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lunes, 24 de julio de 2017

7 citas de Edith Stein que toda mujer debería leer


Con su estilo particular de feminismo, Stein es una voz de los tiempos modernos

Edith Stein siempre fue una joven sobresaliente. Nació en Alemania en 1891 y con el tiempo se la conoció por su nombre religioso, santa Teresa Benedicta de la Cruz. Stein podría haber llevado una vida tranquila al margen de la mirada pública, ya que las mujeres de su época a menudo recibían funciones significativamente menores en la sociedad en comparación a los hombres. En vez de eso, decidió marcar su propio camino y seguir su auténtica vocación, que la llevó primero a un programa de filosofía de gran prestigio en la Universidad de Gotinga, luego a la enseñanza y a la conversión a la fe católica y, finalmente, a su entrada en un monasterio carmelita.
La fascinante vida de Stein fue interrumpida prematuramente con su martirio en un campo de exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, pero debido a su variada experiencia y a su profundo intelecto, fue capaz de escribir y publicar con perspicacia sobre las mujeres y la vocación en las mujeres durante los años de que dispuso.
Sus ideas fueron especialmente influyentes para el papa san Juan Pablo II, quien la canonizó en 1998 diciendo: “La experiencia de esta mujer, que afrontó los desafíos de un siglo atormentado como el nuestro, es un ejemplo para nosotros”.
Stein es una santa para los tiempos modernos y resulta especialmente perspicaz en lo referente a lo que significa ser mujer en el mundo moderno. Su estilo particular de feminismo es original, refrescante y contiene una sabiduría que pueden aprovechar las mujeres de hoy día.
No es una persona fácil de clasificar y no espera tampoco que las otras mujeres se afanen en ajustarse a ninguna etiqueta. En vez de eso, explica el don único e irreemplazable que son las mujeres para el mundo. Así que, a fin de cuentas quizás no tratara de ser una mujer sobresaliente, quizás sencillamente estaba siendo ella misma.
Aquí hay una pequeña muestra de lo que puede decir al mundo de hoy:
“Ser una madre significa nutrir y proteger la verdadera humanidad y llevarla a su pleno desarrollo” (El significado del valor intrínseco de la mujer en la vida nacional)
Edith nunca dudó que ser madre es una vocación irreemplazable a la que muchas mujeres están llamadas. No todas las mujeres necesitan ser madres (ella misma no lo era) para llevar vidas felices y plenas, pero solo una mujer puede ser llamada a esta hermosa vocación que a menudo es infravalorada. Edith, por el contrario, insistía en que es una de las vocaciones más nobles. Si eres madre, recuerda la dignidad y la importancia de tu vocación.
“Toda profesión en la que el alma de una mujer es dueña de sí misma y que pueda ser realizada por el alma de una mujer es una auténtica profesión femenina”. (El ‘ethos’ de las profesiones femeninas)
De modo que, si las mujeres no están limitadas únicamente por la maternidad, ¿qué opciones existen y dónde está el límite de lo que una mujer puede hacer? Edith insiste en que la lista es interminable y que las posibles vocaciones disponibles para las mujeres son todas y cada una de las profesiones o vocaciones en las que sus almas encuentren su auténtica dignidad.
“El alma de la mujer está moldeada como un refugio donde otras almas puedan desarrollarse”. (Los principios fundamentales de la educación de la mujer)
Edith Stein es mucho más inteligente que yo, así que esta frase es difícil de desengranar, pero merece la pena intentarlo, porque su significado es muy profundo. Una de las preguntas que se plantea constantemente es “¿podemos conocer de verdad a otras personas, en particular, el modo en que sienten?”. Su respuesta es “sí”, porque la naturaleza misma del alma humana, la razón de su existencia, se encuentra en la relación con otras almas. Es una forma complicada de decir que lo que de verdad da sentido a la vida son nuestras relaciones. Para ella, las mujeres están dotadas específicamente con la capacidad de abrir sus almas, lo cual imparte propósito y significado a las vidas de los demás. En el mundo moderno, práctico, la empatía no se entiende de verdad ni se practica, porque no la creemos posible o simplemente no la valoramos, pero Edith insiste en que es una vocación valiosa.
“El alma de la mujer debe ser amplia y abierta a todo lo humano; debe ser sosegada, de modo que ninguna débil llama pueda ser apagada por la tempestad; debe ser cálida, a fin de que la tiernas semillas no se congelen; (…) vacía de sí misma, para que la vida ajena tenga en ella espacio; finalmente, señora de sí misma y de su propio cuerpo, a fin de que toda su personalidad se encuentre en actitud de servicio a toda llamada”. (Los principios fundamentales de la educación de la mujer)
Según Edith, una mujer que está en total control de sí misma es libre de vivir para los demás. La verdadera fuerza yace en al amor sacrificial que es apoyo allí donde los demás son débiles. En un mundo donde el poder, la riqueza y la atención parecen llevarse todo el aplauso, Edith nos recuerda que una mujer verdaderamente encuentra alegría y satisfacción en hacer primero de su alma algo hermoso.
“Toda mujer que vive a la luz de la eternidad puede cumplir su vocación, independientemente de que sea en el matrimonio, en una orden religiosa o en una profesión mundana”.(La espiritualidad de la mujer cristiana)
Todos tenemos diferentes vocaciones en la vida. No todas las mujeres necesitan ser madre o monja o presidenta de una empresa digna de la lista Fortune 500, pero sea cual sea la vocación de una mujer, ella la cumplirá de mejor manera si entiende para qué está en el mundo y cómo puede contribuir al progreso de su felicidad. Edith cree que sea cual sea tu vocación, deberías permitir que Dios fuera parte de ella.
“La mujer busca de forma natural abrazar lo que es vivo, personal e íntegro. Cuidar, guardar, proteger, nutrir y promover el crecimiento es su anhelo natural y maternal”. (El ‘ethos’ de las profesiones femeninas)
Todos tenemos defectos, cierto, y probablemente todos nos avergonzamos de los errores que hemos cometido en el pasado. Edith incide en que las mujeres pueden abordar estos sentimientos casi como lo haría una madre, viendo los defectos no como un rasgo aislado que criticar implacablemente ni como una forma de definir toda una vida, sino que pueden seguir un mejor camino. Ellas ven a las personas como un todo, como un trabajo en proceso y capaces de ser educadas en la grandeza.
“[Las mujeres] comprenden no solo con el intelecto, sino también con el corazón”. (Problemas de la educación de la mujer)
El intelecto es valioso para el entendimiento de verdades y habilidades básicas, pero cuando de verdad conocemos a alguien o algo, nuestro conocimiento nos ayuda también a amarlo. El objetivo del conocimiento es amar esas verdades hermosas y maravillosas que desvelamos. Esto significa que el corazón, en combinación con la mente, es necesario para conocer el mundo que nos rodea. La mirada del amante ve con más claridad, lo cual supone que lo que quiera que amemos mejor, también lo conocemos mejor. En un mundo donde dominan la ciencia y la tecnología, no olvidemos el valioso conocimiento que surge del corazón.

viernes, 12 de agosto de 2016

Edith Stein: De atea a morir como religiosa carmelita en la cámara de gas de Auschwitz


El silencio en la visita del Papa Francisco a Auschwitz fue más elocuente que cualquier palabra.

Así lo explicó él mismo durante la audiencia general después de su viaje a Polonia. También contó que en el campo de exterminio pudo escuchar y sentir a las almas que murieron allí.

Una de ellas fue la de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein. Fue asesinada en la cámara de gas siete días después de ser enviada a Auschwitz, un 9 de agosto de hace 74 años

Nació en 1891 en una familia judía pero a los 14 años decidió hacerse atea. Siempre fue una joven inquieta que se preguntaba constantemente por el sentido de la vida y del mundo que la rodeaba. Por eso, eligió estudiar filosofía.

Durante la I Guerra Mundial se acercó por primera vez al catolicismo en busca de respuestas tras haber visto el dolor y la destrucción causados por la contienda. Pero fue sobre todo, la lectura de la vida de Santa Teresa de Ávila la que definitivamente provocó su conversión. 

En 1922 recibió el bautismo y la confirmación. Once años después, ingresó en el convento de las Carmelitas Descalzas de Colonia con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. En aquella época incluso llegó a escribir una carta al Papa Pío XI advirtiendo de los peligros que suponía el nacionalsocialismo para Alemania. 

En 1938 fue trasladada a otro convento en Holanda. Sus superioras pensaban que allí no correría peligro por ser Holanda un país neutral. Sin embargo, un año después los nazis también ocuparon los Países Bajos. 

Como represalia a una carta de los obispos holandeses en la que se quejaban del maltrato hacia los judíos, los nazis vaciaron holanda de judíos. 40 mil fueron deportados, entre ellos, sor Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, que murió en Auschwitz.

Fue beatificada y canonizada por Juan Pablo II. El Papa que, como ella, conoció los horrores de la II Guerra Mundial, también la nombró patrona de Europa en octubre de 1999.