domingo, 5 de abril de 2020

Lecturas del Domingo de Pasión - Ciclo A

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (50,4-7):

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 21,8-9.17-18a.19-20.23-24

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí, 
hacen visajes, menean la cabeza: 
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; 
que lo libre, si tanto lo quiere.» R/. 

Me acorrala una jauría de mastines, 
me cerca una banda de malhechores; 
me taladran las manos y los pies, 
puedo contar mis huesos. R/. 

Se reparten mi ropa, 
echan a suertes mi túnica. 
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; 
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R/. 

Contaré tu fama a mis hermanos, 
en medio de la asamblea te alabaré. 
Fieles del Señor, alabadlo; 
linaje de Jacob, glorificadlo; 
temedlo, linaje de Israel. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio segúnto según San Mateo (26,14–27,66), del domingo, 5 de abril de 2020
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26,14–27,66):

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: 
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: 
S. -«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."» 
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: 
+ «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Soy yo acaso, Señor?»
C. Él respondió:
+ «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.» 
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho.»
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: 
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo.»
C.. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo: 
+ «Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.» 
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño." Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.» 
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le dijo:
+ «Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.» 
C . Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. »
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:
+ «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo: 
+ «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.» 
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.» 
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.» 
C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: 
S. «Al que yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!»
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?»
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.» 
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.» 
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron: 
S. «Éste ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días."» 
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?» 
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.» 
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.» 
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte.»
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo: 
S. «Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo: 
S. «También tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé qué quieres decir.»
C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Éste andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron: 
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.» 
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: 
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: 
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato: 
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?» 
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: 
S. «No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.» 
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato les preguntó:
S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
S. «Que lo crucifiquen.»
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Que lo crucifiquen!»
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo: 
S. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el pueblo entero contestó:
S. «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo: 
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.» 
C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo: 
S. «A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?» 
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó: 
+ «Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)
C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. «A Elías llama éste.»
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás decían:
S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: 
S. «Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: 
S. «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: "A los tres días resucitaré." Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos." La última impostura sería peor que la primera.» 
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia. Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.» 
C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.

Palabra del Señor

sábado, 4 de abril de 2020

Lecturas del Sábado de la 5ª semana de Cuaresma

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel (37,21-28):

ESTO dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Palabra de Dios

Salmo

Jr 31,10.11-12ab.13

R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

V/. Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

V/. Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

V/. Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):

EN aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor

viernes, 3 de abril de 2020

El Papa explica cómo confesar en ausencia de un sacerdote


En la Misa en Santa Marta, Francisco ha explicado cómo confesar en ausencia de un sacerdote: «Haces lo que dice el Catecismo. Si no encuentras un sacerdote para confesar, habla con Dios y pídele perdón con todo el corazón. Y prométele: "Más tarde confesaré, pero perdóname ahora". E inmediatamente volverás a la gracia de Dios». Además, el Papa ha dirigido su oración por el personal sanitario que está trabajando para ayudar a los pacientes con coronavirus, en particular en Bérgamo, Treviglio, Brescia y Cremona, y por las autoridades
«La Cuaresma siempre se enfoca en la conversión del corazón que, en el hábito cristiano, toma forma en el sacramento de la Confesión». Es hora de «dejar que Dios nos blanquee, que Dios nos purifique, que Dios nos abrace», aseguró Francisco en la Misa que celebra cada mañana en Santa Marta.
«Sé que muchos de ustedes, para Pascua, van a confesarse para encontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: “Pero padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, sin salir de casa? Y quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace"», aseguró el Papa a los miles de espectadores que siguen la celebración en streaming.
«¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?», se preguntó. «Haces lo que dice el Catecismo. Si no encuentras un sacerdote para confesar, habla con Dios, él es tu Padre, y pídele perdón con todo el corazón, con el acto de dolor. Y prométele: "Más tarde confesaré, pero perdóname ahora". E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piénsalo: ¡es hora! Y este es el momento correcto. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve».
Francisco terminó la celebración invitando a hacer la comunión espiritual y recordó un mensaje recibido de un sacerdote de Bérgamo pidiendo orar por los médicos de allí, y de Treviglio, Brescia y Cremona, «que están dando sus propias vidas para ayudar a los enfermos, para salvar las vidas de los demás». Francisco pidió por las autoridades, «que muchas veces sufren malentendidos. Médicos, personal del hospital, voluntarios de salud o autoridades, en este momento son columnas que nos ayudan a avanzar y defendernos en esta crisis. Oremos por ellos».
24 horas para el Señor
El Papa ha elegido para explicar el acto de contrición cuando no es posible confesarse el mismo día que comienza la iniciativa 24 horas para el Señor. Esta iniciativa, convocada por primera vez en 2014 por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, se han hecho célebres por la imagen del Papa confesándose en la basílica de San Pedro.
Esa imagen no se podrá repetir este año. Pero la jornada no se ha desconvocado. En la audiencia del miércoles, el Papa reconoció que en muchos lugares no será posible celebrarla. Pero «estoy seguro –dijo– de que se podrá vivir ese acto penitencial con la oración personal». También pedía que donde sí fuera posible «continuara esta hermosa tradición. Animo a los fieles a acercarse a la misericordia de Dios de forma sincera en la confesión y a rezar especialmente por aquellos que se encuentran probados por la pandemia».
Las 24 horas para el Señor coinciden también con la jornada de ayuno y oración convocada para este viernes en varios países de África. La iniciativa ha partido tanto de la Conferencia Episcopal de Senegal (uno de los países subsaharianos con más casos), Mauritania, Cabo Verde y Guinea Bissau como de la de Costa de Marfil. En este país, incluso, los obispos subrayaban que esta petición era de «obligado» cumplimiento.
Alfa y Omega

