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viernes, 12 de mayo de 2017

Cómo ayudar a un niño a captar qué significa hacer la Comunión


5 pistas del papa Francisco recogidas en un libro

Desde que el papa Francisco comenzara su pontificado en 2013, ha puesto especial énfasis en varias cuestiones, que no es que no se trataran antes en la Iglesia, más al contrario, sino que, sencillamente, pasaron más desapercibidas. Pues bien, una de estas cuestiones es, sin duda, la de la edad. En la JMJ de Brasil el Papa puso especial énfasis en cuidar de los niños y de los ancianos, en estos porque son la memoria de la sociedad, y en aquellos porque son, ni más ni menos, que el futuro de la misma.
Pues bien, ¿qué momento más importante en la infancia que el de la Primera Comunión? Como festividad que es -pues la Iglesia siempre nos invita a celebrar todos los momentos en los que damos un paso importante en nuestra vida de fe-, queremos organizar muchas cosas y pasarlo en grande.
El problema surge cuando, sin darnos cuenta, desordenamos el orden de los factores, que en este caso sí altera el producto, y damos más importancia a la fiesta y al postín que a abrir nuestro corazón a Cristo.
Para ello el papa Francisco, siempre preocupado por todas y cada una de las ovejas que le han sido encomendadas, ofrece una serie de consejos a los niños para evitar cualquier distracción innecesaria y que sean conscientes del gran regalo que están cercanos a recibir: nada más y nada menos que el regalo del Cuerpo de Cristo, la Vida Eterna.
En el libro El Papa Francisco y la Primera Comunión (Palabra, 2016) encontramos una excelente síntesis de consejos dados por el papa Francisco sobre los sacramentos en general, y sobre la Eucaristía en particular, que ayudarán tanto a mayores como a pequeños a ser conscientes de la importancia que entraña la preparación espiritual ante el recibimiento del sacramento más que todos los elementos accesorios.
Así, encontramos 5 pasos o cuestiones en que profundizar:
  1. Nos encontramos a Jesús en la Comunión. En este primer paso, el papa profundiza en el misterio del encuentro con Jesús en la Eucaristía, donde ha querido quedarse por amor a cada uno de nosotros, convirtiéndose en nuestra fuente de agua viva diaria, único lugar en el que podemos tomar fuerzas y descansar
.
  1. Ediciones Palabra
    1. El poder de los sacramentos y de la luz de Cristo. En este paso, Francisco hace hincapié en la grandeza del Bautismo como puerta a todo lo más grande, entre esto a todos los demás sacramentos, y que enciende en nosotros una luz que no se apaga jamás.
    Ediciones Palabra
    1. La confesión, el encuentro con Cristo que nos ama. Aquí el Papa nos recuerda la inmensa alegría del católico: la confesión. El sabernos perdonados constantemente, mediante la gracia y misericordia de Dios sin medida, quien, además, nos quiere tal y como somos, también con nuestras pobrezas.
    Ediciones Palabra
    1. La Iglesia es como una madre. En este caso se recoge una preciosa catequesis dada por el Papa en una audiencia de 2013 sobre la función maternal de la Iglesia en nuestras vidas, que nos acompaña constantemente, nos trata con paciencia y misericordia y nos llama cada vez que nos equivocamos.
      Ediciones Palabra
    1. Mensajes para andar el camino. En estas últimas páginas se recogen algunas de las palabras de ánimo y confianza a los jóvenes del Papa más bellas de su pontificado, como “¡Apostad por ideales grandes!” o “¡Atreveos a ir contracorriente!”, sin duda un broche de oro para concienciar los niños de que comienzan a seguir un camino de valientes.
    Sería una verdadera pena que ante un acontecimiento tan importante en la vida de los niños, como es la plena participación en la vida de la Iglesia mediante la Comunión, quienes tengamos la responsabilidad de guiarlos demos importancia a elementos vacíos y accesorios que no son de Cristo. Para ello, este genial libro puede ayudarnos a centrarnos en lo importante y concienciarlos a ellos.

domingo, 23 de abril de 2017

Es uno de los santos más venerados pero ¿existió?


"La espada y la serpiente", una novela sobre la leyenda de san Jorge y el dragón

Aunque no lo recordemos, el 23 de abril se celebra la fiesta -puede que eclipsada por los fallecimientos de don Miguel de Cervantes y William Shakespeare- de san Jorge, por lo que normalmente se conoce este día como el Día del Libro.
Y lo cierto es que san Jorge es uno de los santos más venerados de toda la cristiandad, y así lo demuestra el hecho de que su efigie (caballero montado clavando la lanza a un dragón) sea una de las más utilizadas por la heráldica cristiana, como puede verse en escudos como el de Rusia, y su cruz (roja sobre fondo blanco) la más significativa de cuantas se usan.
Al mismo tiempo es uno de los santos venerados desde la antigüedad, remontándose hasta el siglo IV dicha veneración, aunque su canonización fuera más tardía, a finales del siglo V.
Pero la leyenda de san Jorge fue adquiriendo a lo largo de la historia un bagaje mítico asombrosamente rico, debido mayormente a las tradiciones culturales de cada lugar.
El papa Gelasio I, al canonizarlo en 496, afirmó que pese a no conocerse su historia con exactitud, la piedad popular y la presencia de su nombre en las listas martiriales era más que suficiente para que fuera canonizado, y así se convirtió en san Jorge de Capadocia.
Hay que decir que muchos dudan de la existencia de Jorge de Capadocia, afirmando los más imaginativos que no es más que el reflejo o la interpretación cristiana del eterno mito presente en todas las culturas y religiones: el héroe, Dios que libera a la humanidad de un terrible monstruo.
Se le ha puesto en paralelo con Horus y Perseo por ello, aunque de manera poco afortunada. En efecto, la imagen de san Jorge y el dragón es muy tardía, y es recogida primero por un palimsesto griego del siglo X, y más tarde, a mediados del s. XIII, por La Leyenda Dorada del fraile dominico Jacobo de la Vorágine.
Pero si prescindimos del gran número de añadidos posteriores y nos atenemos a los escasos vestigios de su vida que nos quedan, puede hacerse un esbozo de la realidad del santo capadocio.
Lo único que se sabe a ciencia cierta de san Jorge es que procedía de Asia Menor, concretamente de Capadocia, en el interior de la actual Turquía, que era cristiano y soldado, y que murió en la gran persecución de Diocleciano, en torno al año 303, ajusticiado a causa de las leyes decretadas contra los cristianos.
Estos datos no sólo son los únicos sobre san Jorge, sino que además son los más coherentes y veraces, ya que responden a la realidad de su época.
Hechos como el de que el cristianismo se había extendido por toda la parte oriental del Imperio romano, o que Capadocia era una de las zonas, junto con Panonia, de las que más soldados obtenían las legiones, o que la gran persecución de Diocleciano purgó muy duramente tanto Asia Menor como el ejército romano de seguidores de Cristo son realidades autentificadas por los datos históricos. Y es en este contexto precisamente es en el que Taylor R. Marshall ambienta su novela sobre la vida de san Jorge.
Pero con los escasos datos existentes sobre el santo capadocio, ¿se puede escribir una novela? Taylor R. Marshall, doctor en Filosofía y presidente del Nuevo Instituto Santo Tomás, ha demostrado que sí con esta singular obra. Haciendo gala de un extenso conocimiento de la historia del Bajo Imperio de época del emperador Diocleciano, Marshall cuenta una historia ficticia que, aunque irreal, no deja de ser sumamente realista, teniendo en cuenta todos y cada uno de los factores que pudieron influir en la vida del san Jorge auténtico.
Por otra parte, cabe señalar la genialidad de la trama, digna de un santo, en cuyo núcleo se encuentra la búsqueda propia del cristiano, la fortaleza que recibe de Dios y la fuerza de la confianza en Cristo para realizar auténticas proezas.
Al ser una novela no desvelaremos nada, pero sí diremos que la historia es sumamente adictiva, está muy bien construida y tiene la capacidad de enganchar tanto a jóvenes como a mayores.
Como reza la frase de la contraportada del libro, “los santos no nacen. Se forjan”. Pues he aquí una exquisita novela sobre la forja de uno de los santos más grandes de la tradición cristiana, y que todavía hoy sigue despertando la devoción de millones de personas: san Jorge de Capadocia.
Para comprar el libro, entra aquí

jueves, 25 de agosto de 2016

Los profundos dones espirituales ocultos dentro de “El Principito” No importa en qué desierto metafórico nos encontremos en el transcurso de nuestra vida, siempre hay un pozo oculto que la riega y la hace florecer.


WEB-LITTLE PRINCE-Netflix



Cuando mi esposa me dio la excelente noticia de que esperábamos un bebé, nuestra primera hija, salí inmediatamente a la calle lleno de principiante entusiasmo paternal a comprar una edición de coleccionista de El Principito. Esta célebre obra de Antoine de Saint-Exupéry es uno de mis libros favoritos y estaba deseoso de empezar a leérselo a mi pequeña.
Aunque mi compra se produjo con bastantes años de antelación, en los años siguientes lo leímos al menos veinte veces de principio a fin. Así que podéis imaginar mi alegría cuando escuché que Netflix acaba de estrenar una muy esperada película de El Principito en versión animada; estoy contando los días hasta que nuestra familia pueda verla junta. Mientras tanto, el libro, con su profundo mensaje espiritual y sus fantásticas y originales ilustraciones, sigue despertando todas nuestras atenciones.

El Principito es un libro profundamente espiritual
El Principito es sin duda un libro infantil, pero trata algunos temas de adultos bastante serios. No hay nada edulcorado: un accidente aéreo, los peligros de la inanición en el desierto y una serpiente venenosa que (ATENCIÓN: SPOILER), al final, causa la muerte del Principito.
El mismo Principito destaca durante la historia que añora su hogar y que “es tan misterioso el país de las lágrimas” de este mundo. Cuando lo leí a mis hijos, anticipaba que ellos tendrían que esforzarse por entender algunos de los momentos más emotivos, en especial la muerte del Principito, pero me sorprendió ver que lo aceptaron con mucha calma.
No es que la televisión y los videojuegos los hayan desensibilizado ante la muerte y la violencia; de veras creo que se sentían tristes al final del libro, pero de una forma más contemplativa de lo que yo esperaba. Así que pasamos un rato hablando y reflexionando sobre eso juntos, y me di cuenta de que el libro en sí ofrece un antídoto para el dolor dentro del texto: escondido en el corazón de El Principito hay una profunda reflexión espiritual que les ayudó estar en paz con el final.
“No importa en qué desierto metafórico nos encontremos en el transcurso de nuestra vida, siempre hay un pozo oculto que la riega y la hace florecer”.
En la historia, el narrador hace un aterrizaje forzoso en el desierto con su aeroplano y al poco se encuentra con el Principito. Los dos hablan y tratan de arreglar el avión, pero el Principito parece poco preocupado sobre morir en el desierto. No es que sea un suicida; es que tiene un secreto: hasta en el desierto hay agua. “Lo que más embellece al desierto”, dice el Principito, “es el pozo que oculta en algún sitio…”.
No importa en qué desierto metafórico nos encontremos en el transcurso de nuestra vida, siempre hay un pozo oculto que la riega y la hace florecer. Para encontrarlo, debemos aprender a ver más allá de las cuestiones materiales y de nuestra situación inmediata e ir directamente al corazón de la vida.
 El Principito no ignora la realidad de que la vida puede ser menos que perfecta algunas veces. Los desiertos áridos son bien reales y hay ocasiones en las que tenemos que atravesarlos, a menudo de forma inesperada. Pero el autor recuerda a sus lectores que lo que vemos con nuestros ojos físicos no revela la imagen completa.
El Principito dice: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”. En otras palabras, siempre podemos extraer más de la vida si tan sólo nos tomamos el tiempo de mirar con nuestros corazones. Lo que se revela así es a menudo mucho más importante que las distracciones del mundo visible.
“Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido”
Para el Principito, lo que ve con su corazón es su querida rosa (y para Saint-Exupéry, la flor representaba a su esposa en la vida real). No puede ver su rosa físicamente porque está muy lejos, creciendo en su planeta natal, perdido en la vastedad del cielo nocturno. Pero como sabe que su rosa está ahí fuera en algún lugar y debido a su inquebrantable amor por su rosa, todas las estrellas del cielo parecen sonreírle alegremente. Según él mismo explica: “Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido”.
Yo, como padre, quiero proteger a mis hijos desesperadamente y ahorrarles cualquier peligro (ya sean serpientes o simplemente un día malo en el colegio). Pero llegará un momento en que crezcan. Quizás sus corazones se romperán después de un romance o se enfrentarán al reto de sus carreras o se encontrarán en el torbellino emocional de algún desastre imprevisto.
No puedo protegerles de todo y me duele mucho admitirlo. Pero lo que sí puedo hacer es ayudarles a ver que en todo desierto hay un pozo de agua, y que oculta en todo cielo ennegrecido hay una rosa, y que cuanto más nos amemos los unos a los otros más fuertes seremos, aunque el amor sea invisible al ojo humano.
El amor es el regalo más preciado que recibimos de Dios. Con amor, no hay adversidad, contratiempo ni dificultad que pueda arrebatarnos la belleza y la alegría de vivir, aunque en algunos momentos experimentemos la tristeza y sintamos que nos hemos estrellado en un desierto. Por encima de cualquier circunstancia, la vida es hermosa porque en el universo hay un amor tan poderoso que vencerá a todo mal.