sábado, 2 de julio de 2016

Papa Francisco: “Necesitamos darnos la mano, acariciarnos, cuidarnos” El Papa invita a través de un video a hacer en cada lugar del mundo una obra fija de misericordia


El Papa Francisco recibió este viernes en audiencia en el Palacio apostólico vaticano a una delegación de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) con ocasión del lanzamiento de la campaña internacional Sé la misericordia de Dios (Be God’s Mercy).
La delegación fue encabezada por el presidente internacional de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el cardenal Mauro Piacenza, y por el secretario general de la fundación, Philipp Ozores.
Esta campaña surgió por iniciativa del papa Francisco, quien invita a todos los hombres de buena voluntad a realizar obras de caridad duraderas a través de esta fundación con diferentes proyectos, entre ellos, la ayuda a refugiados, la pastoral penitenciaria y los centros de rehabilitación.
Sé la misericordia de Dios se llevará a cabo en cada una de las 22 oficinas de esta fundación en el mundo y concluirá en Roma el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, cuando la institución le presente al Papa los primeros “frutos” de la campaña.
El lanzamiento de la campaña se llevó a cabo en la sede de Radio Vaticano y fue moderada por el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Federico Lombardi. Durante el evento, se proyectó un video mensaje del Papa Francisco con el cual impulsa esta campaña:
“Los hombres y las mujeres necesitamos de la misericordia de Dios pero también necesitamos de nuestra misericordia; necesitamos darnos la mano, acariciarnos, cuidarnos. Así que los invito a todos, junto a Kirche in Not, a hacer en cada lugar de todo el mundo una obra fija de misericordia. Y no le tengan miedo a la misericordia: la misericordia es la caricia de Dios”.
Al finalizar la audiencia con el Papa, el secretario general de ACN, Philipp Ozores, relató a Radio Vaticano el encuentro con el Papa y explicó la campaña Sé la misericordia de Dios (#BeGodsMercy).
Por Mercedes De La Torre 
Artículo originalmente publicado por Radio Vaticano


viernes, 1 de julio de 2016

Los consejos de San Juan de la Cruz para sosegar el alma Atravesar la pascua nocturna para ver la luz


SAINT-San_Ildefonso_Juan_Pantoja_de_la_Cruz-PD



San Juan de la Cruz plantea que para salir al encuentro de Dios (o mejor dicho, dejarse encontrar por Él), precisamos “sosegar la casa”, es decir ordenar la persona. Éstos desórdenes interiores se manifiestan en sensación de ceguera, cansancio, suciedad o debilidad.
En una noche oscura,
con ansia, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
Estas estrofas de la subida al monte nos introducen para recorrer este camino de ascenso que San Juan de la Cruz nos invita a transitar con él, reconociendo que eso es la vida espiritual: un camino de ascenso donde Dios nos espera para la unión profunda con Él. La montaña como lugar de revelación en la Sagrada Escritura, de manifestación de la teofanía, de autorevelación de Dios y de descubrimiento de toda nuestra identidad. Lugar donde Dios habla con Elías, con Moisés; donde Jesús se transfigura ante los discípulos en el Tabor, donde proclama las bienaventuranzas, donde se retira a orar… Sin duda, la imagen de la montaña habla de la manifestación de Dios.
Queremos adentrarnos en la dimensión que supone el vaciarse de sí mismo: no para quedar en el nihilismo, en el vacío sin sentido, sino para llenarnos todo de la presencia y del amor de Dios. Y por eso queremos detenernos en Dios, total plenitud que supone este camino de desprendimiento, despojo de nosotros para ser todo poseídos en Dios.
Esto de dejar la casa en orden, la casa sosegada, y por eso el hombre que puede salir en la noche oscura al encuentro de Dios que lo llama con la fuerza del amor, supone que nos hemos encontrado en la primera noche de los sentidos con los apetitos desordenados, con nuestras tendencias descontroladas, con la potencia interior de todas las capacidades que tenemos y de todos los sentidos sin estar puestos en su lugar. Y todo esto, dice Juan, necesita ser puesto en su lugar. Todo nuestro organismo, nuestra sensibilidad, nuestro modo de captar la realidad, nuestras pasiones, nuestros desenfrenos, nuestros desórdenes interiores, hay que ponerlos en su lugar porque atormentan, cansan, ciegan, ensucian y enflaquecen.
Hay cinco realidades dentro nuestro cuando no tenemos orden en la vida afectiva que nos denotan que no podemos seguir así. Y Juan las describe de este modo: atormentan, porque así como una persona sufre si se acuesta sobre espinas, así también sufre cuando se acuesta sobre sus apetitos que pulsan y espolean. A esto lo podemos descubrir en una cosa bien concreta: cuando uno come de más y se excede en el comer, mientras lo hace se disfruta y está todo bien, las consecuencias son después.  O cuando uno ve a la noche una película llena de violencia o de un argumento sumamente hiriente, uno después se da cuenta que queda turbado para dormir.  Uno termina como cargado negativamente en términos afectivos y es como si se acostara sobre espinas. Es real esto que dice el texto de San Juan de la Cruz.

Ceguera, cansancio y suciedad

Para poder salir hacia el encuentro con Dios hay que encontrar los espacios para sosegar y acomodar el corazón. Como le pasa al profeta en la montaña de Horeb: siente la tormenta, el relámpago, el terremoto, pero Dios elige la suave brisa para manifestarse. Qué importante es encontrar los espacios donde sosegar el alma de lo que atormenta.
Dice San Juan de la Cruz que hay cansancio y sordera, estamos como débiles. Cuando el alma está atormentada, con mucho ruido interior, perdemos visión y la mirada frente a lo que tenemos que hacer. Por eso necesitamos detenernos y calmarnos para clarificar la visión. Hay momentos en la vida donde para poder tomar decisiones necesitamos encontrar espacios donde serenar el espíritu y encontrar sosiego. Entonces cada uno de nosotros necesita descubrir cuáles son esos espacios, personas o circunstancias donde encontrar claridad.
Muchas veces tras un largo día, en medio de muchas cosas sentimos que ya no vemos más. Es recién al día siguiente, luego del reposo, cuando vemos. San Ignacio de Loyola advierte que en tiempo de tribulación no se deben tomar decisiones porque lo más facil es que uno, como el que va en la ruta en medio de un blanco de niebla, no vea con claridad y lo más probable es que se equivoque. En tiempo de tribulación tranquilo, no se modifican decisiones tomadas ni se toman nuevas. Tormenta y ceguera son consecuencias de la turbación en nosotros y hay que poner la casa en orden. ¿Cuáles son esas cegueras y tormentas que hay en mi vida? ¿Y cuáles esos cansancios que me impiden ir a donde Dios me llama? 
Por eso a la tarde o noche tenemos que ir como desandando todo el ajetreo que hemos vivido a lo largo de la jornada. Es tiempo de la caída del sol, tiempo también del encuentro. Ése es el sentido que tiene también la oración de vísperas y de completas. Mientras el sol va cayendo, el hombre va dejando el fragor de su labor, de su tarea de todos los días, para encontrarse en lo escondido con el Dios que lo espera para sentarse a la mesa, para compartir en torno a la reflexión del día vivido juntos.
Cuando estamos desordenados interiormente además de ceguera, de falta de serenidad también nos aparece el cansancio. El cansancio, la mayoría de las veces, cuando nos gana el interior está afectado por emociones. Aparece tras la muerte de un ser querido, o una desilusión grande, cuando el alma se apaga y se mete en un lugar de estado de depresión. Una emoción muy fuertemente marcada por un dolor nos deja así. Para poder ir hacia adelante necesitamos salir de ese lugar y para eso hay que darse tiempo. Por ejemplo, ante la muerte de un ser querido, hay que respetar ese tiempo y duelar. No sea que por pasarlo por alto, nos quede como instalada esa realidad dolorosa, y el alma quede en un sustrato de un cierto bajón.
También pasa con las emociones positivas, cuando uno pierde cause, también queda el alma cansada. Por allí nos pasa en la radio, que son cosas tan fuertes que uno recibe por los compartires, tan llenos de vida, que cuando uno está mucho tiempo expuesto también la emoción positiva cansa. Quedamos cansados bajo el efecto de mociones positivas y negativas no canalizadas.
Un corazón bien dispuesto para seguir al Señor tiene que prepararse para la prueba. Lo dice la Palabra en el Antiguo Tewstamente, “si estás por seguir al Señor prepárate para la prueba”. También forma parte de la purificación el gozo. Dice Tomas de Kempis que el Señor tiene dos formas de probarnos, en la noche del dolor o en el gozo. Hay que preparar el corazón para salir al encuentro de Dios sabiendo calibrar el alma para darle cauce a las emociones y así tener espacio para recibirlo.
También aparece la suciedad, con la sensación de no estar limpios. En nuestro modo de vínculo en el comer, en el beber y en la sexualidad, tenemos que trabajar para poner la casa en orden. Y cuando se desata el desorden dentro de nosotros cuesta un poco más volver a la ruta, y hay que poner penitencia y disciplina para volver a la macha. Son cosas simples pero con mucha firmeza. La virtud que nos ayuda es la templanza. Por ella vamos aprendiendo a tener dominio y señorío de nosotros mismos frente a este sacudón de afectos desordenados que hace que nos vinculemos mal en el comer, beber y en la sexualidad. Son instintos primarios que hacen a la supervivencia personas y a la supervivencia de la especia. Cuando andamos por esos lados, estamos débiles y flacos, entonces el mal espíritu, dice San Ignacio, anda rondando y buscándonos.
Enflaquece el alma cuando hay desorden. Se siente como que no tiene consistencia ni fortaleza, así como cuando uno se va recuperando después de muchos días de estar en cama. Porque así como el agua, dice San Juan de la Cruz, que se derrama por las hendijas de una vasija quebrada pierde su fuerza, así el alma, derramada en pequeñas aficiones, no tiene vigor para centrarse en Dios. Es como que se diluye, pierde fuerza y vigor. Pedimos a Dios que nos haga serenos frente a las tormentas.
Padre Javier Soteras
Artículo originalmente publicado por Radio María

Viernes de la decimotercera semana del tiempo ordinario

Libro de Amós 8,4-6.9-12. 
Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del país.
Ustedes dicen: "¿Cuándo pasará el novilunio para que podamos vender el grano, y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas para defraudar;
compraremos a los débiles con dinero y al indigente por un par de sandalias, y venderemos hasta los desechos del trigo".
Aquel día -oráculo del Señor- yo haré que el sol se ponga al mediodía, y en pleno día cubriré la tierra de tinieblas;
cambiaré sus fiestas en duelo y todos sus cantos en lamentaciones; haré que todos se ciñan un sayal y que se rapen todas las cabezas; haré que estén de duelo como por un hijo único, y su final será como un día de amargura.
Vendrán días -oráculo del Señor- en que enviaré hambre sobre el país, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor.
Se arrastrarán de un mar a otro e irán errantes del norte al este, buscando la palabra del Señor, pero no la encontrarán.



Salmo 119(118),2.10.20.30.40.131. 
Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,

Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos.

Mi alma se consume,
deseando siempre tus decisiones.

Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.

Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia.

Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos.





Evangelio según San Mateo 9,9-13. 
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".



Leer el comentario del Evangelio por : Juan Taulero  
“El hombre se levantó y lo siguió”

jueves, 30 de junio de 2016

¿Qué hacer cuando no se tuvo una infancia feliz? Las graves consecuencias del maltrato infantil y como intentar sanar las heridas




