miércoles, 22 de junio de 2016

¿Sabes qué oración reza el papa Francisco antes de ir a dormir? El Pontífice invitó a rezar a los fieles una oración especial cuando predicó sobre el milagro de la sanación del leproso

Dejando las hojas preparadas para la audiencia general de este miércoles 22 de junio, el papa Francisco enseñó a los fieles una oración especial para antes de ir a dormir.
“Les voy a hacer una confidencia. Yo hago esta oración todas las noches”, dijo ante los fieles y peregrinos presentes esta mañana en la plaza de San Pedro en el Vaticano.
“En la noche antes de ir a dormir yo rezo esta breve oración: “Señor, si Tú quieres puedes purificarme” y luego rezo cinco Padres Nuestros, uno por cada llaga”.
“Esto lo hago yo. Pero, ustedes también lo pueden hacer en su casa. Y piensen en las llagas de Jesús, Él siempre nos escucha”, expresó el Pontífice durante su catequesis.
De esta manera, Francisco continuó la serie de catequesis sobre la misericordia desde la visión evangélica al predicar sobre el milagro de la sanación del leproso (Lc 5, 12-16).
Pope Francis General Audience June 22, 2016
Papa Francisco con sus huéspedes de honor en la audiencia del miércoles
El Pontífice enseñó que la llagas modernas de Cristo están en los que sufren y a través de un gesto concreto pidió a los fieles tocar las heridas de los “excluidos” y “marginados”.
Por ello, presentó a sus huéspedes especiales para dar sentido a sus palabras. Se trataba de un grupo de jóvenes refugiados asistidos por la Caritas de Florencia, quienes fueron invitados por el mismo Pontífice a presenciar en primera fila la audiencia general.
Pope Francis General Audience June 22, 2016
Papa Francisco con un grupo de refugiados asistidos por la Caritas de Florencia
De hecho, el grupo de refugiados no estaba en la lista oficial de la prefectura de la Casa Pontificia con los nombres de las parroquias, movimientos y grupos por países, lista que se entrega normalmente a los periodistas.
Así, sostuvo, “hoy me acompañan estos jóvenes. Muchos piensan de ellos que era mejor que se hubieran quedado en su tierra, pero ellos sufrían mucho”.
“¡Son nuestros refugiados!. Y tantos los consideran los excluidos. ¡Por favor, son nuestros hermanos! ¡El cristiano no excluye a nadie, deja venir a todos!”.
Por otro lado, el Obispo de Roma insistió en español en que Jesús escucha siempre la oración “hecha con humildad y con confianza y rechazando todos los prejuicios humanos”.
Jesús “se muestra cercano para enseñarnos que no tenemos que tener miedo de acercarnos y tocar al pobre y al excluido”, agregó.
Entretanto, instó a que no hayan más personas marginadas como indica el Evangelio en el episodio del leproso curado por Jesús.
“Ahora es uno de nosotros. Pensemos a nuestras miserias. Cada uno tiene las suyas”.
“Pensemos con sinceridad: cuántas veces las cubrimos con la hipocresía de la buena educación. Entonces, es mejor en soledad rezar: ‘Señor, si quieres puedes purificarme’”.
Luego, invitó a los presentes a clamar la oración tres veces: “Señor, si quieres puedes purificarme”.
La audiencia general concluyó con la oración del Pater Noster y la bendición apostólica dirigida a los fieles y peregrinos presentes.

Galería fotográfica, audiencia miércoles 22 de junio 2016

Fotos ©Mekary/Aleteia


La oración en pareja, una respiración vital para nuestro matrimonio "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos"




Aun siendo difícil de poner en práctica, la oración conyugal es la que coloca a Dios en medio de la pareja, la que nos hace existir como pareja cristiana.
Lejos quedaron aquellos días de preparación para el matrimonio en los que nos comprometimos a rezar juntos todas las noches…
Al principio, nos limitábamos a recitar juntos unos cuantos Ave María, a agradecer a Dios la vida que teníamos y a confiarle nuestras intenciones…
Cada noche el mismo ritual… y luego, al cabo de unos meses, cansados de esta oración cotidiana a la que habíamos dado un carácter mecánico, y alejados cada vez más del entusiasmo de los primeros meses de matrimonio, dejamos de rezar.
Sin duda alguna, habíamos entendido mal el profundo sentido de todo aquello; lo hacíamos por una especie de exigencia de nuestro amor, una exigencia que no habíamos ni meditado ni analizado lo suficiente.
Tampoco hay duda de que, sencillamente, no sabíamos cómo rezar juntos.
La oración conyugal, elemento fundador de nuestra comunión
Aunque probablemente sea “el aspecto más difícil de nuestro compromiso”, según Alex y Maud Lauriot Prévost, miembros de la congregación de parejas misioneras Communion Priscille et Aquila y autores de Jésus sauve ton couple [Jesús salva tu pareja](Salvator, 2013) y de Évangéliser le mariage: le kérygme conjugal [Evangelizar el matrimonio: el kerygma conyugal] (Salvator, 2013), la oración conyugal es “un elemento absolutamente esencial para la vida cristiana de los esposos”.
Antes que un ritual, “la oración en pareja es una experiencia común de diálogo y comunión con Dios”, según la definen Alex y Maud Lauriot Prévost.
A través de esta oración en común, cada uno de nosotros trata de manifestar su deseo de construir algo más grande que la suma de un hombre y una mujer.
Ese algo es la familia cristiana, la partícula elemental de la Iglesia, dentro de la cual se vivirá el Amor de Dios. La pareja cristiana es una pequeña Iglesia en sí misma: es la Iglesia doméstica.
La oración conyugal, una defensa contra la división
“En la pareja, quedamos desnudos delante del otro, físicamente, pero también compartimos nuestra vida interior”, insisten Alex y Maud.
Rezar en pareja supone también aceptar mostrarse al otro en la propia vulnerabilidad y ofrecerse en esta vulnerabilidad, en un abandono a Dios.
Rezar de manera vertical: Aunque la oración conyugal sea un pilar de nuestra relación, sería un error creer que está ahí en primer lugar para nosotros. Si oramos juntos, es ante todo para Dios.
Se trata de alabarle juntos, de buscar juntos aplicar su voluntad en el hogar, y no es, en un principio, para profundizar en nuestra intimidad conyugal y conocernos mejor. Si esto último es un efecto derivado de nuestra oración, tanto mejor, pero no es el objetivo.
Tampoco debe servir como una manera indirecta de ajustar cuentas mientras el otro no tiene el turno de palabra…
Es decir, nunca rezaríamos diciendo: “Señor, ayuda a mi cónyuge a no trabajar tanto tiempo y a pasar más tiempo con los niños”… a menos que el cónyuge nos lo haya pedido.
Alabar al Señor: Dar gracias es el mejor antídoto contra las tensiones y los resentimientos entre nosotros. “Si no sabemos elogiar, dar las gracias, quedamos aplastados por el peso de nuestro dolor y de nuestros problemas”, opina Maud Lauriot Prévost.
Alabemos también al Señor por el otro, para darle gracias por haberlo puesto en nuestra vida, incluso y a pesar de que nos haya podido hacer daño. “Den gracias al Señor cuando el otro nos plantea un problema, créanme, eso cambia la vida”, asegura Maud.
Rezar juntos es también, y antes que nada, rezar por el otro. “A menudo rezamos por un montón de cosas, pero no por el otro”, recalca Maud Lauriot Prévost.
“El Señor nos ha confiado la felicidad del otro, así que recemos por él o por ella, por que su reunión vaya bien, por que el Señor le ayude a sanar alguna herida que hayamos percibido,…”.
De esta forma, a través de la oración, hacemos que el sufrimiento esté presente entre nosotros, juntos, ante el Señor.
Nutrirse de la palabra de Dios: Para ello, tomemos la lectura del día, leámosla en voz alta y comentemos delante del otro aquello que nos haya llamado la atención. 
La palabra de Dios aleja el centro de la atención de nosotros mismos para centrarnos en Él, nos da claridad, ilumina nuestros pasos. Además, si somos “víctimas” de distracciones, nos devuelve al camino de la oración.
Para el padre Henri Caffarel, “la oración conyugal es el momento álgido del sacramento del matrimonio”. De hecho, las parejas casadas a veces se preguntan cómo recibir la gracia de su sacramento. 
De la penitencia, la Eucaristía, ya saben qué hacer para recurrir a su respectiva gracia, pero ¿en el matrimonio? “No hay que dudar en responderles que la oración conyugal es un medio privilegiado para obtener del sacramento del matrimonio las gracias que están reservadas para los esposos”, comentó el sacerdote.
“Si todos los hogares cristianos estuvieran convencidos de la importancia de la oración conyugal, si en todos los hogares la oración conyugal estuviera viva, en todo el mundo se experimentaría un aumento prodigioso de la alegría, del amor y de la gracia”.

¡Cuánto pesa la Misa cuando se vive con amargura!

Misa (Foto referencial) / Premsa Ajuntament de Torrent (CC-BY-SA-2.0)


En el marco del II Congreso Eucarístico Arquidiocesano (IICEA) en Ciudad de México, el P. Alberto Anguiano García abrió la jornada del 8 de junio con la ponencia “Eucaristía, Ofrenda de Amor: alegría y vida de la familia y del mundo” en la que reflexionó sobre la parábola del Hijo Pródigo.
El sacerdote explicó que el hijo que se queda en la casa del Padre no sabe bien por qué lo hace ni por qué es obediente y desganado. “Se ignora que el sabor de la vida no solo radica en los quehaceres, sino también en la capacidad interior de disfrutarlos”, resaltó.
En su opinión, “lo mismo sucede en la Misa, que no es asumida por muchos como una obligación: de lejos oímos la música y las lecturas; es decir, que no entramos de lleno en la celebración. ¡Cuánto pesa la Misa cuando se vive con los dientes apretados y un sabor de amargura en el paladar!”
El P. Anguiano explicó que es importante reeducar la manera de desear y gozar: “estamos confundiendo el gusto con la felicidad, cuando son cosas diferentes: la felicidad no está en el gusto, sino en nuestra capacidad de saborear el alimento. Así, cuando vayamos a Misa, no hagamos de nuestras celebraciones las de un difunto, sino que vivamos al ritmo de la música del Padre, que está hecha de su amor, su alegría y su misericordia”.
En la parábola, prosiguió, también está la figura del Padre que busca a sus hijos y cuando los encuentra “hace fiesta (…) los abraza alegre y misericordioso”.
“Si nosotros no experimentamos la experiencia de este Padre que viene e nuestro encuentro y nos ruega participar en su fiesta, sentiremos a este Padre como un simple patrón, y no tendremos la capacidad para poder participar de su alegría”, concluyó.
Alegría y Eucaristía
Por su parte, el P. Ramón García Reynoso reflexionó sobre el estrecho vínculo que existe entre la alegría y la Eucaristía, y meditó sobre la importancia de anunciar el Evangelio teniendo en cuenta este importante nexo.
Según informa el Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME), el sacerdote cuestionó “¿cómo puede proclamarse alegre la noticia de un hombre muerto de manera horrenda y clavado a una Cruz?”
Eso es posible, explicó, por “el hecho de que el Padre, al resucitarlo, cambió el corazón de los primeros creyentes, los llenó de alegría, no de una alegría pasajera, sino de una capaz de florecer incluso en la muerte”.
“Jesús –continuó el sacerdote– es el mensajero de la alegría, en cada palabra, en cada gesto, en cada signo. Redescubramos nosotros, en sus enseñanzas, la capacidad de admirarnos unos a otros como seres humanos, como parte de la creación, como parte del gran cosmos”.
“Gracias, Jesús, porque todo lo que haces en cada Misa es para decirnos que nos amas sin límite. Tu alegría es más grande que nuestras tristezas y caídas; tu amor hasta el extremo lo disculpa todo, tu amor hasta el extremo cree profundamente en nosotros”, resaltó.
El sacerdote dijo luego que “la Eucaristía es un kairós; es decir, un tiempo de Dios, un tiempo que no podemos medir con el reloj; es Jesucristo, un acontecimiento presente en nuestras vidas, es Dios presente en nuestra historia, en nuestro tiempo, en cada rincón del cosmos. A menudo nos preguntamos qué es la alegría, cuando lo que tenemos que preguntarnos es quién es la alegría”.
De otro lado y al dictar la cuarta ponencia del simposio teológico del II Congreso Eucarístico Arquidiocesano, cuyo título fue: “Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía”, el P. Antonio Camacho aseguró que “quien ha encontrado a Cristo no puede guardárselo para sí mismo, sino que tiene el deber y la responsabilidad de compartirlo”.
“La fe no debe estar limitada a lo personal y quedarse dentro de los individuos, sino que debe llegar a más personas, a todas las que sea posible”, precisó.
Mons. Andrés Vargas Peña, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México, durante la Santa Misa celebrada en la Basílica de Guadalupe, dijo que “solo desde Cristo podemos descubrir la verdadera grandeza de la vida, porque los criterios humanos no tienen la grandeza que Él nos da, y es que cuando medimos en referencia a Jesucristo toman todas las cosas su verdadera dimensión”.
“La Eucaristía da plenitud a la vida, y la alianza entre Dios y nosotros nunca se rompe porque Cristo, con su muerte en cruz, rompió el muro que nos separaba de Dios. En la Eucaristía se sella la unión entre Dios y nosotros”, precisó.

martes, 21 de junio de 2016

8 preguntas que muchos no católicos (y católicos) se hacen sobre la Misa La primera vez que uno participa en Misa puede ser muy confusa, si no sabe el por qué de cada cosa


Misa, cómo debo comportarme



La primera vez que uno participa en Misa puede ser muy confusa. Los no católicos pueden sentirse muy confundidos y tener muchas preguntas
Ya se trate de los no católicos que asisten a una misa con su pareja católica, o de gente que pide información acerca de la fe; si no se han criado yendo a Misa, su primera vez en ella (y la segunda y la tercera…) pueden ser bastante confusas, haciendo que las personas se sientan como si estuvieran desubicadas. He aquí algunas de las preguntas más comunes que los que son nuevos en Misa se hacen, con sus respuestas.
1. ¿De qué se trata todo eso de sentarse, levantarse y arrodillarse?
Lo llamamos “Aeróbicos Católicos.” Así es como nos mantenemos en forma. ¡Es una broma! Cada postura durante la Misa tiene su función y significado.
Cuando nos sentamos, nos dedicamos a la escucha activa, dando toda nuestra atención a las lecturas, la homilía y algunas de las oraciones.
Nos levantamos por un par de razones: para escuchar el Evangelio (estamos sentados durante otras lecturas de la Biblia) y reconocer que estamos en la presencia de Cristo, ya que el Evangelio es la Palabra de Dios que nos habla en el presente. Escuchamos acerca de la vida de Jesús y lo que Él dijo, permaneciendo así de pie en honor y respeto a Él.
A veces, estar de pie juntos demuestra nuestra unidad en la oración como Cuerpo de Cristo (como cuando rezamos el Credo o las peticiones generales), y también estamos juntos de pie preparándonos para recibir el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía (ver # 4).
Arrodillarse es una postura penitencial y reverencial. Reconocemos nuestra naturaleza pecadora y nuestra necesidad de la sanación de Dios, por lo que nos arrodillamos ante la presencia Real de Cristo en la Eucaristía (la mayoría debe hacerlo durante la consagración mientras las oraciones de consagración Eucarística son realizadas por el Sacerdote) pidiendo por esa sanación.
2. ¿Qué es ese movimiento serpenteante que hacen frente a sus rostros antes de leer el Evangelio?
Este es uno de mis favoritos, porque incluso muchos católicos no saben la respuesta. Antes de leer el Evangelio, cuando la comunidad se encuentra de pie y lista para escuchar, nos hacemos la señal de la cruz (por lo general con un pulgar o haciendo la cruz con el pulgar e índice) en la frente, los labios y el corazón que significa que estamos diciéndole a Dios que mantendremos siempre el Evangelio en nuestras mentes, en nuestros labios y en nuestros corazones.
Si mantenemos el Evangelio en estos tres lugares, todos nuestros pensamientos, palabras y deseos estarán alineados con Jesús. Es un recordatorio físico para nosotros de que necesitamos no sólo escuchar el Evangelio, sino vivirlo cada día de nuestras vidas. Muchos, pero muchos católicos no saben esto, y solo hacen un garabato loco en su cabeza y torso.
3. ¿Cómo es qué todo el mundo parece saber lo que está pasando y lo que pasará después ?
Esta es una de las mejores cosas de la misa católica. La forma en que lo hacemos en un lugar, es de la misma manera que lo hacen en todas partes del mundo. Y la forma en que lo hacemos hoy es más o menos la misma forma en que se ha hecho desde el primer siglo. Eso es mucho tiempo para llegar a conocer cómo hacer algo.
Desde las oraciones que decimos hasta las lecturas bíblicas que se leen, las posturas y respuestas con las que participamos en ella, está todo planeado y es uniforme en todos los idiomas. Esto es impresionante, ya que, si estás familiarizado con ello, sólo puede sumergirse en la celebración, dejar de lado todo lo que estaba pesando en su camino y dejar que el ritual suceda. Hay fluidez, belleza y consuelo para el cansancio y las preocupaciones en esta hermosa rutina.
Construido dentro de esta rutina se encuentra un ciclo de lecturas bíblicas que cambian semanalmente (pero sabemos lo que viene), canciones y oraciones de petición (las intenciones) que cambian semanalmente, y una homilía que debe cambiar de acuerdo con el Evangelio. Así, nunca es exactamente lo mismo, pero siempre dentro del mismo formato. Se hace más fácil a medida que avanza. Además, la mayoría de las parroquias tienen un misal en las bancas, con el cual usted puede seguir todo el orden de la misa. Muchas parroquias utilizan misales completos, conocidos como “El Pan de la Palabra” o “Pan diario”.
Una de las cosas más hermosas de todo esto es que si estás de viaje, puedes acudir a misa aunque sea en otro idioma, y aunque no entiendas las palabras exactas, siempre sentirás que estás en un ambiente y una celebración que te es familiar.
4. ¿Qué es esa oblea que todos ustedes reciben, y puedo recibir una también?
La fuente y cumbre de todo lo que hacemos como católicos es la Eucaristía, también conocida como la Sagrada Comunión. Jesús dijo en el Evangelio “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Juan 6,51). Los católicos entendemos esto literalmente. En la Última Cena, Jesús tomó el pan y el vino, los bendijo y dijo: “Esto es mi cuerpo”, “Esta es mi sangre” y “Haced esto en memoria mía.” (Lucas 22). Tomamos esto del Evangelio de Lucas literalmente, también.
Lo que celebramos en la Misa es el sacrificio de Jesús por nosotros en la Cruz. Él hizo ese sacrificio una vez por todos, pero también nos dijo que tenemos que participar en él. Nuestra celebración de este sacrificio no es uno nuevo, sino que trae al presente este único Sacrificio. La hostia y el vino son transformados en presencia real y verdadera de Jesús, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. No es un símbolo para nosotros, es una realidad. Y así, pedimos que sólo aquellos que están unidos con nosotros en esa creencia a través de la Iglesia Católica participen en la recepción de la Comunión.
5. ¿Por qué los católicos comienzan sus oraciones con la señal de la Cruz?
Esta práctica tiende a ser particularmente incómoda y difícil para los protestantes que se unen con los católicos para adorar (o se unen a la Iglesia Católica). Como católicos, hay un par de razones por que comenzamos toda oración con “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”, mientras hacemos la señal de la cruz en nuestro cuerpo.
En primer lugar, hacemos un llamado a todo el ser de Dios, la Santísima Trinidad. Estp nos recuerda que cuando oramos, incluso si nos enfocamos en uno de los miembros de la Santísima Trinidad (como cuando oramos específicamente a Dios Padre, a Jesús o al Espíritu Santo), siempre estamos comprometiendo a un Dios trinitario. Los tres están siempre presentes, los tres forman el único Dios.
La otra parte de este acto de hacer el signo de la cruz sobre nosotros mismos, como un recordatorio de que mientras nos dirigimos a la Santísima Trinidad en nuestra oración, nos acercamos a Dios con humildad; comprendiendo que sólo somos salvados por el sacrificio que Jesús hizo por nosotros en la Cruz. Toda nuestra relación con Dios comienza y termina con este acto desinteresado de Jesús y estamos llamados a imitar ese amor que Él tiene para nosotros, al hacer sacrificios por los demás. Nos comunicamos con Dios con la esperanza de llegar a ser un poco más como Cristo, lo que significa que tenemos que ser lo más entregados y sacrificados que podamos, así como lo hizo Jesús.
