Comenzamos un nuevo Año Litúrgico y con él, una nueva andadura. Un Año de Jubileo extraordinario de la Misericordia y por eso nuestras Parroquias se animan a acercarte a Dios a través de este blog. Te animas tú a acercarte más a Dios?.
El Cardenal Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, ha clausurado el llamado “Perdón de Asís”, también conocido como “indulgencia de la Porciúncula”, la pequeña iglesia de San Francisco que se encuentra en la ciudad en la que nació y creció el santo.
Esta iniciativa se celebra desde hace años entre el 1 y el 2 de agosto y en ella participan miles de peregrinos con el objetivo de vivir unos días de reconciliación y de paz.
El Cardenal advirtió que el mundo de hoy “no ayuda a comprender que, siguiendo solo las acciones terrenas, uno solo se puede enfrentar a amargas derrotas”.
“Resulta complicado dar espacio en el pensamiento a Dios, la Iglesia, al río de gracia ofrecido por los sacramentos, la importancia de cuidar la Palabra de Dios para no tomar decisiones destructivas para la comunión de las familias, de las parroquias o ambientes de trabajo”.
El Purpurado clausuró estos días con una Misa en la que recordó que la misión fundamental de la Iglesia “es la de favorecer el encuentro entre Dios y los seres humanos y construir sólidos puentes entre el cielo y la tierra para mostrar una vía de salvación que se ofrece a todos y no está reservada solo a pequeños grupos de doctos y sabios”.
Dios “utiliza canales de humildad, eligiendo lugares periféricos y signos delicados”. “Solo la esencia de Dios, que es amor, puede explicar este movimiento del Creador de lo alto a lo bajo, este hacerse pequeño, débil y dependiente del cuidado humano”.
“¿Cómo no estallar en un himno de júbilo y magnificar al Señor por cuanto hace?, ¿cómo no alegrarse por una bondad que no se limita a contemplarse a sí misma, sino que quiere difundirse e donarse?, ¿que acepta por amor ser herida, rechazada, clavada en una cruz?”, preguntó el Purpurado.
En una carta escrita con motivo de la inauguración de un nuevo Santuario en Asís, Italia, el Papa Francisco recuerda a la Iglesia su deber de despojarse de la mundanidad y de revestirse de los valores del Evangelio.
En la carta, dirigida al Obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino, Mons. Domenico Sorrentino, el Pontífice bendijo el nuevo Santuario de la Expoliación, que se abrirá a los fieles el próximo 20 de mayo, y valoró el testimonio de San Francisco de Asís como un ejemplo para la Iglesia y el mundo de hoy.
El nuevo Santuario de la Expoliación, en iglesia de Santa María Mayor, pretende recordar el gesto de un joven San Francisco que se despojó de todos sus bienes mundanos para entregarse por entero a Dios y a los demás.
El Papa recuerda en la carta que el ejemplo de San Francisco fue lo que le inspiró a la hora de tomar su nombre en el comienzo de su Pontificado. “Recuerdo bien la emoción de mi primera visita a Asís –señala en referencia al viaje pastoral que realizó en 2013–. Habiendo elegido, como inspiración ideal de mi Pontificado, el nombre de Francisco, la Sala de la Expoliación me hacía revivir con particular intensidad aquel momento de la vida del Santo”.
Además, el Santo Padre reflexionó sobre el significado que aquella Sala, ahora convertida en Santuario, tiene para el mundo de hoy. “En esa habitación resultaba elocuente el testimonio de la escandalosa realidad de un mundo todavía marcado por las diferencias existentes entre un interminable número de pobres, a menudo desprovistos de lo estrictamente necesario, y la minúscula porción de propietarios que poseían la mayor parte de las riquezas y pretendían determinar los destinos de la humanidad”.
“Por desgracia, dos mil años después del anuncio del Evangelio, y después de ocho siglos del testimonio de Francisco, estamos ante un fenómeno de ‘desigualdad global’ y de ‘economía que mata’”.
El Obispo de Roma destacó la gran importancia que el nuevo Santuario tendrá para el conjunto de los creyentes: “El nuevo Santuario de Asís nace como una profecía de una sociedad más justa y solidaria, mientras recuerda a la Iglesia su deber de vivir, como la norma de Francisco, despojándose de la mundanidad y revistiéndose de los valores del Evangelio”. Y recordó las palabras que pronunció durante su visita a Asís en 2013: “Todos estamos llamados a ser pobres, a despojarnos de nosotros mismos”.
En este sentido, destacó la importancia del testimonio en la Nueva Evangelización: “Si en tantas regiones del mundo, tradicionalmente cristianas, se comprueba un alejamiento de la fe, y estamos, por lo tanto, llamados a una nueva evangelización, el secreto de nuestra predicación no podrá radicar tanto en la fuerza de nuestras palabras como en la fascinación por nuestro testimonio sostenido por la gracia”.
El Papa concluye la carta impartiendo su bendición al nuevo Santuario y a los peregrinos que lo visiten.
(ZENIT – Roma) El papa Francisco llegó este martes a Asís proveniente desde Roma poco después de las 11 de la mañana. En una jornada en la que el sol resplandecía, después de tres días de lluvia, el helicóptero aterrizó en el campo deportivo ‘Migaghelli, en Santa María de los Ángeles, donde fue recibido por diversas autoridades religiosas y políticas.
Desde allí se dirigió en auto hasta Asís y una vez en la ciudad medieval saludó a su santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla, junto a un representante musulmán y uno judío; y en el claustro Sixto IV saludó además a muchas personas, en particular a refugiados, migrantes y gente que sufrió la guerra, incluso a una de las familias que Francisco trajo desde la isla griega de Lesbos en su viaje realizado en junio pasado. Estaban también algunos periodistas y personas de la Comunidad de San Egidio, en estos saludos que se extendieron por más una hora.
El encuentro ha sido organizado por San Egidio, la diócesis de Asís y la Familia Franciscana, en ocasión de los 30 años de la histórica jornada de oración interreligiosa querida en 1986 por san Juan Pablo II, en la ciudad de san Francisco de Asís.
A continuación fue el almuerzo común en el refectorio del Sacro Convento, en el que participaron también 12 víctimas de la guerra. Entre ellos Rasha con la hija de siete años, quienes llegaron a Italia gracias a los corredores humanitarios logrados por San Egidio, la Federación de las Iglesias evangélicas y a la Mesa valdense.
También estaban cinco cristianos sirios, de los cuales tres armenios. Una de ellos Tamar, que en la ceremonia de clausura dio testimonio del sufrimiento en la ciudad de Alepo. Otras son nigerianas que huyeron de la violencia de Boko Haram; además de una refugiada de Eritrea, y un joven de Malí que sobrevivió a un terrible viaje en un barco desde Libia a Sicilia.
El menú tuvo como entrada el fiambre bresaola (un crudo hecho de bovino), rúcula y queso mozzarella. Como primer plato se sirvió la especialidad con fideos ‘trofie al pesto’ y fideos con tuco. El segundo plato era pavo con vainitas y hongos asados. Y de postre tarta. Hubo también un buffet kosher para las personas de religión judía.
Durante el almuerzo el profesor Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de san Egidio recordó el XXV aniversario de patriarcado de su santidad Bartolomeo I.
El Papa Francisco dirigió un especial discurso a los participantes en la ciudad italiana de Asís por la Jornada Mundial de Oración por la Paz titulada “Sed de paz, religiones y culturas en diálogo”.
En la plaza San Francisco de Asís el Santo Padre dirigió estas palabras:
Santidades, Ilustres Representantes de las Iglesias, de las Comunidades cristianas y de las Religiones, Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo con gran respeto y afecto, y os agradezco vuestra presencia. Agradezco a la comunidad de Asís y a la Comunidad de San Egidio que han preparado esta jornada. Hemos venido a Asís como peregrinos en busca de paz. Llevamos dentro de nosotros y ponemos ante Dios las esperanzas y las angustias de muchos pueblos y personas. Tenemos sed de paz, queremos ser testigos de la paz, tenemos sobre todo necesidad de orar por la paz, porque la paz es un don de Dios y a nosotros nos corresponde invocarla, acogerla y construirla cada día con su ayuda.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9). Muchos de vosotros habéis recorrido un largo camino para llegar a este lugar bendito. Salir, ponerse en camino, encontrarse juntos, trabajar por la paz: no sólo son movimientos físicos, sino sobre todo del espíritu, son respuestas espirituales concretas para superar la cerrazón abriéndose a Dios y a los hermanos.
Dios nos lo pide, exhortándonos a afrontar la gran enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. Es un virus que paraliza, que vuelve inertes e insensibles, una enfermedad que ataca el centro mismo de la religiosidad, provocando un nuevo y triste paganismo: el paganismo de la indiferencia.
No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz. En muchos países se sufre por las guerras, con frecuencia olvidadas, pero que son siempre causa de sufrimiento y de pobreza. En Lesbos, con el querido Hermano y Patriarca ecuménico Bartolomé, hemos visto en los ojos de los refugiados el dolor de la guerra, la angustia de pueblos sedientos de paz.
Pienso en las familias, cuyas vidas han sido alteradas; en los niños, que en su vida sólo han conocido la violencia; en los ancianos, obligados a abandonar sus tierras: todos ellos tienen una gran sed de paz. No queremos que estas tragedias caigan en el olvido. Juntos deseamos dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados. Ellos saben bien, a menudo mejor que los poderosos, que no hay futuro en la guerra y que la violencia de las armas destruye la alegría de la vida.
Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración. En esta jornada, la sed de paz se ha transformado en una invocación a Dios, para que cesen las guerras, el terrorismo y la violencia. La paz que invocamos desde Asís no es una simple protesta contra la guerra, ni siquiera «el resultado de negociaciones, compromisos políticos o acuerdos económicos, sino resultado de la oración» (JUAN PABLO II, Discurso, Basílica de Santa María de los Ángeles, 27 octubre 1986: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española [2 noviembre 1986, 1]).
Buscamos en Dios, fuente de la comunión, el agua clara de la paz, que anhela la humanidad: ella no puede brotar de los desiertos del orgullo y de los intereses particulares, de las tierras áridas del beneficio a cualquier precio y del comercio de las armas.
Nuestras tradiciones religiosas son diversas. Pero la diferencia no es para nosotros motivo de conflicto, de polémica o de frío desapego. Hoy no hemos orado los unos contra los otros, como por desgracia ha sucedido algunas veces en la historia. Por el contrario, sin sincretismos y sin relativismos, hemos rezado los unos con los otros, los unos por los otros.
San Juan Pablo II dijo en este mismo lugar: «Acaso más que nunca en la historia ha sido puesto en evidencia ante todos el vínculo intrínseco que existe entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz» (ID., Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11). Continuando el camino iniciado hace treinta años en Asís, donde está viva la memoria de aquel hombre de Dios y de paz que fue san Francisco, «reunidos aquí una vez más, afirmamos que quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda» (ID., Discurso a los representantes de las Religiones, Asís, 24 enero 2001), que ninguna forma de violencia representa «la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción» (BENEDICTO XVI, Intervención en la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, Asís, 27 octubre 2011).
No nos cansamos de repetir que nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa y no la guerra. Hoy hemos implorado el don santo de la paz. Hemos orado para que las conciencias se movilicen y defiendan la sacralidad de la vida humana, promuevan la paz entre los pueblos y cuiden la creación, nuestra casa común.
La oración y la colaboración concreta nos ayudan a no quedar encerrados en la lógica del conflicto y a rechazar las actitudes rebeldes de los que sólo saben protestar y enfadarse. La oración y la voluntad de colaborar nos comprometen a buscar una paz verdadera, no ilusoria: no la tranquilidad de quien esquiva las dificultades y mira hacia otro lado, cuando no se tocan sus intereses; no el cinismo de quien se lava las manos cuando los problemas no son suyos; no el enfoque virtual de quien juzga todo y a todos desde el teclado de un ordenador, sin abrir los ojos a las necesidades de los hermanos ni ensuciarse las manos para ayudar a quien tiene necesidad.
Nuestro camino es el de sumergirnos en las situaciones y poner en el primer lugar a los que sufren; el de afrontar los conflictos y sanarlos desde dentro; el de recorrer con coherencia el camino del bien, rechazando los atajos del mal; el de poner en marcha pacientemente procesos de paz, con la ayuda de Dios y con la buena voluntad.
Paz, un hilo de esperanza, que une la tierra con el cielo, una palabra tan sencilla y difícil al mismo tiempo. Paz quiere decir Perdón que, fruto de la conversión y de la oración, nace de dentro y, en nombre de Dios, hace que se puedan sanar las heridas del pasado. Paz significa Acogida, disponibilidad para el diálogo, superación de la cerrazón, que no son estrategias de seguridad, sino puentes sobre el vacío. Paz quiere decir Colaboración, intercambio vivo y concreto con el otro, que es un don y no un problema, un hermano con quien tratar de construir un mundo mejor.
Paz significa Educación: una llamada a aprender cada día el difícil arte de la comunión, a adquirir la cultura del encuentro, purificando la conciencia de toda tentación de violencia y de rigidez, contrarias al nombre de Dios y a la dignidad del hombre.
Aquí, nosotros, unidos y en paz, creemos y esperamos en un mundo fraterno. Deseamos que los hombres y las mujeres de religiones diferentes, allá donde se encuentren, se reúnan y susciten concordia, especialmente donde hay conflictos. Nuestro futuro es el de vivir juntos. Por eso, estamos llamados a liberarnos de las pesadas cargas de la desconfianza, de los fundamentalismos y del odio. Que los creyentes sean artesanos de paz invocando a Dios y trabajando por los hombres.
Y nosotros, como Responsables religiosos, estamos llamados a ser sólidos puentes de diálogo, mediadores creativos de paz. Nos dirigimos también a quienes tienen la más alta responsabilidad al servicio de los pueblos, a los Líderes de las Naciones, para que no se cansen de buscar y promover caminos de paz, mirando más allá de los intereses particulares y del momento: que no quede sin respuesta la llamada de Dios a las conciencias, el grito de paz de los pobres y las buenas esperanzas de las jóvenes generaciones. Aquí, hace treinta años, San Juan Pablo II dijo: «La paz es una cantera abierta a todos y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal» (Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11).
Hermanos y hermanas, asumamos esta responsabilidad, reafirmemos hoy nuestro sí a ser, todos juntos, constructores de la paz que Dios quiere y de la que la humanidad está sedienta.
El papa Francisco invitó a todos a vivir el último día del encuentro de oración por la paz en Asís, el próximo martes 20, como “una Jornada de oración por la paz. La invitación llega después de que el Santo Padre rezó este domingo desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, la oración del ángelus ante la plaza de San Pedro, donde miles de peregrinos y fieles le esperaban.
“El próximo martes iré a Asís para el encuentro de oración por la paz, treinta años después de aquel histórico que convocó san Juan Pablo II” dijo. Y añadió: “Invito a las parroquias, asociaciones eclesiásticas, individualmente a los fieles de todo el mundo para que vivan ese día como una Jornada de oración por la paz”.
Porque, aseguró el Santo Padre, “hoy tenemos necesidad de paz en esta guerra que existe en todas las partes del mundo”.
“Recemos por la paz –pidió el Papa– siguiendo el ejemplo de san Francisco, hombre de fraternidad y de bondad” porque “estamos todos llamados a ofrecer al mundo un fuerte testimonio de nuestro empeño común por la paz y la reconcilación entre los pueblos”. Y concluyó: “Así el martes, todos, unidos en oración. Recemos por la paz”.
El encuentro ‘Sed de paz. Religiones y cultura en diálogo’, que inicia hoy domingo, contará con la presencia de líderes mundiales de 9 religiones, 6 Premio Nobel de la paz, representantes del mundo de la cultura, un grupo de 25 refugiados y el martes con la participación del papa Francisco.
En total serán 511líderes religiosos provenientes desde todo el mundo y unas 12 mil personas podrán seguir los eventos religiosos y las 29 conferencias que se realizarán.
Así 30 años después de la histórica Jornada de Oración por la Paz impulsada por san Juan Pablo II , hombres y mujeres de religiones y culturas diferentes, se reunirán durante 3 días para hablar, confrontarse y orar uno junto al otro en el Espíritu de Asís.