martes, 28 de agosto de 2018

Martes de la vigésima primera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 23,23-26.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno!
¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

lunes, 27 de agosto de 2018

Oración para educar al hijo en el camino de la obediencia

MOTHER SON

"Danos la gracia de no tener miedo de corregirlos" 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Señor, danos la gracia de la sabiduría para educar a nuestros hijos en el camino de la obediencia. Danos la gracia de no tener miedo de corregirlos.
Te pedimos, Señor, la sabiduría de una pedagogía inspirada, para formar a nuestros hijos; y sabiduría para utilizar la corrección, según tu corazón.
Danos la gracia de no omitir la corrección cuando ellos la necesitan.
Señor, libéranos de toda omisión, porque no queremos cruzarnos de brazos frente a los errores de nuestros hijos, sino llamarlos a una vida de obediencia y justicia, como tu Palabra nos enseña.
Señor, dales sabiduría a todos los papás, aquellos que se sienten perdidos en la formación de sus hijos; ilumínalos con tu Espíritu Santo, saca de su corazón todo sentimiento de fracaso y derrota. Libéralos, Señor.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Lunes de la vigésima primera semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Mateo 23,13-22.

"¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!
¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: 'Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale'!
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro?
Ustedes dicen también: 'Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar'.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?
Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él.
Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita.
Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

domingo, 26 de agosto de 2018

Carta del Papa a todos los católicos para afirmar su compromiso de luchar contra los abusos sexuales


"El dolor de las víctimas es también nuestro dolor"

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”.

El dolor de las víctimas es también nuestro dolor

Un crimen, afirma el Papa, que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Y es que mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado, y como dice Francisco, mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse.
El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso, el Papa pide que se reafirme con urgencia el compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.

Si un miembro sufre

El Papa recuerda en su carta la noticia hecha a conocer hace algunos días, donde se detalla lo que vivieron mil sobrevivientes, en EEUU, en Pensilvania, todos ellos víctimas del abuso sexual, “de poder y de conciencia en manos de sacerdotes durante aproximadamente setenta años”.  Aun la mayoría de los casos corresponden al pasado, sin embargo, como afirma el Santo Padre en su carta, con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte; las heridas “nunca prescriben”.
El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito, añade el Papa, fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad.
El Pontífice expresa que “con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”.
Y recordó las palabras del entonces cardenal Ratzinger cuando, en el Via Crucis escrito para el Viernes Santo del 2005, se unió al grito de dolor de tantas víctimas y, clamando, decía: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!. Es que, como dijo el Cardenal Ratzinger entonces, “la traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25)” (Novena Estación).

Perdón por los pecados propios y ajenos

Por último, el Papa afirma que donde existe el clericalismo, es donde más se ven “estas conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia”. Esta actitud «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente».
El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, dijo, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.
“Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado, afirma el Pontífice, nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.
«Si un miembro sufre, todos sufren con él», nos decía san Pablo. Por medio de la actitud orante y penitencial, añade, podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de la conversión y la unción interior para poder expresar, ante estos crímenes de abuso, nuestra compunción y nuestra decisión de luchar con valentía.

Vigésimo primer Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Juan 6,60-69.

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?".Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza?¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.Pero hay entre ustedes algunos que no creen". En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?".Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".