domingo, 8 de abril de 2018

Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia


Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia


Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-35. 
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.
Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían
y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.

Salmo 118(117),2-4.16ab-18.22-24. 
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.
El Señor me castigó duramente,
pero no me entregó a la muerte.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.


Epístola I de San Juan 5,1-6. 
Queridos hermanos:
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él,
La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad.

Evangelio según San Juan 20,19-31. 
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre. 

sábado, 7 de abril de 2018

Sábado de la Octava de Pascua


Sábado de la Octava de Pascua


Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,13-21. 
Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús,
pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos.
Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar,
diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén.
A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre".
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús.
Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios.
Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído".
Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.

Salmo 118(117),1.14-15.16ab-18.19-21. 
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos.

“La mano del Señor hace proezas,
La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.
El Señor me castigó duramente,

pero no me entregó a la muerte.
«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

Evangelio según San Marcos 16,9-15. 
Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios.
Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado.
Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado.
Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación." 

viernes, 6 de abril de 2018

¿Por qué morir los viernes antes de las 23:59? (¡si es posible!)



Rosarios, escapularios... breve historia de estos objetos de devoción

Nos exigen tiempo, dedicación y quizás no combinen del todo bien con nuestra ropa, pero ¿cómo no consagrarnos a ellos si nos permiten admirar a Nuestra Señora y a Su Hijo divino hasta el fin de los tiempos?

Porque la Santísima Virgen lo obtiene todo de Dios: la medalla milagrosa

El 27 de noviembre de 1830, Catalina Labouré, religiosa de las Hijas de la Caridad en el número 140 de la rue du Bac, en París, ve a la Virgen María que se le aparece mientras está en oración.
La Virgen se encontraba de pie ante una figura oval, pisaba una serpiente y llevaba anillos de diferentes colores desde los que brotaban rayos de luz.
Alrededor de ella surgieron las palabras: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti”.
La Virgen dijo: “Es la imagen de las gracias que reparto sobre las personas que me las piden”, y para explicar los anillos de los que no surgían rayos, añadió: “Es la imagen de las gracias que han olvidado pedirme”.
Entonces la imagen pareció darse la vuelta, mostrando lo que ahora es el reverso de la medalla: rodeada de doce estrellas, una gran M, inicial de María, coronada con la Cruz. Debajo, dos corazones: el de Jesús, coronado de espinas, y el de María, atravesado por una espada.
Reprodução
Luego, Catalina escuchó la petición de la Santa Madre de Dios de llevar estas imágenes a su confesor para que las acuñara en medallas, puesto que “todos aquellos que la porten recibirán grandes gracias”.
La petición fue aprobada por el arzobispo de París y la medalla no tardó en hacerse extremadamente popular. Este feliz episodio que honra la ciudad de París animó al papa Pío IX a proclamar el 8 de diciembre de 1854 el dogma de la Inmaculada Concepción. 
Exhumado en 1933, el cuerpo incorrupto santa Catalina Labouré yace ahora en un relicario en el altar de la capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, al lado del cuerpo también incorrupto de santa Luisa de Marillac.

Para morir en estado de gracia e ir al cielo, a partir del sábado: el escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo

La palabra escapulario viene del latín scapŭla, espalda. La Santísima Virgen es la Madre de todos los cristianos, y ¿acaso no es la principal tarea de una madre la de proteger la espalda de sus hijos?
Surgido en el siglo VII en la Orden de San Benito, el escapulario se compone de dos trozos de tela que cuelgan de la parte anterior y posterior del cuerpo, unidos a la altura de los hombros con unos cordones o bandas de tela.
Si la llevan religiosos, es más grande y parece una auténtica vestimenta; si la llevan laicos, toma la forma de una especie de collar.
Los dos pedazos de tela del escapulario laico o devocional están bordados, con representaciones del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María, respectivamente.
En 1251 en Cambridge, cuando el carmelita Simón Stock llamaba a la Santa Madre para que ayudara a su Orden oprimida, Ella se le apareció al amanecer rodeada de ángeles y cubierta de luz.
Vistiendo el hábito de la Orden del Carmelo, la Virgen le extiende con su mano una tela de color marrón que es el escapulario de la Orden, mientras le dice a Simón Stock: “Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con este hábito no padecerá el fuego eterno”.
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En 1317, el papa Juan XXII redacta la Bula Sabatina, después de una visión de la Virgen en la que le prometía acudir a liberar las almas del purgatorio al sábado siguiente de su defunción en caso de que, en el momento de su muerte y durante su vida, hubieran llevado fielmente el escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
El capítulo 38 del Libro de la Vida de santa Teresa de Ávila parece apoyar la efectividad del privilegio sabatino: “Otro fraile de nuestra Orden, harto buen fraile, estaba muy malo y, estando yo en misa un sábado, me dio un recogimiento y vi cómo era muerto y subir al cielo sin entrar en purgatorio. Murió a aquella hora que yo lo vi, según supe después. Yo me espanté de que no había entrado en purgatorio. Entendí que por haber sido fraile que había guardado bien su profesión, le habían aprovechado las Bulas de la Orden para no entrar en purgatorio”. 
Parece ser que desde entonces se extendió la idea de que el sueño de los católicos es morir ¡un viernes a las 23:59!
Monseñor Leo de Goesbriand (1816-1899) hizo un hermoso comentario en relación al escapulario: “Allá donde esté, haga lo que haga, María no puede mirarme sin ver sobre mi cuerpo una prueba de mi devoción hacia Ella”.
Las promesas ligadas a nuestro final último son las más importantes que existen. Llevar el escapulario se asocia habitualmente a la promesa de rezar el rosario todos los días de la vida.

Para la conversión de los pecadores: el escapulario verde

Revelado por la Virgen a la hermana Justina Bisqueyburu, una religiosa que fue testigo de apariciones en 1840 en el mismo convento de la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en el mencionado número 140 de la calle Bac en París. Este escapulario posibilita la conversión de los pecadores y ha sido objeto de dos aprobaciones sucesivas del papa Pío IX, en 1863 y luego en 1870.
Numerosas conversiones fueron posibles gracias a este escapulario, así que es una buena idea regalar un escapulario verde a un ser querido alejado de Dios, diciéndole simplemente que con él le protegerá la Virgen María.
Aunque los no creyentes refunfuñen mucho en contra de Dios, suelen ser bastante menos impetuosos cuando se trata de la Virgen.
Una vez que el sacramental esté en el bolsillo o en el monedero, la persona que, casi sin darse cuenta, ha dicho que sí a la Santa Virgen el aceptar el escapulario verde, no tardará mucho en ver su corazón convertido.
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Para todas las necesidades de la vida presente y futura: el rosario

150 salmos, 150 preces para san Pedro y 150 Ave Marías para la Santa Madre.
Compuesto de 5 series de 10 cuentas, que representan tradicionalmente los 5 misterios gloriosos, los 5 misterios dolorosos y los 5 misterios gozosos. Desde la Edad Media, el rosario viene siendo considerado como el arma más poderosa de los cristianos.
La práctica nació con la aparición de la Virgen a santo Domingo de Guzmán, por el año 1200, quien le pidió: “Reza mi Salterio y enséñalo a tus hombres. Esta oración nunca fracasará”.
El rezo de 150 avemarías ya era una práctica corriente desde el siglo XI, conocida con el nombre de Salterio de María, pensada para reducir la dificultad de rezar los 150 salmos de la Biblia.

Una práctica requerida regularmente por la Virgen

En 1846 en La Salette-Fallavaux, Francia, la Virgen aparece engalanada con 3 guirnaldas de rosas: las gozosas, dolorosas y gloriosas del rosario. Lo mismo sucedió en Pellevoisin en 1876.
En 1871 en Pontmain, Francia, durante el rezo de un rosario, María se engrandeció y las estrellas se multiplicaron.
En 1858, María se apareció 18 veces con un rosario en la mano.
En 1917 en Fátima, la Santísima Virgen pide 7 veces a los niños que recen el rosario todos los días.
© Jiri Hera / Shutterstock
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Las promesas de la Santa Virgen

  1. Aquellos que me sirvan con gran devoción rezando el Rosario, recibirán grandes gracias.
  2. Prometo mi protección especial y las mayores a aquellos que recen el Rosario.
  3. El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno: destruye los vicios, disminuye los pecados y nos defiende de las herejías.
  4. Hará florecer la virtud y las buenas obras; se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y sus vanidades y los elevará hacia el deseo por las cosas eternas. De esta forma se santificarán las almas.
  5. El alma que se encomiende a mí por el rezo del Rosario no perecerá.
  6. Quien rece el Rosario con devoción y aplique en su vida los santos misterios, jamás será vencido por la desdicha. Dios no lo castigará en Su justicia, no tendrá una muerte violenta; si es justo, permanecerá en la gracia de Dios y tendrá la recompensa de la vida eterna.
  7. Los que sientan verdadera devoción por el Rosario no morirán sin los sacramentos de la Iglesia.
  8. Aquellos que en vida y en la hora de su muerte recen con gran fe el Santo Rosario encontrarán la luz de Dios y la plenitud de Sus gracias; en el momento de la muerte participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
  9. Libraré del purgatorio a los que sean devotos al Rosario.
  10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
  11. Obtendrán todo lo que Me pidan rezando el Rosario.
  12. Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
  13. Mi Hijo Me ha concedido que todo aquel que se encomiende a Mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
  14. Todos aquellos que recen el Rosario son Mis hijos y los hermanos de Mi único Hijo Jesucristo.
  15. La devoción a Mi Rosario es una gran señal de predestinación.
De modo que se conserve una similitud con un canto amoroso, san Luis María Grignion de Montfort aconsejaba en relación a la manera de rezar el rosario:
“Es una lástima ver cómo la mayoría de la gente reza el Rosario.Lo pronuncian con una precipitación sorprendente; incluso se comen parte de las palabras. Nadie querría realizar un cumplido de esta manera tan ridícula, ni al último de los hombres, ¡y creemos que Jesús y María se sentirán honrados así! (…) Después de esto, ¿es de extrañar que las más santas oraciones de la religión cristiana continúen sin casi ningún fruto; o de que, después de miles y miles de Rosarios rezados, no seamos más santos?”.


Viernes de la Octava de Pascua


Viernes de la Octava de Pascua


Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,1-12. 
Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos,
irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús.
Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas,
con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes.
Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?".
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos,
ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado,
sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos.
El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular.
Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos".

Salmo 118(117),1-2.4.22-24.25-27a. 
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».


Evangelio según San Juan 21,1-14. 
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. 

jueves, 5 de abril de 2018

Jueves de la Octava de Pascua


Jueves de la Octava de Pascua


Libro de los Hechos de los Apóstoles 3,11-26. 
Como el paralítico que había sido curado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.
Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre?
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad.
Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida,
mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar.
Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes.
Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.
Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados."
Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes.
El debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas.
Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga.
El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo.
Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.
Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades".

Salmo 8,2a.5.6-7.8-9. 
¡Señor, nuestro Dios,
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.
Todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.


Evangelio según San Lucas 24,35-48. 
Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,
pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?
Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".
Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.
Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?".
Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;
él lo tomó y lo comió delante de todos.
Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,
y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,
y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.
Ustedes son testigos de todo esto."