martes, 24 de abril de 2018

Antonio Banderas: «La Semana Santa me ha hecho acercarme a la Iglesia de nuevo»


Durante un tiempo, viviendo en Los Ángeles, buscó respuestas a sus inquietudes espirituales en las místicas orientales, hasta que volvió una Semana Santa a Málaga: «Me di cuenta de que había tenido siempre delante de mis narices esa posible conexión con lo trascendental», confiesa el actor en El Espejo diocesano de Málaga

Cada Semana Santa intenta volver a Málaga, su tierra. Reencontrarse con los suyos, de modo especial en la procesión del Domingo de Ramos. De no ser por esa rutina, «yo hubiera perdido el contacto con la gente, con todas sus historias, con las historias de sus hijos, ya incluso de sus nietos (porque ya somos mayorcitos todos)». Reencontrarse con ellos «a través de la figura de Jesús o de la Virgen María me resulta muy hermoso, muy gratificante».
Son confesiones del actor malagueño al programa diocesano El Espejo, de COPE Málaga, durante una entrevista con los periodistas Encarni Llamas y Antonio Moreno. Banderas se sincera y cuenta que, viviendo en Los Ángeles, «trataba de buscar una conexión espiritual por otros lugares», hasta que, en el año 94, regresó a Málaga tras una operación de cerebro a vida o muerte a la que tuvo que someterse su hermano. «Me di cuenta de que no tenía que buscar demasiado, que había tenido siempre delante de mis narices esa posible conexión con lo trascendental. Y que se daba de una forma además que seguía nuestras propias tradiciones».
Con la periodista Encarna Llamas, en El Espejo diocesano de COPE
Aquel regreso a casa coincidió con una Semana Santa. Y Antonio Banderas, que creció en una familia católica, cayó en la cuenta de que, en su búsqueda espiritual, no necesitaba recurrir a Buda ni a figuras de otras tradiciones orientales –«que son son personajes fantásticos de lo espiritual»–, puesto que las respuestas «las tenía en mi barrio».
El actor confiesa que «la Semana Santa es lo que me apega más y me hace acercarme muchísimo a la Iglesia de nuevo». Estas tradiciones le han permitido «redescubrirme a mí mismo» en las tradiciones aprendidas en la infancia.
Colaboración con el director del coro del Papa
Mientras promociona la serie Genius, en la que interpreta a Pablo Picasso (de ahí su nuevo corte de pelo), Antonio Banderas se prepara para hacer de narrador en el oratorio Passio Christi, de monseñor Marco Frisina, director del Coro de la Diócesis de Roma.
Con Marco Frisina, director del Coro de la Diócesis de Roma
La obra se representará los días 27 y 28 de abril en el Teatro Cervantes de Málaga, y cuenta con grandes figuras de la ópera, en particular la soprano italiana Maria Grazia Schiavo, habitual de la Scala de Milán. Banderas dará voz a textos evangélicos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
El actor se declara un entusiasta de Frisina, con quien espera colaborar en el futuro, concretamente en un proyecto centrado en el Guernica. En la entrevista desvela además que sin ser «un gran músico», solo «un músico de andar por casa», ha hecho sus pinitos en música religiosa. «Nadie espera que yo escriba música para marchas de Semana Santa ni nada por el estilo, pero lo hago», confiesa.
Ricardo Benjumea

Martes de la cuarta semana de Pascua


Libro de los Hechos de los Apóstoles 11,19-26. 

Los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra únicamente a los judíos. 
Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. 
La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron. 
Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. 
Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. 
Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor. 
Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, 
y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de "cristianos". 

Salmo 87(86),1-3.4-5.6-7. 
¡Esta es la ciudad que fundó el Señor
sobre las santas Montañas!
El ama las puertas de Sión
más que a todas las moradas de Jacob.
Cosas admirables se dicen de ti,

Ciudad de Dios.
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre aquellos que me conocen;
filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella.»
Así se hablará de Sión:
«Este, y también aquél,
han nacido en ella,

y el Altísimo en persona la ha fundado.»
Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá:
«Este ha nacido en ella.»
Y todos cantarán, mientras danzan:

«Todas mis fuentes de vida están en ti.»



Evangelio según San Juan 10,22-30. 
Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno,
y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente".
Jesús les respondió: "Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí,
pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre.
El Padre y yo somos una sola cosa". 

lunes, 23 de abril de 2018

¿Cómo hacer para que las familias vayan a misa? Mira lo que hizo esta parroquia



Las interesantes ideas de un párroco en EE.UU.

La parroquia de Cristo Rey en Chicago registró un sorprendente 64% de aumento en la asistencia a la iglesia el pasado otoño. ¿Cómo lo consiguieron?
La web Catechist’s Journey recoge explicaciones de su pastor, el padre Larry Sullivan, quien afirmó haber abordado la cuestión desde varios ángulos:
  • Enviar correos electrónicos semanales a todos nuestros feligreses para invitarles a celebrar la Eucaristía.
  • Poner un folleto en los buzones de todos.
  • Cada semana, en una de las misas, un feligrés reconocido hace una breve presentación sobre “Qué significa Cristo Rey para mí”.
  • Misa deportiva y fiesta con pizza.
  • Una de las organizaciones patrocina la misa nocturna del sábado y la pizza, diferente de la de la misa deportiva.
  • Presentación de nuestro nuevo coro estudiantil.
  • Cada semana se ofrece a alguien de la escuela un premio especial si se hace una fotografía con uno de los sacerdotes de la misa dominical: pase de paisano o de trabajo.
  • El último domingo de octubre, si el 75% de una clase determinada venía a misa, la clase recibía un obsequio y tiempo para jugar con el padre Matt o conmigo. Si venía a misa el 90%, entonces toda la clase recibía una fiesta de pizza. Fue fantástico ver a los niños animándose unos a otros para ir a misa.
Varias familias me dijeron que, después de 4-5 semanas de ir a misa, la asistencia futura estaba cambiando de un “ojalá podamos” a una prioridad.

Lunes de la cuarta semana de Pascua


Libro de los Hechos de los Apóstoles 11,1-18. 

En aquellos días:
Los Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la Palabra de Dios. 
Y cuando Pedro regresó a Jerusalén, los creyentes de origen judío lo interpelaron, 
diciéndole: "¿Cómo entraste en la casa de gente no judía y comiste con ellos?". 
Pedro comenzó a contarles detalladamente lo que había sucedido: 
"Yo estaba orando en la ciudad de Jope, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Vi que bajaba del cielo algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus cuatro puntas, que vino hasta mí. 
Lo miré atentamente y vi que había en él cuadrúpedos, animales salvajes, reptiles y aves. 
Y oí una voz que me dijo: 'Vamos, Pedro, mata y come'. 
'De ninguna manera, Señor, respondí, yo nunca he comido nada manchado ni impuro'. 
Por segunda voz, oí la voz del cielo que me dijo: "No consideres manchado lo que Dios purificó". 
Esto se repitió tres veces, y luego, todo fue llevado otra vez al cielo. 
En ese momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que habían sido enviados desde Cesarea para buscarme. 
El Espíritu Santo me ordenó que fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron también los seis hermanos aquí presentes y llegamos a la casa de aquel hombre. 
Este nos contó en qué forma se le había aparecido un ángel, diciéndole: 'Envía a alguien a Jope, a buscar a Simón, llamado Pedro. 
El te anunciará un mensaje de salvación para ti y para toda tu familia'. 
Apenas comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como lo hizo al principio sobre nosotros. 
Me acordé entonces de la palabra del Señor: 'Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo'. 
Por lo tanto, si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios?". 
Después de escuchar estas palabras se tranquilizaron y alabaron a Dios, diciendo: "También a los paganos Dios les ha concedido el don de la conversión que conduce a la Vida". 

Salmo 42(41),2-3.43(42),3.4. 
Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios?
Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas.
Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío.



Evangelio según San Juan 10,1-10. 
Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. 
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. 
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. 
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. 
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz". 
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. 
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. 
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. 
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. 
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia." 

domingo, 22 de abril de 2018

Gaudete et exsultate: La santidad es para todos


Ni la santidad es una llamada para unos pocos elegidos, ni en la Iglesia hay católicos de primera y de segunda: solo pecadores sostenidos por la misericordia y la gracia de Dios. La nueva exhortación del Papa, Gaudete et exsultate, dedicada a la santidad, encierra también una profunda carga de eclesiología
La santidad no es un ideal al alcance de unos pocos elegidos, sino una vocación para todo bautizado, con la ayuda del Espíritu Santo. «Ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis», escribe el Papa de forma muy gráfica.
Gaudete et exsultate –aclara Francisco en las primeras líneas– no es «un tratado de sobre la santidad». Según él mismo explica en una carta que acompaña al envío del documento a los obispos de todo el mundo, «la he escrito para animar a todos a acoger la llamada a la santidad en la vida cotidiana».
Pero junto a su estilo llano y ágil, que hace este documento accesible a todos, hay un importante trasfondo teológico y eclesiológico. Frente a una visión más elitista y vertical inspirada en el concepto las minorías creativas, Francisco bebe de las fuentes de la teología del pueblo latinoamericana, con una Iglesia casa de todos, sin distinciones entre católicos de primera y de segunda.
Firmada el 19 de marzo, quinto aniversario del inicio de pontificado, la tercera exhortación de Francisco se titula, traducida al castellano, Alegraos y regocijaos. Un acento en la alegría que es ya marca de la casa y aparece en el nombre de las dos exhortaciones anteriores de Jorge Bergoglio: Evangeli gaudium (La alegría del Evangelio), su documento programático, y Amoris laetitia (La alegría de la familia), firmada otro 19 de marzo, en 2016.
Gaudete et exsultate profundiza un proceso de reformas que, a estas alturas, ha quedado claro a todo el mundo que va más allá de unos cuantos cambios en la Curia romana. Francisco se propone una verdadera transformación de las las mentalidades y actitudes en la Iglesia, donde la insistencia en la pureza doctrinal deja paso a un seguimiento de Jesús alegre y confiado en medio del mundo, sin miedo a asumir riesgos en la construcción del Reino. Es aquello, en Evangelii gaudium, de «prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades». Recupera ahora Bergoglio esa impactante imagen que expuso durante los días previos al cónclave de 20143, advirtiendo de que, a menudo, quien censura a Cristo es la propia Iglesia, porque algunos han hecho de ella una especie de club cerrado y elitista incapacitado para un encuentro verdadero con los demás; una Iglesia inservible, por tanto, para la misión, más allá de golpes en el pecho que solo refuerzan los mutuos prejuicios negativos. «A veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir», se lee en el punto 136 de la nueva exhortación.
La clase media de la santidad
La santidad, por el contrario, supone siempre una bocanada de aire fresco, «es el rostro más bello de la Iglesia» y transmite una alegría contagiosa. Lo mejor de todo, abunda mucho más de lo que suele presuponerse.
Citando a Benedicto XVI, Francisco habla de «la muchedumbre de los santos de Dios». «No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados», aclara. Entre esos santos «puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas». «Quizá su vida no fue siempre perfecta». De hecho, «no todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida», el modo en que todos ellos, aun «en medio de imperfecciones y caídas, siguieron adelante y agradaron al Señor».
Un cuadro que cobra sentido cuando se dejan a un lado las idealizaciones y se asume que seguir a Cristo no es un ejercicio de virtuosismo personal, sino que requiere una y otra vez confiarse humildemente a la misericordia de Dios. «Todos nosotros somos un ejército de perdonados –dice el Papa–.
No se requieren circunstancias extraordinarias. «¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús».
Dándole la vuelta al famoso dicho, Francisco insiste en que a Dios se le encuentra en los detalles, en los gestos sencillos. «Con pequeños gestos» se va forjando un santo. «Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: “No, no hablaré mal de nadie”. Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso».
Es la ya popular idea de «la clase media de la santidad», que el Papa ha tomado del novelista francés Joseph Malègue. Bajo el epígrafe «Los santos de la puerta de al lado», escribe Francisco: «Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad “de la puerta de al lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios».
Santos cada uno a su manera
La santidad es para todos, sí, pero cada uno esta llamado a ser santo a su manera. Para cada hombre y mujer Dios tiene pensado un camino, el que le llevará a realizarse plenamente como persona, asegura el Pontífice recogiendo una idea del Concilio Vaticano II. «Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables», advierte. «Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él, y no que se desgaste intentado imitar algo que no ha sido pensado para él».
Vuelve el famoso discernimiento, una idea que fue central en Amoris laetitia. No se trata de relativismo, sino –muy al contrario– de tomarse la vida en serio, meditando y rezando las decisiones grandes y pequeñas. «Pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero examen de conciencia», anima Francisco.
Porque en el camino hacia la santidad son imprescindibles los momentos de oración y adoración, además de la ayuda de los sacramentos. Es lo que permite afrontar la «lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás)». Una lucha constante que lo es también «contra el diablo», advierte el Papa, reiterando un mensaje muy frecuente en sus predicaciones matinales en Santa Marta. «No pensemos que [el demonio] es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea», dice. «Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos».