miércoles, 31 de mayo de 2017

¿Por qué los musulmanes veneran tanto a la Virgen María?


La mujer más grande para el Islam y modelo para los creyentes

¿Por qué la Virgen María es tan venerada por los musulmanes? Especialmente bajo la advocación de Fátima, el Islam siente un gran amor por la Virgen María, a quien llaman Nuestra Señora (Sayyida). 
 
Nos explica el experto Francesc-Xavier Marín, doctor en Filosofía y experto profesional en cultura, civilización y religión islámicas, profesor de la Universidad Ramon Llull, consultado por Aleteia:
 
“El Corán presenta a María no sólo como una mujer relevante, sino como la mejor de las mujeres (Corán 3,42-43), haciendo de ella un ejemplo a seguir por todos los creyentes, porque creyó en la veracidad de la palabra de Dios (Corán 66,12). Por esto Dios la escogió para ser la madre de Jesús, el profeta de la bondad.
 
De las 114 suras del Corán, sólo 8 llevan en el título el nombre de algún personaje, y la sura 19 está consagrada a María y a narrar sus virtudes. Explica el texto sagrado que la mare de María, Hannah, se consagró al servicio del templo de Jerusalén, tal como correspondía a la gente del linaje de David. Cuando concibió un hijo, se entristeció porque era una niña y no un varón, pero Dios le reveló que esa niña estaba consagrada a Dios (Corán 3,35-36).
 
Por esto, el Islam proclama que María y Jesús estaban exentos de pecado. Educada por Zacarías en el templo de Jerusalén, María ya destacaba desde pequeña por su piedad y los ángeles la alimentaban (Corán 3,37) y le anunciaron que sería la madre del Mesías (Corán 3,45-48; 19,17-19).
 
Cuando María proclama que ella hizo voto de castidad, el ángel Gabriel le dijo que su hijo será un signo de Dios para la humanidad, una prueba de la misericordia de Dios (Corán 19, 20-21; 66,12). María busca refugio en un lugar apartado y sufre por los rumores que se han difundido sobre su embarazo (Corán 19,22-23). Pero Dios la consuela (Corán 9,24-26) y, hecho milagroso, Jesús recién nacido se le dirige diciéndole que ha hecho bien en creer en la palabra de Dios (Corán 19,27). Vueltos a su pueblo, Jesús proclamará que Dios le hizo su servidos, que le revelará un libro y que hará de él un profeta (19,30-33)”.
 
Hemos encontrado también un fragmento de un escrito de monseñor Fulton Sheen sobre la veneración de María en el Islam. Escrito en 1952, este escrito es de una gran actualidad, y muestra el profundo discernimiento de los signos de los tiempos de este gran pastor norteamericano, hoy camino de los altares: 
 
El Corán, que es la Biblia de los Musulmanes, contiene muchos pasajes concernientes a La Santísima Virgen. Primero, Corán cree en Su Inmaculada Concepción, también en su parto virginal. El Tercer capítulo del Corán coloca la historia de la familia de María en una genealogía que se remonta a Abraham, Noé y Adán. Cuando se comparan los relatos del Corán y del evangelio apócrifo sobre el nacimiento de María, somos tentados a creer que Mahoma dependía mucho de este último. Los dos libros describen la avanzada edad y esterilidad de la madre de María.  Cuando, a pesar de todo, concibe, la madre de María proclama, según el Corán:  "Oh Señor, te ofrezco y consagro a ti lo que ya está en mi. Acéptalo de mí".
 
Cuando nace María su madre exclama:  "¡y yo te la consagro con toda su descendencia bajo tu protección, Oh Dios, contra Satanás!".
 
El Corán pasa por alto a José en la vida de María, pero la tradición musulmana conoce su nombre y tiene algo de familiaridad con él. En esta tradición José habla con María, quien es virgen. Al preguntarle como fue que ella concibió a Jesús sin padre, María le contesta: "¿No sabes tú que Dios, cuando creó el trigo no necesitó semilla, y que Dios, por Su poder, hizo crecer los árboles sin ayuda de la lluvia?  Todo lo que Dios hizo fue decir  "Hágase", y se hizo".

 
El Corán también contiene versos sobre La Anunciación, la Visitación y el Nacimiento.  Contiene pinturas de Angeles acompañando a La Santa Madre y diciendo: "Oh María, Dios te escogió y purificó, y te eligió sobre todas las mujeres de la tierra".
 
En el décimo-noveno capítulo del Corán, existen 41 versos sobre Jesús y María.  Hay tal defensa a la virginidad de María aquí, que el Corán, en su cuarto libro, atribuye la condenación de los judíos a la monstruosa calumnia de ellos contra la Virgen María.
 
El Significado de Fátima
 
María, entonces, es para los musulmanes la verdadera Sayyida o Señora. El único posible serio rival en su credo sería la hija del mismo Mahoma, cuyo nombre es Fátima. Pero después de la muerte de Fátima, Mahoma escribió: "Tú serás la mas bendita entre todas las mujeres del paraíso, después de María". En una variante del texto, Fátima dice: "Sobrepaso a toda mujer excepto a María".
 
