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domingo, 23 de abril de 2017

El Santo Sepulcro: La arqueología da la razón a los evangelistas


Abrieron la losa de mármol y... ¡sorpresas!

El 20 de octubre del 2016 se produjo un acontecimiento único en los últimos siglos: la apertura de la losa de mármol que se venera en el lugar donde la tradición sitúa el sepulcro de Jesús, dentro de la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén.
Bajo aquella losa se descubrió una segunda losa, también de mármol gris, que contiene una hendidura en toda su longitud y que lleva esculpida una cruz de Lorena. Muy probablemente, esta es de la época de las cruzadas, de comienzos del siglo XII.
Sacada la segunda losa, empezaron las sorpresas, según explica el diario La Vanguardia. Inmediatamente bajo esta losa, y a 35 centímetros de la actual tierra del edículo de la basílica, apareció la que es la pieza fundamental del conjunto: un banco de piedra ordinaria excavado en la roca que está en conexión directa con la pared vertical, también excavada en la roca, que hay detrás de él.
Las crónicas de los viajeros medievales, como Fèlix Faber (1480), que vieron el edículo sin los mármoles de recubrimiento actuales, testifican que banco y pared forman un todo de piedra. Este todo corresponde a la pared norte de la pequeña habitación donde está el lugar venerado como sepulcro de Jesús. 
La segunda sorpresa saltó cuando se vio que la pared sur de esta habitación correspondía a una segunda pared vertical, también de roca ordinaria, de unos dos metros de alto.
Por lo tanto, el edículo de la basílica del Santo Sepulcro contiene un conjunto formado por dos paredes de piedra (norte y sur) y un banco (al lado norte) –todo excavado en la roca–. Este conjunto corresponde a un sepulcro del tipo “cámara sepulcral” al que se accedía bajando, pues quedaba por debajo del nivel del terreno exterior.
De este sepulcro han desaparecido los lados este y oeste, así como el techo, que había sido cortado en la roca como el resto de la tumba, y un probable arco sóleo situado encima del banco de piedra.
En resumen, sólo ha quedado la parte de la tumba relativa al banco de piedra; de hecho, la longitud del actual edículo es la misma que la del banco, mientras que su anchura corresponde al espacio entre las dos paredes de piedra. El suelo de piedra original del sepulcro, aún por descubrir, ha de hallarse bajo el actual pavimento de mármol.
El elemento arqueológico que hemos descrito concuerda con los datos documentales de los evangelios –a continuación ponemos entre comillas los textos que se encuentran en Mateo 27, Marcos 15-16, Lucas 24 y Juan 19-20. Por eso es legítimo suponer que nos encontramos ante la tumba de Jesús.
En efecto, Jesús murió crucificado en la colina de la Calavera o Gólgota, lugar de las ejecuciones, un muñón de roca de 13 m de alto situado fuera de ciudad a 80 o 90 m de una de las puertas de Jerusalén. “Cerca”, en una zona de sepulcros que aprovechaban el berrocal de una antigua pedrera, había el “huerto” de José de Arimatea con un sepulcro “nuevo”, por estrenar. Este sepulcro se cerraba con “una piedra… muy grande” que se hacía “rodar”. La piedra indica que el sepulcro de Jesús era del tipo de cámara sepulcral y que “había sido tallado en la roca”. Se entraba bajando ligeramente hasta el “ lugar” donde se “depositaba” el cadáver, es decir, el citado banco de piedra.
