lunes, 13 de noviembre de 2017

Si rezas el Rosario con frecuencia, estos consejos te ayudarán a perfeccionar este hábito

Rosario / Flickr de FotoKatolik (CC-BY-SA-2.0)

Estamos en el mes del Rosario, mes en el que muchos católicos redescubren esta oración predilecta de la Virgen María, fortalecen su vida espiritual y cuentan con gracias especiales.
Por ello y para seguir perfeccionando el hábito de esta oración, contemplando a Jesús a través de la Virgen María, presentamos 7 consejos prácticos para profundizar en el rezo del Rosario, tomados del libro “El Rosario: Teología de rodillas”, del sacerdote, escritor y funcionario de la Secretaría de Estado del Vaticano, Mons. Florian Kolfhaus:
1. Dedicarle el tiempo que se merece
Nuestros calendarios están llenos de citas. Sin embargo, es bueno reservar entre 20 a 30 minutos al día para el rezo del Santo Rosario. Este encuentro con Jesús y María es verdaderamente más importante que las demás actividades agendadas.
Este tiempo de oración se reserva finalmente para uno mismo porque es un tiempo en el que debemos dedicarnos solo a amar. Es posible reservar dos o tres días de la semana para el rezo del Rosario, y de esta forma se hará cada vez más fácil hacer esta oración, hasta finalmente practicarla todos los días.
2. Saber que rezas para alguien más
Una buena oración se basa en orientar completamente la voluntad en complacer a nuestro querido amigo, Cristo, y no a uno mismo.
3. Hacer pausas para concentrarnos
San Ignacio de Loyola recomienda la llamada "tercera forma de rezar" para adaptar las palabras al ritmo de la propia respiración.
A menudo es suficiente interrumpir un misterio del Rosario para volver a ser conscientes de que Jesús y María nos miran llenos de alegría y amor. Para esto puede ser útil respirar dos o tres veces, antes de volver a retomar la oración.
4. Dirigir nuestros pensamientos a los misterios
Se puede y se debe “desviar” los pensamientos para encontrar el misterio que debemos visualizar en nuestra mente antes de cada decena del rosario.
Es poco probable que la repetición sea útil si no es encaminada varias veces hacia lo esencial, que es la vida de Jesús y María.
5. Hacer de la oración un momento para compartir con Cristo
Uno de los primeros y más importantes pasos hacia la oración interior es no solo dedicarnos a pensar y meditar, sino mirar a quien va dirigida nuestra plegaria.
Saber que, a quien nos dirigimos, nos ama infinitamente despertará en nosotros diversos y espontáneos sentimientos, al igual que cuando disfrutamos y nos alegramos con la persona que nos importa sobremanera.
6. Cerrar los ojos o simplemente fijarlos en un solo lugar
Algunas personas cierran los ojos con el fin de concentrarse y rezar mejor. Eso puede ser una ayuda, pero a menudo es suficiente fijar la vista en un solo lugar y evitar mirar alrededor. En cualquier caso, es importante que los ojos del corazón estén siempre abiertos.
El Rosario es como una visita al cine. Se trata de ver imágenes. Algunas preguntas básicas pueden ser de utilidad: ¿Qué, quién, cómo, cuándo, dónde? Cómo veo el nacimiento de Jesús, su crucifixión, su ascensión.
A veces puedo –como si tuviera una cámara– acercar elementos o detalles y buscar un primer plano: la mano de Cristo traspasada por los clavos, las lágrimas en los ojos del apóstol Juan mientras el Señor asciende al cielo, etc.
7. Que la intención de rezar siempre sea el amor
Las palabras acompañan, nuestra mente se dispone, pero es nuestro corazón el que debe dominar la oración.
Todos los grandes escritores espirituales concuerdan en que la oración interior afecta principalmente nuestros sentimientos y emociones.
Santa Teresa de Ávila lo explica de manera simple: "¡No piense mucho, ame mucho!". En una ocasión, una anciana me contó que no podía pensar en rezar el Rosario todos los días, pero lo único que le alcanzaba era decir interiormente: ‘¡Jesús, María, los amo!’. Felicito a la mujer. A tal resultado es donde el rezo del Rosario debe llevar.

Lunes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario


Libro de la Sabiduría 1,1-7. 

Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen rectamente acerca del Señor y búsquenlo con sencillez de corazón.
Porque él se deja encontrar por los que no lo tientan, y se manifiesta a los que no desconfían de él.
Los pensamientos tortuosos apartan de Dios, y el Poder puesto a prueba, confunde a los insensatos.
La Sabiduría no entra en un alma que hace el mal ni habita en un cuerpo sometido al pecado.
Porque el santo espíritu, el educador, huye de la falsedad, se aparta de los razonamientos insensatos, y se siente rechazado cuando sobreviene la injusticia.
La Sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no dejará sin castigo las palabras del blasfemo, porque Dios es el testigo de sus sentimientos, el observador veraz de su corazón, y escucha todo lo que dice su lengua.
Porque el espíritu del Señor llena la tierra, y él, que mantiene unidas todas las cosas, sabe todo lo que se dice.

Salmo 139(138),1-3.4-6.7-8.9-10. 
Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.
Antes que la palabra esté en mi lengua,

tú, Señor, la conoces plenamente;
me rodeas por detrás y por delante
y tienes puesta tu mano sobre mí;
una ciencia tan admirable me sobrepasa:
es tan alta que no puedo alcanzarla.
¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?

¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.
Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano

y me sostendría tu derecha.

Evangelio según San Lucas 17,1-6. 
Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería." 

domingo, 12 de noviembre de 2017

Trigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario


Libro de la Sabiduría 6,12-16. 

La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan.
Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta.
Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes.
La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.

Salmo 63(62),2.3-4.5-6.7-8. 
Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en el Santuario

para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada

como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
Veo que has sido mi ayuda

y soy feliz a la sombra de tus alas.

Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,13-18. 
No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza.
Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él.
Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto.
Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo.
Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre.
Consuélense mutuamente con estos pensamientos.

Evangelio según San Mateo 25,1-13. 
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',
pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora. 

sábado, 11 de noviembre de 2017

Sábado de la trigésima primera semana del tiempo ordinario


Carta de San Pablo a los Romanos 16,3-9.16.22-27. 

Saluden a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús.
Ellos arriesgaron su vida para salvarme, y no sólo yo, sino también todas las iglesias de origen pagano, tienen con ellos una deuda de gratitud.
Saluden, igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa. No se olviden de saludar a mi amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor.
Saluden a María, que tanto ha trabajado por ustedes;
a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y creyeron en Cristo antes que yo.
Saluden a Ampliato, mi amigo querido en el Señor;
a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y también a Estaquis, mi querido amigo.
Salúdense mutuamente con el beso de paz. Todas las Iglesias de Cristo les envían saludos.
Yo, Tercio, que he servido de amanuense, los saludo en el Señor.
También los saluda Gayo, que me brinda hospedaje a mí y a toda la Iglesia. Finalmente, les envían saludos Erasto, el tesorero de la ciudad y nuestro hermano Cuarto.

¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad
y que ahora se ha manifestado! Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe.
¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.

Salmo 145(144),2-3.4-5.10-11. 
Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

Cada generación celebra tus acciones
y le anuncia a las otras tus portentos:
ellas hablan del esplendor de tu gloria,
y yo también cantaré tus maravillas.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.


Evangelio según San Lucas 16,9-15. 
Jesús decía a sus discípulos:
"Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.
Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien?
Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero".
Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús.
El les dijo: "Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios." 

viernes, 10 de noviembre de 2017

¿Por qué la misa del sábado por la noche es válida para el domingo?


La capacidad de cumplir con la obligación dominical en un sábado tiene unas sorprendentes raíces bíblicas

Durante la mayoría de la historia de la Iglesia, se exigía los cristianos acudir a misa durante las 24 horas de un domingo para cumplir con su obligación hacia el Señor. Así se hacía de acuerdo con el mandamiento de santificar el día sagrado.
Luego, tras el Concilio Vaticano Segundo, se tomó la decisión de permitir que las misas celebradas la tarde antes “se convalidaran” como la obligación dominical. Así se estableció en el Derecho Canónico, en el que ahora se lee: “Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde” (Can. 1248 §1).
Las motivaciones detrás de este cambio eran principalmente pastorales y se vieron influidas por cambios producidos por todo el mundo. Por ejemplo, varios gobiernos y cambios culturales ya no protegían el domingo como día no laboral, así que la Iglesia en su sabiduría ideó una solución que fuera acorde con la tradición.
Ante todo, la Iglesia no se inventó la celebración de un día festivo en la tarde anterior. Según el padre Edward McNamara, “el concepto de ‘día’ en el mundo antiguo (…) dividía nuestras 24 horas en cuatro vigilias nocturnas y cuatro horas de luz, con el comienzo del día en la primera vigilia”. Esto significaba que el ‘día’ no comenzaba a la medianoche, sino con el ocaso (recordemos que los pueblos antiguos no tenían relojes).
Esto se confirmó aún más con la práctica judía de observar el sabbat el sábado. Según la ley judía, “el sabbat es un día de reposo y celebración que comienza el viernes con el ocaso y termina la tarde del día siguiente con la caída de la noche”. Una de sus justificaciones para esta práctica viene de un suceso ocurrido durante el exilio en el desierto.
Para satisfacer las necesidades físicas de su pueblo, Dios envió codornices y maná. Moisés dice en Éxodo: “Esta tarde ustedes sabrán que ha sido el Señor el que los hizo salir de Egipto, y por la mañana verán la gloria del Señor (…) Esta tarde el Señor les dará carne para comer, y por la mañana hará que tengan pan hasta saciarse, ya que escuchó las protestas que ustedes dirigieron contra él” (Éxodo 16,6-8). En este caso, Dios proporcionó alimento tanto para la tarde anterior como para la mañana siguiente.
En el simbolismo cristiano, esto hace referencia al maná y la carne eucarísticos que Dios ofrece a su Iglesia durante la misa.
Así que, aunque pueda parecer extraño celebrar el domingo un sábado, no es nada nuevo, sino que tiene unas sorprendentes raíces bíblicas.