Sin velatorio ni funeral, el coronavirus no deja despedirnos

FUNERAL

La pandemia producida por el coronavirus ha provocado una situación tremendamente dolorosa: los familiares y amigos no pueden despedirse de sus fallecidos. ¿Qué hacer si esto nos ocurre? ¿Y cómo podemos ayudar a quienes lo sufren?

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La crisis del coronavirus nos ha colocado en un nuevo escenario. Una de las situaciones que nadie podía haber previsto es la de perder a seres queridos de forma tan inesperada. Y a ese dolor se añade el de no poder despedirles: por razones de salud, en los hospitales no está permitido el contacto con los enfermos (ni siquiera moribundos) para no exponerse al contagio.
En el caso de fallecimiento, estos días tampoco se autoriza la celebración de funerales con la asistencia de familiares. Se procede a la incineración del cadáver y a los enterramientos no debe acudir la familia ni los amigos porque no se pueden celebrar reuniones de ningún tipo. Esto está produciendo un inmenso dolor en miles de personas.

Un doble dolor

Muchos son los que han perdido a seres queridos en estos momentos y, al dolor por el fallecimiento, se añade ahora el de no haberse podido despedir: no haber podido hablar con él en los últimos momentos, no estar junto a los familiares en el velatorio ni en el entierro, no poder darse un abrazo entre hermanos…
¿Qué hacer si nos encontramos en esta situación? ¿Cómo podemos ayudar a quienes pasan por este momento tan duro?

Maita Torelló es experta en acompañamiento en el duelo. “Si ocurre que alguien de nuestro entorno ha perdido a un familiar en estos días y le ha sido imposible despedirse de él, lo primero que hay que tener en cuenta es saber si esa persona ha quedado aislada por el coronavirus o cuenta con la cercanía física de otras personas“, explica.

LLORAR

“En el caso de que ella no esté en cuarentena y que, pese al aislamiento, haya otras personas con ella (los familiares más cercanos o personas que trabajan con ella y que no están confinadas), hay que darle cariño, apoyo, abrazarla. Importante: hay que dejar que llore todo lo que tenga que llorar“.
Torelló comenzó su formación en el duelo a partir de sus propias experiencias: perdió a su marido cuando él tenía 54 años, perdió a una hija de 6 meses de un virus fulminante y a un hijo de 6 años de un accidente. También su suegro había fallecido a los 54 años en accidente de tráfico. Desde entonces trata de ayudar a otras personas que pasan por esta dura prueba.

NADIE ESTÁ PREPARADO

“Nadie está preparado para hacer frente a una separación tan brusca“. Pero con el tiempo, ha visto que hay algunas recomendaciones que pueden ayudar a otros a superar la pena.
“No es momento de dar consejos ni de permitir visitas que no aportan, mucho menos visitas o llamadas de compromiso. Hay que evitar a personas que mareen y es imprescindible que la persona duerma y descanse“, añade.

VALORAR LA AYUDA DE UN PSICÓLOGO O PSIQUIATRA

Esta experta afirma que “si hay que ir al psiquiatra, no hay que planteárselo dos veces. Porque al comienzo, sobre todo, parece que te hayan arrancado las entrañas”.

ACOMPAÑAR EN SILENCIO Y EVITAR PREGUNTAS CURIOSAS

“No hay que marear a la persona que sufre. No hay que ser insistente -explica Torelló- en que coma o que haga esto o lo otro. Es mejor acompañarla en silencio y no hacer preguntas inútiles. Es importante, entre quienes atiendan a esa persona, cortar si hay deseo de hacer preguntas curiosas“.

LAS PALABRAS APROPIADAS

La tendencia a dar consejos no siempre es la mejor opción para asistir a quien sufre: “Cada persona tiene su ritmo y hay que respetarlo, así que nunca hay que pronunciar consejos en forma de orden como ‘sé fuerte’ o ‘tienes que aprender a…’.
También hay que ser prudentes a la hora de lanzar mensajes que no harían bien. “Por ejemplo, si una mujer sufre la pérdida de un hijo, sería contraproducente querer animarla con un palabras del tipo ‘qué bien, ahora tienes un angelito en el cielo’. Hay que aprender a empatizar, a ponerse en el dolor del otro. Hay que aprender la psicología de la persona que sufre“.

LAS CREENCIAS AYUDAN

Tener creencias, un sentido de la vida y una fe “es algo fundamental -asegura- en momentos como la muerte de un ser querido, y es todavía más crucial si no nos hemos podido despedir de él o ella“.
Para una persona que no tiene fe en que después de la vida existe un más allá, “la muerte de un ser querido es horrible y sin sentido. Para estas personas se hace todavía más necesario la ayuda psicológica de otros”. Pero insiste: “Todos necesitamos esa ayuda“.

EXPERTOS EN DUELOTERAPIA

Sin embargo, Torelló matiza que “las personas somos cuerpo y alma, y necesitamos ayuda en el aspecto psicológico, de modo que habrá que pensar si es necesario acudir a un profesional. Existen los expertos en dueloterapia, que es una especialidad. Y hay que decir que no todos los psicólogos están capacitados para ayudar en este tipo de situaciones. Hay que saber muy bien en manos de quién nos ponemos”.

ASISTIR A GRUPOS DE AYUDA EN EL DUELO

“Participar en un grupo de dueloterapia ayuda y mucho”, anima esta experta. “En los grupos de duelo te unen a personas que han sufrido la muerte de un ser querido en circunstancias parecidas a las tuyas: madres que han perdido a un hijo, viudas… Unirse a otras personas que han pasado por lo mismo que tú es de gran ayuda. Se crean lazos, puedes expresarte y sabes que los demás van a comprender lo que tú explicas, hay una comprensión sincera del problema…”.
Todas estas ventajas se unen de una forma que cura la herida puesto que los grupos siempre están orientados por un profesional que conduce la conversación de forma que ayude a superar el dolor.
En estas circunstancias, acceder a un grupo de duelo de forma física no es posible pero sí lo es hacerlo de forma virtual a través de Whatsapp, Hangouts, y Jiitsi o Zoom, entre otras app. Muchos tanatoriosdisponen de este servicio y pueden informar acerca de él.

¿QUÉ HACER SI NO PUDO HABER VELATORIO NI FUNERAL?

“Es indispensable que haya una ceremonia de despedida, y que se haga inmediatamente, para no arrastrar el dolor. Si no ha sido posible el velatorio ni el funeral, recomendaría hacer una ceremonia personal o mínimamente familiar en el caso de que haya varias personas en una misma casa aislada, incluso que se pueda hacer por videollamada y así puedan unirse los más íntimos”, dice Torelló.
“Más adelante quizá pueda hacerse una misa de funeral, pero ahora es conveniente hacer un memorial. Se puede colocar una fotografía del fallecido junto a una vela y una imagen religiosa en el caso de los creyentes. Es momento para hablar en voz alta, para expresar los sentimientos porque las personas ahí decimos cosas que nunca habríamos expresado en público: gracias por tal cosa, perdón por tal otra… Eso alivia mucho”.

NO POSPONER LA DESPEDIDA

Torelló insiste: no hay que cerrar la muerte de un familiar en el silencio y en el posponerlo hasta que se haga un funeral a posteriori, porque eso supondría dejar abierta la herida y entonces el momento del funeral se nos hará todavía más doloroso“. Eso no quita que cuando la situación producida por el coronavirus se acabe, podamos celebrar una misa o un acontecimiento que nos reúna
Añade que, en el caso de que la persona no esté sola y físicamente haya algún familiar con ella, puede resultar muy positivo aportar algún recuerdo de la persona que ha fallecido. Por ejemplo, a una nieta puede ayudarle recibir un pañuelo de la abuela  u otro objeto con que pueda recordarla con frecuencia”.

Lecturas del Viernes de la 5ª semana de Cuaresma

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):

OÍA la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7

R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

V/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

V/. Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

V/. Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

V/. En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):

EN aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Elles replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor