martes, 17 de mayo de 2016

7 santos que usaron y recomendaron el escapulario de Nuestra Señora del Carmen “Revístanse de su santo escapulario y ella los conducirá al puerto de la conversión”

escapulario




San Simón Stock
Él fue quien tuvo la gracia de recibir el escapulario de las manos de la Reina del Cielo. El mismo día, lo apoyó al cuerpo de un moribundo impenitente y obtuvo el primer milagro del escapulario: la conversión del enfermo.
San Juan de la Cruz
Al fraile que lo asistía en su última enfermedad, el santo le preguntó muchas veces qué día de la semana era. Y explicó: “Pregunto porque me vino a la memoria qué beneficio tan grande es el que hace Nuestra Señora a los religiosos de su orden que han llevado su hábito y han hecho lo que pide ese privilegio”. San Juan falleció en la alborada de un sábado, 14 de diciembre de 1591.
Santa Teresa de Jesús

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Con frecuenta se gloriaba de llevar el escapulario “como indigna carmelita”. Y velaba para que sus religiosas no dejaran de dormir con él puesto. Se dirigía a ellas escribiendo: “Sólo puedo confiar en la misericordia del Señor… y en los merecimientos de su Hijo y la Santísima Virgen María, su Madre, cuyo hábito indignamente traigo y vos traéis”.
San Alfonso María de Ligorio

San Alfonso María de Ligorio

Usaba el escapulario y lo recomendaba insistentemente a los fieles. El escapulario con el que fue enterrado permaneció incorrupto en el sepulcro y hoy es venerado en un relicario en Marianella, su ciudad natal.
San Pedro Claver

San Pedro Claver

Se sirvió incesantemente del escapulario del Carmen en su apostolado con los esclavos en Colombia. Se conserva una pintura representándolo en el lecho de muerte, con un crucifijo en una de las manos y el escapulario sobre el pecho; alrededor de su cama, los fieles a quienes sirvió también traen el escapulario al cuello.
San Juan Bosco

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Lo recibió en la infancia y lo difundió durante toda la vida. Fue enterrado en 1888 con el escapulario. En 1929, el escapulario fue encontrado en perfecto estado de conservación, bajo las ropas podridas y los restos mortales momificados del gran apóstol e incomparable educador de la juventud.
San Buenaventura

San Buenaventura, por Francisco de Zurbarán
San Buenaventura, por Francisco de Zurbarán

Él decía: “Desahoguen el pecho frente a la Virgen del Carmen los pecadores empedernidos: revístanse de su santo escapulario y ella los conducirá al puerto de la conversión.
Hónrenla con el uso del escapulario y demás obligaciones u obsequios de la cofradía”.

Distintas maneras de amar





Quizás el mayor cambio que tenemos que dar es comprender que el evangelio es, mucho más, una forma de vida que un código de conducta. Que es más sobre actitud que sobre doctrina.Quizás el mayor cambio que tenemos que dar es comprender que el evangelio es, mucho más, una forma de vida que un código de conducta. Que es más sobre actitud que sobre doctrina.

Cómo hacer felices a las personas que amas. Sí, Dios te da la capacidad de amar de verdad

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Hay un modo de amar nuevo. Jesús nos pide algo nuevo, nos pide amar de forma diferente.
Comenta san Agustín: “¿Es que no existía ya este mandato en la ley antigua: Amarás a tu prójimo como a ti mismo? ¿Por qué, pues, llama nuevo el Señor a lo que nos consta que es tan antiguo? ¿Quizá la novedad de este mandato consista en el hecho de que nos despoja del hombre viejo y nos reviste del nuevo? Porque renueva al que lo cumple, teniendo en cuenta que no se trata de un amor cualquiera, sino de aquel amor acerca del cual el Señor, para distinguirlo del amor carnal, añade: Como Yo os he amado”.
¿De qué amor se trata entonces? ¿Cuál es la novedad?Un amor que desciende. En griego se expresa con la palabra ágape y en latín caritas. Este amor es un impulso interior que busca el bien del otro. Quiere que el otro llegue a ser lo que está llamado a ser.
Decía el padre José Kentenich hablando de este amor ágape: “Yo postergo mis intereses, estoy aquí para hacer feliz el otro. A través de mi amor el otro debe alcanzar como persona la felicidad”[1]. Un amor que renuncia para que el otro tenga una vida plena.
¡Cuánto nos cuesta renunciar a lo propio por amor al otro! ¡Cuánto nos pesa dejar lo que nosotros queremos por buscar lo que el otro quiere! La renuncia duele en el alma.
La novedad de la cruz es el amor al que Cristo nos llama. La novedad de una vida entregada hasta el extremo. Es nuevo porque nos saca de nuestro egoísmo, de nuestra forma vulgar de amar a los hombres.
Puedo hacer algo por alguien, algo bueno, algo valioso. Puedo amar de verdad, hasta el extremo. Pero puede suceder que no sepa amar en realidad. Hoy se habla de amor con mucha ligereza. Cualquier cosa nos parece amor. Pero tal vez no lo sea.
El amor verdadero hace todas las cosas nuevas. El amor verdadero permanece, no es algo pasajero. Es ese amor al prójimo, al que está más próximo a mi vida. La medida de ese amor es amar sin medida. 
Eso es lo que Jesús nos muestra. Con su medida. En su molde. Amar como Él nos ha amado. Su modo, su estilo, su extremo. ¿Cómo es ese estilo? Amar a cualquiera, amar acercándose a cada hombre, amar al pecador y vivir a su lado compartiendo el camino, amar con ternura, amar siempre. Amar con alegría.
Ese amor de Jesús es personal, se hace vida tocando, nombrando, mirando. Es el amor que lava los pies en el cenáculo, que se agacha, se parte y se derrama en un trozo de pan y algo de vino. Se deja prender sin oponer resistencia. Se deja condenar y guarda silencio. Perdona siempre. Cree en el hombre. Abre los brazos en la cruz. Se deja atravesar.
Ese es el amor nuevo. Un amor incondicional. Que no recrimina nunca, que espera siempre, que confía siempre. Un amor que promete el paraíso al ladrón al final de su vida sólo por una palabra. El amor crucificado. El amor poderoso que se hizo impotente. El amor que da oportunidades cada día. Que sale a buscarme, sea cual sea el camino en el que esté.
¿En qué cosa concreta de mi vida tengo que amar de forma nueva? ¿En qué se ha vuelto vieja mi forma de amar?
El P. Giovanni Marini comenta: “Para todo lo que es importante estudias, te esfuerzas, inviertes muchas energías. Y, ¿para el amor?”. No nos preparamos para amar bien. No nos formamos para llegar a vivir un amor maduro, para poder hacer feliz a la persona amada.
Tal vez me busco demasiado en el amor. Le pido a Jesús que me dé más fe para creer en todo lo que puede hacer Él con mi amor. Puedo amar con madurez. Puedo amar en profundidad.
Una persona rezaba: “Tengo poca fe. Me gustaría creer y no dejar nunca de creer. Pensar que Tú obras a través de mis manos, de mis palabras, de mi vida. Pero dudo. Y pienso que tu poder no es tan grande. Y no creo en un amor imposible. Dame fe Jesús en ese amor tuyo en mí que obra milagros. Déjame creer en el poder de tu amor”. 
Quiero hacer todas las cosas nuevas. Su amor, que parece impotente, es capaz de cambiar mi vida y hacerla nueva. Es el milagro que pido cada día.
[1] J. Kentenich, Lunes por la tarde

Vivir el Evangelio en la vida cotidiana es la mejor forma de conocer a Jesús Acercarse al Evangelio, meditarlo y encarnarlo en la vida cotidiana es la mejor manera para conocer a Jesús y llevarlo a los otros Por: Papa Francisco





Durante el rezo del ángelus, el Papa Francisco invitó a los cristianos a que abran las puertas de su corazón a Jesucristo. Explicó además cómo lograrlo.
FRANCISCO
"Acercarse al Evangelio, meditarlo y encarnarlo en la vida cotidiana es la mejor manera para conocer a Jesús y llevarlo a los otros”.
El Papa recordó el pasaje del Evangelio de San Juan que explica que "la Palabra se hizo carne y los suyos no la acogieron”. Dijo los hombres cerraron la puerta a Dios porque a veces eligen las tinieblas.
FRANCISCO
"La Palabra es la luz, y a pesar de ello los hombres han preferido las tinieblas. La Palabra vino entre los suyos pero ellos no la han recibido. Le han cerrado la puerta en la cara al Hijo de Dios”.
Por eso, pidió a los cristianos que estén atentos al  misterio del mal que les amenaza a diario.

Y antes de despedirse de los miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, volvió a hacer una de sus recomendaciones más populares.

FRANCISCO
"Llevar un pequeño Evangelio en el bolsillo o en el bolso nos hará bien. No lo olvidéis: leamos un pasaje del Evangelio cada día”.
También pidió a los cristianos que no se olviden de construir y de conquistar la paz, tal y como reza el lema de la Jornada Mundial de la Paz de este año, "Vence la indiferencia y conquista la paz”.

Martes de la séptima semana del tiempo ordinario


Epístola de Santiago 4,1-10. 

Hermanos:
¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros?
Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden.
O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.
¡Corazones adúlteros! ¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios.
No piensen que la Escritura afirma en vano: El alma que Dios puso en nosotros está llena de deseos envidiosos.
Pero él nos da una gracia más grande todavía, según la palabra de la Escritura que dice: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.
Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes.
Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido.
Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza.
Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.



Salmo 55(54),7-8.9-10a.10b-11a.23. 
¡Quién me diera alas de paloma
para volar y descansar!
Entonces huiría muy lejos,
habitaría en el desierto.

Me apuraría a encontrar un refugio
contra el viento arrasador y la borrasca.
Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,
porque no veo más que violencia

rondando día y noche por sus muros.
Confía tu suerte al Señor,
y él te sostendrá:
nunca permitirá que el justo perezca.




Evangelio según San Marcos 9,30-37. 
Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará".
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?".
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos".
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado".


Leer el comentario del Evangelio por : Afraates