lunes, 22 de octubre de 2018

¿Cuál es la fuerza de la oración de una madre por un hijo?

WOMAN PRAYING

San Agustín dijo que las lágrimas de su madre frente al Sagrario eran como “la sangre de su corazón destilado en lágrimas en sus ojos”

Santa Mónica es el ejemplo claro del poder de la oración de las madres por los hijos. Ella nació en Tagaste (África), en 331, de familia cristiana.
Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre pagano llamado Patricio, de quien tuvo varios hijos, entre ellos Agustín, cuya conversión alcanzó de la misericordia divina con muchas lágrimas y oraciones. Es un modelo perfecto de madre cristiana. Murió en Ostia (Italia) en 387.
Dios estableció una ley: necesitamos pedir la gracia necesaria en nuestra vida, para ser asistidos.
Jesús fue enfático: “También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre” (Lc 11, 9-10). Quien no pide no recibe.
Jesús dijo eso después de contar ese caso del vecino que llamó a la puerta de la casa de otro para pedir un poco de pan a medianoche, porque había recibido una visita y estaba sin pan. Como el otro no quiso atenderlo, Jesús dijo: “Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario” (Lc 11, 8).
Ahora bien, ¿qué es lo que nos está queriendo enseñar Jesús con eso?
Que debemos hacer lo mismo con Dios. Importunarlo. Pero, ¿por qué Dios hace eso? Es para saber si de hecho confiamos en Él; si tenemos fe de verdad, como aquella mujer cananea, que no era judía, pero que pidió con insistencia que curara a su hijo endemoniado (Mt 15,22). Si la gente pide una vez o dos, y no recibe, y no pide más, es porque no confía en Él.
San Agustín enseñó lo siguiente: “Dios no nos mandaría pedir, si no nos quisiera oír. La oración es una llave que nos abre las puertas del cielo. Cuando veas que tu oración no se apartó de ti, puedes estar seguro que la misericordia tampoco se alejó de ti. Los grandes dones exigen un gran deseo puesto que todo lo que se alcanza con facilidad no se aprecia tanto como lo que se desea durante mucho tiempo. Dios no quiere darte enseguida lo que pides, para que aprendas a desear con gran deseo”.
Nadie como él entiende la fuerza de la oración de una madre por su hijo; pues durante veinte años su madre, santa Mónica, rezó por su conversión, y lo consiguió. Él mismo cuenta eso en su libro Confesiones.
Él dijo que su madre iba tres veces al día frente al Sagrario en Hipona, y le pedía a Jesús que su Agustín se volviera “un buen cristiano”.
Era todo lo que ella quería, no pedía que él fuera un día sacerdote, obispo, santo, doctor de la Iglesia y uno de los mayores teólogos y filósofos de todos los tiempos. Pero Dios quería darle más. Quería de Agustín ese gigante de la Iglesia, entonces, ella necesitaba rezar más tiempo y sin desanimarse.
Y santa Mónica no se desanimó, por eso tenemos hoy a ese gigante de la fe. 
Me pongo a pensar si ella hubiera parado de rezar después de 19 años…No se habría convertido su hijo. Y nosotros no tendríamos el Doctor de la Gracia.
Cuando Agustín dejó África del Norte, y se fue como orador oficial del emperador romano, en Milán, ella fue tras él. Tomó el barco, atravesó el Mediterráneo, y fue a rezar por su hijo.
Un día fue a visitar al obispo de Milán y con lágrimas le dijo que no sabía qué más hacer por la conversión de su Agustín, a quien el obispo conocía bien por su fama.
Simplemente el obispo le respondió: “Hija mía, es imposible que Dios no convierta al hijo de tantas lágrimas”.
Y sucedió. San Agustín, al oír las predicaciones de san Ambrosio, obispo de Milán, se convirtió; fue bautizado por él, y luego fue ordenado sacerdote, escogido como obispo, y uno de los mayores santos de la Iglesia. Todo porque aquella madre no se cansó de rezar por la conversión de su hijo…¡veinte años!
San Agustín dice en las Confesiones que las lágrimas de su madre frente al Señor en el Sagrario, eran como “la sangre de su corazón destilado en lágrimas en sus ojos”. ¡Qué belleza! ¡Qué fe!
Es exactamente lo que la Iglesia enseña: que nuestra oración debe ser humilde, confiada y perseverante.
Humilde como la del publicano que se daba golpes de pecho y pedía perdón frente al fariseo orgulloso; confiada como la de la madre cananea y perseverante como la de la madre Mónica. Dios no resiste a las lágrimas y las oraciones de una madre que reza así.
San Agustín resume con estas palabras la vida de su madre: “Cuidó de todos los que vivíamos juntos después de bautizados, como si fuera la madre de todos; y nos sirvió como si fuera la hija de cada uno de nosotros”.
El ejemplo de santa Mónica quedó grabado de tal manera en la mente de san Agustín que, años más tarde, ciertamente acordándose de su madre, exhortaba: “Buscad con todo cuidado la salvación de los de vuestra casa”.
Ya se dijo de santa Mónica que fue dos veces madre de Agustín, porque no sólo lo dio a luz, sino que lo rescató para la fe católica y para la vida cristiana.
Así deben ser los padres cristianos: dos veces progenitores de sus hijos, en su vida natural y en su vida en Cristo

Lunes de la vigésima novena semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo: 
Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia".
Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?".
Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas".
Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'.
Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'.
Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

domingo, 21 de octubre de 2018

Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Marcos 10,35-45.

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir".
El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?".
Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria".
Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?".
"Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.
En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados".
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.
Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

sábado, 20 de octubre de 2018

Papa Francisco: Que María defienda a la Iglesia en este tiempo de prueba

El Papa reza ante la Virgen de Fátima en San Pedro. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Este sábado en el Aula Pablo VI en el Vaticano, el Papa Francisco manifestó su deseo de que la Virgen María defienda a la Iglesia en este momento de prueba.
“La Santa Madre de Dios, a quien miramos con esperanza y amor de hijos, defienda con su intercesión a la Iglesia en este momento de prueba y vele por la labor del Sínodo de los Jóvenes que acabamos de comenzar”, dijo el Santo Padre en su discurso a los peregrinos llegados desde Eslovaquia para celebrar los 200 años de la eparquía de Presov, jurisdicción de la Iglesia Católica Greco-Eslovaca.
El Papa hizo este pedido algunos días después de invitar a todos los fieles laicos del mundo a rezar el Rosario todos los días del mes mariano de octubre, para defender a la Iglesia de los ataques del demonio.
Francisco también les pidió que lo recuerden a él de manera especial “cuando celebren dentro de poco la Divina Liturgia en la basílica de Santa María la Mayor, un templo tan precioso para la memoria de los Santos Cirilo y Metodio y, por lo tanto, para vuestra historia”.
Tras recordar algunas palabras de San Juan Pablo II pronunciadas en Eslovaquia en 1995 sobre la hermosura de la naturaleza y la de las iglesias orientales, el Santo Padre afirmó que “la Iglesia católica griega en Eslovaquia puede considerarse una expresión de la belleza de la variedad de formas de vida eclesial, de esa variedad que ‘en la Iglesia no solo no daña a su unidad, sino que más bien la explicita’”.
El Pontífice saludó luego a los obispos presentes, como a Mons. Ján Babjak “que va al bosque a recoger hongos y me los trae”, y los alentó a seguir el “luminoso ejemplo de los beatos obispos mártires Peter Pavol Gojdič y Vasiľ Hopko” con bondad y mansedumbre “siguiendo los pasos de Cristo que no vino para ser servido sino para servir”.
El Papa también saludó a los sacerdotes, que en esta tradición oriental católica pueden estar casados, y destacó que “las familias de los sacerdotes viven una misión particular hoy, cuando el mismo ideal de familia se cuestiona, cuando no se ataca explícitamente: ofrezcan un testimonio de vida sana y ejemplar”.
“También ustedes pueden inspirarse en los ejemplos presentes en la historia de vuestra Iglesia durante las décadas de persecución de la segunda mitad del siglo pasado, en las deportaciones y privaciones de todo tipo. (…) Hoy depende de vuestra generación mostrar la misma lealtad, quizás no frente a la persecución directa y violenta, pero sí ante las dificultades y peligros de otro tipo”.
Tras afirmar que los sacerdotes se ven amenazados por el secularismo y el clericalismo, el Papa recordó que los miembros de esta Iglesia oriental son “dignos hijos de la evangelización llevada cabo, en plena fidelidad a la Sede apostólica, por los santos patrones de Europa, Cirilo y Metodio”.
“El continente europeo, en Oriente como en Occidente necesita redescubrir sus raíces y su vocación; y de las raíces cristianas solo pueden crecer árboles sólidos, que producen frutos de pleno respeto por la dignidad del hombre, en cada condición y en cada fase de la vida”, dijo el Pontifice.
Francisco resaltó asimismo que los protagonistas de la evangelización “son los padres y los abuelos, de quienes muchos han aprendido las primeras oraciones y el significado cristiano de la vida. ¡Gracias a los padres, madres, abuelos y todos los educadores presentes aquí por su testimonio indispensable!”.

¿Por qué los frailes franciscanos se visten de marrón?

FRANCISCAN FRIARS

Un vistazo al origen de las clásicas túnicas marrones de los franciscanos

Como dicta el derecho canónico, todas las numerosas órdenes religiosas que existen dentro de la Iglesia católica llevan su propio atuendo distintivo, según las costumbres y leyes de su institución.
Aunque a veces pueda resultar difícil estar al tanto de todos los detalles, las túnicas religiosas más reconocibles quizás sean las gruesas marrones que visten los frailes franciscanos, que suelen ir atadas con un cordón de tres nudos y acompañadas de unas sandalias. Podemos reconocer las túnicas de unos franciscanos a 100 metros de distancia, pero, ¿cómo llegó el marrón a ser el color normativo de su orden?

Vivir con sencillez

Los frailes franciscanos viven su vida en solidaridad con los pobres, asumiendo votos de pobreza y viviendo con pocas posesiones. La Regla de san Francisco no prescribe ningún color particular para la orden, pero sí invita a sus miembros a llevar “ropas humildes”, a vestirse “con hábitos viles”. Los franciscanos sirven al pobre a su mismo nivel y no ayudaría a su misión ir vestidos con ropas finas mientras sirven al desprovisto.

Los tonos tierra reflejan el cuerpo terrenal

Toda orden que asume un voto de pobreza lo hace para demostrar que las posesiones no son lo que nos define y para seguir las palabras de Cristo en Mateo 19,21:
“Si quieres ser perfecto, ─le dijo Jesús─, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”.
OFM.org, sitio web oficial de la Ordo Fratrum Minorum, cita a un biógrafo que menciona la admiración de san Francisco por la alondra común, sugiriendo que el marrón refleja la vida terrenal y las obras de la orden para aliviar el sufrimiento mundano:
“Su plumaje es de color tierra. Ella da a los religiosos el ejemplo de que no deben tener hábitos elegantes y finos, sino de color mortecino, como la tierra”.

Al principio, marrón es todo lo que tenían

San Francisco inició su orden hace unos 809 años, en 1209. En aquel entonces, los campesinos suministraban de túnicas a los hermanos, unos aldeanos por cierto que, a menudo, no eran mucho más ricos que los franciscanos. Los colores más comunes que usaba la clase campesina de la Edad Media eran diferentes tonos de gris y marrón, dependiendo del origen de la lana empleada. La tela sin teñir era la más barata disponible. La túnica que llevó san Francisco conservada en la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles es gris. Los franciscanos, cuya ropa debe ser funcional y duradera, no se preocuparon por el color, pero a medida que su influencia crecía, el marrón simplemente se convirtió en “su color”.
El color servía también a otro propósito. Cuando la orden comenzó, los hermanos vivían entre los leprosos en la colonia de Rivo Torto, cerca de Asís, y pasaban gran parte de su tiempo escalando la región montañosa de Umbría con el fin de aliviar a los necesitados. Los frailes a menudo dormían en la tierra, por lo que el color marrón era útil para ayudarles a mantener un aspecto relativamente limpio.
Los Frailes Franciscanos de la Renovación, una rama más reciente de los seguidores de Francisco, son conocidos por sus hábitos grises.

El cinturón

Otro rasgo distintivo de la vestimenta franciscana es el cinturón, un largo cordón con tres nudos atados que se lleva alrededor de la cintura. Mientras el cinturón ayuda de verdad a mantener las túnicas cerradas en los días ventosos, los tres nudos representan la Pobreza, la Castidad y la Obediencia, las tres piedras angulares de la Orden Franciscana.

El capucho

Aunque la mayoría de los hábitos franciscanos tienen un capucho adherido, una rama franciscana se distingue por la longitud de estos capuchos. Los franciscanos capuchinos reciben su nombre de este rasgo distintivo y, a su vez, han dado nombre al mono capuchino (que parece llevar capucha) y al cappuccino, la bebida de café que imita la coloración del hábito franciscano.