viernes, 16 de septiembre de 2016

Viernes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario


Carta I de San Pablo a los Corintios 15,12-20. 

Hermanos:
Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan?
¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó!
Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de ustedes.
Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.
en consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre.
Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.
Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.



Salmo 17(16),1.6-7.8b.15. 
Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad.

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha.

Escóndeme a la sombra de tus alas.
Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia.





Evangelio según San Lucas 8,1-3. 
Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El Papa en Sta. Marta: ‘María nos cuida, nos defiende y no se avergüenza de nosotros’ En la homilía de este jueves, el Santo Padre recuerda que los cristianos no somos huérfanos porque “tenemos una Madre, la misma de Jesús” y “un Padre, el mismo que Jesús”


Francisco en Santa Marta

En el día que la Iglesia celebra la memoria de la Virgen de los Dolores, el Santo Padre ha asegurado que en un “mundo que sufre la crisis de una gran orfandad” tenemos una Madre que nos acompaña y nos defiende. 
El Evangelio del día hace referencia al Calvario, cuando todos los discípulos han huido, menos Juan y algunas mujeres. A los pies de la Cruz está María, la Madre de Jesús: todos miraban diciendo “esa es la madre de este delincuente. Esta es la madre de este subversivo”. 
El Santo Padre ha observado que “María escuchaba estas cosas” y “sufría humillaciones terribles”. Y también escuchaba a los grandes, algunos sacerdotes, que ella respetaba porque eran sacerdotes. “María tenía un gran sufrimiento, pero no se fue. No renegó de su Hijo, era su carne”, ha precisado el Santo Padre. 
Al respecto, el Pontífice ha recordado cuando en Buenos Aires se dirigía a las cárceles a visitar a los detenidos y veía siempre una fila de mujeres que esperaban para entrar. “Eran madres. Pero no se avergonzaban: su carne estaba allí dentro”, ha observado. Y estas mujeres –ha precisado– sufrían no solo la vergüenza de estar allí, sino también las humillaciones más feas en los controles que les hacían antes de entrar. Jesús –ha proseguido Francisco– ha prometido no dejarnos huérfanos y en la Cruz nos dona a su Madre como nuestra Madre. 
Asimismo, el Santo Padre ha recordado que “nosotros cristianos tenemos una Madre, la misma de Jesús; tenemos un Padre, el mismo que Jesús. No somos huérfanos”. Y Ella –ha añadido Francisco– nos da a luz en ese momento con mucho dolor: es realmente un martirio. “Con el corazón atravesado, acepta dar a luz a todos nosotros en ese momento de dolor. Y desde ese momento Ella se convierte en nuestra Madre, desde ese momento Ella es nuestra Madre, la que cuida de nosotros y no se avergüenza de nosotros: nos defiende”. 
Por otro lado, el Papa ha explicado que los místicos rusos de los primeros siglos aconsejaban refugiarse bajo el manto de la Madre de Dios en el momento de las turbulencias espirituales. “Allí no puede entrar el demonio. Porque Ella es Madre y como Madre defiende”, ha precisado. 
Finalmente, el Pontífice ha indicado que “en un mundo que podemos llamar ‘huérfano’ en este mundo que sufre la crisis de una gran orfandad, quizá nuestra ayuda es decir ‘Mira a tu Madre’”. Francisco ha asegurado que “tenemos una que nos defiende, nos enseña, nos acompaña; que no se avergüenza de nuestros pecados. No se avergüenza porque ella es Madre”. 
Que el Espíritu Santo –ha concluido– este amigo, este compañero de camino, este Paráclito abogado que el Señor nos ha enviado, nos haga entender este misterio tan grande de la maternidad de María.

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores


Carta a los Hebreos 5,7-9. 

Hermanos:
Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.
Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer.
De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,



Salmo 31(30),2-3a.3bc-4.5-6.15-16.20. 
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.

Sé para mí una roca protectora,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen.
¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.




Evangelio según San Juan 19,25-27. 
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿Te atreves? Un día “hacerlo todo” para gloria de Dios.


hacedlo todo para gloria de Dios

Hay frases que escuchas a menudo y no les prestas atención. De pronto las oyes un día y sientes como que es “la primera vez”. Te parece novedosa, increíble. Le encuentras un significado que te sorprende.
Así me ocurrió recientemente.
Terminó la misa y el coro cantó esta hermosa canción de despedida que repetía una y otra vez:
“Háganlo todo para gloria de Dios”.
Saqué mi pequeña libreta del bolsillo de la camisa y lo anoté.
En mi casa lo primero que hice fue buscarla en la Biblia. Y la encontré.
 “Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. (1 Cor, 10, 31)
Me gustaría vivir esta palabra. Y salir mañana a la calle con una propuesta diferente, hacerlo todo para gloria de Dios.
No más pisar el portón de mi casa, sé que empezarán las dificultades.
¿Podré lograrlo?
Son las once de la noche. Me siento optimista y feliz.
Un poco de humildad y confianza en la voluntad de Dios, me caerán bien.
Cuánta belleza en estas palabras:
“Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. (1 Cor, 10, 31)
Me ha ocurrido que salgo de la casa pensando en hacer una buena obra y termino haciendo lo contrario.  Me sonrío al pensar que no bastan las buenas intenciones. Es muy cierto aquello que leímos:
“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos”. (Mateo 7, 16 -17)
Si lo hiciera todo por amor, para la gloria de Dios, daría buenos frutos. Pero hasta ahora, no he dado frutos maduros.
¿Cómo poder hacerlo todo para gloria de Dios? He allí el reto para un alma que busca al Padre.
Mañana será un nuevo día. En otro blog te contaré cómo me fue.
¿Te animarías también a intentarlo? Seremos dos o tres, en esta gran aventura.
Vivir un día diferente, en el que daremos gloria a Dios con nuestros actos, palabras, y pensamientos. Ser un reflejo de su Amor en todas nuestras actividades. Hacerlo todo por amor.
“Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. (1 Cor, 10, 31)
¡Qué maravillosa oportunidad!

FIESTAS 'DEL CRISTO CON CRISTO'

La Laguna amanecía este miércoles 14 de septiembre, Fiesta de la Exaltación de la Cruz, con un cielo encapotado que dejaba caer una fina lluvia. Sin embargo, todo se disponía para celebrar con normalidad los actos previstos en el día principal de las fiestas en honor al Santísimo Cristo de La Laguna. Y así fue. A las 10:15 horas ya no llovía e incluso se dejaban entrever algunos rayos de sol. En ese momento daba comienzo el disparo de las tradicionales Salvas a la salida del pendón de la ciudad desde las Casas Consistoriales, para proceder a su traslado a la Catedral.
La procesión cívico-militar  llegaba a las puertas del templo poco antes de las 11:00 horas. Allí el obispo recibió a la representación oficial de la casa Real que ostentó en esta ocasión la presidenta del Parlamento de Canarias, Carolina Darias.
En la Santa Misa, cantada por el coro del Orfeón La Paz, se encontraban, entre otros asistentes, el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo; el presidente del Cabildo Insular, Carlos Alonso, el alcalde de La Laguna, José Alberto Díaz, así como diversas autoridades civiles y militares.
El obispo Bernardo Álvarez comenzó la Eucaristía expresando que “celebramos las fiestas del Cristo con Cristo”. La predicación, como ocurriera a lo largo del Quinario, corrió a cargo del Obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla quien comenzó su homilía haciendo una pregunta retórica: “¿Por qué es tan popular esta fiesta de la cruz?”, se interrogó el prelado. “No es precisamente la cruz algo atractivo. Tal vez sea porque su misterio ilumina una realidad ineludible de nuestra vida, que es el sufrimiento. ¿Quién hay en esta catedral que no viva de una forma u otra, el sufrimiento?”. 
Para contestar a estas cuestiones, monseñor Munilla recordó que hemos sido creados con un deseo de plenitud, de felicidad y que esta vocación a la felicidad se puede conjugar con la aceptación del sufrimiento. “Quien identifique a la felicidad con el bienestar se equivoca. Pero quien identifique la felicidad con una vocación a la verdad y al amor, comprobará que no hay contradicción en la expresión: “Yo sufro, pero a pesar de eso, soy feliz”.
El prelado de San Sebastián continuó indicando la respuesta que da Dios al sufrimiento. “La respuesta tiene dos travesaños, uno horizontal y otro vertical. Se trata de la cruz de Cristo”. Refiriéndose en primer lugar al travesaño vertical de la cruz, monseñor Munilla señaló que es ahí donde vemos el signo de la solidaridad con el hombre. “Dios no mira el sufrimiento del ser humano desde lejos, sino que él ha querido participar, compartir nuestro sufrimiento. La cruz nos muestra un corazón de Dios que es capaz de hermanarse con nosotros y con nuestro sufrimiento”.
Por otro lado, haciendo referencia al travesaño horizontal de la cruz de Cristo, argumentó que éste es imagen de nuestra solidaridad con los demás. “Cuántas veces habéis venido a encender una vela al Cristo, a orarle, y os habéis dado cuenta que la persona que teníais al lado estaba derramando profundas lágrimas. En ese momento ya no sólo le hablamos a Cristo de lo mío, sino del sufrimiento de los demás. El sufrimiento de Cristo me saca de mi yo egocéntrico, de esa percepción de la vida como si solo existiera yo”.
En otro momento de su homilía, monseñor Munilla expresó que la cruz no viene sola, sino que en ella vemos al Espíritu de Dios. “Ese espíritu la hace ligera. Él no solo nos ayuda a cargar, sino que nos invita a abrazar, a amar la cruz. La crudeza de la cruz no estriba únicamente en el tamaño ni en el peso. Hay quien puede llevar grandes cruces con un espíritu admirable y, a otros, una cruz pequeña puede hundirles. Cuando amamos la cruz, Dios nos permite vivir nuestra cruz como una cruz sin cruz. Por la fuerza de su espíritu”.
El predicador de este año de la festividad del Cristo, indicó - además-  que estamos llamados a realizar la experiencia de la gratuidad. “Cristo donó un perdón gratuito en la cruz. Lo que más nos hace sufrir en esta vida es nuestro odio autodestructivo. No aceptar nuestras limitaciones nos lleva a hacer una lectura de la vida en la que buscamos culpables fuera de nosotros. Sin embargo, la cruz es un lugar donde debemos hacer experiencia de esa gratuidad. La salvación es un regalo gratuito que solo se puede acoger humildemente. En el don de la gratuidad todo es gracia”.
Por último, José Ignacio Munilla sostuvo que la cruz de Cristo es reveladora del misterio de la redención en el que estamos llamados a adentrarnos. “La cruz en este mundo  ha pasado de ser consecuencia del pecado, a ser remedio del pecado. El valor de la cruz no estriba en el sufrimiento en sí mismo. Lo que nos salva es la ofrenda que Cristo ha hecho al Padre. El hecho de que se haya identificado con nuestra condición de sufrientes y haya hecho ofrenda del sufrimiento del mundo al Padre. Nos ha redimido la obediencia de Cristo expresada en su sangre derramada”. En este sentido, el obispo de San Sebastián recordó unas palabras de San Pío de Pietrelcina para concluir su homilía: “La cruz es la bandera de los elegidos. No nos separemos de ella y, junto a María, al pie de la cruz, cantaremos victoria en la batalla de la vida”.
Terminada la celebración, tuvo lugar la solemne procesión de retorno.
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- HOMILÍA DEL OBISPO DE SAN SEBASTIÁN, JOSÉ IGNACIO MUNILLA: