martes, 20 de septiembre de 2016

Discurso del Papa en Asís por la Jornada Mundial de Oración por la paz

 El Papa Francisco dirigió un especial discurso a los participantes en la ciudad italiana de Asís por la Jornada Mundial de Oración por la Paz titulada “Sed de paz, religiones y culturas en diálogo”.
En la plaza San Francisco de Asís el Santo Padre dirigió estas palabras:
Santidades, Ilustres Representantes de las Iglesias, de las Comunidades cristianas y de las Religiones, Queridos hermanos y hermanas:
Os saludo con gran respeto y afecto, y os agradezco vuestra presencia. Agradezco a la comunidad de Asís y a la Comunidad de San Egidio que han preparado esta jornada. Hemos venido a Asís como peregrinos en busca de paz. Llevamos dentro de nosotros y ponemos ante Dios las esperanzas y las angustias de muchos pueblos y personas. Tenemos sed de paz, queremos ser testigos de la paz, tenemos sobre todo necesidad de orar por la paz, porque la paz es un don de Dios y a nosotros nos corresponde invocarla, acogerla y construirla cada día con su ayuda.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9). Muchos de vosotros habéis recorrido un largo camino para llegar a este lugar bendito. Salir, ponerse en camino, encontrarse juntos, trabajar por la paz: no sólo son movimientos físicos, sino sobre todo del espíritu, son respuestas espirituales concretas para superar la cerrazón abriéndose a Dios y a los hermanos.
Dios nos lo pide, exhortándonos a afrontar la gran enfermedad de nuestro tiempo: la indiferencia. Es un virus que paraliza, que vuelve inertes e insensibles, una enfermedad que ataca el centro mismo de la religiosidad, provocando un nuevo y triste paganismo: el paganismo de la indiferencia.
No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz. En muchos países se sufre por las guerras, con frecuencia olvidadas, pero que son siempre causa de sufrimiento y de pobreza. En Lesbos, con el querido Hermano y Patriarca ecuménico Bartolomé, hemos visto en los ojos de los refugiados el dolor de la guerra, la angustia de pueblos sedientos de paz.
Pienso en las familias, cuyas vidas han sido alteradas; en los niños, que en su vida sólo han conocido la violencia; en los ancianos, obligados a abandonar sus tierras: todos ellos tienen una gran sed de paz. No queremos que estas tragedias caigan en el olvido. Juntos deseamos dar voz a los que sufren, a los que no tienen voz y no son escuchados. Ellos saben bien, a menudo mejor que los poderosos, que no hay futuro en la guerra y que la violencia de las armas destruye la alegría de la vida.
Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración. En esta jornada, la sed de paz se ha transformado en una invocación a Dios, para que cesen las guerras, el terrorismo y la violencia. La paz que invocamos desde Asís no es una simple protesta contra la guerra, ni siquiera «el resultado de negociaciones, compromisos políticos o acuerdos económicos, sino resultado de la oración» (JUAN PABLO II, Discurso, Basílica de Santa María de los Ángeles, 27 octubre 1986: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española [2 noviembre 1986, 1]).
Buscamos en Dios, fuente de la comunión, el agua clara de la paz, que anhela la humanidad: ella no puede brotar de los desiertos del orgullo y de los intereses particulares, de las tierras áridas del beneficio a cualquier precio y del comercio de las armas.
Nuestras tradiciones religiosas son diversas. Pero la diferencia no es para nosotros motivo de conflicto, de polémica o de frío desapego. Hoy no hemos orado los unos contra los otros, como por desgracia ha sucedido algunas veces en la historia. Por el contrario, sin sincretismos y sin relativismos, hemos rezado los unos con los otros, los unos por los otros.
San Juan Pablo II dijo en este mismo lugar: «Acaso más que nunca en la historia ha sido puesto en evidencia ante todos el vínculo intrínseco que existe entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz» (ID., Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11). Continuando el camino iniciado hace treinta años en Asís, donde está viva la memoria de aquel hombre de Dios y de paz que fue san Francisco, «reunidos aquí una vez más, afirmamos que quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda» (ID., Discurso a los representantes de las Religiones, Asís, 24 enero 2001), que ninguna forma de violencia representa «la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción» (BENEDICTO XVI, Intervención en la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, Asís, 27 octubre 2011).
No nos cansamos de repetir que nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa y no la guerra. Hoy hemos implorado el don santo de la paz. Hemos orado para que las conciencias se movilicen y defiendan la sacralidad de la vida humana, promuevan la paz entre los pueblos y cuiden la creación, nuestra casa común.
La oración y la colaboración concreta nos ayudan a no quedar encerrados en la lógica del conflicto y a rechazar las actitudes rebeldes de los que sólo saben protestar y enfadarse. La oración y la voluntad de colaborar nos comprometen a buscar una paz verdadera, no ilusoria: no la tranquilidad de quien esquiva las dificultades y mira hacia otro lado, cuando no se tocan sus intereses; no el cinismo de quien se lava las manos cuando los problemas no son suyos; no el enfoque virtual de quien juzga todo y a todos desde el teclado de un ordenador, sin abrir los ojos a las necesidades de los hermanos ni ensuciarse las manos para ayudar a quien tiene necesidad.
Nuestro camino es el de sumergirnos en las situaciones y poner en el primer lugar a los que sufren; el de afrontar los conflictos y sanarlos desde dentro; el de recorrer con coherencia el camino del bien, rechazando los atajos del mal; el de poner en marcha pacientemente procesos de paz, con la ayuda de Dios y con la buena voluntad.
Paz, un hilo de esperanza, que une la tierra con el cielo, una palabra tan sencilla y difícil al mismo tiempo. Paz quiere decir Perdón que, fruto de la conversión y de la oración, nace de dentro y, en nombre de Dios, hace que se puedan sanar las heridas del pasado. Paz significa Acogida, disponibilidad para el diálogo, superación de la cerrazón, que no son estrategias de seguridad, sino puentes sobre el vacío. Paz quiere decir Colaboración, intercambio vivo y concreto con el otro, que es un don y no un problema, un hermano con quien tratar de construir un mundo mejor.
Paz significa Educación: una llamada a aprender cada día el difícil arte de la comunión, a adquirir la cultura del encuentro, purificando la conciencia de toda tentación de violencia y de rigidez, contrarias al nombre de Dios y a la dignidad del hombre.
Aquí, nosotros, unidos y en paz, creemos y esperamos en un mundo fraterno. Deseamos que los hombres y las mujeres de religiones diferentes, allá donde se encuentren, se reúnan y susciten concordia, especialmente donde hay conflictos. Nuestro futuro es el de vivir juntos. Por eso, estamos llamados a liberarnos de las pesadas cargas de la desconfianza, de los fundamentalismos y del odio. Que los creyentes sean artesanos de paz invocando a Dios y trabajando por los hombres.
Y nosotros, como Responsables religiosos, estamos llamados a ser sólidos puentes de diálogo, mediadores creativos de paz. Nos dirigimos también a quienes tienen la más alta responsabilidad al servicio de los pueblos, a los Líderes de las Naciones, para que no se cansen de buscar y promover caminos de paz, mirando más allá de los intereses particulares y del momento: que no quede sin respuesta la llamada de Dios a las conciencias, el grito de paz de los pobres y las buenas esperanzas de las jóvenes generaciones. Aquí, hace treinta años, San Juan Pablo II dijo: «La paz es una cantera abierta a todos y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal» (Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11).
Hermanos y hermanas, asumamos esta responsabilidad, reafirmemos hoy nuestro sí a ser, todos juntos, constructores de la paz que Dios quiere y de la que la humanidad está sedienta.



Martes de la vigésima qunita semana del tiempo ordinario


Libro de los Proverbios 21,1-6.10-13. 

El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor: él lo dirige hacia donde quiere.
Al hombre le parece que todo su camino es recto, pero el Señor pesa los corazones.
Practicar la justicia y el derecho agrada al Señor más que los sacrificios.
Los ojos altaneros, el corazón arrogante, la luz de los malvados: todo eso es pecado.
Los proyectos del hombre laborioso son pura ganancia, el que se precipita acaba en la indigencia.
Tesoros adquiridos con engaños son ilusión fugaz de los que buscan la muerte.
El alma del malvado desea el mal, él no se apiada de su prójimo.
El simple se hace sabio cuando se castiga al insolente, y asimila la ciencia cuando se instruye al sabio.
El justo observa la casa del malvado, y precipita en la desgracia a los malos.
El que cierra los oídos al clamor del débil llamará y no se le responderá.



Salmo 119(118),1.27.30.34.35.44. 
Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,

Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.

Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.

Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.

Condúceme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella tengo puesta mi alegría.

Yo cumpliré fielmente tu ley:
lo haré siempre, eternamente.





Evangelio según San Lucas 8,19-21. 
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud.
Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican". 

lunes, 19 de septiembre de 2016

Se repite milagro de licuefacción de la sangre de San Genaro en su día




Este lunes 19 de septiembre se repitió el milagro de San Genaro, Obispo y santo patrón de Nápoles, al licuarse su sangre en el día de su fiesta y martirio a las 10:38 a.m., hora de Italia.
Una gran multitud de fieles, que desde las primeras horas del día concurrió la Catedral de la ciudad y la plaza, saludó el anuncio del milagro con un caluroso aplauso.
El Arzobispo de Nápoles, Cardenal Crescenzio Sepe, levantó el relicario que contiene la sangre del santo del siglo III mientras se agitaba un tradicional pañuelo blanco.
Las ampollas permanecerán a la vista en la Catedral durante varios días antes de ser devuelto a una bóveda en la capilla del tesoro de la catedral.
La sangre seca de San Genaro se conserva en dos ampollas de vidrio y se licua tradicionalmente tres veces al año: el primer domingo de mayo, el 19 de septiembre, fiesta del Santo y el 16 de diciembre. La Iglesia dice que el milagro sucede gracias a la dedicación y las oraciones de los fieles.
El milagro consiste en que la masa de sangre reseca rojiza, adherida a un lado de la ampolla, se convierte en sangre completamente líquida tras el paso de varios minutos, llegando a cubrir todo el vidrio.
El proceso de licuefacción a veces toma horas, incluso días o en ocasiones no sucede en absoluto. En los días en que no se produce el milagro, los fieles locales interpretan que podría haber un desastre.
El 21 de marzo del 2015, mientras el Papa Francisco daba algunos consejos a los religiosos, sacerdotes y seminaristas de Nápoles, tambiénocurrió el milagro de San Genaro y la sangre se licuó.
Antes de aquel suceso, la última vez que el milagro ocurrió con un Pontífice fue en 1848 con Pío IX. No había sucedido cuando Juan Pablo II y Benedicto XVI visitaron la ciudad en octubre de 1979 y en el mismo mes en 2007, respectivamente.

“El mundo está cansado de mentirosos, de sacerdotes a la moda, de defensores de cruzadas” Palabras del papa Francisco a obispos recién nombrados


Pope Francis during his weekly general audience on February 24, 2016 at St Peter's square in Vatican.



“No se trata de atraer a sí mismos. El mundo está cansado de encantadores mentirosos, de sacerdotes y obispos a la moda. La gente “huele” y se aleja cuando reconoce los narcisistas, manipuladores, defensores de sus causas, los subastadores de cruzadas vanas”, dijo el papa Francisco a los nuevos obispos este 16 de septiembre en la Sala Clementina del Vaticano.
“Traten de satisfacer a Dios, que Él ya se presenta incluso antes de que ustedes lleguen”, insistió el Pontífice al recibir en audiencia a los participantes del curso anual de formación para nuevos obispos organizado conjuntamente por la Congregación para los Obispos y por la Congregación para las Iglesias Orientales.
De igual manera, invitó a los obispos a ser capaces de encantar y atraer a Jesús con una misión marcada por la misericordia, “la única fuerza capaz de seducir y atraer y retener el corazón humano”.
“Incluso en la última hora el ladrón se dejó llevar por el Aquel en el que “se encuentra sólo el bien” (cf. Lc 23,41)”. En detalle, el ladrón, al ver a Jesús en la Cruz saliendo de sí mismo, se dejó conmover por ese “amor que no había conocido antes y sin embargo fluía ¡libre y abundantemente!”.
“Un Dios lejano e indiferente se puede pasar por alto, pero no se resiste fácilmente a un Dios tan cercano y por otra parte herido por amor”, dijo.
“La bondad, la belleza, la verdad, el amor, el bien: esto es lo que podemos ofrecer a este mundo mendigo, aunque sea en cuencos medio rotos”, continuó.
Y advirtió que no se trata de atraer a los fieles a sí mismos, de manera ególatra, y que “el mundo está cansado de los mentirosos que encantan”.
Sólo quien se hace pequeño ante el Señor, puede experimentar la grandeza de su misericordia“, se lee en la cuenta de @Pontifex en Twitter.
Reformar el cuestionario para nombrar a los nuevos obispos 
Precisamente, el papa Francisco la semana pasada debatió con los cardenales del llamado C9 -el consejo de prelados que lo ayudan en la reforma de la Curia romana y en el gobierno de la Iglesia universal- el procedimiento para nombrar a los nuevos obispos.
Actualmente, el cuestionario es utilizado por las nunciaturas para informarse interrogando a eclesiásticos y laicos sobre la idoneidad del candidato.
Este cuestionario podría ser modificado para evaluar si el aspirante obedece al llamado de ser un “pastor con olor a oveja”, como ya suscribe la doctrina de la Iglesia.
En términos más técnicos, el C9 ha pedido al Papa reformar el cuestionario agregando elementos de evaluación –se diría- más “pastorales”, espirituales y cercanos al Evangelio reconocidos por los testigos que llenan el cuestionario.
Sin embargo, estos cambios se alinean con los documentos más recientes del magisterio de la Iglesia que describen las características necesarias para los que guían una diócesis, o sea, los obispos.
Los cambios del cuestionario ayudarían especialmente a descubrir nuevos elementos de análisis en la voz de las personas interrogadas para elegir al pastor de una diócesis.
Francisco, desde su elección en el conclave de 2013, ha nombrado una serie de obispos con experiencia pastoral, o con un perfil más de párroco que de “príncipe”, como había advertido en la audiencia de este miércoles. Una hoja de vida pastoral que refleja la misión de obispo en medio de su pueblo, para confirmarlo en la fe y que camina a su lado.
El cuestionario para elegir a los nuevos obispos será revisado por tres congregaciones implicadas en los nombramientos episcopales: la Congregación de las Iglesias Orientales, Propaganda Fide y la Congregación para los Obispos.

Lunes de la vigésima qunita semana del tiempo ordinario


Libro de los Proverbios 3,27-34. 

No niegues un beneficio al que lo necesite, siempre que esté en tus manos hacerlo.
No digas a tu prójimo: "Vuelve después, mañana te daré", si tienes con qué ayudarlo.
No trames el mal contra tu prójimo, mientras vive confiado junto a ti.
No litigues con un hombre sin motivo, si no te ha causado ningún mal.
No envidies al hombre violento ni elijas ninguno de sus caminos.
Porque el hombre perverso es abominable para el Señor, y él reserva su intimidad para los rectos.
La maldición del Señor está en la casa del malvado, pero él bendice la morada de los justos.
El se burla de los insolentes y concede su favor a los humildes.



Salmo 15(14),2-3.4.5. 
El que procede rectamente
y practica la justicia;
el que dice la verdad de corazón
y no calumnia con su lengua.

El que no hace mal a su prójimo
ni agravia a su vecino,
el que no estima a quien Dios reprueba
y honra a los que temen al Señor.

El que no se retracta de lo que juró,
aunque salga perjudicado;
el que no presta su dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así, nunca vacilará.



Evangelio según San Lucas 8,16-18. 
Jesús dijo a la gente:
"No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".