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lunes, 5 de junio de 2017

Morgan Freeman: “Me alejé de Dios a los 13 años, ahora vuelvo a buscarlo”



El actor y director afroamericano en televisión con “The Story of God”

En primavera, el actor y director afroamericano Morgan Freeman volverá a la televisión – en el canal National Geographic – con la conducción de “The Story of God with Morgan Freeman”, un viaje en busca de la fe religiosa y la devoción.
El misterio de lo divino
La serie, producida por el mismo Freeman (78 años), debutará en abril en un estreno mundial en 171 países y en 45 idiomas distintos. “La historia de Dios enfrenta uno de los más grandes misterios de la humanidad – declaró el actor -. Para mí se trata de una búsqueda personal para comprender al divino y me siento honrado de tener la posibilidad de acompañar a los espectadores a lo largo de este increíble viaje”. (funweek.it, 19 enero).
Dios es insondable
Según Freeman, de hecho, “Dios es insondable. Pero el divino está en todos nosotros. En la serie de NatGeo más que buscar a Dios buscamos descubrir de qué manera las diversas culturas responden a las grandes preguntas: de dónde venimos, a dónde vamos, qué hay después de la muerte” (Repubblica.it, 17 enero).
El descubrimiento de los lugares místicos
En cada episodio, de hecho, Freeman se concentrará en grandes temas, de la resurrección a los milagros, recorrer el mundo descubriendo los lugares más místicos del planeta (el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, el árbol de Bodhi en India, el Vaticano, los templos Maya y la gran iglesia de Lakewood en Texas), acompañado de técnicos y expertos. Y no faltarán los experimentos científicos, a los que se someterá el mismo Freeman en primera persona.
“Un caos fascinante”
“Para muchos Dios es la respuesta, para mí es la pregunta – sentencia Freeman -. La religión y la ciencia no se excluyen. La ciencia y la religión pueden coexistir”. El actor dice haber intentado buscar al divino cuando era muy joven. “Sí, pero la búsqueda comenzó y terminó a los 13 años. Iba a la iglesia bautista el domingo, como todos los negros de Mississippi, sobretodo porque las misas bautistas son divertidas: coros, música, sermones gritados, fieles que se desmayan…Un caos fascinante”.
“Pienso que soy Dios”
Seguramente sus palabras están mucho más calibradas que las usadas hace algún tiempo, cuando fue interrogado por un periodista sobre grandes cuestiones existenciales (había apenas salido al aire su programa Science Show), Freeman – sin dudar – declaró que según él, el hombre había inventado a Dios, por lo tanto “si creo en Dios, y de hecho creo, es sólo porque pienso que soy Dios”.

domingo, 19 de marzo de 2017

¿Sabías que Copérnico, Vivaldi y Mendel eran sacerdotes católicos?


Dejaron una impronta notoria en la humanidad de mucho significado para la física, el arte y la biología

Tres sacerdotes católicos que sin desamparar propiamente el ejercicio de su ministerio, dejaron una impronta notoria en la humanidad de mucho significado para la física, el arte y la biología.
 
El Polaco Nicolás Copérnico, vivió poco más de 70 años (1473-1543). Hasta hace 10 años atrás por fin descubrieron que sus restos estaban enterrados en la catedral de Frombork donde había sido uno de sus canónigos.

Primero en sustentar la teoría de que la tierra gira alrededor del sol, Copérnico fue la base de las posteriores investigaciones de Galilei antes que el tema se volviera religioso en una época de la Iglesia en que todo le servía a quienes querían cuestionarle su autoridad moral o confundir. Lo cierto es que el heliocentrismo de nuestro sistema solar es una verdad comprobada, y fueron las pacientes y meticulosas observaciones de un sacerdote católico polifacético e inquieto las que han servido de base para todos los observatorios astronómicos del mundo y la propia NASA.
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi son simplemente geniales
 
Vivaldi fue un caso menos polémico pero sí de mucho ruido, aunque armónico, sereno y dulce. Inundó la tierra de motetes, cantatas, serenatas, oratorios y conciertos de una belleza y vivacidad sinigual. Sus "Cuatro estaciones" son inconfundibles y simplemente geniales.

Volver música esos momentos del año solamente se le podía ocurrir a un italiano católico y además sacerdote, aunque parece fue dispensado en algunos momentos de su vida de celebrar misa públicamente por causa de la angina de pecho que finalmente lo llevó a la tumba con 63 años de edad en 1741.
Todavía hoy el arte cinematográfico acompaña escenas y paisajes estacionales con fondo musical de Vivaldi. Nadie pudo imaginar la musicalidad del verano o del invierno como lo hizo él. Más que genio y talento, parece que allí hubo gracia, y gracia divina.
 