Debo confesar que me preocupa hacia dónde vamos las mujeres. El sábado hablaba a un grupo de jóvenes sobre el manejo del stress y como implementar estrategias que surtan efecto en sus ocupadas vidas. Estos grupos son de personas migrantes, en su mayoría mexicanos, que vienen en busca de un futuro mejor y la idea de construir una vida que no tuvieron en su país de origen.
La mayoría de estos jóvenes tienen historias pintadas de negro y cuyo paisaje es siempre gris. En general, han crecieron en un rancho y de pequeños presenciaron la violencia de una padre contra una madre sumisa, analfabeta y dedicada a servirle a este esposo alcohólico que salía por las mañanas a trabajar el campo o con los animales para poder llevar de comer a la familia.
Otros, tuvieron una madre que les pegaba mucho, que más bien los golpeaba y que desde muy pequeños también los hacía trabajar. Hay otros tantos que han presenciado peleas entre hombres a golpe de machete y ahora viven asustados; y otros muchos que han sido víctimas del abuso sexual de un hermano mayor, de un tío y hasta de su mismo padre.
Estos jóvenes son admirables, porque así de rotos, así de destrozados en sus emociones y autoestima buscan con ahínco que Dios los reconstruya. Esto me recuerda las palabras de San José María Escrivá de Balaguer que he leído en algún texto: “la gracia trabaja sobre la naturaleza”.
¿A qué naturaleza se refiere? Yo creo que se refiere a la naturaleza de ser persona. Aquellos que han tenido la dicha de nacer en un hogar en donde papá y mamá los cuido con respeto, amor y entrega, son afortunados pues toda su personalidad, su mente, sus emociones, su corazón y sus virtudes humanas, se han preparado óptimamente para recibir esta gracia de Dios. Entran de una forma más natural y espontánea a dialogar con Él, a darle gracias por aquellos padres tan maravillosos, por esa infancia tan feliz.
Santa Teresita de Jesús habla de ello, también lo hace Edith Stein o Santa Benedicta de la Cruz, aunque ella reconoce que su madre no era religiosa, pero le dio una formación sobre la naturaleza (la mente y el corazón) muy sólida. Es decir, ellas fueron personas que por gracias de Dios y regalo, no tuvieron que hacer ningún trabajo extra para poder comunicarse con Dios.
¿A qué me refiero exactamente? A que las heridas, los maltratos y los descuidos de la infancia, tuercen la naturaleza (la mente y el espíritu). Aristóteles decía que cada niño que nace es como una tabla limpia o un lienzo que se prepara para ser llenado de figuras, imágenes y colores culminando ello en una obra de arte, con la que la mirada del mismo pintor u orfebre se deleitará tal y como se deleitarán los ojos de muchos al verlos.
Hay miles y miles de niños, que hoy son adultos jóvenes, adultos y ancianos, que lo único que lleno sus tablas, sus lienzos, su humanidad en la infancia fueron gritos, golpes, violencia, abuso… lo experimentaron todo, menos el amor. Lo vieron todo, un padre tirando balazos, una mamá siendo tirada de los pelos, un hombre mayor manipulando la intimidad de una niña.
Y es así, rotos, como llegan a los pies del Señor. Encuentran sólo en Cristo el consuelo y la pomada para sus múltiples heridas, para sus neurosis disparadas, para su alcoholismo, para su co-dependencia en las relaciones. Esto pasa, es la realidad que viven miles de personas que actualmente quieren construir una vida fuera del rancho, lejos de aquella violencia y de esos recuerdos que aunque han atravesado las fronteras, les impide vivir con toda la confianza, seguridad y propósito de un hijo de Dios.
Y entonces, que un día cualquiera llega una mujer formada, que ya ha sobrevivido a todas esos recuerdos, que después de muchos años de atender sesiones de sicoterapia y de tratar de tener una vida metida en Dios, llega y les habla de lo que significa ser persona. De las facultades espirituales del alma y de que cómo con la ayuda de estas y los apoyos que Dios permite, como los consejeros y psicoterapeutas, van a poder llegar a ser una persona completa, ayudando así a muchos.
Mi corazón siente mucho agradecimiento porque Dios me escogió para acompañar a los más pobres, humildes y sencillos. Cuando vienen a verme, no los veo como los adultos, el alcohólico, la mujer neurótica o que tiene una adicción y que está luchando por seguir a Cristo.
Los veo como a mis niños, y así trato de ayudarles a comprender su historia, no reprimir más sus lágrimas y confiar que Dios les ama tan profundamente y tan apasionadamente, que ha permitido que se produzca un encuentro entre psicoterapeuta y este o ésta joven. Ellos, al comprender su historia, comienzan una renovación tanto en su mente como en su corazón y, gracias a ello, una auténtica vida cristiana que persigue fundar una familia desde la dignidad que cada uno tiene o rescatar a la que ya se tiene.
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) el maltrato infantil: “puede tener consecuencias a largo plazo. El maltrato causa estrés y se asocia a trastornos del desarrollo cerebral temprano. Los casos extremos de estrés pueden alterar el desarrollo de los sistemas nervioso e inmunitario. En consecuencia, los adultos que han sufrido maltrato en la infancia corren mayor riesgo de sufrir problemas conductuales, físicos y mentales, tales como:
actos de violencia (como víctimas o perpetradores);
depresión;
consumo de tabaco;
obesidad;
comportamientos sexuales de alto riesgo;
embarazos no deseados;
consumo indebido de alcohol y drogas.”
A éstas conductas y comportamientos podemos agregarle algunos mencionados por la Doctora Carmen Touza Garma[1]: “El maltrato activo (físico o emocional) y la negligencia (física o emocional) están asociados a retrasos en el desarrollo cognitivo e intelectual detectables a partir del segundo año de vida y que se extienden hasta la adolescencia”. En ésta misma línea el autor agrega que “En general, estos niños parecen no comprender lo que se espera de ellos, además, los problemas de atención asociados a los malos tratos podrían influir en el rendimiento académico. Su falta de adaptación escolar también es significativa (…) La persistencia de los efectos de los malos tratos en el rendimiento intelectual y en los logros académicos pueden extenderse hasta la edad adulta”
La Doctora Carmen Touza Garma explica: “La mayoría de las investigaciones posteriores confirman que las víctimas de malos tratos (sobre todo de maltrato físico activo y de negligencia física, en los que se han centrado la mayor parte de ellas) manifiestan serias dificultades en la interacción con adultos y con los iguales. La tendencia más generalizada relaciona el maltrato físico activo con el desarrollo de conductas agresivas y el abandono con el aislamiento y la falta de interacción en niños y adolescentes”.
En cuanto a las relaciones que establecen los niños maltratados la autora indica que:
“Además de producir rechazo, los malos tratos parecen influir en el tipo de relaciones que establecen los niños, que difieren de las establecidas por los no maltratados. Salzinger et al. (1993) en una investigación realizada con niños y preadolescentes (de 8 a 12 años) que hablan sufrido maltrato físico activo y/o negligencia (no específica el tipo), describen una serie de rasgos que caracterizan las relaciones sociales de estos sujetos frente a las de los del grupo de comparación: insularidad (sus amigos son menos conocidos por sus cuidadores), falta de reciprocidad (eligen como amigos, incluso como a sus mejores amigos, a compañeros que no les eligen o que les rechazan) y atribuyen más aspectos negativos a las relaciones con sus amigos.
Oremos afanosamente, aquellos privilegiados con padres santos, virtuosos y buenos para que Dios permita que muchos niños lleguen a nacer en estas cunas en donde el amor, el respeto y la consciencia de la dignidad de cada persona esta presente.
Artículo originalmente publicado por encuentra.com

Jueves de la decimotercera semana del tiempo ordinario

Libro de Amós 7,10-17. 
Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboám, rey de Israel: "Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; el país ya no puede tolerar todas sus palabras.
Porque él anda diciendo: 'Jeroboám morirá por la espada e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".
Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí.
Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino".
Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros;
pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'.
Y Ahora, escucha la palabra del Señor. Tu dices: 'No profetices contra Israel, no vaticines contra la casa de Isaac'.
Por eso, dice el Señor: 'Tu mujer se prostituirá en plena ciudad, tus hijos y tus hijas caerán bajo la espada; tu suelo será repartido con la cuerda, tú mismo morirás en tierra impura e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".



Salmo 19(18),8.9.10.11. 
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.

Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal.





Evangelio según San Mateo 9,1-8. 
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad.
Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados".
Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema".
Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal?
¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.



Leer el comentario del Evangelio por : San Cirilo de Alejandría  
“La multitud... glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.”