6. ¿Por qué todo el mundo sumerge sus dedos en el agua cuando entran en la Iglesia?
El agua, ya sea en la fuente bautismal o las pequeñas fuentes fijadas a las paredes de la entrada de la Iglesia, es agua bendita. Cuando entramos en la Iglesia, nos mojamos los dedos en el agua y hacemos la señal de la cruz en nosotros mismos para recordar nuestro Bautismo, ya que a través de éste hicimos nuestra entrada a la Iglesia (como cristianos), recibimos nuestra identidad como hijos adoptivos de Dios y la primera llamada hecha por Dios a vivir de otra manera.
Entramos en el templo con esta señal para recordarnos que somos hijos de Dios y estamos en Su casa, compartiendo con otros hijos de Dios (nuestros hermanos) la comida más especial que Él puede darnos, la Eucaristía. Nosotros decimos que la Iglesia es el “cuerpo de Cristo”, y esta agua nos recuerda que nuestra familia parroquial y nuestra familia de todos los creyentes en el mundo, componen ese cuerpo. Nos pertenecemos los unos a los otros, somos responsables de los demás, estamos llamados a compartir nuestra fe y nuestra vida con los hermanos. Y todos estamos unidos y nos han perdonado el pecado original a través de este único Bautismo.
7. ¿Por qué todo el mundo al entrar al templo se arrodilla antes de ir sentarse en las bancas?
Esta es otra de esas cosas que una gran cantidad de católicos no saben, así que me encanta compartirla. Cuando entramos en la Iglesia, después de recordar lo que somos en el Bautismo, nos acordamos de lo que nos lleva allí: la presencia de Jesús en la Eucaristía. Hay un receptáculo en la Iglesia que debe estar en un lugar muy destacado y que se llama Sagrario o Tabernáculo. Es donde guardamos a Jesús Eucaristía presente en las hostias que fueron consagradas en una Misa anterior (pan transformado en la Verdadera Presencia de Cristo). Las guardamos allí para emergencias y para ser llevadas por un sacerdote al salir a visitar a enfermos, ancianos y hospitales.
Ya que creemos que Jesús está realmente presente en la Eucaristía, nos arrodillamos en una rodilla en la dirección del Tabernáculo, un gesto llamado “genuflexión”. Al igual que en tiempos muy antiguos, hacemos una genuflexión como un reconocimiento de que nuestro Rey Jesucristo está ahí realmente. Nuestra respuesta a su presencia es por respeto, honor y homenaje.
8. ¿Por qué las iglesias católicas tienen siempre una cruz con el cuerpo de Jesús en ella?
Llamamos a la cruz con el cuerpo de Jesús en ella, un crucifijo. Para los católicos, nuestro aprecio por la Cruz no es por la Cruz en sí misma, si no por lo que Jesús hizo por nosotros en esa Cruz. Por supuesto, Jesús fue resucitado, Él no sigue muerto en la cruz, pero es importante para nosotros entrar en la experiencia de la crucifixión. No fue estéril y no puede ser estéril en nuestra memoria. Jesús; 100% Dios, 100% hombre, realmente sufrió y murió en la cruz. Creemos que esta acción (junto con la resurrección) nos ofrece la salvación.
También creemos que debido a que el sufrimiento de Jesús tuvo un sentido, nuestro sufrimiento también lo tiene. Cuando nos fijamos en el crucifijo, se nos recuerda que Dios conoce nuestro sufrimiento. También nos recuerda que, al igual que Jesús no estuvo solo en su sufrimiento, nosotros tampoco lo estamos. Y por último, al igual que el sufrimiento de Jesús no fue el final de su historia; tampoco lo es de la nuestra. Dios nunca deja sin respuesta este sufrimiento; y el crucifijo es nuestra bandera para la conquista definitiva de Dios sobre el pecado y la muerte a través de Su propio sufrimiento.
Fuente: Catholic365.com. Autor: Jen Schlameuss-Perry. Artículo originalmente publicado en español por pildorasdefe.net

Los iconos bielorrusos en el Vaticano, puente entre Oriente y Occidente En el icono también el hombre encuentra su imagen. El iconógrafo A. Zharov: “Quien no vive la fe no puede pintar

Tierra de encuentro entre oriente y Occidente, por su posición geográfica, Bielorrusia ha absorbido en su cultura y en su arte también la religiosidad de estas dos almas, la ortodoxa y la católica.
Lo que demuestra que el diálogo no es solo posible sino también necesario. Lo testifican los iconos de la muestra expuesta hasta el 25 de julio en los Museos Vaticanos: “Iconos en Bielorrusia de los siglos XVII-XXI”, de la colección del Museo nacional de arte de Minsk
Entre otras cosas esta exposición se muestra en un momento particular, coincidiendo con el Jubileo de la Misericordia y también con el Año de la Cultura en Bielorrusia. Es la primera vez que las obras sacras bielorrusas son acogidas en el Vaticano. También es esto fruto de un diálogo que viene de lejos (la idea nació hace 6 ó 7 años), como contó monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, arzobispo católico de Minsk. Recordando el sueño de San Juan Pablo II de una Europa que respirara con “dos pulmones” y esperando que esta muestra “contribuya a la nueva evangelización y a la relación entre la Iglesia católica y la ortodoxa, aliadas en la tutela de los valores cristianos”.
La particularidad de la expresión artística bielorrusa, a caballo entre dos culturas, ha sido destacado por el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, y por el director del Museo de arte nacional de Minsk, Vladimir Prokoptsov. Las obras expuestas testifican la formación del arte bielorrusa desde el siglo XV hasta hoy, en el pleno contexto de la cultura europea. Las obras más antiguas (del los siglos XVII-XVIII) presentan una variedad de estilos y tendencias en la cual aparecen muchos elementos de la tradición bizantina, que fue la primera que inspiró estas obras.
© MUSEI VATICANI, GOVERNATORATO SCV
Especialmente preciosos los iconos “Virgen de Odigitria de Minsk” del siglo XVII, la de los apóstoles Pedro y Pablo y la del arcángel Miguel. Hay dos iconos representativos del siglo XXI, ambos de la tradición ortodoxa: una representación de los santos Cosme y Damián y una Dormición (es decir el sueño de la Virgen María que para los ortodoxos no murió sino que cayó en un sueño profundo). El autor es el joven iconógrafo Andrei Zharov, de 35 años, miembro del Consejo artístico y arquitectónico de la diócesis de Minsk.
“Pintar un icono es, antes que nada, todo un servicio a Dios, explica Zharov. La misma iconografía es una oración. El iconógrafo debe vivir el Evangelio y la fe en su vida y esto es solo posible en el interior de la Iglesia, en la liturgia y la oración. Podemos decir que el icono nace en la liturgia: cuanto más estemos cerca de Cristo, nuestros iconos más hablarán de Dios en una modo convincente”.
Nacido en una familia de iconógrafos, Zharov, se formó en la Academia ortodoxa de San Petersburgo y después en la universidad San Thikon de Moscú. “Hay mucha diferencia entre la inconografía católica y la ortodoxa, pero, destaca, estamos buscando volver a la tradición de los primeros siglos del cristianismo, volver a las raíces comunes”. La muestra del Vaticano tiene un valor artístico enorme, pero para Zharov, lo principal es que los iconos hablen a las personas de Dios y de la vida eterna”.
© MUSEI VATICANI, GOVERNATORATO SCV
En la inauguración de la muestra estaban presentes las autoridades bielorrusas y vaticanas. El embajador Sergei Aleinik habló de ecumenismo y hermandad., y llevó el saludo del presidente Aleksandr Lukashenko. El cardenal Giuseppe Bertello destacó el carácter espiritual de los iconos, “expresiones de una fe de la vida cristiana de un pueblo que manifiesta a través del arte su devoción y la relación con el Señor”.
El archimandrita Fedor Povny, de Minsk, destacó la especial naturaleza de los iconos: “Contemplando el mundo del icono, tan pacífico y alegre, y pensando que la sustancia humana es tan pecadora, nos preguntamos cómo es posible que un ser humano pueda renovar su aspecto deiforme que le es inherente. Y los santos de los iconos nos dicen que es posible”.
De aquí la invitación a “detenernos sin prisa” delante de los iconos de la muestra, “estar delante de ellos en silencio, escuchando el mandamiento de amor que nuestros pintores han traducido en los rostros de los santos”.