El Padre agustino Gregorio Mendel, (1822-1884) llevó con disciplina germánica sus investigaciones sobre genética y herencia biológica. Volcó su atención en los guisantes y las abejas para llegar a conclusiones definitivas y fundamentales.

La aplicación de su famosas "Leyes de Mendel" de la genética a las combinaciones de razas animales ha sido precisamente una de las causas de la proliferación y variedad de razas mejoradas entre vacunos y caninos, principalmente.
El Padre Mendel dejó también interesantísimos estudios sobre las abejas, muchos de los cuales han servido para descubrir en estos insectos asombrosos comportamientos frente a los fenómenos atmosféricos. Movido más por admiración que por espíritu práctico, dejó lamentablemente inconclusos unos curiosos trabajos sobre la relación entre los diferentes tipos de abejas y las flores, algo que nos lleva a pensar que estos animalitos de Dios pueden servirnos para algo más que hacer la dulce y medicinal miel o elaborar la ceras de nuestros cirios.
 
Astronomía, música y biología les deben a estos religiosos los fundamentos de posteriores descubrimientos y conclusiones que nos dejan presentir algo todavía más elevado e importante si se hubiese seguido en la dirección que todo parece indicar querían ellos andar: la admiración de la obra de Dios.
 
No fue la búsqueda de alimento el mayor propulsor del progreso de la humanidad sino la admiración, lo que nos llevó a investigar, dice el famoso documental El ascenso del hombre de la BBC (1973).

La vida religiosa bien entendida no solamente abre espacios para la mística y el conocimiento amoroso de Dios y del alma humana, sino también para aprender a observar la huella del creador en todos lo que nos rodea.
 
¿No será que la ciencia no necesita una aplicación concentrada de nuestra inteligencia sobre las cosas en facultades y centros de estudio, sino simplemente admirar inocentemente sin pretensiones como los niños? De ser así, razón tenía alguien que dijo que un adulto creativo es un niño que sobrevivió.
 
Por Antonio Borda

Artículo originalmente publicado por Gaudium Press

miércoles, 18 de enero de 2017

Premio Nobel de Medicina: Creer en Dios está en los genes y es la forma natural de vivir

Avid Carlsson, Premio Nobel de Medicina del año 2000. Foto: Olof Brandt (ACI Prensa)

El científico Arvid Carlsson, Premio Nobel de Medicina en el año 2000 por sus estudios sobre los neurotransmisores, afirmó que los genes con los que toda persona nace han sido recibidos de Dios y que la religiosidad es la forma natural de vivir del ser humano.
“Hemos nacido con genes que nos ha proporcionado Dios. Esta es la forma natural de vivir: en una relación con Dios en la que se reza a Dios y se cree en Dios”, dijo el laureado científico en declaraciones a ACI Stampa, agencia en italiano del Grupo ACI.
A pesar de reconocerse como “una persona que no tiene religión”, Carlsson dijo tener “la mente abierta”.
“Entiendo por qué hay tantas personas que tienen una religión. En realidad, forma parte de nuestros genes, por lo que tal vez seamos las personas como yo las que seamos un poco extrañas, desde ese punto de vista”, afirmó. En ese sentido, “no sabría cómo definirme”.
Respecto al carácter religioso del ser humano, dijo que “entiendo cómo sucede esto. Yo no soy una persona normal porque no tengo ese sentimiento religioso que, no obstante, considero normal. Es un problema mío. Se puede decir que es una forma mía de discapacidad”.
Carlsson dijo también que en el tema de las religiones, “algunas presentan problemas, en particular el islam, como por ejemplo el asunto de las mujeres que no pueden estudiar”.
“Cuando llegan a Suecia tienen siempre este problema y se ve cada día en los periódicos. Es terrible que muchas mujeres ricas en talento crezcan sin instrucción”, lamentó.
“Debo decir que de entre las tres religiones monoteístas y su relación con la ciencia, sin duda el cristianismo es la mejor”, resaltó.
Al ser preguntado sobre la capacidad de la mente humana para comprender el universo, el experto comentó que “es un asunto muy interesante. Cuando comenzó la vida, ¿Cuánta sabiduría había ya al inicio? No lo sabemos”.
“Es posible que cuando la primera célula comenzó a existir ya hubiera ahí una profunda ‘sabiduría’, tal vez ya en aquellas pequeñas ‘criaturas cómicas’. Cuando apareció un individuo compuesto de más células, aquella ‘sabiduría’ aún estaría presente en los genes, pero las diferentes partes de ‘sabiduría’ se dividieron en células especializadas. En cualquier caso, hay una ‘sabiduría’ que ya estaba presente desde el inicio”.
Preguntado sobre lo que supuso el Premio Nobel para él, respondió que se trata de un incentivo para seguir trabajando: “tiene que servir para continuar estudiando con nuevas credenciales”.
Los estudios del doctor Carlsson, uno de los neurocirujanos más importantes del mundo actual, nacido en Suecia en el año 1923, han aportado descubrimientos fundamentales en la búsqueda de tratamientos que ayuden a combatir las enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o el Alzheimer.
Artículo publicado originalmente en ACI Stampa. Traducido y adaptado por Miguel Pérez Pichel



sábado, 18 de junio de 2016

Así defiende la existencia de Dios el matemático John Lennox


Así defiende la existencia de Dios el matemático John Lennox

“Disparando contra Dios. Por qué los nuevos ateos no dan en el blanco” es el último libro del catedrático en Matemáticas de la Universidad de Oxford, John Lennox, en el que defiende la existencia de Dios como “la base de la moralidad” frente a un ateísmo donde “todo es permisible” entre cuyos defensores citó al escritor Christopher Hitchens y al científico Richard Dawkins.
Esta última obra, según afirmó durante la presentación en mayo en la ciudad de Salamanca en España, surgió como una respuesta a “la idea de que la religión es peligrosa en la cultura europea”, un concepto que se extendió como consecuencia de atentados como los del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.
Según el diario ABC, el matemático subrayó que la ciencia y la religión “no se oponen” y también se mostró en contra de la idea extendida de que “toda religión es peligrosa” ya que “la gente que toma armas en el nombre de Cristo no sigue su nombre sino que lo desobedecen”, apuntó.
En ese sentido destacó que “el nuevo ateísmo ignora los ríos de sangre creados por las sociedades ateas” y recordó los nombres de Stalin, Pol Pot o Mao Tse-Tung, dictadores que intentaron imponer sociedades basadas en la ausencia de Dios.
“Por siglos en Europa, la moralidad y la ética han tenido como base la ley de Dios, pero con el secularismo de la Ilustración, esa dimensión trascendente ha desaparecido”, destacó y explicó que este es “el problema de los ateos” que no encuentran “en qué basar la moralidad y la ética”.
Por eso recordó la obra “Los hermanos Karamazov”, de Fiodor Dostoyevski, donde se afirma que “si Dios no existe, todo es permisible”, por lo que “hay una relación muy directa entre Dios y la moralidad”.
En ese sentido el autor británico apuntó que el “mensaje central del cristianismo” es que “Jesucristo murió en la cruz para salvar a la Humanidad”, un mensaje que en opinión de Lennox es “difícil de entender en la Europa actual” porque “el concepto de pecado ha desaparecido por completo” aunque aún se mantiene “el sentido de culpa”.
También destacó que es primordial entender “el mensaje de la misericordia y el perdón que explican la muerte de Dios por nuestros pecados”.
Más información sobre el libro AQUÍ.

martes, 24 de mayo de 2016

Ni el hombre es un mono, ni el mundo se hizo en seis días. Muchos católicos creen que la Iglesia lee al pie de la letra el Génesis, y se equivocan


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Muchos católicos y no católicos piensan que la respuesta de la Iglesia a la Teoría de la Evolución es el “creacionismo”, que la idea de que las especies evolucionen está en contra de la Biblia o que los Papas han condenado insistentemente el “evolucionismo” como una doctrina científica que atenta contra las verdades de la fe. Sin embargo, no es cierto.
¿Qué es la Teoría de la Evolución?
La Teoría de la Evolución se fundamenta en la concepción del desarrollo de la vida que postula Charles Darwin en El Origen de las Especies (1859). Según Darwin cada individuo lucha por adaptarse a su ambiente, a su entorno, y aquellos que lo logran tienen más posibilidades de sobrevivir y reproducirse, transmitiendo sus genes. De esta manera la especie mejora a lo largo de los tiempos (en el sentido de integrarse mejor en su ambiente). También pueden producirse mutaciones y algunas de ellas ser beneficiosas, como el nacimiento de una jirafa con un cuello más largo que le permita alcanzar la comida que sus compañeras dejan en las copas de los árboles, o dar lugar a nuevas especies o subespecies.
Los factores que guían estas transformaciones, según Darwin, son el azar y la lucha por la supervivencia, y en ningún caso se requiere de la intervención divina.
A lo largo de los siglos XIX y XX se han producido varios descubrimientos científicos que parecen ser acordes con esta teoría, pero por un lado no se han encontrado pruebas lo suficientemente concluyentes como para considerarla probada y, por otro, también se han hallado fósiles y sedimentos que la desdicen en parte o ponen en dificultades su coherencia interna.
Además, la Teoría de la Evolución contradice el sentido común como explicación general sobre el origen de la vida. Para que la vida se generara tuvieron que ocurrir millones de cosas, algunas simultáneas y otras progresivas, y todas ellas son tan casuales que parecen imposibles. La probabilidad de que estos sucesos tuvieran lugar y lo hiciesen en el orden y de la manera adecuada es tan pequeña como que un grupo de hormigas con las patas mojadas en tinta atravesaran unos folios tirados en el suelo dejando escrito a su paso El Quijote, por usar solo uno de los muchos ejemplos que los científicos utilizan para mostrar la altísima improbabilidad de que el azar diera como resultado la vida en nuestro planeta.
Parece más razonable pensar que si las cosas sucedieron como sucedieron es porque detrás de los cambios había un diseñador inteligente, alguien que dirigía y promovía las distintas transformaciones.
¿Qué es el creacionismo?
El creacionismo es una ideología cuyo origen está en las interpretaciones literalistas de la Biblia que defendieron algunos grupos protestantes estadounidenses como reacción contra el evolucionismo. Nunca ha sido defendida por la Iglesia Católica y el método de interpretación de los textos que siguen sus líderes está muy lejos de lo que se podría considerar aceptable en cualquier Facultad de Teología.
Juan Pablo II lo explicó perfectamente en un discurso de 23 de abril de 1993, al señalar que en la lectura de la Biblia tratamos de “comprender el sentido de los textos con toda la exactitud y precisión posibles y, por tanto, en su contexto histórico y cultural. Una falsa idea de Dios y de la Encarnación empuja a un cierto número de cristianos a seguir una orientación contraria. Estos tienen la tendencia a creer que, siendo Dios el ser absoluto, cada una de sus palabras tienen un valor absoluto, independiente de todos los condicionamientos del lenguaje humano (…) Cuando se expresa en un lenguaje humano no da a cada palabra un valor uniforme, sino que utiliza los posibles matices con extrema flexibilidad, y acepta también sus limitaciones.”
Siguiendo un tipo de lectura literal y uniforme los creacionistas afirman que el universo se hizo exactamente en seis días, como si el autor inspirado de aquella época pensara construir un relato históricamente preciso, cosa que solo puede pensar un sujeto de nuestro tiempo. Lo cierto es que el narrador nos presenta un discurso literario en el que interesa mucho más el contenido esencial, el sentido del texto, que la exactitud de los acontecimientos.
El mismo Juan Pablo II, en un discurso de 1981 a la Academia Pontificia de las Ciencias insistía en que “la Biblia nos habla del origen del universo y de su constitución, no para proporcionarnos un tratado científico, sino para precisar las relaciones del hombre con Dios y con el universo. (…) Cualquier otra enseñanza sobre el origen y la constitución del universo es ajena a las intenciones de la Biblia, que no pretende enseñar cómo ha sido hecho el cielo, sino cómo se va al cielo.”
Entonces, ¿evolucionismo o creacionismo?
Ambas posturas cuentan con extremos inaceptables. En la Encíclica Humani Generisde Pío XII (1950) se rechazan las posiciones evolucionistas que niegan por prejuicios la posibilidad de que Dios interviniese en el origen de la vida, pero no se condena la teoría científica. Con buen criterio se advierte de que se trata de una teoría no verificada y de que sería un error no entenderla como tal.
Por su parte Juan Pablo II, en una catequesis de 16 de abril de 1986, se expresó con toda claridad al aceptar la posibilidad de algún tipo de evolución: “se puede decir que, desde el punto de vista de la doctrina de la fe, no se ve dificultad en explicar el origen del hombre, en cuanto al cuerpo, mediante la hipótesis del evolucionismo. Sin embargo, hay que añadir que la hipótesis propone sólo una probabilidad, no una certeza científica. La doctrina de la fe, en cambio, afirma invariablemente que el alma espiritual del hombre ha sido creada directamente por Dios. Es decir, según la hipótesis a la que hemos aludido, es posible que el cuerpo humano, siguiendo el orden impreso por el Creador en las energías de la vida, haya sido gradualmente preparado en las formas de los seres vivientes anteriores. Pero el alma humana, de la que depende en definitiva la humanidad del hombre, por ser espiritual, no puede serlo de la materia”.
Efectivamente es posible concebir que a lo largo de la historia los cuerpos de los seres vivos hayan sufrido ciertas evoluciones que se plasmaran en distintas especies o en el desarrollo de una en concreto. Lo que no es concebible es que del desarrollo ciego de la materia haya surgido el espíritu humano, que solo se puede comprender como imagen y semejanza del Dios creador.
En conclusión, ninguna teoría científica seria sobre el origen del universo o de la vida es incompatible con la Fe, como indicaba el Papa Francisco ante la Academia Pontificia de las Ciencias: “El inicio del mundo (…) se deriva directamente de un Principio supremo que crea por amor. El Big-Bang, que hoy se sitúa en el origen del mundo, no contradice la intervención de un creador divino, al contrario, la requiere. La evolución de la naturaleza no contrasta con la noción de creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan”.