viernes, 25 de noviembre de 2016

Viernes de la trigésima cuarta semana del tiempo ordinario


Apocalipsis 20,1-4.11-15.21,1-2. 

Yo, Juan, vi que un Angel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena.
El capturó al Dragón, la antigua Serpiente -que es el Diablo o Satanás- y lo encadenó por mil años.
Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.
Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años.
Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastros.
Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras.
El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras.
Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte.
Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.

Salmo 84(83),3.4.5-6a.8a. 
Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente.

Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios.

¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente.



Evangelio según San Lucas 21,29-33. 
Jesús hizo a sus discípulos esta comparación:
"Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol.
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." 

jueves, 24 de noviembre de 2016

DISTINTOS NOMBRAMIENTOS PASTORALES

El padre Teodomiro González Olea, ha sido nombrado vicario parroquial de la parroquia de Nuestra Señora de la Peñita, en el Puerto de la Cruz.
Por su parte, el padre Dionisio Ruiz Piedrahita, pasará a ser párroco de Nuestra Señora de la Paz y la Unión en La Cuesta, La Laguna.
Además, el sacerdote Antonio Gómez Santos, ha sido nombrado nuevo arcipreste de Ofra y el  Padre Amador Núñez Vecino, pasa a ser vicario parroquial de Nuestra  Señora del Pilar, en Santa Cruz de Tenerife.

El Santo Padre firma la carta apostólica ‘Misericordia e Misera’ El contenido de la carta

El Papa firma la carta apostólica "Misericordia et misera"

La carta apostólica Misericordia et Misera ha sido firmada por el papa Francisco con motivo del cierre de Año Jubilar.
Es un documento con el cual el Santo Padre indica a la Iglesia católica los frutos del Año Santo extraordinario de la Misericordia y el camino de la evangelización que es necesario recorrer en los próximos años.
El Papa firmó el documento delante del altar donde presidió la misa con motivo del cierre del Jubileo de la Misericordia, en la explanada de la basílica de San Pedro y a continuación entregó las primeras copias del documento cuyo contenido mañana lunes a medio día será dado a conocer.
El documento ha sido entregado al cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila; a Mons. Leo William Cushley, arzobispo de Saint Andrews y Edimburgo; a dos sacerdotes Misioneros de la Misericordia, provenientes de la República Democrática del Congo y de Brasil; a un diácono permanente de la diócesis de Roma junto a su familia; a dos monjas que vinieron desde México y Corea del Sur; a una familia compuesta por papás, hijos y abuelos originarios de Estados Unidos de Norte América; a una pareja de jóvenes novios; a dos mamás catequistas de una parroquia de Roma; a una persona con discapacidad y a una persona enferma.


¿Qué significa la palabra “Amén”? Su significado es tan concreto, tan especial, que no tiene correspondencia en otros idiomas

¿Qué significa la palabra “Amén”?





Amén es una palabra cuyo uso en lengua hebrea es muy antiguo. Desde el punto de vista etimológico, “amén” es una palabra hebrea que deriva del verbo hebreo “aman”, que se usa para reforzar o confirmar algo pues, básicamente, significa: ‘Que conste’ o ‘en verdad’.
Esta palabra no tiene equivalencia en las lenguas occidentales por esto su significado más que traducirse debe asimilarse como respuesta a algo firme, estable o inconmovible. Es por esto que la tradición judeocristiana ha mantenido inalterada esta palabra sin traducirla, dado que cualquier traducción empobrece el sentido original de la palabra, que se usa en relación a lo sagrado pues, en sentido estricto, sólo se puede decir amén en referencia a Dios.
Es claro pues que ésta palabra es un vocablo de origen semita y con el tiempo su uso fue extendido al cristianismo; por esto el término «amén» es muy utilizado en la Biblia. El término ‘amén’ se usa para confirmar algo: ‘así es’, o para afirmar que algo tiene que ser: ‘así sea’. Esta palabra es una de las aclamaciones litúrgicas más frecuentes pues se utiliza generalmente como fórmula para concluir las oraciones.
Pronunciar esta palabra es proclamar que se tiene por verdadero lo que se acaba de decir, con el objetivo de ratificar una proposición o unirse a ella o a una oración. Por eso, expresado en forma grupal en el ámbito de un servicio divino u oficio religioso, también significa ‘estar de acuerdo’ con lo expresado.
La palabra Amén es una expresión que Jesús utiliza en los evangelios para iniciar un discurso dándole una connotación de solidez y contundencia por esto Él decía: ‘en verdad, en verdad os digo’.

Así acompaña la Iglesia a quien siente atracción por personas del mismo sexo Desde Courage, un proyecto de vida basado en la oración, la castidad, la amistad y el servicio

Así acompaña la Iglesia a quien siente atracción por personas del mismo sexo


A pesar de que en los últimos años se hable tanto de homosexualidad, el conocimiento acerca de este tema es aún muy aproximativo y lleno de estereotipos. Lo clarifica un poco el sacerdote John F. Harvey en su libro. Sí, un sacerdote de esa Iglesia juzgada como retrógrada y oscurantista sobre la moral sexual.
Durante más de 50 años este sacerdote estadounidense ha cuidado a las personas que querían vivir la fe católica sin que su atracción sexual fuera un obstáculo. Con paciencia y cercanía, el sacerdote Harvey ha encontrado junto a ellos un camino, siempre a la luz de la doctrina católica.
Desde 1980 ha sido el director del apostolado Courage, asociación fundada por el cardenal Terence J. Cooke en 1980 en Nueva York, para el cuidado pastoral de las personas homosexuales, hoy presente en muchas diócesis de todo el mundo. El libro Atracción por el mismo sexo. Acompañar a la persona, recoge algunas reflexiones del sacerdote, pero también indicaciones pastorales concretas.
El arzobispo de Boloña, Matteo Zuppi, escribe en el prefacio: “La Iglesia no levanta muros, no crea categorías de personas en función de la orientación sexual, porque, antes de tener una atracción sexual particular, son personas (…). En este sentido, la llamada a la santidad es para todos (…)”.
El acento en la persona más que en la tendencia homosexual es la verdadera clave para entender los términos de la cuestión. Por eso, desde el principio, el sacerdote Harvey corrige también la terminología: mejor hablar de personas con atracción hacia el mismo sexo (A.S.S.), evitando la palabra “homosexuales” con la que “corremos el riesgo, al menos implícitamente, de considerar la homosexualidad como la característica esencial de la persona”, mientras que “una persona, en el fondo, es más que un conjunto de inclinaciones sexuales y los razonamientos sobre la atracción hacia personas del mismo sexo se vuelven más confusos si pensamos en los “homosexuales” como en una categoría aparte de seres humanos”.
Harvey admite que “en general, las personas ‘heterosexuales’ no comprenden a aquellas que sienten una A.S.S persistente” y que él mismo ha necesitado “años para entender la naturaleza de esta condición”. Pero enfrenta con claridad algunos puntos candentes.
Dice, por ejemplo, que en los adolescentes no se puede hablar de homosexualidad (que es una condición adulta) y hay que ser muy cautos sobre la actitud ambigua típica de la edad como tendencia homosexual.
La misma atracción por personas del mismo sexo tiene matices distintos en cada persona. Es una tendencia y no un pecado, pero esto no justifica moralmente los actos homosexuales(que la Iglesia condena).
Se habla de la desconfianza de la sociedad hacia las personas A.S.S, pero también de la paradoja de las asociaciones “gay”: “por un lado, se pide con insistencia que las personas con tendencias homosexuales estén bien integradas en la sociedad; por otro, los clubs ‘gay’ se desarrollan como refugio de la sociedad ‘heterosexual’, impidiendo la integración”.
Al sacerdote Harvey no le interesa hacer un tratado doctrinal (algunos aspectos son tratados en el segundo capítulo, mientras los textos integrales del magisterio están en el apéndice), sino que ofrece diversos despuntes pastorales.
No se habla de “cura” en términos médicos, aunque se hace referencia a terapias adecuadas psicológicas de apoyo a la persona, junto al acompañamiento espiritual. Entre otras cosas, los estudios científicos no ofrecen ninguna certeza de que una “terapia reparadora” pueda llevar a una modificación de la inclinación.
Se habla del gran dolor –hasta la desesperación– que muchas personas con esta tendencia manifiestan, hasta el odio de sí mismo.
Por eso es útil que existan programas pastorales específicos: es el caso de Courage, que propone un proyecto de vida muy esencial basado en la oración, la castidad, buenas amistades, el servicio a los demás, siempre con la guía de un director espiritual, cuya tarea es “demostrar que es posible vivir una vida casta y feliz sin aislarse de la sociedad”.
Algunos párrafos ilustran el valor de la castidad y de la amistad: “En el lenguaje común, la castidad tiene una connotación negativa (…). La verdadera castidad, en cambio, consiste en el modo correcto de expresar la afectividad (…)”. Existen “formas de amistad sólidas, sanas, castas y claramente deseables. Amistades de este tipo representan la mejor forma de apoyo” para las personas con A.S.S.
Además, las personas deben ser introducidas en la comunidad cristiana más amplia para que las “sostenga” y puedan entender que son “parte integral de la Iglesia”.
Para los padres y familiares de las personas con A.S.S ha surgido la asociación EnCourage, que los ayuda a comprender mejor y a mantener con ellos una relación sana.
Existen situaciones aún más específicas: el libro recoge algunos consejos del sacerdote Harvey para quien descubre tendencias homosexuales mientras está comprometido o casado o siente la vocación a la vida religiosa y sacerdotal. Finalmente, un párrafo reafirma la oposición de la Iglesia a los “supuestos derechos gay’”.