miércoles, 9 de noviembre de 2016

Dos Papas, dos formas de ministerio




Hoy os ofrezco un largo artículo que escribí hace poco. Es verdaderamente largo, pero no he querido cortarlo, sino ofrecerlo en su integridad. Cada uno que lea mientras le interese. Pero, de verdad, que considero que es un tema importante. También ofrezco las referencias bibliográficas, por si alguno necesitara el artículo para citarlo:

José Antonio FORTEA, Ex Scriptorio, Editorial Dos Latidos 2016, pg. 3-12.
Esta obra se puede encontrar en el fondo online de BIBLIOTECA FORTENIANA.


Dos Papas, dos formas de ministerio

Monseñor Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia, el 20 de mayo, tuvo una intervención en la presentación de un libro acerca del pontificado de Benedicto XVI. En esa intervención, dijo unas pocas frases que dieron la vuelta al mundo eclesiástico, afirmando que el Papa Benedicto no ha abandonado el ministerio de Pedro, y hablando de un papado en el que hay un miembro activo y un miembro contemplativo.
No oculto que, en un primer momento, tuve una impresión de desagrado hacia sus palabras. ¿Cómo era posible que el Prefecto de la Casa Pontificia difuminara la nitidez de una renuncia pontificia, una cuestión canónica de gravísima trascendencia para la vida de la Iglesia?
Pero en los días siguientes seguí reflexionando sobre el tema. Y me di cuenta de que monseñor Gänswein había abierto un apasionante tema eclesiológico totalmente nuevo, nunca tratado antes con la hondura que merecía. Un tema que, además, podía ofrecer una utilísima luz a otro campo, el de la teología del episcopado. Después de darle muchas vueltas a este asunto, me encontré con que del desagrado pasé a suscribir enteramente las palabras de Prefecto de la Casa Pontificia. Este artículo quiere ser una profundización en sus brevísimas frases y del por qué de mi cambio de opinión.
Hay que dejar claro, desde el principio, que el único que tiene potestad de jurisdicción es el Papa Francisco. Rotunda e indudablemente, el Papa Francisco es el único Vicario de Cristo. A él le compete el gobierno de la Iglesia. El asunto de quien gobierna la Iglesia es algo canónicamente tan incontestable que no merece que se le dedique más espacio que la mera afirmación: la plenitud de la jurisdicción papal le compete sólo a nuestro santo padre Francisco, le compete a él de forma plena e indivisa.
Ahora bien, ¿cuál es el estatuto eclesial de un Papa emérito? ¿Un estatuto de honor exclusivamente? ¿El ser otro obispo más como cualquier otro? Las cuestiones eclesiológicas, sobre todo cuando son muy complejas, siempre se dilucidan mejor mirando a la institución humana de la familia, porque la Iglesia es una familia. 
Un abuelo que deja el gobierno de la casa y de sus campos con sus viñadores en manos de su primogénito ¿ya no es nada? Pensemos con la mentalidad del Antiguo Testamento, una figura patriarcal que, por la edad, ni gobierna ni puede gobernar su casa ¿ya no es nada?
Sin responder todavía a esta cuestión tras la comparación propuesta, enfoquemos el asunto de otra manera: Un obispo emérito de una diócesis, una vez que se jubila, ¿ya no es más que una figura honorífica? ¿Ya sólo le queda el sacramento del orden y nada más? ¿O eclesiológicamente queda un “algo” más?
Evidentemente, queda algo más que el sacramento. Pero ese “algo difuso” no es fácil concretarlo al modo canónico. Lo que está claro es que en una familia no puede haber dos padres. Pero también está claro que uno que es padre no puede dejar de ser padre. La paternidad no es un traje que ahora me pongo y después me quito. Eclesialmente hablando, o se es padre o no se es padre.
Monseñor Gänswein ha lanzado a rodar una cuestión eclesial que, de ningún modo, carece de importancia, pues profundizar teológicamente en este asunto será de grandísima utilidad para entender la figura, función y sentido de los obispos eméritos. 
No pretendo, en este artículo, yo solo dilucidar este asunto, sino ser un autor más en esta reflexión que, sin duda, continuará con otros autores. En mi modesta opinión, la figura que da luz a esta situación es la figura del abuelo en una familia. La situación que ahora vivimos es totalmente paralela a la de un abuelo, ya debilitado por el peso de la edad, en una familia en la que existe un primogénito que, en la madurez de su edad, ejerce de paterfamilias.
La comparación me parece perfecta, porque muchas veces el patriarca fundador de una empresa llega un momento en que de manera formal y con todas las prescripciones legales cede el gobierno de la empresa a su hijo. ¿Eso significa que el abuelo-patriarca pasa a no ser nada? Desde luego eso no es así en la institución familiar humana y no debe ser así en la Iglesia que es una gran familia. De momento, quedémonos con esta imagen sin tratar de sacar más conclusiones.
Veamos otro ejemplo que puede dar luz. Imaginemos en el siglo I que un San Pedro muy anciano ya no puede ni salir de su hogar en Roma, porque las piernas no le sostienen y la ceguera ya no le permite reconocer los rostros. Y que, de común acuerdo entre el clero y el apóstol, se decide que otro clérigo ocupe el lugar de Pedro en el gobierno de la iglesia romana. Imaginemos que, por parte de Pedro, esa decisión de tener un sucesor ya en vida va acompañada de una renuncia formal a ejercer el gobierno sobre la iglesia romana. No sería lo normal en esa época. Lo normal sería una lenta y gradual sustitución de facto. Pero imaginemos que se produce una meditada y anunciada renuncia pública, en presencia del clero y el pueblo, al ejercicio del gobierno en favor de su sucesor. ¿Eso significaría que Pedro pasa a no ser nada? Evidentemente, no.
Pedro seguiría siendo Pedro aunque no gobernase. Del mismo modo que, actualmente, un obispo emérito sigue siendo sucesor de los apóstoles, aunque sea emérito. Es decir, un obispo emérito no sólo seguirá teniendo la potestas ordinis que le ha conferido el sacramento del episcopado, sino que también seguirá manteniendo su lugar en la Iglesia universal como sucesor de los Doce. Puede renunciar totalmente al gobierno sobre una diócesis, pero, en ese acto de renuncia, no abandona todo lo que conlleva ser sucesor de los apóstoles.
¿Un sucesor de Pedro deja de ser sucesor de Pedro por renunciar al gobierno? Evidentemente, no. Sigue siendo sucesor de Pedro, tanto como al principio de su pontificado, sólo que ya no ejerce el gobierno que asumió tras su elección. Cierto que siempre unimos el hecho de la sucesión apostólica al reconocimiento de la posesión de la autoridad para ejercer el gobierno eclesiástico. Y esa unión es correcta, pero, en sí mismos, son dos conceptos separables. Un presbítero que es ordenado obispo ya es sucesor de los apóstoles, aunque el Papa no le otorgara diócesis alguna donde ejercer potestas regiminis alguna. 
El que ha sido Papa, seguirá siendo sucesor de Pedro no sólo hasta el final de su vida, sino también en el más allá. No porque imprima carácter, sino porque es un hecho. Por eso, un Papa emérito debe tener un protocolo de funerales (los novendiales) exactamente igual que cualquier otro Papa.
Hemos dicho antes que la figura del obispo es equivalente a la figura de un padre en una familia. Pero el gobierno de una familia es sólo una faceta de la paternidad. La paternidad la sigue manteniendo un padre, por muy anciano que sea, porque a eso no se puede renunciar. Ningún padre puede renunciar a ser padre.
De ahí que las palabras del Prefecto de la Casa Pontificia las veo totalmente verdaderas. El ministerio de Benedicto sigue siendo petrino. Ciertamente es un ministerio alargado, como el Prefecto afirmó. Un Papa emérito, en virtud de ese ministerio verdadero, puede dedicarse no sólo a la contemplación, sino también a hablar a sus hijos (no ha renunciado a la paternidad) y a aconsejar a su primogénito que ahora le sucede, como sería lo normal en cualquier familia. 
Pero sobre todo su mera presencia es algo muy valioso, pues es signo de continuidad, de lo que significa la paternidad espiritual en la Iglesia. Es prueba de que la Iglesia es una familia. No una empresa en la que se puede prescindir de un director general, tras lo cual lo mejor es que éste desaparezca, yéndose a un lugar bien lejos del lugar donde se toman las decisiones. 
En una empresa, la presencia de un antiguo presidente general (salvo que sea familia del nuevo presidente) se entiende como una intromisión, como una fuente de problemas, como un modo de dejar clara la decisión de no querer abandonar el gobierno. En la Iglesia las cosas no son así. La presencia de un Papa emérito en todos los actos a los que quiera asistir no sólo no eclipsa al “primogénito”, sino que lo orna. 
No sólo eso, sino que si, en algún siglo, se produjera la situación de un Papa reinante sentado en su sede flanqueado de dos Papas eméritos esa imagen sería bellísima. En una situación así, la continuidad sería no sólo un concepto que se aprende en los libros con palabras, sino una verdad materialmente visible en las fotografías.
Por supuesto que cabe la posibilidad de un Papa emérito que crease problemas a su sucesor, por lo que dijera en sus predicaciones, por sus escritos que suscitasen confrontación con un Papa reinante, o por los comentarios a otros eclesiásticos si estos comentarios son mera crítica. En un caso así, el Papa emérito tendría que obedecer al Papa reinante, sin poder alegar ningún derecho proveniente de su figura de Papa emérito. En una familia, un patriarca que ha entregado el gobierno de la viña a su sucesor no puede retomar ese gobierno alegando que su sucesor hace mal las cosas. Lo mismo en la Iglesia, ninguna situación de excepción autorizaría a un Papa emérito a eximirse de la obediencia a su sucesor.
Incluso podemos indagar distintos escenarios límite que nos ayudan a comprender este status especial. Por ejemplo, si falleciese el Papa reinante y se diese posteriormente una situación de desorden excepcional durante la sede vacante, en una situación así de caos ¿podría un Papa emérito invocar su figura como sucesor de Pedro para imponer autoritativamente sobre otros eclesiásticos algún tipo de gobierno transitorio suyo hasta la elección de un nuevo sumo pontífice? La respuesta es no. La ley canónica es clara. El gobierno de la Iglesia en esos casos de sede vacante o impedida queda en manos del Colegio Cardenalicio. 
Por muy excepcional que fuese una situación así, aunque se diese cada cuatrocientos años, un Papa emérito no podría esgrimir la autoridad de su figura para imponer su gobierno transitorio. Y eso por dos razones:

La primera razón es para que quede meridianamente claro que su puesto eclesial carece de toda potestad de jurisdicción. De lo contrario, la lista de posibilidades para ejercitar algún tipo de potestad de régimen sería interminable y siempre generadora de conflictos con otras autoridades como el Colegio Episcopal o el Colegio Cardenalicio. Aceptar la permanencia de algún tipo de autoridad de gobierno en un Papa emérito sí que sería internarse en un laberinto. Porque si se admitiera tal cosa, implicaría admitir que queda en su persona algo de esa potestad de jurisdicción. Y si es así, podría darse el caso de un Sumo Pontífice que renunciase parcialmente a su potestad de jurisdicción, reservándose algunos aspectos de esa autoridad, no cediendo algunos campos donde ejercerla. 
La potestad de régimen o se posee o no se posee. Trocearla sería ir en contra de la voluntad de Cristo, cuya diseño organizativo de la Iglesia es claro en cuanto al ejercicio de la autoridad. A nivel de potestad de gobierno, o se es obispo de una diócesis o no se es. O se es Papa o no se es. Trocear la autoridad para ejercer el gobierno eclesiástico, sin duda, implicaría ir en contra de la voluntad fundacional de Cristo.
La segunda razón es que precisamente porque lo normal es que un sumo pontífice renuncie, porque el peso del gobierno ya resultaba demasiado oneroso para sus fuerzas. Si no podía llevar ese peso en una situación normal, menos podrá hacerlo en una situación excepcional. Por eso no sería adecuado que en una situación de mucha mayor dificultad sea el que ya no podía llevar ese peso, el que lo retomara de nuevo. Un pontífice así lo normal es que fuese totalmente manipulable por el grupo de los más cercanos a él.

Como se ve, la cuestión de un Papa emérito es eclesiológicamente apasionante. Después de todo lo dicho, se comprende la conveniencia de que la figura del Papa emérito vaya vestida exactamente igual que un Papa, puesto que, en verdad, es un sucesor de Pedro. Y si viste así también, lógicamente, conviene que siga manteniendo su nombre pontificio, el tratamiento de Su Santidad y que se le siga llamando Papa, aunque se le añada el adjetivo emérito.
Con toda sinceridad, sin ningún ánimo de elogiar protocolariamente, quiero felicitar a monseñor Gänswein por haber abierto a la discusión teológica esta nueva dimensión eclesiológica de la figura de los Papas eméritos. Sin duda, el Prefecto de la Casa Pontificia sabía que sus palabras iban a provocar un gran desagrado en la mayor parte de los eclesiásticos, salvo en los más radicales enemigos del Papa Francisco. Y, sin embargo, monseñor Gänswein optó por abrir la cuestión teológica desde la más completa fidelidad a los dos Papas.
Desde una perspectiva civil y mundana, desde una perspectiva de mero poder, un Papa emérito debería desaparecer. Porque aparecer se interpretaría como sinónimo de creación de problemas. Desde una perspectiva eclesiástica y, por lo tanto, espiritual, un Papa emérito sigue siendo sucesor de Pedro y sigue manteniendo su paternidad, y, por tanto, todo lo que haga de un modo constructivo será positivo.
Desde esta perspectiva, un Papa emérito no es una figura para ser escondida, no es una figura que deba sentirse culpable por aparecer. ¿Se siente culpable un abuelo por pasar mucho tiempo con sus nietos, por visitarles a menudo? Imaginemos un Papa emérito, no muy anciano, pero que no se siente con fuerzas, renuncia al gobierno de la Iglesia y decide regresar a un hospital de un lugar de misiones para seguir atendiendo a los enfermos con sus manos, cosa que hacía como presbítero. Pues, dado que es sucesor de Pedro, tal acción sería un modo de ejercer el ministerio petrino: Pedro cuidando a los enfermos. 
Desde esta perspectiva, el estatuto del Papa emérito no plantea ningún conflicto, en cuanto a su futuro, incluso en el caso de que el que renunciase no fuera muy anciano. La única cosa que debe tener en cuenta, por simple prudencia, es que su labor debe ser constructiva, y que, en cualquier caso, está sometido al pastor que gobierna. 
Teniendo en cuenta esto, un Papa emérito puede tener una frecuente presencia cultual en la Basílica de San Pedro; él solo, sin necesidad de que siempre esté presente el Papa reinante. Su presencia puede ser incluso semanal o más frecuente: en grandes pontificales, en el rezo de las horas canónicas con el capítulo de San Pedro, en la adoración al Santísimo Sacramento. Un Papa emérito puede ser el mejor ornato de la Basílica de San Pedro si sus fuerzas le permiten tomar parte en esos actos. También puede, por poner otro ejemplo, ejercer como consejero de cardenales y obispos. Ahora mismo recibir a muchos prelados sería visto con recelo por muchos, porque, sin darnos cuenta, aplicamos a la Iglesia criterios de poder mundanos. 
El espacio eclesiológico que puede ocupar un Papa emérito puede ser muy rico, sólo limitado por sus posibilidades físicas. Aunque, en la mayoría de los casos futuros de Papas eméritos, su presencia será infrecuente precisamente por esa razón. 
Con todo lo expuesto hasta ahora, no debería sacarse la impresión de que la jubilación de los Papas debería ser, a partir de ahora, algo frecuente y normal. No, porque, precisamente desde esta perspectiva de la Iglesia como una familia, un padre debe permanecer en su puesto hasta el final, a no ser que él en conciencia considere que ya no puede o no debe seguir en su puesto. No importa si está enfermo o muy anciano, dado que la Iglesia no es una empresa y no se rige por criterios de efectividad, lo ideal es que un Papa muera siendo Papa, aunque su volumen de trabajo disminuya con el tiempo.
Pero aunque lo más recomendable es que los Papas no se jubilen, si lo hacen, la presencia simultánea de un Papa-abuelo junto a un Papa-padre no plantea problema eclesiológico alguno. A pesar de todo lo dicho, lo normal será que un Papa emérito anciano no desee otra cosa que retirarse de cualquier aparición pública, estas reflexiones muestran como esta figura eclesial peculiar sigue manteniendo su ministerio petrino. Lejos de ser una figura problemática en la claridad del organigrama, es un elemento enriquecedor de la familia que es la Iglesia.

Dedicación de la basílica de Letrán, fiesta


Libro de Ezequiel 47,1-2.8-9.12. 

Un ángel me llevó a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del Altar.
Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.
Entonces me dijo: "Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas.
Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente.
Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio".

Salmo 46(45),2-3.5-6.8-9. 
El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva
y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar.

Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.
El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Vengan a contemplar las obras del Señor,
Él hace cosas admirables en la tierra.



Evangelio según San Juan 2,13-22. 
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?".
Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar".
Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?".
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. 

martes, 8 de noviembre de 2016

5 razones para animarse a ir a Misa todos los días Por María Ximena Rondón

Misa / Foto: Flickr Victor Santa María (CC-BY-2.0)


El precepto de la Misadominical es esencial en la vida de todo católico, pero resulta aún más provechoso participar en la Eucaristía de manera cotidiana, como lo han hecho a lo largo de la historia muchos grandes santos.
En un artículo publicado en el periódico Catholic Herald, el P. Matthew Pittam, sacerdote de la arquidiócesis de Birmingham en Inglaterra, reflexionó sobre la importancia de asistir a la Eucaristía todos los días.
El sacerdote recordó las palabras de San Bernardo de Claraval para definir el valor de la Misa: “ganarás más con una sola Misa que distribuyendo todos tus bienes a los pobres o haciendo peregrinaciones a todos los santuarios más sagrados de la cristiandad”.
A continuación, 5 razones que propone el P. Pittam para asistir a Misa diariamente:
1.- Crecer en la fe
El P. Pittam indicó que es cierto que es importante ir a la Eucaristía el domingo, pero la Misa diaria “es un testimonio silencioso de la necesidad de tener una fe que se extiende toda la semana y en toda nuestra vida”.
“Solo con la Misa los fines de semana estamos reforzando la idea de que solo es posible ser católicos de domingo. La dimensión espiritual de todo eso no debe ser subestimada”, advirtió.
2.- Es el corazón de la parroquia y la Iglesia
El P. Pittam señaló que la Misa diaria es “como el latido del corazón de la vida de la parroquia” y los que asisten, aunque sean pocos,“son los que hacen que la Iglesia siga adelante”.
El sacerdote puso como ejemplo su propia parroquia donde los que asisten diariamente a Misa son “las personas que yo puedo llamar si necesito hacer algo”.
“Ellos son los que limpian la iglesia, dirigen el programa de catequesis, organizan los eventos y manejan las finanzas. Ellos también son los que mantienen la iglesia con su aporte económico y su apoyo”, refiere.
3.- Sostiene a la comunidad
La Misa diaria también tiene un rol importante en la comunidad parroquial porque, según el P. Pittam, esta une a los fieles.
Incluso en los momentos de oración antes y después de la Eucaristía como el rezo de las laudes o la adoración al Santísimo Sacramento.
Además, “la Misa diaria los ha sostenido y ayudado a crecer en su fe. La Misa diaria también les ayudó a desarrollar su relación con la comunidad”, expresó.
Aunque vaya la mitad de la feligresía a Misa diaria, para el presbítero “ellos proveerán de un firme fundamento de oración en el cual la vida de la comunidad se construye”.
“Estas celebraciones silenciosas y modestas son un tesoro que nos arriesgamos a perder en el detrimento de toda la vida de la parroquia”, subrayó.
4.- Es un gesto de acogida en momentos difíciles
El P. Pittam indicó que la gente comienza a ir a Misa todos los días cuando atraviesan tiempos de crisis como un dolor o una pérdida de un ser querido. Recordó que una mujer comenzó a ir a Misa diariamente tras la muerte de su padre.
“Ella no era una feligresa durante la semana pero empezó a venir porque sabía que estábamos ahí y que en su momento de necesidad Jesús estaría presente a través del sacramento”, contó.
“Hay algo en la Misa diaria que dice que la Iglesia está disponible para la gente. Por ello tiene consecuencias misioneras”, expresó.
5.- Forma a futuros líderes
El sacerdote señaló que la Misa diaria ha sido parte de la formación de muchos líderes de parroquias y de hacedores.
“¿Qué reemplaza esta oportunidad en las parroquias si ya no hay una celebración diaria o que se comparte en varios centros?”, preguntó.


Interpretar a San Martín de Porres lo llevó al encuentro con la caridad Miniserie “Los ratones de Fray Martín” será estrenada en próxima Semana Santa en Perú

Interpretar a San Martín de Porres lo llevó al encuentro con la caridad

“El mulato de la escoba siempre me buscó”, sonríe Miguel Carty, joven peruano, quien vive agradecido a San Martin de Porres por haberle mostrado el camino a la caridad.
Al abrir las ventanas de su habitación, su primer encuentro era continuamente con Martín. “El santo de la caridad. Él siempre aguardó por mí”, comenta Miguel para Aleteia, bastante sorprendido.
Con el rostro de Fray Martín
“’El Zambo’, así lo llamaba mi abuelo. Yo vivía con él, en unos condominios ubicados en el cercado de Lima. Mi habitación daba a la gruta que estaba en medio de las viviendas. Fray escoba era el Santo patrón, que la comunidad del barrio de mirones, había elegido como su guía espiritual”, afirma.
“Me convertía siempre en el centro de atracción”, expresa. El color de su piel, el cabello y algunos rasgos lo asemejaban a la imagen que se tenía de Fray Martín. A los cinco años no lograba entender el porqué de este parecido. Era sólo un niño de corazón negro con alma blanca, así era como lo llamaban también a este Santo peruano que hizo cambiar el rumbo de su vida.
“¿Es fácil hacer que lo negro sea blanco?”. El Papa Juan XXIII, quien lo canonizó en 1962, tuvo estas expresiones hacia el santo, al sostener entre sus manos una imagen de marfil del santo, traída desde el África, según lo registra la historia.
Una vocación que se encamina a la caridad
A sus 27 años logró escuchar lo que el santo intentaba decirle. “Ese parecido me llevó a indagar sobre la trascendencia de sus obras, en el corazón del ser humano. Humildad, sencillez, honestidad y sobre todo la bondad que puso en práctica a diario le hicieron comprender que mientras más caritativos somos, más nos acercamos a Dios”, sostiene.
Mi vida dio un vuelco total ya de adolescente buscaba siempre ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio. La nobleza y la paciencia de éste siervo de Dios me había cautivado.
“Cuando llega la propuesta de encarnar al Santo de la escoba, en una miniserie no lo podía creer. Era el santo quien trataba de comunicarse conmigo nuevamente. ¿Qué puedo aportar, para la vida de este santo, como el protagonista de la obra?, me preguntaba”, narra el joven actor.
Miniserie peruana se estrenará en 2017
El actor asegura que aún no ha logrado representarlo al ciento por ciento, sin embargo “sabe que él está contento”. “Ha logrado utilizarme como instrumento para difundir sus acciones de amor al mundo”, afirmó. “El milagro ha sido haber encontrado el sentido a mi vida al conocerlo en la búsqueda de encarnarlo en su máxima expresión”, agregó.
En 2013 fue convocado para un casting, desde entonces el Santo aún lo sigue llamando. “Lo representé primero en la obra de teatro ‘Perro, pericote y gato’ y ahora en la miniserie ‘Los ratones de Fray Martín’ producida por Corporación Azul, miniserie basada en las ‘Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma’, que será estrenada durante la Semana Santa del próximo año en 2017 para la televisión peruana”, confirma.
La producción peruana que fue estrenada para la cadena de televisión EWTN hace unos meses intenta mostrar cómo se puede llevar a la pantalla chica buenos contenidos rescatando los valores y principios de personas encaminadas a la Santidad.


Martes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario


Carta de San Pablo a Tito 2,1-8.11-14. 

Querido hermano:
En cuanto a ti, debes enseñar todo lo que es conforme a la sana doctrina.
Que los ancianos sean sobrios, dignos, moderados, íntegros en la fe, en el amor y en la constancia.
Que las mujeres de edad se comporten como corresponde a personas santas. No deben ser murmuradoras, ni entregarse a la bebida. Que por medio de buenos consejos,
enseñen a las jóvenes a amar a su marido y a sus hijos,
a ser modestas, castas, mujeres de su casa, buenas y respetuosas con su marido. Así la Palabra de Dios no será objeto de blasfemia.
Exhorta también a los jóvenes a ser moderados en todo,
dándoles tú mismo ejemplo de buena conducta, en lo que se refiere a la pureza de doctrina, a la dignidad,
a la enseñanza correcta e inobjetable. De esa manera, el adversario quedará confundido, porque no tendrá nada que reprocharnos.
Porque la gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.
Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad,
mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.

Salmo 37(36),3-4.18.23.27.29. 
Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.

El Señor se preocupa de los buenos
y su herencia permanecerá para siempre;
El Señor asegura los pasos del hombre
en cuyo camino se complace:

Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
pero los justos poseerán la tierra
y habitarán en ella para siempre.


Evangelio según San Lucas 17,7-10. 
El Señor dijó:
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: 'Ven pronto y siéntate a la mesa'?
¿No le dirá más bien: 'Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después'?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 'Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'.»