Este banco estaba situado “a la derecha” de la entrada –igual que en el sepulcro del edículo de Jerusalén. La bajada tenía que ser suave ya que una persona como María Magdalena “se agachó para mirar dentro del sepulcro”.
La existencia del banco se confirma por una información doble de Marcos y Juan. En Marcos 16,5 se dice que las mujeres entraron en el sepulcro y encontraron “a un joven sentado que llevaba un vestido blanco” –evidentemente, sólo se podía sentar en el banco en cuestión–, mientras que en Juan 20,12 se habla de “dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el sitio (el banco) donde había sido puesto el cuerpo de Jesús”.
Claro está, pues, que cuando dieron sepultura a Jesús el viernes día 7 de abril del año 30 d.C. mientras el sol se ponía, no lo pusieron dentro de un nicho sino que lo depositaron sobre el banco de piedra –el “ sitio” del que hablan los evangelios. La razón de esta decisión es que Jesús había muerto tras una considerable agresión física y su cuerpo estaba en un estado lamentable.
Tal como era costumbre entre los judíos de la época y, aún hoy en muchas culturas, un cadáver tiene que ser lavado y ungido con “aceites aromáticos” antes de enterrarlo. Pero como Jesús tuvo que ser enterrado a toda prisa porque empezaba el “reposo del sábado”, su cuerpo fue dejado sobre el banco de piedra. El cuerpo quedó cubierto con “la sábana de amortajar” y su cabeza, sujeta por “un pañuelo”, “atado” por debajo de la mandíbula para evitar la caída.
“El domingo de buena mañana”, el 9 de abril del año 30 d.C., cuando las mujeres vuelven al sepulcro para lavar y ungir el cuerpo de Jesús, se encuentran con que no está encima del banco de piedra excavado en la roca donde lo habían depositado.
María Magdalena piensa primero que “se lo han llevado fuera del sepulcro”. Después, emerge en las mujeres una hipótesis que rompe todas las barreras y expectativas y cambia la historia: “Jesús, el crucificado, ha resucitado. Mirad el lugar [¡el banco!] donde lo habían puesto”.
Las mujeres fueron en busca de los discípulos varones, que se mostraron del todo escépticos: “Algunas mujeres de nuestro grupo… han ido de buena mañana al sepulcro, no han encontrado el cuerpo de Jesús y han vuelto diciendo que hasta habían tenido una visión de ángeles, a los cuales aseguraban que él vive”.
El escepticismo es la reacción del que no quiere hacerse demasiadas preguntas, ni complicarse ni implicarse en algo que podría romper los esquemas.
Al otro lado del escepticismo está la apuesta fuerte, a todo o nada. El escéptico es temeroso. El que apuesta es audaz. La vida no es una ecuación ni una deducción, sino una decisión que da respeto pero que puede acabarse con un triunfo, el de la misma vida sobre la muerte.
La fe en la resurrección de Jesús no es una evidencia de tipo lógico pero tampoco un salto al vacío a-racional. La investigación histórica muestra un acuerdo entre los datos arqueológicos y los de los evangelios. El dato arqueológico no demuestra aquello que la fe cree, pero le da verosimilitud y estimula la razonabilidad.
Los evangelios canónicos no son ninguna invención, sino documentos del siglo I donde la fe de sus autores y la historia que narran se mezclan y complementan. Por eso tienen que leerse como cualquier otro documento antiguo, al tiempo que son el fundamento de la fe cristiana. De ellos sale una revolución: la que empezó en un banco excavado en la roca, dentro de un sepulcro de Jerusalén hace dos mil años.

jueves, 13 de abril de 2017

El Santo Sepulcro como nunca lo has visto


Un video te muestra la evolución de uno de los grandes templos de la cristiandad

Ofrecemos un video con la evolución del Templo del Santo Sepulcro, desde hoy hasta llegar a la cueva de piedra que vio la sepultura y la resurrección de Jesucristo. Se trata de un vídeo realizado por Raffaella Zardoni para la Asociación Pro Terra Sancta, en colaboración con el padre Eugenio Alliata, ofm, del Studium Biblicum Franciscanum.
Con una reconstrucción en tres dimensiones podemos ver las vicisitudes vividas por el templo, el lugar exacto de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús y cómo el templo ha ido evolucionando hasta convertirse en el lugar que conocemos hoy.


domingo, 26 de marzo de 2017

Reabren el Santo Sepulcro de Cristo en Jerusalén

El Santo Sepulcro después de la restauración. Foto: Daniel Ibáñez (EWTN katholisches TV)

El Santo Sepulcro, la tumba donde el cuerpo de Jesucristo fue depositado tras la crucifixión, vuelve a brillar en todo su esplendor.
Las obras de restauración ya han finalizado de forma oficial, justo a tiempo para la Semana Santa, y los peregrinos ya pueden acceder al interior del recinto sagrado.
En una sencilla y simbólica ceremonia ecuménica, representantes de las tres iglesias cristianas encargadas de la custodia del Santo Sepulcro –la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa Griega y la Iglesia Ortodoxa Armenia– agradecieron por la reapertura del Santo Sepulcro.
Hablaron en esta reapertura Su Beatitud Teófilo III, Patriarca greco-ortodoxo; Francesco Patton, Custodio Franciscano de Tierra Santa; Su Beatitud Nourhan Maougian, Patriarca armenio apostólico; y Mons. Pierbattista Pizzabala, Administrador Apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén.
El Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, asistió al acto ecuménico en el que también participaron representantes de las demás Iglesias y comunidades cristianas con presencia en la Basílica del Santo Sepulcro: coptos, sirios, etíopes y luteranos.
Mons. Pizzabala afirmó que “la aparente misión imposible de la restauración del Santo Edículo se hizo posible porque permitimos a Dios iluminar nuestros pensamientos, nuestros ojos y nuestros vínculos”.
“Pienso que la mayoría de los habitantes de Jerusalén y todos aquellos que están familiarizados con la vida en el Santo Sepulcro, en general con la vida de los cristianos en Jerusalén, no podían creer que pudiera ser posible que llegara este momento. Muchas veces, cuando los peregrinos, los cristianos locales, también los no cristianos, venían a la Basílica se preguntaban cuándo sería posible la restauración del Edículo, la respuesta inmediata era: ‘Nunca veremos ese día’”. Pero ese día “por fin ha llegado”.
El Administrador Apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén indicó que “el Santo Sepulcro, donde nuestro Señor fue enterrado y donde resucitó, es el custodio de nuestra fe. Pero también de nuestras respectivas historias, de nuestras identidades. Es el espejo de lo que somos”.
El Santo Sepulcro
La tumba de Cristo se encuentra en el interior de un pequeño edificio, denominado Edículo, construido en el año 1801 –después de que un terremoto destruyera una edificación anterior– que a su vez está dentro de la Basílica del Santo Sepulcro.
De estilo barroco otomano, el Edículo volvió a sufrir los efectos de los temblores de tierra en 1927, lo que ocasionó un paulatino deterior que obligó a instalar, en el año 1947, unas vigas de acero para evitar su derrumbe.
Ahora, las obras de restauración han permitido retirar esas vigas y contemplar el edificio, limpio de suciedad y con todas sus policromías e inscripciones perfectamente visibles, en todo su esplendor debajo de la gran cúpula que cubre el crucero de la Basílica.
Las labores de consolidación y restauración del edificio han tenido un presupuesto de 3 millones 500 mil dólares. La financiación corrió a cargo de las tres denominaciones cristianas sobre las que recae la custodia del sepulcro.
También se recibieron ayudas del gobierno griego y de benefactores privados. Además, el Fondo Mundial para los Monumentos desempeñó un papel importante en la recaudación de fondos.
Las ayudas económicas para las obras también procedieron de países musulmanes. Así, el rey Abdalá II de Jordania ofreció una donación, al igual que las autoridades palestinas, que no quisieron quedarse al margen del proyecto y realizaron una aportación económica para la restauración de la tumba de Cristo.
Ahora, se abre una nueva fase en las obras de restauración del Edículo, que comenzarán tras las celebraciones de Semana Santa y Pascua. Según explican fuentes de la Custodia de Tierra Santa mediante un comunicado de prensa, “habrá que quitar todo el pavimento alrededor del Edículo, rehacer todas las canalizaciones, restaurar todas las piedras del pavimento y sustituirlas por otras del mismo estilo, consolidar los cimientos del edículo garantizando la estabilidad sísmica del conjunto”.
Sin duda, se trata de una fase muy interesante y que deparará sorpresas, pues, señalan en la Custodia, será posible realizar excavaciones arqueológicas que en la anterior fase, ya finalizada, no se pudieron realizar.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Misterio en torno a la apertura de la tumba de Cristo "Olor suave" y "perturbaciones electromagnéticas" sorprendieron a los observadores de este evento histórico


Misterio en torno a la apertura de la tumba de Cristo




Los días 26, 27 y 28 de octubre de 2016, la losa de mármol que cubre la tumba de Cristo fue abierta. Un grupo de científicos y religiosos tuvo acceso al lugar y, de inmediato, comenzaron a correr rumores. En primer lugar, que se pudo percibir un “dulce aroma” que emanaba de la tumba, reminiscente de las manifestaciones olfativas asociadas a ciertos santos. En segundo lugar, que ciertos instrumentos de medición empleados por los científicos quedaron alterados por perturbaciones electromagnéticas. En cuanto eran colocados en vertical sobre la piedra en la que reposó el cuerpo de Cristo, los aparatos dejaban de funcionar o funcionaban mal.
Marie-Armelle Beaulieu, jefa de redacción de Terre Sainte Magazine, recibió autorización para visitar el lugar y se muestra circunspecta en cuanto a los rumores asociados al “dulce aroma”. Además de opinar que un olor es fácilmente sugestionable, constata por su parte que ella no percibió ningún perfume particular. Por otra parte, durante la última apertura, parcial, realizada por el arquitecto Nikolaos Komnenos en 1809, el cronista de la época hizo también mención a un “dulce aroma”. Las personas que se interesan por la tumba del Santo Sepulcro conocen bien este texto, así que es posible que se autosugestionaran con este olor.
Perturbaciones electromagnéticas
La periodista se muestra, por el contrario, mucho menos dubitativa en lo que concierne a las perturbaciones electromagnéticas registradas por el instrumental de los científicos. El fenómeno le fue confirmado por uno de los científicos autorizados a acceder a la tumba. Más tarde, la directora de obras Antonia Moropoulou, indicó que es difícil imaginar que alguien pusiera en peligro su reputación por un “truco publicitario”. Para más inquietud, la periodista da fe de la sorpresa de los científicos durante la apertura de la losa: esperaban que la tumba se encontrara mucho más baja de lo que estaba. El motivo, los análisis realizados previamente con el instrumental parecían haber sido distorsionados por una perturbación electromagnética.
Imposible ir más allá de esta simple constatación: según parece, a falta de cualquier otro elemento explicativo, la tumba de Cristo afectó a los instrumentos sensibles a las perturbaciones electromagnéticas… Pero para designar los motivos de un fenómeno semejante no faltan especulaciones entre los apasionados del Santo Sepulcro, especulaciones que van desde lo más elaborado a lo más ridículo.
¿Solamente la tumba de Cristo?
La apertura de la losa y la revelación de la piedra donde habría reposado el cuerpo de Cristo han demostrado la conformidad de la tumba con respecto a las tumbas judías del siglo I. Pero según Marie-Armelle Beaulieu, lo esencial está en otra parte. “Estaría encantada de que un peritaje científico demostrara que esta piedra fuera en efecto donde reposó Cristo, pero incluso si se demuestra lo contrario, seguiría siendo un signo de la Resurrección”.
Gracias a un contacto, la periodista, residente en Jerusalén desde hace 17 años, formó parte del exclusivo grupo de privilegiados que ha podido acceder al lugar. Según confiesa: “La iglesia del Santo Sepulcro es un sitio desconcertante. Al principio no me gustaba mucho. Me esperaba una iglesia hermosa y me encontré con este lugar de arquitectura extraña, que no recuerda en nada a las escenas bíblicas. No hay ningún rastro del jardín de la tumba, por ejemplo”.
“Pero progresivamente fui desarrollando un apego, durante las procesiones en las que participo con los franciscanos. No es un sitio para visitar, sino más bien un lugar para orar. Gracias a un religioso, pude penetrar hasta la roca que soportó el cuerpo de Cristo, algo que no habría podido imaginar… Me sentía en un estado extraño, un poco como ingrávida, pero me acuerdo de todos los detalles. Nunca más iré al Santo Sepulcro de la misma forma”.
“Ahora mismo, han vuelto a colocar la losa de mármol por encima y sólo se puede ver parcialmente la cripta, a través de una apertura [protegida con un cristal blindado, Ndlr]. Pero yo sé que la piedra está ahí. Tenía la costumbre de hacer la genuflexión delante de la tumba de Cristo y luego reflexioné y pensé que era absurdo, que allí no había ninguna Presencia real, y que es delante de las santas especies que conviene hacer una genuflexión. Pero en el Santo Sepulcro, delante de esta tumba, hay una ‘ausencia real’. Una tumba vacía. Un milagro ante el cual se doblan todas las rodillas, en el Cielo, sobre la Tierra y en los Infiernos”.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Abren el sepulcro de Jesús por primera vez en siglos

Mosaico del momento en que ingresan el cuerpo de Jesús al sepulcro. Foto: AntanO / Wikimedia (CC 4.0).


¿Alguna vez te has preguntado cómo se ve la tumba de Jesús? National Geographic recientemente detalló el “momento de la revelación” en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, mostrando la roca sobre la que se asegura que el cuerpo de Cristo fue colocado tras su muerte.
La roca ha estado cubierta durante siglos por una estructura de mármol, para protegerla.
“La cubierta de mármol de la tumba ha sido retirada”, dijo Fredrik Hiebert, arqueólogo residente de la National Geographic Society, de acuerdo a una exclusiva de la National Geographic, publicada el 26 de octubre.
“Será un largo análisis científico, pero finalmente seremos capaces de ver la superficie original de la roca sobre la que, de acuerdo a la tradición, se colocó el cuerpo de Cristo”, señaló Hiebert.
La apertura del sepulcro de Cristo marca una exposición histórica, por primera vez en siglos. Esto produjo una gran emoción entre arqueólogos, peregrinos y varios grupos religiosos.
“Aquí tenemos franciscanos, armenios, griegos, guardias musulmanes y agentes de policía judíos. Esperamos y rezamos para que este sea un mensaje real de que lo imposible se puede volver posible. Todos necesitamos paz y respeto mutuo”, dijo a National Geographic Teófilo III, el Patriarca Greco-Ortodoxo de Jerusalén.
De acuerdo a los Evangelios, el cuerpo de Cristo fue colocado en un sepulcro nuevo excavado en la roca, en el que nadie había sido enterrado. El Evangelio de Marcos detalla que las mujeres que fueron a ver la tumba para embalsamar el cuerpo de Jesús y encontraron que había resucitado.
La veneración del sepulcro de Jesús se remonta a Santa Elena, en el siglo IV, que descubrió e identificó el sepulcro. El hijo de la santa, el emperador Constantino, construyó la Iglesia del Santo Sepulcro en el año 326.
La losa sobre la que el cuerpo de Cristo fue colocado es el punto central de veneración, y fue encapsulada por una estructura de mármol de casi un metro por metro y medio, conocida como el Edículo, desde al menos 1555.
Con el paso de los años, el Edículo ha sido reconstruido y actualmente pasa por un proceso multimillonario de conservación, a manos de la Universidad Nacional Técnica de Atenas.
“Estamos en el momento crítico para rehabilitar el Edículo”, dijo a National Geographic la profesora Antonia Moropoulou, supervisora científica en jefe de la Universidad Nacional Técnica de Atenas.
“Las técnicas que estamos usando para documentar este monumento único permitirá al mundo estudiar nuestros hallazgos como si ellos mismos estuvieran en la tumba de Cristo”.
Aunque el sitio del sepulcro no es controlado por un grupo religioso particular, la Iglesia Ortodoxa Griega, la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa Armenia, con una menor influencia de las Iglesias Copta, Ortodoxa Etíope y Siria.
Cualquier decisión importante debe ser realizada en acuerdo entre las Iglesias.
National Geographic detallará todo el proceso de restauración del sepulcro de Cristo en la serie “Explorer”, que saldrá al aire en Noviembre, a través de su canal de televisión.
Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.

Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén