domingo, 3 de abril de 2016

¿Qué es el culto de la Divina Misericordia? ¿Es verdad que Jesús mismo lo reveló a sor Faustina Kowalska?




divina misericordia



El culto de la Divina Misericordia consiste en dar testimonio en la propia vida del espíritu de confianza en Dios y de misericordia hacia el prójimo. Y este es, de hecho, el punto fundamental del ejemplo que nos dejó sor Faustina Kowalska, la religiosa polaca que dio el empuje decisivo a esta devoción.
 
1. En el origen del culto de la Divina Misericordia está la monja polaca Faustina Kowalska
 
Sor Faustina, tercera de diez hijos, nació el 25 de agosto de 1905 en una religiosísima familia de agricultores de Glogowiec (Polonia). Fue bautizada con el nombre de Elena y desde su infancia aspiró a la vida religiosa. A los 16 años dejó la casa paterna para ir a trabajar como doméstica, pero tras una visión volvió a casa para pedir el permiso de entrar en el convento. Los padres eran muy religiosos, pero no querían perder a su mejor hija, y le negaron permiso por tanto alegando falta de dinero para la dote. Elena volvió al trabajo, pero después en otra visión le preguntó a Jesús qué debía hacer, y él le dijo que fuese a Varsovia, donde entraría en un convento.
 
Antes de entrar en la Congregación de las Hermanas de la Beata Virgen María de la Misericordia trabajó otro año para conseguir una pequeña dote, y el 1 de agosto de 1925 atravesó la puerta de la clausura. A continuación se dirigió a la casa de la Congregación en Cracovia para realizar el noviciado. Durante la ceremonia de la investidura recibió el nombre de sor María Faustina. Hizo la profesión perpetua el 1 de mayo de 1933.
 
Exteriormente nada traicionaba la extraordinaria riqueza de la vida mística de sor Faustina, que resaltaba por la total e ilimitada dedicación a Dios y el amor activo hacia el prójimo, a imitación del modelo supremo, Cristo. Solo el Diario de la religiosa ha revelado la profundidad de su vida espiritual, revelada a los confesores y en parte a sus superioras. En la base de su espiritualidad está el misterio de la Misericordia Divina, que meditaba en la palabra de Dios y contemplaba en la cotidianeidad. Jesús la honró con gracias extraordinarias como visiones, revelaciones, estigmas ocultos, unión mística con Dios, y con el don del discernimiento de los corazones y de la profecía.
 
La austeridad de la vida y los ayunos extenuantes a los que se sometía aún antes de entrar en la Congregación debilitaron su organismo, y en los últimos años de su vida se intensificaron los sufrimientos interiores de la “noche pasiva del espíritu” y los físicos. Murió el 5 de octubre de 1938 a los 33 años, tras 13 de vida religiosa.
 
La devoción a la Misericordia Divina se difundió rápidamente en el mundo durante la II Guerra Mundial. Sor Faustina, por lo demás, había escrito en su Diario: “Advierto bien que mi misión no acabará con mi muerte, sino que comenzará”. Su cuerpo reposa en el Santuario de la Misericordia Divina de Lagiewniki, junto a Cracovia. El Papa Juan Pablo II la beatificó en 1993 y la canonizó en el 2000.
  
2. El modelo del culto de la Divina Misericordia lo explicó el propio Jesús a sor Faustina
 

El modelo del culto de la Divina Misericordia se lo mostró Jesús mismo en la visión que santa Faustina tuvo el 22 de febrero de 1931 en la celda del convento de Płock. “Por la noche, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanda – escribió en su Diario –: una mano alzada para bendecir mientras la otra tocaba sobre el pecho la túnica, que ligeramente abierta dejaba salir dos grandes rayos, uno rojo y uno pálido. (…) Tras un instante Jesús me dijo: ‘Pinta una imagen según el modelo que ves, con escrito abajo: ¡Jesús, confío en Ti!’”.
 
El primer cuadro de la Divina Misericordia fue pintado en Vilna en 1934 por el pintor Eugenio Kazimirowski, quien recibió indicaciones proporcionadas personalmente por sor Faustina. Pero el que es famoso en todo el mundo es el cuadro de Lagiewniki, en Cracovia, pintado por Adolf Hyla. 

El significado del cuadro está estrechamente ligado a la liturgia del domingo después de Pascua, en que la Iglesia lee el Evangelio de san Juan que describe la aparición de Jesús resucitado en el Cenáculo y la institución del sacramento de la penitencia (Jn 20, 19-29). La imagen representa por tanto al Salvador resucitado que lleva a los hombres la paz con la remisión de sus pecados a precio de su Pasión y muerte en cruz. Los rayos de la sangre y del agua que brotan del corazón de Jesús atravesado por la lanza y las cicatrices de las heridas de la crucifixión recuerdan los acontecimientos del Viernes Santo.
 
Jesús definió con mucha claridad tres promesas ligadas a la veneración de la imagen: la salvación eterna, la victoria sobre los enemigos de la salvación y grandes progresos en el camino de la perfección cristiana, la gracia de una muerte feliz.
 
La imagen de Jesús Misericordioso es llamada a menudo imagen de la Divina Misericordia, porque en el misterio pascual de Cristo se reveló más claramente el amor de Dios por el hombre. La imagen, dijo Jesús, “debe recordar las exigencias de mi Misericordia, pues incluso la fe más fuerte no sirve de nada sin las obras”.
 
3. La fiesta de la Divina Misericordia, la más importante de todas las formas de devoción
 
Jesús habló por primera vez del deseo de instituir esta fiesta a sor Faustina en 1931: “Deseo que haya una fiesta de la Misericordia. Quiero que la imagen, que pintarás con el pincel, sea bendecida en el primero domingo después de Pascua; este domingo debe ser la fiesta de la Misericordia”, “el más grande atributo de Dios”. En base a los estudios de I. Rozycki, en los años siguientes Jesús volvió a hacer esta precisión en 14 apariciones, definiendo con precisión el día de la fiesta en el calendario litúrgico de la Iglesia, la causa y el fin de su institución, el modo de prepararla y celebrarla y las gracias vinculadas a ella.
 
La elección del primer domingo después de Pascua tiene un profundo sentido teológico, indicando el estrecho vínculo entre el misterio pascual de la Redención y la fiesta de la Misericordia. La propia sor Faustina, por lo demás, escribió: “Ahora veo que la obra de la Redención está unida a la obra de la Misericordia pedida por el Señor”.
 
Jesús explicó la razón por la que pidió la institución de la fiesta, diciendo: “Las almas perecen, a pesar de Mi dolorosa Pasión (…). Si no adoran Mi misericordia, perecerán para siempre”. Para preparar la fiesta debe haber una novena, es decir, la recitación, comenzando desde el Viernes Santo, de la coronilla a la Divina Misericordia. En el día de la fiesta, dijo Jesús, “quien se acerque a la fuente de la vida conseguirá la remisión total de las culpas y de las penas”. Como subrayó Rozycki, se trata de “algo decididamente más grande que la indulgencia plenaria”, que consiste solo en el perdón de las penas temporales merecidas por los pecados cometidos.
 
Por las páginas de su Diario, sabemos que sor Faustina fue la primera en celebrar individualmente esta fiesta, con el permiso de su confesor. El cardenal Franciszek Macharski introdujo la fiesta en Cracovia con la Carta Pastoral para la Cuaresma de 1985, y el ejemplo fue seguido en los años sucesivos por los obispos de otras diócesis polacas. El culto de la Divina Misericordia en el primer domingo después de Pascua en el santuario de Cracovia – Lagiewniki estaba ya presente en 1944.
 
4. Juan Pablo II, el gran promotor del culto a la Divina Misericordia
 
En la homilía de canonización de sor Faustina, el 30 de abril de 2000, Juan Pablo II declaró que desde ese momento el segundo Domingo de Pascua sería llamado en toda la Iglesia “Domingo de la Divina Misericordia”.
 
El papa polaco fue el gran apoyo de este culto, que entre 1938 y 1959 conoció un gran desarrollo, pero a pesar del favor de los pontífices, e interés de muchos pastores de la Iglesia y las peticiones por parte de los obispos y las curias encontró también resistencias, sobre todo por parte del Santo Oficio, que en 1959 emanó incluso una notificación negativa.
 
El culto a la Misericordia de Dios se afirmó plenamente con el papa Wojtyła, quien en la encíclica “Dives in Misericordia” de 1980 exaltó la Misericordia de Dios y el 7 de junio de 1997 afirmó: “Doy gracias a la Divina Providencia porque me ha permitido contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo mediante la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia”. El 1 de septiembre de 1994, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos aprobó el texto de la Misa votiva “De Dei Misericordia”, que por voluntad de Juan Pablo II concedía el uso a la Iglesia universal y hoy entra obligatoriamente en todos los misales
 

Octava de Pascua, domingo Quasimodo, semana “in albis”, ¿qué son? Entre el domingo de la resurrección de Cristo y el domingo siguiente, ¡cada día es día de Pascua!

Entre el domingo de la resurrección de Cristo y el domingo siguiente, ¡cada día es día de Pascua! Estos ocho días son llamados tradicionalmente “Octava de Pascua”.
Este periodo se vive en la Iglesia como un tiempo propicio para meditar y entrar más intensamente en el poder y la alegría de la resurrección del Señor.
Pero ¿cómo explicar la institución de esta octava de Pascua, puesto que el tiempo pascual era originariamente una solemnidad ininterrumpida que abarcaba todo el misterio redentor y representándole en su conjunto, sin distinguir sus etapas sucesivas?
¿Qué ha sucedido para que en esta solemnidad pascual de una duración de cincuenta días, se haya venido a insertar una octava que prolonga una semana la celebración de la resurrección del Salvador?
La respuesta es muy sencilla. La octava de Pascua no fue universalmente admitida, en occidente como en oriente, sino a finales del siglo IV, es decir, en una época en que la significación primitiva de la “cincuentena” pascual había sido ya modificada sensiblemente. 
No era ya tanto la representación y el símbolo del único misterio divino y eterno de la redención, como “la conmemoración histórica, réplica fiel de los acontecimientos de la redención en su orden cronológico: muerte, resurrección, ascensión, misión del Espíritu Santo.
Entonces se comprende que el ciclo antiguo de siete semanas se haya podido desdoblar en un nuevo ciclo de ocho días, definido tan sólo por el día de Pascua, por la resurrección, por uno de los actos redentores, y que el nuevo ciclo haya recibido sorprendentemente un carácter festivo y bautismal”.
Por otra parte, la Iglesia tenía sumo interés en prolongar durante una semana entera la solemnidad del día de Pascua, única fiesta bautismal del año, para permitir a los neófitos saborear, en su original frescura, la alegría de su bautismo y dar gracias a Dios por el insigne beneficio que acababan de recibir.
Prolongar una semana la fiesta de Pascua era además seguir el ejemplo de los judíos, para quienes la solemnidad pascual duraba por lo menos siete días 16.
Nuestra fiesta de Pascua está actualmente dotada de una verdadera octava que termina con el domingo Quasimodo. 
Sin embargo, tenemos fuertes razones para creer que, desde el principio, la celebración de la fiesta no se prolongaba más de siete días, los dies baptismales, y que se terminaba no como hoy, en el domingo Quasimodo, sino el sábado precedente, el sábado in albis, cuya importancia litúrgica era superior a la del octavo día, como se advierte aún por diversas peculiaridades.
La liturgia de la semana de Pascua no interesaba solamente a los neófitos que acababan de recibir el bautismo durante la noche pascual.
Brindaba además, preferentemente, a todos los que habían tenido la dicha de nacer a la vida de Cristo resucitado, la ocasión de renovarse en la gracia de su bautismo y de expresar a Dios su agradecimiento cada vez más profundo.
Además, los cristianos habían tenido mayor facilidad para unirse a los neófitos y tomar parte en las asambleas litúrgicas, durante la semana de Pascua, puesto que se habían suspendido los negocios seculares, cerrado los tribunales y prohibido los intercambios comerciales.
Se ha dicho que “para todos los fieles, la semana in albis mantiene el recuerdo de la noche luminosa de Pascua, el santo orgullo de haber sido bautizados, la frescura de la infancia espiritual”.
Siendo el lunes de Pascua la única feria privilegiada de la octava, la Iglesia no puede, como antiguamente, pedir a todos los bautizados, antiguos o recientes, participar en la misa estacional que, en principio, debería celebrarse solemnemente cada uno de los días de la semana pascual.
No obstante, no sería pedir demasiado a los cristianos que asistieran, en lo posible, todos los días de la octava, y con verdadero espíritu de acción de gracias, al sacrificio eucarístico.
En la Iglesia romana, el domingo de Pascua y los días siguientes, la celebración de las vísperas pascuales exigía una procesión al baptisterio y al oratorio de la cruz donde había tenido lugar la confirmación.


Con información de Mercaba

sábado, 2 de abril de 2016

Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia ( 2 y 3 de abril)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,12-16. 
Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón,
pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.
Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres.
Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.



Salmo 118(117),2-4.22-24.25-27a. 
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».




Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19. 
Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía:
"Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea".
Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro,
y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro.
Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: "No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente.
Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo.
Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.



Evangelio según San Juan 20,19-31. 
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. 

viernes, 1 de abril de 2016

Viernes de la Octava de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,1-12. 
Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos,
irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús.
Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas,
con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes.
Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?".
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos,
ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado,
sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos.
El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular.
Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos".



Salmo 118(117),1-2.4.22-24.25-27a. 
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».




Evangelio según San Juan 21,1-14. 
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. 

jueves, 31 de marzo de 2016

Jueves de la Octava de Pascua

Libro de los Hechos de los Apóstoles 3,11-26. 
Como el paralítico que había sido curado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.
Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre?
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad.
Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida,
mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar.
Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes.
Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.
Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados."
Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes.
El debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas.
Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga.
El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo.
Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.
Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades".



Salmo 8,2a.5.6-7.8-9. 
¡Señor, nuestro Dios,
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.
Todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.




Evangelio según San Lucas 24,35-48. 
Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,
pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?
Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".
Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.
Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?".
Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;
él lo tomó y lo comió delante de todos.
Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,
y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,
y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.
Ustedes son testigos de todo esto."