martes, 8 de enero de 2019

¿Por qué el sacerdote usa rosa?


El hermoso significado detrás del color litúrgico más peculiar

En un domingo de Adviento y Cuaresma, los sacerdotes católicos tienen la opción de vestir una casulla rosa.
Es posible que si el sacerdote escoge ese color, haga algún comentario antes de empezar la misa sobre el significado de su atuendo.
Aunque la elección del color y los comentarios del sacerdote podrían intrigar y divertir a algunos parroquianos, lo cierto es que las vestimentas rosadas llevan siglos en la tradición católica. De hecho, es un color precioso con un profundo significado simbólico.
Este color, que se usa solo dos veces en todo el año litúrgico, se asocia tradicionalmente con un sentido de alegría en una estación de penitencia. En ambos domingos (Gaudete en Adviento y Laetare en Cuaresma), se viste rosa para recordarnos que la temporada de preparación llega a su fin y la gran fiesta está a la vuelta de la esquina.
Incluso la antífona de entrada que se canta tradicionalmente al comienzo de la misa de Domingo de Laetare (el cuarto domingo de Cuaresma) habla de la alegría que debería llenarnos.
Lætare Jerusalem: et conventum facite omnes qui diligitis eam: gaudete cum lætitia, qui in tristitia fuistis: ut exsultetis, et satiemini ab uberibus consolationis vestræ.
Psalm: Lætatus sum in his quæ dicta sunt mihi: in domum Domini ibimus.
Que en español quiere decir:
Alégrate, Jerusalén, y regocijaos con ella todos los que la amáis; regocijaos con ella, gozosos, cuantos por ella hacéis duelo; para que os saciéis del pecho de sus consuelos.
Salmo. Me alegré cuando se me dijo: Vamos a la casa del Señor.
Cuando vemos el color rosa en misa se nos está llamando a regocijarnos; ¡la estación de penitencia llega a su fin y se acerca la celebración de la Resurrección de Cristo!
La alegría necesaria
El papa Francisco, a lo largo de su pontificado, ha puesto mucho énfasis en la alegría e incluso le ha dedicado toda una encíclica a la “Alegría del Evangelio”. En el párrafo de introducción escribió sobre qué debería colmar el corazón de todo cristiano.
La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años. 
Sin embargo, la alegría no siempre es un rasgo fácil de adquirir. Incluso los cristianos fieles pueden verse tentados a vivir una vida sin una pizca de alegría. En palabras del papa Francisco, es como vivir siempre en Cuaresma, pero nunca experimentar la dicha de la Pascua.
Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua. Pero reconozco que la alegría no se vive del mismo modo en todas las etapas y circunstancias de la vida, a veces muy duras. Se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo.
Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias.
En definitiva, si ves a tu sacerdote vestido de rosa, recuerda la llamada a vivir con alegría. No se supone que debamos vivir nuestras vidas en una Cuaresma perpetua, sino experimentar la gran dicha de la Pascua y extender esa alegría a todos los que conozcamos.
Que nuestra práctica del cristianismo sea un faro de alegría en este mundo tan frecuentemente abatido por los múltiples sufrimientos de nuestra vida mortal.

Lecturas del 8 de Enero. Feria de Navidad

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-10):

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 71,1-2.3-4ab.7-8

R/. Que todos los pueblos de la tierra 
se postren ante ti, Señor

Dios mío, confía tu juicio al rey, 
tu justicia al hijo de reyes, 
para que rija a tu pueblo con justicia, 
a tus humildes con rectitud. R/.

Que los montes traigan paz, 
y los collados justicia; 
que él defienda a los humildes del pueblo, 
socorra a los hijos del pobre. R/. 

Que en sus días florezca la justicia 
y la paz hasta que falte la luna; 
que domine de mar a mar, 
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,34-44):

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. 
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» 
Él les replicó: «Dadles vosotros de comer.» 
Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?»
Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.» 
Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Palabra del Señor

lunes, 7 de enero de 2019

¿Qué es la Liturgia de la Palabra?


Una de las partes importantes de la misa, de la que muchos no conocen el significado

La Liturgia de la Palabra es la parte que sigue a los ritos iniciales de la Eucaristía. Una vez  reunidos, los católicos se disponen a escuchar el mensaje divino.
La Liturgia de la Palabra se compone de lecturas de la Biblia, cantos, meditación silenciosa para que pueda ser asimilada, la homilía, la proclamación de la fe y la oración universal.

1. La proclamación de la Palabra

La proclamación de la Palabra se remonta a la historia del Pueblo de Israel. Durante varios siglos, las leyes, costumbres, la alianza y las promesas de Dios a su Pueblo, así como las tradiciones se fueron pasando oralmente de generación en generación.
Con el destierro y la crisis de valores, los israelitas percibieron la necesidad de poner por escrito todas las tradiciones.
Hacia el Siglo VI antes de Cristo, surgió la experiencia de la sinagoga. El pueblo reunido escuchaba la Palabra de Dios, haciendo de la Palabra escrita y proclamada, una palabra viva.
Esa costumbre de las reuniones sinagogales fue transmitida a las primeras comunidades cristianas (1), y continúan hasta ahora en nuestras celebraciones litúrgicas, aunque bajo otro esquema.
Lo que no ha cambiado es que en cada lectura, Dios habla a Su Pueblo: “En diversas ocasiones y bajo diferentes formas, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio de Su Hijo”. (2)
El Concilio Vaticano II pidió que se abrieran los tesoros de la Sagrada Escritura para el enriquecimiento espiritual del pueblo cristiano. (3)
La Iglesia eligió los libros del Antiguo Testamento para que fueran proclamados en el primer momento (primera lectura) para tener un encuentro con fragmentos de la Ley Mosaica, episodios de la historia de Israel, de los libros proféticos o de algunas frases de la sabiduría popular del pueblo elegido. Todos ellos nos hablan del Mesías que los profetas esperaban.
Después del salmo, sigue la proclamación de los escritos de los apóstoles (segunda lectura), es decir, los primeros testigos de Cristo. Con el título de “epístola” se designan las cartas que los apóstoles dirigen a las primeras comunidades cristianas que se formaron y a través de ellas les exhortan, enseñan, amonestan y dirigen para que no se pierda la fe que les han transmitido.
Pero ¿para qué la liturgia de la palabra? El alimento de la Palabra de Dios, tomado de la Biblia, nutre la fe de los cristianos y prepara el corazón para que luego asimile el Cuerpo y Sangre del Señor.
Las dos mesas que Dios nos ofrece se complementan en un solo sacramento. En la Liturgia de la Palabra, el Pueblo de Dios escucha con atención las lecturas de la Biblia que previamente han sido preparadas, tal y como si fueran una carta escrita por Dios para cada uno de nosotros; en la liturgia de la eucaristía, prepara para recibir el pan de ángeles que transformará nuestra vida.
El número de lecturas varía de acuerdo al día, tenemos dos lecturas en los días de la semana, tres lecturas los domingos y en las celebraciones especiales de la Vigilia Pascual o Pentecostés podemos tener siete.
Al término de la proclamación, que no lectura propiamente dicha, los cristianos unidos en asamblea responden “Te alabamos Señor” dando realmente gracias a Dios que quiso de nuevo hablar a Su Pueblo con palabras de amor.

2. El salmo

El salmo es un elemento bellísimo de la liturgia de la Palabra que se conoce como “responsorial” o “gradual”. Es una oración que fue escrita para cantarse y tiene por base el libro de los salmos, que contiene 150 poesías cuyo autor es el pueblo de Israel en su conjunto y que constituyen un legado para el pueblo cristiano.
Existen varias formas de proclamarlo:
1) El salmista o un lector proclama los versículos del salmo y la asamblea responde la antífona prevista en el leccionario, que es el libro litúrgico en varios volúmenes clasificados según los ciclos de la liturgia, que contiene la Palabra de Dios.
2) El salmista canta la antífona y proclama el salmo a lo que la asamblea responde recitando de memoria la antífona intercalándola entre los versículos.
3) El salmista canta la antífona y la asamblea la repite. Luego el salmista canta todo el salmo, canta nuevamente la antífona y la asamblea responde repitiéndola.
Los salmos ayudan a aprender a orar a través de la alabanza y la petición a Dios. En la celebración de la liturgia, el salmo es la respuesta a la primera lectura; es como si Dios nos diera sus propias palabras para responderle.

3. Aclamación y proclamación del Evangelio

Antes de la proclamación del Evangelio se canta o se recita la Aclamación o aleluya. Esta palabra hebrea que significa “que viva Dios, hay que darle gracias y alabarlo” era usada por el pueblo hebreo como una verdadera oración en los salmos y en la celebración de la Pascua.
En los primeros siglos de la Iglesia, se cantaba el aleluya para celebrar a Cristo resucitado. Actualmente se canta el aleluya todos los domingos excepto en tiempo de Cuaresma.
La proclamación del Evangelio, es decir, la Buena Nueva, es un momento de gran alegría en la liturgia de la Palabra. Las dos anteriores lecturas y el salmo preparan a escuchar al mismo Cristo hablando a su pueblo. Se escucha de pie en señal de respeto.
Los libros de los evangelios son cuatro y corresponden a lo que pusieron por escrito los apóstoles san Mateo y san Juan, además de san Lucas, compañero de san Pablo y Marcos, discípulo de Pedro.
Todas estas lecturas, lo mismo que el salmo responsorial se hacen desde el ambón, la mesa de la Palabra de Dios.

4. La homilía

El Concilio Vaticano y la renovación de la Iglesia precisan lo que debe ser la homilía: una conversación familiar por la que el pastor de almas alimenta y ayuda a aplicar en las circunstancias concretas de la existencia el mensaje del Evangelio.
La homilía debería ayudar a revelar la voluntad de Dios, expresada en la Palabra, a tomar conciencia de ella, explicando, anunciando, exhortando y animando a la comunidad, pero siempre aplicando el mensaje revelado a la vida diaria.
En los documentos del Concilio Vaticano II se explica: “Aunque la palabra divina en las lecturas de la sagrada Escritura se dirija a todos los hombres de todos los tiempos y sea inteligible para ellos, sin embargo, su más plena inteligencia y eficacia se favorece con una explicación viva, es decir, con la homilía, que viene así a ser parte de la acción litúrgica”(5).
Y tiene también una cierta presencia del Señor, como afirma el papa Pablo VI: “(Cristo) está presente en su Iglesia que predica, puesto que el Evangelio que ella anuncia es la Palabra de Dios y solamente se anuncia en el nombre, con la autoridad y con las asistencia de Cristo…”

Lecturas del 7 de Enero. Feria de Navidad

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,22–4,6):

Cuanto pedimos lo recibimos de Dios, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio. Queridos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo. Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 2,7-8.10-12a

R/. Te daré en herencia las naciones

Voy a proclamar el decreto del Señor; 
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: 
yo te he engendrado hoy. 
Pídemelo: te daré en herencia las naciones, 
en posesión, los confines de la tierra.» R/.

Y ahora, reyes, sed sensatos; 
escarmentad, los que regís la tierra: 
servid al Señor con temor, 
rendidle homenaje temblando. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,12-17.23-25):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» 
Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

Palabra del Señor

domingo, 6 de enero de 2019

¿Dónde están las reliquias de los tres reyes magos?



El santuario que dice contener sus restos está en Colonia, pero ¿son auténticos?

¿Es posible que los restos óseos de los Reyes Magos —Baltasar, Melchor y Gaspar— descansen en una tumba dorada en la catedral gótica más grande de Europa? Una antigua tradición relata la historia de cómo los cuerpos de los Magos que visitaron al niño Cristo terminaron su viaje final encontrando reposo en la Catedral de Colonia, Alemania.
La historia se recoge en el libro del siglo XIV de John of Hildesheim Historia Trium Regum (Historia de los Tres Reyes). John afirma que Baltasar, Melchor y Gaspar eran de la India, Persia y Caldea (actualmente Irán e Irak). Iniciaron su viaje de forma separada, se reunieron en Jerusalén y luego continuaron juntos hasta Belén. Después de adorar a Cristo, regresaron juntos a la India, donde construyeron una iglesia y, tras una visión que les reveló que su vida terrenal estaba a punto de terminar, fallecieron al mismo tiempo y fueron enterrados en su iglesia en la India.
Doscientos años más tarde, según explica John of Hildesheim, Santa Elena, la madre del emperador Constantino, viajó a la India y recuperó sus cuerpos. Los depositó en un ataúd hermosamente ornamentado y lo colocó en la gran iglesia de Santa Sofía en Constantinopla. A finales del siglo sexto, el emperador Mauricio transportó las reliquias a la ciudad italiana de Milán.
Los huesos de Baltasar, Melchor y Gaspar permanecieron aquí hasta el siglo XII, cuando la ciudad de Milán se rebeló contra el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I Barbarroja. Al necesitar ayuda contra los milaneses, Federico recurrió al arzobispo de Colonia, que recuperó Milán para el emperador. Como gesto de gratitud y “ante las grandes súplicas del arzobispo”, el emperador transfirió las reliquias al arzobispo, que más tarde en 1164 las transportó Colonia, donde se construiría una catedral gótica para darles cobijo. Los huesos se encuentran en esta catedral a día de hoy dentro de un hermoso relicario de oro.
En 1864, el relicario fue abierto y se descubrieron los esqueletos de tres hombres. ¿Es posible que estos sean los restos de los tres Reyes Magos que fueron a adorar a Cristo recién nacido o son únicamente tres esqueletos anónimos que se hicieron pasar por los de los Magos a comienzos de la Edad Media? Hay algunas pistas intrigantes. Las tres calaveras pertenecen a un hombre joven, a otro de mediana edad y a un anciano. Un mosaico del siglo sexto en Rávena que representa a los tres Magos muestra precisamente a hombres de estas características. Este detalle concuerda, pero ¿qué pasa con el resto de la historia?
El relato de John of Hildesheim sobre los orígenes de los tres Reyes Magos se basa en leyendas anteriores, de los siglos quinto y sexto. Cuando uno empieza a investigar la historia de los tres Reyes Magos, se encuentra con abundantes historias locales y leyendas de la temprana Edad Media que llegan hasta las mismísimas Persia, India y China. Brent Landau, erudito del Nuevo Testamento, ha traducido un manuscrito sirio del siglo VIII que él considera tiene origen en tradiciones muy anteriores.
Sin embargo, la investigación de Landau sólo destaca la existencia de numerosas y diferentes versiones de la historia de los Magos a comienzos de la Edad Media. Según qué leyenda, los Reyes Magos proceden de un lugar o de otro y reciben una gran variedad de nombres distintos. De entre todos los personajes del Nuevo Testamento, no hay ningún otro cuya historia, leyenda y mitos milagrosos sea tan conflictiva como la de los Reyes Magos. Todos los antiguos cristianos de Paquistán, China, Etiopía, Persia y Asia central aseguran ser descendientes de ellos.
De hecho, no tenemos prácticamente ninguna evidencia específica arqueológica o textual que explique quiénes eran los Reyes Magos ni de dónde venían. El Evangelio de Mateo narra solamente que “llegaron del Oriente”, mientras que los primeros críticos de las Escrituras difieren. Algunos sugieren que los Magos venían de Persia, otros dicen que eran judíos de Yemen y algunos más que los Magos eran de Arabia.
¿Contiene entonces el ataúd de oro en la Catedral de Colonia los huesos de los tres Reyes Magos? Casi con toda seguridad que no; sin embargo, esos esqueletos sí nos conectan con el remoto siglo VI y con el intrincado tapiz de historias medievales sobre las más misteriosas figuras del Nuevo Testamento.
¿La moraleja? El relicario y la Catedral de Colonia permanecen como un enriquecedor testimonio del poder y la inspiración de la historia de tres misteriosos reyes magos que lo dejaron todo para embarcarse en un largo y arduo viaje para encontrar a Jesucristo y, si ellos se iniciaron en tan gran aventura para descubrir la luz del mundo, nosotros haríamos bien en seguir su ejemplo.