Libia. El nombramiento copto tiene su origen en la palabra griega aigyptios (egipcio) y con la llegada del Cristianismo, la palabra “copto” se refería a la religión cristiana que venía de Egipto.
La lengua copta es un desarrollo de la lengua egipcia antigua que fue escrita en letras griegas con la adición de seis letras del demótico para representar a sonidos no existentes en le lengua griega. El copto empezó a florecer como lengua literaria desde el siglo II puesto que llegó a ser la lengua litúrgica de la iglesia copta. Los coptos de Egipto empezaron a usar la lengua árabe después de la llegada del Islam, es decir que pertenecen a los cristianos arabo hablantes de la zona que no eran árabes de origen.
El Patriarcado de Alejandría fue el primero entre otras iglesias orientales en adoptar el monofisismo, declarando su oposición al Consejo ecuménico de Calcedonia del año 451. Los coptos que rechazaron al Concilio se agruparon con los jacobitas, mientras los que aceptaron el Concilio con el tiempo se juntaron con la iglesia melquita, adoptando la liturgia bizantina. El año 1895, los coptos se dividieron entre una iglesia copta católica y otra ortodoxa.
Los monasterios del desierto forman uno de los signos más importantes del Cristianismo copto, que atestiguan la vida monástica del desierto egipcio. Durante siglos, estos monasterios acogieron a monjes y santos, desarrollando una literatura cristiana que dio frutos en manuscritos y textos muy importantes para la liturgia cristiana, tanto oriental como occidental.
Por poner un ejemplo, podemos mencionar al monasterio de San Miguel en Fayum, con su famosa colección de manuscritos conocida como la colección Morgan, que incluye textos teológicos que remontan a los años 832 y 914 d. C. donde encontramos libros completos del Antiguo Testamento, Evangelios del Nuevo Testamento, homilías, discursos, actos de mártires y vidas de santos.
Otro monasterio digno de mencionar será el de Santa Catalina en el Sinaí, considerado como uno de los más antiguos monasterios cristianos del mundo, construido entre  548 y 565 con una biblioteca que contiene libros únicos tales como el Sinaiticus siriaco y el Codex Sinaiticus (hasta el 1859). Cabe mencionar que todos los manuscritos estudiados y reconocidos como textos verdaderos del Nuevo Testamento, tanto en griego como en copto, provienen de Egipto.
En la época islámica, la lengua árabe llegó a ser la lengua materna de todos los cristianos coptos y gradualmente remplazó a la lengua copta que se conserva como lengua litúrgica de la iglesia. Eso hizo que los cristianos coptos tengan la preocupación de poder perder poco a poco su cultura. Por eso, empezaron a escribir libros para conservar esta cultura y este legado cristiano importante.
En el siglo XIII por ejemplo, los coptos escribieron unos de los más importantes resúmenes de la teología copta, tales como ¨Mağmū usūl ad dīn wa masmū mahsūl al yaqīn¨ de Ibn Al Assal, ¨Al Ğauharah an nafīsah fi ´ulūm al kanīsah¨ de Yuhanna bin Sabba´ y la obra de Šams Arriyāsah Abi Al Barakāt bin Kabar ¨ Misbāh adhulmah fi īdāh al jidmah¨.
Actualmente, los cristianos coptos viven en Egipto como ciudadanos de segunda categoría y sufren muchas injusticias, que llegan hasta la persecución. Eso hace que muchos buscan una alternativa en la emigración hacia otros países extranjeros. Existen comunidades coptas en muchos países del mundo árabe y de diáspora en varios países de Europa, África, Australia y las Américas.

6 pistas para rezar por tu marido


¿Quieres rezar por tu marido pero no encuentras las palabras adecuadas? Aquí sugerencias de oraciones cortas inspiradas en las cartas de san Pablo.

¿Rezar por los hijos? Fácil, dicen a coro todas las madres. Pero, ¿por el marido? ¿Quién reza, de verdad, por su marido regularmente? En nuestro ritmo de vida tan ocupado, los maridos a veces se convierten en una figura olvidada, el “último de la fila”, como lamentan algunos. Encontramos tiempo para rezar por los hijos, para que tengan éxito en las diferentes etapas de sus vidas, incluso participamos en grupos de oración de madres de manera regular, pero a veces ¡ni se nos pasa por la cabeza rezar por nuestros esposos! Esta falta de hábito hace que nos cueste más trabajo encontrar las palabras cuando queremos rezar por ellos. Aquí tienes 6 sugerencias de oraciones inspiradas en cartas de san Pablo. 6 oraciones cortas y eficaces, fáciles de aplicar en seguida y para celebrar más a menudo la figura de los padres.
  1. Para que mi marido conozca el Amor de Dios

“Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total Plenitud de Dios” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, 3:17-19).
Oración: Señor Jesús, me pongo en Tu presencia para implorarte que envuelvas el corazón de mi marido con Tu Sagrado Corazón. Ayúdale a tener absoluta confianza en Ti. Que Tu Amor eche raíces profundas en él y que este Amor se extienda a nuestras vidas. Que mi marido pueda conocer Tu infinita Misericordia para que comprenda que Tu Amor es más real que cualquier experiencia terrenal.
  1. Para que cumpla su vocación de esposo

“Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, (…). Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, 5:25-28).
Oración: Señor, según Tu voluntad, mi marido se ha acercado a la santidad gracias al sacramento del matrimonio. Colma su corazón con Tu Amor y ayúdale a cumplir su vocación siguiendo Tu camino.
  1. Para que mi marido enseñe Tu Amor a nuestros hijos

“Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios, 6:4).
Oración: Espíritu Santo, llena el corazón de mi marido con Tu paz para que él transpire Tu Amor a nuestros hijos. Concédele la paciencia y la sabiduría necesarias para criar a nuestros hijos en la pureza y en la fe. Ayúdale a guiar a nuestros hijos por el camino correcto y a animarles a permanecer cerca de Ti.
  1. Por el bien de nuestra familia

“Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús” (Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses, 4:19).
Oración: Señor, Tú sabes qué es lo que necesitamos. Te pido que otorgues siempre a mi marido la gracia de utilizar nuestros recursos con sabiduría, de ser “pobre de espíritu” (Mateo 5:3) y generoso con los necesitados. Amén.
  1. Para que sea el hombre que Tú le has llamado a ser

“Velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes. Haced todo con amor” (Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 16:13-14).
Oración: Señor, Te confío todas las decisiones de mi marido, sus proyectos, sus inquietudes y todo su ser. Que sea fuerte en Tu Amor y ancle su fuerza en la fe. Que sea el hombre que Tú le has llamado a ser: valiente, alegre y generoso. Que crezca en la fe, la esperanza y la caridad.
  1. Para que mi marido actúe con sabiduría y discernimiento

“No ceso de dar gracias por vosotros recordándoos en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente; iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por él en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa” (Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 1:16-19).
“Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará” (Carta del Apóstol Santiago 1:5)
Oración: Señor Jesús, Tú que haces el bien allá donde vas, Te pido que des a mi marido la gracia de seguir Tus pasos. Que tenga la fuerza de avanzar con sabiduría y conciencia de que sus elecciones tienen consecuencias para nuestra familia. Que su corazón resplandezca con la luz del Espíritu Santo para que pueda avanzar con firmeza y confianza, sean cuales sean los obstáculos que encuentre. Amén.
Virgen María, Madre de Dios, cubre a mi marido con tu manto para que reciba las gracias necesarias para ser el protector de nuestra familia, como lo era san José. Por tu abrazo maternal, oh María, concédele un sentimiento de seguridad para que nunca se sienta abandonado. Amén.

Lunes Santo


Libro de Isaías 42,1-7. 

Así habla el Señor:
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones.
El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles.
No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad;
no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella.
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones,
para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

Salmo 27(26),1.2.3.13-14. 
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron.

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.



Evangelio según San Juan 12,1-11. 
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.
Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:
"¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?".
Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.
A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre".
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.
Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,
porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.