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martes, 23 de mayo de 2017

Así fue la peregrinación del Papa a Fátima A Fátima, para mostrar la auténtica devoción mariana.



Fue un viaje fugaz, de apenas 23 horas. Un peregrinaje de esperanza y paz, tras los pasos de Francisco y Jacinta. El Papa llegó a Fátima para hacer lo mismo que los pastorcitos: encontrarse con la «bella señora», 100 años después de sus apariciones en la Cova da Iria, un valle ubicado en el corazón de Portugal. Así, Francisco reforzó una de las cartas fuertes de su pontificado: la religiosidad popular. Pero dejó también un mensaje claro: la Virgen no es una máquina de conceder deseos, con una varita mágica para conceder «gracias baratas»
Una visita apostólica dedicada solo al santuario mariano, no a todo el país. Una decisión voluntaria, explicada por el Pontífice la vigilia de su viaje, en un mensaje a todos los portugueses: «Sé que me querríais también en vuestras casas y comunidades, en vuestros pueblos y ciudades: la invitación me llegó. No es necesario que os diga que me habría gustado aceptarla, pero no puedo».
Originalmente el Papa tenía pensado programar un viaje de apenas unas horas, pero cambió de opinión cuando le explicaron que la bendición con las candelas, prevista para la tarde-noche del 12 de mayo, era parte de las celebraciones del centenario de las apariciones. Por eso, el Vaticano programó el despegue del avión papal para las 14 horas romanas de ese día.
La mañana de ese viernes, mientras Francisco cumplía su tradicional visita a la Virgen patrona de la capital italiana en la basílica de Santa María la Mayor, los periodistas miraban las previsiones meteorológicas que anticipaban mal tiempo e intensas lluvias en Fátima, como había ocurrido toda la semana. Ya en el aeropuerto de Fiumicino, listos para embarcar en el avión papal, corrió el rumor de que los organizadores tenían ya listo como plan B desviar el vehículo hacia Lisboa en caso de no poder aterrizar en Monte Real, a 40 kilómetros del santuario.
Esa opción no fue necesaria, porque repentinamente el clima mejoró ya desde el primer momento en que el Papa pisó suelo portugués. No volvió a llover y, al contrario, el cielo ofreció un espectáculo despejado y de intenso azul la mañana del sábado 13 de mayo, durante la Misa de canonización de los pastorcitos. Tanto sorprendió ese detalle que los periodistas de la comitiva papal bromeaban indicando la hipótesis de un nuevo «milagro del sol».
Francisco aterrizó en Portugal pasadas las 16:35 horas. Fue recibido al pie del avión por el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa. En su país lo consideran un «político a lo Francisco», sencillo y de abrazo fácil. No hubo discursos de bienvenida, solo honores militares y presentación de las delegaciones. Después, una breve audiencia privada, durante la cual el líder católico obsequió al mandatario con un mosaico que representa las apariciones de la Virgen. Luego se trasladó hasta una capilla cercana, donde encontró algunos enfermos y oficiales de esa base militar.
Foto: CNS
Una de las grandes fotos del viaje quedó estampada poco más tarde cuando, a bordo de un helicóptero, el Papa pudo admirar, a lo lejos, a la multitud congregada en la explanada del santuario mariano. Una incontable mancha humana que abrazó durante horas la diminuta localidad, donde viven poco más de 11.000 personas. Pero en esos días llegó a recibir decenas de veces su población. Arribaron de toda Europa y más allá, cargando sus penas y sus angustias. En caravanas, en autobuses, con tiendas de campaña y a pie. Un flujo continuo de fe popular, casi inexplicable.
Un obispo vestido de blanco
