miércoles, 20 de abril de 2016

¡Sí se puede! Esperanza entre los escombros en Ecuador El terremoto deja más de 400 muertos pero también conmovedoras historias

“Hace algunos años, en los estadios de fútbol del país, se gritaba: ‘Sí, se puede’. Ahora toca gritarlo en medio de los escombros… Con la ayuda de Dios y la solidaridad de todos, saldremos adelante. Ese es el grito de nuestro pueblo”.
Así finaliza una carta abierta de Julio Parrilla, obispo de Riobamba, Ecuador, escrita tras el terremoto de 7.8 en la escala Richter que padeció el sábado el país y dejó hasta el momento un saldo de 413 muertos y más de 2.000 heridos.
Entre las víctimas de la catástrofe hubo personas de diferentes condiciones, entre ellas un grupo de mujeres que habían decidido entregar su vida a Dios. Eran seis religiosas de las Siervas del Hogar de la Madre.
El terremoto provocó el derrumbe del edificio que las albergaba (instalaciones del Colegio Sagrada Familia) en la localidad de Playaprieta y generó que las hermanas que se encontraban en el interior quedaran bajo los escombros.
Se trataba de Estela Morales (40 años, España), Therésè Ryan (36 años, Irlanda), Merly Alcybar (34 años, Ecuador) y Clare Crockett (33 años, Irlanda del Norte). También siete jóvenes postulantes, de origen ecuatoriano: Jazmina, Mayra, M Augusta, Valeria, Catalina, Guadalupe y Mercedes.
Las hermanas de esta comunidad, además del trabajo en el colegio, realizan a diario una importante labor humanitaria y de evangelización, que se había multiplicado en los días precedentes al seísmo a causa de las fuertes inundaciones que habían ya devastado la zona dejando a numerosas familias en una situación de total desprotección.
“He visto a las hermanas, con sus sonrisas de siempre, pero se nota que están agotadas de tanto trabajar”, contó un amigo de la comunidad días antes del terremoto, según reproduce un  comunicado difundido por la  comunidad. Al ser periodo estival en Ecuador no había alumnos en el recinto.
Una de las hermanas, Therésè, fue rescatada en medio de los escombros con un tobillo fracturado y diversas contusiones.
Quien comandó el improvisado equipo de rescate junto a algunos vecinos fue Estela, superiora de la comunidad, que a pesar de haber quedado también debajo de los escombros se salvó.
En el momento del temblor corrió rápidamente hacia la capilla del lugar para salvar las hostias consagradas. Una vez ahí todo se derrumbó.
Los voluntarios también lograron escuchar debajo de los escombros a las hermanas Merly, a Guadalupe y a Mercedes. Su rescate costó bastante, sufrieron diferentes heridas, fueron trasladadas al hospital y con el paso de las horas finalmente fueron dadas de alta.
Sin embargo, aún faltaban otras debajo de los escombros: la hermana Clare y cinco postulantes: Jazmina, Mayra, M Augusta, Valeria, Catalina, cuyos cuerpos fueron rescatados a las pocas horas sin vida.
¡Saldremos adelante!
Por estas horas el pueblo ecuatoriano corre una carrera a contrarreloj tratando de rescatar a la mayor cantidad de gente posible que quedó, al igual que las religiosas, debajo de los escombros.
Las autoridades confirmaron este lunes que el número de víctimas ascendió a 350 y el de heridos a más de 2.500. Luego, las  cifras siguieron en aumento y hay más de 400 muertos.
“Reconstrucción y esperanza” son dos palabras que se transformaron en motivo de aliento para no desfallecer ante la tragedia.
En ese sentido, por ejemplo, una menor fue rescatada con vida tras más de 20 horas de quedar atrapada entre los restos de un edificio en el municipio de Pedernales.
Por otro lado, Parrilla emitió una carta abierta sobre la tragedia e hizo referencia a la solidaridad en momentos de tanto dolor.
“Pasado el momento álgido del desastre, todo el mundo participa y trata de dar una respuesta. Emociona el ver a tanta gente movilizada. Todo el mundo quiere hacer algo, aunque no se sepa bien qué es lo más urgente. Poco a poco, la solidaridad entrará por los cauces de una mayor racionalidad y organización. En países como el nuestro la capacidad de reacción es siempre lenta y deslavazada, pero el alma ecuatoriana está ahí presente, compartiendo dolores y necesidades”, expresó.
“La Iglesia trata de hacer su parte, acompañando al pueblo. Este es nuestro signo distintivo: acompañar, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte”.
“En estos dos escasos días (ayer, domingo, la gente copaba las iglesias) hemos repetido insistentemente que hay que fomentar cuatro actitudes: confianza en Dios, que no abandona a su pueblo, unidad, manos a la obra y oración”.
“Son esos momentos en que las diferencias y los colores políticos, sociales o económicos quedan relativizados y diluidos en medio de la tragedia. Es el momento de sentirnos hermanos, amigos y compañeros. Es el momento en el que Dios nos quiere humildes, resistentes, solidarios y fraternos. Es el momento de sembrar esperanza”, prosiguió.
“La emoción por el dolor es sustituida por la emoción de colaborar y de hacer todo lo posible por sacar el país adelante”, añadió el obispo, quien culminó haciendo referencia al famoso grito: ¡Sí se puede!

Milagro eucarístico en Polonia aprobado por obispo A veces al poner una “hostia sangrante” bajo el microscopio y tras someterla a diferentes pruebas se descubre que es tejido cardiaco humano


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Sí, a veces una supuesta “hostia sangrante” no demuestra ser más que moho rojo del pan, después de ser debidamente examinada.
Pero hay veces en las que al poner una “hostia sangrante” bajo el microscopio y tras someterla a diferentes pruebas, se descubre que es tejido cardiaco humano.
En 2013, en Polonia, se demostró que una hostia sangrante era precisamente eso, según anunciaba ayer 17 de abril el obispo Zbigniew Kiernikowski, de la diócesis de Legnica:
“El 25 de diciembre de 2013, durante la distribución de la Sagrada Comunión, una hostia consagrada cayó al suelo y luego fue recogida y depositada en un recipiente lleno de agua (vasculum). Poco después, aparecieron manchas de color rojo. El antiguo obispo de Legnica, Stefan Cichy, estableció una comisión para observar el fenómeno. En febrero de 2014, se separó un pequeño fragmento rojo de la hostia y fue depositado en un corporal. La Comisión ordenó la extracción de muestras para conducir análisis rigurosos por institutos de investigación relevantes.
En el anuncio final del Departamento de Medicina Forense, se lee lo siguiente:
En la imagen histopatológica, se ha descubierto que los fragmentos de tejido contienen partes fragmentadas de músculo estriado transversal. (…) El conjunto (…) se asemeja en gran medida al músculo cardiaco con las alteraciones que aparecen frecuentemente durante la agonía. Los estudios genéticos indican el origen humano del tejido.
En enero de este año presenté la cuestión al completo a la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano. Hoy, según recomendaciones de la Santa Sede, ordené al vicario parroquial Andrzej Ziombro que preparara un lugar adecuado para la exposición de la reliquia, de forma que los fieles pudieran manifestar su adoración de forma apropiada”.
Un maravilloso regalo para Polonia y para los muchos peregrinos que se dirigirán a este país, ya sea por la Jornada Mundial de la Juventud o por iniciativa personal, en este Año de la Misericordia.

¿Qué significan los escalones de la entrada del templo y del presbiterio? Responden a una necesidad práctica, pero podrían esconder profundos simbolismos

No hay norma eclesial que indique la obligatoriedad o la necesidad de construir escaleras para entrar a un templo sólo para responder a alguna razón litúrgica, como si estas tuvieran alguna simbología teológica o espiritual.
El que haya o no escaleras a la entrada de una iglesia dependerá del terreno y/o a la manera de dar acceso a la iglesia.
Para entrar a las iglesias hay escaleras de muchos escalones hacia arriba (por ejemplo la iglesia de Santa María in Aracoeli en Roma que tiene 124 escalones), hay otras iglesias con escaleras cuyos escalones bajan y hay iglesias que no tienen escaleras para entrar a ellas.
Muy pocos son los elementos presentes en la arquitectura litúrgica que no contengan una simbología teológica; uno de estos son las escaleras. Dependerá del criterio del constructor y/o del arquitecto el dar o no intencionalmente algún significado o simbolismo a algún elemento arquitectónico.
En todo caso, y en el ámbito secular, las escaleras se relacionan con el punto que une lo alto con lo bajo, lo superior con lo inferior, permitiendo la elevación, dando idea de progreso, de avance, de superación.
Las escaleras también podrían evocar la idea del movimiento, del fluir. Simbolizarían dinamismo y por tanto la lucha de vida.
En el ámbito teológico se le podría dar también a las escaleras, a nivel subjetivo, alguna lectura simbólica:
A. Las escaleras hacia arriba para dar acceso a una iglesia podrían simbolizar:
1. El gesto de ascender de la realidad terrena a la realidad sobrenatural para entrar en contacto con Dios.
2. La Santísima Trinidad, si son tres los escalones.
3. La unión entre la tierra y el cielo o el intercambio entre lo terrenal y lo celestial.
4. El esfuerzo ascético necesario, siempre en forma gradual y paulatina, para entrar en la presencia de Dios.
5. El abajamiento de Jesús en la encarnación para venir al encuentro con la humanidad; y el subirlas como un gesto de querernos encontrar con Él por el camino.
6. La subida del hombre hacia el Reino de Dios, como un viaje que emprende de manera progresiva, escalón tras escalón, venciendo los obstáculos que se presentan a cada paso.
7. Y en el mejor de los casos quiere evocar la escalera de Jacob, prefiguración del mismo Jesucristo. Jesús el Señor es el cumplimiento de esa visión que Jacob tuvo. (Génesis 28, 12-14). Jesús mismo lo confirma: “Y le dijo: En verdad, en verdad os digo, que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre (Jn 1, 51)”. La escalera por la cual las personas pueden tener acceso y confianza al trono de la gracia de Dios se llama Jesucristo Dios-Hombre. La escalera de Jacob es aquella en la cual toda comunicación y toda bendición espiritual es posible por medio de Jesucristo, quien ha unido al cielo con la tierra. Él es el único que nos puede hacer subir al cielo, porque Él es quien descendió del cielo. El es la escalera al cielo para restablecer la buena y verdadera comunión con Dios.
B. Las escaleras hacia abajo para entrar a alguna iglesia podrían simbolizar:
1. El gesto de humildad necesario para entrar en la presencia de Dios.
2. El gesto que nos permite identificarnos con Jesucristo en su abajamiento.
3. Los tres días que Jesús pasó muerto (resucitó al tercer día).
4. Nuestra finitud, el recordar nuestra condición mortal, es bajar al seno de la tierra.
En los bautisterios paleocristianos el bautismo se llevaba a cabo por inmersión para lo cual se utilizaban dos escaleras: una para bajar (humildad) y entrar al agua para recibir el bautismo, y la otra, en el lado opuesto, dejando atrás el hombre viejo para subir simbolizando el hombre nuevo, resucitado.
Con respecto al acceso al presbiterio pues las escaleras (con más o menos escalones) responden a una necesidad práctica pues “el presbiterio deberá distinguirse de la nave de la Iglesia, por hallarse en un plano más elevado, o por su particular estructura y ornato” (La Instrucción General del Misal Romano, 258).
El presbiterio es un lugar litúrgico generalmente espacioso y suele estar delimitado por escalones, que facilitan que los fieles puedan seguir fácilmente la acción litúrgica.

EL CARDENAL BLÁZQUEZ "La incertidumbre puede dejar heridas en la convivencia"



El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Monseñor Ricardo Blázquez, ha expresado hoy la preocupación de los obispos por la situación de "incertidumbre" política que vive España y ha alertado de que esta situación "tan difícil y prolongada" puede dejar "heridas en la convivencia social".

Así lo ha señalado en el discurso inaugural de la CVII Asamblea Plenaria de la CEE en el que ha dedicado un capítulo a analizar la actual situación política después de más de tres meses desde las elecciones generales y que lleva por título "En la encrucijada política".

El arzobispo de Valladolid reconoce que los "inéditos" resultados electorales hacen "particularmente complicada" la tarea de formar Gobierno y para ello es preciso "un ejercicio de diálogo y generosidad entre los partidos políticos".

Sin embargo, el presidente de la CEE observa que "abundan las descalificaciones personales y los insultos que nunca son razones" y advierte de que la "desacreditación mutua hace imposible una reflexión serena sobre los problemas básicos y las tareas pendientes".

"Con las hipótesis diversas y de hondo calado, nos hallamos como ante una encrucijada", afirma el cardenal Blázquez, que pide a los responsables de la gestión de los resultados electorales que prevalezca claramente el bien común sobre los intereses particulares porque "esta situación tan difícil y prolongada puede dejar unas heridas en la convivencia social".

¿Cómo tocar con fe a Dios en la oración? Nuestra propia enfermedad debe ser presentada con fe y esperanza

La oración es acercarse a Jesús con humildad y tocarlo desde la fe. La oración llena de fe es “la debilidad” de Dios y la fuerza del hombre. Jesús no se resiste a hacer milagros cuando percibe una gran fe. No basta con tocar a Jesús, sino tocarlo con fe y experimentar cómo muchas virtudes, gracias, salen de Él para curar nuestro corazón y cuerpo.
“Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre. Jesús dijo: ¿Quién me ha tocado? Como todos negasen, dijo Pedro: Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen. Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí. Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada. Él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz”. (Lc 8,43-48)
Nuestra propia enfermedad debe ser presentada con fe y esperanza
La mujer hemorroisa sufría desde hacía 12 años esta enfermedad. No había encontrado remedio, se había gastado todo en doctores. Sólo le quedaba una esperanza, ese Jesús del que toda la gente hablaba. Debido a su enfermedad era impura y todo lo que tocase automáticamente se convertía en impuro. Vivía en una soledad total, separada de la sociedad, de su familia, 12 años queriendo “volver a vivir”. Esta soledad, necesidad de vivir, de ser alguien, hizo que sin temor se acercase a Jesús. Percibía en Él alguien que podría devolverle la vida, que podría dar sentido a esta enfermedad y poder ser curada.
En la oración nos presentamos también enfermos, débiles, con temores, resistencias, profundas heridas que todavía sangran. Con facilidad buscamos en el mundo diversos “doctores” que nos puedan curar, distracciones, pasatiempos que en el fondo nos dejan igual y nos vamos desgastando.
En la oración nos presentamos conscientes de esta debilidad, pero a la vez llenos de fe porque estamos ante el único que nos puede curar de raíz, el que puede devolvernos la vida, dar un sentido profundo y nuevo a nuestra existencia, a nuestra soledad. Este acto de fe y confianza son los pasos necesarios para llegar hasta el Maestro: “Creo en ti Señor, espero en tu amor, confío en ti, quiero amarte para vivir”. Presentamos nuestra vida ante Él, nuestra debilidad, enfermedad, con fe y confianza para que Él nos cure.
Acercarse a Jesús con humildad, con la mirada siempre fija en su Amor y ternura
Con gran fe, se acercó a Jesús por detrás, y con delicadeza, consciente de su impureza, se atrevió a tocarle con fe la orla de su manto.
Cuando hay fe y amor, la oración se convierte en un buscar el bien de la otra Persona: acogerle, cuidarlo, amarlo. Esto es lo que hace la hemorroisa. No piensa en sí misma. No quiere “molestar” al Señor: con humildad se acerca por detrás y busca tocar tan sólo el borde de su manto. Esto sería suficiente.
La fe no busca evidencia, no quiere tocar a toda costa, palpar como lo hizo Santo Tomás. Basta con un detalle, un gesto cercano y tierno. Es un decirle a Jesús: “no te quiero molestar, sé que me amas y con tocarte el borde del manto, te darás cuenta que te necesito, que estoy aquí, que te amo y que quiero poderte abrazar… pero soy impura, mi alma es impura, necesito que tu amor me purifique y me haga digna de Ti”.
Así la hemorroisa buscando el bien de Jesús, el no “hacerle” impuro, logra su propio bien. La oración es buscar al otro para encontrarse con el otro. Es dejarse encontrar buscando. Es rozar su Corazón para encontrase dentro de él.
La fe mueve el Corazón de Jesús y fija su mirada en la humildad
La mujer queda curada al instante. Jesús no espera a que la mujer le diga qué necesita. Así es el Buen Pastor, conoce a sus ovejas, nos conoce y sabe lo que necesitamos incluso antes de que se lo pidamos. Por eso, muchas veces la oración es ponerse en su presencia, quizás experimentando un silencio que no es indiferencia por parte de Jesús, sino un querer expresar ternura, contemplar a su creatura tan amada y admirarla con amor.
Jesús estaba siendo oprimido por la multitud, sin embargo, sintió que una virtud salía de Él y gritó: « ¿Quién me ha tocado? » Los discípulos, asombrados, no entienden esta pregunta. Decenas de personas están agolpadas, se empujan y estrujan a Jesús y sólo una “le ha tocado”, aquella que apenas ha rozado el borde de su manto.
Aquí Jesús nos dice con claridad que tocarle es amarle, es tener la humildad de confiar en Él, de tratarle con ternura y fe. De acercarse a Él como un niño a su Padre y estar, sí, estar junto a Él. Muchos estaban más cerca que la mujer, pero no tenían fe, era quizás más bien curiosidad, rutina.
La oración nunca puede ser curiosidad o rutina. No es una actividad para llenarme de ideas o repetir fórmulas aprendidas de memoria. Esto sería como empujar y estrujar a Jesús, como aquel grupo que lo seguía. No, esta mujer nos enseña que para tocar a Jesús hay que tener fe, hay que acudir con confianza, presentarse con humildad y tener ternura hacia Dios. ¡Ah!, y sobre todo, hay que dejarse querer por el Maestro que nos conoce, nos espera y al instante nos abraza con amor.
Queremos tocarte Jesús. Ayúdanos Señor a tocarte con fe.
Por P. Guillermo Serra, LC Artículo originalmente publicado por la-oracion.com