Esto nos lleva a nuestro segundo punto: ¿Por que la Santa Madre, en el siglo XX, se reveló en la pequeña aldea de Fátima, para que todas las futuras generaciones la conocieran como "Nuestra Señora de Fátima"?. Ya que nada sucede desde el cielo si no es con la mayor fineza de detalle. Creo que la Santísima Virgen escogió ser conocida como "Nuestras Señora de Fátima", como promesa y signo de esperanza para el pueblo musulmán, y como asegurándoles que ellos, que le manifiestan tanto respeto, un día aceptarán también a su Divino Hijo.
 
(Fulton Sheen, artículo escrito en 1952)
 
Muy interesante es también esta tercera aportación: la de la teóloga musulmana iraní Sherazade Hushmand, en una entrevista a Radio Vaticano en 2001, con motivo de una alocución de san Juan Pablo II:
 
 
–¿Qué significado tiene la figura de María para los musulmanes?
 
Sherazade Hushmand: En el Corán está muy presente. La presenta precisamente como María Inmaculada. En la tercera sura, de los versículos 34 en adelante, el Corán habla de este aspecto de María, de esta pureza suya total.
 
En un versículo, a propósito de María, se habla de libertad. La mujer de Hemram, que es la madre de María, reza a Dios diciendo: «Dios, yo te dedico aquella que tengo en el seno y la dedico para que sea libre, libre en absoluto».
 
Esta palabra se usa sólo una vez en el Corán y sólo para María. Esta libertad es una libertad absoluta de todo aquello que puede ser visto como pecado, como un mal, como un fallo, como una debilidad. María es pura de todo esto. Y luego viene la afirmación de Dios: «Yo lo acepto».
 
–¿Creen en esto todos los creyentes del Islam? 
 
Sherazade Hushmand: En el capítulo 66, último versículo, el 12, el Corán dice: «¿Queréis que yo os dé un ejemplo de fiel a seguir, válido para todos los creyentes del mundo?». Allí se propone como ejemplo a María. Esto es fortísimo. Porque María no es solamente un ejemplo y un símbolo a seguir por los cristianos, sino que también en el Corán María se convierte en símbolo y modelo para todos los creyentes, también para los mismos musulmanes.
 
–Y esto, ¿qué quiere decir en la vida de todos los días? 
 
Sherazade Hushmand: Tener esperanza, tener un modelo a seguir, tener una mujer tan pura a la que mirar para ir adelante, una mujer que tenía plena confianza en Dios. Ella es el ejemplo de la confianza, confianza total en el Absoluto, en el Dios que es la suma perfección y belleza.
 
Así nosotros la seguimos, teniendo siempre confianza, incluso en las dificultades o frente a las cosas que no logramos comprender. Como a ella, que se le pidió tener un hijo, lo dice el Corán, sin un padre material, sin un padre físico, y ella tuvo confianza y siguió adelante. Así, como ella, nosotros la tomamos como modelo y nos fiamos de Dios totalmente, incluso en los momentos difíciles y duros de la vida.
 
(Sherazade Hushmand, teóloga musulmana iraní, entrevista publicada por la agencia Zenit en 2001)

Fiesta de la Visitación de la Virgen María


Libro de Sofonías 3,14-18a. 

¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén!
El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal.
Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos!
¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! El exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y lanza por ti gritos de alegría,
como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el oprobio.

Libro de Isaías 12,2-3.4bcd.5-6. 
Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación.

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel!



Evangelio según San Lucas 1,39-56. 
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa. 

martes, 30 de mayo de 2017

Tú puedes ayudar eficazmente a los cristianos perseguidos rezando esta oración


"Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe..."

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor,
mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre
sufren la persecución y discriminación
en Irak, Siria y tantos lugares del mundo.

Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza
en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.
Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.
Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe en alegría y libertad.

Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz
interceda por ellos y les guíe por el camino de santidad.

Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos
aumente nuestro compromiso cristiano,
que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe.

Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad
sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

¿Cuáles son los frutos del Espíritu Santo?


La tradición de la Iglesia enumera 12

“Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Gálatas 5, 22-23)” (Catecismo, 1832).
Son los frutos que produce el Espíritu Santo en la vida del cristiano a lo largo de su vida después de recibir sus 7 dones, dones que son recibidos, junto a las virtudes teologales, en el sacramento del bautismo; dones que son aumentados con el sacramento de la confirmación (Catecismo, 1302), dados en plenitud.
El cristiano es como los árboles: cuando está maduro dará sus frutos; por sus frutos os conocerán (Mt 12, 33). Cuando los árboles están maduros, darán unos frutos que no son agrios, sino dulces y buenos a la vista.
Los santos son quienes han sabido dar todos estos frutos y han sabido practicar las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza). Ojo, que no hay que confundir estos frutos con la vivencia de los valores humanos.
Veamos ahora en qué consisten dichos frutos:
1.- AMOR O CARIDAD. Quien da este fruto hace ver a Cristo en su vida; es quien permite actuar a Cristo en su vida (Ga2, 20). Si falta el amor no puede encontrarse ninguna acción sobrenatural, ningún mérito para la vida eterna, ninguna verdadera y completa felicidad.
2.- ALEGRÍA O GOZO. Es el fruto que emana naturalmente del amor; es como la luz del sol, o el perfume de la flor, o el calor del fuego. Esta alegría no se apaga en medio de los problemas; todo lo contrario, crece y se robustece en medio de ellos pues se hace más necesaria que nunca. Cuando se está en comunión con Dios amor, la persona es feliz; y busca también hacer felices a los demás. Es una alegría que supera todo goce fundado en la carne o en las cosas materiales.
3.- PAZ. La paz es la perfección de la alegría, porque supone el goce del objeto amado. El “objeto” amado, por excelencia, no puede ser otro sino Dios, y de ahí, la seguridad de la paz que brota de tener a Dios en el corazón. La paz nos hace ser personas serenas y mantiene al alma en la posesión de una constante alegría a pesar de todo.
4.- PACIENCIA. Quien da este fruto, supera las turbaciones que implica la lucha permanente contra los enemigos del alma y sus fuerzas invisibles y visibles. También facilita un encuentro armonioso con las criaturas con las que nos relacionamos. La paciencia nos hace ser cristianos que se saben controlar e impide que seamos resentidos o vengativos. Este fruto ayuda a superar la tristeza e impide que nos quejemos ante los problemas y sufrimientos de la vida.
5.- LONGAMINIDAD. Longanimidad es el mismo coraje o el ánimo en las dificultades que se oponen al bien; es un ánimo sobrenatural para concebir y ejecutar las obras de la verdad. Este fruto permite al cristiano saber esperar la acción de la Divina Providencia, cuando ve que, según la lógica humana, se retrasa el cumplimiento de sus designios. Es un fruto que permite mantenernos perseverantes ante las dificultades.
6.- BENIGNIDAD. Es una disposición permanente a la indulgencia y a la afabilidad. Es un fruto que nos ayuda a ser gentiles y ayuda a defender la verdad sabiendo ‘discutir’. Da una dulzura especial en el trato con los demás. Es una gran señal de la santidad de un alma y de la acción en ella del Espíritu Santo.
7.- BONDAD. Es la fuerza que nos ayuda a ocuparnos del prójimo y beneficiarlo. Es como consecuencia de la benignidad pero de manera más incisiva en quien sufre y necesita ayuda. Quien da este fruto no critica malsanamente y tampoco condena a los demás; es más, ayuda a sanar a ejemplo de Jesucristo, la bondad infinita.
8.- MANSEDUMBRE. Ayuda a evitar la cólera y las reacciones violentas. Se opone a la ira y al rencor, evita que el cristiano caiga en sentimientos de venganza. La mansedumbre hace al cristiano suave en sus palabras y en el trato frente a la prepotencia de alguien. Es el fruto que nos asemeja a Jesús manso y humilde de corazón.
9.- FIDELIDAD. Quien da este fruto defiende la fe en público y no la oculta por miedo o vergüenza. La fidelidad es cierta facilidad para aceptar todo lo que hay que creer; es firmeza para afianzarnos en ello y tener la seguridad de la verdad que creemos sin sentir dudas. Al dar este fruto estamos glorificando a Dios quien es la verdad absoluta.
10.- MODESTIA. Quien da este fruto excluye todo lo que sea áspero y mal educado; este fruto se le nota al cristiano en el vestir, en el hablar, en su comportamiento, etc.. Ayuda para que nuestros sentidos no se fijen en cosas indecorosas y vulgares. Ayuda a ser discreto y cuidadoso con el cuerpo, evitando ser ocasión de pecado para los demás; así como también a preparar y mantener nuestro cuerpo para ser, en medio de nuestra debilidad, digna morada de Dios.
11.- CONTINENCIA. Como indica su nombre, ayuda a contener o a tener a raya la concupiscencia en lo que concierne al comer, al beber, al divertirse y en los otros placeres de la vida terrenal. La satisfacción de estos instintos es ordenada por la continencia como consecuencia de la dignidad de los hijos de Dios que tenemos. La continencia mantiene el orden en el interior del hombre.
12.- CASTIDAD La castidad es la victoria conseguida sobre la carne y ayuda a que el cristiano sea más un templo vivo del Espíritu Santo. Quien da este fruto es cuidadoso y delicado en todo lo que se refiere al uso de la sexualidad. Quien es casto (ya sea virgen o casado) experimenta la alegría de la íntima amistad de Dios: felices los limpios de corazón, porque verán a Dios.

Martes de la séptima semana de Pascua


Libro de los Hechos de los Apóstoles 20,17-27. 

Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso.
Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: "Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia.
He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos.
Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado,
instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús.
Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí.
Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan.
Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme.
Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes.
Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios."

Salmo 68(67),10-11.20-21. 
Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
allí es estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre.

¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
El carga con nosotros día tras día;
él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.



Evangelio según San Juan 17,1-11a. 
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
"Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti."