jueves, 22 de marzo de 2018

Papa Francisco: ¿Cómo rezas cuando alguien te pide que reces por él?

KOBIETA W HOSPICJUM



Homilía en Casa Santa Marta

“Valentía y paciencia”: son las peculiaridades de la oración, que debe elevarse a Dios “con libertad, como hijos”. Lo subrayó el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta. El punto de partida fue la primera lectura, del libro del Éxodo, con la conversación entre el Señor y Moisés sobre la apostasía de su pueblo.

Moisés no cede a la lógica del chantaje

El profeta intenta apartar al Señor de sus propósitos iracundos contra el pueblo que “ha dejado la gloria del Dios vivo para adorar un becerro de oro”. En el diálogo audaz que mantienen, Moisés “se acerca con argumentos” y recuerda al Padre cuánto hizo por su gente, llevada a salvo de la esclavitud en Egipto, recuerda la fidelidad de Abraham, de Isaac.
En sus palabras, en este “cara a cara”, se percibe la implicación del profeta, su amor por el pueblo. Moisés no teme decir la verdad, no “entra en juegos de chantaje”, no cede ante la posibilidad “de vender su conciencia”. “Y esto agrada a Dios”, precisa el Pontífice, “cuando Dios ve un alma, una persona que reza y reza por algo, Él se conmueve”.
“Nada de chantaje. Yo estoy con el pueblo. Y estoy contigo. Esta es la oración de intercesión: una oración que argumenta, que tiene el valor de hablar a Dios a la cara, que es paciente. Hace falta paciencia, en la oración de intercesión: no podemos prometer a alguien que vamos a rezar por él, y después acabar la cosa con un Padrenuestro o un Avemaría y ya está. No, si dices que vas a rezar por alguien, tienes que hacerlo así. Y se necesita paciencia”.

Paciencia y constancia de la oración

En la vida cotidiana, por desgracia, no son raros los casos de dirigentes dispuestos a sacrificar la empresa con tal de salvar sus propios intereses, de lograr un beneficio propio. Pero Moisés no entra en la “lógica del chantaje”, él está con el pueblo y lucha por el pueblo. Las Sagradas Escrituras están llenas de ejemplos de constancia, de la capacidad de “seguir adelante con paciencia”: la cananea, el “ciego a la salida de Jericó”.
“Para la oración de intercesión hacen falta dos cosas: valor, o sea, parresía, y paciencia. Si yo quiero que el Señor escuche algo que le pido, debo seguir, y seguir, y seguir, llamar a la puerta, y llamo al corazón de Dios, y llamo allá … ¡pero porque mi corazón se ha implicado con esa persona! Pero si mi corazón no se implica con esa necesidad, con esa persona por la que tengo que rezar, no será capaz de tener ni valor ni paciencia”.

Tener un corazón comprometido

Papa Francisco indica, por tanto, el “camino de la oración de intercesión”: implicarse, luchar, seguir adelante, ayunar.
“Que el Señor nos de esta gracia. La gracia de rezar ante Dios con libertad, como hijos; de rezar con insistencia, de rezar con paciencia. Pero sobre todo, rezar sabiendo que yo hablo con mi Padre, y mi Padre me escuchará. Que el Señor nos ayude a progresar en esta oración de intercesión”.

¿Qué es realmente el Santo Grial?


Un viaje en busca de la inmortalidad

La búsqueda de este objeto legendario de poderes extraordinarios desde la Edad Media ha desencadenado la fantasía popular, encendiendo los corazones de muchos escritores que han contado su mito a través de sagas y poemas caballerescos. Se le ha buscado en todos lados, porque sus poderes, según la leyenda, dan vida eterna y conocimiento.
Sin embargo, no todos los mortales serán capaces de llegar al Grial, sino solamente aquellos puros de corazón.
A lo largo del tiempo ha asumido formas distintas, lo encontramos a menudo bajo la forma de un cáliz luego una copa y finalmente un libro.
Templarios y Grial… una pintura que hace referencia a la prueba del Grial en la película “Indiana Jones y la última cruzada”
Pero ¿qué es realmente el Grial? Es un objeto material o en realidad representa algo más espiritual? Si deseas conocer la primera hipótesis, puedes acceder al artículo de Alex Pac-Man: “El cáliz de Cristo…y se fuera de mithril?”.
Los orígenes del mito
La versión clásica del Grial que todos tenemos en mente es la de la copa con la que Jesús celebró la Última Cena y en la cual José de Arimatea recogió la sangre del costado del Cristo crucificado. Pero esta versión del Grial se remonta al 1202, cuando Robert De Boron la introdujo en el poema “Joseph d’Arimathie”, fusionándola con el mito céltico del caldero. El caldero, de hecho, en las leyendas célticas como el del dios Dagda era símbolo de abundancia que distribuye comida inagotable y conocimiento infinito, pero también símbolo de resurrección en que se arroja a los muertos para que resuciten al día siguiente. El caldero nutre a los guerreros célticos como la sangre contenida en el cáliz nutre la fe de los cristianos y los regenera a una vida nueva… Desde entonces y en adelante la leyenda del Grial se lee definitivamente con el cáliz de Cristo, volviéndose un símbolo cristiano. Por lo tanto, el mito del Grial tiene raíces mucho más arcaicas que el cristianismo y nace de la fusión de leyendas antiguas presentes en muchas culturas.
El origen del término “Grial” de hecho se remonta al término latín Gradalis, que significa cuenco o tarro, estos objetos en la mitología clásica representaban el poder benéfico de las fuerzas superiores, basta pensar en la Cornucopia de los griegos y romanos.
Alrededor del 1210 el alemán Wolfram Von Eschembach, en el poema “Parzifal”, parte del ciclo artúrico, ofrece una nueva interpretación sobre la naturaleza del Santo Grial. Ya no es una copa sino una piedra purísima, llamada Lapis exillis, esta piedra con poderes milagrosos concede incluso la inmortalidad.
El término lapis exillis fue interpretado como lapis ex coelis o “piedra caída del cielo”.
Parsifal, recuperando el Grial, en esta imagen colocado en la misma perspectiva de la cruz en alto, permitirá la redención de todo el reino (foto)
La piedra caída del cielo
Algunos han comparado la lapis exillis a la Lia Fàil o “piedra del destino” que según una antigua leyenda irlandesa un pueblo de semidioses, llamados Thuata di Danan, trajeron consigo desde su primera morada, el cielo. Eschembach sostiene que la piedra era una esmeralda caída de la frente de Lucifer y conducido a la tierra por los ángeles que habían permanecido neutrales durante la rebelión. Los ángeles proclamaron a Tirutel señor del Reino del Grial y colocaron la piedra en las manos de su hija Schoysiane, pues el Grial podía ser tocado sólo por una virgen. El hijo de Tirutel, Amfortas, que fue coronado nuevo rey, fue seducido por la bruja Kundry y cayó junto a ella en pecado permaneciendo gravemente discapacitado. Su discapacidad se vertió también en su reino transformándolo en una tierra árida y desolada. Fue el joven y puro Parsifal, también descendiente del viejo rey Tirutel, y caballero de la mesa redonda, quien curó la discapacidad de Amfortas y salvó y redimió a todo el reino volviéndose el nuevo rey del Grial.
En la novela de Wolfram Von Eschenbach, el Grial se vuelve símbolo eucarístico y sus custodios, los Templarios, viven alimentándose únicamente de su energía; sólo quien conoce una total pureza moral puede llevarlo consigo y, durante el viernes santo, una paloma pone sobre la piedra una hostia consagrada, esa hostia confiere al Grial su inmenso poder.
Hacia el siglo XIII, su concepción cambia y el Grial fue incluso asociado a un libro que escribió el mismo Jesús y que podía ser leído solamente por quien estuviera en la gracia de Dios.
La piedra sobre la que reposa Jacob es la casa de Dios (cf. Gn 28, 16-22) (foto)
Según las visiones de la beata Ana Catalina Emmerick, el Grial hecho de un material desconocido caído de la frente del Lucifer después de la rebelión, y perdido por Adán después del pecado original, fue recuperado más tarde por el hijo Seth y perdido nuevamente, salvado por Noé durante el diluvio y sucesivamente utilizado por Melquisedec para bendecir a Abraham y a Sara. Luego estuvo en manos de Moisés antes de volver a desaparecer. Reaparece en la tierra cuando un ángel llevó el objeto sagrado a san Joaquín antes de la concepción de María, pero el sacerdote del templo vendió el objeto sagrado a un anticuario. Fue recuperado por la Verónica para ser usado por Jesús en la Última Cena.
Pero la piedra caída del cielo es atribuible también a la piedra negra custodiada en la Ka’ba de la Meca, que según la tradición islámica Alá la hizo descender del paraíso a la tierra. Durante el diluvio universal, la piedra fue puesta a salvo por Noé para luego ser recuperada por Abraham en los alrededores del lugar de donde surge la Meca.
El tesoro más antiguo
Se trata en cualquier caso de algo que se perdió enseguida a la edad de oro, un objeto real o simbólico que hace referencia a un esplendor pasado. Posee características similares al Grial, es decir, capaz de mantener la vida, dar conocimiento y curar la naturaleza humana, otro objeto legendario: la Piedra Filosofal, que encontramos con sus peculiaridades en la saga de “Harry Potter” y en el manga/anime “Fullmetal Alchemist”, símbolo de la alquimia por su capacidad de poder trasmutar los metales corrientes en oro.
El oro era el único metal conocido capaz de permanecer inalterado en el tiempo. Por lo tanto, es “esencia primigenia” que representa la condición inmortal y primordial perdida. No por casualidad es una característica de gran parte de los metales legendarios, del latón al adamantio, del que el Mithril de la Tierra Media – ligero pero indestructible – es la mejor síntesis. Santo Grial o Piedra Filosofal, en ambos casos es un medio para curar al hombre y conducirlo a la inmortalidad o a la condición idílica adánica, una nostalgia de los primeros tiempos que no sólo da testimonio de un malestar real, el de la miseria humana, sino que casi es capaz de comprobar que la historia de la humanidad fue marcada por un momento de pérdida o ruptura ancestral.
En “Harry Potter y la Piedra Filosofal” Dumbledore esconde la Piedra dentro del Espejo de Oesed. De esta manera sólo una persona que desea la Piedra para no usarla podría obtenerla. No por casualidad, el mismo espejo es usado por el mago como prueba para determinar quien no es puro de corazón (foto)
¿Qué vuelve al hombre inmortal?
En la tradición cristiana la piedra de la inmortalidad no es otra cosa que el mismo Jesucristo, es decir, la piedra angular sobre la que fue constituida la Iglesia de Dios. Y sobre Él hay algunas “piedras vivas”, que representan a todos los creyentes unidos entre sí para elevar el templo santo del Señor (Ef 2,20-22; 1P 2,4-5).
Para san Pablo la piedra espiritual que seguía y apagaba la sed de los judíos en el paso por el desierto era la imagen de Cristo (1 Co 10,1-4).
Es justo decir que el Santo Grial asume un carácter espiritual y material. Éste, de hecho, representa el más grande don que Dios le hace al hombre: o sea su Espíritu. El Espíritu Santo que a través del sacrificio de Cristo descendido sobre la tierra mandado por el Padre, desciende sobre el hombre y sólo por medio de la Eucaristía nos regenera en un cuerpo y una alma nuevos, permitiéndonos volver a tener contacto con Dios.
Además, el Espíritu Santo que desciende sobre el hombre constituye el efecto de la redención, que con el cuerpo y la sangre de Cristo nos restituye el estado perdido en la caída.
El hombre que se vuelve hijo de Dios es relación con Dios. Esto lo vuelve inmortal, a imagen y semejanza de Dios. Jesús es la piedra que se perdió tras el pecado original, el legendario Grial, que como en “Harry Potter y la Piedra Filosofal” y como en “Indiana Jones y la última cruzada” puede ser alcanzado no quien desea el poder y el conocimiento o teme a la muerte, sino sólo por aquellos que sinceramente desean el bien: establecer una relación filiar con Aquel que es el principio y el fin de todo.
Jesús: “«No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino.» (Jn 14, 1-4).

Jueves de la quinta semana de Cuaresma


Libro de Génesis 17,3-9. 

Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:
"Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones.
Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones.
Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.
Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes.
Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios".
Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones."

Salmo 105(104),4-5.6-7.8-9. 
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.



Evangelio según San Juan 8,51-59. 
Jesús dijo a los judíos:
"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".
Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'.
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?".
Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios',
y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría".
Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?".
Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy".
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo. 

miércoles, 21 de marzo de 2018

Entrevista a Monseñor Elías Yanes.

Entrevista en Cope La Palma y Cope Tenerife: sus recuerdos de infancia, su vocación, las personas que influyeron, sus inicios como sacerdote y su trabajo en la Diócesis, su amor a María en la advocación de la Virgen de las Nieves,etc.

Tres poderosos objetos religiosos que llevar en el automóvil




Estos sacramentales no sólo recuerdan a Dios, sino que invocan su protección

Viajar en auto puede ser a menudo una experiencia frustrante y arruinar el resto de la jornada. Nuestras emociones pueden verse fácilmente influenciadas por un mínimo cambio en el tráfico o en las condiciones meteorológicas.
La Iglesia durante los siglos ha proporcionado una serie de instrumentos para ayudarnos a hacer presente a Dios mientras manejamos o realizamos actividades cotidianas. Normalmente son objetos religiosos bendecidos por un sacerdote para invocar una gracia particular de Dios. Fueron instituidos por la Iglesia para ayudarnos a profundizar en nuestra relación con Cristo y se dirigen a santificar cada aspecto de nuestra vida. Los sacramentales son extensiones de los siete sacramentos y llevan la gracia de Dios a todo lo que hacemos.
Te puede interesar: Oración del conductor
Otro beneficio de los sacramentales es la capacidad de invocar la mano protectora de Dios sobre nosotros. Aunque no necesariamente van a impedir que tengamos un accidente, son poderosos recordatorios de la necesidad de pedir la ayuda providencial de Dios. Muchas personas han atestiguado verdaderos hechos milagrosos relacionados con el uso correcto de los sacramentales, que han salvado sus vidas o las de sus seres queridos.
Estos son tres sacramentales que, si se usan correctamente, pueden ofrecer ayuda espiritual y protección divina cuando viajas.

Bendición del automóvil

Entre las muchas bendiciones, la Iglesia tiene una especial para los automóviles. Generalmente la hace un sacerdote o  un diácono, e invoca el cuidado especial de Dios sobre el vehículo. La bendición se realiza normalmente una sola vez y dura toda la vida del automóvil, aunque podría hacerse en más de una ocasión, sobre todo antes de un viaje largo. Esta es una poderosa oración que pide a Dios que nombre ángeles guardianes que nos cuiden:
Dios omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, que en tu sabiduría multiforme has dado al hombre ingenio e imaginación para fabricar nuevos medios de transporte, haz que los conductores de estos autos, en los diversos itinerarios de trabajo o de ocio, operen siempre con pericia y prudencia para la seguridad e incolumidad de todos y adviertan junto a ellos tu continua presencia.

Escapulario marrón

Aunque normalmente se lleva bajo la ropa, el escapulario marrón de Nuestra Señora del Carmelo es un sacramental poderosos que implica muchas “promesas” para quien lo lleva con fe. Algunos no sólo lo llevan puesto, sino que lo cuelgan en el espejo retrovisor. Así no importa quien maneja el vehículo, siempre se invoca la protección de la Virgen.
Esto dijo Juan Pablo II sobre el poder del escapulario marrón:
Dos, por tanto, son las verdades evocadas en el signo del Escapulario: por una parte, la protección continua de la Virgen Santísima, no sólo a lo largo del camino de la vida, sino también en el momento del tránsito hacia la plenitud de la gloria eterna; por otra, la conciencia de que la devoción hacia Ella no puede limitarse a oraciones y obsequios en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un «hábito», es decir una actitud permanente de la propia conducta cristiana, entretejida de oración y de vida interior, mediante la frecuente práctica de los Sacramentos y el concreto ejercicio de las obras de misericordia espiritual y corporal. 
Medalla de San Cristóbal
Uno de los sacramentales más comunes usados en el automóvil es la famosa medalla de San Cristóbal. El santo es conocido como patrono de los que viajan, y su intercesión se invoca a menudo en los viajes por carretera. Esta es la “Oración del conductor” que rezan muchas personas antes de emprender un viaje:
¡Señor! Concédeme una mano firme y un ojo vigilante, para que no hiera a nadie a mi paso. Tu diste la vida y yo Te pido que ninguna de mis acciones vaya contra este don que viene de Ti. Enséñame a usa mi automóvil para las necesidades de los demás, a no despreciar, por amor a la velocidad, las bellezas del mundo que Tu has creado, para que pueda, con alegria y amabilidad, continuar mi camino. San Cristóbal, patrono de los viajantes, protégeme y condúceme sano y salvo a mi meta. Amén.