viernes, 10 de marzo de 2017

Viernes de la primera semana de Cuaresma


Libro de Ezequiel 18,21-28. 

Así habla el Señor Dios:
Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá.
Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá.
¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?
Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.
Ustedes dirán: "El proceder del Señor no es correcto". Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?
Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido.
Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida.
El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

Salmo 130(129),1-2.3-4.6.7-8. 
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.

Mi alma espera al Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora,
espere Israel al Señor,

porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados.


Evangelio según San Mateo 5,20-26. 
Jesús dijo a sus discípulos:
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. 

jueves, 9 de marzo de 2017

Jueves de la Primera semana de Cuaresma


Libro de Ester 14,1.3-5.12-14. 

En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente,
acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: "Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti,
pues yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido.
Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos.
Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices.
«¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Unico! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti

Salmo 138(137),1-2a.2bc-3.7c-8. 
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.

y daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.

Tu derecha me salva.
El Señor lo hará todo por mí.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos.



Evangelio según San Mateo 7,7-12. 
Jesús dijo a sus discípulos:
Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.
Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra?
¿O si le pide un pez, le da una serpiente?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Cine: 4 grandes obras de arte basadas en la religión Casi todas son desconocidas por el gran público – incluso por los cristianos que, ciertamente, las apreciarían


Cine: 4 grandes obras de arte basadas en la religión




Con la repercusión de la película Silence (Silencio, de Martin Scorsese), que aborda la misión evangelizadora de dos sacerdotes católicos en el Japón brutalmente represivo del siglo XVII, ganó espacio una vez más en las redes sociales la discusión sobre cuáles películas abordan o dejan de hacerlo adecuadamente la fe cristiana. En ese contexto, compartimos con los lectores el siguiente artículo de Philip Jenkins, publicado en 2014, sobre la cosecha reciente de películas con temática religiosa, y con consideraciones y consejos enriquecedores.
Desde todos los puntos de vista, Europa se ha vuelto, a lo largo de los últimos cuarenta años, un lugar muy laico, incluso en comparación con Estados Unidos. Suena extraño, por lo tanto, que sólo en la última década, los cineastas europeos hayan producido algunas obras extraordinariamente bellas con temáticas religiosas, obras que hacen declaraciones poderosas sobre la santidad y el martirio, pecado y redención y hasta sobre el monaquismo y la peregrinación. La mayor parte de estas obras aún es desconocida en el continente americano, incluso para los cristianos que, ciertamente, las apreciarían. Siendo así, destacaré algunos ejemplos que considero más interesantes.
De lejos, el más significativo es el filme francés Des hommes et des dieux (De dioses y hombres), de 2010, dirigido por Xavier Beauvois, clasificable entre las mejores obras de arte sacro de los tiempos modernos. La película se basa en hechos reales y cuenta la historia de dos monjes trapistas de la casa argelina de Tibhirine. Siete de ellos fueron asesinados en 1996, probablemente por guerrilleros islámicos.
Es dolorosamente fácil imaginar que una película de estas, sobre el heroísmo cristiano, pueda haber sido producida en la era clásica de Hollywood, en la década de 1940. Piensa en el sacerdote católico de Henry Fonda en la película El Fugitivo, de 1947, que no podía entrar en una sala sin luces celestiales y coros angelicales.
Ninguno de esos elementos, está claro, aparece en De dioses y hombres, que presenta un grupo de monjes ancianos y muy humanos, firmemente convencidos de que su vocación exige de ellos permanecer en sus puestos hasta el final.
De dioses y hombres conquistó elogios internacionales y fue respetuosamente bien evaluado por los medios de comunicación norteamericanos. Mucho menos conocidas, a su vez, son algunas obras menores, aunque igualmente capaces de hacernos pensar.
Una de ellas es Letters to Father Jacob (Cartas al padre Jacob), de 2009, dirigida por Klaus Härö. Es una producción de Finlandia, país entre los más radicalmente laicos de Europa. La película cuenta la historia de Leila, condenada por homicidio, amargada y cínica, pero en libertad condicional y trabajando como secretaria de un párroco ciego que vive solo. El ambiente es luterano, pero para ojos inexpertos, parece católico.
Al comienzo de la película, ella detesta esta tarea y desprecia al párroco anciano. Con el tiempo, sin embargo, ella se va sorprendiendo al ver el enorme volumen de cartas que el cura recibe todos los días, todas con pedidos de oración y de consejos. El sacerdote Jacob es un intercesor, un hombre cuyas oraciones se revelan eficaces muchas veces, un hombre que da con gusto su dinero para ayudar a una mujer que ha sufrido abusos. La película, que también huye de los excesos de Hollywood, es otro retrato magnífico de santidad moderna. En última instancia, es también la historia de cómo Leila encuentra su camino, altamente improbable, rumbo a la redención.
De ninguna manera debemos suponer que todos los filmes recientes ofrecen esos mensajes positivos. El cine europeo moderno tiene una tradición anticlerical muy fuerte. Una abundancia de películas europeas retrata a los creyentes cristianos como tontos o fanáticos.
Pero incluso algunas producciones más ásperas ofrecen mensajes gratificantes. Una de ellas es Lourdes (2009), de Jessica Hausner, que describe la peregrinación de una mujer que padece esclerosis múltiple. Ella cree que recibió la gracia de la sanación, aunque el filme sea ambiguo sobre la naturaleza de su experiencia.
Lourdes es una obra que puede ser interpretada de varias maneras y ofrece muchas imágenes del mercantilismo religioso craso y la piedad simplista. Al final, sin embargo, se entiende mejor un lugar como Lourdes, así como los sueños y aspiraciones que llevan a millones de personas a dirigirse al santuario.
Cuando empiezas a ver una película, en general logras identificar el género con bastante facilidad, lo que te da una idea muy cercana de lo que vendrá. No necesitas esforzarte para descubrir lo que está por suceder en cualquier momento en La Guerra de las Galaxias.
Pero la previsibilidad es de poco valor cuando se ve una película danesa como The Monastery: Mr. Vig and the Nun (El monasterio: el Sr. Vig y la monja), de 2006, dirigida por Pernille Rose Grønkjær.
La trama relata una historia verídica. Jørgen Vig es un profesor jubilado malhumorado, soltero de toda la vida, que vive en un castillo danés en ruinas. Sin razón aparente, él decide donar el castillo a la Iglesia ortodoxa rusa, con el fin de que se funde un convento ahí. La hermana Ambrosia es la monja rusa que llega al castillo con algunas compañeras para evaluar la viabilidad del proyecto. El filme aborda la tortuosa relación entre el profesor y la monja que, inteligente y muy práctica, intenta hacer lo mejor en medio de una situación desastrosa.
Pero ¿acaso no hemos visto miles de veces el desarrollo de una trama de este tipo?
No, nunca.
En un primer momento, hasta caemos en la tentación de pensar que la película narra sólo el encuentro bizarro entre personajes incompatibles. Pero, poco a poco, entendemos lo que está en juego. El proyecto del convento parece condenado al fracaso, pero Ambrosia sigue siendo, frente a las monjas, la única determinada a trabajar hasta el final. Es cuando nos damos cuenta lo que ella quiere de hecho, al objetivo al que no va a renunciar: incluso aunque lleve muchos años, ella se quedará junto al Sr. Vig hasta el final, hasta garantizar que él encuentre la salvación. Así como Letters to Father Jacob, esta película se transforma en un estudio espiritual verdaderamente conmovedor.
Al ver estas películas, podemos preguntarnos cómo es que muchos de ellas no vienen no sólo de Europa, sino justamente de los rincones más laicos de ese continente. ¿Los cineastas trabajan sobre una base de material espiritual acumulado durante siglos o será que el trabajo de ellos sugiere una creciente inquietud religiosa entre los artistas e intelectuales de la Europa de hoy?
Mientras pensamos en el asunto, vale la pena dedicar nuestra atención a estas obras de arte.
Incluso porque hay mucho más, en términos de películas religiosas, que simplemente la de Noe.

“Sí a los sacramentos, si los divorciados quieren cambiar pero no pueden” Conclusión del cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos


“Sí a los sacramentos, si los divorciados quieren cambiar pero no pueden”





“La Iglesia podría admitir a la penitencia y a la eucaristía a los fieles que se encuentran en una unión no legítima” y que «deseen cambiar tal situación, pero no puedan llevar a cabo su deseo”.
Esta es la conclusión a la que llegó el cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos y autor de un pequeño volumen que acaba de publicar la Librería Editrice Vaticana («El capítulo octavo de la exhortación apostólica post-sinodal “Amoris laetitia”»).
Se trata de un librito de unas 50 páginas completamente dedicadas a la cuestión de la posible admisión a los sacramentos para los que viven en situaciones “irregulares”. “Creo que podemos considerar, con la conciencia tranquila y segura, que la doctrina, en el caso, se respeta”, escribió el cardenal.
No cambia la indisolubilidad 
El cardenal citó los textos de la exhortación que contienen “con absoluta claridad todos los elementos de la doctrina sobre el matrimonio en plena coherencia y fidelidad a la enseñanza tradicional de la Iglesia”. La exhortación afirma en repetidas ocasiones la “voluntad firme de permanecer fieles a la doctrina de la Iglesia en relación con el matrimonio y la familia”.
Las condiciones subjetivas de los «irregulares» 
Las páginas más densas y articuladas del libro son las que se ocupan de las “condiciones subjetivas o condiciones de conciencia de las diferentes personas en las diferentes situaciones no regulares y el consecuente problema de la admisión a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía”.
Coccopalmerio subraya que los límites y obstáculos no dependen simplemente de una eventual ignorancia de la norma vigente, porque, como ya afirmaba Papa Wojtyla, “un sujeto, a pesar de conocer bien la norma, puede tener grandes dificultades para comprender valores que se encuentran en la norma moral o se puede encontrar en condiciones concretas que no le permitan actuar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa”.
La conciencia de la irregularidad 
«Amoris laetitia», citando a Juan Pablo II, se refiere a parejas que, incluso en la “conciencia de la irregularidad de la propia situación”, tienen “grandes dificultades para volver atrás sin sentir, en conciencia, que se caería en nuevas culpas”, y a situaciones en las que “el hombre y la mujer, por serios motivos (como, por ejemplo, la educación de los hijos), no pueden satisfacer la obligación de la separación”.
Coccopalmerio observa que el texto, a pesar de no afirmarlo explícitamente, presupone implícitamente que estas personas tienen la intención de “cambiar su condición ilegítima”. Es decir que se plantean “el problema de cambiar”, por lo que tienen “la intención o, por lo menos, el deseo de hacerlo”.
“Como hermano y hermana” y la fidelidad en peligro 
El cardenal recuerda lo que estableció Juan Pablo II en “Familiaris consortio”, es decir la posibilidad de confesarse y de comulgar siempre y cuando se comprometan a vivir como “hermano y hermana”, es decir absteniéndose de tener relaciones sexuales.
Y subrayó también que la excepción al respecto planteada por «Amoris laetitia» se basa en un texto de la constitución conciliar «Gaudium et spes»: “En estas situaciones, muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir “como hermano y hermana” que la Iglesia les ofrece, revelan que, si faltan algunas expresiones de intimidad, “no es raro que la fidelidad sea puesta en riesgo y que se pueda comprometer el bien de los hijos””.
Entonces, sugiere el autor del libro, “cuando el compromiso de vivir “como hermano y hermana” se revele posible y sin dificultades para la relación de pareja, los dos convivientes parecen, de por sí, no obligados, porque se verifica el caso del sujeto expresado en el n. 301 con esta clara expresión: “se puede encontrar en condiciones concretas que no le permitan actuar de manera diferente ni tomar otras decisiones sin una nueva culpa””.
Las dos condiciones esenciales 
La Iglesia, pues, “podría admitir a la penitencia y a la eucaristía —concluye Coccopalmerio— a los fieles que se encuentran en una unión no legítima, pero que cuenten con dos condiciones esenciales: que deseen cambiar tal situación, pero no puedan llevar a cabo su deseo.
Es evidente que las condiciones esenciales indicadas antes deberán ser sometidas a un discernimiento atento y autorizado por parte de las autoridades eclesiales”. Ningún subjetivismo, sino espacio a la relación con el sacerdote.
El cardenal afirmó que podría ser «necesario» o, por lo menos, «bastante útil un servicio en la Curia», en el que el obispo “ofrezca una precisa asesoría o una autorización específica para estos casos de admisión a los sacramentos”.
Quien no puede ser admitido 
Pero, ¿a quién no puede la Iglesia de ninguna manera («sería una latente contradicción») conceder los sacramentos? Coccopalmerio responde: al fiel que, “sabiendo que está en pecado grave y pudiendo cambiar, no tuviere ninguna sincera intención para llevar a cabo tal propósito”.
Es lo que afirma «Amoris laetitia»: «Obviamente, si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad. Necesita volver a escuchar el anuncio del Evangelio y la invitación a la conversión…».

8 mujeres que supieron “hacer lío” en la Iglesia y el mundo

8 mujeres que supieron “hacer lío” en la Iglesia y el mundo


Hay quienes dicen que la mujer no tiene roles importantes en la Iglesia. Sin embargo, desde el inicio del cristianismo hasta la actualidad, Dios ha suscitado mujeres que han orientado al Pueblo de Dios, influyendo también el curso del papado. Conozca a ocho mujeres que supieron hacer “lío” en la Iglesia.
1. La Virgen María

“Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía” (Jn. 2,4), le dijo Jesús a su Madre en las Bodas de Caná, en un matrimonioal que ambos habían sido invitados. Cristo escucha a su madre, la primera mujer que acoge al Señor y arma “lío” y motiva el primer milagro conocido de la vida pública de Jesús.
Los primeros siglos del cristianismo están llenos de mujeres valientes que no dudaron en dar su vida por Cristo, alentando a los demás cristianos a no flaquear cuando les llegara el momento.
2. Santa Hildegarda de Bingen
Más adelante, durante la Edad Media, la Iglesia ya no era perseguida, pero se vivía una cultura machista, propia de la época. Esto no fue impedimento para Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), religiosa benedictina de origen alemán, que llegó además a tener una serie de visiones místicas.
Escribió obras teológicas y de moral con notable profundidad y fue declarada Doctora de la Iglesia por Benedicto XVI en el año 2012, junto a San Juan de Ávila. Su popularidad hizo que muchas personas, entre obispos y abades, le pidieran consejos.
“Cuando el emperador Federico Barbarroja provocó un cisma eclesial oponiendo tres antipapas al Papa legítimo, Alejandro III, Hildegarda, inspirada en sus visiones, no dudó en recordarle que también él, el emperador, estaba sometido al juicio de Dios”, contó el Papa Benedicto XVI en su audiencia general sobre esta santa en 2010.
Más adelante aparecería otra mística y Doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena (1347 - 1380), que vistió el hábito de la tercera orden de Santo Domingo. En esta época los Papas vivían en Avignon (Francia) y los romanos se quejaban de haber sido abandonados por sus obispos, amenazando con el cisma.
Gregorio XI hizo un voto secreto a Dios de regresar a Roma y al consultarle a Santa Catalina, ella le dijo: “cumpla con su promesa hecha a Dios”. El Pontífice se quedó sorprendido porque no le había dicho del voto a nadie y más adelante el Santo Padre cumplió su promesa y volvió a la Ciudad Eterna.
Posteriormente, en el pontificado de Urbano VI, los cardenales se distanciaron del Papa por su temperamento y declararon nula su elección, designando a Clemente VII que fue a residir a Avignon. Santa Catalina escribió cartas a los cardenales alentándolos a reconocer al auténtico Pontífice.
La Santa también escribió a Urbano VI exhortándolo a llevar con temple y gozo los problemas, controlando el temperamento. Santa Catalina fue a Roma, a pedido del Papa, quien siguió sus instrucciones. La Santa también escribió a los reyes de Francia y Hungría para que dejen el cisma, toda una muestra de la defensa del papado.
4. Santa Teresa de Jesús
Con la aparición del protestantismo, la Iglesia se dividió y se llevó a cabo el Concilio de Trento. Estos son los años de Santa Teresa de Jesús (1515 - 1582), monja contemplativa que marcó a la Iglesia con su reforma carmelita.
A pesar de haber sido incomprendida, perseguida y hasta acusada en la Inquisición, su amor a Dios la impulsó a fundar nuevos conventos y a optar por una vida más austera, sin vanidades, ni lujos. Sumergida muchas veces en éxtasis, nunca dejó de ser realista.
Siendo Santa Teresa de Ávila relativamente inculta, dialogaba con miembros de la realeza, personajes ilustres, miembros eclesiásticos y santos de su época para darles consejos, recibir ayuda, y llevar a cabo lo que se había propuesto. Se convirtió en escritora mística y es además Doctora de la Iglesia.
5. Santa Rosa de Lima 
Al otro lado del mundo, en América, más precisamente en Perú, Santa Rosa de Lima (1586 - 1617) tomó a Santa Catalina de Siena por modelo e hizo caso omiso a quienes la pretendían por su gran belleza, para poder vivir en virginidad sirviendo a los pobres y enfermos.
"Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones", dijo el Papa Inocencio IX al referirse a la primera Santa de América.
San Juan Pablo II dijo de ella que su vida sencilla y austera era “testimonio elocuente del papel decisivo que la mujer ha tenido y sigue teniendo en el anuncio del Evangelio”.
Más adelante, del amor de los santos esposos franceses Louis Martin y Zelie Guerin, canonizados en octubre de 2015, nació Santa Teresita de Lisieux (1873 - 1897), Doctora de la Iglesia y Patrona universal de las misiones.
Santa Teresita vivió solo 24 años. Un año después de su muerte, a partir de sus escritos, se publicó el libro “Historia de un alma”, que conquistó al mundo dando a conocer lo mucho que había amado esta religiosa a Jesús.
“Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz es la más joven de los ‘Doctores de la Iglesia’, pero su ardiente itinerario espiritual manifiesta tal madurez, y las intuiciones de fe expresadas en sus escritos son tan vastas y profundas, que le merecen un lugar entre los grandes maestros del espíritu”, dijo San Juan Pablo II sobre esta Santa.
El Papa Francisco también ha comentado en diversas ocasiones la profunda devoción que lo une a este Santa y ha compartido en uno de sus viajes que antes de cada viaje o ante una preocupación le suele pedir "una rosa".
Durante la persecución nazi en el siglo XX, surgió en Europa otra gran mujer, convertida del judaísmo, religiosa carmelita descalza y mártir, Santa Edith Stein o también conocida como Santa Teresa Benedicta de la Cruz (1891 - 1942).
Ella, junto otros judíos conversos, fue llevada al campo de concentración de Westerbork en venganza de las autoridades por el comunicado de protesta de los obispos católicos de los Países Bajos contra las deportaciones de los judíos.
Santa Edith luego fue trasladada a Auschwitz, donde murió en las cámaras de gas junto a su hermana Rosa, también convertida al catolicismo, y muchos otros de su pueblo.
San Juan Pablo II diría de ella: “una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo”.
8. Santa Teresa de Calcuta 
Para cerrar esta lista de grandes mujeres que cambiaron el mundo y la historia, recordamos a Santa Teresa de Calcuta (1910 - 1997). El testimonio de Madre Teresa de servir a Cristo en los “más pobres entre los pobres” enseñó que la mayor pobreza no estaba en los arrabales de Calcuta, sino en los países “ricos” cuando falta el amor o en las sociedades que permiten el aborto.
"Para poder amar hay que tener un corazón puro y rezar. El fruto de la oración es la profundización en la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es el servicio al prójimo. Esto nos trae la paz”", decía la también ganadora del Premio Nobel de la Paz de 1979.
En su canonización en octubre de 2016, el Papa Francisco dijo que "Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que 'el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre'".