viernes, 4 de agosto de 2017

10 cosas que tal vez no sabías del Santo Cura de Ars

"Si fuera sacerdote, querría conquistar muchas almas", dijo una vez a su madre San Juan María Vianney, también conocido como el Santo Cura de Ars, cuya fiesta se celebra el 4 de agosto.
Aquí 10 cosas que tal vez no sabías de este sacerdote diocesano, miembro de la Tercera Orden Franciscana y patrono de los párrocos.
1. Su primera comunión fue accidentada
La Revolución Francesa trajo persecución contra los sacerdotes y aún después de ella debían disfrazarse para pasar de incógnito. Cuando el joven Juan recibió la primera comunión, llevaron carros de heno, los pusieron frente a las ventanas de la casa de su mamá y empezaron a descargar el material durante la ceremonia para evitar problemas con las autoridades.
El Santo siempre recordará este día en que derramó lágrimas de alegría al recibir al Señor y atesoró el Rosario que su madre le regaló en aquella ocasión.
2. Casi se retira de la escuela de seminaristas
Cuando la Iglesia obtuvo algo de libertad en Francia, el P. Balley, párroco de Ecculy, abrió una pequeña escuela para jóvenes con inquietudes vocacionales. Juan logró ingresar, pero por su dificultad para los estudios, estuvo a punto de renunciar. El sacerdote le sugirió que hiciera un peregrinaje al Santuario de San Francisco de Regis y regresó renovado.
3. Desertó del ejército
Napoleón quería conquistar toda Europa y Juan fue llamado al ejército porque no aparecía en la relación de ningún seminario. Cayó gravemente enfermo y cuando recuperó la salud, fue en busca de su regimiento que ya se había marchado, pero en el camino volvió a enfermar. Buscó refugio por varios días y se dio cuenta que, sin querer, se había convertido en un desertor.
Buscó a un mayor que escondía desertores y éste le aconsejó que se quedara en casa de uno de sus familiares. Adoptó el nombre de Jerome Vincent y con este nombre logró incluso abrir una escuela para los niños de la villa. Más adelante un decreto imperial concedió amnistía a los desertores.
4. Lo botaron del seminario
Juan logró ingresar al Seminario Mayor de Lyon, pero por su insuficiente conocimiento del latín no entendía ni podía responder a los formadores. Le pidieron que se marchara, lo que le produjo un inmenso dolor y desaliento, pero el P. Balley nuevamente fue en su ayuda y siguió los estudios en privado en Ecculy, cerca de Lyon. Sus cualidades morales sobrepasaron cualquier deficiencia académica.
5. Su maestro fue su primer penitente
Una vez ordenado sacerdote lo enviaron a ayudar al P. Balley, pero las autoridades diocesanas no le dieron permiso para confesar. El P. Balley intercedió y fue él mismo el primero en confesarse con San Juan María Vianney. Tiempo después el P. Balley murió en brazos del santo, quien sufrió como si hubiera perdido a su padre.
6. Tuvo una profecía en Ars
Las autoridades eclesiásticas lo enviaron al pequeño pueblo de Ars porque pensaban que con sus limitaciones intelectuales no podría servir en una comunidad grande. Al llegar hizo una profecía: "la parroquia no será capaz de contener a las multitudes que vendrán hacia aquí".
Poco a poco se fue ganando el amor del pueblo y les inculcó el amor a la Eucaristía, siendo su fiesta favorita el Corpus Christi.
Cuando el Papa Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción, el santo pidió a los fieles que iluminaran sus casas en la noche y las campanas del templo resonaron por horas. La gente de los pueblos cercanos, al ver los destellos, pensó que el pueblo se estaba quemando y acudieron a apagar el supuesto incendio.
7. Tenía una profunda devoción a Santa Filomena
San Juan tenía una profunda devoción a Santa Filomena, una joven mártir de los primeros siglos del cristianismo, a quien llamaba su “agente con Dios”, construyó una capilla en su honor y un santuario. Cierto día enfermó de gravedad y prometió ofrecer 100 Misas en honor de Santa Filomena.
Cuando la primera Misa estaba siendo ofrecida, cayó en éxtasis y se le escuchó murmurar varias veces “Filomena”. Al volver en sí, exclamó que estaba curado y se lo atribuyó a la Santa.
8. La tentación era recurrente en su vida
El cura de Ars sufrió la tentación de desear la soledad y se sentía incapaz para el servicio que brindaba en la ciudad. En una oportunidad le rogó a su Obispo que lo dejase renunciar y hasta en tres ocasiones llegó a irse del pueblo, pero siempre regresó.
9. Luchó pacientemente contra el demonio
El demonio siempre molestaba al Santo Cura de Ars con ruidos extraños y fuertes por las noches. Su intención era agotarlo para que no tuviera fuerzas para confesar o celebrar la Eucaristía. Cierto día que el santo se disponía revestirse para la Santa Misa, el maligno incendió su cama.
San Juan, sabiendo que el enemigo quería detener el oficio divino, dio las llaves del cuarto a aquellos que iban a apagar el fuego y prosiguió. "El villano, al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula", fue lo único que dijo. Mucho tiempo después, el Señor premió al santo con un extraordinario poder de expulsar demonios de las personas poseídas.
10. Nunca fue nombrado párroco
Todos conocen a San Juan María Vianney con el título de Cura de Ars. “Poco importa la opinión de algún canonista exigente que dirá, a nuestro juicio con razón, que el Santo no llegó a ser jurídicamente verdadero párroco de Ars, ni aun en la última fase de su vida, cuando Ars ganó en consideración canónica”, según explica Lamberto de Echeverría, autor del libro El Santo Cura de Ars.
El Obispo de Belley solo le concedió el título de canónigo pero “el hecho real es que consagró prácticamente toda su vida sacerdotal a la santificación de las almas del minúsculo pueblo de Ars y que de esta manera unió, ya para siempre, su nombre y la fama de su santidad al del pueblecillo”.




4 de agosto: Fiesta de San Juan María Vianney, el cura de Ars patrono de los párrocos

4 de agosto: Fiesta de San Juan María Vianney, el cura de Ars patrono de los párrocos

El 4 de agosto la Iglesia celebra a San Juan Bautista María Vianney o Cura de Ars, por el nombre del pueblo en Francia donde sirvió por muchos años.
Es el patrono de los párrocos y se le considera un gran confesor, tenía el don de profecía, recibía ataques físicos del demonio y vivió entregado a la mortificación y la oración. 
Este año se celebran los 201 años de su ordenación sacerdotal que se realizó el 13 de agosto de 1815. Su gran amor por la salvación de las almas lo llevaba a pasar muchas horas en el confesionario donde arrebata varias almas al demonio.
Era desprendido de las cosas materiales, al punto que dormía en el suelo de su cuarto porque regaló la cama. Comía papas y de vez en cuando un huevo hervido. Solía decir que “el demonio no le teme tanto a la disciplina y a las camisas de pelo; lo que realmente teme es a la reducción de comida, bebida y sueño".
Una vez el demonio hizo temblar su casa por 15 minutos, en otra ocasión quiso sacarlo de la Misa e incendió su cama, pero el santo mandó a otras personas a apagar el fuego y él no dejó el altar. Por horas el enemigo hacía ruidos para no dejar dormir al santo, y hasta le gritaba debajo de la ventana: "Vianney, Vianney come papas".
Una de las secuelas de la revolución en Francia, fue la ignorancia religiosa. Para remediar esta situación el Santo pasaba noches enteras en la pequeña sacristía componiendo y memorizando sus sermones, pero al no tener muy buena memoria, le costaba retener lo que escribía.
Instruía a los niños en el catecismo y luchó para que la gente no trabajara o estuviera en las tabernas los domingos. En una de sus homilías dijo que "la taberna es la tienda del demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía familiar”. Poco a poco logró que la taberna se cierre y que gente se acercar a Dios.
Su popularidad fue creciendo y llegaban miles de personas al pueblo de todas partes para confesarse con él. Más adelante se concedió al pueblo el permiso de construir una Iglesia, lo que garantizaría la permanencia del santo. Su tierno amor por la Virgen María llevó a que consagre su parroquia a la Reina del Cielo.
A las 2 a.m. del sábado 4 de Agosto de 1859, el Santo cura de Ars partió a la Casa del Padre. Fue canonizado en la fiesta de Pentecostés de 1925 por el Papa Pío XI.
Puede leer más sobre la vida de este santo aquí:

Viernes de la decimoséptima semana del tiempo ordinario


Libro del Levítico 23,1.4-11.15-16.27.34b-37. 

El Señor dijo a Moisés:
Las fiestas del Señor, las asambleas litúrgicas que ustedes convocarán a su debido tiempo, son las siguientes:
En el primer mes, el día catorce, al ponerse el sol, se celebrará la Pascua del Señor,
y el quince de ese mismo mes tendrá lugar la fiesta de los Acimos en honor del Señor. Durante siete días comerán panes sin levadura.
El primer día tendrán una asamblea litúrgica y no harán ningún trabajo servil.
Durante siete días ofrecerán una ofrenda que se quema para el Señor. El séptimo día habrá una asamblea litúrgica y ustedes no harán ningún trabajo servil.
El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a los israelitas: Cuando entren en la tierra que yo les doy y cuando recojan la cosecha, entregarán al sacerdote la primera gavilla.
El día siguiente al sábado, él la ofrecerá al Señor con el gesto de presentación, para que les sea aceptada;
También contarán siete semanas, a partir del día en que entreguen la gavilla ofrecida con el gesto de presentación, o sea a partir del día siguiente al sábado. Las semanas deberán ser completas.
Por eso tendrán que contar hasta el día siguiente al séptimo sábado: cincuenta días en total. Entonces ofrecerán al Señor una ofrenda de grano nuevo.
Además, el décimo día de ese séptimo mes, será el día de la Expiación. Habrá una asamblea litúrgica, observarán el ayuno y presentarán una ofrenda que se quema para el Señor.
Habla en estos términos a los israelitas: Además, el día quince de este séptimo mes se celebrará la fiesta de las Chozas en honor del Señor, durante siete días.
El primer día habrá una asamblea litúrgica, y ustedes no harán ningún trabajo servil.
Durante siete días presentarán una ofrenda que se quema para el Señor. Al octavo día, celebrarán una asamblea litúrgica y presentarán una ofrenda que se quema para el Señor: es una asamblea solemne y ustedes no harán ningún trabajo.
Estas son las fiestas del Señor, en las que ustedes convocarán las asambleas litúrgicas y presentarán ofrendas que se queman para el Señor - holocaustos, oblaciones, sacrificios y libaciones, según corresponda a cada día -

Salmo 81(80),3-4.5-6ab.10-11ab. 
Entonen un canto, toquen el tambor,
y la cítara armoniosa, junto con el arpa.
Toquen la trompeta al salir la luna nueva,
y el día de luna llena, el día de nuestra fiesta.

Porque esta es una ley para Israel,
un precepto del Dios de Jacob:
él se la impuso como norma a José,
cuando salió de la tierra de Egipto.

No tendrás ningún Dios extraño,
no adorarás a ningún dios extranjero:
yo, el Señor, soy tu Dios,
que te hice subir de la tierra de Egipto.


Evangelio según San Mateo 13,54-58. 
Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?
¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?
¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?".
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente. 

jueves, 3 de agosto de 2017

Buscando a Jesús en el Sagrario (Un bello testimonio)




Ya entré en los 60.
No sé por qué a medida que pasan los años cerramos los ojos y nos volvemos a ver viviendo nuestra infancia. Aquellos maravillosos años en que vivíamos con energías inagotables, una ingenuidad a prueba de fuego. A todos les creíamos. No era posible que un adulto dijese una mentira. Hoy mi nieta me lo recuerda: “Abuelo, no se permite mentir”.
La vida a pesar de las grandes adversidades que debemos pasar, termina siendo maravillosa. Es una oportunidad única para ganarnos el cielo y vivir en la presencia del Padre.
En mañanas como hoy veo al Claudio niño de pantalones cortos que entra en aquella hermosa capilla, por la nave del centro.Camina ilusionado mirando hacia el altar. Sabe que detrás de éste se encuentra el sagrario. Y en ese sagrario habita su mejor amigo, el buen Jesús.
Me parecía tan grande este misterio y no lo comprendía. Pero lo aceptaba y me encantaba saber que era cierto. ¡Allí estaba Jesús!
Me sentaba sobrecogido, admirando, rezando, hablando con Jesús en el sagrario.
La capilla quedaba en el piso superior del Colegio Paulino de san José en Colón, una provincia costera de Panamá. El timbre de la escuela llamando a los alumnos me volvía a la realidad. Y bajaba corriendo las escaleras para llegar a tiempo a clases.
Al día siguiente pensaba desde mi silla del colegio en el buen Jesús, esperando arriba en el sagrario.
Era sólo un niño, pero lo amaba con toda el alma.

Terminé la escuela y allí quedaron esos hermosos recuerdos. Muchas veces me he propuesto volver a aquella capilla de mi infancia en Colón. Entrar por el pasillo del medio, admirar los vitrales de los ventanales y saludar nuevamente a Jesús.
A los 60 lo sigo buscando a Jesús en los sagrarios de diferentes oratorios e iglesias. Sé que está allí. Él es el mismo. Yo soy quien ha cambiado. Soy menos ingenuo, me equivoco con frecuencia y no he sido el mejor amigo, ni el más agradecido.
¿En qué baso mis alegrías y esperanzas? Muy sencillo… Él siempre está pendiente de nuestros pasos por este mundo. Nunca nos abandona, a pesar que nosotros lo hacemos. Es el gran amigo. El mejor de todos.
Es como si todos los días nos dijera:
“Confíen. Yo estoy con ustedes. Y los amo”.

Cardenal Parolin en Asís: Si el mundo no sigue a Dios se enfrentará a amargas derrotas

El Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin. foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Cardenal Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, ha clausurado el llamado “Perdón de Asís”, también conocido como “indulgencia de la Porciúncula”, la pequeña iglesia de San Francisco que se encuentra en la ciudad en la que nació y creció el santo.
Esta iniciativa se celebra desde hace años entre el 1 y el 2 de agosto y en ella participan miles de peregrinos con el objetivo de vivir unos días de reconciliación y de paz.
El Cardenal advirtió que el mundo de hoy “no ayuda a comprender que, siguiendo solo las acciones terrenas, uno solo se puede enfrentar a amargas derrotas”.
“Resulta complicado dar espacio en el pensamiento a Dios, la Iglesia, al río de gracia ofrecido por los sacramentos, la importancia de cuidar la Palabra de Dios para no tomar decisiones destructivas para la comunión de las familias, de las parroquias o ambientes de trabajo”.
El Purpurado clausuró estos días con una Misa en la que recordó que la misión fundamental de la Iglesia “es la de favorecer el encuentro entre Dios y los seres humanos y construir sólidos puentes entre el cielo y la tierra para mostrar una vía de salvación que se ofrece a todos y no está reservada solo a pequeños grupos de doctos y sabios”.
Dios “utiliza canales de humildad, eligiendo lugares periféricos y signos delicados”. “Solo la esencia de Dios, que es amor, puede explicar este movimiento del Creador de lo alto a lo bajo, este hacerse pequeño, débil y dependiente del cuidado humano”.
“¿Cómo no estallar en un himno de júbilo y magnificar al Señor por cuanto hace?, ¿cómo no alegrarse por una bondad que no se limita a contemplarse a sí misma, sino que quiere difundirse e donarse?, ¿que acepta por amor ser herida, rechazada, clavada en una cruz?”, preguntó el Purpurado.