Fueron pocos los actos que presidió Jorge Mario Bergoglio ante esa multitud. Es más, la mayoría los condujo en medio de los fieles, como uno más. Su primera parada fue la visita a la capillita de las apariciones. Allí depositó un ramo de flores ante la imagen de la virgen tallada en cedro del Brasil. Una estatuilla de 1,1 metros de altura, de un blanco marmóreo y celestial sonrisa. El Papa estuvo seis minutos en silencio meditativo ante ella, a unos pasos de la original capilla construida en 1919 sobre el lugar exacto donde, dos años antes, la Virgen había hablado a los pastores niños Lucía (10), Francisco (8) y Jacinta (7).
Tras la meditación, rezó una oración en portugués en la cual se presentó como el «obispo vestido de blanco». Una clara evocación al tercer secreto de Fátima que habla de un hombre de blanco que cae muerto por flechas y balas. Esta referencia despertó, por esas horas, un sinfín de especulaciones sobre la vigencia de las profecías de la Virgen. Pero todo quedó claro cuando el mismo Francisco explicó, en el viaje de regreso a Roma, que ese texto no lo había escrito él sino el santuario.
Terminado aquel momento, Francisco se dirigió a la casa Nossa Senhora do Carmo para reposar y cenar. Mientras tanto, entre la muchedumbre esperaban numerosos fieles venezolanos que viajaron al santuario con la esperanza de un milagro de María: paz y libertad para su país. Porque Fátima, para muchos, es una Virgen anticomunista, por el contexto de sus apariciones en 1917.
Venerar a la Virgen auténtica
El mensaje más profundo de Bergoglio durante la visita no fue la canonización de los pastorcitos, la mañana del sábado 13, sino su discurso aquella noche, ante el fascinante espectáculo de esa extendida explanada iluminada por decenas de miles de velas. En su discurso, pronunciado de nuevo en portugués, advirtió que para ser verdaderos cristianos es obligatorio ser marianos.
Foto: CNS
Pero luego cuestionó: ¿De qué María son peregrinos? ¿Qué imagen fueron a visitar a Fátima? Respondió con nuevas interrogantes: ¿Una maestra de vida espiritual, o una señora inalcanzable, inimitable? ¿La bienaventurada que creyó siempre y en todo momento en la Palabra, o una «santita», «a la que se acude para conseguir gracias baratas»? ¿La Virgen del Evangelio, o una María cuyo retrato depende más bien de las «sensibilidades subjetivas», que es tomada como la que para el «brazo justiciero de Dios listo para castigar, considerado como juez implacable» y, entonces, resulta más misericordiosa que Jesús?
Así, advirtió, se comete una «gran injusticia contra Dios y su gracia» cuando se afirma siempre primero que los pecados son castigados y se olvida, o deja en segundo plano, que son perdonados por la misericordia. «Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz», explicó. Por eso instó a dejar de lado cualquier clase de miedo y temor, porque son sentimientos propios de quien no se siente amado.
Las palabras del Papa Francisco parecieron orientaciones muy precisas sobre la auténtica devoción mariana. No una devoción que, basada en secretos y profecías, se sirve del miedo para imponer la fe, sino una devoción libre, que ve en la Virgen María una madre amorosa y protectora.
«Dios nos ayuda»
La canonización de los pastorcitos, Francisco y Jacinta, fue una fiesta multicolor. «No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas», confesó el Papa ante más de 500.000 personas. Y dejó en claro el objetivo final de su peregrinaje, que concluyó con el rezo ante las tumbas de los videntes, un saludo a los enfermos y un almuerzo con obispos.
«Bajo su manto –indicó–, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el Bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda».

