lunes, 30 de mayo de 2016

Fallece el Cardenal más anciano de la Iglesia: Fue secretario de San Juan XXIII

San Juan XXIII y el entonces P. Loris Capovilla / El Cardenal Loris Capovilla. Crédito: Ricardo Ciccone / Wikipedia (CC BY-SA 4.0)
San Juan XXIII y el entonces P. Loris Capovilla / El Cardenal Loris Capovilla. Crédito: Ricardo Ciccone.


ROMA, 27 May. 16 / 10:37 am (ACI).- El jueves 26 de mayo falleció a la edad de 100 años en la ciudad italiana de Bérgamo el Cardenal Loris Capovilla, que fue secretario personal del Papa San Juan XXIII durante todo su pontificado.
El Cardenal Capovilla falleció en la clínica Palazzolo de Bérgamo. En octubre iba a cumplir 101 años y fue creado cardenal por el Papa Francisco en el año 2014 como reconocimiento a su servicio a la Iglesia.
El Papa Francisco envió un telegrama con sus condolencias a Mons. Francesco Beschi, Obispo de Bérgamo, en el que recordó al Cardenal Capovilla “que en su existencia larga y fecunda ha testimoniado con alegría el Evangelio y servido dócilmente a la Iglesia, primero en la diócesis de Venecia, después con amable afecto al lado de San Juan XXIII, de cuya memoria fue celoso custodio y válido intérprete”.
“En su ministerio episcopal, especialmente en Chieti-Vasto y en Loreto fue siempre un pastor completamente entregado al bien de los sacerdotes y de todos los fieles, en el signo de una sólida fidelidad a la brújula del Concilio Vaticano II”.
Francisco elevó sus oraciones “al Señor para que, por intercesión de la bienaventurada Virgen María y de san Marcos evangelista, acoja a este servidor fiel en la alegría y la paz eternas e imparto de todo corazón la bendición apostólica a cuantos lloran su desaparición”.
En el año 2014, cuando tenía 98 años y supo de su creación cardenalicia, el entonces Mons. Capovilla afirmó que “el Papa Francisco ha mirado a un sacerdote viejo y ha creído honorar en mí a todos los sacerdotes más humildes, que han servido a la Iglesia en silencio. Siempre me he sentido como un criado de Dios, y me he sentido pequeño entre los pequeños. Y serviré hasta que Dios me deje continuar a servir, a amar, a creer en la unidad de la familia humana”.
Loris Francesco Capovilla nació en Pontelongo el 14 de octubre de 1915. Fue ordenado sacerdote el 23 de mayo de 1940.
Como sacerdote colaboró con el Cardenal Angelo Giuseppe Roncalli que fue elegido Patriarca de Venecia en 1953. En el Patriarcado fue su secretario personal durante 10 años para luego seguir sirviéndolo durante todo su pontificado cuando asumió la Sede de Pedro con el nombre de San Juan XXIII hasta 1963.
El sucesor de San Juan XIII, el Papa Pablo VI, lo designó Obispo de Chieti el 26 de junio de 1967 y lo ordenó el 16 de julio de ese mismo año. El 25 de septiembre de 1971 fue designado Prelado de Loreto.



Lunes de la novena semana del tiempo ordinario


Epístola II Carta de San Pedro 1,2-7. 

Lleguen a ustedes la gracia y la paz en abundancia, por medio del conocimiento de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.
Su poder divino, en efecto, nos ha concedido gratuitamente todo lo necesario para la vida y la piedad, haciéndonos conocer a aquel que nos llamó por la fuerza de su propia gloria.
Gracias a ella, se nos han concedido las más grandes y valiosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose a la corrupción que reina en el mundo a causa de los malos deseos.
Por esta misma razón, pongan todo el empeño posible en unir a la fe, la virtud; a la virtud, el conocimiento;
al conocimiento, la templanza; a la templanza, la perseverancia; a la perseverancia, la piedad;
a la piedad, el espíritu fraternal, y al espíritu fraternal, el amor.



Salmo 91(90),1-2.14-15ab.15c-16. 
Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».

“Él se entregó a mí,
por eso, yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.

Estaré con él en el peligro
lo defenderé y lo glorificaré
le haré gozar de una larga vida
y le haré ver mi salvación”.




Evangelio según San Marcos 12,1-12. 
Jesús se puso a hablarles en parábolas: "Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía.
Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.
De nuevo les envió a otro servidor, y a este también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes.
Envió a un tercero, y a este lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros.
Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.
Pero los viñadores se dijeron: 'Este es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra'.
Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.
¿No han leído este pasaje de la Escritura: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular:
esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?".
Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.




Leer el comentario del Evangelio por : Santa Catalina de Siena  

domingo, 29 de mayo de 2016

10 cosas que todo cristiano debe saber del Corpus Christi Por Abel Camasca

Crédito de imagen: Flickr - Lawrence OP (CC-BY-NC-ND-2.0)


REDACCIÓN CENTRAL, 26 May. 16 / 04:02 am (ACI).- A lo largo de los siglos la Iglesia y los santos han animado a los fieles a amar la Eucaristía, e incluso hay quienes han dado su vida por protegerla. Hoy en la Solemnidad del “Corpus Christi” te presentamos 10 cosas que todo cristiano de saber en torno a este gran milagro:
1. Jesús instituyó la Eucaristía
Jesús reunido con sus apóstoles en la última cena instituyó el sacramento de la Eucaristía: “Tomen y coman; esto es mi cuerpo…” (Mt, 26, 26-28). De esta manera hizo partícipes de su sacerdocio a los apóstoles y les mandó que hicieran lo mismo en memoria suya.
2. Eucaristía significa "Acción de gracias"
La palabra Eucaristía, derivada del griego ε?χαριστ?α (eucharistía), significa "Acción de gracias" y se aplica a este sacramento porque nuestro Señor dio gracias a su Padre cuando la instituyó. Además, porque el Santo Sacrificio de la Misa es el mejor medio de dar gracias a Dios por sus beneficios.
3. Cristo se encuentra de forma íntegra en el Sacramento del Altar
El Concilio de Trento (siglo XVI) define claramente: "En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente". Asimismo, en el Derecho Canónico de la Iglesia ninguna otra festividad recibe tanta atención como la Solemnidad del Corpus Christi.
4. Los sucesores de los apóstoles convierten el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo
En la Santa Misa, los obispos y sacerdotes convierten realmente el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo durante la consagración; el proceso es llamado Transubstanciación. La Solemnidad del Corpus Christies una de las cinco ocasiones en el año en que un Obispo no puede estar fuera de su diócesis, salvo por una urgente y grave razón.
5. Se debe recibir la Eucaristía al menos una vez al año
La Comunión es recibir a Jesucristo sacramentado en la Eucaristía. La Iglesia manda comulgar al menos una vez al año, en estado de gracia, y recomienda la comunión frecuente. Es muy importante recibir la Primera Comunión cuando se llega al uso de razón, con la debida preparación.
6. Para comulgar se necesita del ayuno eucarístico y confesarse
El ayuno eucarístico consiste en abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, al menos desde una hora antes de la Sagrada Comunión, a excepción del agua y las medicinas. Los enfermos y sus asistentes pueden comulgar aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior. El que comulga en pecado mortal comete un grave pecado llamado sacrilegio. El que desea comulgar y está en pecado mortal no puede recibir la Comunión sin haber acudido antes al sacramento de la Penitencia, pues no basta el acto de contrición.
7. Es Mandamiento de la Iglesia asistir a Misa domingos y días de precepto
Frecuentar la Santa Misa es un acto de amor a Dios que debe brotar naturalmente de cada cristiano. Es también obligatorio asistir los domingos y feriados religiosos de precepto, a menos que se esté impedido por una causa grave.
8. La Eucaristía es alimento espiritual para enfermos y agonizantes
La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos. Se le debe agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.
9. La fiesta del Corpus Christi se celebra el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad
La Solemnidad del Corpus Christi fue establecida en 1246 por el Obispo Roberto de Thorete y a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon. Después del milagro eucarístico de Bolsena, a mediados del Siglo XIII, el Papa Urbano IV expandió esta celebración a toda la Iglesia Universal en 1264 con la bula “Transiturus”, fijándola para el jueves posterior al domingo de la Santísima Trinidad. El Pontífice encomendó a Santo Tomás de Aquino que compusiera un oficio litúrgico propio e himnos que se entonan hasta nuestros días.
10. También es posible celebrarla el domingo posterior a la Santísima Trinidad 
En el Vaticano, el Corpus Christi se celebra el jueves después de la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Mientras que en varias diócesis se traslada al domingo posterior a la Santísima Trinidad por una cuestión pastoral. El Papa San Juan Pablo II fue quien llevó la procesión anual del Corpus Christi de la Plaza de San Pedro a las calles de Roma.

