jueves, 23 de marzo de 2017

Cristo es la Eucaristía: ¿esto es real o simbólico?


El Magisterio, basándose en la Escritura y la Tradición, asegura que lo que tenemos sobre el altar y después nos comemos es en verdad el cuerpo y la sangre de Cristo

En la Escritura, la Tradición y el Magisterio se toca de manera especialísima el tema de la Eucaristía.
 
La Iglesia siempre ha creído y siempre creerá, porque así lo dice la Escritura, la Tradición y el Magisterio, que después de las palabras del sacerdote "esto es mi cuerpo…" y "esta es mi sangre…", lo que tenemos sobre el altar es en verdad el cuerpo y la sangre de Jesús.
 
1. La Eucaristía en la Escritura

Jesús instituyó la Eucaristía al decir: “Haced esto es memoria mía” (Lc 22,19). Con estas palabras, Jesús quiso dar a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho: convertir el pan y el vino en su cuerpo y sangre.
 
Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesús que, por ser Dios, lo puede todo. Y  los discípulos que oyeron sus palabras las entendieron de modo real, no metafórico.
 
Por eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos, escandalizados, le abandonaron diciendo: “Esto es inaceptable”. Les sonaba a antropofagia. Si lo hubieran entendido de manera simbólica no se hubieran escandalizado.

Ahora bien, Jesús también dijo de sí mismo: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35). Cuando Jesús ha dicho que es ‘el pan de vida’, lo ha dicho de manera diferente a cuando dijo también de sí mismo: “Yo soy la puerta”.
 
Es obvio que al hablar de “puerta”, habla simbólicamente, pero no así al hablar de “pan de vida”, pues según san Pablo es comunión con el cuerpo de Cristo (1 Cor 10, 16).
 
Y el mismo Jesús, lo confirma al decir: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (Jn 6, 56).  El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro.

Tengamos en cuenta que las palabras de Jesús tienen poder, significan realmente lo que expresan. Cuando le dijo al paralítico “levántate y anda”, el paralítico sale caminando, pues eso es lo que le dijo Jesús. No es un modo de hablar, por ejemplo, para darle o levantarle el ánimo.
 
Lo mismo en la Eucaristía cuando dice “esto es mi cuerpo” y “hagan esto en memoria mía”. Sus palabras realizan lo que expresan.

¿Y con qué fin pide Jesús a sus apóstoles que hagan lo que Él hizo?
 
· Para que la Iglesia ofrezca estos dones al Padre y así ofrecerle lo mejor que tiene
 
· Para quedarse Jesús mismo corporalmente en la Iglesia por Él fundada y así ayudarnos más que si su presencia fuera meramente espiritual
 
· Para alimentar nuestras almas para la vida eterna y para perpetuar su sacrificio en la cruz con sus efectos redentores; en la misa se hace presente la obra de la redención.

¿Por qué en la Iglesia se celebra la misa?
 
La Eucaristía se celebra en la Iglesia en un acto de obediencia al Señor. Jesús quiso dejar a la Iglesia un sacramento que perpetuase el sacrificio de su muerte en la cruz.
 
Por esto, antes de comenzar su pasión, reunido con sus apóstoles en la última cena, instituyó el sacramento de la Eucaristía, convirtiendo pan y vino en su mismo cuerpo vivo, y se lo dio a comer; hizo participes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.

2. La Tradición
Este mensaje escuchado por boca de Jesús, vivido, meditado y transmitido oralmente por los Apóstoles, se llama Tradición Apostólica.
“Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía’. De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía’. Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor” (1 Cor 11,23-27).
Lo que san Pablo recibe del Señor, lo transmite y manda que se mantenga en el tiempo.
San Pablo es claro al afirmar que la presencia de Jesús en la eucaristía es real y no aparente; en caso contrario no hubiera dicho: “Quien come y bebe sin discernir el cuerpo del Señor, come y bebe su propio castigo” (1 Cor 11, 29). 
 
Si la presencia eucarística fuera sólo simbólica, estas palabras del Apóstol San Pablo serían excesivas.
 
No es lo mismo romper la fotografía de una persona que golpearla. La eucaristía no es una fotografía hoy de lo que pasó el Jueves Santo; es exactamente lo mismo. Es por esto que las interpretaciones simbólicas o alegóricas de  los no católicos o protestantes son inadmisibles.

La Iglesia ha reconocido siempre, que la Santa Misa es un memorial de la Pasión y Muerte de Cristo. Esto no significa que no haya presencia realde Cristo. La Eucaristía es un sacramento y un memorial.
 
Y el hecho de que Cristo haya dicho "este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre; haced esto en memoria mía" es muy real, son palabras reales que producen una realidad; ¿cómo se pretende pues asegurar que las palabras de Jesús se deban entender en sentido ‘simbólico’?
 
Las palabras de Dios son creadoras. Una persona como nosotros sí podría decir, por ejemplo, a los demás antes de morir: Si me aman preparen un pastel y me recuerdan; pero la persona estará ausente, en ese pastel no está la persona. Con Jesús es otra cosa, Jesús no es una persona cualquiera, es Dios.

Memorial no es sólo referente a la memoria, sino que también significa, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, un documento que testifica la verdad de un acontecimiento.
La Eucaristía hace parte de la Tradición que se ha transmitido a lo largo de la historia.
 
Cuando hablamos de la Tradición nos referimos a todo aquello que proviene de Cristo y los apóstoles pero también de las tradiciones de las que también se habla en la Biblia y se ordenan mantener:
 
"Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido" (1 Corintios 11,2). 
 
“Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros de viva voz o por carta" (2 Tesalonicenses 2,15).

"La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los apóstoles y transmite lo que estos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Nuevo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva” (Catecismo de la Iglesia, 83).
 
Antes de la redacción de los evangelios ya se celebraba la eucaristía; es más: inmediatamente después de la resurrección del Señor.

3. Magisterio de la Iglesia
 
La Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia.
 
Ahora bien el oficio de interpretar correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia. Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo.
 
Este Magisterio, según la Tradición Apostólica, por tanto, es una prerrogativa de los obispos en comunión con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa.

El Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente.

“Aquí estoy”, te dice jesús desde el sagrario. (un bello testimonio)



Me agrada visitar a Jesús sorpresivamente los domingos en la madrugada. Son las 5:00 a.m. y allí estoy, sorprendiendolo.  Es como si me dijera: “Eh Claudio, a esta hora ¿no duermes?” Y le respondo: “He querido estar contigo”.
Son momentos irrepetibles los que vives en su presencia.
Siempre me he sentido tranquilo cuando estoy al lado de mi buen amigo Jesús.  Me basta estar allí, en su dulce presencia, y recordar lo que hizo por mí.
Es mi mejor amigo, desde que era un niño.
Al crecer me alejé un poco, pero estoy de vuelta, más resuelto a buscarlo, a seguir el camino que nos mostró. Y vivir el Evangelio. Perdonar. Amar. Dar más de mí.
Cuando llego a verlo en aquella capilla suelo decirle: “Aquí estoy Jesús”. Y es como si me respondiera desde el sagrario: “Aquí estoy, Claudio”.
Esta mañana le dije: “Creo, pero aumenta mi pobre fe”.
Necesito tener más fe. Creer de verdad. Confiar en su Palabra y sus promesas.
Qué diferente sería mi vida si confiara plenamente en Él.
Cuando eres una persona como yo, necesitas tener presencia de Dios, para poder continuar cada día. Por eso, en medio de las más grandes tentaciones me digo: “Si pierdo la gracia, lo pierdo todo”. 
Valoro  muchísimo “la  gracia” porque me permite mostrarle a Jesús mi alma, sin miedos, sin temores, sin  tener que ocultarme por mis pecados.
A veces antes de ir a verlo, sintiéndome indigno, sucio, me confieso con un sacerdote.
Me sonrío porque es como si el buen Jesús me dijera: “Cada vez me cuestas más Claudio”. Y es que todos somos pecadores Todos caemos en algún momento de nuestras vidas. Es aquí cuando recuerdo las sabias palabras de un sacerdote amigo quien me dijo: “Tranquilo. Santo no es el que nunca cae sino el que siempre se levanta”.
Hoy te recordé. Siempre te pido que le mandes mis saludos cuando lo visitas. Hice un video corto para ti. Estábamos Jesús y yo y me pareció una buena idea compartir contigo ese maravilloso momento.
Podrás verlo haciendo CLIC AQUÍ.
A menudo pienso en la capilla de las Siervas de María, frente a mi casa, en Colón. Cuando era niño vivíamos del otro lado de la calle. Me bastaba asomarme por la ventana para saludar a Jesús. Le sabía en aquél sagrario, no tenía la menor duda. Allí estaba Jesús y era mi amigo. ¡Eso era estupendo! Pronto iré a verlo en Colón. Necesito revivir esos días, cuando éramos Jesús y yo, los grandes amigos.

Jueves de la tercera semana de Cuaresma


Libro de Jeremías 7,23-28. 

Así habla el Señor:
Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien.
Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante.
Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día.
Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres.
Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán.
Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".

Salmo 95(94),1-2.6-7.8-9. 
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.»



Evangelio según San Lucas 11,14-23. 
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Cómo nació el precepto de abstenerse de carne en los Viernes de Cuaresma?



Los teólogos Bormolini y Gentili responden a una lectora: xerofagia, razones éticas e higiene alimentaria

En la Cuaresma, el ayuno es uno de los temas recurrentes. Nos escribe una lectora: “¿Alguien me sabe explicar el motivo de la abstinencia de carne? Pero no documentando la respuesta con escritos oficiales eclesiales (que se encuentran fácilmente en internet)… sino explicándome el por qué de esta prohibición. Cómo nació. El motivo inicial”. 
 
El ayuno existe desde tiempos inmemorables en todas las tradiciones, como principal instrumento para acompañar a la oración. En todo tiempo y lugar el ser humano ha adoptado el ayuno como arte religioso, para purificarse a nivel físico, mental y espiritual.
 
Y desde bien pronto, se advierte también que la alimentación influye en esta purificación. De hecho, la medicina desde la Antigüedad relacionaba el consumo de determinados alimentos con los problemas de salud: en especial, la de carne.  Lo cierto es que ambos preceptos, el del ayuno y el de la abstinencia de la carne, han ido siempre de la mano.
 
Ya en la Grecia antigua se atribuía al ayuno y la abstinencia de ciertos alimentos el valor de purificación de las cosas terrenas. Una herencia cultural de la que participarían los cristianos. Para los sabios de la Antigüedad, la alimentación debía ser sobria y de alimentos secos (xerofagia), y se relacionaba el consumo de carne con el libertinaje.
 
El ayuno cuaresmal como tal se instituyó en el siglo IV, pero ya era practicado con anterioridad, como afirma el propio Pablo en sus cartas. En los primeros siglos de la cristiandad no había uniformidad en las prescripciones cuaresmales. Por ejemplo, en Siria estaba prohibido también el pescado. En otras iglesias, incluso los derivados animales: leche, huevos, queso…. Incluso todo tipo de grasa, por ejemplo el aceite.
 
Según algunos autores antiguos, como san Juan Clímaco, había que evitar los alimentos que tienen grasa y que dan calorías, y consumir sólo aquellos que sacian y que facilitan la digestión. ¿Por qué? El padre Bormolini explica que la digestión de los alimentos grasos es más difícil para el cuerpo y afecta también a nivel psíquico, aumentando la agitación de la mente y la producción incontrolada de pensamientos que impiden a la mente “concentrarse” en la oración.
 
Otra razón, aducida por Antonio Gentili, autor de un estudio sobre el ayuno religioso, es que matar a los animales “comporta un acto de violencia, que las diferentes culturas tendían a disciplinar”.
 
Otros muchos expertos aducen razones de higiene alimentaria, pues los alimentos de origen animal son más susceptibles (sobre todo antiguamente) de contaminación, enfermedad y toxicidad.
 
Cabe decir además que la abstinencia de carne no es algo propio de la religión cristiana: Las culturas orientales, como por ejemplo la india, suelen ser más rígidas aún en cuanto a este tipo de prohibiciones, respecto de los cristianos.

Miércoles de la tercera semana de Cuaresma


Deuteronomio 4,1.5-9. 

Moisés habló al pueblo, diciendo:
"Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres.
Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión.
Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oir todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!".
¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos?.
¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?.
Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos."

Salmo 147,12-13.15-16.19-20. 
¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.

Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente;
reparte la nieve como lana
y esparce la escarcha como ceniza.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.



Evangelio según San Mateo 5,17-19. 
Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»