Andrés Beltramo Álvarez
Fátima

«Sois un tesoro»
«Pastorcillos, salvad a este niño, que es un pequeño como vosotros». Así rezaron en 2013 las carmelitas de Campo Mourao (Brasil) por Lucas Maeda, de 6 años, en coma tras caer de un ventana. Lucas, cuya curación ha hecho posible la canonización de Francisco y Jacinta, participó el domingo en la ceremonia –izquierda–. Tras la Misa, el Papa bendijo con el Santísimo a los enfermos –arriba– para animarlos a ofrecerse a Dios. Los dolientes son «un tesoro valioso» y «partícipes a pleno título de la misión de la Iglesia», dijo, pues la enriquecen con su oración y entrega.

domingo, 14 de mayo de 2017

El Papa explica las razones de su escepticismo sobre Medjugore


«Prefiero a la Virgen Madre que a la Virgen que se vuelve encargada de una oficina de telégrafos», dice Francisco a su regreso de Fátima
Las comparaciones entre Fátima y Medjugore salieron a relucir durante la rueda de prensa a bordo del avión de regreso de Fátima, junto a otros temas como el próximo encuentro del Papa con Trump o las dificultades internas en la Comisión para la Tutela de Menores.
El Papa no ocultó su escepticismo sobre las supuestas apariciones que siguen produciéndose en Medjugore, si bien reconoció que en este santuario hay «gente que se convierte».
Sus dudas se vieron confirmadas por el informe del cardenal Ruini sobre las apariciones, según desveló Francisco, quien, sin embargo, reconoció que el documento cuenta con detractores en la Congregación para la Doctrina de la Fe. «Al final se dirá algo», anunció Francisco, según la transcripción de la entrevista realizada por Vatican Insider.
Una piedad mariana depurada
Durante su intensa peregrinación al santuario portugués, el Papa ha presentado estos días una piedad mariana depurada de cualquier elemento supersticioso, esotérico o incluso de devoción puramente intimista, mostrando a María como «madre» y mediadora que acentúa que el amor y la ternura están en el centro de nuestra relación con Dios, no «el miedo y el temor». De este modo, la Virgen nos impulsa a salir al encuentro de los demás, especialmente los pobres y los que sufren.
En la noche del viernes, Francisco clamó contra las deformaciones que presentan a la Madre de Dios como «una “santita” a la que se acude para conseguir gracias baratas» o, peor aún, la imaginan «deteniendo el brazo justiciero» de «Cristo, considerado juez implacable». Lejos de eso –añadió–, «cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y el cariño».
Apoyo a la comisión Ruini
«Todas las apariciones o las presuntas apariciones pertenecen a la esfera privada, no son parte del magisterio público ordinario», aclaró de entrada Francisco a la pregunta sobre Medjugore durante su regreso a Roma.
Una comisión instituida por Benedicto XVI, presidida por el cardenal Ruini y formada por varios cardenales y obispos, entregó en 2014 los resultados a la Congregación para la Doctrina de la Fe para su posterior estudio. «Yo recibí el resultado», confirmó el Papa. «La relación de la comisión es muy, muy buena», enfatizó. Pero las conclusiones no convencieron a todo el mundo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.
De la narración del Pontífice se deduce que hubo momentos de tensión. El dicasterio decidió incluir en la documentación enviada a la sección de la congregación encargada de este tema –la llamada Feria IV– «los pareceres contrarios a la relación Ruini», contó el Papa. «No me pareció correcto», dice Francisco sobre esta forma de proceder. «Era como “subastar” la relación Ruini, que está muy bien hecha». Y entonces escribió una carta al prefecto, el cardenal Müller, pidiéndole que esas opiniones contrarias se las enviaran a él en lugar de a la sección Feria IV, encargada también del estudio de las acusaciones de abusos sexuales en la Iglesia.
Distinción entre las primeras apariciones y las actuales
Sobre el informe del cardenal Ruini en cuestión, el Papa dijo que distingue entre «las primeras apariciones, cuando los videntes eran chicos», sobre las que considera que «hay que seguir investigando», mientras que, por el contrario, «sobre las presuntas apariciones actuales, la relación presenta sus dudas».
«Yo, personalmente –añadió Francisco–, soy más malo, prefiero a la Virgen Madre que a la Virgen que se vuelve encargada de una oficina de telégrafos y envía un mensaje cada día. Y estas presuntas apariciones no tienen tanto valor: esto lo sigo como opinión personal. Hay quienes piensan que la Virgen dice: “Vengan, ese día tal, a tal hora, le voy a dar un mensaje a ese vidente”».
Cuestión aparte, sin embargo, es para el Papa «el hecho espiritual y pastoral» en el santuario de Medjugore, donde efectivamente hay «gente que se convierte, que encuentra a Dios, que cambia de vida. Y esto, no gracias a una varita mágica. Este hecho no se puede negar».
Encuentro con Donald Trump
Otra de las preguntas al Papa se refirió a su próximo encuentro con Donald Trump, previsto para el 24 de mayo, aludiendo concretamente a las alusiones del Papa a derribar muros, mientras que el presidente estadounidense hace bandera precisamente del reforzamiento de un muro con México.
«Nunca me hago un juicio sobre una persona sin escucharla, creo que no lo debo hacer», respondió Francisco. «De nuestro coloquio saldrán las cosas, él dirá lo que piensa y yo diré lo que pienso. Sobre los migrantes ustedes saben muy bien qué pienso yo. Siempre hay puertas que no están del todo cerradas, hay que buscar las puertas que, por lo menos, estén un poco abiertas, hay que entrar y hablar sobre lo que existe en común y seguir adelante paso a paso. La paz es artesanal, se hace cada día. También la amistad entre las personas, el conocimiento mutuo, la estima recíproca es artesanal, se hace cotidianamente. Respeto por el otro, decir lo que se piensa sinceramente».
Diálogo con los lefebvrianos
Preguntado por los avances en las relaciones con los lefebvrianos, el Papa contó que hay en estudio un nuevo documento en la Congregación para la Fe que aún no le ha llegado. Y si bien descartó «cualquier forma de triunfalismo», aseguró que «las relaciones actuales son fraternas. El año pasado di la dispensa para la confesión a todos sus sacerdotes y una forma de jurisdicción para los matrimonios» y con el superior de la Fraternidad, monseñor Fellay, dijo tener «una buena relación». «A mí no me gusta apresurar las cosas, sino caminar y caminar, luego se verá», concluyó. «Para mí no es un problema de vencedores o vencidos, sino de hermanos que dan pasos adelante».
Abusos sexuales
Sobre la renuncia de Marie Collins, que hace unas semanas abandonó la Comisión para la Tutela de los Menores, encargada de la lucha contra los abusos sexuales dentro de la Iglesia, Francisco contó que se reunió posteriormente con ella. «Me explicó bien la cosa», dijo. Es «una buena mujer. Seguirá trabajando en la formación con sacerdotes sobre este punto».
De las acusaciones de la mujer sobre la lentitud de los trabajos, el Papa reconoció que «tiene un poco de razón, porque hay muchos casos retrasados». A lo cual él dio esta larga explicación: «Retrasados porque se amontonaban ahí. En este tiempo se tuvo que hacer la legislación, hoy casi en todas las diócesis hay un protocolo que seguir, los informes se hacen bien, es un progreso grande. Hay poca gente, se necesita más personal capaz de seguir esto, el Secretario de Estado y el cardenal Müller están buscando personal. Se cambió el director de la oficina disciplinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que era muy bueno, pero estaba un poco cansado y volvió a su patria para hacer el mismo trabajo. El nuevo es un irlandés, monseñor Kennedy, muy bueno y eficiente, y esto ayudará bastante. Y luego hay un problema: a veces los obispos envían los casos, si el protocolo está bien, pasa inmediatamente a la reunión de la Feria IV, de lo contrario debe volver atrás y por esto se piensa en ayudas continentales, uno o dos por continentes: pre-tribunales o tribunales continentales. Cuando la Feria IV reducía a un sacerdote al estado laico, si él apelaba, el caso era estudiado por la misma Feria IV. Creé otro tribunal y puse a la cabeza a una persona indiscutible, el arzobispo de Malta Scicluna, entre los más fuertes contra los abusos. Si se aprueba la primera sentencia, se acabó el caso, el sacerdote solo tiene la posibilidad de apelar al Papa para pedir la gracia: nunca he firmado una sola gracia. Marie Collins tiene razón, pero nosotros estábamos en la calle, hay dos mil casos amontonados esperando».
Del clericalismo… al aborto
Hubo tiempo también para una pregunta sobre leyes como el matrimonio homosexual, la eutanasia o el abortotambién en países católicos como Portugal. «Es un problema político, y de la conciencia católica que a veces no es de pertenencia total a la Iglesia», respondió el Pontífice. «Detrás de esto está la falta de una catequesis bien hecha. Hay zonas, en Italia y en América Latina, por ejemplo, en las que son muy católicos y al mismo tiempo anticlericales y come curas. Me preocupa, pero le digo a los sacerdotes que es el clericalismo lo que aleja a la gente. El clericalismo es una peste en la Iglesia».