Solemnidad del Corpus Christi Por Abel Camasca

Solemnidad del Corpus Christi

EDACCIÓN CENTRAL, - Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad; aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral.
En esta solemnidad la Iglesia tributa a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, gratitud y amor, siendo la procesión del Corpus Christi una de las más importantes en toda la Iglesia Universal.
A mediados del siglo XIII el P. Pedro de Praga dudaba sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe. Al retornar, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la Cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró manchando el corporal.
La noticia llegó rápidamente al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y mandó que se le lleve el corporal. Más adelante el Pontífice publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara la Solemnidad del Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.
El Santo Padre encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy: Tantum Ergo, Lauda Sion.
El Papa Clemente V en el Concilio general de Viena (1311) ordenó una vez más esta fiesta y publicó un nuevo decreto en el que incorporó el de Urbano IV. Posteriormente Juan XII instó su observancia.
Más información en el especial del Corpus Christi


Homilía del Papa Francisco en la misa del Corpus Christi


«Haced esto en memoria mía» (1Co 11,24.25).

El apóstol Pablo, escribiendo a la comunidad de Corinto, refiere por dos veces este mandato de Cristo en el relato de la institución de la Eucaristía. Es el testimonio más antiguo de las palabrasde Cristo en la Última Cena.

«Haced esto». Es decir, tomad el pan, dad gracias y partidlo; tomad el cáliz, dad gracias y distribuidlo. Jesús manda repetir el gesto con el que instituyó el memorial de su Pascua, por el quenos dio su Cuerpo y su Sangre. Y este gesto ha llegado hasta nosotros: es el «hacer» la Eucaristía,que tiene siempre a Jesús como protagonista, pero que se realiza a través de nuestras pobres manosungidas de Espíritu Santo.

«Haced esto». Ya en otras ocasiones, Jesús había pedido a sus discípulos que «hicieran» loque él tenía claro en su espíritu, en obediencia a la voluntad del Padre. Lo acabamos de escuchar enel Evangelio. Ante una multitud cansada y hambrienta, Jesús dice a sus discípulos: «Dadlesvosotros de comer» (Lc 9,13). En realidad, Jesús es el que bendice y parte los panes, con el fin desatisfacer a todas esas personas, pero los cinco panes y los dos peces fueron aportados por losdiscípulos, y Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lopoco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos sagradas yvenerables del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente. También esto es «hacer» con Jesús, es «dar de comer» con él. Es evidente que este milagro no vadestinado sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto ahacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre (cf. Jn 6,48-58). Y, sinembargo, hay que pasar siempre a través de esos dos pequeños gestos: ofrecer los pocos panes ypeces que tenemos; recibir de manos de Jesús el pan partido y distribuirlo a todos.

Partir: esta es la otra palabra que explica el significado del «haced esto en memoria mía».Jesús se ha dejado «partir», se parte por nosotros. Y pide que nos demos, que nos dejemos partir porlos demás. Precisamente este «partir el pan» se ha convertido en el icono, en el signo de identidadde Cristo y de los cristianos. Recordemos Emaús: lo reconocieron «al partir el pan» (Lc 24,35).

Recordemos la primera comunidad de Jerusalén: «Perseveraban [...] en la fracción del pan» (Hch2,42). Se trata de la Eucaristía, que desde el comienzo ha sido el centro y la forma de la vida de laIglesia. Pero recordemos también a todos los santos y santas –famosos o anónimos–, que se handejado «partir» a sí mismos, sus propias vidas, para «alimentar a los hermanos». Cuántas madres,cuántos papás, junto con el pan de cada día, cortado en la mesa de casa, se parten el pecho para criara sus hijos, y criarlos bien. Cuántos cristianos, en cuanto ciudadanos responsables, se han desvividopara defender la dignidad de todos, especialmente de los más pobres, marginados y discriminados.¿Dónde encuentran la fuerza para hacer todo esto? Precisamente en la Eucaristía: en el poder delamor del Señor resucitado, que también hoy parte el pan para nosotros y repite: «Haced esto enmemoria mía».

Que el gesto de la procesión eucarística, que dentro de poco vamos a hacer, respondatambién a este mandato de Jesús. Un gesto para hacer memoria de él; un gesto para dar de comer ala muchedumbre actual; un gesto para «partir» nuestra fe y nuestra vida como signo del amor deCristo por esta ciudad y por el mundo entero.