sábado, 15 de abril de 2017

La oración de desagravio a Cristo en la cruz que el Papa Francisco rezó en el Via Crucis

Rezo del Via Crucis en el interior del Coliseo de Roma. / Captura CTV

Al finalizar el Via Crucis del Viernes Santo en el Coliseo de Roma, lugar de martirio de los primeros cristianos, el Papa Francisco se dirigió a los presentes y rezó una extensa y sentida oración de desagravio por las ofensas de la humanidad a Cristo en la cruz.
A continuación, el texto completo de la oración:
Oh Cristo, dejado solo y traicionado también por los tuyos. Oh Cristo, juzgado por los pecadores y condenado por los jefes. Oh Cristo, golpeado en tu carne, coronado de espinas, vestido de púrpura. Oh Cristo, atrozmente clavado. Oh Cristo, atravesado por la lanza que ha partido tu corazón. Oh Cristo, muerto y sepultado. Tú que eres el Dios de la vida y de la existencia. Oh Cristo, nuestro único Salvador, volvemos otra vez a ti este año con los ojos bajados de vergüenza y con el corazón lleno de esperanza.
Qué vergüenza por todas las imágenes de devastación y de destrucción, de naufragios, que se han convertido en ordinarias para nosotros. Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente se derrama de mujeres, de niños, de emigrantes, de personas perseguidas por el color de su piel, o por su pertenencia étnica, social o por su fe en ti.
Vergüenza por las demasiadas veces que, como Judas y como Pedro, te hemos vendido y traicionado, y abandonado, para morir por nuestros pecados, escapando como cobardes de nuestras responsabilidades.
Vergüenza por nuestro silencio frente a la injusticia, por nuestras manos vagas para dar y ávidas para quitar y confiscar, por nuestra voz que defiende nuestros intereses y tímida para hablar de los intereses de los otros, por nuestros pies veloces sobre el camino del mal y paralizados sobre el del bien.
Vergüenza por todas las veces que nosotros, obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas, hemos escandalizado y herido tu cuerpo, la Iglesia, y hemos olvidado nuestro primer amor, nuestro primer entusiasmo, nuestra total disponibilidad, dejando arruinado nuestro corazón y nuestra vocación.
Tanta vergüenza, Señor… Pero nuestro corazón también está nostálgico de la esperanza confiada en que tú nos tratas no según nuestros méritos, sino según la abundancia de tu misericordia; que nuestras traiciones no hacen venir a menos la inmensidad de tu amor; que tu corazón materno y paterno no nos olvida por la dureza de nuestras vísceras.
La esperanza segura de que nuestros nombres están escritos en tu corazón y que estamos colocados en la pupila de tus ojos. La esperanza de que tu cruz transforma nuestros corazones endurecidos en corazones de carne capaces de soñar, de perdonar y de amar; que transforma esta tenebrosa noche de tu cruz en alba fulgurante de tu resurrección.
La esperanza de que tu fidelidad no se basa en la nuestra, la esperanza de que la lista de hombres y mujeres fieles a la cruz continua y continuará a vivir fiel como la levadura que da sabor, y como la luz que abre nuevos horizontes en el cuerpo de nuestra humanidad herida.
La esperanza de que tu Iglesia buscará ser la voz que grita en el desierto de la humanidad para preparar el camino de tu regreso triunfal cuando vengas a juzgar a los vivos y a los muertos. La esperanza de que el bien vencerá a pesar de su aparente fracaso.
Señor Jesús, hijo de Dios, víctima inocente de nuestro rescate, delante de tu misterio de muerte y de gloria, ante tu patíbulo nos arrodillamos avergonzados y esperanzados, y te pedimos que nos laves en el lavatorio de la sangre y del agua que brotaron de tu corazón abierto.
Perdona nuestros pecados y nuestras culpas. Te pedimos que te acuerdes de nuestros hermanos arrancados por la indiferencia de la guerra y de la violencia.
Te pedimos romper las cadenas que nos tienen prisioneros en nuestro egoísmo, en nuestra ceguera voluntaria y en la vanidad de nuestros cálculos mundanos.
Oh Cristo, te pedimos que nos enseñes a no avergonzarnos jamás de tu cruz, a no instrumentalizarla, sino que la honremos y la adoremos porque en ella tú nos has manifestado la monstruosidad de nuestros pecados, la grandeza de tu amor, la injusticia de nuestros juicios y la potencia de tu misericordia.

¿Qué se hace el Sábado Santo?



Antes que todo, ¿qué pasó el primer sábado santo?

Aquel sábado los discípulos de Jesús lloraron su muerte. El evangelista San Lucas dice que las mujeres volvieron a casa “y regresando prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según la ley” (Lc23, 56). Y Junto al sepulcro, la guarida romana que habían colocado allí vigilaba el lugar para asegurarse de que nadie robara el cuerpo de Jesús.
¿Qué pasa el sábado Santo de hoy?
Durante el Sábado Santo, entre la muerte de Jesús el viernes y su resurrección el domingo, los cristianos pretendemos tener los mismos sentimientos y las mismas actitudes de sus discípulos y de su madre María.
En consecuencia la Iglesia se acerca con lo sojos de la fe al sepulcro del Señor, meditando en su pasión y su muerte; más concretamente pensando en el significado trascendental de su muerte: la obra de la redención.
El Sábado Santo es un día que tiene unas características peculiares: Hoy la Iglesia se abstiene de celebrar la Eucaristía, y la sagrada comunión sólo se da como viático; no se concede administrar ningún sacramento, a excepción de la unción de los enfermos y del sacramento de la confesión; callan las campanas y los instrumentos musicales; la cruz sin el Cristo sigue entronizada desde el día anterior (ojalá iluminada y adornada con un paño morado); el altar estará despojado; el sagrario quedará abierto y vacío; y las luces de la iglesia apagadas. Junto a la cruz, en un lugar apropiado dentro del mismo presbiterio, se puede exponer a la veneración de los fieles una imagen del Señor en un sepulcro, así como también la imagen de laDolorosa.
Conviene no desfigurar el Sábado Santo con celebraciones inapropiadas (por ejemplo, horas santas). Todo lo que se haga en este día tiene que ser sobrio.
En este día no hay propiamente un culto litúrgico oficial, es un día de meditación y de silencio, se reza en silencio para profundizar y contemplar.
Este es el único día del año en que la Iglesia hace silencio y en silencio espera celebrar, de una manera más consciente, la resurrección del Señor; espera que se manifiesta en un recogimiento interior profundo. Al menos la mañana del sábado se tendría que mantener un ambiente donde haya ausencia de ruido y de dispersión.
Pero que sea el Sábado Santo un día de silencio y vacío, litúrgicamente hablando, no quiere decir que sea un día sin sentido o nulo. En consecuencia no es un día en el que alguien pueda “hoy no hay nada qué hacer” o “aquí no pasa nada”.
El Sábado Santo, como se ha dicho antes, es un día alitúrgico y oficialmente lo único que hace la Iglesia se centra en la Liturgia de las Horas. En este día es recomendable que los párrocos, allá donde sea posible, recen en la mañana con la comunidad las laudes incluyendo el Oficio de lectura. Cuando esto no se puede hacer, podría hacerse alguna celebración de la Palabra o un ejercicio de piedad que ‘ilumine’este día.
En la tarde se puede incluir un acto de oración de carácter mariano (normalmente el sábado es un día mariano) interiorizando el dolor de María cuando veló junto a la cruz de su Hijo. Se pude hacer, por ejemplo, el rezo del “Stabat Mater”, el rezo de los misterios dolorosos del Santo Rosario y/o lecturas, oraciones, cantos relacionados. Enalgunas partes se podrá participar de la procesión de la soledad.
Y la noche del Sábado Santo se fusiona, litúrgicamente hablando, con el domingo de resurrección mediante la solemne Vigilia Pascual;celebración solemnísima del triunfo de Dios y de la vida sobre el pecado y la muerte, tal y como lo anunció Jesús a sus apóstoles antes de entrar aJerusalén.
Finalmente aquí cabe anotar que hasta la reforma litúrgica querida por el Papa Pío XII a mediados del Siglo XX, el Sábado Santo se llamaba Sábado de Gloria, pues la celebración de la Resurrección (la Vigilia Pascual) tenía lugar ya en la mañana del sábado.

En el Sábado Santo esperamos con María

En el Sábado Santo esperamos con María


Hoy es Sábado Santo y es un día de espera. Jesús se encuentra en el sepulcro y es María quien acompaña a la Iglesia.
María es la madre de la paciente espera, aunque está dolida por la  muerte de su hijo. Ella fue la única que mantuvo viva la llama de la fe cuando Cristo fue sepultado.
Según el P. Paniagua en una reflexión sobre el Sábado Santo, muchos de los seguidores de Jesús se desilusionaron porque creían que él iba a ser el Gran Mesías de Israel
Ellos esperaban a un guerrero que los liberara del dominio romano con puño de hierro y un ejército numeroso. Sin embargo, cuando vieron que Cristo se dejó crucificar y murió, quedaron tristes y desilusionados. “Jesús fracasó, volvamos a nuestras tareas ordinarias”, dijeron los discípulos de Emaús. También  los apóstoles estaban con miedo, y se mantenían escondidos.
Incluso las mujeres que estuvieron al pie de la Cruz, van a embalsamar el cuerpo del Señor porque ya lo consideran como a un muerto. Ellas no habían creído en la resurrección de Cristo, y cuando encontraron el sepulcro vacío se llenaron de terror. Y no entienden por qué no está el cuerpo de Jesús y comienzan a dudar de lo que él les había dicho sobre la resurrección. Al aparecerse el ángel , una de ellas le pregunta : ¿ Adónde se han llevado al Señor? Sólo cuando Cristo se les aparece, creen.
María, en cambio, no fue al sepulcro porque había acogido la palabra de Dios en su corazón. Y por ser una mujer de fe profunda, había creído. Por lo tanto, ella no estaba desilusionada, ni asustada, ni desconfiaba. Sino que espera plenamente en la resurrección de su hijo.
Pese de haber visto todo el dolor del día anterior, su fe y su esperanza son mucho más grandes aún. Se mantuvo firme al pie de la cruz, aunque profundamente dolida. En esos momentos lo único que la sostuvo fue la fe. Y también la esperanza de que se cumplirían las promesas de Dios.
Más información:

¿Qué significa que Jesús descendió a los infiernos?

Imagen referencial / Crédito: Pintura de  Raúl Berzosa

En el Sábado Santo celebramos la frase que recitamos en el Credo “Descendió a los Infiernos”, es un día de reflexión y acompañamiento a la Madre de Dios que está a la espera de la resurrección del Hijo.
En su designio de salvación, Dios dispuso que Cristo no solamente “muriese por nuestros pecados” (1 Co 15, 3), sino también que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre alma y cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Ese momento se revive cada Sábado Santo.

Se conoce por las Sagradas Escrituras y la Tradición que Jesús bajó al “Seol” o infierno, donde permanecían las almas de todos los muertos.
En aquel lugar estaban todos los santos y justos que perecieron antes de la muerte de Jesucristo y no tenían cómo llegar al cielo: los patriarcas, los profetas, los reyes, San José, entre otros.
Según la Tradición de la Iglesia, cuando Jesús muere, desciende al infierno y lleva consigo al cielo a todos los que creyeron.
En resumen, el Sábado Santo es una fecha distinta al Jueves y Viernes Santos porque no ocurrieron acontecimientos visibles en la tierra.
Debido que Jesús “ha muerto” se debe guardar silencio en ese día, semejante al duelo cuando perdemos a un ser querido. También es tiempo de espera de la Resurrección de Cristo durante la primera parte del día.
No te pierdas nuestro especial de Semana Santa.

5 pequeñas oraciones para disminuir el estrés y tener paz


Si tienes ansiedad, intenta recitar estas oraciones para dejar tu mente tranquila

No importa cómo está tu vida, todos necesitamos respirar profundamente e intentar acordarnos de que hay cosas en la vida que no podemos controlar. Es mejor concentrarse en lo que sí podemos controlar: como la paz interior. Al trabajar las características de nuestros propios corazones y mentes, seremos más capaces de ayudarnos a nosotros mismos, a nuestra familia y a nuestros amigos.
Muchas personas creen que la oración es una manera eficaz de hacerlo. La oración y la meditación pueden ser buenas para tu salud, especialmente cuando se trata de reducir la presión arterial. Estar físicamente bien puede proporcionarte algo de paz en un momento difícil. Así que, concéntrate y reza.
Aquí van cinco oraciones que pueden reducir tu estrés y que esperamos que te traigan un poco de esa paz que estás buscando.

Oración de la Paz de San Francisco

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.

Oración para superar las dificuldades de la vida

Oh Señor, te invocamos en este tiempo de sufrimiento, 
danos la fuerza y la voluntad de llevar nuestras pesadas cargas,

hasta que podamos volver a sentir el calor y el amor de 
tu compasión divina. Míranos y ten misericordia 
de nosotros que luchamos para comprender las dificultades de la vida.

Mantennos siempre contigo, hasta que podamos caminar nuevamente con 
corazones de luz y espíritu renovado.

Oración para la paz de la mente

Dios Todopoderoso, te damos gracias por nuestras vidas, por tu gran misericordia y la gracia que recibimos. Te damos gracias por tu  fidelidad, aunque nosotros no te hayamos sido fieles. Señor Jesús, te pedimos que nos des toda la paz posible a nuestra mente, cuerpo, alma y espíritu. Queremos que cures y quites todo lo que está causando estrés, dolor y tristeza en nuestras vidas.
Por favor, guía nuestro camino a través de la vida y que nuestros enemigos estén en paz con los demás. Venga tu reinado de paz a nuestra familia, a nuestro lugar de trabajo y a todo lo que esté en nuestras manos.
Que tus ángeles de paz vayan por delante de nosotros cuando salimos y permanezcan a nuestro lado cuando volvamos.
En nombre de Jesús, Amén.

Salmo 31,1-6

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.

Salmo 121

Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Él no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
No, no duerme ni dormita
él guardián de Israel.
El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
Él te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.