miércoles, 5 de julio de 2017

Oración por los hijos a la Virgen del Perpetuo Socorro


¡Socorre a mis hijos!

¡Madre mía, socorre a mis hijos!
que esta palabra sea el grito de
mi corazón desde la aurora.
¡Oh María! que tu bendición
los acompañe, los guarde, los defienda
los anime, los sostenga en todas
partes y en todas las cosas.
Cuando postrados ante la
presencia del Señor le ofrezcan
sus tributos de alabanza y
oración, cuando le presenten
sus necesidades, o imploren
sus divinas misericorias.
¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando se dirijan al trabajo
donde el deber los llama,
cuando pasen
de una ocupación a otra,
a cada movimiento que ejecuten,
a cada paso que den
y a cada nueva acción.
¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando la prueba venga
a ejercitar su debilísima virtud
y el cáliz del sufrimientose
muestre antes sus ojos,
cuando la Divina Misericordia,
quiera instruirlos y
purificarlos por el sufrimiento.
¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando el infierno
desencadenado contra ellos
se esfuerce en seducirlos
con los atractivos del placer,
las violencias de las tentaciones
y los malos ejemplos.
¡Madre mía socorre y preserva
de todo mal a mis hijos!

Cuando se dirijan a buscar
el remedio de sus males
y la curación de sus heridas
en el Tribunal de la
reconciliación y de la paz
¡Madre mía socorre a mis hijos!

Cuando se acerquen
a la Sagrada Mesa
para alimentarse con el
Pan de los Angeles,
con el Verbo hecho carne
por nosotros
en tus purísimas entrañas.
¡Madre mía bendice a mis hijos!

Cuando en la noche se
dispongan al descanso
a fin de continuar con nuevo fervor
al día siguiente su camino hacia la patria eterna
¡Madre mía bendice a mis hijos!

Que tu bendición, Madre mía,
descienda sobre ellos,
en el día, en la noche,
en el consuelo, en la tristeza,
en el trabajo, en el descanso,
en la salud y en la enfermedad,
en la vida y en la muerte
y que esta no sea repentina,
y por toda una eternidad. Así Sea

(Se rezan tres avemarías).

La Trinidad explicada de modo (bastante) sencillo


Dios Padre es Creador; Dios Hijo Redentor y Dios Espíritu Santificador

¿Cómo has encontrado a Dios como Trinidad? (Exodo 34,4-9; 2 Corinti0s 13,11-13; Juan 3,16-18)
El Nuevo Testamento llama a Dios Trinidad. En la segunda lectura de hoy, por ejemplo, Pablo les ofrece a los corintios su despedida con la bendición de Dios, Jesús y el Espíritu. El Evangelio de Mateo es aún más explícito. Jesús envía a los discípulos a bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.
Esta línea aparece en todas las versiones antiguas del texto y en los primeros textos como el Didache. Otro ejemplo aparece en 1 Pedro 1, 1-2, que contiene una teología explícitamente trinitaria de la salvación. Aunque los detalles tomaron siglos, la naturaleza trinitaria de Dios fue clara para muchos cristianos primitivos.
El Padre era el Creador trascendente, el ser inspirador, tan grande que hasta el borde de su vestido llenaba el Templo en la visión de Isaías 6, 1. Fue él quien llevó a Israel de la esclavitud a la libertad y el que restauró a Israel repetidamente cuando se rebelaron.
El Padre era el “Todopoderoso”, gobernante del cielo y de la tierra, Adonaien las Escrituras hebreas y kyrios entre los judíos que hablaban griego.
El Hijo era Jesucristo, el siervo obediente, glorificado y sentado a la diestra del Padre. Volvería en algún momento futuro para juzgar a los vivos y los muertos. Dentro de una generación de la muerte y resurrección de Jesús, los primeros cristianos también llamaron al Hijo kyrios, viendo en él al “como hijo de hombre” de Dn 7,14 que compartía los atributos del Padre.
El Espíritu era la esencia del Padre, literalmente, su “aliento vital”. Fue este “aliento vital” el que habló a Moisés, resucitó a Jesús de entre los muertos y ahora estaba disponible para cualquiera que recibiera el bautismo. Esta “vida-aliento” es la “vida eterna” del Evangelio de hoy: “Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. El Espíritu debía ser sumergido en el fuego del Sinaí y la pasión de Cristo.
Lo que podría perderse en esta teología elegante es que la Trinidad no actúa sólo para la propia gloria de Dios, sino para formar un pueblo, ya que la Santísima Trinidad es la mejor comunidad.
Que la humanidad había encontrado a Dios en estas tres maneras fue obvio para los primeros cristianos. La pregunta que tomó siglos para resolver fue: “¿Es Dios realmente como esto, o es la debilidad de la mente humana lo que hace que Dios parezca de esta manera?” Con el tiempo, los cristianos llegaron a reconocer que Dios realmente era una Trinidad.
Parafraseando a Atanasio de Alejandría, el Padre es una fuente, el Hijo es el agua y el Espíritu es la bebida que tomamos. Cada uno juega un papel en cada acción divina. También podemos hablar de Dios Padre como Creador; Dios Hijo como Redentor y Dios Espíritu como Santificador.
El creador cósmico terminó de trabajar con el primer hombre y la primera mujer. El Todopoderoso y misericordioso llamó a Moisés para establecer a Israel. El Padre rescató a su Hijo de la muerte y dio a luz a la Iglesia por el don del Espíritu.
Toda la creación se extiende desde una comunidad trinitaria. Para los cristianos, esta es la verdadera naturaleza de la realidad. No hay Dios solitario ni humano sin amigos. El amor que la Trinidad comparte en sí mismo es la legítima herencia de cada persona.
Si la fiesta de hoy enseña cualquier lección, es que el alejamiento es un sacrilegio y una alienación una blasfemia. Cristo atrae a sus discípulos al amor del Padre sólo para enviarlos en el Espíritu para buscar a los perdidos y llamarlos a casa. Por eso la esencia de la Santísima Trinidad es ser misericordia.

Miércoles de la decimotercera semana del tiempo ordinario


Libro de Génesis 21,5.8-20. 

Abraham tenía entonces cien años de edad.
El niño creció y fue destetado, y el día en que lo destetaron, Abraham ofreció un gran banquete.
Sara vio que el hijo de Agar, la egipcia, jugaba con su hijo Isaac.
Entonces dijo a Abraham: "Echa a esa esclava y a su hijo, porque el hijo de esa esclava no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac".
Esto afligió profundamente a Abraham, ya que el otro también era hijo suyo.
Pero Dios le dijo: "No te aflijas por el niño y por tu esclava. Concédele a Sara lo que ella te pide, porque de Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre.
Y en cuanto al hijo de la esclava, yo haré de él una gran nación, porque también es descendiente tuyo".
A la madrugada del día siguiente, Abraham tomó un poco de pan y un odre con agua y se los dio a Agar; se los puso sobre las espaldas, y la despidió junto con el niño. Ella partió y anduvo errante por el desierto de Berseba.
Cuando se acabó el agua que llevaba en el odre, puso al niño debajo de unos arbustos,
y fue a sentarse aparte, a la distancia de un tiro de flecha, pensando: "Al menos no veré morir al niño". Y cuando estuvo sentada aparte, prorrumpió en sollozos.
Dios escuchó la voz del niño, y el Angel de Dios llamó a Agar desde el cielo: "¿Qué te pasa, Agar?", le dijo. "No temas, porque Dios ha oído la voz del niño que está ahí.
Levántate, alza al niño y estréchalo bien en tus brazos, porque yo haré de él una gran nación".
En seguida Dios le abrió los ojos, y ella divisó un pozo de agua. Fue entonces a llenar el odre con agua y dio de beber al niño.
Dios acompañaba al niño y este fue creciendo. Su morada era el desierto, y se convirtió en un arquero experimentado.

Salmo 34(33),7-8.10-11.12-13. 
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.

Teman al Señor, todos sus santos,
porque nada faltará a los que lo temen.
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada.

Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
¿Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices?


Evangelio según San Mateo 8,28-34. 
Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino.
Y comenzaron a gritar: "¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?"
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.
Los demonios suplicaron a Jesús: "Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara".
El les dijo: "Vayan". Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados.
Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

martes, 4 de julio de 2017

¿La letra “T” es una forma insidiosa de propaganda cristiana?

Un investigador estadounidense ha publicado recientemente un artículo impactante sobre los inauditos riesgos a los que se exponen los indonesios de Banda Aceh que consideran convertirse al cristianismo

En la ciudad indonesia de Banda Aceh, algunos estudiantes musulmanes reprochan a su profesor de inglés estadounidense que escriba letras ‘T’ en la pizarra porque, en efecto, están convencidos de que esas ‘T’ representan cruces disimuladamente infiltradas en la pizarra negra con el fin de convertir a los musulmanes al cristianismo.
Las teorías conspiranoicas respecto al cristianismo se multiplican en la región de Aceh. Los fieles del islam radical están del todo convencidos de que existe un gran proyecto de evangelización en Indonesia y temen que una parte de la población se convierta al cristianismo.

El umbral de entrada de la Meca

En el contexto de sus investigaciones sobre las culturas musulmanas, el profesor e investigador estadounidense David Pinault se ha desplazado hasta Aceh, provincia occidental de Indonesia regida por las leyes de la sharía. En la revista Commonweal, describe el día a día de esta ciudad, conocida como “la puerta de entrada a la Meca”.
En este fascinante artículo, David Pinault explica que en la provincia de Aceh, islamizada desde el siglo XIII, se ha impuesto una práctica muy estricta de la sharía. Es la región de Indonesia donde la ley islámica se aplica con más severidad. La flagelación pública se practica todos los viernes, después de la gran oración. Es un castigo infligido a los “blasfemos”. Los juegos de azar, el alcohol y todas las relaciones extraconyugales, en especial las homosexuales, están prohibidas. Las parejas no casadas que se arriesgan a ir de la mano en la calle pueden ser acusadas de ‘khalwat’, es decir, de “proximidad impropia”, y recibir severos castigos.
Según los testimonios de musulmanes reunidos por David Pinault, la flagelación tiene como objetivo principal humillar públicamente a los culpables. La multitud que observa la escena lo graba todo en sus móviles. Sea cual sea la cultura, los castigos públicos siempre encuentran espectadores que asistan a la escena.
En Aceh, todo está permitido en el nombre de la fe. La policía de la sharía, encargada de garantizar el respeto a las leyes coránicas, ejerce una gran presión sobre los habitantes. Esta atmósfera deletérea motiva a algunos a mirar hacia el cristianismo, incluso a convertirse.

Exiliarse u ocultar su religión

Pero eso también tiene un precio, explica el autor del artículo. “La policía de la sharía se interesa especialmente por los individuos sospechosos de convertirse en ‘murtadd’, es decir, en apóstatas. Los raros habitantes de Banda Aceh que, a pesar de todo, se interesan por el cristianismo, solo tienen un conocimiento muy vago. Únicamente las pocas biblias clandestinas o Internet permiten acceder al universo cristiano. Y cuídense aquellos que sean descubiertos en flagrante delito”.
Los jóvenes musulmanes sospechosos de interesarse por el cristianismo son enviados a un centro de reeducación para ser purificados. Los que, a pesar de todo, persisten en este camino se arriesgan a la exclusión social, la flagelación pública e incluso el peligro de muerte. Las zonas rurales son todavía más duras en términos de represión. Por tanto, algunos eligen abandonar la provincia de Aceh y exiliarse en partes del país más tolerantes. Otros escogen esconder su religión. Lejos de regiones del mundo donde los cristianos sufren en masa —en Siria, en Irak o en Egipto—, Indonesia sigue siendo una tierra de testimonio admirable.

Martes de la decimotercera semana del tiempo ordinario


Libro de Génesis 19,15-29. 

Al despuntar el alba, los ángeles instaron a Lot, diciéndole: "¡Vamos! Saca a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seas aniquilado cuando la ciudad reciba su castigo".
Como él no salía de su asombro, los hombres lo tomaron de la mano, lo mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y lo sacaron de la ciudad para ponerlo fuera de peligro, porque el Señor tuvo compasión de él.
Después que lo sacaron, uno de ellos dijo: "Huye, si quieres salvar la vida. No mires hacia atrás, ni te detengas en ningún lugar de la región baja. Escapa a las montañas, para no ser aniquilado".
Lot respondió: "No, por favor, Señor mío.
Tú has sido bondadoso con tu servidor y me has demostrado tu gran misericordia, salvándome la vida. Pero yo no podré huir a las montañas, sin que antes caigan sobre mí la destrucción y la muerte.
Aquí cerca hay una ciudad - es una población insignificante - donde podré refugiarme. Deja que me quede en ella, ya que es tan pequeña, y así estaré a salvo".
Entonces él le respondió: "Voy a complacerte una vez más: no destruiré la ciudad de la que hablas.
Pero apúrate; refúgiate en ella, porque no podré hacer nada hasta que llegues allí". Por eso la ciudad recibió el nombre de Soar, que significa "pequeño poblado".
Cuando el sol comenzó a brillar sobre la tierra, Lot entró en Soar.
Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que descendían del cielo.
Así destruyó esas ciudades y toda la extensión de la región baja, junto con los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
Y como la mujer de Lot miró hacia atrás, quedó convertida en una columna de sal.
A la madrugada del día siguiente, Abraham regresó al lugar donde había estado en la presencia del Señor.
Cuando dirigió su mirada hacia Sodoma, Gomorra y toda la extensión de la región baja, vio un humo que subía de la tierra, como el humo de un horno.
Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la región baja, se acordó de Abraham, librando a Lot de la catástrofe con que arrasó las ciudades donde él había vivido.

Salmo 26(25),2-3.9-10.11-12. 
Examíname, Señor, y pruébame,
sondea hasta lo más íntimo de mi ser;
porque tu amor está siempre ante mis ojos,
y yo camino en tu verdad.

No me incluyas entre los pecadores
ni entre los hombres sanguinarios:
ellos tienen las manos llenas de infamia,
y su derecha está repleta de sobornos.

Yo, en cambio, procedo íntegramente:
líbrame y concédeme tu gracia.
Mis pies están firmes sobre el camino llano,
y en la asamblea bendeciré al Señor.


Evangelio según San Mateo 8,23-27. 
Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: "¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!".
El les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".